"La historia del toreo está ligada a la de España, tanto que, sin conocer la primera, resultará imposible comprender la segunda". José Ortega y Gasset.
viernes, 17 de octubre de 2025
...Y la apoteosis como colofón a este 2025.
martes, 14 de octubre de 2025
Una jornada de ensueño: tres lecciones magistrales...
Trece toros, cuatro salidas a hombros, faenas de cante grande, tres viejas glorias reverdecieron laureles, dos despedidas y una sorpresa que ha dejado helada a toda la afición. Así se podría resumir fugazmente una jornada absolutamente apasionante. Lo que vivimos el 12 de octubre de 2025 en la plaza de Las Ventas fue indescriptible.
Por la mañana se celebró un festival para sufragar los gastos de una estatua que se levantó en honor de Antoñete que el día antes fue inaugurada en la explanada de la plaza. Hermoso de Mendoza, Curro Vázquez, Carlos Escolar "Frascuelo", César Rincón, Enrique Ponce y Olga Casado fueron los que acompañaron a Morante de la Puebla como alma máter de este festival.
Los festivales siempre fueron la oportunidad de ver a las figuras retiradas, donde éstas actuaban para deleite de la afición y sobre todo para dejarse ver por aquellos, que por edad, no tuvieron la fortuna de verles cuando estaban en plenitud. Desde hace un tiempo los festivales los ocupan las figuras del momento y salvo alguna ínfima excepción, ya no se ven a los grandes maestros de años pasados.
Inauguró esta maratoniana jornada torera el caballero estellés. Quiso pero no pudo. Un novillo soso y de poca fuerza de Niño de la Capea condicionó la faena. Pablo intentó sacar agua de un pozo seco. El momento álgido de la faena fueron las "hermosinas", que él mismo inventó y consiste en que el caballo va haciendo quiebros al toro mientras éste le persigue a la grupa. Por el mal uso del rejón, saludó una ovación.
Los tres siguientes capítulos fueron una enseñanza de torería, de raza, de valor, de conocimientos... Cada uno de los siguientes maestros sacaron a relucir aquello que les hizo destacar en sus épocas de máximo esplendor. Empezaremos con Curro Vázquez, que a sus 74 años nos hizo viajar en el tiempo. Volvimos a los 80. El rubio torero de Linares, como era conocido este jiennense, nos hizo emocionar. Rugió Madrid. Curro huele a torero. Sus andares, sus gestos, su manera de ir y salir de la cara del animal... ¡Qué tomen nota los aspirantes a matador! Con el capote pegó una excelsa verónica que caldeó el ambiente y cerró con la media (abajo en la foto) que puso Madrid en pie. La faena de muleta fue compendio de pureza, empaque y clasicismo. Para el recuerdo quedarán los ayudados a media altura y los pases de trinchera. Entró a matar como si fuera un novillero en un certamen. Fue una soberbia y bellísima demostración de cómo cortar dos orejas en Madrid sin necesidad de infinidad de pases insustanciales: un puñado de muletazos rezumando magisterio más un monumental espadazo, fueron la receta para emocionar a 24.000 personas. No se dejó nada en el tintero. Curro de Madrid paseó, feliz y pletórico, las dos orejas.
El siguiente maestro en explicar la lección fue Frascuelo. Vino en sustitución de Julio Aparicio. A sus 77 años, Frascuelo puede gozar del privilegio de ser el torero más veterano que ha pisado la arena madrileña. Le tocó un novillo áspero y difícil, que en algún que otro apuro le hizo pasar, aún así vino este matador con la gallardía y ardor de un principiante. A base de raza y amor propio, pudo pegar al exigente novillos muletazos con su personal concepto del toreo. Un maestro es alguien ducho en un arte; experto y experimentado. Demostró su sapiencia torera y a pesar de las complicaciones, Carlos bregó con mucha torería las bruscotas embestidas del novillo salmantino y dio una clamorosa vuelta al ruedo.
