Mostrando entradas con la etiqueta Morante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Morante. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de octubre de 2025

...Y la apoteosis como colofón a este 2025.

Con la resaca emocional de los siete toros matutinos y tras una comida con la que repusimos fuerzas para cerrar este 2025 con los últimos seis restantes vespertinos, volvimos a nuestros escaños para despedir a un maestro. Fernando Robleño dijo adiós. Curtido en mil batallas, Fernando se batió el cobre con lo más duro del campo bravo: Victorinos, Palhas, Adolfos, Murteiras, Cuadris, Oleas, Guardiolas... y en Céret, Vic-Fezensac, el Valle del Terror... una lista que asustaría al mismísimo miedo. Se curtió y triunfó con ellas, pues su historial luce triunfos tan rotundos como por ejemplo dos puertas grandes en Madrid con toros de El Conde de la Maza y Victorino Martín en 2002 o la tarde en solitario ante seis toros de la exigente José Escolar en la citada francesa de Céret en 2012. Seguramente habría disfrutado de más triunfos y más salidas a hombros si no fuera por el mal uso del acero, algo que ha sido una tónica en su carrera. Los fallos con la espada, sobre todo en momentos clave, lastraron la carrera de este bravo torero madrileño.

Comenzó el paseíllo y tras los acordes del himno nacional, la plaza tributó una fortísima ovación a los tres espadas: Morante de la Puebla, Fernando Robleño y Sergio Rodríguez salieron a la segunda raya a agradecer el aplauso de la afición venteña.

Para dejar las emociones para el final empezaré con Sergio. Así que invertiré el orden de la terna. El abulense vistió un blanco y oro pues confirmaba alternativa. Vino a Las Ventas con la vitola de ser el triunfador de la Copa Chenel. Partidarios del muchacho vendrían, no lo dudo, pero era un convidado de piedra ante la que se venía encima: torear con Morante después de su excelso 2025 y más aún con los ecos del festejo de la mañana y con Fernando, que se despedía, equivalía a asumir que estaría en un segundo plano. Mostró sus cartas y lo intentó, pero mucho caso no le hicieron. Su lote no fue un dechado de bravura. Cumplió con decoro intentando demostrar por qué se había merecido esa oportunidad. Pero poco pudo lucirse. Las mansotas embestidas de los dos toros que le tocaron en suerte y un público extasiado con la cabeza en otro sitio por todo lo que había pasado, hizo que la actuación de Sergio en Madrid fuera algo prácticamente secundario.


Con un precioso grana y oro, Fernando cumplió su último paseíllo en Madrid: han sido 59 tardes, 12 orejas, 2 puertas grandes y 13 vueltas al ruedo. Lo hizo con una ganadería muy diferente a las anteriormente citadas: Garcigrande. Poco juego dio su primer toro. Soso y noble, permitió a Fernando dejar unas breves pinceladas de su toreo. Y cerró su impecable trayectoria con un toro que fue de los mejores de la tarde. En quinto lugar salió Tropical con el que el de San Fernando de Henares brindó un toreo relajado y clásico. El toro fue bravo y Fernando lo exprimió. No se cansó de embestir. Acostumbrado a la batalla, pudo mostrar su toreo más artístico. Se lució en un manojo de verónicas rubricado con una gran media verónica. También se gustó en un magnífico quite por chicuelinas muy ceñidas y de mano baja. Madrid aplaudió con fuerza. Tras el brindis, en la faena hubo gusto y torería. Los momentos más álgidos vinieron con la mano diestra. Con las zapatillas asentadas y erguida la figura, las series de muletazos que dio a Tropical tuvieron mucho fuste. Robleño sacó su mejor versión y un último triunfo se podía avecinar... pero volvió a pinchar. Cortó una oreja y dio una clamorosa vuelta al ruedo. La emotiva vuelta tuvo como epílogo el corte de coleta. Sus hijos, que estaban en una barrera, saltaron al ruedo para cortar la castañeta a su padre. Maestro en lides, con Madrid como base de sus temporadas, gladiador con los toros más ásperos, conocedor de todos los encastes... así acabó la carrera de un torero honrado. Gracias por tanto, Maestro.



Morante vistió un lila y oro. Si por la mañana homenajeó a Chenel de diferentes formas, esa tarde le volvió a recordar con ese lila que tantas veces lució el maestro Antoñete. Actuó como padrino de Sergio, por lo que el de La Puebla toreó en segundo y cuarto lugar. Ni fu ni fa en su primero. Le cantaron todo, le jalearon todo y dio un mitin con la espada. Su primer Garcigrande fue un toro destartalado y grandote. De imposible comportamiento. José Antonio abrevió y fue silenciado. Salió Tripulante en cuarto lugar con el que el sevillano necesitaba dirimirse. Recibió al toro con un soberbio ramillete de lances de capote y en uno de los compases de la lidia sufrió una voltereta que le dejó muy dolorido. La caída fue pavorosa. Los gestos de dolor eran evidentes y José Antonio aguantó unos minutos en el callejón hasta reponerse. La plaza estalló cuando cogió el capote para volver al ruedo. Se repuso y pegó otro manojo de lances con los que la gente se puso en pie. A pesar de la voltereta, el sevillano se sobrepuso y realizó un trasteo sólido, rotundo y muy torero por el lado diestro, cosa que no pasó con la izquierda. Con extremo ajuste, como ya hiciera con el capote y por eso recibió el fuerte porrazo, se pasó al toro por la barriga en un palmo de terreno y ligó con buen trazo varias series de derechazos. Dicen que no es valiente, pero Morante se ha pasado al toro a unas distancias que hace tiempo que no vemos en otros muchos matadores. Por el contrario, como ya queda dicho unas líneas antes, con la otra mano la faena bajó mucho. Algún que otro enganchón, pases sin enjundia alguna a un animal que por ese lado no rompió a embestir... Sin ningún fundamento lo que ocurrió con la mano zurda, la obra quedó pobre, inacabada. A pesar de ello, surgieron una vez más torerísimos remates como los trincherazos, algún que otro pase de pecho o la graciosa serpentina. Quedaba finalizar, escribir un epílogo que quedase en la memoria. Morante acabó con Tripulante con un excelso volapié. Magistral. El toro rodó sin puntilla y presto el presidente ante la petición de un público totalmente embelesado concedió las dos orejas.


Tras la vuelta al ruedo Morante se dirigió al centro del mismo para cumplimentar tanto al palco como a la afición antes de meterse en el callejón para dejar a Fernando seguir el festejo con el quinto toro. Pero de repente y tras el saludo... Se llevó las manos a la nuca para quitarse la coleta. Las Ventas pasó de la más atronadora ovación a un silencio sepulcral. La plaza enmudeció. - ¡No puede ser!, decían unos. - ¿¡No será verdad!? se lamentaban otros... ¡SE VA! ¡MORANTE DEJA DE TOREAR! Con lágrimas en los ojos, Morante cruzó la arena de regreso al callejón. No solo las suyas, pues más de uno no aguantó la emoción del momento. Tras su excelsa temporada Morante ponía punto final a una trayectoria soberbia. Con altibajos, con momentos que son páginas de oro en la historia del toreo, con faenas absolutamente maravillosas, con tardes de bronca despedido a almohadillazos. Una trayectoria marcada por el cénit de Sevilla cuando cortó el rabo en 2023. Desempolvó suertes del toreo que no eran conocidas ni por muchísimos matadores, cuando ponía banderillas lo hacía con gracia y majeza, sus vestidos marcaban diferencia con los del resto; durante la dramática pandemia toreó cien tardes para sacar adelante la difícil situación, su carrera estuvo marcada por sus enfermedades mentales... Morante ha sido diferente. Por distintos motivos se fue varias veces y volvió otras tantas, pero esta ocasión más explicita no podía ser. En su mejor momento artístico. Además por la puerta grande de la catedral del toreo. ¿Qué más se puede pedir? ¿Qué más puede conseguir? Con corte de coleta y sobre todo sin anunciarlo a nadie. Así, de sopetón. Como deben ser las grandes despedidas. Mucho más torero. Mil veces más emotivo. Sin anunciarlo previamente para rascar contratos como muchas veces se ve. Por edad como trayectoria muchos sabíamos que era cuestión de tiempo. Pero no así de repentina. Se fueron Enrique y Julián, y Morante ha sido el siguiente en dejar hueco a los que vienen detrás. La afición lloró y más de un empresario se tendrá que devanar la cabeza pensando cómo ocupar su hueco a la hora de confeccionar las ferias el año que viene. El vacío es inmenso. Así son los genios: únicos, diferentes. 





