Salió Hurón en cuarto lugar y en los primeros tercios poco ocurrió. Surgieron chispazos con el capote de mucha calidad. Tras las banderillas, poco a poco fue haciendo la faena en los bajos del seis. Con cada muletazo subía de intensidad de cada "olé", cada uno de ellos era más rotundo, más grave que al anterior. Las grandes faenas se recuerdan por eso. Los "olés" roncos y secos retumbaban en los pasillos y galerías de la plaza. Fue una faena grandiosa. Diego estuvo colosal. Toreó dando el pecho y embarcando al animal con los vuelos de la muleta. Los derechazos fueron inmensos y los naturales, sencillamente, extraordinarios. No se puede torear mejor, con más gusto y con más empaque. Además de una perfecta ligazón. El toro de Fuente Ymbro tuvo casta pero Diego supo ralentizarlo y torear despacio. Cosa harta imposible, pero con temple, todo se puede. Se cuenta que Juan Belmonte dijo una vez: "el toro entra huracán y sale brisa". Un torrente de bravura convertido en un suave soplido. Los naturales, cogiendo la muleta con las yemas de los dedos convirtieron la plaza en la locura más absoluta. La foto de Ana Escribano da fe de ello. Diego concluyó la faena con una estocada digna de ser reproducida por Benlliure. Las dos orejas no tardaron en llegar a sus manos y dos vueltas tuvo que dar. La plaza era un clamor. Diego nos sobrepasó. Asimilar lo que pasó en apenas unos minutos costó un par de días.
"La historia del toreo está ligada a la de España, tanto que, sin conocer la primera, resultará imposible comprender la segunda". José Ortega y Gasset.
miércoles, 7 de octubre de 2026
Diego Urdiales dibujó el toreo.
Salió Hurón en cuarto lugar y en los primeros tercios poco ocurrió. Surgieron chispazos con el capote de mucha calidad. Tras las banderillas, poco a poco fue haciendo la faena en los bajos del seis. Con cada muletazo subía de intensidad de cada "olé", cada uno de ellos era más rotundo, más grave que al anterior. Las grandes faenas se recuerdan por eso. Los "olés" roncos y secos retumbaban en los pasillos y galerías de la plaza. Fue una faena grandiosa. Diego estuvo colosal. Toreó dando el pecho y embarcando al animal con los vuelos de la muleta. Los derechazos fueron inmensos y los naturales, sencillamente, extraordinarios. No se puede torear mejor, con más gusto y con más empaque. Además de una perfecta ligazón. El toro de Fuente Ymbro tuvo casta pero Diego supo ralentizarlo y torear despacio. Cosa harta imposible, pero con temple, todo se puede. Se cuenta que Juan Belmonte dijo una vez: "el toro entra huracán y sale brisa". Un torrente de bravura convertido en un suave soplido. Los naturales, cogiendo la muleta con las yemas de los dedos convirtieron la plaza en la locura más absoluta. La foto de Ana Escribano da fe de ello. Diego concluyó la faena con una estocada digna de ser reproducida por Benlliure. Las dos orejas no tardaron en llegar a sus manos y dos vueltas tuvo que dar. La plaza era un clamor. Diego nos sobrepasó. Asimilar lo que pasó en apenas unos minutos costó un par de días.
lunes, 1 de junio de 2026
Y Manzanares toreó.
Años de pierna retrasada, de ponerse de perfil... Y pitado en muchas ocasiones. A Manzanares poco le importaba. Ser figura permite a uno tomarse muchas licencias. Pero José María se reconcilió con Madrid dando un recital de toreo como dudo que jamás lo haya hecho. Desplegó su tauromaquia poniendo de acuerdo la plaza entera. Y cruzó por segunda vez la puerta grande de Madrid.
Empaque hubo en la faena, y mucho. Toreó con el capote, y con la muleta. Recibió a Dalia con unas verónicas exquisitas. Cargando la pierna y meciendo los brazos con suavidad. Ganando terreno, sometiendo y guiando las embestidas de aquel "Victoriano". Desde el primer contacto entre toro y tela, se vio que Dalia sería un toro de bandera. Un toro de clase excepcional que embistió sin descanso a las telas del alicantino. Tras el puyazo toreó por chicuelinas como hacía su padre: de manos muy bajas. La faena seguía cogiendo altura. La media verónica con la que acabó el quite fue sensacional.
Ya en la muleta vimos unos pases de pecho con la mano diestra como pocas veces se han visto: rotundos, poderosos. José María embarcaba al toro con los vuelos de la muleta y con mucha lentitud le recetó un circular que aún no ha terminado de girar; pasando al toro por debajo de la muleta y barriendo con sus vuelos el lomo del toro de cabeza a rabo. Un pase de pecho de muchísima lentitud. Descomunal. También hubo un trincherazo que puso Madrid en pie. La temperatura empezó a subir con un manojo de derechazos que encandilaron a los abarrotados tendidos. Pero el momento cumbre de esa faena fueron una naturales con las zapatillas asentadas, la cintura encajada y los hombros relajados. Con muchísimo primor bamboleó los vuelos de la muleta y enjarretó a Dalia unos muletazos extraordinarios con la mano zurda. Si años anteriores enfurecía a la plaza por retrasar la pierna de salida, entre otros malos vicios, esta vez hasta dio el pecho y quedándose en el sitio ligaba los muletazos con cadencia y mucha torería.
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sábado, 2 de mayo de 2026
De verde y oro.
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jueves, 6 de junio de 2024
Doce contra todos.
jueves, 1 de junio de 2023
Una vuelta al ruedo que hizo historia.


