Curtido en mil batallas, Fernando goza el cariño de la afición de Madrid. El aficionado que va con frecuencia y sigue la temporada, en especial a los toreros que no copan ferias ni carteles de postín, conoce las historia y trayectoria de muchísimos toreros, Fernando es uno de ellos. Nunca se echó atrás. Una carrera marcada por las corridas más duras. Las que muchos rechazan. Robleño nunca rechazó enfrentarse a ellos. Una carrera en la que la espada acortó contratos y estadísticas. Este madrileño de San Fernando de Henares fue uno de los alumnos más destacados de su generación. Y lo demostró en sus inicios. Los triunfos le acompañaron, pero sin espada, no coronó ni de consolidó en el escalafón. El acero lastró su carrera.
Repasando sus estadísticas veremos que en Madrid, desde que confirmó la alternativa en julio de 2001 y cortó su primera oreja a un toro de Valverde, ha toreado 58 veces, ha cortado 11 orejas y ha salido a hombros de la afición en dos ocasiones: la primera el 21 de abril de 2002, con toros del Conde de la Maza y con el Niño de la Taurina e Iván Vicente como testigos. La segunda llegó unos meses después. Ese mismo otoño, concretamente el 13 de octubre, ante los siempre difíciles toros de Victorino Martín, compartiendo cartel con Luis Francisco Esplá y José Ignacio Ramos, las dos orejas le cortó al que cerraba la tarde: "Molesto". Apenas dos años después de tomar la alternativa, esta joven promesa de la escuela de tauromaquia de Madrid "Marcial Lalanda", conseguía abrir la puerta grande de Las Ventas dos veces en la misma temporada y estar en boca de aficionados y empresarios. Madrid fue la plaza que siempre le apoyó. Otra plaza que ha sido crucial en su trayectoria ha sido Céret. Francia ha sido clave para el torero de San Fernando de Henares. Si hay una tarde que pasó a la historia sucedió en el verano de 2012. Fernando se puso a disposición de la comisión, ya que Céret no es gestionada por una empresa sino por los aficionados para que ellos decidieran el cartel: el resultado fue una tarde en solitario ante seis toros de José Escolar. Cuatro orejas y una rotunda puerta grande. Fernando se ratificó como un maestro una tarde que fue de máxima exigencia. Sus últimos bailes en Madrid nadie los olvida: uno fue de guerra y el otro, del mejor toreo: Navarro, de Valdellan sacó su lado lidiador y su sapiencia torera le hizo salir airoso ante ese bravísimo animal de la ganadería leonesa. Después de la pandemia, un mes de septiembre, Robleño hizo retumbar Madrid. Camionero embistió con boyantía y nobleza. Fue una faena de suavidad y vuelos de la muleta. Fernando toreó a placer. Dos orejas contundentes que la espada se llevó. Este doce de octubre Morante de la Puebla le acompañará en su Adiós.
Se retira con apenas medio millar de festejos toreados. A veces por injusticias de los empresarios y a veces por no conseguir ratificar los triunfos que le avalaban, la carrera de Fernando ha sido larga en el tiempo pero escasa de datos numéricos. Eso no importa. Robleño se va tranquilo, con la cabeza muy alta, con el cariño de la afición y un currícula inmaculado. Ahora ese magisterio y esa experiencia que le hizo superar cualquier adversidad ante cualquier toro que saliera por toriles, lo transmitirá a los alumnos de la escuela taurina de Madrid. Los alumnos tienen un referente absolutamente excepcional. Ojalá salga una generación que sepan lidiar, que sepan salirse con un toro a los medios, o que macheteen de pitón a pitón a un toro que no embiste a la muleta. Ojalá una generación de novilleros que sepan capear las dificultades y no peguen sainetes como últimamente vemos en cuanto un torero que a la mínima dificultad pierde los papeles y naufraga estrepitosamente.
Mi pequeña despedida y mi agradecimiento: Molesto, Madrugador, Navarro, Camionero... Un largo etcétera de animales que pasaron por la muleta de este bravo torero madrileño.
Se va un torero honrado. Gracias, Fernando. Adiós, Torero.
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