Yo creo que a sus 60 años César Rincón vino con la misma, o incluso más ilusión que cuando empezó su ascensión a la cumbre del toreo cuando cumplió su primer contrato en San Isidro del 91. Así toreó con el capote. Con sesenta años volvió a demostrar por qué los aficionados más mayores le recuerdan con pasión. ¡Qué belleza es ver galopar un animal bravo! ¡Qué emoción da ver a un torero citar a un animal a cuarenta metros y torearlo con ese ajuste y esa entrega! Sinceramente no sé que es más significativo de contar: ver cómo Rincón fue César del toreo una vez más y rindiera a sus pies su plaza de Las Ventas o ver a toda esa muchachada imberbe de 3º de la E.S.O. en las gradas de sol absolutamente ojiplática intentando asimilar lo que había ocurrido en el ruedo en esa primera mitad del festejo... Unos alucinaban con la excelsa torería de Curro; otros, intrigados en por qué el incombustible maestro Frascuelo recibía ese inmenso cariño por parte de los aficionados más veteranos y, otros con cómo Rincón templaba las embestidas de un animal que venía galopando a 40 metros de distancia. Fue un total deleite. Tres lecciones de maestros que vivieron una época en la que ninguno se parecía a otro. Ni querían. Cada uno tenía sus armas y su personalidad. Y la abundancia de encastes y ganaderías reforzaba que cada torero fuera diferente al resto. Ahora todos usan los mismos quites, hacen los mismos gestos, empiezan y cierran las faenas de la misma manera... Y les da igual. ¡Que tomen nota! Pero todos son admiradores de Morante...
La plaza era un clamor. Ni de lejos los olés más rotundos que habré podido oír a lo largo de estos años se parecen a los que escuché en este festival en los tres primeros toros. Las Ventas retumbó. Se tiró con todo para acabar la obra y César vio su labor premiada con dos orejas.
Y... ¿Qué decir de Enrique Ponce? Consumado maestro, el levantino cortó una oreja a un novillo noble y de buen juego. Preciso en alturas, terrenos y distancias, Enrique exprimió al animal en los terrenos del tendido 6 y desplegó su tauromaquia una vez más en el ruedo de Madrid desde que se despidiera de esta plaza en octubre de 2024. Parecía que estaba en el salón de su casa, o en un tentadero. Suavidad y vuelos de las telas. Una faena exquisita. Un pinchazo previo a la estocada quizá castigó a Ponce sin el segundo trofeo.
Mientras todos los actuantes se enfrentaron a novillos de Garcigrande, Morante, que siempre busca el sello de la distinción, quiso ir más allá y rizó el rizo homenajeando a Antoñete con un novillo de aquella ganadería con la que Antonio hizo historia en aquel San Isidro de 1966: Osborne. La llamada "faena del toro blanco" unió para siempre a Chenel y Atrevido. Y para más inri, quiso que fuera también un toro blanco para recordar aquel momento de hace ya 59 años. Y salió en 6º lugar Presumido, un precioso novillo ensabanado, alunarado, capirote y botinero que dio poco juego. Morante se abrió de capa y Madrid clamó. El novillo duró lo que duró pero fue más que suficiente para ver torear a José Antonio. Fue un trasteo de chispazos de muchísima calidad. Rubricó la faena con una estocada y el sevillano cortó una oreja.
Cerró la mañana Olga Casado. Ni en sus mejores sueños pensó que compartiría paseíllo junto a leyendas de la talla de Frascuelo, Rincón y Curro. No sé si tomó nota o no de lo que presenció. Ella es la alumna y recibir en el mismo aula las lecciones, ya no solo de ellos si no también de Enrique y José Antonio, es un regalo que jamás olvidará. La inexperiencia de alguien que empieza se nota, pero con el rodaje de una temporada en la que ha podido torear un buen puñado de corridas, cumplió la papeleta; toreó con gusto a un buen novillo de Garcigrande y cortó las dos orejas.
Muchos se fueron porque el reloj marcaba la hora de comer, y los que nos quedamos seguíamos extasiados y pensando en cómo Curro, Carlos y César nos habían hecho disfrutar. Había que despedir a estos torerazos, había que agradecer a Morante implicarse en un festival histórico. Olga pudo disfrutar de su primer triunfo en Madrid.
Curro, César y Olga salieron por la puerta grande. Acabó una mañana de ensueño, pero aún quedaba la apoteosis...