jueves, 6 de octubre de 2022
Cantinillo honró al encaste Atanasio.
Su tarde más rotunda y es la que hoy nos ocupa fue su primera salida a hombros como matador de toros. Ha llovido, ya que nos vamos a remontar al año 2007. En una fresca tarde otoñal toreó con Miguel Abellán y Miguel Ángel Perera ante un encierro de El Puerto de San Lorenzo.
Hablar de esta ganadería salmantina es hablar de un hierro que es clásico en Las Ventas. Su antigüedad data de abril de 1982. Suele lidiar varios encierros en esta plaza durante una misma temporada y los aficionados más avezados recordarán toros muy importantes. El que hoy quiero desempolvar se llamó Cantinillo.
Cantinillo fue un toro hondo, con mucha caja y muy serio, como es habitual en el encaste Atanasio-Lisardo. Salió en quinto lugar y en los primeros instantes de la lidia acusó las características de esta sangre. Huido y difícil, no se dejó torear con el capote. Los primeros lances de tanteo demostraron los primeros esbozos de la gran clase que atesoraba Cantinillo, pero claro, se requería un torero capaz de conseguir que el animal sacase esas virtudes. Ahí estaba Juan Bautista preparado para tal desafío. Y en los medios del platillo, este torero de Arlés toreó a la verónica y a cada pase el animal metía humillaba y buscaba con tesón los vuelos de la capa. Durante los primeros tercios no ocurrió nada reseñable.
Pero la cosa cambió en el último tercio, vaya si cambió. Una vez que JB cogió muleta y espada, el toro lució su extraordinario comportamiento. Fue a más desde el primer muletazo. Pronto y repetidor, hizo que el francés emocionara a Madrid con su toreo. Lo citaba de largo y cual Talgo, el toro salmantino acudía a las telas del matador. Éste, encajado y asentado en la arena, crujió Madrid con varias tandas por cada pitón. Una de esas tandas con la mano izquierda fue soberbia. Madrid estaba en pie. Aquel animal no se cansaba de embestir. Cada serie de muletazos era rematada con diferentes suertes que el francés realizaba con muchísima personalidad: los pases de trinchera, el desdén, el de la firma... Fue un trasteo breve, muy intenso y lleno de torería. Juan estuvo a la altura de tan gran toro. Templaba y mandaba sometiendo al animal con los vuelos de su muleta.
Lo cuajó, como se dice en el argot. Quedaba el cierre, o sea, rubricar, completar la obra. Si José María Manzanares está catalogado como un soberbio estoqueador y un especialista en la suerte de recibir, Juan era otro cañón con la espada. Sus estocadas eran certeras. Y también era otro matador que la suerte de recibir la realizaba con una sensacional efectividad. Y así cerró el trasteo. Dejó la espada en lo alto y la hundió hasta la roja empuñadura. En cuanto el toro dobló, veinticuatro mil almas flamearon sus pañuelos. La dos orejas fueron rotundas. Por tercera vez en la historia de Las Ventas, un francés cruzó a hombros ese umbral mudéjar tras la que consiguió su paisano Sebastián Castella ese mismo año en el mes de mayo. Y no sólo fue premiado JB. Cantinillo fue despedido con una fortísima ovación mientras era arrastrado por las mulillas. Un toro para el recuerdo junto un bravo francés que supo lidiar con la casta de aquel Lisardo y rellenaron hombre y toro otra página de oro en la historia de Las Ventas.
(Fotos: Juan Pelegrín)
lunes, 2 de mayo de 2022
Larga vida a un toro bravo.

