sábado, 2 de mayo de 2026

De verde y oro.

Se cumplen cuarenta años de su alternativa y treinta de una de sus tardes más memorables. Una tarde protagonizada por uno de los toreros más importantes de finales del XX: José Miguel Arroyo "Joselito". Un torero que siempre luchó contra viento y marea, que nunca se arredró ante nada y ante nadie. Un torero que quiso dar un nuevo golpe en Madrid como el que diera en la Beneficencia tres años antes abriendo la puerta grande. Un día de lluvia y viento, precedido por las trabas y mil complicaciones que surgieron en corrales. Un desfile de camiones cargando y descargando animales como si no hubiera fin. Como si alguien quisiera que saliera mal. En una habitación del hotel Victoria y tras una frugal colación en la cervecería Alemana, se enfundó Joselito un vestido verde y oro porque aunque solo silbaba el viento y en Madrid no dejaba de llover, no perdió la esperanza en que al menos algún toro embistiera. Llegó a Las Ventas y rodeado de sus compañeros de la escuela taurina de Madrid cruzó el ruedo para actuar en solitario ante dos toros de El Torreón, Antonio Ordóñez y otro tantos de Las Ramblas. 

La tarde fue in crescendo desde que salió el primer toro. Todo lo que se diga, se quedará corto. ¿Por qué? Porque desgranando en detalle aquel festejo se verá que lo primero que notará el espectador fue la excelsa variedad capotera. La escuela de Madrid, con Martín Arranz al mando formó espartanamente una generación de toreros extraordinarios. El resultado quedó patente: tafalleras, gallosinas, tapatías, navarras, largas, diferentes remates y recortes... Como alumno de aquella institución, José Miguel sacó a relucir todo lo aprendido. No solo con el capote pues con la muleta también realizó serpentinas, capetillinas, el poderoso macheteo al diablo que salió en sexto lugar... Fue una preciosa lección torera. Una fantasía que jamás se ha vuelto a ver.


Tras cinco toros, el cansancio iba haciendo mella pero José aún tenía aliento e ilusión por enfrentarse a lo que saliera por toriles. Y lo que salió... ¡Vaya lo que salió! Lo último a tener en cuenta y resaltar de esta histórica tarde fue que en sexto salió un diablo de Cortijoliva. Algo así como un postre no deseado pero que no puedes evitar. No podía tener un desenlace más épico esta Goyesca de 1996. Manso de solemnidad. Las cuadrillas tragaron quina para bregar con él. Huía de los capotes. Parecía tenerles aversión. Y también del caballo, no se dejó picar. Por lo que siguiendo el reglamento, el ganadero vio con resignación aquella su alimaña castigada merecidamente a banderillas negras. Juan Cubero con el capote y, principalmente José Antonio Carretero con los palos, brillaron en un peliagudo tercio de banderillas. Había que estar con mil ojos. El más mínimo fallo era una sentencia. Hasta Joselito tuvo que salir con su capote y ayudar a sus compañeros y amigos. El toro no quería saber nada de nadie por lo que, arrimarse a él era jugarse el tipo de verdad. Con pericia y muchísima solvencia clavó el gran Carretero un par extraordinario. La ovación que recibió aún resuena en las galerías de la plaza. No se alivió José y tomando la muleta y con un valor inmenso a la par que torería, se dobló el torero de la Guindalera con aquel bicho. Muchos habrían cogido las de Villadiego, pero Joselito hizo un último esfuerzo para rubricar una tarde colosal. Solo cabía lidiar y poder al animal. De modo que el madrileño pegó unos macheteos dignos de ser plasmados en "La Lidia": de pitón a pitón, por arriba... Otra tauromaquia que ya no se ve y que mucha gente desconoce. Y que es fundamental cuando el toro no regala las embestidas. No tenía sentido alargar la faena innecesariamente, ni lo merecía aquel barrabás,  José puso punto final a ese feroz combate con una última estocada. Fue otro espadazo sensacional que, incomprensiblemente no fue premiado con una oreja más. Batallar con ese toro demostrando magisterio y ejecutando la enésima perfecta estocada, debería haber sido premiado, quedando finalmente esa contienda en una ovación.

Si hay algo que marcó esta inolvidable corrida fue eso: la espada. Considerado un estoqueador magnífico, José hizo de la suerte suprema una obra de arte. Seis estocadas perfectas que revalorizaron aún más todo lo realizado ese 2 de mayo. Sin fallo alguno, fueron rodando los seis toros sin necesidad de descabello. 

