miércoles, 27 de mayo de 2020

Toros en el confinamiento (I).

Durante estos meses en casa, he podido disfrutar de diferentes festejos desde 1980 hasta nuestros días. Tardes para recordar, faenas inolvidables, toros de leyenda, matadores de distintas generaciones... Joyas que he visto en las redes sociales que habrán hecho las delicias de los aficionados.

Madrid. Toros de Victorino Martín para "Antoñete", Ruiz Miguel y José Luis Palomar. 16 de junio de 1982.

Fue el del 82 un año lleno de eventos para los españoles: Juan Pablo II, que todavía no era santo nos visitó; los Rolling tocaron en el Calderón, se celebró el Mundial de Fútbol y España acogió a las grandes selecciones del momento. Un vez más, pegamos un sainete en un campeonato en el que Italia acabó proclamándose campeona; los socialistas ganaron los elecciones... Eventos extrataurinos aparte, la temporada taurina estuvo marcada por dos momentos cenitales que tuvieron lugar en la plaza madrileña. El primero fue días antes de la tarde que ahora nos ocupa y el segundo fue a primeros de julio: "La corrida del Siglo" y el indulto de Belador por José Ortega Cano. Ambas efemérides estuvieron protagonizadas por la misma ganadería: Victorino Martín.

Esta Corrida de Beneficencia que ahora cuento, fue organizada por la Diputación Provincial, que para los "millenials", era la forma de gobierno cuando aún no existían las comunidades autónomas. Las Ventas volvió a llenarse con la esperanza de revivir la gloriosa tarde de días antes en la que Victorino y los tres matadores (Ruiz Miguel, Esplá y Palomar) salieron a hombros de los madrileños. Ese 16 de junio y de aquel irrepetible cartel, hacían de nuevo el paseíllo Paco Ruiz Miguel y Palomar. Dieron lidia y muerte a Peluquero, Gallador, Chaparrito, Dirigido, Gaditano y Buenacara. En esta ocasión el cartel fue prácticamente el mismo excepto Antoñete en vez de Esplá. Tarde ventosa y variado fue el juego de los seis cárdenos que trajo Victorino.

Antoñete (azul turquesa y oro) poco pudo hacer. buscó siempre hacer bien las cosas pero su lote no se lo puso fácil. Ante el primero hizo rugir Madrid con un manojo de verónicas ganando terreno a Peluquero. Tras el primer puyazo, Ruiz Miguel brilló en un quite por chicuelinas. El toro no quería saber nada y Chenel, tras unos fugaces naturales y un macheteo despachó al toro. Ante el cuarto se dobló por bajo muy toreramente en el inicio. Ligó varios muletazos con la muñeca y los vuelos de la franela. Estuvo hecho un tío. El albaserrada se iba complicando pero Antonio no se arrugó. Falló con el acero y pitos a su labor.

De azul marino y oro vino el torero de La Isla de San Fernando y pechó con dos toros desclasados. Ante el segundo se estiró a la verónica tras unos primeros capotazos para probar a un toro que su pitón más potable fue el derecho. Con la muleta ligó un redondo muy poderoso y siguió con otra tanda de naturales por el lado que más reponía el albaserrada. Volvió a a la mano diestra y recetó otra tanda templada y muy mandona para dirigir las oleadas de aquel victorino. Mató de una estocada y cortó una oreja.  Se batió el cobre ante el quinto. Vendió cara su vida sin clase alguna. El animal se fue complicando a medida que avanzaba la faena y Ruiz Miguel abrevió.

Cerró el cartel un soriano: José Luis Palomar. Vistió de verde manzana y oro y volvió a demostrar que lo que pasó quince días antes no fue casualidad. Cortó dos orejas y volvió a cruzar a hombros aquel arco múdejar que da a la calle de Alcalá. Sus dos faenas fueron un compendio de lidia, torería, temple... estuvo en maestro. Se lució con el capote en un galleo por chicuelinas y en un quite por delantales. Brilló con las banderillas y con la muleta supo hacer a cada uno de sus toros lo que pedía: lidia, terrenos, alturas... Siempre colocado, consiguió cuajar a sus victorinos por ambos pitones. Mató fenomenal y Madrid vio por segunda vez al de Soria tocar la gloria en su carrera.

La banda de música de la Infantería de Marina amenizó el festejo.

Sevilla. Toros de Juan Pedro Domecq para Curro Romero, "Paquirri" y Paco Ojeda. 19 de abril de 1983.

Ese día hubo terna de Franciscos: Romero (tabaco y oro), Rivera (marino y oro) y Ojeda (marino y oro). Tres toreros y tres conceptos.
Toreaba en Sevilla Francisco, perdón, diré Curro y casi era día festivo. Pechó el camero con dos animales flojos y rajados (Sinlacho y Evadido). A su primero, que salía suelto lo paró con el capote. Si ya de por sí el toro estaba justo de fuerzas, fue picado en demasía restando la poquita fuerza que tenía y para colmo, empezó a soplar el viento. Curro se lo pensó mucho y no arriesgó. Silencio. En el cuarto la cosa no cambió mucho. Se adornó el Faraón en unas verónicas genuflexas y con la muleta arriesgó ante las bruscas tarascadas. Fue a por la tizona y acabó la película. Como suelen decir los curristas, aunque la tarde vaya mal, verle cruzar el ruedo en el paseíllo con esos andares vagos ya dan por amortizado el billete.
 Paquirri recibió con una larga de rodillas a Malospasos al hilo de las tablas y se puso después en pie para seguir lanceando a la verónica. El toro cumplió en el peto y en el tercio de quites, Ojeda toreó con unas lucidas verónicas y remató con la graciosa revolera. El gaditano recibió una fuerte ovación en banderillas y durante la faena de muleta el toro fue a menos. Paco abrevió así su labor y fue silenciado. La película siguió en el quinto. Higuero fue otro animal soso y bobainas; lo que más aplaudió Sevilla fue un ramillete de bellas verónicas.
El único toro decente fue el tercero (Frambueso), al que Paco cortó una oreja. Puso a la Maestranza en pie con unos buenos lances con la capa y galleó desde el centro del anillo hasta la segunda raya por chicuelinas. A este toro le hizo Curro dos caricias por verónicas y una media. Se escuchó ese "bieeeen", que tanto se oye en esa plaza. Comenzó Paco la faena con unos ayudados por alto y ligó posteriormente varias series en redondo muy jaleadas a pesar de que faltó un poquito de ajuste. A pesar de ello la obra fue condimentada con valor, quietud y sometimiento. El toro fue a menos y Paco rubricó con un buen espadazo. Cortó la única oreja de la tarde.
Ante el sexto (Sedero), toreó por unas verónicas muy rotundas cargando la suerte y ganado terreno. Se pegó un arrimón ante otro "juanpedro" que pegaba tarascadas. Palmas de despedida.

Madrid. Corrida de Beneficencia. Toros de Samuel Flores para Ortega Cano y César Rincón. 5 de junio de 1991.

Otro de los gloriosos festejos noventeros que tantísimo había oído hablar pero nunca vi. Dos maestros. Dos máximas figuras: José Ortega Cano y César Rincón. Cartagenero y colombiano se vieron las caras en una Beneficencia absolutamente histórica. La tarde estuvo marcada por el fuerte viento. La corrida de Samuel Flores permitió a los dos espadas demostrar su tauromaquia. 
El murciano lidió con tres toros a los que lidió asentado, desmayado, con poso, naturalidad y temple. A pesar de que el primero fue un toro franco, el de Cartagena fue silenciado. Fue una faena intermitente debido al soso pero nobletón juego del astado. Voló con gracia los vuelos del capote meciendo al animal en unas bellas verónicas y las chicuelinas de mano baja calentaron a los veinticuatro mil espectadores. Con la muleta pegó un ramillete de tandas por cada lado y falló con la tizona. En el tercero lo más destacado llegó en el último tercio. Se puso a torear y Madrid rugió. Los muletazos eran caricias que embarcaban al animal en los flecos de la muleta. Mató recibiendo y cortó dos orejas. En el quinto cortó otra oreja. De capote volvió a encandilar a la cátedra venteña y se picó con César en quites: Por chicuelinas el torero patrio y lances a capote vuelto el americano. Con la muleta repitió lo mismo que en el toro anterior pero más calidad. Un toreo de pata negra. Cerró su obra con los acostumbrados "tres en uno" y mató recibiendo.
César pechó con los toros pares. El segundo fue devuelto y salió un sobrero que también fue devuelto. El siguiente sobrero también fue devuelto y aquí empezó a barruntarse el inicio de esas tardes agotadoras de Las Ventas en aquella década en la que cada tarde se devolvían varios toros. Salió un tercer sobrero que fue nulo, manso y muy parado ante el que César hizo cuanto pudo. En el cuarto también hubo duelo de quites: Rincón por chicuelinas y Ortega por verónicas. En este toro, Rodrigo Arias "Monaguillo de Colombia" estuvo imperial. Puso dos pares de banderillas garbosos y muy toreros. Clavando en la cara del toro y saliendo del par con mucha chulería. Saludó una fortísima ovación. Si el toreo de Ortega fue de "jamón de Jabugo", este fue de Guijuelo. No se puede torear más puro al natural. Dando el pecho, con la muleta plana, la pata "alante" y la suerte cargada. Este astado no iba a ponerlo fácil y a César o parecía importarle. Buscaba siempre la colocación. Ni corto ni perezoso, decidió matar en los medios y tras la estocada, fue premiado con las dos orejas. El sexto fue un toro gazapón que iba complicándose a medida que avanzaba la faena. Había que estar firme y César lo estuvo. Al hilo de las tablas, en los terrenos del 2 plantó batalla a este animal andarín y que huía tras cada pase. Estocada y tercera oreja de la tarde. Acabó un festejo memorable, con los dos toreros y el ganadero a hombros camino del palco real para que pudieran cumplimentar a Don Juan Carlos. ¡Qué manera de torear! Otro nivel. Maravilloso. ¡Toreros, toreros! exclamaban los aficionados al concluir el festejo. Sonaron los acordes de la Marcha Real al acabar el mismo.
Menos el cuarto que no lo he podido averiguar, los toros se llamaron Acólito, Niñado, Solitario, Flauta y Colito. De negro y oro vistió Ortega y de rosa palo y oro César.
La banda de música de la Guardia Civil amenizó esta corrida. Este año de 1991 fue la explosión del colombiano. Toreó cuatro festejos en Madrid y en todos salió a hombros. Quedarían dos salidas más: 1995 y 2005.