El toreo obsequió a Fernando cerrar el círculo. Morante le dio la alternativa una veraniega tarde de hace 25 años en Torrejón de Ardoz y Morante le acompañó en su despedida. Y no sólo eso, pues se fue con él. El ahijado fue llevado a hombros por sus partidarios por el patio de caballos y el padrino por la puerta grande. Fue una puerta grande apoteósica. Pero dura y exigente. Le vapulearon y zarandearon. La muchachada se abalanzó sobre él para arrancarle el traje. Primero saltaron al ruedo cuando aún Sergio estaba esperando a que las mulas se llevaran al sexto toro. Les daba igual. Se acercaban al callejón cuando aún los mozos de espadas recogían capotes y muletas. Cuando los banderilleros se despedían unos de otros. Les daba igual que Sergio no se despidiera del presidente o tuviera que abrirse camino entre una imberbe muchachada. Los más fervientes seguidores en otras épocas del toreo arrancaban las moritas que adornan las hombreras del vestido. O, si acaso, los machos. Ahora no, ahora hay que descuartizar el vestido: arrancar los alamares, las hombreras; hay que hacer lo que sea por un recuerdo de seda y oro. Esplá en 2009, Talavante en 2013, Perera en 2014... y ahora, Morante. Puertas grandes recordadas por el salvajismo de muchos indeseables. Añado que no creo que haya algo más bello que una puerta grande nocturna. Los destellos de los fotógrafos iluminaban la comitiva hasta que llegaba a la furgoneta. Ahora un mar de móviles iluminando con el "flash" rodea al torero quitando el embrujo de una triunfal salida cuando ya ha anochecido. Y para poner la guinda a una noche tan antológica, algún impresentable majadero del Ministerio del Interior ordenó desplegar a la UIP para impedir que Morante fuera llevado a hombros al Wellington por Manuel Becerra como intentó suceder el pasado san Isidro. Cuando a lo sumo en una corrida de toros hay un par de coches de la Policía como cualquier evento público, esa noche se contaron (cosa antes jamás vista) hasta cinco o seis furgones tras acabar el festejo precedidos por una muralla de antidisturbios dispuestos a zurrar sin piedad al que primero pisare el asfalto. Como si fuéramos delincuentes. Asqueroso, repugnante. Nos pudimos resarcir y fuimos a Velázquez. No queríamos irnos sin darle un último adiós, un último agradecimiento a un torero único, genial y absolutamente irrepetible. Con un carril cortado por la Policía, un grupo de aficionados, con la melancolía de tan triste noticia nos reunimos en los aledaños del hotel Wellington para sacar a José Antonio al balcón de su habitación y dedicarle una despedida más: el salió, y tras besar la bandera nacional, con un gesto emocionado movió el brazo para decir adiós por última vez. Gracias por tanto; lo bueno y lo malo. Gracias José Antonio. 




No solo Morante y Robleño se despidieron del toreo. Alguien más dijo adiós. En silencio y sin celebraciones, se fue Florencio Fernández Castillo, que si ese nombre no le suena, seguro que si digo "Florito", sí. Con sus aciertos y fallos, ha sido pilar clave en los corrales de Madrid desde que entró, de la mano de Chopera, en 1986. En la trastienda de la plaza, se le veía tímido, prudente, sin darse coba y siempre rodeado de su equipo las mañanas de apartado. Toda una vida como máximo responsable de lo bueyes de Madrid. Pericia, paciencia, conocimiento... Un deleite verle manejar los bueyes. De no ser por él, muchas tardes de varios sobreros habrían sido más largas. Los bueyes hablaban por él. A ellos les daba protagonismo. Siempre alejado de los focos. Siempre discreto, en segunda fila. Nunca alardeó, nunca quiso destacar. Se va un personaje clave en la historia de Madrid de las últimas cuatro décadas. Una vida entera entregada al toro bravo. Deja su cargo como responsable de los corrales de Madrid aunque seguirá ligado el toro bravo. Su hijo toma el relevo. No creo que el pupilo pueda tener mejor maestro. El listón está altísimo.



PD: para no perderte ningún artículo, este blog está disponible tanto en el canal de Telegram (https://t.me/berrendoencardeno) como en WhatsApp (https://whatsapp.com/channel/0029Vb23DCjBA1f1UMe9D43S)





martes, 14 de octubre de 2025

Una jornada de ensueño: tres lecciones magistrales...

 Trece toros, cuatro salidas a hombros, faenas de cante grande, tres viejas glorias reverdecieron laureles, dos despedidas y una sorpresa que ha dejado helada a toda la afición. Así se podría resumir fugazmente una jornada absolutamente apasionante. Lo que vivimos el 12 de octubre de 2025 en la plaza de Las Ventas fue indescriptible. 

Por la mañana se celebró un festival para sufragar los gastos de una estatua que se levantó en honor de Antoñete que el día antes fue inaugurada en la explanada de la plaza. Hermoso de Mendoza, Curro Vázquez, Carlos Escolar "Frascuelo", César Rincón, Enrique Ponce y Olga Casado fueron los que acompañaron a Morante de la Puebla como alma máter de este festival. 

Los festivales siempre fueron la oportunidad de ver a las figuras retiradas, donde éstas actuaban para deleite de la afición y sobre todo para dejarse ver por aquellos, que por edad, no tuvieron la fortuna de verles cuando estaban en plenitud. Desde hace un tiempo los festivales los ocupan las figuras del momento y salvo alguna ínfima excepción, ya no se ven a los grandes maestros de años pasados.

Inauguró esta maratoniana jornada torera el caballero estellés. Quiso pero no pudo. Un novillo soso y de poca fuerza de Niño de la Capea condicionó la faena. Pablo intentó sacar agua de un pozo seco. El momento álgido de la faena fueron las "hermosinas", que él mismo inventó y consiste en que el caballo va haciendo quiebros al toro mientras éste le persigue a la grupa. Por el mal uso del rejón, saludó una ovación.


Los tres siguientes capítulos fueron una enseñanza de torería, de raza, de valor, de conocimientos... Cada uno de los siguientes maestros sacaron a relucir aquello que les hizo destacar en sus épocas de máximo esplendor. Empezaremos con Curro Vázquez, que a sus 74 años nos hizo viajar en el tiempo. Volvimos a los 80. El rubio torero de Linares, como era conocido este jiennense, nos hizo emocionar. Rugió Madrid. Curro huele a torero. Sus andares, sus gestos, su manera de ir y salir de la cara del animal... ¡Qué tomen nota los aspirantes a matador! Con el capote pegó una excelsa verónica que caldeó el ambiente y cerró con la media (abajo en la foto) que puso Madrid en pie. La faena de muleta fue compendio de pureza, empaque y clasicismo. Para el recuerdo quedarán los ayudados a media altura y los pases de trinchera. Entró a matar como si fuera un novillero en un certamen. Fue una soberbia y bellísima demostración de cómo cortar dos orejas en Madrid sin necesidad de infinidad de pases insustanciales: un puñado de muletazos rezumando magisterio más un monumental espadazo, fueron la receta para emocionar a 24.000 personas. No se dejó nada en el tintero. Curro de Madrid paseó, feliz y pletórico, las dos orejas.


El siguiente maestro en explicar la lección fue Frascuelo. Vino en sustitución de Julio Aparicio. A sus 77 años, Frascuelo puede gozar del privilegio de ser el torero más veterano que ha pisado la arena madrileña. Le tocó un novillo áspero y difícil, que en algún que otro apuro le hizo pasar, aún así vino este matador con la gallardía y ardor de un principiante. A base de raza y amor propio, pudo pegar al exigente novillos muletazos con su personal concepto del toreo. Un maestro es alguien ducho en un arte; experto y experimentado. Demostró su sapiencia torera y a pesar de las complicaciones, Carlos bregó con mucha torería las bruscotas embestidas del novillo salmantino y dio una clamorosa vuelta al ruedo. 


Yo creo que a sus 60 años César Rincón vino con la misma, o incluso más ilusión que cuando empezó su ascensión a la cumbre del toreo cuando cumplió su primer contrato en San Isidro del 91. Así toreó con el capote. Con sesenta años volvió a demostrar por qué los aficionados más mayores le recuerdan con pasión. ¡Qué belleza es ver galopar un animal bravo! ¡Qué emoción da ver a un torero citar a un animal a cuarenta metros y torearlo con ese ajuste y esa entrega! Sinceramente no sé que es más significativo de contar: ver cómo Rincón fue César del toreo una vez más y rindiera a sus pies su plaza de Las Ventas o ver a toda esa muchachada imberbe de 3º de la E.S.O. en las gradas de sol absolutamente ojiplática intentando asimilar lo que había ocurrido en el ruedo en esa primera mitad del festejo... Unos alucinaban con la excelsa torería de Curro; otros, intrigados en por qué el incombustible maestro Frascuelo recibía ese inmenso cariño por parte de los aficionados más veteranos y, otros con cómo Rincón templaba las embestidas de un animal que venía galopando a 40 metros de distancia. Fue un total deleite. Tres lecciones de maestros que vivieron una época en la que ninguno se parecía a otro. Ni querían. Cada uno tenía sus armas y su personalidad. Y la abundancia de encastes y ganaderías reforzaba que cada torero fuera diferente al resto. Ahora todos usan los mismos quites, hacen los mismos gestos, empiezan y cierran las faenas de la misma manera... Y les da igual. ¡Que tomen nota! Pero todos son admiradores de Morante... 

La plaza era un clamor. Ni de lejos los olés más rotundos que habré podido oír a lo largo de estos años se parecen a los que escuché en este festival en los tres primeros toros. Las Ventas retumbó. Se tiró con todo para acabar la obra y César vio su labor premiada con dos orejas. 



Y... ¿Qué decir de Enrique Ponce? Consumado maestro, el levantino cortó una oreja a un novillo noble y de buen juego. Preciso en alturas, terrenos y distancias, Enrique exprimió al animal en los terrenos del tendido 6 y desplegó su tauromaquia una vez más en el ruedo de Madrid desde que se despidiera de esta plaza en octubre de 2024. Parecía que estaba en el salón de su casa, o en un tentadero. Suavidad y vuelos de las telas. Una faena exquisita. Un pinchazo previo a la estocada quizá castigó a Ponce sin el segundo trofeo. 


Mientras todos los actuantes se enfrentaron a novillos de Garcigrande, Morante, que siempre busca el sello de la distinción, quiso ir más allá y rizó el rizo homenajeando a Antoñete con un novillo de aquella ganadería con la que Antonio hizo historia en aquel San Isidro de 1966: Osborne. La llamada "faena del toro blanco" unió para siempre a Chenel y Atrevido. Y para más inri, quiso que fuera también un toro blanco para recordar aquel momento de hace ya 59 años. Y salió en 6º lugar Presumido, un precioso novillo ensabanado, alunarado, capirote y botinero que dio poco juego. Morante se abrió de capa y Madrid clamó. El novillo duró lo que duró pero fue más que suficiente para ver torear a José Antonio. Fue un trasteo de chispazos de muchísima calidad. Rubricó la faena con una estocada y el sevillano cortó una oreja. 

