sábado, 25 de julio de 2026

¡Houston, tenemos un problema!

"Menos toreros y más bomberos". Eso dicen últimamente en la redes sociales muchos que cada vez que arde un monte saltan como panteras y cada vez con más fuerza contra, precisamente, uno de los muchos sectores que vive de, por y para el campo.

No tenemos la culpa los aficionados a los toros que si se dan subvenciones a la tauromaquia ardan los montes porque no hay medios. La tauromaquia es tan merecedora de recibir dinero como cualquier otro sector. Porque si en Valdepito del Carajo el ayuntamiento destina dinero a organizar eventos durante las fiestas locales, la tauromaquia también merece recibirlo. No tenemos la culpa que nos gobiernen unos criminales que dilapidan ingentes dinerales en despropósitos. No tenemos la culpa que no se mantengan carreteras, ni vías de tren, ni bosques, ni pantanos ni otras muchísimas infraestructuras. No tenemos la culpa que el dinero de los impuestos lo usen para absolutamente cualquier cosa menos para aquello que está pensado. No tenemos la culpa que un sinvergüenza que habita en La Moncloa dijera mayo que habría disponibilidad total de medios para atender incendios y resulta que, según cuentan, de los hidroaviones que hay a día de hoy en España no están disponibles todos ellos y hay que pedir ayuda a Grecia y a Italia para que nos presten los que sean necesarios. Nuestros políticos en vez de gobernar, se dedican a ir de fiesta a diversos paradores, a colocar a sus familiares en altos cargos, a financiar charlas de igualdad de género y feminismo a tribus indígenas del Brasil o películas que según datos oficiales no deben ver ni los familiares de los actores, a rescatar aerolíneas o a bloquear en redes sociales a aquellos que les critican diariamente por ocuparse de asuntos ajenos a su cargo en vez de aquellos que sí son de su competencia. Y cuando llega el drama el culpable es el clima climático. No que sean provocados. No me creo que sean todos fruto de que haga calor. ¡No me lo creo! Claro que hay accidentes y errores, pero que la gran mayoría de veces (intencionadamente) se incendian sitios donde tarde o temprano se descubre que hay documentos fechados mucho antes del incendio anunciando proyectos de placas solares o cualquier otra índole ecológica de la criminal Agenda justo donde un día ardieron infinidad de hectáreas. Proteger la naturaleza destruyéndola con fuego. Muy verde, muy ecológico y, sobre todo, muy sostenible. Es criminal. Los incendios no se apagan en julio, se apagan mucho antes. Todos los años igual, todos los años el mismo desastre. Cuando en España llega la tragedia, se echan las manos a la cabeza y se echa la culpa al cambio climático. Un ejemplo, se están tomando medidas anti incendios en la crítica base de seguimiento de satélites de la NASA que hay en el pueblo madrileño de Robledo de Chavela. ¡Houston, tenemos un problema! debieron pensar los científicos madrileños después de ver que en el último suspiro se han salvado las antenas de ser convertidas en chatarra para vender. Lo hacen ahora, no antes. En Tejas deben de estar alucinando. Los bosques se limpian en invierno para que cuando lleguen los incendios en julio los daños sean los mínimos posibles. Los ríos se limpian en invierno para que cuando llegue la gota fría en verano el agua corra torrencial por sus cauces sin arrastrar piedras y maleza y sin desbordarse. La gente del campo está desesperada de clamar en el desierto. Se gestiona la naturaleza, o se debería gestionar para que no haya catástrofes, o minimizar los daños que éstas puedan causar pero España es ese país que las medidas se toman cuando ocurre el desastre, no antes. El gobierno de España inunda la tele con sus anuncios de la dantesca Agenda 2030 y multan a un señor que en su finca recoge las castañas. Pero cuidar nuestros montes, no. Les da igual, en otoño llegarán las lluvias, los anuncios de El Corte Ingles de "La vuelta al cole" y en Vigo el alcalde anunciará que ya empieza la decoración navideña de su municipio. La gente se olvidará y el año que viene vuelta a empezar. La caza, la agricultura y la ganadería fueron los primeros quehaceres de la humanidad, llevamos haciéndolo desde la noche de los tiempos. Ahora resulta que desde la grandes ciudades, ineptos que solo viajan en coche oficial y no saben ni por dónde sopla el viento, organizan y deciden cómo tienen que vivir los que sí saben gestionar la naturaleza.