Sevilla. Toros de Torrestrella para Emilio Muñoz, Juan Antonio Ruiz "Espartaco" y Finito de Córdoba. 21 de abril de 1994.

Para nacer en la sevillana calle Pureza hay que tener suerte. Y eso le ocurrió a Emilio. Y se hizo matador de toros para honrar a la calle en la que nació. Ese 21 de abril toreó con ese concepto tan maravilloso como es el que atesora nuestro protagonista. Cortó tres orejas porque en su primero la espada cayó lo suficientemente defectuosa como para que el presidente considerara que no podía otorgar el segundo trofeo. Lo bordó con el capote. Sus verónicas fueron jaleadas por sus paisanos.
Con la franela inició por alto a su primero y por bajo al cuarto con el fin de someterle. Sus dos obras fueron fundamentadas en el toreo al natural. Relajo, gusto, la muleta plana y la suerte cargada, ligazón y profundidad... Cerró su primera obra con un ayudado por alto, otro a media altura, un trincherazo y el de la firma. ¡Ahí es nada!; y por alto a su segundo. Emilio bordó el toreo y en volandas se lo llevaron por la Puerta del Príncipe aquella primaveral tarde en Sevilla. De su cuadrilla Manuel Muñoz brilló en varas y Paco Peña con las banderillas. Los toros de su lote se llamaron Trajerroto y Gastador. Vistió de oliva y oro.

Espartaco cortó una oreja a su segundo. Este quinto fue muy incierto. La labor de Juan Antonio fue todo paciencia y esfuerzo. Consiguió rubricar el trasteo con una estocada habilidosa así que la plaza premió al de Espartinas. Se enfrentó en segundo lugar a Idealista y a Barba Azul en quinto lugar. Lució canela y oro.

Fino se enfrentó a Flojito en tercer lugar y a Perezoso en el cierre del la tarde. Hicieron honor a sus nombres. Así que quitando unas bellísimas verónicas al sexto, poco pudo hacer. Juan no tuvo mucha fortuna ese día en la Real Maestranza de Caballería. Su terno fue blanco y oro.

Aranjuez (Madrid). Toros de Juan Pedro Domecq para Curro Romero, Rafael de Paula y Rivera Ordóñez. Se cumplió el bicententario de su plaza de toros. 5 de junio de 1997.

Se juntaron a estos dos genios para recordar que esta preciosa plaza lleva dos siglos celebrando fiestas de toros. El dinástico Francisco completó el cartel. Un paupérrimo juego del ganado frustró una gran tarde de toros. Curro se dirigió al Rey con estas palabras: "es para mí un honor brindar al Señor. ¡Va por el Señor! Cogió la muleta para trastear a un animal incierto que tendía a cabecear. El viento soplaba y El Faraón no se asentó. Varios muletazos sueltos bastaron para que destellease su magistral toreo. En el cuarto la cosa cambió y empezó su particular concierto de Aranjuez. Comenzó con una obertura de verónicas y tras el puyazo recitó otro ramillete por el mismo palo. Con la muleta interpretó una sinfonía compuesta de unas breves tandas de caricias en vez de muletazos. Debido a sus facultades pegó un bajonazo y dio el camero una vuelta al ruedo.
El jerezano acusó esos últimos años la debilidad de unas rodillas muy maltrechas. Rafael lanceó con duende y tirando de capacidad técnica, pues la física no quería saber nada. Esas muñecas son patrimonio cultural del toreo. No se puede torear mejor con el capote. Al quinto de la tarde le pegó una media colosal. Con la muleta firmó detallitos para deleite de los madrileños. También se dirigió al monarca en su primera lidia: "Majestad... ¡por usted y por España!
Fran toreó al tercero con gusto y relajo a la verónica. Con la muleta lo lidio toreó con unos asentados naturales. En este toro también brindó a D. Juan Carlos: "por usted y su augusta Madre". Su faena al sexto fue de muchos pases que emocionaron al público. Cortó una oreja y el presidente negó la segunda. Su lote fue el más potable.
Antonio Chacón en el primero y Sánchez Hipólito en el sexto lo bordaron con las banderillas. Con palos y capote estuvo José Antonio Carretero sensacional.

Vistieron de verde botella y oro, de obispo y azabache y nazareno y oro. Los toros se llamaron Estupendo, Oficial, Gañán, Duque, Nocturno y Divertido. 

Zaragoza. Toros de Cebada Gago para Emilio Muñoz, Pepín Liria y José Luis Moreno. 6 de octubre de 1998.

La corrida del hierro gaditano estuvo excelentemente presentada. En cuanto al comportamiento hubo un toro sensacional que recuerdan aquellos que estuvieron aquel día en la plaza: Juncal, lidiado en quinto lugar por Pepín Liria. Quitando el primero que fue bravo en el caballo, lo demás, ni fu ni fa.

El sevillano bordó el toreo a la verónica en su primer toro. Con la muleta hizo gala de la pureza de su concepto. Comenzó con unos estatuarios y recetó más tarde varias tandas muy ligadas y de buen trazo con ambas manos. Emilio cerró la obra con diferentes remates y falló con la espada. En su segundo toro poco pudo hacer ante el comportamiento mansurrón de éste.

El de Cehegín pechó con otro soso animal en segundo lugar y ante el mencionado Juncal estuvo muy digno. Ligó con la muleta varias tandas citando de largo. El toro se arrancaba pronto y alegre desde la distancia. Encastado y exigente, era difícil hacerse con él. Liria lo mató de una gran estocada. Cortó una oreja. Su banderillero Alejandro Rivero estuvo sensacional con el capote.

José Luis pasó sin brillo por la ciudad del Ebro. No tuvo suerte el cordobés ante dos toros muy vulgares. Los que sí brillaron, fueron los hombres de su cuadrilla en el tercio de banderillas.

Vistieron respectivamente de azul pavo y oro, de fucsia y oro y de salmón y oro. Los toros se llamaron Jaleoso y Botijero los de Emilio; Pagador y Juncal los de Pepín y Llamado y Bravío los del Moreno.

Valencia. Toros de Victorino Martín para Eulalio López "Zotoluco", Óscar Higares y José Luis Moreno. 21 de julio de 2000.

Por San Jaime, Valencia celebra su feria de Julio. Así que aquel verano de 2000, fueron los empresarios hasta tierras extremeñas para comprar seis toros de Victorino y contrataron posterioremente a tres bragados matadores para enfrentarse a ellos: el mejicano Eulalio López "Zotoluco", el madrileño Óscar Higares y el cordobés José Luis Moreno. La corrida estuvo excelentemente presentada y los toreros unos jabatos.