Salió en segundo lugar y sus primeras reacciones en el ruedo aclaraban que iba a vender muy cara su vida. Que iba a combatir hasta el último aliento. Exigiendo y siempre muy humillado en el capote, tuvo Encabo que sacarlo hacia los medios. No dejó que le torease a la verónica.
Una vez parado el toro, sacó el Usía el pañuelo y ordenó que saliesen los picadores. El afortunado fue el luso Rafael da Silva. Buen lidiador y sabiendo del espectáculo que protagonizan estos toros en el peto, lo lució el matador poniéndolo de largo. El animal era un torrente de bravura y en el caballo lo demostró. Tres emocionantes puyazos pusieron a Las Ventas en pie. Y como guinda, puso el matador al toro en suerte para un cuarto puyazo pero ordenó al picador dar la vuelta a la vara para que no fuese picado por cuarta vez. El toro lo habría aguantado con creces. Casi desde los medios y a la voz del portugués, fue Mulillero como una exhalación. Ovación clamorosa a Rafael cuando el presidente cambió de nuevo el tercio. Maravilloso.
Finalizado el primer tercio, se adornó el torero en unas chicuelinas finales antes de coger las banderillas. Consumado rehiletero, desplegó Luis Miguel sus facultades en tres diferentes suertes del arte de banderillear: de dentro a afuera, de poder a poder y por los adentros. Brilló con solvencia en los tres pares.
Se volvió a cambiar el tercio y en la muleta el toro iba a más, embistiendo con prontitud, galope y humillación. No había que perder el tiempo. Había que apostar y ponerse de verdad. O lo cuajas o te hunde. Para consagrarse. El de Adolfo era un tejón. Fiero y encastado. En el último tercio se vio una de las principales cualidades de este encaste respecto a otros: lo rápido que aprenden. Encabo desbordado. No podía con él. Se fue a por la espada y tras perfilarse la dejó trasera y baja. Mala estocada. Rodó el toro y en el arrastre las mulas se lo llevaron con todos los honores. Pitos al torero.
Que Dios me libre de un toro bravo, que del manso me libro yo. Es éste un dicho que desde antiguo se comenta cuando hay un toro de semejante magnitud y el torero hace lo que puede. ¿Estuvo mal Encabo? No, quizá el planteamiento de la faena no fue el idóneo pero queda claro que el burel estuvo por encima de su matador. Ahora que están tan de moda los indultos, en cuanto un toro embiste con nobleza y suavidad a una muleta la gente pide su perdón. ¿De verdad son conscientes de lo que conlleva un indulto? No podemos premiar la dulzura y la docilidad. Un toro no puede ser fácil y que sirva como dicen los periodistas en prensa y televisión. No señores, parafraseando al Marqués de Albaserrada un toro no sirve, no es un camarero. Un toro planta batalla y hay que saber LIDIARLO. Si recordamos toros fieros y exigentes, muy pocos son los toreros que libraron ese duelo con triunfo. Basta con visitar el patio de mayorales de La Venta de El Batán y comparar las reses premiadas con el resultado artístico de sus matadores.
¿Era de indulto Mulillero? A mi juicio, sí. Y eso dijo el ganadero en más de una ocasión. No le dieron ni la vuelta al ruedo.
En una tarde de mayo en la que los madrileños recordábamos la lucha de aquellos héroes contra las tropas napoleónicas en 1808, en la calle de Alcalá otra batalla hizo que un toro de lidia pasase a la historia. La emoción y el peligro encarnados en un animal bravo.
Larga vida a Mulillero.
jueves, 15 de abril de 2021
Rincón, César del Toreo.
Se han cumplido tres décadas y hay que recordarlo. En la sección "Sucedió en Madrid", escribiré en esta ocasión sobre César Rincón.