Los incendios dicen que ahora son de 5º o 6º generación, como los teléfonos o los ordenadores. Mientras sube la generación de los incendios, baja la de los servicios públicos. Porque por ejemplo, como digo más arriba, varios de esos aviones están cubriéndose de polvo en un hangar. Dicen que el cambio climático provoca estos letales incendios, pero perdonen mi fascista opinión: si no hay un mechero o una chispa que provoque fuego, por mucho calor que haga, no arde un árbol o un prado. Eso lo sabe hasta un niño. Si no hay fuego, o una chispa el monte nunca arderá. Aunque hagan 41 grados un árbol no se quema, y si no, que venga un físico a explicármelo. Si dicen que son las altas temperaturas, ¿es que las altas temperaturas solo existen desde que hay cambio climático? ¿Los agostos en Madrid de hace 50 años eran con máximas de 24 grados? Pregunto.

"Más bomberos y menos toreros". Es que hay que reírse, cualquier persona con sentido común diría: "Más toreros y menos despilfarro". Pero no, en España decir eso sonaría... no sé, a fascista por ejemplo. España siendo España. Yo quiero más toreros, más cazadores, más pastores, más agricultores y más ganaderos. Y más Guardia Civil en nuestros bosques. Y menos cenutrios que no han salido más allá de la M30 y si lo hacen es en aviones oficiales. Dejen trabajar a los que llevan toda su vida en el campo. Y antes, sus padres; y antes, sus abuelos. Dejen trabajar a gente que sabe cuidarlo y gestionarlo. No a merluzos en Madrid o en Bruselas que no distinguen una piña de una bellota. Porque los montes los cuidan los que viven en ellos y no un diputado desde su escaño. No es nuestra culpa que falten bomberos. Busquen responsables en el parlamento, no en gente que dedica su vida a trabajar en el campo. ¡Basta ya! 

Pues eso, "¡vivan los toreros y el despilfarro!". A los bomberos los dejaré tranquilos y agradeceré siempre su inconmensurable esfuerzo.

Mi ánimo e incondicional apoyo a todos los que viven por y para el campo. Y mi apoyo a todos esos pueblos afectados en estos momentos tan duros.







PD: para no perderte ninguno de los artículos, este blog está disponible tanto en Telegram (https://t.me/berrendoencardeno) como en WhatsApp (https://whatsapp.com/channel/0029Vb23DCjBA1f1UMe9D43S)





jueves, 23 de julio de 2026

Blanquet.

Si hay un personaje misterioso en el planeta de los toros, ese es Enrique Belenguer Soler, "Blanquet" en los carteles. Nació a principios de 1881 en Valencia y no está del todo claro si fue en enero o en mayo. Murió en agosto de 1926 en Sevilla.

Antes que a torear, se dedicó a otros menesteres. Trabajó de ebanista hasta que decidió enfundarse el oro y probar suerte en el difícil mundo del toreo. Se hizo banderillero y poco a poco fue convirtiéndose en un gran subalterno por lo que fue requerido por las principales figuras de finales del XIX y principios del XX: "Ragaterín", "Machaquito", Fernando "El Gallo", Joselito "El Gallo", Manuel Granero o Ignacio Sánchez Mejías. Fue José quien le convirtió en su mano derecha, en su hombre de confianza. Con el capote bregaba los toros con poder y mando. Si el capote no lo manejaba mal, con las banderillas no se quedaba atrás. Pareaba con majeza y elegancia. Por todo ello, Gallito le dio galones: Blanquet se encargaba de los toros más ásperos y difíciles. Su oficio daba seguridad a la máxima figura de la época.

Pero Blanquet tenía un don. Un curioso y sobrenatural don: cuando él olía a cera, se avecinaba la muerte. En un pueblo de Toledo, una tarde primaveral de 1920, estaban las cuadrillas listas esperando la orden del presidente para empezar el paseíllo. De repente, Enrique olió a cera y se asustó. Se lo comentó a otro banderillero y rogaron a Joselito, su jefe de filas, que ese día no torease. A medida que avanzaba el festejo, cuentan que el olor aumentaba. Salió el quinto que se llamaba Bailaor y acabó hiriendo mortalmente a Joselito.