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miércoles, 1 de octubre de 2025
Adiós, Fernando.
Curtido en mil batallas, Fernando goza el cariño de la afición de Madrid. El aficionado que va con frecuencia y sigue la temporada, en especial a los toreros que no copan ferias ni carteles de postín, conoce las historia y trayectoria de muchísimos toreros, Fernando es uno de ellos. Nunca se echó atrás. Una carrera marcada por las corridas más duras. Las que muchos rechazan. Robleño nunca rechazó enfrentarse a ellos. Una carrera en la que la espada acortó contratos y estadísticas. Este madrileño de San Fernando de Henares fue uno de los alumnos más destacados de su generación. Y lo demostró en sus inicios. Los triunfos le acompañaron, pero sin espada, no coronó ni de consolidó en el escalafón. El acero lastró su carrera.
Repasando sus estadísticas veremos que en Madrid, desde que confirmó la alternativa en julio de 2001 y cortó su primera oreja a un toro de Valverde, ha toreado 58 veces, ha cortado 11 orejas y ha salido a hombros de la afición en dos ocasiones: la primera el 21 de abril de 2002, con toros del Conde de la Maza y con el Niño de la Taurina e Iván Vicente como testigos. La segunda llegó unos meses después. Ese mismo otoño, concretamente el 13 de octubre, ante los siempre difíciles toros de Victorino Martín, compartiendo cartel con Luis Francisco Esplá y José Ignacio Ramos, las dos orejas le cortó al que cerraba la tarde: "Molesto". Apenas dos años después de tomar la alternativa, esta joven promesa de la escuela de tauromaquia de Madrid "Marcial Lalanda", conseguía abrir la puerta grande de Las Ventas dos veces en la misma temporada y estar en boca de aficionados y empresarios. Madrid fue la plaza que siempre le apoyó. Otra plaza que ha sido crucial en su trayectoria ha sido Céret. Francia ha sido clave para el torero de San Fernando de Henares. Si hay una tarde que pasó a la historia sucedió en el verano de 2012. Fernando se puso a disposición de la comisión, ya que Céret no es gestionada por una empresa sino por los aficionados para que ellos decidieran el cartel: el resultado fue una tarde en solitario ante seis toros de José Escolar. Cuatro orejas y una rotunda puerta grande. Fernando se ratificó como un maestro una tarde que fue de máxima exigencia. Sus últimos bailes en Madrid nadie los olvida: uno fue de guerra y el otro, del mejor toreo: Navarro, de Valdellan sacó su lado lidiador y su sapiencia torera le hizo salir airoso ante ese bravísimo animal de la ganadería leonesa. Después de la pandemia, un mes de septiembre, Robleño hizo retumbar Madrid. Camionero embistió con boyantía y nobleza. Fue una faena de suavidad y vuelos de la muleta. Fernando toreó a placer. Dos orejas contundentes que la espada se llevó. Este doce de octubre Morante de la Puebla le acompañará en su Adiós.
Se retira con apenas medio millar de festejos toreados. A veces por injusticias de los empresarios y a veces por no conseguir ratificar los triunfos que le avalaban, la carrera de Fernando ha sido larga en el tiempo pero escasa de datos numéricos. Eso no importa. Robleño se va tranquilo, con la cabeza muy alta, con el cariño de la afición y un currícula inmaculado. Ahora ese magisterio y esa experiencia que le hizo superar cualquier adversidad ante cualquier toro que saliera por toriles, lo transmitirá a los alumnos de la escuela taurina de Madrid. Los alumnos tienen un referente absolutamente excepcional. Ojalá salga una generación que sepan lidiar, que sepan salirse con un toro a los medios, o que macheteen de pitón a pitón a un toro que no embiste a la muleta. Ojalá una generación de novilleros que sepan capear las dificultades y no peguen sainetes como últimamente vemos en cuanto un torero que a la mínima dificultad pierde los papeles y naufraga estrepitosamente.
Mi pequeña despedida y mi agradecimiento: Molesto, Madrugador, Navarro, Camionero... Un largo etcétera de animales que pasaron por la muleta de este bravo torero madrileño.