Cerró la mañana Olga Casado. Ni en sus mejores sueños pensó que compartiría paseíllo junto a leyendas de la talla de Frascuelo, Rincón y Curro. No sé si tomó nota o no de lo que presenció. Ella es la alumna y recibir en el mismo aula las lecciones, ya no solo de ellos si no también de Enrique y José Antonio, es un regalo que jamás olvidará. La inexperiencia de alguien que empieza se nota, pero con el rodaje de una temporada en la que ha podido torear un buen puñado de corridas, cumplió la papeleta; toreó con gusto a un buen novillo de Garcigrande y cortó las dos orejas.



Muchos se fueron porque el reloj marcaba la hora de comer, y los que nos quedamos seguíamos extasiados y pensando en cómo Curro, Carlos y César nos habían hecho disfrutar. Había que despedir a estos torerazos, había que agradecer a Morante implicarse en un festival histórico. Olga pudo disfrutar de su primer triunfo en Madrid.


Curro, César y Olga salieron por la puerta grande. Acabó una mañana de ensueño, pero aún quedaba la apoteosis...




PD: para no perderte ningún artículo, este blog está disponible tanto en el canal de Telegram (https://t.me/berrendoencardeno) como en WhatsApp (https://whatsapp.com/channel/0029Vb23DCjBA1f1UMe9D43S)





jueves, 20 de octubre de 2022

Cinco lustros absolutamente irrepetibles.

"Una licencia poética nos haría decir que el torero nació de la tierra porque la Puebla del Río es marismeña, y la misma es un territorio agreste donde vive el toro bravo, y antes, el uro. Luego, el arroz desplazó al toro a las dehesas serranas de la provincia, aunque como testimonio permanecen algunas vacadas: las de Peralta, la de los Moreno Santamaría, la de Escobar y, algo más lejos, en Villamanrique, los toros de Curro Campos. Además, Sevilla y su provincia es tierra de toreros: muy cerca de la Puebla, en Gelves, nació Joselito el Gallo; Camino, Romero, Julio Vito y tantos otros, en Camas; en Tomares, Bombita; en Gines Cortés y Cepeda; Jaime Ostos en Écija; Espartaco en Espartinas y en la capital una lista que se tornaría interminable: Belmonte, Cagancho, los Gitanillos, Chicuelo, Pepe Luis, Manolo González, Pepín, Diego Puerta..."   Álvaro Acevedo

Se cumplen cinco lustros de la alternativa de un torero absolutamente genial: José Antonio Morante Camacho. "Morante de la Puebla" en los carteles.

Nació nuestro protagonista el 2 de octubre de 1979 a orillas del río Guadalquivir en un pueblo a las afueras de Sevilla: La Puebla del Río. Con su primo Juan Carlos y sus amigos jugaba al fútbol, al escondite, al toro y a otros tantos juegos que cayeron en el olvido por culpa de tanta maquinita y otras modernas tecnologías. La niñez de Morante se limitaba a la calle Cervantes donde vivía y a las calles adyacentes. Durante su infancia, Morante solo tenía un sueño: ser torero. Por fin llegó el día en el que pudo ponerse delante de una becerrita. En la Vuelta del Cojo tentaba Manolo Vázquez, así que Rafael Morante se llevó al niño a lo de Pérez de la Concha y con apenas seis años consiguió dar un par de lances a la vaca. Sufrió un revolcón pero José Antonio estaba feliz, algo grande había ocurrido. A partir de ahí empezó a pulular por los tentaderos de los que se enteraba y recorría esa comarca marismeña buscando becerras que torear. Y por fin, con diez años, toreó en público en su pueblo en una fiesta que organizaron su padre y unos amigos. Un par de años más tarde, José Luis Peralta fue enseñando a José Antonio los misterios del toreo. Acabó encontrando a su primer mentor: Bizcocho. Era un taurino que se dedicaba a ayudar a los torerillos de La Puebla y localidades cercanas en sus primeras etapas así que ayudó a que nuestro protagonista lanzase su prometedora carrera. No fue Bizcocho un apoderado como tal ya que no hacía las funciones propias pero se las arregló y consiguió, un poco más tarde, que Leonardo, padre de Emilio Muñoz apoderase al joven sevillano.

Durante los primeros años de la década de los 90, José Antonio se curtió hasta su debut en el 94. Leonardo esperó y cuando vio que era el momento oportuno cerró en 1995 su presentación ante la cátedra venteña. No fue un debut estelar pero la afición madrileña vio que Morante era diferente. Que interpretaba el buen toreo. Siguió forjándose por las plazas españolas y en 1996 debutó en la Maestranza dejando una buena impresión y en Arnedo (La Rioja) ganó el prestigioso Zapato de Oro. En octubre de ese año, en el festival homenaje a José María Plaza cortó dos orejas y salió a hombros por la Puerta de Alcalá.

Al año siguiente se barruntaba la idea de que tomase la alternativa en en Sevilla pero vaivenes y desencuentros entre su nuevo apoderado, Miguel Flores y los empresarios maestrantes hicieron que Morante se doctorase allende Despeñaperros. Tuvo tiempo de torear esa primavera unas cuantas novilladas y a finales de junio, en tierras de El Cid, por fin se convirtió en doctor en tauromaquia acompañado de César Rincón y Fernando Cepeda. El mismo día de su presentación como matador en La Maestranza, cortó dos orejas a un toro de Victoriano del Río. Siguió toreando a lo largo y ancho de España y dos años después consiguió descerrajar la Puerta del Príncipe en abril de 1999. Aquel día toreó con "Litri" y "El Cordobés". Cortó tres orejas a un lote de Guadalest y cruzó ese umbral que da al Guadalquivir. Su temporada estaba más que lanzada pero en el mes de septiembre llegó un percance fortísimo: en la localidad madrileña de San Martín de Valdeiglesias un toro le partió varias vértebras. Tras cuatro meses en una cama se repuso y dejó durante las siguientes temporadas faenas absolutamente imborrables por toda la geografía taurina: Málaga, Bilbao, Nîmes, Madrid con un toro de Astolfi, Lima, Méjico D.F., Vistalegre, Leganés, Olivenza con los toros de Victorino, Alicante, Morón de la Frontera, Sevilla con toros de La Dehesilla, o las de San Sebastián a toros de El ToreroValdefresno, o Martín Arranz; las encerronas de El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera ... 


Pero por la cabeza de Morante rondaban mil cuestiones. Y también una enfermedad psíquica. Tras fallar estrepitosamente el Domingo de Resurrección de 2004 en la capital de España, Morante cortó su temporada y fue a tratarse a Estados Unidos. Reapareció una temporada después para seguir haciendo el toreo más bello: EspartinasJerez de la FronteraValencia, Málaga, San Sebastián, Salamanca, Granada, Huelva, Sanlúcar de Barrameda, Almería, Palencia, Valladolid, Barcelona, Bayona, Santander... 

A finales de 2006 surgió un bombazo que nadie se esperaba: José Antonio sería apoderado por el irrepetible diestro jerezano Rafael de Paula. En junio de 2007 volvió a retirarse no sin antes dejar obras como las de Jerez de la Frontera, las dos orejas en Sevilla, la Beneficencia en Madrid y en Granada por el Corpus con los toros de Gavira. Como regalo a los morantistas, volvió el día de Reyes de 2008 en la capital azteca, y toreando con "El Pana" demostró que estaba en plena forma. Entre sus hitos fue una oreja que cortó bajo el diluvio a un toro de Victoriano del Río en San Isidro y dos buenas faenas en Bilbao y San Sebastián, y entre sus fracasos mencionaré el petardo que pegó en solitario en Zaragoza. En 2009 mató Victorinos en Sevilla con "El Cid" y cuajó a Señorito, de Juan Pedro Domecq; en Madrid dejó una tarde para la historia: el toreo con el capote a otro toro de Juan Pedro Domecq. Absolutamente inolvidable. 

Entre 2010 y 2013 volvió a brillar con el capote en Madrid y salió a hombros en la exigente Bilbao tras un trasteo memorable a un toro de Núñez del Cuvillo. Cortó tres rabos: en Nîmes, Córdoba y en Cantalejo (Segovia). La media de Sevilla, la faena a un sobrero de Javier Molina también en Sevilla, la tarde de Valencia, Barcelona, Carabanchel, la encerrona en Ronda, mató Victorinos en Dax... por mencionar algunos recuerdos que dejó Morante aquellos años. Firmó pinceladas de enorme torería y también dio tardes ya olvidadas.  


Estos últimos años ha seguido demostrando que es un torero absolutamente genial: Illescas, Brihuega, las tardes en Salamanca con los toros de Galache, varias faenas de dos orejas en Sevilla (cada cual mejor que la anterior): a Dudosito de Cuvillo el 15 de abril de 2016, el 1 de octubre de 2021 y el 7 de mayo de 2022. Cortó un rabo en Linares (Jaén). Este pasado mes de septiembre también en Sevilla y ante los toros de García Jiménez hizo, una vez más, una obra inmensa marrada con la espada; en Pamplona por san Fermín bordó el toreo en el aniversario del centenario de dicha plaza, realizó dos faenones en Madrid ante toros de Alcurrucén y las verónicas a un toro de El Puerto de San Lorenzo el pasado 12 de octubre también en Madrid pusieron la plaza en pie.

Y tras el fallido intento de 2020, ha querido el sevillano cumplir la mítica cifra de cien festejos toreados (a falta de un festejo en Arenas de San Pedro).  Lejos quedan aquellos años locos de los noventa en los que Ponce, Jesulín o El Juli toreaban sin parar de febrero a octubre solo en Europa. Su predilección por el gran Joselito, hizo que en 2020, centenario de su muerte, quisiera José Antonio recordarle de diferentes pero por la pandemia, los planes se frustraron. Este 2022 ha cerrado su temporada con esa cifra tan redonda. 

