lunes, 6 de julio de 2026

Curiosidades taurinas.

Curiosidades, anécdotas... El mundo de los toros ha ido de la mano de la historia de España, guste o no, y lo certifica Ortega y Gasset en el encabezamiento de este blog. Hoy explicaré varios recuerdos de los que algunos de ellos dejaron unos dichos, que a la postre, han pasado al vocabulario popular y cotidiano de miles de españoles.

El kilo.

Una de las expresiones más usadas y conocidas, sobre todo por los más jóvenes en determinados ámbitos como el deporte por ejemplo: ¿Cuántos kilos cobra un deportista de máximo nivel? ¿Cuántos kilos le ha costado a un equipo de fútbol tal fichaje? La respuesta se atribuye a "El Cordobés". Manuel, figura de los años sesenta que llenaba plazas, conseguía que la gente que no tenía televisor se arremolinara en los escaparates y en los bares, o se pedían horas libres del trabajo para verle torear, llegó a cobrar el millón de pesetas, algo prácticamente impensable en aquel tiempo. Su popularidad era tal, que fue uno de los personajes más queridos de esa España de los 60 y 70. Tras cobrar esa cantidad, lo pesó una vez y vio que la báscula marcaba 1000 gramos de ahí que popularizara denominar "kilo" a cantidades de millones de pesetas.

No hay quinto malo.

Curiosa expresión, y que, como tantas otras tiene connotaciones taurinas. Expresión que venía de la época en la que en la tauromaquia no había sorteo y el orden de los toros lo estipulaba el propio ganadero. Éste elegía el orden e intentaba poner en quinto lugar el animal que más juego diera para que si la cosa empezaba bien pero iba decayendo, la gente se iba antes de terminar y era la manera de mantener el interés. El ganadero iba intercalando los seis puestos de una manera que el toro más imponente abriera el festejo, en segundo lugar uno en el que su confianza en el juego que diera fuera la justa... Y en quinto lugar siempre un toro en que hubiera mucha confianza que propinase al torero un gran triunfo.

Quedar peor que Cagancho en Almagro.

Ver a un matador salir de una plaza bajo un chaparrón de almohadillas y escuchando todo tipo de improperios se ha visto a lo largo de la historia del toreo en infinidad de ocasiones. Muchos de los aficionados más veteranos recordarán esos 80 y 90 con dos genios como Rafael de Paula y Curro Romero sacar de quicio a cualquier plaza de toros. Esas fueron muy sonadas, llegando Curro a pasar una noche en el calabozo por negarse a matar un toro. Una de las broncas más brutales que se recuerdan fue la que protagonizó Joaquín Rodríguez "Cagancho", un torero sevillano que vivió entre 1903 y 1982. Toreó en Almagro con Antonio Márquez y Manuel del Pozo, "Rayito" para lidiar toros de la ganadería de Antonio Pérez Tabernero el 25 de agosto del año 27, en la provincia de Ciudad Real. Cuentan que causó tal expectación el cartel que la gente fue desde todos los alrededores para ver la corrida. El resultado de la tarde fue lo contrario a lo esperado. Se esperaba una tarde de triunfo, sin embargo Joaquín fracasó tan estrepitosamente que cuentan que hasta la Guardia Civil tuvo que ser ayudada por un destacamento de Caballería que en Almagro se encontraba para calmar a la enfurecida multitud y proteger a Joaquín para que saliera vivo de allí. Apático, abúlico, desconfiado, sin el más mínimo ápice de querer intentar que las cosas saliera bien, los pases eran chapuceros, con la espada debió pinchar enemil veces... ¡Cómo debió ser la cosa para que diera lugar a ese dicho que acabó siendo tan popular! Hay que hacer algo rotundamente mal para "quedar peor que Cagancho en Almagro".

"¡Hay gente pa´to!"

Protagonizada por el irrepetible Rafael "El Gallo", torero sevillano a caballo entre finales del XIX y principios del XX. Sus gracejo, su espontaneidad y ocurrencias ante situaciones de cualquier tipo dio pie a que fuera protagonista de infinitas anécdotas y recuerdos que han ido contándose de generación en generación. En una ocasión le presentaron a José Ortega y Gasset y cuando le dijeron que era un filósofo, le explicaron que es alguien que se dedica a buscar el conocimiento, a entender el porqué de las cosas o, por ejemplo, a analizar el comportamiento de la gente; a lo que, atónito, respondió con mucho gracia: "¡Hay gente pa´to!"

Ni "El Tato".