Al compás del pasodoble Pan y Toros, hicieron el paseíllo: de botella y oro el azteca, de grana y oro el madrileño y de blanco y oro el cordobés.
Salió el primero y Eulalio dio unas buenas verónicas dando sitio a un toro que humillaba y reponía. Su picador fue pitado por picar en demasía. Inició por bajo para enseñar y obligar al toro a embestir por los vuelos de las telas. Faena interesante a un gran toro. Lo mejor fue el magnífico toreo al natural, desde delante donde enganchaba al animal hasta el final detrás de la cadera. Mató de un bajonazo y cortó un trofeo.
Ante el cuarto, volvió de nuevo a bordar el toreo de capa. Cargando la suerte, se llevó al toro por verónicas desde las tablas hasta más allá de la segunda raya. A este "victorino" lo picó de cine Efrén Acosta como relato al final de esta crónica y en banderillas Vicente Yestera se desmonteró para recibir la ovación por sus dos pares de banderillas. Gran tarde de su cuadrilla. Brindó la faena a su picador. De nuevo por doblones comenzó el trasteo y rotundas fueron sus faenas por ambos lados. Con la espada, no se reservó nada, se tiró en corto y por derecho cayendo ésta ligeramente desprendida. Faenón de dos orejas premiado con una debido a una rácana presidencia y bronca a la misma por no concederla. Ovación al toro en el arrastre.
El sexto fue ovacionado de salida debido a su impecable estampa. Como Moreno estaba en la mesa de operaciones, el mejicano lidió a este último. De nuevo, dictó la tercera lección de cómo se debe torear a la verónica a esta sangre. Tres buenas varas de "Pimpi hijo" que sacaron los aplausos de Valencia. Este toro fue un espectáculo en el caballo. Y Félix Rodríguez lo bordó con los palos. Cerró la tarde el azteca con una última y maciza faena de muleta. Siguiendo la tónica de la tarde y como es aconsejable ante este encaste, volvió a torear por bajo en los inicios. El toro exigía firmeza y su matador lo estuvo. Toreó en redondo con la mano derecha y con la izquierda voló con clase los flecos de su muleta. Mató de un volapié hasta la bola. Cortó un total de tres orejas y salió a hombros. El toro, digno de vuelta al ruedo, fue ovacionado en el arrastre.
Esta corrida era la primera vez de "Zotoluco" ante estos toros. Estuvo colosal, como si los torease día tras día. Lo bordó con capote, muleta y espada. Tarde memorable del diestro mejicano.
Óscar lidió en segundo lugar a un toro que hacía hilo teniendo además la virtud de la humillación. En el caballo hizo este "albaserrada" una correcta pelea. Con la capa se gustó el de Madrid. Fue un toro difícil pero Higares supo en todo momento dar el sitio, las alturas y los toques precisos para sacar lo que este animal tenía. Mató de una estocada tras un pinchazo. Ovación al toro y al torero. De rodillas y al hilo de las tablas recibió al quinto. De nuevo bordó el toreo con el capote. Agustín Collado se pasó con la puya y en banderillas, Pedro Roldán y Miguel Murillo saludaron otra fuerte ovación. Dentro de la gran corrida que fue, este toro fue el que complicó un poco las cosas. Como estaba Higares ante él, nada malo podía ocurrir. Esfuerzo importante de este bravo madrileño que consiguió afianzarse y subir la intensidad de la faena a cada muletazo. La pena fue el pinchazo anterior a una soberbia estocada. Oreja al torero. Si ya era cicatera la señora presidente que se pensaba muchos los trofeos, ese pinchazo lastró la segunda oreja.
José Luis Moreno hizo ante el tercero una obra templada y mandona. Los pases fueron muy largos y profundos. La muleta era un látigo que hacía al victorino estar centrado en ella constamente. El andaluz estuvo fantástico. Tirándose en corto y por derecho al entrar a matar, el toro le asestó una fuerte cornada en el muslo. Cotó un trofeo y la plaza abroncó al palco por no dar el segundo.

Hablar de este día es hablar de un soberbio picador en las filas del mejicano Eulalio: Efrén Acosta. Aquel día, ante el cuarto elevó el tercio de varas a la altura de cualquier faenón con la muleta. Magistral. Un encastado "albaserrada" y un gallardo picador. En el primer embite el cárdeno victorino derribó al caballo y al jinete. Efrén se levantó visiblemente conmocionado pero volvió a tomar las riendas, nunca mejor dicho, y se puso manos a la obra. Citó en largo y el toro acometió de nuevo. En vez de usar el palo como vemos día a día en cualquier plaza, este varilarguero levantó la vara apuntando al cielo y en el último segundo cuando el toro estaba a milímetros del caballo, con la precisión de un reloj suizo bajó la puya y picó en la yema. Aquel puyazo fue magistral. Esa forma tan peculiar pero a la vez efectiva que tenía de usar la vara hizo historia. La plaza se puso en pie. Era como una caldera a punto de estallar.

¡Victorino! ¡Victorino! Aclamaba la parroquia al unísono al acabar. ¡Esto es la Fiesta! tarde de matices, de toreo... DE EMOCIÓN. No fueron los correosos y duros victorinos de antaño, pero dieron que pensar a toreros y cuadrillas. Estuvieron a la altura. El encierro fue bravo, encastado; hubo combate y hubo buen toreo. Siempre se dijo que cuando el viejo Victorino sonreía hasta mostrar su diente de oro, significaba que en el ruedo algo grande pasaba, y eso sucedió, pues Victorino estuvo radiante las dos horas largas que duró aquella tarde. Una tarde lastrada por Amparo Renau. Si Valencia es una plaza de 1º que suele dar orejas con facilidad, aquel día esta presidente negó varias orejas de ley que habrían engrandecido este festejo. Pero como esto no es un deporte y aquí mandan los sensaciones y no los números, eso poco importó.
Aquellos animales que tanto gustaron a criador y público se llamaron Molesto, Pleitista, Brasileño, Inventado, Desconocido y Verdoso.


sábado, 16 de mayo de 2020

El Rey de los Toreros.

Escribo estas líneas a modo de homenaje para conozcáis a uno de los grandes de la historia. Se cumplen cien años de la muerte de un diestro legendario: José Gómez Ortega o lo que es lo mismo: Joselito "el Gallo" o "Gallito", ya que de estas dos maneras se anunció en los carteles.
Hijo y hermano de toreros, pues los Gallo es una de las muchas y gloriosas dinastías toreras. Vino al mundo en Gelves el 8 de mayo de 1895, a escasos kilómetros de Sevilla. Hijo menor del torero Fernando Gómez, "El Gallo" y de la cantaora Gabriela Ortega; hermano pequeño del también matador Rafael Gómez, "El Gallo" y Fernando. Éste último no tuvo mucha suerte y se hizo banderillero actuando en las filas de sus hermanos. Un tío de ellos también fue un torero importante del siglo anterior.


Sirviendo a la Patria en el Arma de Ingenieros.

En aquel hogar de Gelves, que era propiedad de la casa de Alba fue donde se imbuyó José del toreo. Aquí trabajaba el padre como guardés ya que se encontraba en la ruina una vez retirado de los ruedos. En aquella finca había una placita que servía de lugar de entrenamiento a los toreros sevillanos y donde se hablaba de toros. Sus hermanos mayores transmitían al pequeño José todo lo que en esas tertulias aprendían.


Fue un prodigio, apenas siendo un niño se permitía el lujo de hablar y dar consejos a gente que era mayor que él. Debutó en Jerez de la Frontera el 13 de junio de 1908 con becerros de Cayetano de la Riva acompañado de José Puerta, Pepete, y José Gárate, "Limeño". Con su llegada y la temprana alternativa retiró a casi todas las grandes figuras del momento: "Bombita", "Guerrita"... quedándose como dueño del toreo y sin nadie que le hiciese sombra. Coge el testigo de éste último e impone sus condiciones en el nuevo siglo. Recibió ese doctorado de manos de su hermano Rafael en Sevilla el 28 de septiembre de 1912, El toro se llamó Caballero y era de la ganadería de Moreno Santamaría. Días después y en la capital del Reino, confirmó su doctorado el 1 de octubre, con un toro del duque de Veragua.
Sin duda, su tarde más gloriosa fue aquel día en la plaza vieja de Madrid en el que en solitario se encerró con 6 toros (que al final fueron 7) de la mítica vacada de Colmenar Viejo, Herederos de Don Vicente Martínez.


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Otra de sus faenas más memorables la realizó al toro "Napoleón", el 10 de mayo de 1915, el mismo año en que en la Plaza de Sevilla fue premiado con las orejas de la res por primera vez en la historia del toreo. En 1919 viaja por única vez a América, triunfando en Lima.

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Montando en bicicleta en la plaza de Acho (Lima).

Dotado con una técnica perfecta, era inteligente, capaz, poderoso; conocía todos los encastes, las querencias, los terrenos y sabía solventar cualquier situación. Dominaba todas las suertes y la fantasía de su variedad con el capote era excelsa: largas, remates, lances a una mano, recortes, popularizó el famoso galleo de el Bú... Con los rehiletes era un portento. Es uno de los grandes banderilleros de la historia. Otro de sus descubrimientos en el avance del toreo consistió en el ligar los muletazos, es decir encadenarlos de modo que el toro siempre gira en la misma dirección alrededor del cuerpo del torero tal y como se hace hoy día en cualquier faena. En aquel entonces se toreaba en ochos, o sea, se daba un pase y cuando el toro salía de la suerte se le provocaba de nuevo por ese mismo lado para dar el pase de pecho. Ligar los muletazos es algo que José aporta de una manera rudimentaria y primitiva y que años después pulirá Manolete.

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Durante los ocho años que duró su trayectoria fue indiscutiblemente el número uno y con Belmonte no hubo rivalidad sino negocio. Todos los que lucharon contra José por el cetro del toreo perdieron la batalla. Era imbatible. Evidentemente José quería acabar con Juan para mandar él solo. Belmonte era consciente de esto y él mismo sabía que no tenía armas para vencerle así que lo mejor que podía hacer era aliarse con él formando una sociedad. Gallito vio impresionado la humildad del trianero. Aceptó la oferta, torearon por toda España y se hicieron ricos. Compartieron miles de tentaderos y horas y horas de viajes en tren por toda la península. Forjaron una fuerte amistad y Belmonte fue su protegido. Joselito mandaba en el torero y cada vez que le preguntaban a Juan sobre cualquier tema taurino, éste respondía: Si José lo ha hecho así, bien hecho está.
La Edad de Oro del toreo fue como se denominó esta época hasta la muerte de nuestro protagonista. Mientras Europa estaba siendo arrasada por la Gran Guerra, Estos años en la península eran pugnados por gallistas y belmontistas. Los partidarios de ambos toreros llevaban estos debates a diario en tabernas, casinos, barberías, prostíbulos, estaciones de ferrocarril...


Joselito y su Majestad Alfonso XIII en el campo ante una vaca. 

Una de las figuras de generaciones anteriores como era Guerrita también mandaba con autoridad en el escalafón pero era antipático, soberbio y caía mal a la gente. (Por eso José aceptó el trato, se acordó de este matador y viendo que podría acabar de la misma manera, pactó con Belmonte). Llegó el día en que también se quedó solo, sin rivales y al acabar aburriendo a los aficionados (como ha pasado en diferentes casos a lo largo del tiempo de ver continuamente al mismo espada) una tarde en Zaragoza se retiró diciendo: No me voy, ¡me echan!