Dos años después, Blanquet estaba con a las órdenes de otro matador y valenciano como él: Manuel Granero. En la plaza Vieja de Madrid, donde ahora un horrendo pabellón preside la plaza de Felipe II, se levantaba la plaza conocida como la de la carretera de Aragón. Otra tarde primaveral y también en mayo para más inri, la cuadrilla se dirigía a la plaza. Tras parar en el estudio de fotografía Kaulak, Cuentan que Enrique le espetó: "Manolo, te has hecho la última fotografía". Y así fue porque Granero murió la tarde de ese 7 de mayo. En la plaza vieja de Madrid, Pocapena, de El Duque de Veragua infligió a un muchacho de veinte años la cornada más brutal de la historia del toreo. Tan espantosa fue, que incluso está reproducida, para colmo de los colmos en cera, en el Museo de Cera de Madrid. Para la historia queda esa foto del gran Baldomero, en la que las cuadrillas corren con el torero en brazos camino de la enfermería mientras Blanquet, en primer término, solo y horrorizado, llora con las manos tapándose la cara. Granero, que estaba llamado a ser el sucesor de Joselito, cayó también en las astas de un toro.

Blanquet, asustado por su don, se retiró para dedicarse a otros asuntos. Un tiempo más tarde volvió a la profesión gracias a otro gran torero que le convenció: Ignacio Sánchez Mejías. Con él estuvo hasta una tarde de verano de 1926. A orillas del Guadalquivir, Blanquet estaba con sus compañeros en Sevilla. Y una vez más, notó un intenso olor a cera. Lo avisó a los compañeros e intentó por todos los medios que Ignacio no saliera al ruedo. Todo esfuerzo fue en vano ante la desesperación de Blanquet y alguna que otra burla de los otros subalternos. Ignacio aún así, anduvo prudente durante la lidia de sus toros y la tarde acabó sin nada que lamentar. De hecho, Ignacio fue el compañero de terna que actuó con Joselito aquella tarde en Talavera seis años antes. Pero hete aquí, que aquel 15 de agosto, cuando la cuadrilla en el tren camino de Madrid vio como Blanquet de repente se quedó pálido en su asiento y se desvaneció. Los médicos certificaron horas después que fue un ataque al corazón. Blanquet llevaba tiempo con problemas respiratorios pero a pesar de los esfuerzos de su gente en hacerle parar y reponerse, él siguió toreando. Esta vez le tocó a él. Pero a diferencia de sus difuntos compañeros, Enrique no cayó en el ruedo. Sus restos mortales fueron trasladados a Valencia gracias a la ayuda de Sánchez Mejías, ya que él puso de su bolsillo sufragando los gastos necesarios para que el cadáver de este prometedor torero levantino fuera enterrado en su tierra natal.





PD: para no perderte ninguno de los artículos, este blog está disponible tanto en Telegram (https://t.me/berrendoencardeno) como en WhatsApp (https://whatsapp.com/channel/0029Vb23DCjBA1f1UMe9D43S)





lunes, 6 de julio de 2026

Curiosidades taurinas.

Curiosidades, anécdotas... El mundo de los toros ha ido de la mano de la historia de España, guste o no, y lo certifica Ortega y Gasset en el encabezamiento de este blog. Hoy explicaré varios recuerdos de los que algunos de ellos dejaron unos dichos, que a la postre, han pasado al vocabulario popular y cotidiano de miles de españoles.

El kilo.

Una de las expresiones más usadas y conocidas, sobre todo por los más jóvenes en determinados ámbitos como el deporte por ejemplo: ¿Cuántos kilos cobra un deportista de máximo nivel? ¿Cuántos kilos le ha costado a un equipo de fútbol tal fichaje? La respuesta se atribuye a "El Cordobés". Manuel, figura de los años sesenta que llenaba plazas, conseguía que la gente que no tenía televisor se arremolinara en los escaparates y en los bares, o se pedían horas libres del trabajo para verle torear, llegó a cobrar el millón de pesetas, algo prácticamente impensable en aquel tiempo. Su popularidad era tal, que fue uno de los personajes más queridos de esa España de los 60 y 70. Tras cobrar esa cantidad, lo pesó una vez y vio que la báscula marcaba 1000 gramos de ahí que popularizara denominar "kilo" a cantidades de millones de pesetas.