Nació nuestra protagonista en Bogotá, en el año 1965. Aprendió el oficio en las tientas de las diferentes ganaderías colombianas y vino poco después con su apoderado a la madre Patria a vivir a un hostal de la madrileña Gran Vía. Pasaba los días entrenando con los toreros de la capital en la Casa de Campo. Tras dar los primeros pasos como todo novillero, se doctoró en su ciudad natal en el año 82. Fue un cartel de lujo, pues toreó con Antoñete y José María Manzanares. Dos años más tarde se presentó en la Villa y Corte. En la plaza de Las Ventas toreó con "Manili" y con Pepe Luis Vargas. Las reses pertenecían a la ganadería de Leopoldo y Aurora Lamamié de Clairac. Su trayectoria fue discreta, hasta que llegó aquella tarde de noviembre de 1990 en la ciudad colombiana de Palmira. Sufrió una fuerte cornada en la que a punto estuvo de perder la vida. El pitón le arrancó la femoral. La operación se complicó y la hemorragia no cesaba, así que el equipo médico realizó varias transfusiones. Se recuperó y toreó en Madrid en abril del año siguiente. El cartel fue: toros de Celestino Cuadri para Enrique Ponce, Raúl Zorita y el bogotano. Joaquín Vidal le elogió en El País por el valor y la pureza de su tauromaquia. De esta forma, en la antesala de San Isidro, el colombiano llegaba a la gran cita concienciado para ello.
Esta fue su primera tarde en aquel San Isidro: Toros de Don Baltasar Ibán y alternó con Curro Vázquez y ‘Armillita Chico’. 21 de mayo de 1991. Vistió de verde manzana y oro. Le cortó las dos orejas a Santanerito, sexto de la tarde.
"César Rincón había iniciado su ascensión a los cielos cuando se echó la muleta a la izquierda y el toro, un serio, fiero, encastado toro, pretendió arrebatársela pegando una arrancada temible. En aquel momento crucial se estaba dilucidando una cuestión de soberanía: o mandaba el torero, o mandaba el toro. Y el torero, en un instante de inspiración que quizá vaya a cambiar el rumbo de su vida, decidió tirar del toro hasta el centro del redondel, citarle allí de nuevo, y llevarle sometido en una tanda de naturales, que pusieron la plaza boca abajo y el toreo en la cumbre. Entonces se le entregó el toro y el triunfo ya fue suyo para siempre jamás". Joaquín Vidal.
viernes, 2 de octubre de 2020
Diez obras de arte.
Juan Mora volvió a Madrid una tarde otoñal tras varios años sin pisar el ruedo venteño para torear un encierro de Torrealta acompañado de dos toreros de corte artista: Curro Díaz y Jesús Martínez "Morenito de Aranda".
Vestido de verde y oro salió a recibir a Retaco, un toro que se corría en primer lugar y que a pesar del nombre y nunca mejor dicho pesó 615 kilos. Desde el primer lance permitió al de Plasencia gustarse con el capote y pegarle unas verónicas de manos bajas. Cogió la muleta y tras brindar al crítico taurino "Barquerito", empezó su faena por bajo a un toro que por salir suelto de las telas, exigía mando y dominio. Poco a poco lo fue sometiendo a base de poder y temple. Tras dos breves tandas con la mano derecha entre los terrenos del 9 y 10, comenzó una maravillosa sinfonía al natural. Unos lances llenos de poso, empaque y repletos de torería: un total de diez naturales con los que enloqueció a Las Ventas. Juan no usa espadas simuladas para torear como suelen hacer la gran mayoría de los matadores y como ya desde el principio llevaba el estoque de matar como los antiguos toreros, tras enhebrar un pase de pecho rematando la serie de naturales sin apenas colocarse para la suerte suprema, consiguió hundir el acero en la cruz del animal hasta los gavilanes. Un manto de pañuelos cubrió los tendidos de Madrid y las dos orejas de Retaco acabaron en sus manos. Cortó otra oreja a su segundo toro, así que en volandas se lo llevaron por la Puerta Grande por tercera vez en su carrera tras las dos logradas en 1994.
Brevedad e intensidad, no hizo falta más para poner de acuerdo a veinticuatro mil almas. De nuevo, lo clásico y eterno se reivindica demostrando que muchas veces es mejor la calidad que la cantidad, pero claro, hay que tener ese don: rendir una plaza entera con una decena de muletazos.
Curro y Jesús estuvieron sembrados y también bordaron el toreo con la mano izquierda. Cada uno cortó un trofeo, que de no ser por el mal uso de la espada, habrían cortado alguna más. De lo contrario estaríamos hablando de tres toreros que salieron a hombros el mismo día en la plaza madrileña, algo que hace muchos años que eso no ocurre. Tarde inolvidable para que los que presenciaron.
Podría explayarme, pero... ¿para qué? Lo mejor es ver el vídeo y disfrutar con una auténtica lección de tauromaquia: la que firmó el maestro Juan Mora aquel 2 de octubre de 2010.