José en el campo realizando el galleo de el Bú.

Explicado como introdujo nuevas maneras de torear con la muleta, paso a contar otras innovaciones que José hizo en el toreo y cambiaron radicalmente el devenir de la historia.
España crecía y José vio que las plazas se quedaban pequeñas. En aquellas primeras décadas de siglo las plazas no superaban los doce mil espectadores. Con la construcción de dichos cosos, se dobló el aforo lo que llevó a un abaratamiento de las entradas para las clases más humildes. Barcelona, Sevilla y Madrid fueron esos ejemplos.


Un recorte con el capote.


La monumental de Sevilla, fue la causa y motivo de sus mayores disgustos y quebraderos de cabeza. En aquella época el toreo sevillano estaba dominado por los maestrantes, o sea, la alta sociedad de la ciudad de la Giralda. Y la construcción de esta plaza fue un total desafío a la Maestranza y a esas clases acomodadas. Ningún arquitecto quiso firmar los planos de este nuevo edificio. Se pusieron trabas, dificultades, se quería frustrar el futuro de la Monumental pero aún así y a pesar de tantos ataques y sabotajes, José vio construido ese gran sueño en su ciudad natal. Llegó a albergar veinte mil espectadores, Poco después de la muerte de José, fue derruida. Y el otro gran sueño que no vio cumplido pero cuyo proyecto sí inició, fue el de la nueva plaza de Madrid.


Joselito en el despacho de José Espeliú, con los planos de la nueva plaza de Las Ventas.


Durante el siglo XIX la corrida era completamente diferente a como la entendemos en la actualidad. Se le daba una importancia total al tercio de varas y tras las banderillas había que estar ágil y rápido para matar al toro tras unos breves muletazos. A partir de ahí la cosa cambia y cobrará protagonismo la faena de muleta. El torero se lucirá hasta que llegado el momento adecuado, dará muerte al animal.

El toro: Joselito vio que por ejemplo ese toro del siglo anterior que derribaba caballos era el del encaste Veragua. Daba emoción en el caballo pero en la muleta se paraba. A su corta edad pero gracias a su brillante capacidad, se peleaban por él los ganaderos para que le pidieran consejo a la hora de tentar las vacas y buscar un comportamiento diferente. Para ello eligió la rama Vistahermosa con las ganaderías de Ibarra y Saltillo como el prototipo de toro del futuro. La parte negativa de este sistema fue que se eliminaron muchas ganaderías que no cumplían esos requisitos.
Una de esas ganaderías que él salvó fue la de Murube. Cuyo propietario era el del banco Urquijo. A pesar de que no tenía ni idea de toros, José le dijo: "usted no se preocupe, que de eso me encargo yo".
Creó la figura del veedor, es decir una persona de su máxima confianza para elegir los toros cada vez que vaya a torear. Ese cargo se lo pidió a Juan Soto.
Los apoderados: creó las pautas para los nuevos apoderados, es decir un gestor en la carrera profesional de cada matador. Había administradores que dirigían las cuentas y los dineros del matador. Este personaje no solía ir con el torero ya que éste era el que negociaba su contratación con los empresarios.
Los viajes en tren: José se propone torear cien corridas al año. Para ello en las plazas importantes toreaba dos o tres corridas en esa feria y cogía el tren rumbo a la siguiente ciudad. Por ejemplo, toreaba en la feria de Málaga un par de veces y cogía un tren rumbo al norte. Paraba y toreaba en las capitales hasta que llegaba a Bilbao y allí se quedaba un par de días.


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Monumental de Sevilla. 


Algunos datos sobre su trayectoria:

Estoqueó 1530 toros en 670 tardes de las cuales, 23 fueron en solitario. Actuó 81 tardes en la plaza Vieja de Madrid cortando once orejas y un rabo. En Sevilla registró 58 tardes y 64 en las tres plazas que en aquellos primeros años del XX tenía la Ciudad Condal. En la capital del Turia llegó a trenzar 49 paseíllos y en el norte, 55 tardes entre Bilbao y San Sebastián. Durante esos ocho años, concedió una decena de alternativas.Compartió 184 paseíllos con su hermano Rafael, con Belmonte toreó 257 tardes y con la otra gran figura que era el mejicano Rodolfo Gaona, fueron 139.
En cuanto a las ganaderías, estas fueron las que más veces toros lidió: Santa Coloma (104), Guadalest (89), Vicente Martínez (84), Murube (79), Miura (76), Gamero Cívico (65), Felipe Salas (64), Carmen de Federico (58), Contreras (52), Pablo Romero (51), Benjumea y Concha y Sierra (50), Saltillo (49), Pérez de la Concha (42) y Medina Garvey (40).

Recibió cuatro cornadas antes de la mortal de Talavera:
El uno de septiembre de 1912 en Bilbao por un toro de Don Luis da Gamma; dos en 1914: una por el toro Aceituno de Pérez de la Concha en Barcelona y la otra también en Bilbao por un toro de Murube y la última en Madrid en 1919 por un toro de Benjumea.
Estos años son los que acabó primero en el escalafón:
-1914: 74 festejos.
-1915: 102  "
-1916: 104  "
-1917: 103  "
-1918: 103  "

Los últimos años de José fueron un suplicio. En la segunda década del XX, aún estaba a la orden del día las distintas clases sociales. Él estaba enamorado de Guadalupe de Pablo Romero que era hija del ganadero de mismo nombre y además era íntimo amigo de José. Aún así puso pegas a que fructificase esa relación. José era torero y gitano por lo que esa situación no terminaba de convencer al ganadero. Tuvo roces con su hermano Rafael, porque estaba en decadencia y le aconsejaba retirarse. Y por último, falleció su madre a quien estaba muy unido.



Los dos grandes amigos: José con capote claro y Juan en el centro
preparados para empezar el paseíllo.


Su última tarde en Madrid fue una hecatombe: nada más llegar al patio de cuadrillas los aficionados increparon a José y a Juan que aquella tarde toreaba con él. Les achacaban de los males en los que estaba metida la Fiesta en aquel tiempo. Le acusaban de afeitar corridas en Los Merinales que era una fonda ferroviaria en Sevilla desde donde se transportaban animales y mercancías. Y esa corrida fue la típica corrida de Madrid de broncas y almohadillas. José le comentó a su amigo del alma que era aconsejable retirarse un tiempo y que el peso del toreo lo llevasen otros.

Tras esa tarde en Madrid, sin saberlo cogió un tren por última vez rumbo a Toledo. Dicen que llegó muerto. Con tantos disgustos José no podía más.

Toreó en aquel pueblo castellano con su cuñado Ignacio Sánchez Mejías. Recibió una cornada en el vientre del toro Bailaor (chico, cornicorto 260 kg en canal), de la Viuda de Ortega, que acabó con su vida en Talavera de La Reina, Toledo, la tarde del 16 de mayo de 1920. Tenía 25 años. Su muerte causó un profundo dolor en la sociedad española.


Nuestra Señora de la Esperanza Macarena vistió de luto por su muerte, por primera y única vez. Joselito se encuentra enterrado en el Cementerio de San Fernando de Sevilla, donde tiene un mausoleo financiado por suscripción popular y realizado por el escultor valenciano Mariano Benlliure.

Presentación1

Hoy me he extendido pero la efeméride lo exige. Hablar poco y rápido del más grande de la historia, sería un insulto a su memoria. Para colmo, en su Sevilla, los maestrantes a priori no han hecho algo a la altura de tan ilustre personaje argumentando que si no tendrían que estar constantemente celebrando homenajes. Como estos renglones los junto a primeros de febrero... a ver qué pasa. Espero que hayáis conocido un poco más y mejor a un muchacho que cambió el rumbo del toreo en apenas ocho años.




Arriba el mausoleo en Sevilla y abajo,
 el busto en Talavera. Al fondo, la plaza.

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Gloria eterna a José Gómez Ortega "Joselito El Gallo".



jueves, 7 de mayo de 2020

Vestidos de torear (I).

Al igual que los sacerdotes llevan casullas de diferentes colores según el tiempo litúrgico e incluso con bordados a gusto de cada uno de ellos; a modo de sacerdotes profanos, los toreros también deben ir vestidos para celebrar ese rito que sin ser sacro, también es envuelto por una liturgia que debe ser respetada. El vestido de torear es inigualable. Son obras maestras. Es una maravillosa artesanía que conlleva una minuciosa labor desde el primer momento y hasta que está finalizado pueden pasar varias semanas. En torno a ciento cincuenta horas puede llevar la confección de un sólo vestido que pasa por muchas manos diferentes; pesan en torno a cinco kilos, los más caros pueden rondar los diez mil euros y está compuesto por diferentes piezas formando un puzzle. Un vestido que siempre es a medida del cliente y para el que lo pregunte, no tiene ningún tipo de protección en ninguna parte del cuerpo del torero. Tampoco duran toda la vida ya que de media, un vestido de luces no suelen durar más de diez puestas. Hay varios tipos de bordados que son tradicionales pero cada matador, buscando la distinción encarga a los sastres patrones que sean propios para distinguirse de los demás. Motivos vegetales, símbolos de la tierra en la que haya nacido el torero que encargue el vestido, mitológicos, elementos de diferentes culturas o religiones, geométricos... Cualquier tema es válido para buscar la exclusividad. Lucir estas maravillas es algo que sólo está al alcance de unos escasos elegidos. Grana, teja, catafalco, tabaco, purísima, nazareno, canela, rioja, pistacho, vainilla, coral, fucsia, caña, plomo, salmón, corinto, espuma de mar... En cada entrega de esta nueva sección veremos el gran abanico de bordados y colores que posee el vestido de torear.

