miércoles, 24 de diciembre de 2025

Feliz Navidad




                                         «Adoración de los magos» de Alberto Durero, h 1504.
                                                                Galería Ufizzi, Florencia



“Hubo una vez en el mundo un pesebre, y en ese pesebre, algo más grande que el mundo”

 C. S. Lewis 




jueves, 4 de diciembre de 2025

Y ahora... ¿qué?

Morante se ha ido. Eso ya lo sabemos todos. El doce de octubre puso final a su trayectoria toreando mañana y tarde: un festival rodeado de leyendas que absolutamente nadie olvidará y una despedida coronada con una puerta grande en loor de multitudes en la monumental de Las Ventas. Pero... ¿Y ahora qué? Morante es irrepetible, genial... Pero el toreo sigue.

Se han ido las tres máximas figuras de estas últimas tres largas décadas: Enrique Ponce, Morante de la Puebla y Julián López "El Juli". Pero aún quedan otras que deben saber que su tiempo ya pasó y por orden de antigüedad son Sebastián Castella, José María Manzanares, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante que tomaron la alternativa en 2000, 2003, 2004 y 2006 respectivamente. A finales de los 90 y en los albores del nuevo milenio se fueron leyendas como Curro Romero, "Espartaco", José Miguel Arroyo "Joselito", Curro Vázquez, "Antoñete", Rafael de Paula, José Tomás o José María Manzanares padre por citar a las más importante. Unos porque el corazón ya no daba para más, otros por sorpresa y sin dar explicaciones, otros porque veían que los nuevos generaban más interés y otros porque veían que era ley natural dejar paso a esa nueva hornada.

Castella forjó su carrera en Madrid. Hasta que lo logró en 2007, rozó la puerta grande en varias ocasiones. Un francés venía para quedarse. Para ser figura. Aquel 2007 fue la consolidación de un matador que desde entonces ha estado en todas las ferias de la geografía taurina y ha triunfado en todas las plazas en las que ha actuado. Por su parte, el hijo de José Mª Manzanares demostró la elegancia y empaque que su tuvo su padre. Entró en el corazón de La Maestranza y ha sido uno de los toreros más esperados de la afición de Sevilla. El indulto a Arrojado y tres puertas del Príncipe es algo de lo que puede presumir el alicantino. En cuanto a Perera, desde sus inicios saboreó el éxito: en su presentación como novillero en Madrid, abrió la puerta grande. A base de triunfos y salidas a hombros, en octubre de 2006 cortó una oreja en Madrid que le dio mucha fuerza. A partir de ahí, entró en los carteles y dos posteriores triunfos en Madrid le consolidaron en lo más alto del escalafón. Talavante debutó en Madrid en la primavera de ese mismo año. En las novilladas de marzo le dieron una oportunidad y la aprovechó. Volvió en San Isidro con David Mora y David Esteve. A pesar de no cortar orejas y con la televisión por testigo, Alejandro deslumbró. De no ser por la espada se hablaría de un triunfo mayor de lo que fue. Se hablaba que un novillero con cuajo, curtido en los pueblos y de aires recios que recordaban a José Tomás. Un toreo firme y vertical enamoró a Madrid. Unas semanas después tomó la alternativa en Cehegín y en 2007, una puerta grande en Madrid en Resurrección y otra en Sevilla catapultaron a Talavante a la cima. Desde entonces los cuatro han copado todos los carteles. Han sido la base de las ferias sin rivalidad ni miedo a perder el sitio. 

A principios de los 2000, a medida que se iban retirando las figuras, éstas dejaban hueco a los que llegaban y los que aún quedaban compartían carteles con esas nuevas que se lo iban ganando. Basta con revisar 6 Toros 6 por ejemplo y ver que desde 2007 nadie les ha tosido. El Juli, Enrique Ponce, Morante, César Rincón (se retiró en 2008) y "El Cid" fueron las otras figuras que junto a estos cuatro matadores eran el reclamo en la taquilla. Pero hace tiempo que esto ha cambiado. Sin apenas competencia, Castella y compañía han campado a sus anchas por todo España con la tranquilidad de ver su trono sin que nadie se lo quite. 

Hasta que en 2015 tomó la alternativa Roca Rey. Un nuevo gallo había en el corral. A base de agotar entradas, constantes triunfos, de cortar orejas todas las tardes y abrir día sí y día también la puerta grande, este peruano se ha ganado ser uno de los toreros más relevantes desde entonces. Llegó la dramática pandemia y de repente, tanto Castella como Talavante decidieron parar. Manzanares contó poco. O nada. Si unos se quedaron en casa, Ponce y Morante fueron los que en 2021 y 2022 se echaron a hombros la temporada y hacer todo lo posible para dar toros y reflotar la situación. Actuaron por toda España. Pero entre tanto, se consolidaron toreros como Juan Ortega, Pablo Aguado, Emilio de Justo, Borja Jiménez o Tomás Rufo que también se ganaron un sitio en esa mesa. 