lunes, 3 de agosto de 2020
Un faenón de máxima figura.
Así que como para hablar de Castella hay que hablar sin duda de Madrid, eso es lo que haré en este artículo. Recordaré una de esas tardes de gloria del francés en la Monumental de Las Ventas. Por ese arco de ladrillo hasta la fecha ha salido cinco veces más a hombros de los madrileños. La que hoy nos ocupa fue justo hace un lustro, en el ciclo isidril de 2015 lo consiguió gracias a la embestida y bravura de un toro de Alcurrucén. Fue aquella una de sus tardes más redondas en la que el francés ratificó su condición de gran figura del toreo.

Madrid es una plaza que impone, su exigencia y público hacen que sea un trago trenzar el paseíllo en este coso para todo el que se viste de luces. En cambio, hay toreros que les sucede lo contrario. Están felices de torear y medirse ante la exigente afición venteña. Por ejemplo, el extremeño Alejandro Talavante o el matador que hoy nos ocupa: Sebastián Castella. Incluso lo han dicho públicamente, soportan esa presión de tener que dar lo mejor de sí mismos. Llegó San Isidro y casi a finales de la feria toreó nuestro protagonista con dos máximas figuras: Morante de la Puebla y Julián López "El Juli". La ganadería era la ya mencionada de Alcurrucén. La plaza estaba a rebosar y en el ambiente se barruntaba una gran tarde de toros. De aquel encierro toledano el único animal que brilló fue el tercero: Jabatillo. Colorado de capa, nacido en septiembre de 2010 y que dio en la báscula un total de 525 kilos de peso. Un excelente ejemplar con el que Sebastián desplegó su tauromaquia.
Como es habitual en este encaste, el toro hizo varios extraños de salida. No se amilanó Sebastián y poco a poco fue haciendo al toro luciéndose en varias verónicas. Tras el puyazo volvió a dar otra serie de lances replicado esta vez por Morante.
En banderillas se empezaron a ver destellos de esas grandes cualidades que el animal tenía guardadas hasta que el presidente cambió el tercio de nuevo y Castella se dirigió al centro del anillo a brindar la faena.

Ahí comenzó algo grandioso. Inició la obra de esa manera tan explosiva y habitual en su repertorio para calentar los tendidos: citando al toro a treinta metros de distancia para cambiar la trayectoria por la espalda en el último segundo. Jabatillo acudió como una exhalación a los vuelos de la franela y Castella le recetó once muletazos que bastaron para poner a Madrid en pie. Ya tenía al público completamente entregado. Volvió a dar distancia porque el toro así lo requería y tras colocarse citó a Jabatillo con la mano izquierda. Fueron dos series de un trazo muy largo como poderoso. Bajaba la mano arrastrando la muleta por la arena para que humillase el burel. El toro repetía sin cesar a cada cite del galo y buscaba poder alcanzar las telas, algo que no conseguía. Era una máquina de embestir. Tras una breve tanda igual de excelente con la mano derecha, se pasó de nuevo la pañosa para continuar toreando con la mano izquerda. La faena fue perfecta ya que estuvo estructurada y compactada: Un prometedor prólogo, un intenso argumento y un sensacional epílogo. Así fue el soberbio inicio, ambas tandas por ambos pitones, el cierre de ayudados por bajo y la estocada. Dos rotundas orejas y la póstuma vuelta al toro en el arrastre.
Si hace poco escribí como David Mora triunfó con este hierro, Castella ha accedido a ese privilegiado grupo de matadores que se han enfrentado a esta ganadería que sólo es para toreros de verdad. Los que no pierden el tiempo o andan por las ramas pegando muletazos sin ton ni son. Jabatillo entró en la leyenda de Las Ventas. Cuando las cosas salen bien, se comenta que qué suerte tuvo el torero con ese toro y yo opino que es al revés. Ese toro de Alcurrucén tuvo la inmensa fortuna de caer en manos de Sebastián. Encastado y muy bravo, habría descubierto a más de uno. Y este fue el resultado. Un página de oro en la historia de Las Ventas.

Si Castella está donde está es por algo. Nadie le ha regalado nada. A la cima ha llegado a base de sangre, sudor y lágrimas. Madrid es su feudo y donde más le gusta torear. Esta faena fue la prueba de que Sebastián es máxima figura. Hace mucho que no recuerdo una faena tan bien realizada. Dijo Juan Belmonte aquella frase de "se torea como se es". Y es cierto. En Sebastián se aprecia a la perfección. Un hombre tranquilo, parco de palabra y alejado de los grandes focos mediáticos. Sobrio y recio, como su tauromaquia. Valiente y estoico, posee este francés aires manoletistas. Ya lo ha comentado en alguna ocasión. El torero cordobés es alguien a quien admira profundamente. Ojalá sea este año abundante en triunfos que hagan que Castella sea aún más grande.
Felicidades Maestro.

domingo, 29 de marzo de 2020
Solo ante la historia.