Media España se acuerda constantemente de Antonio Sánchez "El Tato", pero la gran inmensa mayoría no sabe quién es: Antonio fue un torero sevillano del XIX. Hoy no viene ni "El Tato", eso no lo hace ni "El Tato".... La expresión "ni el Tato" muchas veces es usada para explicar que hay algo que nadie quiere o puede hacer o que nadie acude algún lugar en concreto. La historia de tan usada expresión es que Antonio era muy sociable y le encantaba ir a fiestas y eventos de cualquier tipo. Tal debía ser su costumbre de ir a fiestas que debía ser muy difícil no verle en cualquier convite. Por ello, si un acto tenía la suficiente pompa como para acudir, Antonio estaba el primero dispuesto a hacer sociedad. De esta manera, "Ni el Tato" se ha quedado para explicar que nadie fue un evento o a un determinado acto si no genera el suficiente interés.

¡Adiós, Madrid!

Protagonizada también por Antonio. Recibió una cornada el 7 de junio de 1869 en la plaza vieja de Madrid, donde ahora se ubica el Palacio de los Deportes por Peregrino, un toro de la legendaria vacada de don Vicente Martínez. La herida no curó bien y se acabó infectando, situación que llevó a los médicos a amputar la pierna. Durante la dura operación, cuentan que mientras se fumaba un puro en la mesa del quirófano exhaló... "¡Adiós, Madrid!" ¿Y por qué eso? ¿A quién se le ocurre soltar tal ocurrencia mientras un galeno te está amputando la pierna? No hay un motivo o explicación, sino que simplemente fue una manera de despedirse, involuntariamente de Madrid, la plaza más importante del toreo y también, por ejemplo, de su rivalidad con "Frascuelo" o "Lagartijo", entre otros toreros de aquel tiempo. Todo se acabó. Dejar de torear y más de esa forma, fue algo que a Antonio "El Tato" le costaría aceptar. Una manera muy bizarra de despedirse de toda una vida y en especial del público de la capital del toreo.

Sol y moscas.

Hasta la segunda década del XX, los caballos no llevaban peto de protección. Fue Miguel Primo de Rivera quien ordenó, en 1929, mediante una ley, que en las plazas de toros hubiera petos para todos los caballos. A partir de ese año se hicieron pruebas piloto con diferentes materiales y tamaños con el fin de buscar proteger a los caballos sin que afectase a su movilidad. Las tardes de toros, y más la de buen tiempo con el calor del sol, las moscas revoloteaban encima de los caballos heridos o muertos dando lugar a esta popular expresión.

¿Ha sío algo?

Si Antonio dejó para el recuerdo esa frase tan bizarra, no menos fue la que soltó Pepete tras recibir una cornada en el pecho en Madrid el 20 de abril de 1862 por Jocinero, un toro de Miura y mientras agonizaba en la mesa de la enfermería preguntó al cirujano: ¿ha sío algo? (¿ha sido algo?). Pepete murió minutos después. José Rodríguez, cordobés de nacimiento, vino al mundo el 11 de diciembre de 1824. Tomó la alternativa en 1847. Fue el primer torero murió a causa de una cornada por un toro de esta ganadería. Era tío abuelo de uno de los más grandes, Manolete; que tristemente también falleció como él, pero en Linares en agosto de 1947 a causa de una cornada de un toro de la misma ganadería.

Lo Álvaro.

Lo Álvaro es como se llama la finca de una ganadería muy importante en la historia del toreo y simiente de muchas nuevas que se han ido creando: Juan Pedro Domecq. Esta ganadería está situada en la localidad de El Castillo de las Guardas, en Sevilla. Un día, el actual responsable de la ganadería, Juan Pedro Domecq Morenés se puso a investigar tan curioso nombre. La respuesta se la dio un amigo ducho en leyes y costumbres: le explicó que "lo", antiguamente en Andalucía significaba "en casa de". Los toreros, cuando les preguntaban dónde iban a tentar, muy probablemente ellos contestaban: "en lo de Juan Pedro" como una manera de acortar "en la ganadería de Juan Pedro Domecq". De ahí que, muy probablemente se extendiera al resto de ganaderías quedando como muy habitual en un torero usar esa frase para decir que ha ido a tal ganadería: "a lo de Miura", "a lo de Juan Pedro", " a lo de Zalduendo" etc.

¡A París!