No hay quinto malo.

Curiosa expresión, y que, como tantas otras tiene connotaciones taurinas. Expresión que venía de la época en la que en la tauromaquia no había sorteo y el orden de los toros lo estipulaba el propio ganadero. Éste elegía el orden e intentaba poner en quinto lugar el animal que más juego diera para que si la cosa empezaba bien pero iba decayendo, la gente se iba antes de terminar y era la manera de mantener el interés. El ganadero iba intercalando los seis puestos de una manera que el toro más imponente abriera el festejo, en segundo lugar uno en el que su confianza en el juego que diera fuera la justa... Y en quinto lugar siempre un toro en que hubiera mucha confianza que propinase al torero un gran triunfo.

Quedar peor que Cagancho en Almagro.

Ver a un matador salir de una plaza bajo un chaparrón de almohadillas y escuchando todo tipo de improperios se ha visto a lo largo de la historia del toreo en infinidad de ocasiones. Muchos de los aficionados más veteranos recordarán esos 80 y 90 con dos genios como Rafael de Paula y Curro Romero sacar de quicio a cualquier plaza de toros. Esas fueron muy sonadas, llegando Curro a pasar una noche en el calabozo por negarse a matar un toro. Una de las broncas más brutales que se recuerdan fue la que protagonizó Joaquín Rodríguez "Cagancho", un torero sevillano que vivió entre 1903 y 1982. Toreó en Almagro con Antonio Márquez y Manuel del Pozo, "Rayito" para lidiar toros de la ganadería de Antonio Pérez Tabernero el 25 de agosto del año 27, en la provincia de Ciudad Real. Cuentan que causó tal expectación el cartel que la gente fue desde todos los alrededores para ver la corrida. El resultado de la tarde fue lo contrario a lo esperado. Se esperaba una tarde de triunfo, sin embargo Joaquín fracasó tan estrepitosamente que cuentan que hasta la Guardia Civil tuvo que ser ayudada por un destacamento de Caballería que en Almagro se encontraba para calmar a la enfurecida multitud y proteger a Joaquín para que saliera vivo de allí. Apático, abúlico, desconfiado, sin el más mínimo ápice de querer intentar que las cosas saliera bien, los pases eran chapuceros, con la espada debió pinchar enemil veces... ¡Cómo debió ser la cosa para que diera lugar a ese dicho que acabó siendo tan popular! Hay que hacer algo rotundamente mal para "quedar peor que Cagancho en Almagro".

"¡Hay gente pa´to!"

Protagonizada por el irrepetible Rafael "El Gallo", torero sevillano a caballo entre finales del XIX y principios del XX. Sus gracejo, su espontaneidad y ocurrencias ante situaciones de cualquier tipo dio pie a que fuera protagonista de infinitas anécdotas y recuerdos que han ido contándose de generación en generación. En una ocasión le presentaron a José Ortega y Gasset y cuando le dijeron que era un filósofo, le explicaron que es alguien que se dedica a buscar el conocimiento, a entender el porqué de las cosas o, por ejemplo, a analizar el comportamiento de la gente; a lo que, atónito, respondió con mucho gracia: "¡Hay gente pa´to!"

Ni "El Tato".

Media España se acuerda constantemente de Antonio Sánchez "El Tato", pero la gran inmensa mayoría no sabe quién es: Antonio fue un torero sevillano del XIX. Hoy no viene ni "El Tato", eso no lo hace ni "El Tato".... La expresión "ni el Tato" muchas veces es usada para explicar que hay algo que nadie quiere o puede hacer o que nadie acude algún lugar en concreto. La historia de tan usada expresión es que Antonio era muy sociable y le encantaba ir a fiestas y eventos de cualquier índole. Tal debía ser su costumbre de ir a fiestas que debía ser muy difícil no verle en cualquier convite. Por ello, si un acto tenía la suficiente pompa como para acudir, Antonio estaba el primero dispuesto a hacer sociedad. De esta manera, "Ni el Tato" se ha quedado para explicar que nadie fue un evento o a un determinado acto si no genera el suficiente interés.