Por fin llegó el día. Amaneció el día lluvioso, pero a pesar de ello y nada más salir del Metro para reunirme con mis amigos se palpaba que la expectación era absolutamente brutal. De hecho, si no recuerdo mal, las taquillas agotaron el papel unas jornadas antes. Según muchas personas no se recordaba que un festejo fuera de los abonos importantes como San Isidro y Otoño crease tanto ambiente. Pero la cosa no quedó ahí: uno de los alicientes que hizo que esta corrida diese que hablar antes, durante y después de la misma fue el ganado. Fueron seis alicientes, seis ganaderías que eligió el diestro de Orduña para medirse ante la dura afición madrileña. No fueron seis hierros cualesquiera, fueron ni más ni menos seis ganaderías predilectas de la afición más torista: Palha (sangre de la línea 'Pinto Barreiros', D. Isaías y Tulio Vázquez y Oliveira Irmaos y otra línea por D. Baltasar Ibán Valdés), Partido de Resina (encaste Pablo Romero), Victorino Martín (Albaserrada), Cebada Gago (Núñez), José Escolar y Adolfo Martín (ambas encaste Albaserrada).



Ese 29 de marzo fue una máxima apuesta que no tenía precedentes. Fue un arriesgado reto en el que Iván Fandiño y su apoderado Néstor García lucharon contra aquel sistema que reina en el mundo de los toros. Y lo hicieron solos. No les importaba. Ir con la verdad por delante era más satisfactorio que tener que ser moneda de cambio entre empresarios y mercaderes del toreo. Habría quien se alegrase del fracaso de este dúo pero el triunfo de esa corrida empezó dos semanas antes. Con el anuncio de la corrida y la plaza abarrotada hasta la bandera vendiéndose todas las entradas en pocas horas. Así recordaré eternamente como en la primavera de 2015 desde una grada de la plaza de Las Ventas donde por primera vez en la historia, hubo un tío que se jugó la vida libremente y en vez de buscar la comodidad de un triunfo con hierros más asequibles, se las vio con esas ganaderías que dejan sin aliento. Quedó ese día en la memoria de miles de aficionados por aquella gesta legendaria.
Gracias Iván.


lunes, 16 de diciembre de 2019
De Madrid al cielo.
Allá por el 2014 durante la feria de San Isidro, se celebró una corrida en la que actuaron David Mora, Jiménez Fortes y Antonio Nazaré. Los toros pertenecían al hierro toledano de El Ventorrillo. Los aficionados saben perfectamente a qué día me refiero: los tres toreros acabaron en la enfermería. El peor parado fue David. Se fue a la puerta de toriles a recibir a su oponente de rodillas y el toro que no hizo caso del engaño le arrolló y le asestó una puñalada de 30 centímetros en su pierna derecha y otra de 10 en su axila izquierda. Un caño de sangre brotó de la pierna. El terror se apoderó de todos los presentes. Fue llevado a las expertas manos de Don Máximo García Padrós y empezó un duro calvario que duró dos años. Una serie de infortunios hizo que en el segundo toro de la tarde la corrida fuese suspendida. Antonio y Saúl no fueron heridos de consideración y volvieron a los ruedos poco tiempo después.
Y tras agradecer a D. Máximo brindándole la muerte de ese toro, se fue a por Malagueño. Comenzó su faena con un pase cambiado a la altura de la primera raya y el toro le atropelló. Una fuerte voltereta que melló a David. Cambió el planteamiento y se dispuso a hacer unos estatuarios. Madrid estaba entregada. Después ligó varias series por ambos pitones templando las embestidas de aquel gran toro. Lo toreó. Lo cuajó a placer. Se le notaba a gusto y feliz. Rubricó la obra con una estocada y la plaza entera flameó sus pañuelos pidiendo las dos orejas. El presidente las concedió y premió a la res con la vuelta póstuma en el arrastre.
Después de tanto tiempo de dolor y sufrimiento, la gloria le esperaba. Aquel camino de espinas tuvo su recompensa. La grandeza de la Fiesta. Aquel toro fue de Alcurrucén. Siempre Alcurrucén. Una gran ganadería que cuando echa un toro bueno, es extraordinario. Y su matador estuvo a la altura. Los Lozano tenían guardado aquel burel para que David sintiese los olés de Las Ventas.
Salió el toledano a hombros en Madrid por segunda vez en su carrera. Olvidó los fantasmas de aquel infausto día. De Madrid al cielo, o eso dicen. David lo comprobó en sus propias carnes. De la tragedia a la gloria, pasando por Madrid.