Morante posee un concepto absolutamente innato. Ha ido imbuyéndose de todos aquellos que le han enseñado: Peralta en sus inicios, banderilleros con los que entrenaba de joven, de Rafael de Paula en su época de apoderamiento... Y por supuesto los vídeos. Grabaciones de todo tipo, imágenes antiguas... han ayudado a Morante a forjar una manera inigualable de lo que es torear.  

Capote: Si hay que hablar del toreo de capote, Morante está, sin lugar a dudas entre los grandes. Belmonte, Gaona, Curro Puya, Silverio Pérez, Pepe Luis Vázquez, Rafael de Paula, Fernando Domínguez, Fernando Cepeda... Morante tiene un hueco más que ganado en lo que el toreo de capa se refiere. Su repertorio es inmenso: las medias, los recortes, los galleos, las largas, las chicuelinas, los delantales... Y por supuesto las verónicas. El toreo fundamental de capa tiene en José Antonio uno de sus mejores exponentes. En alguna que otra ocasión, se ha ido de rodillas a la puerta de toriles. En su afán por investigar lances y suertes absolutamente olvidadas, estos últimos años ha recuperado suertes como la tijerilla, el recorte de Reverte y el galleo de El Bú. Y de su invención son dos quites: la morantina y la cigarrera, en honor a su pueblo y cuyo gentilicio es el nombre con el que ha bautizado esta suerte.


Banderillas: Morante tiene el aroma de los clásicos banderilleros. No es un torero al uso deportivo y explosivo. Lo suyo es la torería. Cita en corto, se deja ver y poco a poco arranca la carrera cuarteando hacia el animal. Clava en la cara y sale de la suerte con toda la gallardía posible. Un ejemplo, la goyesca de Jerez en 2003 con las antiguas banderillas de bullón, la Beneficencia de Madrid en 2007 o Valladolid en 2021.

Muleta: Si el repertorio de capote es inmenso, con la muleta no se queda atrás. Sus inicios de faena son una delicia. Si el toro exige suavidad y temple, Morante inicia por unos ayudados por alto y remata con el kirikikí. Si el toro tiene poder y fuerza, Morante se dobla con él por bajo. Si el animal tiene clase y recorrido, Morante improvisa una fantasía enorme de lances como por ejemplo el pase de la firma, hace un molinete, o pega un pase cambiado como en Madrid en la reciente feria de Otoño. O recuerda a Pepe Luis y su famoso Cartucho de pescado. Los naturales tienen la gracia del toreo sevillano. Tanto a pies juntos como cerrados, ya sea con la ayuda o no de la espada, Morante obra el mejor toreo. Los cierres también son sorprendentes: remates, cambios de mano, giraldillas, serpentinas, trincherazos, trincherillas, abaniqueos... Y cuando llega el toro exigente, Morante se faja con él y le puede. Ya sea en una faena de poder o espantar las moscas a un toro manso, brilla la torería en sus faenas. 


Espada: Morante procura ejecutar la suerte con pureza y pulcritud. Se perfila y va detrás de la espada. No pega saltos ni hace ademanes raros. No es un estoqueador contundente, y muchas veces, la espada le ha dado disgustos ya fueran tras faenas absolutamente insulsas o de cante grande. Pero cuando mata, mata de verdad.

El toro: Ha abierto estas últimas tres temporadas, tras muchos años encasillado prácticamente en los mismos hierros (cosa que es muy de agradecer), los encastes a lidiar. Por ejemplo, ha lidiado toros de ganaderías legendarias como la de Miura en Linares y La Maestranza, los "patasblancas" de Galache en Salamanca y Ciudad Rodrigo, los "santa colomas" de La Quinta en varias plazas del norte y de Francia, Atanasios en Madrid, los de Samuel Flores en Albacete, la frustrada encerrona en El Puerto con los jaboneros toros de Prieto de la Cal, Torrestrella etc. Por sus manos han pasado "ibanes", "veraguas", "albaserradas", "núñez", "domecq"...

Los vestidos: Su mejor imagen. Ojalá poner fotos de todos ellos. Ha lucido todos los colores tanto en oro, plata como en azabache. Sus bordados son únicos. Busca y consigue marcar diferencias con el resto. No suele usar pañoleta, sino un pañuelo. Y remata su imagen con coletas de pelo natural. Si tuviese que elegir un par de vestidos me quedaría con el sangre y oro de Madrid en 2007, un blanco y azabache usado un año antes en Jerez o Alicante, un verde y oro en Sevilla en Resurrección en 2010 o más recientemente un tabaco e hilo blanco. 


"Morante es el crisol donde se funden los mejores toreros del pasado. Cuando se dobla con un toro parece Joselito El Gallo. Cuando hace los recortes se parece a "Chicuelo" y su toreo a pies juntos también. Carga la suerte como Pepe Luis Vázquez. De Juan Belmonte recuerdan sus medias verónicas, en echar la pata "p´lante" y hundir el mentón en el pecho. En Morante se funde todo lo bueno, y además con una enorme torería. Es un compendio del toreo sevillano". Domingo Delgado

Veinticinco años dan para muchísimo y he intentado hacer un breve resumen. Estadísticamente, quedarían así sus datos más significativos:
Debuta como novillero el 16 de abril de 1994 en Guillena (Sevilla).
Alternativa: Burgos, 29 de junio de 1997. Toreó con César Rincón y Fernando Cepeda.
Confirmación en Madrid: 14 de mayo de 1998. Toreó con Julio Aparicio y "El Cordobés" un encierro de Sepúlveda.

Tardes como único espada: 
- 15 de agosto de 2002 en El Puerto de Santa María. Toros de Santiago Domecq, Torrestrella, Marqués de Domecq, Jandilla y El Torreón. Cortó una oreja.
- 12 de octubre de 2003 en Jerez de la Frontera. Toros de El Pilar, Gavira, Núñez del Cuvillo, Santiago Domecq, Carmen Lorenzo y El Torero. Cortó tres orejas y un rabo. 
- 11 de abril de 2004 en Madrid. Toros de Astolfi, Domingo Hernández, Alcurrucén, Hermanos Lozano, Martín Arranz y Núñez del Cuvillo. 
- 6 de junio de 2007 en Madrid. Toros de Gavira, Román Sorando, Ana María Bohórquez, Rosario Osborne y Núñez del Cuvillo. Herido en el quinto y oreja en el sexto. 
- 12 de octubre de 2008 en Zaragoza. Toros de Daniel Ruiz, La Campana, Fuente Ymbro, El Pilar, Zalduendo y Núñez del Cuvillo.
- 7 de septiembre de 2013 en Ronda. Toros de Juan Pedro Domecq y Parladé. Cortó tres orejas.
- 3 de diciembre de 2015 en Quito (Ecuador). Toros de Huagrahuasi y Triana (sin muerte).
- 30 de junio de 2016 en Lisboa. Toros de Zalduendo (corrida a la portuguesa). 
- 7 de agosto de 2021 en El Puerto de Santa María. Toros de Prieto de la Cal.

Nunca ha sido José Antonio un torero de cifras y récords. Sin contar este 2022, la temporada que más toreó fue el año 2000. Trenzó 78 paseíllos, estoqueó 155 toros, cortó 44 orejas y 1 rabo. Las plazas que más ha pisado han sido La Maestranza y Las Ventas, en ambas ha toreado en torno a la media centena de tardes

En mayo de 2018 cumplió su festejo número mil. Los compañeros con los que más ha toreado han sido El Juli, José María Manzanares y Enrique Ponce. Y entre sus ganaderías predilectas están, por reses lidiadas Núñez del Cuvillo, Juan Pedro Domecq y Zalduendo. Ha doctorado a veinte matadores y ha sufrido trece percances de diferente consideración entre los que destacan por su gravedad el ya citado de San Martín de Valdeiglesias de 1999 y la cornada en Huesca en 2013. 

Torero único y genial. Siempre sorprende y siempre da que hablar. Ya fuera por aquel "Tour del arte" en 2013, o por coger la manguera y explicarle a un arenero dónde y cuánto hay que regar, darse un "respiro" por no estar de acuerdo con las decisiones que toman los equipos veterinarios de las plazas de toros o cómo esta temporada se trasladaba a la plaza en un carruaje para asombro de viandantes como ya hicieran los toreros hasta principios del XX o por su compromiso en estos últimos años tan difíciles para la tauromaquia. Por todo eso, y tantas cosas más, a José Antonio hay que seguirle. No es un torero de registros y de enorme regularidad como otras figuras. A estos genios estas cosas poco les importan. Aún queda Morante para rato. Ojalá siga abriendo encastes, ojalá siga desempolvando viejas suertes del toreo y haciendo de los vestidos de torear auténticas obras maestras. Morante da disgustos y alegrías a partes iguales, pero nunca deja indiferente a nadie. Morante es diferente. Un torero absolutamente irrepetible. 





miércoles, 12 de octubre de 2022

Un toro de bandera y la clase de Uceda Leal.

El sábado 1 de octubre se anunciaron en mano a mano dos novilleros que esta primavera han logrado cruzar ese arco mudéjar que es la Puerta de Madrid: Víctor Hernández (blanco y oro) y Álvaro Alarcón (verde y oro).  Una vez  más, y ya he perdido la cuenta, trajo desde San José del Valle Ricardo Gallardo una novillada. La factoría Fuente Ymbro es como la SEAT. Produce toros en cantidades industriales. Si no me fallan las cuentas, a falta de la corrida del próximo domingo 9, desde Los Romerales han salido con destino la plaza de Madrid en torno al medio centenar de animales. Salvo el primer cornúpeta que tuvo clase y nobleza, lo demás fue un rosario de animales sosainas. El sexto debió ser devuelto. 
Si hay algo que destacar en esta novillada, fue el certero uso de las espadas. Se agradece. Salvo Álvaro en los dos últimos que falló, en los cuatro restantes se vieron buenos espadazos.

