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domingo, 8 de septiembre de 2024

Vergueto y Verdadero engrandecen el triunfo de Emilio.

A Valladolid me fui este sábado 7 de septiembre para ver cómo Emilio de Justo se encerraba con seis toros de Victorino una vez más, pues seguramente muchos no sepan o no recuerden que este torero extremeño ya se enfrentó en solitario con esta cárdena vacada otro 7 de septiembre pero de 2019 en la ciudad francesa de Dax y salió a hombros tras cortar cuatro orejas.

Enfrentarse en solitario a seis toros no es tarea sencilla, pues la dificultad de tal empresa exige una concentración total durante todo el festejo. Y hacerlo ante un hierro de este tipo, si cabe aún más. Las complicaciones que presenta el encaste Albaserrada hacen que muchos toreros duden ante estos animales (Ya lo dijo Dámaso Gómez: todos los toreros vacilan ante los victorinos). Por eso, un triunfo con esta ganadería, y aún más si se hace en solitario tiene mucho más valor: Andrés Vázquez, Niño de la Capea, Ruiz Miguel, Roberto Domínguez, Manuel Caballero, "El Cid"(por cierto, él y Emilio son de los poquísimos que lo han hecho en más de una ocasión), "El Capea"...
Unos pocos privilegiados saben lo que es tocar el cielo ante seis "victorinos". 

Mientras Misterioso, Vergueto, Porteño, Verdadero, Escrupulillo y Verdadero aguardaban en corrales, Emilio que llegaba a la plaza vestido de obispo y oro, y tras cruzar el ruedo acompañado tanto de las cuadrillas como los sobresalientes que en esta ocasión fueron Álvaro de la Calle y Fernández Pineda, respondió a la fuerte ovación que le tributó la afición. 

La tarde fue un compendio de la tauromaquia de Emilio. Manejó el capote con valor y precisión. Supo lidiar y acoplarse a las embestidas de cada uno de los toros. Como toma de contacto, dosificó el esfuerzo en el primer capítulo sabiendo que aún restaban cinco en los chiqueros. Firme el matador, se hizo con el toro en la faena de muleta y cerró la obra con un pinchazo. 

El segundo capítulo del festejo tuvo como protagonista a un animal muy bien presentado pero rajado y flojo. La poca fuerza de éste condicionó la lidia. Se lució con el capote el de Torrejoncillo y epilogó el trasteo con un precioso manojo de muletazos rodilla en tierra. La plaza estaba con él. Emilio fulminó de una estocada y fue premiado con dos excesivos trofeos. Fue una faena acelerada y en la que abundaron los enganchones. 

Tercer capítulo: Porteño. Encastado y fiero, propició una faena de cante grande. Emilio estuvo a la altura Fue este encuentro uno de los mejores momentos del festejo. "Cuajar un Victorino requiere poesía, valor y temple", eso dijo en una ocasión el gran albaceteño Dámaso González. Pues eso hizo Emilio. Bestia y hombre se acoplaron y ambos se engrandecieron. La bestia exprimió al hombre, y éste supo sacar todo lo que la bestia llevaba en sus 551 kilos de brava anatomía. Toreó con ritmo y despaciosidad las embestidas de aquel cornúpeta. Y se pasó el hombre a la bestia por la faja. Ajuste y acople en cada una de las series que realizó con ambas manos. Fue un faenón rotundo, macizo. De no fallar con el acero con la Tizona, habría cortado dos orejas de mucho peso. Todo quedó en una oreja para el hombre y una vuelta al ruedo para la bestia. 



                                      Así humilló Porteño.


Quedaban tres toros en los corrales de la preciosa plaza pucelana y Emilio seguía demostrando que aún seguía en plena forma para enfrentarse a los que saliese por el portón de los sustos. 

Cuarto capítulo: Fue éste un animal que no regaló ni una embestida y por el izquierdo no quiso saber nada. Por lo que de esta manera, basó de Justo la faena en la mano diestra. Sacó Emilio agua de un pozo seco y le robó con mucha valentía un puñado de derechazos. El toro se quedaba en los tobillos y se revolvía con rapidez buscando querer coger al matador. No se alargó el hombre y concluyó la faena fallando con la espada: una estocada caída tras pinchazo. 

Quinto capítulo: "El toro de Victorino llega hasta donde llegue el muletazo, no más allá" Luis Miguel Encabo dixit. Ya queda dicho que este encaste es muy especial. Su fiero y particular comportamiento en las telas exigen que los matadores den el doscientos por cien cuando están ante ellos. Ya lo dice el matador madrileño. Es un toro que obedece a los toques y sigue la muleta hasta donde diga el torero. Por eso los toques de muñeca para mover los avíos tienen que ser extremadamente precisos a la par que suaves. ¿Y por qué cuento esto? Por que este toro se revolvió con rapidez. Su casta puso emoción a una faena en la que Emilio tuvo que tirar de magisterio para dirigir y superar las oleadas de bravura de Verdadero. Otra de las particularidades de esta sangre es que no se suele dejar ligar las embestidas por lo que tras cada muletazo, el torero tiene que parar, colocarse y empezar el siguiente muletazo. Muchos detalles técnicos a tener en cuenta por toreros con conocimientos lidiadores y arrojo para superar estos ásperos comportamientos. No era la tonte del bote. Emilio, dando los muletazos de uno en uno, supo llevar a cabo la misión de torear a Verdadero y salió triunfante. Mató de una estocada y cortó otras dos orejas. 

Sexto capítulo: Apagado y soso, no dio opciones. Cedió un quite a Álvaro de la Calle. Quiso intentar un último esfuerzo pero viendo lo descastado que era, abrevió. A pesar de este pequeño borrón como epílogo, acabó una encerrona en la que se cumplió lo que Ortega Cano opina sobre esta ganadería: "el espectáculo está asegurado con un Victorino".

Fue una tarde para el recuerdo por la disposición de Emilio, por su valor y conocimientos taurómacos. Con el capote lidió las embestidas de todos ellos y se lució en un manojo de verónicas y unas chicuelinas de mano muy baja. Su muleta fue un látigo. Con los vuelos de ella templó y mandó las acometidas de los seis grises animales. Y con el acero demostró una vez más que es uno de los grandes estoqueadores del escalafón. Entra matar por derecho, con rotundidad y mucha entrega. Finalizo dando mi ovación a las cuadrillas: vi grandes puyazos, enormes pares de banderillas (se desmonteraron Pérez Valcarce y Morenito de Arles) y alguna que otra soberbia brega (la de Juan José Domínguez). Los de plata estuvieron más que a la altura. 

Llegó andando del hotel y volvió a hombros. Con cinco orejas fue en volandas hasta el hotel por las calles de la capital castellana.






 

lunes, 9 de octubre de 2023

Borja Jiménez se consagra en Madrid.

El jueves 5 y ante un encierro de Fuente Ymbro actuaron Jorge Molina (purísima y oro), García Pulido (malva y oro) y Cristiano Torres (salmón y oro). Correcto de presentación pero vacíos por dentro. Bochorno de verano y aburrimiento por lo que salía por corrales, esa fue la receta que hizo que en el ambiente sonasen los chasquidos de las pipas como las chicharras en verano. 

En el décimo aniversario de la faena de El Cid a Verbenero, Molina hizo un toreo soso y moderno, aburrido y sin alma. Muy limpio y técnico pero sin alma alguna. Pasó por Madrid sin pena ni gloria. Desconozco si estaría al tanto de tal aniversario y haber visto el vídeo quizá le habría iluminado un poco para afrontar mejor una tarde en la cátedra venteña.