Blanco y oro. Ángel Jiménez. Año 2017.




Imagen







(Fotos: Plaza 1  y   J. R. Pigne)




miércoles, 29 de abril de 2020

Un rato con Jesulín de Ubrique.

Aparte de Enrique Ponce hay otro importante matador que este año celebra tres décadas en los ruedos: Jesús Janeiro "Jesulín de Ubrique". Con él he tenido la oportunidad de hablar y hacer un repaso de todos estos años en los ruedos.

Pregunta. ¿Cómo fueron sus comienzos?
Respuesta. Mis comienzos fueron bastante prematuros. Yo empecé bastante jovencito a torear, empecé con doce años, casi trece. Estuve un año en la escuela taurina de la Diputación Provincial de Cádiz durante un año. Hice una etapa sin caballos de los trece a catorce años y con quince debuté con picadores. Entre 1989 y 1990 toreé 170 novilladas. Tomé la alternativa y quitando dos paréntesis debido a una retirada que yo decidí y otra fue por un accidente de trafico. Hasta que me retiré en el año 2007 fue una trayectoria con un número impresionante de corridas. Contento con mi labor y mis defectos y virtudes. En el año 2010 cumplí veinte años y toree otros tantos festejos. Quería hacer lo mismo ahora pero la situación no acompaña.

P. Cuando usted empezaba, ¿en quién se fijó?
R. Yo tenía predilección por dos toreros: Rafael de Paula y particularmente Paco Ojeda, que ha sido mi maestro y el espejo en donde yo quería mirarme.

P. Como madrileño me gustaría que me contase de su relación con la plaza de Las Ventas.
R. De novillero no fui, no por el interés de la empresa que en esa época eran los Lozano, sino que bueno, no se dieron las circunstancias. De matador toreé alrededor de 25 tardes. No he sido un torero del gusto de un sector de la plaza. Te digo que tengo buenos recuerdos y he podido disfrutar de esos olés aunque no haya podido cortar una oreja. También hubo tardes difíciles en las que por parte mía o parte del toro que no nos entendíamos y no llegaba la cosa a ningún puerto. Aparte de esas tardes malas, por supuesto tardes buenas en ese ruedo que me hicieron disfrutar en esa catedral del toreo.

P. ¿Cómo fue su relación con las principales plazas de España y el extranjero?
R.
Pamplona fue una plaza muy importante en mi trayectoria, en Castilla y León pude disfrutar en ciudades como Salamanca y Valladolid donde tuve tardes muy buenas. Sevilla ha sido una plaza muy importante en mi carrera; no tuve grandes éxitos pero pude triunfar y también por el resto de Andalucía que es mi tierra. En general en toda la geografía española: cuando se torea tanto en una temporada como hacía yo con ciento cincuenta tardes pues acaba toreando en todos lados. En general me he sentido querido y respetado no sólo aquí sino también Francia, Portugal y América.

P. Valor, temple, raza... ¿Cómo definiría su toreo?
R.
Nunca he sido un torero artista. He sido catalogado como un torero poderoso, de ver muchos toros rápido, en cuanto a estar muy espabilado. Mi arma principal aparte del temple, era el gran porcentaje de toros que a mí me servían para poder triunfar. He sido un torero más tremendista que artista.

P. Capote, muleta... ¿Y las banderillas?
R.
Me veía mejor con la muleta. Con el capote mejoré mucho con el tiempo. De hecho, en ciertos sitios hubo toros a los que cuajé con el capote y bueno, fui un torero que con el tiempo mejoré en todos esos aspectos. Con la espada también. De novillero banderilleé bastante, cosa que dejé cuando tomé la alternativa. En los primeros años lo hacía cuando veía que un toro me iba a permitir el lucimiento y lo hacía sin ningún tipo de problemas.

P. ¿Qué nos podría contar sobre el tercio de varas?
R.
Cada toro tiene que ser picado según lo que considere el torero que tiene enfrente. Lo que si es verdad es que mi época los toros se caían con frecuencia y había que medir muchísimo. En los últimos años con el auge de los correderos el toro tiene mas fuerza y con ello se reducen esas caídas. Con ello, el tercio de varas era más brillante porque el toro tenía más poder. La suerte de varas es algo que medía mucho porque si el toro era bueno y tenía buenas condiciones lo picaba poco para someterlo y quedarme con él. Cuando el maestro está delante es el que mejor lo ve y por tanto el que decide si tiene que ser picado más o menos.

P. ¿Cómo era aquel toro de los 90 cuando usted toma la alternativa al de años después cuando usted deja de torear?
R.
Cuando yo empecé no existían los correderos donde entrenan a los toros y con el tiempo se fortalecen y se nota cuando llegan a la plaza. Hubo una época en la que al toro se le criaba en un cerrado y se le alimentaba. Cogían peso y volumen pero después con el tiempo se desinflaban. Con el tiempo, los ganaderos se dieron cuenta y adaptaron las dehesas para criar toros de una manera óptima. Con la llegada de los correderos la diferencia era notable. Al igual que los toreros se preparaban como deportistas de élite para medirse a un toro de lidia, este animal también era entrenado para ser lidiado. Con ello se consigue fortaleza física. Entonces claro, los toreros que no tengan capacidad de pulmón, pues cuesta mucho más trabajo. Ahora, la preparación actual es como la de un boxeador. De fondo y de todo, no de músculos sino de aguante, de fibra... y muy estilizados. No quiere decir que antes no lo eran pero el toro lo exige y hay que estar preparados.

P. Al igual que, por ejemplo, Julián López "El Juli" tiene Garcigrande o José Tomás el hierro de Núñez del Cuvillo como habituales, ¿usted tuvo algún hierro por el que sintiera más predilección?
R.
Bueno, Cuvillo nació con Espartaco y conmigo. La base de la ganadería de Núñez del Cuvillo como toreros primero fue Espartaco y más tarde Jesulín. El criterio, conocimiento, la afición y el talante es el ganadero quien lo pone pero es esencial tener una figura del toreo que la respalde. Todos los años mataba catorce o quince corridas de Cuvillo, en torno a los cuarenta o cincuenta toros. Cuvillo y Jandilla han sido las más predilectas para mí. Luego había una que con el tiempo fue bajando era la de Bernardino Píriz y otra que era portuguesa: Cunhal Patricio. Esos cuatro hierros siempre los maté. Dónde podía pedir las pedía y donde podía imponerlas, las imponía. ¡Eh! pero también maté de todo: Victorino Martín, Murteira Grave, Dolores Aguirre, Guardiola, Conde de la Maza, Conde de la Corte... Menos Miura, maté de todo.

P. Hablemos de los carteles mediáticos. A los que discrepan de esos carteles, ¿qué les diría?
R.
No tendría que decirles nada, es más, esos carteles salvaban una feria y con eso lo digo todo. En una feria había carteles muy buenos con figuras en los cuales el público respondía pero aparte de ese cartel estrella, estaban los mediáticos en los que también había figuras. Pero... ¿A qué le llamamos mediático? Muchas veces lo he preguntado. ¿Qué es un torero mediático? ¿más o menos conocido? Yo creo que cuando una figura del toreo es conocida, es conocida en general. -¿Qué es un cartel mediático  para ti?- ¿los toreros que llevan a la masa? -Esos toreros son los que afortunadamente el escalafón tendría que tener, pero no uno o dos si no ocho o diez. ¡Lo que pasa es que eso es muy difícil! Lo importante es un torero que mueva al aficionado y también a la masa porque desgraciadamente las plazas no se llenan sólo con los primeros. Hay que contar con todo el público en general. Por ejemplo, un estadio no se llena sólo con aficionados al fútbol, se llena también con gente de fuera. Yo voy y no me gusta pero si hay un partido de máximo interés me apetece ir aunque no sea muy futbolero. Hay equipos y equipos y también hay toreros y toreros.

P. ¿Usted cree que el escalafón está falto de toreros con esa personalidad y carisma como usted fue?
R.
Y o fui un torero que con mis defectos y virtudes pude plantar batalla a todas las figuras. Desperté bastante interés. Tuve esa suerte. Ahora mismo el escalafón tiene toreros muy importantes y muy buenos y también grandes figuras. También hay que pensar que hay matadores que han dado treinta vueltas a España y el que no, lleva veinticinco. Claro, veinticinco años en los ruedos llega un momento en el que los toreros tenemos una fecha de parada, donde hay que decir basta ya. Si estiras las cuerda acabas perdiendo el interés. El torero tiene que saber cuando quitarse o cuando poner un paréntesis. Opino que el que es figura, es figura por dos motivos: primero por sus méritos y segundo porque ha sabido atraer el interés del público. Si llevas muchos años, esa atención se pierde y vendrán otros. Lo que pasa es que la cantera lo tiene difícil, que lo chavales se abran paso es muy complicado. Si la Fiesta queremos que siga, tenemos que tener toreros nuevos y que despierten interés. Y ojalá salgan. Cuando yo llegué al escalafón mayor con Enrique Ponce ya estaban Dámaso González, Niño de la Capea, José María Manzanares, Ortega Cano, Paco Ojeda, Roberto Domínguez, Espartaco... Había un plantel de diez o doce figuras y a las cuales nosotros nos acoplamos, después ellos se quitaron y seguimos nosotros. Estaba Joselito... en fin, había unos cuantos toreros que fuimos funcionando. Después apareció Morante, "El Juli" y a uno lo van desplazando. Más tarde aparece Roca Rey, aparece Cayetano... A Litri, Jesulín, Camino etc nos iban quitando. Esto es así. Unos duran más y otros menos.