Víctor saludó una ovación en el primero. Toreó con mucha profundidad a un novillo noblote pero al que le faltó fuerza. Ante el tercero saludó otra ovación y cortó una oreja al cuarto de la tarde. Sus mejores pasajes fueron sus series con la mano izquierda y la estocada fue sensacional. En su primero hubo una tímida petición de oreja y en este, con una clara mayoría, el madrileño consiguió el primer trofeo de la feria. 


Alarcón sufrió en el segundo de la tarde una cornada de quince centímetros pero aguantó en el ruedo hasta dar muerte al animal. Pasó a la enfermería y volvió a la arena para enfrentarse a los dos últimos novillos. Herido, mellado de facultades y unido a un lote que apenas dio opciones, poco pudo hacer el toledano.  

El sobresaliente fue Adrián Henche (marino y oro). Destacó la brega de Víctor García ‘El Víctor’ en el cuarto y Gómez Escorial en el quinto. Y con banderillas saludaron Marcos Prieto en el cuarto y Andrés Revuelta en el quinto.


El domingo 2 actuaron Adrián de Torres, Román y Ángel Sánchez. Curioso detalle pues los tres vinieron de blanco pero en las tres variedades que ofrecen los sastres taurinos: en oro Adrián, de plata Román y en azabache Ángel Sánchez. El encierro de Adolfo trajo un segundo toro muy bien presentado y un sexto que fue una alimaña. Áspero y exigente animal que mandó al de Colmenar a la enfermería.  Los demás pecaron de falta de casta. 

Adrián de Torres a pesar de haber cumplido una década como matador de toros, no había venido a Madrid en todos estos años, así pues en este dominical festejo confirmó su doctorado. Y pasó sin suerte. Se ganó su actuación en esta feria otoñal por sus buenas actuaciones en los festejos veraniegos pero la suerte no le acompañó en el ruedo madrileño. Aguantó las sosas embestidas del primero pero lo hacía atropelladamente, como si tuviera prisa. En el cuarto se llevó una bronca. Tuvo altibajos el trasteo. Llegó a pegar algunos naturales muy sentidos que alegraron a la concurrencia. Por hacer una faena pasada de tiempo, el Adolfo se complicó y puso las cosas muy difíciles para la suerte suprema. El de Jaén se atascó con la espada y a punto estuvo de sonar el tercer aviso. Temiéndose lo peor, tiró de descabello para aligerar y pegó un sainete. "¡Se mata con la espada!", se escuchaba y con razón por los tendidos. Debut para olvidar del de Jaén en la Villa y Corte. 

Román se lució en el saludo de capa. Con el mentón hundido y jugando los brazos con majeza, consiguió enjarretar al cárdeno un animal un manojo de buenas verónicas. Tuvo cierta emoción emoción el animal. En una faena que no de terminó de redondear el valenciano, llegó a dejar instantes de mucho mérito. El quinto fue muy protestado y la gente pidió su devolución pero don Víctor Oliver no quiso sacar el pañuelo verde dejando a Román sin la opción de poder tener un toro en condiciones.

Cerró terna Ángel Sánchez. Su primer toro fue a menos y acabó aplomado. Durante el tercio de varas, se picó en quites con Adrián. Éste toreó por gaoneras y el madrileño se ajustó al toro con unas ceñidísimas chicuelinas. El duro sexto le mandó a la enfermería y Adrián despachó al animal con un eficaz golpe de descabello.


Iván García brilló por su brega al primero y por sus pares de banderillas al cuarto. Curro Javier banderilleó estupendamente al tercero y lidió con mucha eficacia al sexto. 


El jueves 8 se lidió la segunda novillada del ciclo. Desde una provincia con tan poca tradición en lo que a la crianza del toro bravo se refiere como es la de León, se corrieron los santacolomeños animales de Valdellán para el francés Yon Lamothe, el madrileño Diego García y el murciano Jorge Martínez. La corrida se remendó con dos novillos de la ganadería de López Gibaja (quinto y sexto).

Tarde insípida y larga, ya que en el sexto toro, salieron hasta dos sobreros. Francés y madrileño estuvieron apáticos. Toreaban sin alma, como para pasar el trámite. El triunfador fue el levantino. Jorge dio una vuelta al ruedo en el tercero. Fue el de Murcia uno de los novilleros triunfadores de mayo y se le esperaba con ilusión. Volvió a dejar un gran sabor de boca. Quiere hacer las cosas bien y torea con gusto y personalidad. Lo más lucido de su trasteo fueron los finales para cerrar la faena de muleta. Como queda dicho antes, hasta tres toros salieron por toriles para cerrar la novillada, cada uno más inválido que el anterior así que el murciano no tuvo ninguna opción.


Yon Lamothe vistió de verde oliva y oro (se presentó en Las Ventas), Diego García de blanco y oro y  Jorge Martínez de nazareno y oro. Entre las cuadrillas destacó Víctor Pérez banderilleando al primero.


El viernes 7 se derrumbaron los Pilares. No los de la plaza sino los toros salmantinos de Don Moisés Fraile. Inválidos y flojos. El quinto tuvo una presentación indigna para Madrid. Cuando no hay mucho que contar, no merece la pena alargarse sin sentido. Después de lidiar dos corridas exigentes, duras y que hicieron sudar en 2019 y el pasado mayo en esta plaza a los toreros modestos que se enfrentaron a ellas, este día 7 con tres figuras de postín la corrida fue una auténtica catástrofe. Unos breves apuntes es lo que se puede desgranar de esta tarde. 

Las esperanzas se perdían a medida que avanzaba la tarde. Diego Urdiales (verde y oro) atesora un toreo exquisito pero no terminó de verlo claro. En el primero dejó destellos con capa y muleta y cerró la faena con una buena estocada. Y poco pudo hacer el de Arnedo con el cuarto. Un grandón toro que se paró mediada la faena de muleta ante la desesperación de Urdiales. 


Por su parte, Juan Ortega (botella y oro) se lució en un precioso saludo al segundo de la tarde. Con esas verónicas me quedaré. Al quinto, le pegó un ramillete de ayudados que fueron inmensos: por bajo, a media altura y por alto. Cerró con un molinete y un pase de la firma. El resto de la faena fue un toreo templado a aquel "pilar". Los derechazos fueron siempre a media altura, pues exigir al toro supondría que se viniese abajo. La tanda fue pausada, siempre dando sitio y dejando al animal a su aire. Dio el sevillano una clamorosa vuelta al ruedo. 


Cerró la tarde otro sevillano: Pablo Aguado (lirio y oro). Sus pasajes con el capote fueron emocionantes. No terminó de redondear las series pero dejó muletazos de toreo caro. Fue ovacionado en el tercero y silenciado en el sexto.


Al romper el paseíllo se recordó al matador de toros Luis Alfonso Garcés fallecido horas antes. 


El sábado 8 se anunció un cartel de campanillas: dos veteranos como Uceda Leal y Morante de la Puebla flanquearon en el paseíllo al gran triunfador de San Isidro: Ángel Téllez. Si el día anterior lidió Moisés, hoy tocaba otro encierro de la familia Fraile: Lorenzo; hermano de Moisés y propietario de una vacada que se anuncia con el nombre de El Puerto de San Lorenzo. En cuarto lugar salió un sobrero de José Vázquez. Variopintos y de diversa condición, destacó el gran tercero, de nombre Langosto. 

La corrida tenía que haber concluido en el tercero. Los tres restantes fueron sosos y anodinos. De teja y oro llegó Uceda Leal. Estuvo sensacional en el primero. Clasicismo y torería madrileña. El de Canillejas lo bordó con capote, ya que replicó por chicuelinas un rotundo toreo a la verónica de Morante, y con la muleta porque toreó a placer a aquel toro, y antes, de salida, meció con suavidad la capa dirigiendo las embestidas de aquella res. José Ignacio dio una rotunda vuelta al ruedo. Hubo cierta petición pero no hubo oreja. Si José María Manzanares sigue con el síndrome Peter Pan y no quiere asumir que ya no es un muchacho recién doctorado, sino un matador con diecinueve años de alternativa y sigue sin abrir carteles aunque sea a base de meter rejoneadores o dar alternativas, aquí tiene a un pedazo de torero para que le abra cartel tarde sí y tarde también. Además mata, y muy bien.  


En una feria que giró en torno al recuerdo del gran Antonio Bienvenida, Morante quiso homenajearle de diferentes maneras. Una de ellas fue el vestido. Un verde manzana y oro, color que últimamente apenas se usa. Y otra fue el pase cambiado. Salvando esos detalles y las monumentales verónicas al primero de la tarde, José Antonio fue silenciado. En los últimos coletazos de la temporada, Morante va a cumplir los cien festejos. Si no me equivoco, le quedan dos festejos para redondear tal apabullante cifra. 


Ángel Téllez vistió de burdeos y oro. En tercer lugar salió el ya gran Langosto y vendió cara su vida. Tenía nobleza y fijeza, pero también tenía casta y poder. Un toro de bandera. Ángel lo hizo todo mal. ¿No hubo nadie aconsejando al muchacho? Se ve que no. Cuando el toro requería muletazos de uno en uno, Ángel quería series continuas de muletazos. Cuando el toro requería Téllez mando y dominio, Ángel toreaba como si ya el animal estuviera programado para embestir... En fin, un cúmulo de despropósitos. Fue ganas e ilusión pero también fue juventud e inexperiencia. A su favor diré que tiene apenas tres años de alternativa, así que con más motivo necesitaba tener a alguien que le diera el oportuno consejo. Y no llevó mala cuadrilla así que con más razón para que este toledano diese un nuevo golpe en la mesa para afianzar su posición en el escalafón. 


Entre las cuadrillas destacaron Rafael Vioti lidiando y un buen par de Juan Navazo, ambos al tercero.
 

Cerramos el domingo 9 la Feria de Otoño 2022 con los animales de Ricardo Gallardo. Los toros de Fuente Ymbro dieron opciones en la muleta. La corrida fue remendada con un toro de El Puerto de San Lorenzo, que salió en sexto lugar.