Lo mejor del festejo corrió a cargo de García Pulido. De menos a más fue el resumen de su actuación. Pulcro en el trazo de los muletazos y siempre con ligazón. Sus mejores momentos fueron con la mano zurda. Los naturales tuvieron relevancia y en el sexto sufrió un revolcón que no tuvo consecuencias. Saludó  en el tercio tras ambas faenas 

Cristiano alardeó ante las cámaras de televisión para después pegar un petardo importante. Ante un novillo soso y desrazado, lo hizo todo mal. El novillo, con las fuerzas justas no aguantó el toreo bullidor a la par que desordenado de Cristiano. Como novillero que es, su objetivo es comerse el mundo pero lógicamente acusó la falta de rodaje. Ahí es cuando el apoderado (que en este caso es matador de toros y a la vez padre del muchacho) o el banderillero tienen que dar el consejo oportuno pero o no llegó, o nuestro protagonista no lo escuchó. El animal tenía nobleza por lo que con una lidia más conveniente Cristiano habría conseguido algo más. En el sexto pareció mostrar un poco más de cabeza y ante un novillo con más chispa que el anterior, CT dejó la vulgaridad para torear más pausado y dejar unos muletazos más asentados. Cerró el zaragozano la faena con una efectiva estocada.

Cinco avisos como cinco soles. Lo pediré una y otra vez: hay que medir las faenas y hay que entrenar más la suerte suprema. Si la cosa va bien, para rematar y dejar buena impresión. Si el toro no embiste, para mitigar el aburrimiento del tendido y si el toro es complicado para no darle más ideas al bicho y pasar luego un calvario a la hora de matar.




El viernes 6 se llenó la plaza para ver a Sebastián Castella (turquesa y oro), Paco Ureña (sangre y oro) y Ginés Marín con los toros de Victoriano del Río. Mansos y huidos. Petardo importante del ganadero madrileño. 

Curioso fue no ver a "Juli" en este cartel en su despedida en Las Ventas, ya que es una de sus ganaderías predilectas pues si tiramos de crónicas, veremos que hierros como Alcurrucén, Garcigrande o Victoriano han sido los hierros que más ha estoqueado el veterano matador en la plaza madrileña. Quizá el resultado de la tarde lo explicaría.

La emoción de dos faenas. Dos toros pusieron la sal a un festejo que naufragaba a medida que avanzaba la tarde. Si no es por estos dos animales, la tarde habría sido de siesta y muchas pipas. Incomprensiblemente se pidió la devolución de este cuarto toro por parte del público ocasional. Siempre habrá que recordar que la mansedumbre es condición del animal por lo que si no es por cojera o cualquier otro aspecto físico, no hay motivo alguno para devolver la res. Sebastián se la jugó con un cuarto que fue un manso de libro, y que, por su comportamiento en varas, se pidió el deshonor de las banderillas negras pero no ocurrió. Lo grandioso de la tarde ocurrió gracias a la maestría de sus subalternos: José Chacón y Rafael Viotti. José eficaz y rotundo con el capote y Rafael valiente y gallardo con las banderillas. Tras el tercio de banderillas recibieron ambos toreros de plata una fortísima ovación.  En la faena de muleta, Sebastián demostró por qué es máxima figura. Ante un animal huido y abanto, a base de magisterio y de valor, consiguió llevar a aquel animal encelado siempre en las telas. De no ser por la espada quizá hubiera habido puerta grande. Tras dos avisos, dio Sebastián una memorable vuelta al ruedo. 

Prácticamente lo mismo ocurrió en el quinto. Salió Paco Ureña a parar al toro y este huyó despavorido. Este animal, aún peor que el su hermano se hartó a dar vueltas huyendo de los capotes y las puyas de los picadores. Más clamorosamente que en el anterior y tras la fuerte petición, el presidente acabó asomando el pañuelo que ningún ganadero quiere ver: el rojo, condenando al animal a banderillas negras por su nulo comportamiento en el primer tercio. Sufrieron un calvario los peones del lorquino para acabar cambiando el tercio sin el número de banderillas reglamentarias. La faena sucedió en los medios y Ureña aguantó las tarascadas que Andaluz le propinaba. La faena tuvo épica. Sacó varios muletazos al manso animal y falló con el acero. La vuelta al ruedo que dio Paco fue un clamor.

Ginés no sé a qué vino. Porque hizo el paseíllo luciendo un precioso canela y oro y ahí acabó su actuación. Inédita. Así ha sido su tarde. Menos mal que ninguno de estos dos toros le tocaron a Ginés...





La gente emocionada, la reventa por las nubes, la expectación era máxima, ni una brizna de viento... ¿Qué más se podía pedir para que saliera bien una tarde de toros? Todo estaba listo para ver el sábado 7 a  tres toreros sevillanos: Daniel Luque, Juan Ortega (blanco y oro) y Pablo Aguado (obispo y oro). Pero hete aquí que Daniel cayó lesionado y la empresa llamó a Damián Castaño (azul y oro) para cubrir su hueco. En los corrales aguardaban seis toros de El Pilar. Cuando hay expectación a veces llega la decepción. Y así ocurrió este sábado 7 de octubre. Damián lo tenía todo para dar un golpe en un cartel de relumbrón. Su primer toro tuvo clase y fondo pero el salmantino estuvo por debajo. Su faena fue eclipsada por un quite a la verónica de Juan tras el primer puyazo que consiguió que Madrid rugiera. Echando la pierna delante y embarcando al animal con los vuelos, Madrid se puso en pie. La cosa empezaba bien. Pero tras ese quite, la tarde decayó y acabó siendo fue un rosario de toros sosos y desrazados. Ni Juan, ni Pablo. Al primero se le esperaba con ilusión pues este año no ha pisado este ruedo. Y Pablo venía de San Miguel donde dejó muletazos muy caros. Pero ni uno ni otro tuvieron con qué poder hacer disfrutar a la afición. En el sorteo se libró Damián que, como queda dicho anteriormente, tuvo un primer toro para hacer algo más de lo que hizo. Y lo mismo en el cuarto. Su lote, dentro de la moruchada ganadera, fueron los dos más potables. Realizó dos trasteos sin ecos en los tendidos donde abundaron los muletazos pero sin mucho fuste. Un oportunidad perdida. Ante dos de los toreros más relevantes del momento Damián no consiguió pasar de discreto. 




Torear, eso hizo Borja Jiménez (lila y oro) el domingo 8 en Las Ventas. Con los toros de Victorino Martín cerró la Feria de Otoño 2023 el torero de Espartinas cortando tres orejas y cruzando la puerta grande. Román (verde y oro) y Leo Valadez (canela y oro) completaron el cartel.