¡Adiós, Madrid!

Protagonizada también por Antonio. Recibió una cornada el 7 de junio de 1869 en la plaza vieja de Madrid, donde ahora se ubica el Palacio de los Deportes, por Peregrino, un toro de la legendaria vacada de don Vicente Martínez. La herida no curó bien y se acabó infectando, situación que llevó a los médicos a amputar la pierna. Durante la dura operación, cuentan que mientras se fumaba un puro en la mesa del quirófano exhaló... "¡Adiós, Madrid!" ¿Y por qué eso? ¿A quién se le ocurre soltar tal ocurrencia mientras un galeno te está amputando la pierna? No hay un motivo o explicación, sino que simplemente fue una manera de despedirse, involuntariamente de Madrid, la plaza más importante del toreo y también, por ejemplo, de su rivalidad con "Frascuelo" o "Lagartijo", entre otros toreros de aquel tiempo. Todo se acabó. Dejar de torear y más de esa forma, fue algo que a Antonio "El Tato" le costaría aceptar. Una manera muy bizarra de despedirse de toda una vida y en especial del público de la capital del toreo.

Sol y moscas.

Hasta la segunda década del XX, los caballos no llevaban peto de protección. Fue Miguel Primo de Rivera quien ordenó, en 1929, mediante una ley, que en las plazas de toros hubiera petos para todos los caballos. A partir de ese año se hicieron pruebas piloto con diferentes materiales y tamaños con el fin de buscar proteger a los caballos sin que afectase a su movilidad. Las tardes de toros, y más la de buen tiempo con el calor del sol, las moscas revoloteaban encima de los caballos heridos o muertos dando lugar a esta popular expresión.

¿Ha sío algo?

Si Antonio dejó para el recuerdo esa frase tan bizarra, no menos fue la que soltó Pepete tras recibir una cornada en el pecho en Madrid el 20 de abril de 1862 por Jocinero, un toro de Miura y mientras agonizaba en la mesa de la enfermería preguntó al cirujano: "¿ha sío algo?" (¿ha sido algo?). Pepete murió minutos después. José Rodríguez, cordobés de nacimiento, vino al mundo el 11 de diciembre de 1824. Tomó la alternativa en 1847. Fue el primer torero murió a causa de una cornada por un toro de esta ganadería. Era tío abuelo de uno de los más grandes, Manolete; que tristemente también falleció como él, pero en Linares en agosto de 1947 a causa de una cornada de un toro de la misma ganadería.

Lo Álvaro.

Lo Álvaro es como se llama la finca de una ganadería muy importante en la historia del toreo y simiente de muchas nuevas que se han ido creando: Juan Pedro Domecq. Esta ganadería está situada en la localidad de El Castillo de las Guardas, en Sevilla. Un día, el actual responsable de la ganadería, Juan Pedro Domecq Morenés se puso a investigar tan curioso nombre. La respuesta se la dio un amigo ducho en leyes y costumbres: le explicó que "lo", antiguamente en Andalucía significaba "en casa de". Los toreros, cuando les preguntaban dónde iban a tentar, muy probablemente ellos contestaban: "en lo de Juan Pedro" como una manera de acortar "en la ganadería de Juan Pedro Domecq". De ahí que, muy probablemente se extendiera al resto de ganaderías quedando como muy habitual en un torero usar esa frase para decir que ha ido a tal ganadería: "a lo de Miura", "a lo de Juan Pedro", " a lo de Zalduendo" etc.

¡A París!

Otra curiosa anécdota protagonizada por el genial Rafael. Tras unos dineros que recibió que le debían y tras ver que no sabía qué hacer con ellos, no se le ocurrió otra cosa que parar en Madrid un taxi y decirle al conductor... "¡A París!", a lo que el taxista quiso confirmar: ¿Al hotel París?, y Rafael, con absoluta naturalidad respondió... "¡No, hombre! ¡A París de la Fransia!". Fue ida y vuelta a París a golpe de taxímetro.

Mundial ´82.