Miguel Ángel Perera vistió de marfil y oro. Fue exigido y se le protestó la colocación toda la faena. Saludó una ovación tras una faena en la que abundaron los enganchones. Tras varias tandas simplonas despachó al animal con una estocada desprendida. Su segundo toro estuvo inválido ya que mostraba cojera en la mano derecha y aún así el presidente no lo devolvió a pesar de la insistente petición por parte de la parroquia venteña. 

Los toros que se lidiaron en segundo y quinto lugar le tocaron en suerte al galo Juan Leal que vistió de verde y oro. ¿No hubo nadie en el callejón que le dijera a Juan que sus toros tenían más opciones de las que él pensaba? Mostrar valor y pasarse a un toro a milímetros de los muslos a mí me admira, pero no me llena, no me levanta del asiento. Ahogó a ambos animales y él mismo lo echó a perder. Horrorosa tarde del francés. 

Un precioso lirio y oro lució Álvaro Lorenzo. Insípida tarde del toledano. Toreo moderno y periférico fue el que desarrolló este joven manchego. Metiendo pico y tirando líneas, no terminó de aprovechar ni la boyantía del tercero ni la nobleza del sexto.

Entre las cuadrillas destacaron Curro Javier bregando al primero, un buen par de Javier Ambel también en este toro. Otro excelente par de Andrés Revuelta al tercero, el gran puyazo de Vicente González al quinto. En el sexto se lució la cuadrilla al completo de Lorenzo: Andrés Revuelta con el capote y Fernando Sánchez e Iván García con banderillas.



(Fotos: Andrew Moore y Ana Escribano)



lunes, 26 de septiembre de 2022

Un faenón de Fernando Robleño, las ganas de Luis Gerpe y el capote de Gómez del Pilar.

 El domingo 4  en Las Ventas se celebró la novillada concurso de ganaderías. El orden fue el siguiente: Los Bayones, Alejandro Vázquez, Montealto, Toros de Brazuelas, Quintas y Pablo Mayoral para Rubén Fernández, Alejandro Adame y Fernando Plaza. 

Tarde aburrida y descafeinada. Ni los novillos dieron el juego esperado, ni los novilleros se tomaron en serio la concurso. Abrió plaza un novillo de Los Bayones. Ni toro ni torero. Rúben llegaba a Madrid con tres costillas rotas de su anterior actuación en Francia. Le tocó en primer lugar un novillo absolutamente inválido del que se pidió con insistencia el sobrero, cosa que el presidente hizo caso omiso. Inseguro y desconfiado anduvo el muchacho. Dos avisos recibió en el cuarto. De nuevo pechó con otro animal vulgarote y dio el de Arganda del Rey un sainete con el descabello. Desafortunada presentación de Rubén. 

El segundo de la tarde fue un escurrido animal de Alejandro Vázquez. Se ve que Alejandro está placeado. El tener dos hermanos mayores toreros ayuda mucho. Mostró oficio pero sin alma ni alegría. Una faena que fue a menos y la rubricada con una espada que cayó baja. Aún así se dio el mejicano una vuelta al ruedo sin que nadie la pidiera. En quinto lugar salió un toro berrendo de Quintas, encaste Martínez. Bonito de lámina y correcto de presencia. El toro se paró en la faena de muleta así que Alejandro abrevió. También el descabello le hizo pasar un mal trago y llegó a ser pitado. Excesivo el trato que reciben los Adame en Madrid. Exigidos con dureza sin sentido. 


Cerró cartel Fernando Plaza. Lo mejor de la faena a su primero toro fue un buen inicio en la faena de muleta. Rodilla en tierra, le recetó varios doblones por bajo. Tuvo nobleza y humillación el novillo, condiciones que no terminaron de ser aprovechadas por el madrileño. En sexto lugar salió un precioso novillo de Pablo Mayoral. Fue devuelto y salió un novillo de Rekagorri. Otra soporífera faena para cerrar una soporífera tarde fue la que hizo Fernando a este toro. 

Los chicos vistieron de verde y oro, malva y oro y lila y oro. Aburrida, larga y tediosa tarde. Ni los chicos hicieron todo lo posible por lucir a los animales, ni éstos tuvieron la casta para aguantar un festejo concurso. Ni hace falta decir que los premios habituales en estos festejos, es decir, mejor toro, mejor picador y mejor brega, quedaron desiertos. 


El lunes 5 me fui a El Álamo. Cartel más que interesante: estaban anunciados Morante de la Puebla, Curro Díaz y Gómez del Pilar. Se lidiaron tres toros de Castillejo de Huebra (1º, 2º y 6º) y tres de Carlos Núñez; dos encastes diferentes: Murube y Núñez respectivamente. Morante sigue su periplo de torear cien tardes esta temporada. El último matador en torear la centena de tardes o superarla, fue El Fandi en 2008. El granadino acabó aquel año con 111 actuaciones. Muy lejos quedan aquellos años locos de festejos por doquier y matadores haciendo dobletes de tarde y noche. Según el portal Mundotoro, con la actuación en este pueblo madrileño, José Antonio lleva 71 festejos. Sin casta ni bravura no hay emoción. Al igual que en Las Ventas, el ganado fue desrazado. De Morante siempre se esperan cositas y ese lunes desplegó su tauromaquia: un inicio por largas y unas garbosas chicuelinas en su primero y otro inicio basado en recortes con medio capote al cuarto de la tarde. Saludó una ovación en su primero y fue injustamente pitado en el cuarto. Ante un toro que no dio ninguna opción, Morante, con lógica, optó por abreviar y parece que no gustó. Cuando un toro no vale, se abrevia en vez de estar aburriendo al personal y alargando faenas sin sentido. Morante pasó sin pena ni gloria por esta localidad. El siguiente matador era un torero de Linares que tiene muchísima personalidad: Curro Díaz. Cuando torea desmayado, con la muleta plana y ligando las series de muletazos, es una delicia, pero cuando hace lo mismo pero haciéndolo descoyuntado y poniendo la pata atrás, es completamente antiestético. A mi juicio es un torero que tiene ligazón y consigue bien hilvanar las series de muletazos pero con esos modos tan feos, la faena queda deconstruida cual receta de chef moderno. Mató bien y cortó una oreja. El quinto pegaba gañafones y enganchó la muleta de Curro en cada pase. Curro estuvo mal y fue silenciado. El que triunfó fue el diestro madrileño. Mientras los dos andaluces salían a pie al finalizar el festejo, Noé cortó dos orejas al tercero. Otro toro mansito de comportamiento y Noé procuró hacerlo todo a favor del animal. Su labor tuvo premio. Cerró la tarde con un animal brusco de embestida y que tampoco quería saber mucho de la muleta de Noé. Intentó sacar alguna tanda pero como el de Castillejo de Huebra se cerró en banda Noé, al igual que Morante, se fue a por la espada para concluir la faena. Cerró el trasteo con una buena estocada y salió en volandas por la puerta grande. 

Los toreros vistieron de lirio y azabache, verde y oro y gris perla y oro con remates negros respectivamente. En banderillas destacaron Juan José Trujillo en el cuarto, Candelas en el tercero y Ángel Otero en el sexto. Con la capa se lució Candelas en el sexto. 


El domingo 11 lidiaron dos ganadería que son sinónimo de emoción y que ambas tienen un importante historial en Madrid: Palha (1º y 3º), de Portugal y Saltillo (2º y 4º), de Andalucía. Y de Andalucía vinieron los toreros: De Cádiz Octavio Chacón; de Sevilla Pepe Moral y de Jaén el joven José Carlos Venegas.

Los que no fueron se ahorraron un petardo. Tarde decepcionante. Y larga. Un sobrero de Pereda (5º) permitió a Moral hacer un toreo moderno y circular pero que apenas tuvo eco en los tendidos y otro de Torrealta (6º) que salió simplón y que le tocó a Venegas. Antes en el tercero, el de Jaén dio una intrascendente vuelta tras una gran estocada. Lo más decente fue el interesante juego en la muleta del toro de Pereda y la pelea en el caballo de los toros de Saltillo. El veterano Chacón pechó en primer lugar con un toro que se vino arriba en la faena de muleta y que previamente empujó con fuerza en el segundo puyazo.  El cuarto fue un toro que debió ser devuelto pero, aún con toda la gente pidiéndolo, el Usía hizo caso omiso y la faena quedó en nada.

Los toreros vistieron de celeste y oro con remates negros Octavio Chacón, de canela y oro Pepe Moral y de fucsia y oro Venegas. Juan Melgar picó con tino al sexto. 


El desafío del domingo 18 estuvo compuesto por las siguientes ganaderías castellanas: la salmantina Hoyo de la Gitana (1°, 2° y 3°) y la abulense José Escolar (4°, 5° y 6°). Para mi gusto un cartel muy interesante: el veterano Fernando Robleño (oliva y oro) y dos toreros jóvenes: Miguel Tendero (azul pastel y oro) y Luis Gerpe (marino y oro) que se confirmó la alternativa. Salvo el cuarto, lo demás fue un rosario de toros descastados y sin emoción. 

Por dejar lo mejor para el final, diré que el garbanzo negro le tocó a Miguel. El de Albacete pechó con un lote que fue totalmente nulo. No tuvo Miguel ninguna sola opción. 