Las figuras tienen que saber cuando quitarse y cuando dejar sitio. A ellos, los que les precedían, les dieron sitio y les dejaron compartir mesa; cosa que, salvo en momentos muy puntuales, éstos no han hecho con los siguientes. Las figuras llevan el peso de la temporada y mueven la taquilla. Pero hay que buscar siempre ese equilibrio entre llenar la plaza, dar oportunidades a los que llegan y que además se lo merecen y conseguir que al empresario le salgan las cuentas; por lo menos en el circuito de las plazas modestas. No puede ser que tres figuras actúen en un pueblo. ¡No puede ser que Manzanares siga haciendo lo imposible por no abrir cartel! ¡No puede ser que los veteranos se arropen tras un rejoneador para evitar torear en primer lugar! Respecto a los esperpénticos festejos montados para Marco Pérez y Olga Casadoya han sido denunciados en este blog. Están recibiendo mucho mejor trato que otros con más méritos. El gran público, el que solo va cuando torea Roca Rey o Emilio de Justo por ejemplo, no conoce a Mario Navas, ni a Víctor Hernández, ni a Rafael Serna, ni a Javier Zulueta, ni a Fortes, ni a Aarón Palacio, ni a Isaac Fonseca, ni a Clemente ni a otros muchos. Talavante y Perera se lo ganaron en 2006 y les dieron contratos. Se hincharon a torear ¿Dónde está Ángel Téllez? Ángel realizó en Madrid un faenón deslumbrante en mayo de 2022, cortó dos orejas absolutamente indiscutibles y ha desaparecido. No se sabe nada de él. Clemente, Fortes, Víctor, Serna y Fonseca han sido los jóvenes que dieron la cara este San Isidro. Merecían contratos y no han toreado ni en el campo.  Menos Víctor, del que se acordaron en Madrid en Otoño; cortó un orejón de ley antes de sufrir una grave cornada y volvió a demostrar que está pidiendo a gritos más oportunidades; y Fortes, que le llamaron para torear en la feria de su tierra pero de los demás, nada de nada. Tengo entendido que Serna llegó a decir que barruntó la retirada si en San Isidro no salían las cosas. Otro joven que saboreó las mieles de la gloria y ahora está absolutamente desaparecido es Álvaro Alarcón. Debe ser muy duro saber que llegar a San Isidro con un futuro muy complicado, jugarse todo a una carta y salir de Madrid con una puerta grande como hizo este muchacho justo después del terrible COVID para seguir siendo olvidado. Es desolador, frustrante, triste... El egoísmo de unas figuras y sus apoderados hacen que muchos chavales desistan. Ya no es que quieran el pastel. Es que lucharán por la última migaja. Hay que dar festejos al que se lo gane, y si no sirve, que pongan al siguiente. El escalafón no debe ser un cajón donde no entre ni salga nadie, tiene que ser algo que esté en constante circulación. El binomio empresario-apoderado dirige el cotarro y juega a cambiar cromos. Los que van con apoderados independientes lo tienen muy difícil. Las grandes casas gobiernan sin piedad. El que no les baila el agua no torea. Los que triunfan en Madrid se quedan en casa. Cortar una oreja o una vuelta al ruedo en Madrid ya no es un billete que garantice 60 tardes en un año. Las ferias están organizadas y cerradas en febrero. Ya no se ve en las ferias de plazas importantes de 1º y 2º dejar huecos libres por si toreros en ferias más tempranas en el calendario daban un golpe en la mesa. Las figuras no quieren rivalidad. Los que pierden son los toreros modestos, y la afición. Seguiremos viendo momias pegar pases a mansalva. La evolución de Morante estos años ha sido constante, un absoluto lujo haberlo vivido. A Morante se le va a ver con total expectación: nunca sabes cómo te va a sorprender. Pero... ¿y los otros? Siguen igual, una faena de cualquiera de ellos es la misma en 2015 que en 2025. Seguiremos viendo a Castella aburrir a las ovejas. Seguiremos viendo a Manzanares vivir de dos orejas que cortó en junio de 2016. Seguiremos viendo a Talavante y a Perera, que no sé qué más nos tienen que contar. Mismos quites, mismos gestos, mismas formas que hace 12 o 13 años... Cero interés. 

Insisto, hay que saber cuándo quitarse o cuándo compartir cartel. Compartir cartel con los nuevos da lugar a que estos sean conocidos y si triunfan entren en la rueda de las ferias: se les da la oportunidad para que toreen en toda España y el que mantenga el ritmo, fenomenal; el que no lo consiga, que pongan a otro. Así de rápido, así de simple. Pero mientras unas figuras vistas hasta la saciedad y sin nada nuevo que aportar toreen hasta en Villanueva del Botijo siempre arropados entre ellos o con un rejoneador por delante, será imposible. ¿Y ahora qué? Morante se ha ido y hay una nueva hornada que espera la llamada. Hasta hace no mucho, los toreros no duraban más de quince o veinte años en activo. Ahora muchos superan ampliamente esas cifras. Castella y compañía ya no es que estén caducos, es que no aceptan que su tiempo terminó. Pero sin competencia y sin un toro que achuche, veremos momias por los siglos de los siglos. Los que están en lista de espera son muchos. ¡A ver qué hacen el año que viene los empresarios! ¿Seguirán haciendo ferias con carteles de 2013? ¿Se darán cuenta de una vez que ya hay tres figurones que se han ido y que ya toca dar sitio a un puñado de toreros con condiciones para renovar el escalafón como en su día hicieron con ellos? ¿O seguirán compartiendo mesa mientras queden migajillas que rascar?

Es absolutamente indefendible. Ya basta. Es deplorable ver cómo todos esos que se les llena la boca hablando de los valores del toreo y sobre todo de la chirriante, cursi, gastada, trasnochada, trillada, insustancial, trivial, y manida "sensibilidad" no quieren premiar a los que se han arrimado como perros, han dado la cara y triunfado jugándose el tipo en la plaza, sobre todo, en Las Ventas. ¡Es una vergüenza! Matadores caducos sin nada que aportar siguen aburriendo al personal y savia nueva en casa por el egoísmo de los primeros. Matadores con más años que un bosque rapiñando migajas hasta que el plato quede limpio. Para volver a generar interés hay que buscar toreros que lo creen. Que los hay. Y premiar al que se lo gane. Publicitar sus triunfos como se hacía antaño. Y volver al toro. Eso es crucial. Un toro que dé emoción y peligro. Seguiré defendiendo una Fiesta íntegra, variada y emocionante. 



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