P. ¿Podríamos llegar a la conclusión en que las figuras del momento como no tienen competencia dura, están tranquilamente sin temor a que les quiten el cetro?
R.
Cómodo no se está nunca delante de un toro. Hoy en día tú ves que hay un escalafón que a lo mejor no hay un tirón de toreros importantes te puedes relajar más porque una feria de Sevilla o de Madrid, tienen que contar contigo. También es verdad que estos últimos años las ferias se han reducido una barbaridad. En mi época Algeciras tenía seis corridas de toros, ahora dos. En Granada daban siete y ahora dan tres. Málaga daba siete y ahora hay cuatro. En Córdoba daban cinco y ahora son dos. Donde tienes que partir el peso es esos sitios pero luego hay otros lugares en los que hay cabida para todos. No es que se hayan acomodado, cuando están ahí es porque interesan y generan lo que ganan, digo yo.

P. Si el toreo no pasa por sus mejores momentos, el coronavirus ha complicado la situación. ¿Como ve el panorama?
R.
Fíjate, a mí me ha cogido por partida doble. Como torero y ganadero. Como ganadero es un desastre porque no tenemos una idea clara de como se va a reactivar la temporada. Yo quería conmemorar mis treinta años con una temporada bonita y se ha ido todo al traste. Lo importante es velar por la salud de mi familia y la mía y la ganadería queda en un segundo plano. Es esencial es que esto se controle lo más rápido posible y a partir de ahí los toros, toreros... en general todos los que vivimos del mundo del toro tenemos que estar más unidos que nunca. Si hemos estado dañados con los animalistas, imagínate ahora con esta pandemia. Yo no quiero hacerme a la idea de muchos ganaderos que desgraciadamente van a tener que sacrificar animales porque no van a tener salida. Lo último que hay que hacer es tirar la toalla. Hay que tener en cuenta que también son números y nadie va a ir a tu casa a darte nada. Habrá que hacer de tripas corazón y sacrificar lo que haya que sacrificar. Son tiempos difíciles y complicados donde hay mucha incertidumbre, no sabemos en la situación a encontrar y como vamos a quedarnos y a partir de ahí habrá buscar un horizonte nuevo. El mundo del toro tendrá fuerzas para salir adelante y no me cabe duda si alguna vez nos hemos tenido que necesitar todos va a ser ahora más que nunca. Habrá que hacer una restauración de todo. Cómo se harán los próximos festejos y afrontar los costes de una corrida, un festival o una novillada. No sé tampoco las plazas como se van a adaptar para mantener la distancia... tendrá que estar todo claro y a ver que sucederá. Ojalá sea pronto y lo más rápido posible. Tengo mis dudas de ver si se puede hacer algo ya en 2020. A ver si en septiembre y octubre las ferias de estos meses, no puedes colapsarlos con más ferias de las que ya hay por calendario natural. Es inviable y así lo veo yo. Debemos centrarnos en la campaña 2021 y ya está en lo que queda de año a ver qué sucede y hay suerte de que salga una vacuna, esto se controle y la gente pueda volver a la normalidad dentro de unas medidas estrictas que en principio tendremos y bueno, que todo vuelva a su cauce. la Fiesta de los toros está siendo afectada como cualquier otro sector. Ahora te digo que como ganadero, tenía previsto lidiar en torno a cuarenta novillos y eso me da un dinero que entra en la finca y me permite mantener la ganadería un tiempo, tener un vaquero, un mayoral, cubrir gastos etc. Sin salida esos ingresos son inexistentes y bueno, me siento un privilegiado porque aún puedo lidiarlos el año que viene. Estoy viendo todos los toros de cinco años preparados para ser lidiados estos meses con los enormes costes que supone que rondan los cinco mil euros y tener que mandarlos al matadero por cuatrocientos euros, pues multiplica eso por la cantidad de animales que hay que sacrificar. Es una pena. Supongo que si antes adaptabas una hectárea por animal, ahora habrá que poner tres. Eso te obliga a reducir las ganaderías.

P. La última propuesta es la de lidiar toros a puerta cerrada. ¿Cómo lo ve?
R.
No lo veo. Cuando he tenido que torear a puerta cerrada sin público ni nada, lo he pasado fatal. Me veo solo y vendido. Los toros tienen que ser con gente. Comprendo y entiendo que es una manera de poder dar un espectáculo para que la gente no se olvide de esto y lo importante es dar salida a todos esos animales. No lo veo... ¡es muy frío para mí!. No puedo decir de este agua no beberé. ¿Qué te van a proponer?¿como lo van a proponer ?¿qué se va a plantear? ¿? También habría que verlo. No sería el primero o  el último. Como me ha dado tanto miedo torear solo a puerta cerrada... lo veo exactamente igual. Tendrás que poner un par de cámaras... tendrás que poner una ambulancia ... ¿Y el toro? ¿en puntas? ¿con o sin fundas? No he puesto mucha atención a este tema porque no me lo he planteado. No lo veo claro. Si luego lo realizan y queda bien, ¡pues bienvenido sea! pero en principio no lo veo claro a eso.

P. ¿Qué me podría contar sobre su ganadería?
R.
Adquirí un lote de vacas de Bernardino Píriz en el 90 y metí sementales de Jandilla hasta el año 2000. En ese año lo pasé todo a una segunda finca y compré un lote de vacas de D. Joaquín Núñez del Cuvillo de la rama de Osborne y después llegaron toros de Juan Pedro. Me he vinculado siempre a ese encaste. He tenido dos indultos y cuando estaba en activo solía lidiar un par de corridas de toros que las mataba yo en pueblos y demás. Porque mi toro no era grande, de vez en cuando salía alguno y lo llevaba de sobrero a alguna feria de primera. Y el resto era lidiado en las plazas de tercera. Lidié una ocasión un festival muy bueno en Bilbao y otro en Zaragoza, eso como plazas importantes. Pero como mi tónica fue tenerlo por afición y no por negocio, solía ir al circuito de los pueblos porque no buscaba el mercado del toro grande y la competencia con las ganaderías más importante en las plazas de 1º, porque es difícil competir con ellos.

P. ¿Qué opina de la televisión? ¿Hay que dar toros a mansalva o medido y eligiendo bien los carteles?
R.
Yo soy un torero al que se le ha televisado muchísimas ocasiones y a mí, siempre y cuando se respeten los honorarios por derechos de imagen, nunca he tenido problemas. Pero bueno, el estar televisando muchas corridas no sé si será positivo. Yo creo que se pueden seleccionar muchas ferias o algunas y ya está. A mí no me fue mal.

P. ¿Cuál o cuáles fueron las tardes más rotundas de su carrera artísticamente hablando?
R.
Las tardes que más me han dado fueron unas Fallas en Valencia y después dos tardes en Pamplona. En una corté cuatro orejas y en otra tres y un rabo.

P: En los 90, usted, Ponce y otros muchos toreaban dos veces en el mismo día. ¿Cómo los planteaba? Si agosto tiene treinta y un días, usted toreaba "35".
R:
¡O "38"!. Hubo un año en el que en el mes de agosto hice doblete cuatro o cinco veces. Buscaba localidades que estuviesen a corta distancia. Y la manera de llevarlas a cabo, para que diese tiempo a cumplir esos contratos, las corridas de la tarde las adelantaba y las nocturnas las atrasaba.

P. Famosa es aquella marca de 161 festejos toreados un mismo año natural, que fue en 1995.
R.
Hay que tener en cuenta es que eso era entre marzo y octubre. O sea, la temporada en Europa. Los meses restantes toreaba en Lima, Quito, Bogotá, Méjico... por lo que la cifra podía subir hasta las 180 tardes en un sólo año sin contar festivales.  En el año 93 toreé 100 tardes, en el 94 fueron 154, en 1995 fueron 161, en el 96 hice 121 paseíllos, 90 en 1997...

Para acabar le voy a recordar diferentes anécdotas de su vida:
P. Corrupipi.
R.
Un año tenía dos tardes en Bilbao y tras el primer festejo, me invitaron al circo Mundial junto a Bertín Osborne a ver la función y a apadrinar una tigresa que tenía unos cachorros. Fuimos y disfrutamos los dos un montón. Hacía mucho que no iba al circo. Cuando vimos los animales, le dije al director que qué animales tan bonitos y que me gustaría tener uno. La segunda tarde, mientras estaba en el hotel Ercilla apareció el director del circo con una caja. Me dijo que me traía un regalo y llevaba dentro un cachorrillo. Lo tuve en casa varios años.

P. El vestido amarillo.
R.
Me hice ese vestido para romper un poco ese mal fario que hay con ese color. Para mí no lo tenía en absoluto así que en vez de uno, me hice tres de los cuales dos fueron en plata porque resaltaba más. Nunca lo hice con deseo de molestar a nadie. Es un color que a mí me gusta. Cuando juego al parchís por ejemplo, me gusta usar dicho color o el azul. Pero lo siento mucho por el torero al que le molestara pero no era mi problema.