En segundo lugar hablaré de Luis Gerpe. Un torero nacido en Madrid y que estos años ha contado con muy pocas oportunidades. Ha estado cruzando el océano estas temporadas cuando aquí escaseaban los contratos. Poco a poco consiguió hacerse un hueco en las ferias de los pueblos y a base de sudor y mucho esfuerzo, ha entrado (y triunfado, que no es poco) en el circuito de las plazas portátiles viéndose las caras con toracos de imponente tamaño: los pueblos de Madrid, Ávila, Toledo, Segovia, Cuenca, Guadalajara... han sido testigos del crecimiento de este torero. No sólo ha aprendido y mejorado su técnica con el paso del tiempo si no que además tiene gusto y sabe manejar los trastos de torear. Tuvo una oportunidad de oro y no la desaprovechó. Sus toros fueron devueltos y por ello, hasta en cinco ocasiones demostró su toreo con el capote. Dejó destellos de buen toreo y pegó varias verónicas preciosas. En su primero toreó con primor al natural y rubricó la obra con un espadazo soberbio. Hubo cierta petición de oreja pero como no fue mayoritaria, Luis dio una vuelta al ruedo. El sexto, un toro de Couto de Fornilhos al que incomprensiblemente el presidente devolvió sin motivo alguno. Un toro cuajado y muy serio. Mostró fijeza y recorrido en su comportamiento... Un toro con el que Luis seguramente habría hecho algo importante. Salió un flojo toro de Montealto y Gerpe hizo un esfuerzo más. Madrid lo reconoció y dio otra vuelta al ruedo.

Y cerraré con la actuación de Robleño. Sin espada no hay paraíso. Fernando tendrá pesadillas esa noche. De no ser por el acero, habría abierto la puerta grande. Sería la tercera de su carrera. Su primer toro blandeó al principio y durante la faena de muleta puso mil y una complicaciones. Fernando fue todo paciencia y valor. Mató mal y dio una vuelta al ruedo. La obra cumbre llegó en el cuarto: Camionero de nombre y del hierro de José Escolar. Madrid rugió. Fernando tiene el poso y la madurez de los toreros veteranos. Aplicó lo que siempre pido en estos artículos: brevedad. La faena fue perfecta. Tuvo un prólogo, un desarrollo pero faltó el epílogo. Un manojo de doblones por bajo, un puñado de muletazos hondos y profundos con cada mano y tras un vistoso cierre faltaba matar.  Los olés roncos y secos resonaron en todo el edificio. Madrid estaba en pie. Y estaba expectante. Pero falló. Hundió la espada tras dos pinchazos y toda posibilidad de salir a hombros se desvaneció. ¡Torero! ¡Torero! Madrid aclamó a Fernando y éste, agradecido, dio dos clamorosas vueltas al ruedo. Inolvidable. Camionero fue grande e imponente. Tuvo nobleza y fijeza en las telas.

Tres vueltas de Fernando y dos de Luis. Situación poco habitual y menos en Madrid. En una noche de derbi madrileño y la Selección arrasando en la final de baloncesto, todos aquellos aficionados que eligieron ver un partido de baloncesto o de balompié, se perdieron una de las faenas más toreras y apasionantes de esta temporada. Hay que ir a la plaza. Por aquello de "que no te lo cuenten". 

Los picadores estuvieron mal y entre las cuadrillas destacaron Fernando Sánchez, Iván García y José Pedro da Silva. 



El domingo 25 se cerró el verano en Madrid con una corrida concurso de ganaderías. Este fue el orden de lidia: Juan Luis Fraile, Fermín Bohórquez, Pallarés, José Escolar, La Palmosilla y Sobral para Javier Castaño, Rubén Pinar y Gómez del Pilar (respectivamente caldero y oro, celeste y oro y sangre y oro respectivamente). Sin duda por su trapío y presentación, los dos toros más imponentes fueron el de Escolar y el de Sobral. Y por comportamiento el toro ganador del concurso fue el de La Palmosilla. 

Lo más destacado lo hizo Gómez el Pilar. El madrileño lo bordó con el toro de Pallarés. Con el capote estuvo sensacional. Su toreo a la verónica puso Madrid en pie. El desastre llegó en el tercio de varas. Recibió un criminal puyazo en un costillar que lo lesionó. Madrid montó en cólera con el desafortunado picador. Con la poca fuerza que le quedaba al animal, y aún con la boca cerrada, embistió con mucha clase a la muleta de Noé. Cerró la tarde con un precioso toro del hierro luso de Sobral. Deslucido el animal y el torero sin verlo claro, nada pasó en este último capítulo. Aún así Noé vuelve a dar un toque de atención y demuestra que es un torero a tener en cuenta.

Javier Castaño pechó en primer lugar con un áspero animal que siempre iba con la cabeza por las nubes. Sin casta y midiendo las embestidas, Javier pasó un calvario con aquel Fraile. Y de nuevo pasó el salmantino las de Caín en el cuarto. Un toro dificilísimo y peligroso hizo que el salmantino sudase la gota gorda. Sin pena ni gloria pasó Castaño por Madrid.

El albaceteño mató al segundo de una gran estocada. El toro de Fermín tuvo nobleza pero le faltó fuerza. Lo más vistoso de aquel trasteo fueron algunos naturales sueltos. En quinto lugar anduvo con el gran toro de La Palmosilla. Un toro de lío y para hacer algo importante pero Rubén se perdió en un toreo moderno y circular y en vez de aprovechar la calidad de aquel animal pegó pases por doquier que nadie se acordaba cuando acabó el festejo. El animal fue ovacionado fuertemente en el arrastre. 

En cuanto a las cuadrillas destacaron en banderillas Juan Sierra en el 2º y Ángel Otero y Pedro José Cebadera en el 3º.


Los toros para la inminente feria de Otoño estarán expuestos al público en los corrales de la Venta de El Batán, en la casa de Campo de Madrid. Desde mañana martes 27, los toros de Fuente Ymbro y Adolfo Martín desde las 10 hasta las 19 horas. Entrada gratuita. 


martes, 7 de junio de 2022

San Isidro (parte IV): tres héroes, Fuente Ymbro, Rafaelillo y un toro de Victorino.

La última semana de feria arrancó el lunes 30 con una corrida de Samuel Flores. El ganadero de Albacete llevaba varios años sin lidiar en la Villa y Corte. Torearon Fernando Robleño (botella y oro), Morenito de Aranda (gris plomo y azabache) y Damián Castaño (grana y oro). Damián confirmó alternativa. La samuelada fue sosa y anodinada. Y fea de presentación. Solo pude ver los tres primeros. Salió un sobrero de José Cruz en tercer lugar y Morenito dejó destellos de su personalidad. Fernando y Damián se estrellaron con los mulos que les tocaron en suerte. Robleño consiguió matar al cuarto tras una estocada sumamente habilidosa.

El martes 31 llegó el peligro y la emoción. Desde la finca Monte Valdetiétar, situada en las tierras abulenses de Lanzahíta, Pepe Escolar trajo (a falta de cinco festejos) la corrida mejor presentada de toda la feria. Y en cuanto a comportamiento recordaron a esas alimañas de antaño habituales en la sangre Albaserrada. Tres guerreros estaban dispuestos a enfrentarse a ellos: Octavio Chacón (botella y azabache), Alberto Lamelas (verde y oro) y Gómez del Pilar (gris perla y oro con cabos negros). La corrida fue dura, exigente, correosa... Y si añadimos el plus del viento que sopló, hizo sino aumentar la importancia de la labor de los espadas. Octavio y Alberto, consumados maestros en estas lides, supieron dominar lo que salió por toriles. Les pesó a ambos el mal uso de los aceros. Cerraba el cartel un madrileño que en 2019 dio que hablar y durante el verano después del confinamiento dejó tardes muy importantes en las plazas en las que actuó. Noé estuvo inmenso. Valor y torería a raudales. Fue entrega total. La faena al tercero es para verla una y otra vez: torería, raza, valor, acabó sufriendo una voltereta... A base de paciencia y capacidad, fue sometiendo a aquel cárdeno y éste acabó dominado por la muleta de Noé. A pesar que la faena fue una total batalla, llegaron los momentos más macizos al final de ésta: el ramillete de naturales que pegó este muchacho hizo rugir Madrid. Cortó una de las orejas más importantes de lo que llevamos de feria. Sabiendo de la situación en la que este torero se encuentra y los pocos contratos que tiene firmados, tenía que apostar, no quedaba otra. Si en el tercero se fue a recibir al toro de rodillas, en el sexto lo volvió a repetir. Pero las apuestas a veces salen mal... El toro le pegó una cornada grave de veinte centímetros en el glúteo y tuvo que ponerse en manos del equipo médico. Noé vino a por todas. De no haber ocurrido nada, la cosa estaba muy propicia para un triunfo de cante grande. Ese toro lo despachó Octavio. Merece oportunidades y más sitio. Y por supuesto volver a Madrid a refrendar lo que ocurrió este día. Recuerden este nombre: Noé Gómez del Pilar. 

Si ya he mencionado varias veces que Fernando Sánchez lleva una feria absolutamente estelar, hubo este día otro banderillero que posiblemente haya estado aún más superior. Después de un tiempo desaparecido, volvió a hacer (para alegría de muchos aficionados) el paseíllo. Los que conocemos a Ángel Otero sabemos que es un torero de plata extraordinario. Sus pares de banderillas pusieron a Madrid en pie.

Tardes como esta son las que hacen afición. Nadia mascaba pipas, nadie miraba el móvil, nadie se aburría. Fue larga la tarde, casi dos horas y media. A mí me pareció hora y veinte. El terror era constante. La tensión de ver a estos tres valientes dejarse la piel con estos diablos hizo que todo el mundo estuviese pendiente del ruedo. Me da pena que haya la posibilidad de descartar festejos cuando se saca uno el abono. La novillada de Fuente Ymbro, ésta de Escolar... hay que venir. Para que no te lo cuenten. Luego la gente se queja de que se lo perdió. 

El miércoles 1 tuvo lugar la Corrida de Beneficencia presidida por Felipe VI y se agotó el papel para ver este cartel: toros de Alcurrucén para Morante de la Puebla (grana y oro), Julián López "El Juli" (berenjena y oro) que sustituía a Emilio de Justo, y Ginés Marín (pizarra y oro). La plaza estuvo más sosegada que la Beneficencia de 2019. Salvo algún "vivaaespaña" aislado, fue una tarde muy tranquila en lo que a plastas se refiere. Fue encierro pobre de presentación, muy justo para una plaza como Madrid y el juego que dieron fue dispar. Se salvaron segundo y cuarto.