Fue un conjunto de emociones y de casta torera. Fueron tres capítulos. En el primero fue entrega, pureza y verdad. Con el capote anduvo sobrado. Bueno, prácticamente lo estuvo toda la tarde. Las verónicas fueron excelsas y las medias fueron colosales. No recuerdo ver torear así con el capote a un Albaserrada hace bastante tiempo... ¿quizá desde Sevilla en 2009? Con la muleta toreó a placer a Paquecreas. En redondo pero siempre de frente. Nada de perfileo ni posturas acomodadas. Templó y mandó. Su muleta fue un látigo para el animal. Los muletazos fueron suaves y cadenciosos. Madrid rugía. Los oles eran secos y rotundos. La tarde pintaba muy bien. Rubricó con una estocada tendida y la oreja cayó inmediatamente. La tónica continuó. A pesar de su corta experiencia y que este año apenas ha toreado, no demostró ni tener nervios ni estar perdido. En todo momento sabía que hacer. Con clarividencia cuajó al Victorino de principio a fin. A base de lidiar y manejar con certeza terrenos y alturas consiguió, al final de la faena, pegar unos naturales muy verticales, relajado y mirando al tendido. Madrid era una olla a punto de estallar. De nuevo, otra estocada tendida y otra oreja al esportón. Lo consiguió. Ya tenía la puerta grande. Pero quedaba lo mejor. En el último capítulo, ni corto ni perezoso, y con una total declaración de intenciones, cruzó el ruedo y se fue a recibir a Plazuelo de rodillas. La faena hizo vibrar por tercera vez a la plaza de Madrid. Los naturales fueron soberbios y el cierre por bajo fue sensacional. El toro fue bravo, aumentando la importancia de todo lo que hacía el muchacho de Espartinas. Volvió a cerrar la obra con una estocada tendida, al igual que en los otros dos capítulos. Si se corrige eso, a Borja le pueden llegar muchas alegrías. Y cortó una oreja más.

Román sufrió en su primer toro una cornada en un descuido. El toro, listo como pocos, le avisaba y le avisaba. El valenciano acabó herido pero a pesar de la fuerte cornada que llevaba en su pierna derecha, siguió y aguantó hasta dar muerte al animal. Escuchó una calurosa ovación camino de la enfermería. 
Leo Valadez estuvo, que no es poco. Supongo que novato en estas lides, cuando quiso darse cuenta que eran Albaserradas y no Domecq era tarde. El mejicano no terminó de acoplarse con los dos toros que le tocaron en suerte.

A principios de abril vino Borja a Madrid para confirmar una alternativa que tomó en 2015. Cumplió y dejó un gran sabor de boca. Y lo ratificó una vez más a mediados de julio. Ocho años han tardado en llamarle. Al igual que muchos, ha tenido que esperar y ver como el teléfono no sonaba. Pero ha pasado el tren y se ha subido. Tres orejas en Madrid es un premio al tesón y a la paciencia, que de no ser por el acero hubieran sido un par de orejas más. Muchos toreros pasaron del ostracismo a la gloria por saber esperar. En 2024 hay un torero con el que hay que contar. Apunten su nombre, porque este muchacho del aljarafe sevillano ha venido para quedarse. Puerta grande para Borja Jiménez. De las que pesan. De las que consagran a un torero. Dieciocho años después, un torero vuelve a salir a hombros con una corrida de Victorino Martín en Las Ventas. Y otro curiosísimo dato que poquísimos matadores pueden presumir: siete años después de que lo consiguiera su hermano Javier en agosto de 2016 con los toros de Antonio Bañuelos. Emoción y toreo de mil kilates. Para mí, lo mejor de este año en Las Ventas. Así vi una tarde en la que salimos toreando de la plaza. Un festejo en el que el ganado no lo puso fácil, no regalaron ni embestida. Pero así tiene que ser un toro de lidia. Que el matador que tenga delante sea capaz de hacerle frente con valor y gallardía. Borja Jiménez supo conjugar a la perfección el hermoso verbo torear. Enhorabuena, Torero. 







                         (Plaza 1, Andrew Moore, Alejandro Lara)


Cerramos el año con estos dos festejos (a las 18 horas):
- Miércoles 11 de octubre. Novillada sin picadores. Gran final del ‘Camino hacia Las Ventas’. Erales de Lorenzo Rodríguez Espioja para Álvaro Serrano, Sergio Rollón y Mariscal Ruiz.
- Jueves 12 de octubre. Toros de Núñez del Cuvillo para Manuel Jesús "El Cid", que sustituye a Morante de la Puebla por lesión, Alejandro Talavante e Isaac Fonseca.





lunes, 13 de abril de 2020

Cobradiezmos, un regalo inolvidable.

El 13 de abril es un gran día. El trece está considerado de mal agüero pero es algo que a mí nunca me ha importado. Y digo esto porque es el día de mi cumpleaños. Al ser en pleno abril es frecuente que suela coincidir con la tradicional feria de Sevilla. Así que hoy no hablaré de Madrid sino de la capital andaluza ya que el 13 de abril de 2016 ocurrió algo maravilloso: el indulto de un toro de Victorino Martín en la Real Maestranza de Caballería a manos de Manuel Escribano.

Hablar de Victorino Martín en Sevilla es hablar de una trayectoria breve y plagada de éxitos. Este hierro madrileño debutó en el dorado albero maestrante en 1996 y desde entonces, estos cárdenos animales han emocionado a los sevillanos por su casta y bravura. Los éxitos del Paleto de Galapagar han sido constantes. Recordaré algunos de ellos:
 El mismo día del debut, dos toreros curtidos en estas lides como son "El Tato" y Pepín Liria, cortaron una oreja cada uno. Un año después "El Tato" se las vio nada más y nada menos con  Veraniego y juntos formaron un dueto absolutamente memorable. Más tarde llegó "El Cid" y puso el cotarro patas arriba con estos toros. Su tarde más importante fue con un bravísimo animal llamado Borgoñés en el año 2007. Aquel día cortó tres orejas y en volandas se lo llevaron por esa puerta que da al Paseo de Colón y al Guadalquivir. ¿Y qué decir de Antonio Ferrera? Pues este balear de nacimiento y extremeño de adopción cuenta en su palmarés con toros como Melonito en 2008 que fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre, Mecanizado y Platino en 2014 y 2017 respectivamente. El murciano Liria además de esa primera oreja toreó a Gallareto el día de Melonito y fue esta faena una lucha sin cuartel. Pepín se ganó por esa y otras tandas tardes, el respeto de Sevilla. Morante de la Puebla también cuenta mucho. En el año 2009 le dio un venazo al cigarrero y pidió enfrentarse a "El Cid" en un mano a mano. De esa tarde se recordará eternamente el soberbio toreo de capote de José Antonio frente a un áspero Albaserrada llegando a sonar la música para el genio de La Puebla. Paco Ureña, Emilio De Justo, Iván Fandiño... son otros toreros que han también triunfaron con estos toros en Sevilla. Manuel Escribano, es otro de ellos y es el espada que hoy ocupa esta sección. Tras vagar mucho tiempo por el circuito de los pueblos y pasar años con escasez de contratos, sustituyó a "El Juli" en 2013 en una corrida de Miura y no desaprovechó esa ocasión. Triunfó y desde entonces en un torero fijo en los carteles con las ganaderías más duras del campo bravo. Entrega total y raza absoluta. No se guarda nada para él. Honrado y deseoso de agradar al público, actitud que ha pagado con mucha sangre pues ha recibido durísimas cornadas como las de Madrid, Belmonte (Cuenca), Alicante o Sotillo de la Adrada (Ávila).