Todo fue con torería, solera y gusto. Los andares, los gestos, los cites... Tanto el faenón desmayado al sobrero que salió en segundo lugar de Cortijoliva como la magistral lección al criminal que salió en último lugar también del mismo hierro. 

No hay que olvidarse de las cuadrillas. Ya queda dicho que la gran mayoría de los banderilleros fueron contemporáneos de José en la Casa de Campo. Torero y subalternos se conocían desde niños. Aprendieron con los mismos maestros. La lección estaba muy bien aprendida. Todos ellos se curtieron bajo las duras formas del claustro de profesores de aquella época. Ese fue el otro éxito de la Goyesca. Por ende, ese festejo podría ser considerado con tranquilidad un triunfo de la "Escuela Nacional de Tauromaquia".  

Apoteósico. Colosal. Estelar. Antológico... Fue un compendio de capote, muleta y de espada. Y podría haberlo sido hasta de banderillas, pues José banderilleó puntualmente en sus primeros años y lo hacía con naturalidad y mucha clase. Lástima que no nos regalase algún que otro par en esa Goyesca.

Oreja, dos orejas, oreja, dos orejas, ovación y ovación. El botín fue soberbio: seis trofeos. ¡A dos se quedó de las ocho que cortó el maestro Paco Camino en 1970! Diez años después de tomar la alternativa y tres de su anterior tarde en solitario, reventó de nuevo los cimientos de Las Ventas. Segunda tarde en solitario en la cátedra del toreo y, de nuevo, salió a hombros por la puerta grande. Ocho orejas en doce toros. Histórico. Imbatible.

La puerta grande fue clamorosa. En loor de multitudes la comitiva cruzó el arco mudéjar llevando en volandas a un madrileño de 27 años que acababa de firmar una glorioso capítulo en la catedral del toreo. Un torero se mentalizó para lo peor y acabó dando un golpe de autoridad en la temporada.  Y Telemadrid fue testigo, gracias a ellos la corrida esta documentada. No se puede torear mejor. No se puede gestionar mejor una empresa tan fuerte y exigente como es la de lidiar seis toros. Que esta tarde sirva de lección a los que, desde entonces, lo quieran intentar. Encerronas ha habido muchas y el resultado depende de miles de factores. Pero lo que esté en manos del torero, que no falle, porque detalles muy pequeños pueden ser la diferencia entre una tarde abominable o quedar en el recuerdo de los aficionados. Se cumplen treinta años y desde entonces, encerronas con puerta grande o que al menos queden en el recuerdo se cuentan con los dedos de una mano.

¿Qué más se debe contar? ¿Qué más se debe recordar? Fue una tarde de ensueño. José estaba en un gran momento pero nadie se imaginaba esa demostración del toreo con el capote, nadie se imaginaba que ocurriese todo lo que ocurrió. El viento y la lluvia menguaban, a priori, las esperanzas de que la tarde acabase tan triunfal como así sucedió. Pero Eolo y Zeus decidieron hacer una tregua para que José desplegase su tauromaquia aquel dos de mayo de 1996. Los dioses fueron clementes y en la Plaza de los Vientos, perdón, de Las Ventas, Madrid se soñó el toreo. Como en el patio de su casa se debió sentir Joselito pues su domicilio no se encontraba a muchas calles de ahí. En su barrio, y ante sus amigos de toda la vida, Joselito hizo historia.

Si quiere descubrir el extenso abanico de suertes con el capote, busque vídeos de la Goyesca del 2 de mayo de 1996 en Madrid.
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Si quiere ver cortar seis orejas en una misma tarde, busque vídeos de la Goyesca del 2 de mayo de 1996 en Madrid.
Si quiere ver Las Ventas rendida a un torero, busque vídeos de la Goyesca del 2 de mayo de 1996 en Madrid. 
Si quieren ver cómo un torero afronta y gestiona en solitario enfrentarse a seis toros, vean a José Miguel Arroyo "Joselito" en la Goyesca del 2 de mayo de 1996 en Madrid. 
Como una imagen vale más que mil palabras, si quiere ver la soberbia lección de tauromaquia que dictó José Miguel Arroyo "Joselito" el segundo día de mayo del año 1996... No busque vídeos, pinche "aquí" y disfrute de una tarde que es un capítulo de oro en la historia del toreo.