No es la primera vez que cuento que los 80 fue una década apasionante y más concretamente en la plaza de Madrid. La brillante gestión de la familia Chopera al cargo de Las Ventas sumado a un plantel de grandiosos toreros, fue un conjunto que, hiciera que esa década fuera de absoluto esplendor en la historia del toreo. Todos recuerdan que en el año 82 vino Juan Pablo II, los "Rollings" dieron un concierto en el Calderón, fueron los años de "la movida madrileña" y el evento por excelencia de ese año y esa década, fue el mundial de fútbol en el que Italia se proclamó campeona. Yiyo, Curro Romero, Rafael de Paula, Niño de la Capea, Antoñete... fueron algunos de los toreros que protagonizaron momentos imborrables durante esos años. En cuanto a las ganaderías, una de las que consiguió cotas más altas fue la de Victorino Martín, que consiguió, hasta la fecha, el único indulto otorgado en la plaza de Madrid, que casualmente ocurrió en este año 82. Pero unos días antes de ese indulto, se vivió una corrida protagonizada también por esta misma ganadería y Ruiz Miguel, José Luis Palomar y Luis Francisco Esplá. El resultado fue apoteósico, al acabar la corrida el ruedo acabó llenó de gente para sacar a hombros a los tres toreros y al propio Victorino.

La corrida fue televisada y al celebrarse en pleno mundial varios de los jugadores de la Selección aficionados a los toros, se perdieron este festejo por motivos deportivos. En una de las visitas de miembros del gobierno a los jugadores, Juanito y Gordillo pidieron a Soledad Becerril, que por aquel entonces era ministra socialista de Cultura, repetir la corrida porque no pudieron es su momento. Y tal fue el éxito de audiencias, que llegó a ser repetida en varias ocasiones más. Aunque para las generaciones más jóvenes sea difícil de creer, hasta finales de los 80, solo había dos canales en televisión: TVE1 y TVE2. Y las retransmisiones taurinas estaban a la orden del día en la programación habitual. Debido a la magnitud que alcanzó este festejo gracias a su triunfal final, quedó recodada como "la Corrida del siglo".

Zurito.

¿Qué es un zurito? si has viajado por el norte de España y más en concreto por las tierras vascas, zurito es, al fin y al cabo, un vaso de cerveza. En los bares, el zurito equivale realmente a medio vaso de cerveza. Una caña, un doble, un corto... cada región de España tiene su manera de pedir esta bebida en cualquier bar.

Inicialmente hay que explicar que "Zurito" es el apodo con el que se anunciaba en los carteles una familia de toreros cordobeses. A lo largo de varias generaciones, diferentes miembros vistieron de luces y todos ellos, como queda explicado, llevaban el sobrenombre de "Zurito": Manuel, José, Gabriel, Francisco, Antonio, y de nuevo, Gabriel. Todos ellos actuaron con ese nombre artístico. En lo que a nuestra historia se refiere, los miembros de la peña taurina de Gabriel de la Haba, "Zurito de Córdoba" (1945-2024), cuando quedaban a tomar vinos en San Sebastián, uno de ellos no aguantaba el ritmo de sus amigos porque él pedía cerveza en vez de vino, y éste al ser servido en los populares chatos, era más fácil y rápido de beber que la cerveza por lo que, de este modo buscó un método para beber a la misma velocidad que ellos: empezó a pedir medios botellines y después de pensar mucho y cavilar porque no había nombre para aquella "ración" de cerveza, se le ocurrió nombrar como zurito a esa cantidad de cerveza en honor al torero cuya peña él pertenecía. Desde entonces, "zurito" se popularizó de tal manera que ha quedado en el vocabulario gastronómico vasco como una medida de cerveza. 

Los monosabios.

El origen de este divertido nombre viene de un espectáculo circense que tuvo lugar en Madrid a mediados del XIX en el que uno de sus espectáculos más entretenidos era uno en el que unos monos demostraban sus habilidades y el nombre artístico era los Monos Sabios. Vestían unas blusas encarnadas y al público le dio por compararlos con la vestimenta de los mozos que ayudaban en la plaza al picador, que portaban unos colores similares. El término tuvo tanta popularidad que así se acabó denominando a los mozos que ayudan a los picadores.