Otra curiosa anécdota protagonizada por el genial Rafael. Tras unos dineros que recibió que le debían y tras ver que no sabía qué hacer con ellos, no se le ocurrió otra cosa que parar en Madrid un taxi y decirle al conductor... ¡A París!, a lo que el taxista quiso confirmar: ¿Al hotel París?, y Rafael, con absoluta naturalidad respondió... ¡No, hombre! ¡"A París de la Fransia"! Fue ida y vuelta a París a golpe de taxímetro.

Mundial ´82.


No es la primera vez que cuento que los 80 fue una década apasionante y más concretamente en la plaza de Madrid. La brillante gestión de la familia Chopera al cargo de Las Ventas sumado a un plantel de grandiosos toreros, fue un conjunto que, hiciera que esa década fuera de absoluto esplendor en la historia del toreo. Todos recuerdan que en el año 82 vino Juan Pablo II, los "Rollings" dieron un concierto en el Calderón, fueron los años de "la movida madrileña" y el evento por excelencia de ese año y esa década, fue el mundial de fútbol en el que Italia se proclamó campeona. Yiyo, Curro Romero, Rafael de Paula, Niño de la Capea, Antoñete... fueron algunos de los toreros que protagonizaron momentos imborrables durante esos años. En cuanto a las ganaderías, una de las que consiguió cotas más altas fue la de Victorino Martín, que consiguió, hasta la fecha, el único indulto otorgado en la plaza de Madrid, que casualmente ocurrió en este año 82. Pero unos días antes de ese indulto, se vivió una corrida protagonizada también por esta misma ganadería y Ruiz Miguel, José Luis Palomar y Luis Francisco Esplá. El resultado fue apoteósico, al acabar la corrida el ruedo acabó llenó de gente para sacar a hombros a los tres toreros y al propio Victorino.

La corrida fue televisada y al celebrarse en pleno mundial varios de los jugadores de la Selección aficionados a los toros, se perdieron este festejo por motivos deportivos. En una de las visitas de miembros del gobierno a los jugadores, Juanito y Gordillo pidieron a Soledad Becerril, que por aquel entonces era ministra socialista de Cultura repetir la corrida porque no pudieron es su momento. Y tal fue el éxito de audiencias, que llegó a ser repetida en varias ocasiones más. Aunque para las generaciones más jóvenes sea difícil de creer, hasta finales de los 80, solo había dos canales en televisión: TVE1 y TVE2. Y las retransmisiones taurinas estaban a la orden del día en la programación habitual. Debido a la magnitud que alcanzó este festejo gracias a su triunfal final, quedó recodada como "la Corrida del siglo".

Zurito.

¿Qué es un zurito? si has viajado por el norte de España y más en concreto por las tierras vascas, zurito es, al fin y al cabo, un vaso de cerveza. En los bares, el zurito equivale realmente a medio vaso de cerveza. Una caña, un doble, un corto... cada región de España tiene su manera de pedir esta bebida en cualquier bar.

Inicialmente hay que explicar que "Zurito" es el apodo con el que se anunciaba en los carteles una familia de toreros cordobeses. A lo largo de varias generaciones, diferentes miembros vistieron de luces y todos ellos, como queda explicado, llevaban el sobrenombre de "Zurito": Manuel, José, Gabriel, Francisco, Antonio, y de nuevo, Gabriel. Todos ellos actuaron con ese nombre artístico. En lo que a nuestra historia se refiere, los miembros de la peña taurina de Gabriel de la Haba, "Zurito de Córdoba" (1945-2024), cuando quedaban a tomar vinos en San Sebastián, uno de ellos no aguantaba el ritmo de sus amigos porque él pedía cerveza en vez de vino, y éste al ser servido en los populares chatos, era más fácil y rápido de beber que la cerveza por lo que, de este modo buscó un método para beber a la misma velocidad que ellos: empezó a pedir medios botellines y después de pensar mucho y cavilar porque no había nombre para aquella "ración" de cerveza, se le ocurrió nombrar como zurito a esa cantidad de cerveza en honor al torero cuya peña él pertenecía. Desde entonces, "zurito" se popularizó de tal manera que ha quedado en el vocabulario gastronómico vasco como una medida de cerveza. 

Los monosabios

El origen de este divertido nombre viene de un espectáculo circense que tuvo lugar en Madrid a mediados del XIX en el que uno de sus espectáculos más entretenidos era uno que mostraba unos monos demostraban sus habilidades y el nombre artístico era los Monos Sabios. Vestían unas blusas encarnadas y al público le dio por compararlos con la vestimenta de los mozos que ayudaban en la plaza al picador, que portaban unos colores similares. El término tuvo tanta popularidad que así se acabó denominando a los mozos que ayudan a los picadores.