(Fotos: Las Ventas y Javier Arroyo)
martes, 3 de diciembre de 2019
Una lección de tauromaquia.
Por su parte, José Pacheco "El Califa" también marró con la espada la faena a su primero, que fue otro de los buenos toros del festejo. Aún así, el de Játiva no estuvo a la altura de este animal de nombre Pestañoso. En el sexto, iniciando la faena se quedó descubierto y el toro fue certero, le asestó un navajazo al iniciar el trasteo con la muleta que mandó al valenciano a la enfermería.
Esplá es un maestro. Tiene el levantino una tauromaquia rica y variada. Y a la vez clásica. Así lo demostró aquella soleada tarde ante la cátedra venteña. Una tarde en la que brotó su repertorio y de no haber sido por los aceros, podría haber cortado tres o cuatro orejas en vez de las dos que se llevó. De azul añil y oro hizo el paseo. El vestido, como era costumbre en él, iba muy cargado en oro. Y los trastos, con las vueltas azules.
Su lote, o sea el primero y cuarto fueron de distinta condición. Ante el nobletón primero banderilleó con gracia y poderío. Conoce el de Alicante todas las suertes y pareó en todos los terrenos. Con la muleta, basó su trasteo por el pitón derecho. El público estaba con él. Finalizó con unas giraldillas y se atascó con la espada.
El cuarto, de nombre Minervo hizo gala de su nombre. Minerva era la diosa romana de la sabiduría, las habilidades en la guerra y de las artes. En resumen, un compendio de lo que puede ser la tauromaquia. Así fue el cuarto de la tarde que cayó en manos del veterano diestro que aquel año cumplía veintitres años de alternativa. Esplá realizó una lidia añeja, a la antigua usanza. Con el capote se salió con el toro hacia los medios y recibió una ovación. De nuevo calentó los tendidos con tres pares de banderillas en los que rememorando a aquellas antiguas civilizaciones mediterráneas, jugó con el toro en diferentes suertes: por los adentros, de poder a poder, al cuarteo... y siempre con la montera. Detalle torero que salvo Morante y El Fundi, casi nadie realiza en el segundo tercio.
Sacando su sangre Albaserrada el toro vendió muy cara su vida. Por el pitón derechó pajareó reponiendo y buscando coger al matador. Avisó que por ese lado no quería saber nada. Siguió toreando el alicantino con la montera haciendo así más torera su imagen. Retomó su trasteo con la mano izquierda y se puso de frente. Torear dando el pecho al toro es algo que en Las Ventas enamora. Madrid rugía. Y tocó rubricar la faena. Esplá se encomendó a los dioses porque aquella obra era de lío gordo. Minerva no intercedió. La espada se llevó un premio mucho mayor. La plaza llena ovacionó al matador y éste lo agradeció desde los mismos medios. Minervo fue aplaudido en el arrastre.
Como "El Califa" cayó herido, se corrió turno. De nuevo Esplá tenía una nueva oportunidad de redondear su tarde. Portillo fue bravucón en varas, iba con la cara alta y protestaba. Desde los primeros lances se quedó muy corto en los vuelos de los trastos. En su turno de quites, una vez más puso Luis Francisco en pie a la parroquia. Quitó por navarras y lo colocó en el caballo para que fuese picado. Con las banderillas fue ovacionado Ricardo Quintana "Kaíto".
Y aquí comenzó el Maestro su lección. Una vez trasladado al compañero al hule cogió nuestro protagonista espada y muleta y se fue a por Portillo. Empezó probando y pasando al animal, enseñándole a embestir. Una vez visto, se pasó la franela a la mano izquierda y comenzó el recital. La faena mezcló torería y batalla. Siempre de frente como en el toro anterior. Este ramillete de naturales tuvo aires bienvenidistas. Esta res no siempre permitía la ligazón así que Luis intercalaba las series de naturales con el uno a uno. Cuando esto ocurría, cargaba la suerte y con la pierna alante mecía con los vuelos de la pañosa las ásperas arrancadas del animal. Toreaba relajado y a pesar de todo, se le notaba muy confiado. Y con un pase afarolado remató la serie. Las casi veinticinco mil almas que abarrotaban los tendidos jaleaban cada lance. También toreó a esta res con la montera calada. Cerró su labor con unos pases por alto y aunque la estocada no fue total, Madrid entregada, le pidió las dos orejas. Lo más bello de esta faena fue la muerte de Portillo. El toro se la tragaba y Esplá le acompañaba, permanecía a su lado. La torería de la imagen era inmensa. Tras unos instantes, Portillo dobló las manos y le dieron la vuelta al ruedo.
Acabada la faena los costaleros bajaron al ruedo dispuestos a llevarle a hombros camino de la calle de Alcalá. Esplá se negó. Con un compañero en la mesa de operaciones, no quiso salir por la puerta grande. Se fue a pie por la puerta de cuadrillas.
Aquel año, Esplá sufrió las consecuencias de ir de frente y de verdad. Tras unas negociaciones por los derechos de imagen, se quedó sólo ante otros compañeros. No toreó en San Isidro y sólo firmó doce contratos. Un corridón de Cuadri en Valverde del Camino, Ceret... En fin, para nada fue ese año un camino de rosas. Tras unas conversaciones con Pío García Escudero, le dio la posibilidad de torear en Otoño y le ofreció varios hierros. Eligió Victorino porque era en el que más confiaba. Para él, fue una tarde dura en todos los sentidos. Como El Califa había brindado al público y su montera estaba en el medio del anillo, Esplá la devolvió a su mozo de espadas mientras se decía a sí mismo que había que arrear, que un esfuerzo merecía la pena. Y gracias a ese esfuerzo aguantó una década más en los ruedos.