P. La aventura musical de cantar "Toda".
R.
Tenía bastante tirón como torero. Lo que pasa es que vi que podía afectarme negativamente y corté por lo sano. Fue un capítulo que paso rápido por mi carrera. Hice el disco a primeros de año y en julio decidí cancelarlo y dedicarme a lo mío que era torear. Yo tenía una gira apalabrada para dar conciertos toda una temporada en vez de paseíllos pero ese mes de junio cambié de opinión. Asumí las consecuencias afrontando los gastos que eso conllevó y se acabó la historia.

P. La corrida de Aranjuez.
R.
Fue una idea exclusivamente mía y de nadie más. No tenía ninguna necesidad de publicidad y lo hice para agradecer al público femenino tanto apoyo incondicional. La idea original era Toledo, pero días antes un toro me cogió en Bilbao, me partió la mandíbula y tuve que cambiar el plan. Busqué una plaza céntrica geográficamente hablando y elegí Aranjuez. Tras la noticia, varias cadenas se interesaron y con la que firmé la exclusiva de tres corridas fue con Antena 3. No sólo fue Aranjuez donde maté siete toros, pues también lo hice en El Puerto de Santa María (también fueron siete) un año después y al siguiente la plaza elegida fue Granada (seis toros) ya que entraron en aquella exclusiva.





lunes, 20 de abril de 2020

¿Lo sabes?

1. ¿Cuándo nació en Madrid Juanita Cruz?
A. 12 de febrero de 1917.
B. 14 de febrero de 1918.
C. 28 de marzo de 1920.

2. José Cubero "Yiyo" fue apoderado por...
A. Tomás Redondo.
B. Miguel Flores.
C. Manolo Chopera.

3. ¿En qué año se finalizó la Real Maestranza de Ronda?
A. El 20 de marzo 1785.
B. El 26 de abril de 1785.
C. El 13 de julio de 1785.

4. José Redondo "El Chiclanero" nació en Chiclana de la Frontera. ¿Cuándo?
A. 13 de febrero de 1814.
B. 13 de marzo de 1817.
C. 13 de marzo de 1818.

5. 22 de abril de 1928. ¿Qué ganadería tomó antigüedad este día?
A. Samuel Flores.
B. El Jaral de la Mira.
C. Hernández Plá.

6. El 7 de julio de 1922 se inauguró la Monumental de Pamplona. Torearon Julián Díaz "Saleri II", Juan Luis de la Rosa y Marcial Lalanda. ¿De quién eran los toros?
A. Miura.
B. Aleas.
C. Vicente Martínez.

7. Cuchareto, de Hoyo de la Gitana infirió al portugués José Falcón una cornada que le llevó a la muerte. ¿Cuándo y dónde ocurrió?
A. Castellón, 11 de marzo de 1973.
B. Barcelona, 11 de agosto de 1974.
C. Albacete, 11 de septiembre de 1977.


8. ¿A qué ganadería mejicana corresponde este hierro y divisa?
A. Bernaldo de Quirós.
B. Los Ébanos.
C. José Julián Llaguno.

9. ¿Dónde murió el 23 de junio de 1771 de una cornada el matador José Cándido?
A. Cazalla de la Sierra.
B. Sanlúcar de Barrameda.
C. El Puerto de Santa María.

10. Calvache, Emilio Beauchy, Martín Santos Yubero, Baldomero, Jean Laurent y Serrano por mencionar a algunos, fueron durante la Edad de Oro del toreo prestigiosos...
A. Empresarios.
B. Fotógrafos.
C. Banderilleros.




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miércoles, 15 de abril de 2020

La desgracia de ser un animalista radical.

Hay que ser muy desgraciado para ser animalista. Y con ello me refiero a todos esos que anteponen los animales a las personas. Quitando esos extremistas con los que poco se puede hacer, también hay un gran número de ellos que debaten, opinan y discuten. Éstos y que a pesar de su pensamiento y que por ejemplo no aceptan determinadas fases de una corrida, cosa que entiendo y respeto, tienen un cierto apego por el toreo debido a todo lo que conlleva (economía, ecología, cultura, historia, el valor de enfrentarse a semejante bestia...). Así que todos ellos con los que es un gustazo compartir ideas y debatir hasta la saciedad, son totalmente bienvenidos.

Ahora bien, los otros son los que desprecio. Así de claro. Hasta que no empezaron a surgir las redes sociales, los antis daban la barrila en los vídeos de Youtube. No pasaban más allá de insultar a cualquier persona que sintiese el más mínimo aprecio a la tauromaquia. Con la llegada de Twitter y Facebook la tromba arreció. Víctor Barrio en 2016 e Iván Fandiño un año después perdieron la vida y la crueldad antitaurina descargó su más profundo y repugnante odio. El #Reichanimalista, que es como denominamos a aquellos que luchan a favor de esta nueva idología hasta el extremo, mostró su total bajeza.

Estos últimos tiempos es común que se reúnan todos esos a través de la red con el fin de atacar el toreo actuando como la Gestapo denunciando absolutamente todo aquello con lo que no comulgan. Son muchos los portales y perfiles taurinos en las distintas redes que han sufrido ataques de animalistas. En Youtube, ese aumento ha llegado al punto que debido a presiones antitaurinas, muchas de ellas han sido suspendidas. Horas y horas de un maravilloso trabajo que demuestran todo aquello a lo que nos referimos cuando hablamos sobre el toreo: ya sean faenas en la plaza, tertulias, conferencias y sobre todo lo que más impresiona y no es otra cosa que la majestuosidad del toro en la dehesa. Y no sólo Youtube, cada vez es más difícil encontrar lugares donde no se censuren imágenes toreras. Hay que recordar que la Tauromaquia está catalogada como Patrimonio Cultural de España y por ello tiene que ser protegida y difundida. Por ende es totalmente legal. Pues se ve que los señoritos de Youtube se pasan esa ley por el Arco del Triunfo dedicándose a aceptar las denuncias de semejante gentuza cerrando aquellas cuentas que son llevadas con dedicación y mucha ilusión.

Los últimos ataques han tenido lugar hace escasas horas. La ganadería de Alcurrucén sufrió un "hackeo" en su cuenta de Instagram y la de Facebook de la Asociación El Toro de Madrid, fue clausurada debido a la "discutida labor" de aquellos que dedican su tiempo a denunciar cuentas de temática taurina. La han podido recuperar. El hierro toledano desgraciadamente, tendrá que empezar de cero.
El fin de tanta censura no es otro que exterminar una cultura y una filosofía de vida de millones de personas. Libertad, respeto... ¿Es tan difícil de entender? Dirán que respetemos nosotros al toro. Que le demos libertad. No veo más respeto a un animal que cuidarlo con tanto esmero como hacen los criadores de lidia. Cinco años de respeto y su solemne sacrificio en quince fugaces minutos. Y no sólo el animal, también el torero se entrega pues se enfrenta con él en un combate a muerte.

Tristemente algunos activistas animalistas son cada vez más conocidos por semejantes actos. Según publicó el diario El Mundo paso a explicar brevemente algunos de los "hitos" que han hecho conocido a uno de ellos: Peter Janssen, un holandés al que auguraban una prometedora carrera deportiva como atleta que tenía como objetivo la Olimpiada de Londres 2012, se decantó por la disciplina de salto y no de vallas precisamente, abandonó a su mujer y a su hijo con el objetivo de hacerlo en las plazas de toros. Ha estado un tiempo considerable en busca y captura por las fuerzas de seguridad de España. Este pintamonas debe dinerales por numerosas sanciones y querellas puestas por matadores de toros. Las entradas a las plazas y las multas suelen correr a cargo de organizaciones que subvencionan a semejantes delincuentes. Yo no veo que defiendan  al toro o cualquier otro animal: defienden sus intereses. Su objetivo es acabar con cualquier industria que tenga relación con ellos: toros, circos, zoológicos, laboratorios científicos y un largo etcétera de negocios que necesiten animales. Que hay grandes multinacionales apoyando estas causas es de sobra sabido. En concreto las holandesas. Este bajito país tiene entre sus objetivos el auge de esta ideología. Un país que acepta con sorprendente normalidad tener mujeres en escaparates pero ataca a una industria que es completamente ajena en cualquier aspecto a su historia y cultura da muchísimo que pensar.

Este artículo ha sido totalmente en caliente; estos últimos actos demuestran el totalitarismo de unos miserables que valoran más la vida de un pájaro a la de un ser humano. Se encadenarían a un roble milenario para que no lo talasen antes que atender a miles de personas que pasan por circunstancias delicadas. Como dijo San Juan Pablo II: "Las ideas no se imponen, se proponen". Así que aquí desde mando mi ánimo a la ganadería, a la asociación y todos aquellos que sufren el rechazo de tanto miserable en cualquier ámbito de la vida. El animalismo es muy fuerte y tienen apoyo de muchas instituciones. No podemos ceder ni el más mínimo milímetro.

Saludos a mis lectores.


“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos".



lunes, 13 de abril de 2020

Cobradiezmos, un regalo inolvidable.

El 13 de abril es un gran día. El trece está considerado de mal agüero pero es algo que a mí nunca me ha importado. Y digo esto porque es el día de mi cumpleaños. Al ser en pleno abril es frecuente que suela coincidir con la tradicional feria de Sevilla. Así que hoy no hablaré de Madrid sino de la capital andaluza ya que el 13 de abril de 2016 ocurrió algo maravilloso: el indulto de un toro de Victorino Martín en la Real Maestranza de Caballería a manos de Manuel Escribano.