Aquella tarde el cartel fue el siguiente: reses de Victorino Martín para Manuel Escribano, Morenito de Aranda y Paco Ureña. Ureña también triunfó y al que le tocó irse de vacío fue a Morenito.
Tras estos exitosos años quedaba cerrar el círculo. En tercer lugar salió el gran Galapagueño al que Paco Ureña le cortó las dos orejas. Se abrió por cuarta vez el portón de los sustos y salió Cobradiezmos: fino de hechuras, en el tipo de la casa, herrado con el número 37, cárdeno de capa dando en la báscula un peso de 562 kilos.
Ni Manuel ni nadie sabíamos como iba a acabar esa tarde, así que el de Gerena como es habitual en su tauromaquia, se fue a la puerta de toriles para recibir de rodillas al cuarto de la tarde.
Manuel Escribano le pegó la larga cambiada y recetó al cárdeno un ramillete de cinco verónicas rematado con la media y la revolera. El toro empezó a mostrar sus magníficas cualidades. Éstas fueron las siguientes: la constante fijeza en los engaños, reponer para buscar dichos engaños tras cada lance y humillar (como se aprecia en la fotografía) sin cesar arrastrando el hocico por el albero. Y por supuesto algo que debe tener un toro: casta. No es el de Gerena un torero exquisito, aún así y a pesar de la pujanza que mostró el animal se lució esas templadas verónicas. La Maestranza comenzaba a hervir.

Tras un tercio de varas en el que el toro empujó con brío en el peto, el presidente cambió el tercio y nuestro protagonista, decidido se fue al centro del ruedo para clavar las banderillas. Pleno en facultades, brilló Manuel en los tres pares. Generoso el matador, dio distancia al toro para que galopase y mostrase esas virtudes anteriormente explicadas.
El usía cambió de nuevo el tercio y tras montar muleta y espada se dispuso el espada a comenzar la faena. Las oleadas de bravura que derrochaba Cobradiezmos requerían gobierno y mando así que ese fue el motivo por el que Manuel dio unos primeros muletazos por bajo.

Manuel Escribano con "Cobradiezmos", el indultado cuarto toro

El conjunto de la faena resultó ser grandioso. A pesar de torear por ambos pitones, la faena fue cimentada principalmente con la diestra. Aquel cárdeno era un Talgo, una máquina de embestir. La casta de aquel toro fue entendida perfectamente por el diestro sevillano. Esos muletazos fueron de mano muy baja ya que Manuel arrastraba los vuelos de la franela y el "victorino" hacía surcos en el suelo con su hocico. A cada muletazo, el runrún aumentaba. Este encaste no es nada fácil de torear pero considerando a Escribano un diestro consagrado con esta sangre, se hizo con el toro en una faena épica. A medida que avanzaba la batalla, la petición de indulto crecía hasta que llegó el momento en el que el presidente Don José Luque Teruel mostró el pañuelo naranja indicando que la faena había concluido y premiando a ese toro con el don más preciado: la vida.

Ni ganó el torero ni ganó el toro: ganó la Fiesta. Cobradiezmos volvió a la finca. En Las Tiesas de Santa María lleva cuatro años dejando su bravísima simiente. En no mucho tiempo veremos si los descendientes de Cobradiezmos han recibido el legado del padre.

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                                                                       (Foto: Arjona)

Un lustro antes José María Manzanares indultó a otro toro y como siempre ocurre, saltó el debate de si el toro merecía tal premio. Unos decían que era de justicia y otros que no era para tal premio aquel toro de Núñez del Cuvillo. Así que ya que estoy, voy a comentar en unas líneas mi opinión sobre el indulto como premio. En estos últimos tiempos premiar la bravura significa premiar al torero. En cuanto un animal embiste con ritmo y son un par de veces haciendo que el torero esté decoroso, la gente embriagada pide el indulto.
La tónica general y sobre todo en plazas pequeñas es la siguiente: a medida que transcurren los minutos y a cada pase la posibilidad de perdón va cogiendo forma, el torero empieza a mirar a la presidencia con la intención de que el público flamee sus pañuelos acompañado con silbidos para iniciar la petición. Esos toros no han sido apenas picados, así que van y vienen tantas veces les cite el torero. Éste, aprovechando esos cómodos embites se dispone a calentar los tendidos. Cuando llega el epílogo y toca matar al animal, se pone manos a la obra: ahí es cuando empieza a motivar al público toreando a base de muletazos realizados de la manera más heterodoxa véase luquesinas, bernadinas, manoletinas etc hasta que el presidente (en la mayoría de los casos) muestra el pañuelo naranja indicando que el toro ha sido perdonado.

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Cobradiezmos y sus "novias".

Parece que lo importante es premiar con el indulto y cuantos más animales sean, mejor. No es así, la vida es el premio excepcional al animal excepcional por lo que no podemos hacer (que ya está asimilado en los públicos) de tal trofeo algo cotidiano. Ha perdido su esencia. No podemos indultar un animal sólo para ver cómo vuelve a los corrales para ser curado y el torero salga a hombros al finalizar el festejo. El indulto tiene el objetivo de que esas condiciones extraordinarias que muestra un animal en el ruedo sean transmitidas a sus descendientes. Un ejemplo: tras haber compartido muchas opiniones con diferentes aficionados mejicanos, se demuestra el gravísimo error que es perdonar un animal sólo para que el torero esa tarde salga a hombros. Es decir, nos olvidamos del animal y buscamos el triunfo del torero. El desenfrenado ritmo de indultos en Méjico es el motivo del catastrófico estado general de sus ganaderías. De tanto premiar dulzura y nobleza, se han cargado muchas de ellas. Recuperar ese estado (si se quiere) va a ser largo y muy difícil. Gracias a los indultos, la gente se ha olvidado del otro gran premio que puede recibir un animal: la vuelta al ruedo en el arrastre. Mi impresión es que lo ven como algo insignificante e incluso un deshonor dar una vuelta al ruedo. Hay quien alaba a toreros como Enrique Ponce o Finito de Córdoba por la cantidad de reses toros que han indultado y es algo que yo no comparto.
Por último, el indulto puede ser la diferencia entre un triunfo y un petardo. Si hubiese que matar con la espada para cortar la orejas, un reiterado fallo reduce el premio. Como con el indulto esto se anula, el torero siempre lo tendrá garantizado. Recordemos que el rabo es el último gran trofeo que recibe el matador pero con tanto indulto ha pasado dicho premio a un segundo plano. O sea, "no mola", ¿para qué cortar un rabo pudiéndolo "salvar"? Para evitar tanto indulto, yo propondría que tras volver el animal a los corrales, el espada sólo saludase una ovación desde el tercio como premio y no saliese a hombros (a menos que en el otro toro haya cortado las dos orejas).
Como dijo Gregorio Corrochano, "el primer mandamiento de la ley de las corridas de toros es el toro". Victorino Martín padre dijo en otra ocasión: "si cae el toro, cae la Fiesta". No podemos descuidar la materia prima. Es la que da emoción así que si nos olvidamos de ella, nada tendría sentido.
Estoy a favor del indulto siempre y cuando sean al toro que de verdad lo merezca. Cobradiezmos fue un toro muy bravo y Manuel estuvo bravo con él. Fue un indulto merecido. Fue para mí, un "regalo" inolvidable.


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(foto: Carlos Canalo de Miguel)


domingo, 29 de marzo de 2020

Solo ante la historia.

Solo ante el peligro, como Gary Cooper en aquel mítico "western" enfrentándose a una banda de forajidos por las calles de Hadleyville, hizo Iván Fandiño un paseíllo que ha entrado en los anales del toreo. Con mis amigos accedí a Las Ventas y nos diseminamos por aquellos tendidos de granito en busca de una localidad para presenciar aquella tarde que marcaría una época. De hecho la marcó, porque recuerdo perfectamente que unas semanas antes se anunció el festejo en un acto que se realizó en la carpa instalada en el ruedo y se llenó pues además de la prensa, asistimos numerosos aficionados. Durante esas semanas hasta el 29, en el mobiliario urbano incluso en las salidas de las seis autovías se anunció un festejo que sería histórico.