Sin duda los mejores pasajes corrieron a cargo del sevillano. Morante, en el cuarto consiguió hilvanar un puñado de muletazos llenos de torería. Los naturales fueron excepcionales y los derechazos no se quedaron atrás. Con la suerte cargada y el mentón hundido en el pecho, Morante toreó a placer a este toro. Se tiró decidido y cortó un trofeo. Faltó rotundidad para cortar las dos orejas. En su primero, ante un mansazo de solemnidad, poco pudo hacer. El Juli cerró su última comparecencia en Madrid. Perdió la oreja del segundo por su pésima actuación con la espada. Tiró Julián de oficio y técnica para sacar al toro hasta lo que no tenía. En el quinto, otro toro mansurrón y soso, poco pudo el madrileño. Ginés no lo vio claro ante el rajado tercero y se peleó con el sexto en los terrenos de toriles. Otro manso que no quería saber nada y embestía a arreones. Ante semejante toro, Ginés quiso, pero el toro no daba para mucho. Pegó un par de naturales muy profundos y como el animal tardó en caer tras la estocada, se enfrió una posible petición de oreja. 

El jueves 2 se lidiaron toros de Fuente Ymbro. Juan Leal (rosa y oro), Joaquín Galdós (blanco y plata) y Rafael González (marino y oro). Gran corrida de Ricardo Gallardo. En presentación y en juego. Tarde fresca y ventosa. Después de un tiempo esperándolo, por fin Rafael González tomó la ansiada alternativa. Desde Gonzalo Caballero en 2015, no se doctoraba un novillero en la cátedra madrileña. Vi solvente a este chico. Se ve que se ha rodado y eso se agradece cuando se viene a Madrid siendo tan joven. El aire complicó muchos las cosas y al final de la faena se vivieron unos momentos lamentables. Cerró el madrileño el trasteo con unas bernadinas, y en golpe de viento se quedó descubierto sufriendo una cornada muy fuerte. Siguió Rafael en el ruedo en unas condiciones absolutamente incompatibles con el ejercicio del toreo. La gente se enfadó de verdad, no podía ni caminar y aún así insistía en matar al animal. Juan Leal, como director de lidia y con muy buen criterio, no le dejó continuar y acabó despachando al animal con una buena estocada. Hay que tener valor y pundonor, pero hay que saber cuándo seguir y cuándo parar. No es agradable ver a un torero sin poder quedarse ni en pie queriendo mantenerse en el ruedo. Así que el resto de la corrida se quedó en mano a mano. Juan es un torero que asusta al propio miedo. Tardes como la de hace un par de veranos en Bilbao con la de Miura lo demuestran. Cortó una oreja al segundo de la tarde tras un soberbio espadazo. Tuvo pasajes de arrimón de verdad y de toreo. Las espaldinas o los circulares metido entre los pitones se mezclaban con momentos como las impávidas gaoneras al primero o los caros naturales al segundo. Cerró cartel Joaquín Galdós. El peruano dejó escapar la oportunidad. No se le vio atinado con el buen lote que le tocó. En otras manos, se hubieran cortado varias orejas. Encierro más que interesante el de Ricardo Gallardo. Se piden oportunidades pero luego pegan sainetes gordos... Juan y Joaquín: ¡Hay que espabilar!

El viernes 3 se agotó de nuevo el papel: toros de El Puerto de San Lorenzo para José María Manzanares (rioja y oro), Alejandro Marcos (rosa y plata) y Tomás Rufo (corinto y oro). Una colección de inválidos desfiló por el ruedo de Las Ventas. Preocupante situación del palco por la negativa a devolver toros no aptos para ser lidiados. Si la feria de 2019 fue más que interesante con toros embistiendo todos los días y de todas la ganaderías, este año el resultado ganadero ha sido un fiasco. Tras una faena vulgar y llena y de enganchones en el cuarto, Josemari tuvo el cuajo de salir a saludar. El salmantino confirmó alternativa. Pegó un verdadero sainete con la espada. Cerró terna el toledano. Estuvo a punto e mascarse la tragedia. Tras un quite en el primero de su lote, el toro le pegó un fuerte revolcón y y de un pitonazo le arrancó la pañoleta. De ir el pitón en otra dirección... Tras ese susto, cortó una oreja al sexto tras una faena simplona y no hubo petición mayoritaria para la segunda. La gente le quería sacar a hombros. Ni de lejos era una faena para tal premio. Fernando Sánchez volvió a estar sublime en banderillas. 

El sábado 4 torearon Rafaelillo (sangre de toro y oro), Manuel Escribano (verde y oro) y Alejandro Talavante (verde y oro) estoquearon un encierro de Adolfo Martín. En general estuvo bien presentada y variada de comportamiento.
Rafaelillo estuvo valiente, dispuesto. No se dejó nada en el tintero. Cortó una oreja al primero de tarde tras una faena de mucha intensidad. La estocada fue muy buena y por ello el público premió al murciano. En el cuarto saludó una ovación. Un toro que vendió muy cara su vida y Rafael estuvo a la altura. Escribano no me dijo nada. Torero que se entrega y lo da todo, pero no ilusiona, no emociona. Insulso en el segundo y sin ideas en el quinto. Un torero de su talla y con la experiencia que él tiene en estas lides... No supo solventar los problemas que este animal planteó. Pudo hacer mucho más el de Gerena. Lo mejor de Talavante fue... su vestido. Precioso. Cargado en oro. Un verde botella. Si tuviese que elegir un vestido esta feria... Seguramente fuera ese. Pero... ¿y qué hizo? Nada. Pasearse. Tanto bombo y platillo con sus reaparición en San Isidro después de estos años sin torear... Petardo gordo del extremeño. Con la espada estuvo como La Chata. Se fue abroncado. Si la pitada con la que Madrid le despidió, se escuchó hasta en Los Arrifes... Me doy por satisfecho. Y volvimos a la andadas con la discoteca montada en las terrazas. Pase lo que pase en el ruedo, a las nueve de la noche empieza la jarana. En torno a las nueve y cuarto, Talavante vio como el sexto era devuelto y tuvo que salir un sobrero. Los que durante ese breve descanso salieron a refrescarse, a comprar una bebida etc, se mezclaron en pasillos y escaleras con la muchachada que entraba en la plaza dispuesta a beber ingentes cantidades de alcohol. Del barullo que se formó, hubo mucha gente que se perdió este sexto toro porque los porteros y vigilantes de seguridad no sabían quien iba a la jarana y a pesar de tener la entrada, no dejaban pasar para volver al asiento. 

El domingo 5 se celebró la tradicional corrida de la Asociación de la Prensa de Madrid y como tantas otras tardes a lo largo de las ediciones de este festejo, se lidió un encierro de Victorino Martín. Torearon Antonio Ferrera (blanco y oro), Sergio Serrano (cereza y oro) y Román (verde y oro). El encierro vino muy bien presentado y los toros dieron un juego dispar y variado. Ferrera pudo batirse el cobre con el cuarto, pero quiso hacer un toreo de banderazos y de medios muletazos. Feria mediocre del extremeño.
El de Albacete apostó en sus dos toros. Se fue a portagayola. El segundo, Garañuelo de nombre, fue un toro de clase excepcional y mucha humillación. Uno de los toros importantes del serial. Los mejores momentos de la tarde fueron los que se vivieron con la mano izquierda. Un toro para cortar dos orejas pero con el que Sergio no estuvo a la altura. 
Román volvía a Madrid tras la cornada recibida en el gemelo el sábado 28. No pudo con su lote. Raza y ganas del valenciano pero sin técnica alguna para enfrentarse a este encaste. Fue silenciado en sus dos toros. 


El trajín de un largo mes de toros ha terminado, pero la temporada continúa:
-Domingo 12 de junio.
Álvaro Burdiel, Daniel Barbero y Manuel Diosleguarde con novillos de Montealto.
-Domingo 19 de junio.
José Fernando Molina, que se presentará en Madrid, Antonio Grande y Arturo Gilio, con novillos de Los Chospes.
-Domingo 26 de junio. 
Víctor Hernández, Diego García e Isaac Fonseca con novillos de Fuente Ymbro. 

(Todos a las siete de la tarde)

Gilio vuelve a pisar el ruedo de Madrid tras no haber podido torear por la cornada recibida en su primer toro el lunes 9; Burdiel, Grande y Diosleguarde tendrán una nueva oportunidad de convencer al público madrileño; Fuente Ymbro vuelve tras dos tardes más que interesantes, Víctor vuelve tras su puerta grande en marzo, Isaac se despide de Madrid tras abrir la puerta grande de Sevilla hace unos días... Carteles más que apetecibles.

Este es mi cuadro de lo mejor de San Isidro 2022:
Triunfador: Ángel Téllez
Faena: Ángel Téllez
Estocada: Leo Valadez/Rafaelillo
Mejor brega: José Chacón
Mejor par: Ángel Otero
Novillero: Álvaro Alarcón
Mejor toro: Bastardero de El Pilar, lidiado en primer lugar el martes 10.
Mejor puyazo: desierto.
Encierro más completo: desierto.

Y este es del jurado oficial de la feria:
Triunfador de la Feria: Ángel Téllez
Mejor faena: Morante de la Puebla
Mejor novillero: Álvaro Alarcón
Mejor rejoneador: Guillermo Hermoso de Mendoza
Torero revelación: Ángel Téllez
Mejor estocada: Rafaelillo
Mejor picador: Óscar Bernal
Mejor brega: José Chacón
Mejor banderillero: Fernando Sánchez
Mejor toro: "Garañuelo", de Victorino Martín
Mejor ganadería: Garcigrande