Hablar de Victorino Martín en Sevilla es hablar de una trayectoria breve y plagada de éxitos. Este hierro madrileño debutó en el dorado albero maestrante en 1996 y desde entonces, estos cárdenos animales han emocionado a los sevillanos por su casta y bravura. Los éxitos del Paleto de Galapagar han sido constantes. Recordaré algunos de ellos:
 El mismo día del debut, dos toreros curtidos en estas lides como son "El Tato" y Pepín Liria, cortaron una oreja cada uno. Un año después "El Tato" se las vio nada más y nada menos con  Veraniego y juntos formaron un dueto absolutamente memorable. Más tarde llegó "El Cid" y puso el cotarro patas arriba con estos toros. Su tarde más importante fue con un bravísimo animal llamado Borgoñés en el año 2007. Aquel día cortó tres orejas y en volandas se lo llevaron por esa puerta que da al Paseo de Colón y al Guadalquivir. ¿Y qué decir de Antonio Ferrera? Pues este balear de nacimiento y extremeño de adopción cuenta en su palmarés con toros como Melonito en 2008 que fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre, Mecanizado y Platino en 2014 y 2017 respectivamente. El murciano Liria además de esa primera oreja toreó a Gallareto el día de Melonito y fue esta faena una lucha sin cuartel. Pepín se ganó por esa y otras tandas tardes, el respeto de Sevilla. Morante de la Puebla también cuenta mucho. En el año 2009 le dio un venazo al cigarrero y pidió enfrentarse a "El Cid" en un mano a mano. De esa tarde se recordará eternamente el soberbio toreo de capote de José Antonio frente a un áspero Albaserrada llegando a sonar la música para el genio de La Puebla. Paco Ureña, Emilio De Justo, Iván Fandiño... son otros toreros que han también triunfaron con estos toros en Sevilla. Manuel Escribano, es otro de ellos y es el espada que hoy ocupa esta sección. Tras vagar mucho tiempo por el circuito de los pueblos y pasar años con escasez de contratos, sustituyó a "El Juli" en 2013 en una corrida de Miura y no desaprovechó esa ocasión. Triunfó y desde entonces en un torero fijo en los carteles con las ganaderías más duras del campo bravo. Entrega total y raza absoluta. No se guarda nada para él. Honrado y deseoso de agradar al público, actitud que ha pagado con mucha sangre pues ha recibido durísimas cornadas como las de Madrid, Belmonte (Cuenca), Alicante o Sotillo de la Adrada (Ávila).

Aquella tarde el cartel fue el siguiente: reses de Victorino Martín para Manuel Escribano, Morenito de Aranda y Paco Ureña. Ureña también triunfó y al que le tocó irse de vacío fue a Morenito.
Tras estos exitosos años quedaba cerrar el círculo. En tercer lugar salió el gran Galapagueño al que Paco Ureña le cortó las dos orejas. Se abrió por cuarta vez el portón de los sustos y salió Cobradiezmos: fino de hechuras, en el tipo de la casa, herrado con el número 37, cárdeno de capa dando en la báscula un peso de 562 kilos.
Ni Manuel ni nadie sabíamos como iba a acabar esa tarde, así que el de Gerena como es habitual en su tauromaquia, se fue a la puerta de toriles para recibir de rodillas al cuarto de la tarde.
Manuel Escribano le pegó la larga cambiada y recetó al cárdeno un ramillete de cinco verónicas rematado con la media y la revolera. El toro empezó a mostrar sus magníficas cualidades. Éstas fueron las siguientes: la constante fijeza en los engaños, reponer para buscar dichos engaños tras cada lance y humillar (como se aprecia en la fotografía) sin cesar arrastrando el hocico por el albero. Y por supuesto algo que debe tener un toro: casta. No es el de Gerena un torero exquisito, aún así y a pesar de la pujanza que mostró el animal se lució esas templadas verónicas. La Maestranza comenzaba a hervir.

Tras un tercio de varas en el que el toro empujó con brío en el peto, el presidente cambió el tercio y nuestro protagonista, decidido se fue al centro del ruedo para clavar las banderillas. Pleno en facultades, brilló Manuel en los tres pares. Generoso el matador, dio distancia al toro para que galopase y mostrase esas virtudes anteriormente explicadas.
El usía cambió de nuevo el tercio y tras montar muleta y espada se dispuso el espada a comenzar la faena. Las oleadas de bravura que derrochaba Cobradiezmos requerían gobierno y mando así que ese fue el motivo por el que Manuel dio unos primeros muletazos por bajo.

Manuel Escribano con "Cobradiezmos", el indultado cuarto toro

El conjunto de la faena resultó ser grandioso. A pesar de torear por ambos pitones, la faena fue cimentada principalmente con la diestra. Aquel cárdeno era un Talgo, una máquina de embestir. La casta de aquel toro fue entendida perfectamente por el diestro sevillano. Esos muletazos fueron de mano muy baja ya que Manuel arrastraba los vuelos de la franela y el "victorino" hacía surcos en el suelo con su hocico. A cada muletazo, el runrún aumentaba. Este encaste no es nada fácil de torear pero considerando a Escribano un diestro consagrado con esta sangre, se hizo con el toro en una faena épica. A medida que avanzaba la batalla, la petición de indulto crecía hasta que llegó el momento en el que el presidente Don José Luque Teruel mostró el pañuelo naranja indicando que la faena había concluido y premiando a ese toro con el don más preciado: la vida.

Ni ganó el torero ni ganó el toro: ganó la Fiesta. Cobradiezmos volvió a la finca. En Las Tiesas de Santa María lleva cuatro años dejando su bravísima simiente. En no mucho tiempo veremos si los descendientes de Cobradiezmos han recibido el legado del padre.

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                                                                       (Foto: Arjona)

Un lustro antes José María Manzanares indultó a otro toro y como siempre ocurre, saltó el debate de si el toro merecía tal premio. Unos decían que era de justicia y otros que no era para tal premio aquel toro de Núñez del Cuvillo. Así que ya que estoy, voy a comentar en unas líneas mi opinión sobre el indulto como premio. En estos últimos tiempos premiar la bravura significa premiar al torero. En cuanto un animal embiste con ritmo y son un par de veces haciendo que el torero esté decoroso, la gente embriagada pide el indulto.
La tónica general y sobre todo en plazas pequeñas es la siguiente: a medida que transcurren los minutos y a cada pase la posibilidad de perdón va cogiendo forma, el torero empieza a mirar a la presidencia con la intención de que el público flamee sus pañuelos acompañado con silbidos para iniciar la petición. Esos toros no han sido apenas picados, así que van y vienen tantas veces les cite el torero. Éste, aprovechando esos cómodos embites se dispone a calentar los tendidos. Cuando llega el epílogo y toca matar al animal, se pone manos a la obra: ahí es cuando empieza a motivar al público toreando a base de muletazos realizados de la manera más heterodoxa véase luquesinas, bernadinas, manoletinas etc hasta que el presidente (en la mayoría de los casos) muestra el pañuelo naranja indicando que el toro ha sido perdonado.

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Cobradiezmos y sus "novias".

Parece que lo importante es premiar con el indulto y cuantos más animales sean, mejor. No es así, la vida es el premio excepcional al animal excepcional por lo que no podemos hacer (que ya está asimilado en los públicos) de tal trofeo algo cotidiano. Ha perdido su esencia. No podemos indultar un animal sólo para ver cómo vuelve a los corrales para ser curado y el torero salga a hombros al finalizar el festejo. El indulto tiene el objetivo de que esas condiciones extraordinarias que muestra un animal en el ruedo sean transmitidas a sus descendientes. Un ejemplo: tras haber compartido muchas opiniones con diferentes aficionados mejicanos, se demuestra el gravísimo error que es perdonar un animal sólo para que el torero esa tarde salga a hombros. Es decir, nos olvidamos del animal y buscamos el triunfo del torero. El desenfrenado ritmo de indultos en Méjico es el motivo del catastrófico estado general de sus ganaderías. De tanto premiar dulzura y nobleza, se han cargado muchas de ellas. Recuperar ese estado (si se quiere) va a ser largo y muy difícil. Gracias a los indultos, la gente se ha olvidado del otro gran premio que puede recibir un animal: la vuelta al ruedo en el arrastre. Mi impresión es que lo ven como algo insignificante e incluso un deshonor dar una vuelta al ruedo. Hay quien alaba a toreros como Enrique Ponce o Finito de Córdoba por la cantidad de reses toros que han indultado y es algo que yo no comparto.
Por último, el indulto puede ser la diferencia entre un triunfo y un petardo. Si hubiese que matar con la espada para cortar la orejas, un reiterado fallo reduce el premio. Como con el indulto esto se anula, el torero siempre lo tendrá garantizado. Recordemos que el rabo es el último gran trofeo que recibe el matador pero con tanto indulto ha pasado dicho premio a un segundo plano. O sea, "no mola", ¿para qué cortar un rabo pudiéndolo "salvar"? Para evitar tanto indulto, yo propondría que tras volver el animal a los corrales, el espada sólo saludase una ovación desde el tercio como premio y no saliese a hombros (a menos que en el otro toro haya cortado las dos orejas).
Como dijo Gregorio Corrochano, "el primer mandamiento de la ley de las corridas de toros es el toro". Victorino Martín padre dijo en otra ocasión: "si cae el toro, cae la Fiesta". No podemos descuidar la materia prima. Es la que da emoción así que si nos olvidamos de ella, nada tendría sentido.
Estoy a favor del indulto siempre y cuando sean al toro que de verdad lo merezca. Cobradiezmos fue un toro muy bravo y Manuel estuvo bravo con él. Fue un indulto merecido. Fue para mí, un "regalo" inolvidable.


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(foto: Carlos Canalo de Miguel)