                                              Cárdenos y Jaboneros: Iván Fandiño, Domingo de Ramos 2015. La Gesta

Por fin llegó el día. Amaneció el día lluvioso, pero a pesar de ello y nada más salir del Metro para reunirme con mis amigos se palpaba que la expectación era absolutamente brutal. De hecho, si no recuerdo mal, las taquillas agotaron el papel unas jornadas antes. Según muchas personas no se recordaba que un festejo fuera de los abonos importantes como San Isidro y Otoño crease tanto ambiente. Pero la cosa no quedó ahí: uno de los alicientes que hizo que esta corrida diese que hablar antes, durante y después de la misma fue el ganado. Fueron seis alicientes, seis ganaderías que eligió el diestro de Orduña para medirse ante la dura afición madrileña. No fueron seis hierros cualesquiera, fueron ni más ni menos seis ganaderías predilectas de la afición más torista: Palha (sangre de la línea 'Pinto Barreiros', D. Isaías y Tulio Vázquez y Oliveira Irmaos y otra línea por D. Baltasar Ibán Valdés), Partido de Resina (encaste Pablo Romero), Victorino Martín (Albaserrada), Cebada Gago (Núñez), José Escolar y Adolfo Martín (ambas encaste Albaserrada).

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Primillo de Cebada Gago. Melocotón de capa, herrado con el nº 7 y 470 kg.

A las seis en punto de la tarde se abrió el portón y el vizcaíno rompió plaza vestido de gris plomo y oro. En cuanto saludó al presidente la ovación fue atronadora. Madrid agradeció el gesto de Iván sacándole a saludar. A partir de ahí fueron sucediéndose los toros y si la cosa no empezó bien, a mitad de la corrida la tarde decayó y no remontó. Fandiño no superó el bache. Yo recuerdo ver un Fandiño derrotado, que a pesar de las ganas que mostraba en el paseíllo y ver que en los primeros toros surgían dificultades a las que había que sobreponerse; quedaba un hilo de esperanza en que la tarde acabase bien, confiando en las capacidad de este torero para enfrentarse y solventar la situación ante esta complicada empresa, el juego de los toros aguó la ilusión del torero y de los aficionados. Recuerdo unas buenas verónicas, un quite por navarras, varias tandas de naturales... y también que aquel día la espada no funcionó. El sainete que dio con el acero fue antológico. Si la situación no estaba para tirar cohetes, un buen uso del estoque habría suavizado el resultado.

                             

Iván se estrelló esa tarde. En los dos últimos toros le vi desdibujado y sin ideas. Esa apuesta pesó mucho, pero cuando no hay materia prima, nada se puede hacer. El juego general de los seis toros fue decepcionante. Acabó el festejo yéndose Iván por donde vino; entre una fuerte división de opiniones y alguna que otra almohadilla que lanzó desde los tendidos aquel que no valoró la enorme gesta de este matador. Gran parte del público despidió duramente a un torero que sin trampa ni cartón hizo realidad los deseos de miles de aficionados: matar seis toros de ganaderías con un importante historial ante la cátedra venteña. Y esas protestas las recriminaron aquellos aficionados que agradecieron el gesto de Iván. 



Ese 29 de marzo fue una máxima apuesta que no tenía precedentes. Fue un arriesgado reto en el que Iván Fandiño y su apoderado Néstor García lucharon contra aquel sistema que reina en el mundo de los toros. Y lo hicieron solos. No les importaba. Ir con la verdad por delante era más satisfactorio que tener que ser moneda de cambio entre empresarios y mercaderes del toreo. Habría quien se alegrase del fracaso de este dúo pero el triunfo de esa corrida empezó dos semanas antes. Con el anuncio de la corrida y la plaza abarrotada hasta la bandera vendiéndose todas las entradas en pocas horas. Así recordaré eternamente como en la primavera de 2015 desde una grada de la plaza de Las Ventas donde por primera vez en la historia, hubo un tío que se jugó la vida libremente y en vez de buscar la comodidad de un triunfo con hierros más asequibles, se las vio con esas ganaderías que dejan sin aliento. Quedó ese día en la memoria de miles de aficionados por aquella gesta legendaria.
Gracias Iván.



El toro de Adolfo. 


Lanzó la moneda y salió cruz.


(Fotos: Las Ventas y Ana Escribano)


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martes, 3 de diciembre de 2019

Una lección de tauromaquia.

Si se cumplen diez años de la apoteósica despedida de Luis Francisco Esplá, se cumplen veinte de otra grandiosa tarde del alicantino en la Villa y Corte. Ocurrió el 10 de octubre de 1999 en la sexta corrida de la Feria de Otoño y con la plaza llena, Luis Francisco compartió cartel con otros dos toreros bragados en la dureza de los hierros más exigentes: Óscar Higares y José Pacheco "El Califa". La ganadería era la de Victorino Martín. Fue éste un exigente encierro con varios toros ovacionados en el arrastre y que exprimieron a la terna. En general la corrida estuvo muy bien presentada y varios toros fueron aplaudidos de salida.

Óscar Higares pechó en segundo y quinto lugar con dos reses de diferente juego. El buen segundo y el incierto quinto. En su primero de nombre Matinal, supo entender lo que pedía el animal y consiguió hacerle faena. Un "victorino" que fue bravo en el peto. El picador fue aplaudido. En la faena de muleta, el toro embestía, repetía y humillaba. Saludó una ovación. En ambos toros de su lote se fue el madrileño a la puerta de toriles a recibir de rodillas a sus oponentes. Este quinto se llamaba Mecenas y puso en jaque a Higares. Medía, miraba, dudaba... probón y gazapón como se dice en el argot. Óscar se lució en varios naturales cogiendo la muleta por el centro del palillo y demostrando gran firmeza ante las tarascadas del toro. La tizona no funcionó y el diestro acabó silenciado.

Por su parte, José Pacheco "El Califa" también marró con la espada la faena a su primero, que fue otro de los buenos toros del festejo. Aún así, el de Játiva no estuvo a la altura de este animal de nombre Pestañoso. En el sexto, iniciando la faena se quedó descubierto y el toro fue certero, le asestó un navajazo al iniciar el trasteo con la muleta que mandó al valenciano a la enfermería.

Esplá es un maestro. Tiene el levantino una tauromaquia rica y variada. Y a la vez clásica. Así lo demostró aquella soleada tarde ante la cátedra venteña. Una tarde en la que brotó su repertorio y de no haber sido por los aceros, podría haber cortado tres o cuatro orejas en vez de las dos que se llevó. De azul añil y oro hizo el paseo. El vestido, como era costumbre en él, iba muy cargado en oro. Y los trastos, con las vueltas azules.
Su lote, o sea el primero y cuarto fueron de distinta condición. Ante el nobletón primero banderilleó con gracia y poderío. Conoce el de Alicante todas las suertes y pareó en todos los terrenos. Con la muleta, basó su trasteo por el pitón derecho. El público estaba con él. Finalizó con unas giraldillas y se atascó con la espada.
El cuarto, de nombre Minervo hizo gala de su nombre. Minerva era la diosa romana de la sabiduría, las habilidades en la guerra y de las artes. En resumen, un compendio de lo que puede ser la tauromaquia. Así fue el cuarto de la tarde que cayó en manos del veterano diestro que aquel año cumplía veintitres años de alternativa. Esplá realizó una lidia añeja, a la antigua usanza. Con el capote se salió con el toro hacia los medios y recibió una ovación. De nuevo calentó los tendidos con tres pares de banderillas en los que rememorando a aquellas antiguas civilizaciones mediterráneas, jugó con el toro en diferentes suertes: por los adentros, de poder a poder, al cuarteo... y siempre con la montera. Detalle torero que salvo Morante y El Fundi, casi nadie realiza en el segundo tercio.