sábado, 5 de octubre de 2019
Urdiales bordó el toreo.
Hizo el de Arnedo el paseíllo en junio de ese año y vio como Miguel Ángel Perera cortaba dos orejas a un toro también de Adolfo Martín y salía a hombros por la puerta grande. Ese día toreó Diego a un nivel que sólo está al alcance de unos elegidos. Y muy pocos fueron los que se enteraron. Asentadas las zapatillas y encajada la cintura toreó de maravilla, pero el triunfo de Perera eclipsó el buen hacer del riojano.
Avanzaba la temporada y tras acabar el verano se supo que la empresa cerró un cartel en el que Uceda Leal y el catalán Serafín Marín acompañaban a Diego para torear de nuevo un encierro de la mencionada ganadería.

Y salió en segundo lugar Sevillanito, un toro muy bajo, cornipaso y cárdeno de capa como es habitual en la sangre Albaserrada. Debido a las complicaciones que presenta este encaste, apenas pudo Urdiales torear con el capote. Recuerdo que en el caballo de Óscar Bernal hizo Sevillanito una discreta pelea y un buen par de banderillas de "El Víctor" fue aplaudido por el público. Ya en la muleta, inició Diego por bajo su trasteo con el fin de someter y enseñar al toro a embestir. Y poco a poco lo fue logrando. Se fue saliendo con él y pasada la segunda raya comenzó a torearle con la mano derecha. Fueron varias tandas muy de verdad, con la muleta planchada y siempre dando el pecho.
Rematada la tanda de derechazos, cogió la mano zurda y cuando lo vio claro se colocó y comenzó el recital.
Empezó el buen toreo, el de cante grande. Si los naturales que dio en junio fueron sensacionales, éstos fueron aún más rotundos. Mejores que un Rioja gran reserva o un jamón cinco jotas. Torear bien con la mano izquierda es difícil pero él sabe hacerlo. Y además con ese concepto que los aficionados madrileños sabemos valorar. La suerte cargada, el mentón hundido y llevando al animal con los vuelos de la muleta. Sevillanito humillaba y Diego toreaba. Madrid se emocionaba.

Y tras los naturales, quedaba rubricar la faena. Había que hacer un epílogo digno de ella. Pasó al toro para probarlo y entre las rayas de picar cuadró Diego a Sevillanito y se perfiló para realizar la suprema suerte. Diego montó los avíos mientras Las Ventas empujaba con el aliento. Citó al animal echando la muleta al hocico del "Adolfo" y al humillar el burel, hundió el acero en lo alto de su lomo. La estocada fue magnífica, sin alharacas ni ademanes, posiblemente de las mejores que recuerdo. La perfección del volapié. Una lección de cómo matar un toro. La faena no fue muy larga ya que el toro no permitió extenderse, estaba justo de fuerzas pero enclasado y noble propició un puñado de embestidas muy bien aprovechadas por Diego. Y con la oreja de Sevillanito, dio el riojano la triunfal vuelta al ruedo.

Es Diego un torero de mucha clase y gran personalidad del que varios Maestros de diferentes épocas han hablado de su manera de interpretar el toreo. Estas son algunas de esas declaraciones:
En 2008 Madrid descubrió a este riojano delante de un torazo de Carmen Segovia. Manuel Molés desde el puesto de Canal Plus escuchaba a Emilio Muñoz que decía estas palabras:
- me gusta, hay mucha verdad en su toreo, sólo tres o cuatro torean con esa verdad.
Y entre ellos estaba el gran Antoñete, que hablaba poco pero cuando lo hacía no dejaba indiferente a nadie. Y en una de esas sentenció interrumpiendo: este torero es muy puro.
Curro Romero dijo de él en otra ocasión: hay un torero en La Puebla que se llama Morante y que tiene lo que Dios da. Y otro que me gusta muchísimo es Diego Urdiales, que también tiene mucho arte.
Una leyenda del toreo como es el salmantino Santiago Martín "El Viti" también ha visto en el de Arnedo un referente: "Si yo estuviera en activo, bebería en las fuentes de Diego Urdiales".
Y en una entrevista dijo una máxima figura actual como es Alejandro Talavante: actualmente el que mejor torea es Diego Urdiales.

(Fotos: Las Ventas y Olmedo)