Sacando su sangre Albaserrada el toro vendió muy cara su vida. Por el pitón derechó pajareó reponiendo y buscando coger al matador. Avisó que por ese lado no quería saber nada. Siguió toreando el alicantino con la montera haciendo así más torera su imagen. Retomó su trasteo con la mano izquierda y se puso de frente. Torear dando el pecho al toro es algo que en Las Ventas enamora. Madrid rugía. Y tocó rubricar la faena. Esplá se encomendó a los dioses porque aquella obra era de lío gordo. Minerva no intercedió. La espada se llevó un premio mucho mayor. La plaza llena ovacionó al matador y éste lo agradeció desde los mismos medios. Minervo fue aplaudido en el arrastre.
Como "El Califa" cayó herido, se corrió turno. De nuevo Esplá tenía una nueva oportunidad de redondear su tarde. Portillo fue bravucón en varas, iba con la cara alta y protestaba. Desde los primeros lances se quedó muy corto en los vuelos de los trastos. En su turno de quites, una vez más puso Luis Francisco en pie a la parroquia. Quitó por navarras y lo colocó en el caballo para que fuese picado. Con las banderillas fue ovacionado Ricardo Quintana "Kaíto".
Y aquí comenzó el Maestro su lección. Una vez trasladado al compañero al hule cogió nuestro protagonista espada y muleta y se fue a por Portillo. Empezó probando y pasando al animal, enseñándole a embestir. Una vez visto, se pasó la franela a la mano izquierda y comenzó el recital. La faena mezcló torería y batalla. Siempre de frente como en el toro anterior. Este ramillete de naturales tuvo aires bienvenidistas. Esta res no siempre permitía la ligazón así que Luis intercalaba las series de naturales con el uno a uno. Cuando esto ocurría, cargaba la suerte y con la pierna alante mecía con los vuelos de la pañosa las ásperas arrancadas del animal. Toreaba relajado y a pesar de todo, se le notaba muy confiado. Y con un pase afarolado remató la serie. Las casi veinticinco mil almas que abarrotaban los tendidos jaleaban cada lance. También toreó a esta res con la montera calada. Cerró su labor con unos pases por alto y aunque la estocada no fue total, Madrid entregada, le pidió las dos orejas. Lo más bello de esta faena fue la muerte de Portillo. El toro se la tragaba y Esplá le acompañaba, permanecía a su lado. La torería de la imagen era inmensa. Tras unos instantes, Portillo dobló las manos y le dieron la vuelta al ruedo.
Acabada la faena los costaleros bajaron al ruedo dispuestos a llevarle a hombros camino de la calle de Alcalá. Esplá se negó. Con un compañero en la mesa de operaciones, no quiso salir por la puerta grande. Se fue a pie por la puerta de cuadrillas.

Aquel año, Esplá sufrió las consecuencias de ir de frente y de verdad. Tras unas negociaciones por los derechos de imagen, se quedó sólo ante otros compañeros. No toreó en San Isidro y sólo firmó doce contratos. Un corridón de Cuadri en Valverde del Camino, Ceret... En fin, para nada fue ese año un camino de rosas. Tras unas conversaciones con Pío García Escudero, le dio la posibilidad de torear en Otoño y le ofreció varios hierros. Eligió Victorino porque era en el que más confiaba. Para él, fue una tarde dura en todos los sentidos. Como El Califa había brindado al público y su montera estaba en el medio del anillo, Esplá la devolvió a su mozo de espadas mientras se decía a sí mismo que había que arrear, que un esfuerzo merecía la pena. Y gracias a ese esfuerzo aguantó una década más en los ruedos.

Los que estuvimos en esos tendidos de granito aquella fría tarde otoñal, jamás olvidaremos como Luis Francisco Esplá batalló con el cárdeno Victorino hasta domeñarlo. La última gran faena del siglo XX en Madrid. Una lección digna de estudio por parte de maletillas y chavales que sueñan con la gloria. Lo cuajó de cabo a rabo y dejó para el recuerdo una faena memorable. 


Luis Franscisco Esplá, abrazado al toro tras una faena de emociones

                (Foto: Botán)


domingo, 2 de junio de 2019

La torería de Ferrera en una gran semana gris.

El lunes 27 comenzó la semana gris del serial. Como aperitivo al homenaje por el centenario de la toma de antigüedad del encaste Albaserrada en Madrid, se programó una novillada con reses de La Quinta para Ángel Jiménez (grana y oro), El Galo (blanco y plata) y Francisco de Manuel (sangre de toro y oro). De los novillos hay que decir que estuvieron bien presentados y de juego variado. Interesantes y con complicaciones. Hubo 16.900 espectadores en los tendidos.
 Ángel mostró detallitos de ese buen toreo que lleva dentro pero nada pudo hacer ante el lote que le tocó en suerte. El Galo se mostró vulgar ante dos toros y lo mejor del festejo fue el toreo templado y cadencioso de Francisco con el capote. 
Entre las cuadrillas destacaron Iván García y Fernando Sánchez con las banderillas. Una tarde más y ya van varias, los picadores estuvieron de pena. 

                         

(Foto: Ana Escribano)


El martes 28 se celebró la primera corrida homenaje al encaste Albaserrada. Una corrida con los toros abulenses de D. José Escolar para Fernando Robleño (verde y oro), Gómez del Pilar (blanco y plata) y Ángel Sánchez (malva y oro). Tres cuartos de entrada en tarde de absoluto vendaval que imposibilitó ver el juego de los toros. En otras condiciones, habría sido merecida una ovación al mayoral.
Robleño estuvo en maestro. Dos décadas lleva el madrileño viéndoselas ante los toros más duros de la cabaña brava. Respetado en Madrid, sabe de sobra lo que es enfrentarse a estos toros grises. Tres puertas grandes en Las Ventas luce su palmarés. Este martes ante el cuarto, a base de luchar y luchar consiguió robarle varios muletazos muy templados. Dio una merecidísima vuelta al ruedo. Su primero fue muy complicado. 

                           

Otro torero al que tienen que seguir sobre todo en estos carteles con las ganaderías más complicadas es el madrileño Gómez del Pilar. Se fue a la puerta de toriles a recibir a sus dos toros de rodillas, bregó, lidió, estuvo atento y sobre todo con mucha raza. La única pega es que hizo sus faenas más allá de las rayas de picar, cuando debería haberlo hecho al abrigo de las tablas debido al huracán que sopló toda la tarde. Ángel Sánchez quiso pero no pudo. El poco rodaje y el fuerte viento complicaron mucho las cosas a este joven torero que pasó de puntillas por Madrid a pesar que le tocaron los dos toros más nobles destacando el primero de su lote.

                             

                            Miradas que aterran... (Foto: José Luis Martínez)

De las cuadrillas hay que mencionar que Iván García estuvo sensacional con el capote lidiando al tercero y con los palitroques se lucieron Fernando Sánchez y Raúl Ruiz. En el quinto brillaron con las banderillas Iván Aguilera y Pedro Cebadera. En el sexto, Fernando sánchez e Iván García que repetían paseíllo tras torear el día anterior con De Manuel volvieron a estar sembrados. Saludaron una ovación al cerrar el segundo tercio. 

                        

(Fotos: Ana Escribano)


Llegó el miércoles 29 la ganadería mas emblemática de este encaste y que merecidamente forma parte de la historia y leyenda del coso capitalino: Victorino Martín. Dos andaluces y un extremeño fueron los toreros que hicieron el paseíllo: Octavio Chacón (budeos y oro con remates negros), Daniel Luque (tabaco y oro) y Emilio de Justo (negro y oro). De juego variado e interesante. Encastado el 1º, el 3º malo, muy bueno el 4º, de nombre Bolsiquero y el sexto fue también un gran toro pero justísimo de fuerzas.
22.000 Espectadores.

Lo mejor de la tarde llegó en el sexto. Director de nombre, tenía las fuerzas muy medidas pero poseía clase y gran embestida. Con el capote recetó un saludo muy templado. Emilio lo entendió y le dio varios muletazos con mucho gusto y esa elegancia que él tiene. Los naturales fueron muy suaves y la plaza jaleó varios pases de pecho que fueron infinitos. Aunque la estocada cayó desprendida, se pidió con fuerza la oreja y el extremeño paseó el único trofeo de la tarde.

                           


Chacón bregó con una alimaña en primer lugar y lo mató de un bajonazo. Su lote fue de bandera pero esta vez no vimos en plenitud al diestro gaditano. Luque pasó sin brillo por Madrid.
 En las cuadrillas saludó una gran ovación el subalterno Morenito de Arles en el cierre del festejo tras un soberbio par de banderillas.

                            

      (Foto: Las Ventas)


Se cerró el jueves 30 el homenaje a este gran encaste con la tercera ganadería más representativa del mismo: Adolfo Martín. Este cartel fue uno de los que salió del polémico bombo. Novato en estas lides, Roca Rey (tabaco y oro) lidiaría por primera vez esta sangre y en la plaza de Las Ventas con dos toreros que al contrario que Andrés, saben cómo torear este tipo de corridas. Manuel Escribano (Sangre y oro) y Román (burdeos y oro). Con Andrés en el cartel, la taquilla agotó el papel. Pues de los toros hay que decir que los lidiados en cuarto y sexto lugar fueron de alta nota: Español y Madroñito.
Lo mejor del festejo se vivió en los tres últimos toros. Manuel Escribano se las vio con el ya mencionado Español, un toro que humillaba y era muy encastado. Le ligó varias series de muletazos y en una, tras quedarse descubierto el toro no falló. La asestó un cornadón de 25 centímetros. En ese momento los tendidos de sol comenzaron una trifulca que duró casi hasta que las mulas arrastraban al gran Español camino del desolladero. Esto declaraba a la prensa el doctor D. Máximo García Padrós tras la intervención quirúrgica. 
Román estuvo hecho un tío en el quinto. Toreó muy templado y buscaba siempre la colocación. Le pegó al Adolfo varios naturales muy ligados y rematados con el de pecho. Un torero que nunca se deja nada en el tintero y se exprime hasta el último aliento. Mató de un espadazo y cortó un trofeo. En uno de sus toros brindó a D. Juan Carlos con estas palabras: Va por usted, por España... ¡Y que disfrute de su jubilación!
Poco pudo hacer Roca Rey en su primero y en el sexto, ligó varias tandas que a mi juicio faltó un poquito de ajuste. Aún así lo templó mandando y dirigiendo la embestida del burel. Los pases de pecho fueron colosales. Figurón del toreo. Pinchó con la espada y perdió la oreja. Aún le queda una última tarde a finales de feria.

                      


                     

                   Los ganaderos de izda a dcha: José Escolar, Victorino y Adolfo Martín.


El viernes 31 se lidió un encierro de Alcurrucén para David Mora (grana y oro), Paco Ureña (rosa y oro) y Álvaro Lorenzo (azul y oro). Los hermanos Lozano trajeron una corrida sosa y con movilidad pero sin casta y raza. Tarde completamente anodina.
22.000 espectadores.


                         

Ureña hizo una faena al quinto con varios naturales muy puros y firmó instantes muy toreros. Este toro era manso y huidizo. Hizo mal Paco en perder pasos y dejar sitio, pues esto hacía que el animal se alejase de la franela tras cada lance. Cortó una oreja que en mi opinión no debió concederse por cómo usó el estoque. Falló a la primera con el acero y en la segunda entrada, la espada cayó baja.
David Mora tuvo una tarde insulsa quitando el inicio de muleta a su primero con unos detalles muy toreros. Le noté sin sitio y un poco perdido.
Lorenzo fue silenciado en ambas reses. Es otro de los jóvenes que debe arrear pues los últimos que han llegado al escalafón pisan fuerte y están dando mucho que hablar. Tras los cuatro toros que ha matado en Las Ventas, aún le quedan otros dos toros más. Hay que espabilar.
Ángel Otero fue ovacionado tras un gran par de banderillas.

                        

                        

                        (Fotos: las Ventas)

Llegó el sábado 1 de junio, esto quería decir que lidiaba en Madrid tras muchos años sin hacerlo y alguna que otra polémica por el paupérrimo juego de sus toros en otras plazas la ganadería de Zalduendo.
Pues la corrida de presentación vino perfecta y de juego hay que decir que salvo el primero que fue extraordinario con gran clase y recorrido en la muleta, los cinco restantes blandearon y acusaron falta raza. Antonio Ferrera (verde botella y oro), Curro Díaz (marino y oro) y Luis David (berenjena y oro). 17. 000 espectadores.
Con la mente puesta en la final de la copa de Europa, nos acercamos antes del festejo a ver el ambiente a la plaza de Felipe II, lugar donde estaba congregada la afición "red". Si ésta es de las mejores de Europa, por algo será. El fútbol en las islas británicas es más que un deporte y en esta céntrica plaza madrileña, los aficionados ingleses lo demostraron una vez más antes de una final europea.
Llegada la hora, la hinchada abandonó Goya en dirección al Metropolitano, estadio feo y con aspecto de nave espacial mientras mis amigos y yo nos encaminamos hacia la catedral del toreo, edificio múdejar al que le quedan unos pocos años para cumplir su primer siglo de vida.
Curro dejó  muestra de ese toreo bueno que atesora y Luis David poco hizo en el único toro que le vi. El gran protagonista fue el extremeño Antonio Ferrera. ¿Cómo se puede describir el toreo que hizo? Sería muy difícil. En su primer toro alanceó al animal con el capote haciendo el quite de oro durante el tercio de varas. Ya con la muleta, lo citó de largo y lo templó en varias series con ambas manos. ¿Fue una faena al uso? No. Ferrera iba improvisando y con torería y mucho empaque le hizo faena al Zalduendo. Un torero que cada vez marca más su personalidad. Técnicamente no fue un trasteo perfecto, pero esa inspiración fue maravillosa. Cogió el acero y se dispuso a citarlo a diez metros, ¡increíble! aguantó y le recetó una estocada bien colocada. Paseó la primera oreja del festejo. En el cuarto, hizo una faena en los terrenos de la puerta grande. Un toro soso al que Antonio a base de sobarlo con mucha paciencia lo metió en el canasto y le dibujó otros tantos muletazos de bella factura. Esta vez la estocada no fue tan buena pero tras la primera oreja, se pidió con insistencia la segunda para Antonio. El presidente la concedió, y con tres trofeos, por segunda vez en su carrera salió a hombros de Las Ventas tras conseguirlo en el año 2002.
Antonio triunfó en Madrid y el Liverpool Football Club se coronó rey del continente por sexta vez en su historia tras vencer por dos goles al Tottenham Hotspur de Londres. 


                      


                      


                     

                      
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sábado, 4 de mayo de 2019

Brilla la torería de Emilio de Justo.

Empezó en mayo la feria de Abril de Sevilla y como expliqué en "preguntas y respuestas" se debe a que la temporada taurina va ligada al calendario litúrgico. Es costumbre en Sevilla que su tradicional feria empiece dos semanas después del Domingo de Resurrección. Tras el tardío Domingo de Gloria, la feria taurina sevillana comenzó hace escasos días.

En esos días destacaron varios toros importantes de Torrestrella, el sublime toreo de capote de Morante de la Puebla, una discutida puerta grande de "El Juli" y una gran faena de Roca Rey. Este primer sábado de mayo la empresa juntó en un cartel a tres toreros que saben de sobra lo que es enfrentarse a los toros de Victorino Martín. La plaza registró una gran entrada y el viento molestó toda la tarde.

Hablar de Victorino en Sevilla es hablar de un idilio que lleva dando éxitos practicante desde que se presentó en la capital andaluza este hierro madrileño. Veraniego, Borgoñés, Gallareto, Platino, Mecanizado... la lista es larga hasta llegar al bravo y fiero Cobradiezmos indultado el 13 de abril de 2016. En cuanto a los toreros podríamos nombrar a "El Tato", "El Cid", Pepín Liria, Paco Ureña, Morante... Los toreros contratados para este día fueron Antonio Ferrera, que recién llegado de Méjico pechó con el mejor lote de la corrida, Manuel Escribano y Emilio de Justo que dejó los momentos de más torería y gusto. Dos horas largas de festejo que se hicieron más llevaderas gracias al interés que propició el encierro. La corrida no decepcionó.

Antonio Ferrera que vestido de grana y oro saludó con la capa al primero, llamado Paquetillo. Fueron unos lances de mando y sometimiento. Éste fue un gran toro encastado y exigente. Acudió con fijeza y empujó al peto de Antonio Prieto. Javier Valdeoro y Fernando Sánchez se lucieron en banderillas. Ya en en el último tercio, Antonio le sacó muletazos por ambos pitones a media altura cuando quizá habría que haber exigido más al toro bajando la muleta para someterle. Saludó una ovación. En el cuarto ligó varias tandas con la muleta corriendo la mano y haciendo las cosas muy bien. Llegó a sonar la música. La fijeza y casta de Petrolero en las telas de Ferrera fueron intensas pero fueron bajando a medida que avanzaba la faena. Le cortó la única oreja de la tarde.

Manuel Escribano que lució un terno gris plomo y oro tragó de rodillas delante de la puerta de toriles ante dos toros muy inciertos. Ante ellos realizó su habitual repertorio en banderillas. Su primero fue complicado y se orientaba muy rápido. Lanceó con gusto un ramillete de buenas verónicas. Ya en la muleta, aceptó varios pases hasta que dijo basta y buscaba al torero al salir de cada muletazo. Saludó una ovación. En el quinto, que fue un toro que obedecía con nobleza le dio muchos pases en varias tandas limpias y ligadas. Mató de una buena estocada.

Tras muchos años sin pisar el albero maestrante, Emilio de Justo eligió un vestido negro y oro para tal ocasión. Al tercero, que fue un toro áspero y difícil se dobló con él por bajo y siguieron unas tandas cadenciosas por el lado derecho. Por el pitón izquierdo se gustó en varios naturales aplaudidos por el público hispalense. Antes de matar, remató la faena con unos naturales de frente. Una gran faena que hubiese sido premiada de no haber fallado con la espada. Ya en el sexto comenzó con un soberbio saludo con la capa y remató con la media verónica. A pesar de la mala lidia por parte de su cuadrilla, durante toda la faena fue haciendo él al toro y pudo robarle unos naturales muy templados. Recetó un espadazo como cierre y recibió una ovación de despedida.

(Foto: Arjona)


                        





lunes, 15 de abril de 2019

Domingo de Ramos.

Este Domingo de Ramos se celebró la primera corrida de toros. Los diestros que se enfrentaron a las reses extremeñas de Victorino Martín fueron el veterano Fernando Robleño (rosa y oro) que cortó una oreja en septiembre a uno de los grandes toros del año pasado en Madrid, de nombre Navarro; Octavio Chacón (rosa y oro) que ha sido uno de los toreros importantes en 2018 y Pepe Moral (sangre y oro) que cortó una oreja a otro de los toros importantes de la temporada en esta misma plaza, llamado Chaparrito y de la ganadería de Adolfo Martín. Por taquilla pasaron 15.364 espectadores.
                                         
                                                Victorino Martín

Pues la crónica de este festejo se podría resumir en que el encierro que envió Victorino desde Las Tiesas de Santa María decepcionó a la mayoría de los que la presenciamos. Quitando el exigente y difícil primero y el noble cuarto, a los restantes animales les faltó mucha casta y fiereza. La presentación de los seis grises fue desigual.
Curtido en mil batallas Fernando bregó con el primero, que vendió cara su vida y el madrileño lo mató de un estocada. Con el cuarto fue muy diferente. Si luchó con su primero, al segundo de su lote lo toreó despacio, acompasado, con la pierna alante y con mucho gusto. Esa embestida lenta y humillada tan característica del encaste Albaserrada propició al madrileño varios muletazos suaves y cadenciosos.
Octavio por su parte volvió a demostrar su gran capacidad lidiadora. Uno de los momentos más brillantes de su actuación fue verle recorrer 30 metros dirigiendo la embestida del burel. Andando hacia atrás y siempre llevando al toro en los vuelos de su capote anduvo con él desde el burladero hasta el centro del anillo. La ovación fue rotunda.
El sevillano Pepe Moral que este año cumple una década en los ruedos, lleva unas temporadas matando corridas duras y se está haciendo un hueco importante en este tipo de festejos. Defraudó ya que le vimos muy desubicado y sin ideas. Torero de buen corte y con tardes importantes en las grandes plazas pasó sin brillo por la capital. Esta vez no pudo ser. Le quedan dos tardes en mayo, tengo fe en él.
Entre las cuadrillas destacaron el banderillero Jesús Romero en el primero y el picador Santiago López en que cerró el festejo.



                      

(Foto: Andrew Moore)


sábado, 13 de abril de 2019

Un vistazo a Twitter.

Con la llegada de Twitter, los aficionados a los toros hemos ocupado un rincón en esta red social y lo hemos bautizado con un nombre: "el twittendido".
Os adjunto una lista de cuentas que sigo ya que todas tienen algo que es de mi interés: unas hablan del toro, otras hablan de la historia del toreo, las hay que cuentan anécdotas, hay muchas cuentas con fotografías maravillosas ya sean en el campo o en la plaza, los ganaderos nos acercan con sus comentarios del día a día en la dehesa, otras con humor e ironía ponen la nota divertida y también hay otras que publican fragmentos de vídeos y reportajes. Hay cuentas españolas, mejicanas, colombianas... Y por supuesto también hay toreros, picadores, ganaderos, periodistas etc. Aunque cada una tiene su visión sobre la tauromaquia, siempre es divertido opinar y debatir.  
¡Nos vemos en el "twittendido"!

Aficionados.




Periodistas y fotógrafos.