"La historia del toreo está ligada a la de España, tanto que, sin conocer la primera, resultará imposible comprender la segunda". José Ortega y Gasset.
viernes, 17 de octubre de 2025
...Y la apoteosis como colofón a este 2025.
martes, 14 de octubre de 2025
Una jornada de ensueño: tres lecciones magistrales...
Trece toros, cuatro salidas a hombros, faenas de cante grande, tres viejas glorias reverdecieron laureles, dos despedidas y una sorpresa que ha dejado helada a toda la afición. Así se podría resumir fugazmente una jornada absolutamente apasionante. Lo que vivimos el 12 de octubre de 2025 en la plaza de Las Ventas fue indescriptible.
Por la mañana se celebró un festival para sufragar los gastos de una estatua que se levantó en honor de Antoñete que el día antes fue inaugurada en la explanada de la plaza. Hermoso de Mendoza, Curro Vázquez, Carlos Escolar "Frascuelo", César Rincón, Enrique Ponce y Olga Casado fueron los que acompañaron a Morante de la Puebla como alma máter de este festival.
Los festivales siempre fueron la oportunidad de ver a las figuras retiradas, donde éstas actuaban para deleite de la afición y sobre todo para dejarse ver por aquellos, que por edad, no tuvieron la fortuna de verles cuando estaban en plenitud. Desde hace un tiempo los festivales los ocupan las figuras del momento y salvo alguna ínfima excepción, ya no se ven a los grandes maestros de años pasados.
Inauguró esta maratoniana jornada torera el caballero estellés. Quiso pero no pudo. Un novillo soso y de poca fuerza de Niño de la Capea condicionó la faena. Pablo intentó sacar agua de un pozo seco. El momento álgido de la faena fueron las "hermosinas", que él mismo inventó y consiste en que el caballo va haciendo quiebros al toro mientras éste le persigue a la grupa. Por el mal uso del rejón, saludó una ovación.
Los tres siguientes capítulos fueron una enseñanza de torería, de raza, de valor, de conocimientos... Cada uno de los siguientes maestros sacaron a relucir aquello que les hizo destacar en sus épocas de máximo esplendor. Empezaremos con Curro Vázquez, que a sus 74 años nos hizo viajar en el tiempo. Volvimos a los 80. El rubio torero de Linares, como era conocido este jiennense, nos hizo emocionar. Rugió Madrid. Curro huele a torero. Sus andares, sus gestos, su manera de ir y salir de la cara del animal... ¡Qué tomen nota los aspirantes a matador! Con el capote pegó una excelsa verónica que caldeó el ambiente y cerró con la media (abajo en la foto) que puso Madrid en pie. La faena de muleta fue compendio de pureza, empaque y clasicismo. Para el recuerdo quedarán los ayudados a media altura y los pases de trinchera. Entró a matar como si fuera un novillero en un certamen. Fue una soberbia y bellísima demostración de cómo cortar dos orejas en Madrid sin necesidad de infinidad de pases insustanciales: un puñado de muletazos rezumando magisterio más un monumental espadazo, fueron la receta para emocionar a 24.000 personas. No se dejó nada en el tintero. Curro de Madrid paseó, feliz y pletórico, las dos orejas.
El siguiente maestro en explicar la lección fue Frascuelo. Vino en sustitución de Julio Aparicio. A sus 77 años, Frascuelo puede gozar del privilegio de ser el torero más veterano que ha pisado la arena madrileña. Le tocó un novillo áspero y difícil, que en algún que otro apuro le hizo pasar, aún así vino este matador con la gallardía y ardor de un principiante. A base de raza y amor propio, pudo pegar al exigente novillos muletazos con su personal concepto del toreo. Un maestro es alguien ducho en un arte; experto y experimentado. Demostró su sapiencia torera y a pesar de las complicaciones, Carlos bregó con mucha torería las bruscotas embestidas del novillo salmantino y dio una clamorosa vuelta al ruedo.
Yo creo que a sus 60 años César Rincón vino con la misma, o incluso más ilusión que cuando empezó su ascensión a la cumbre del toreo cuando cumplió su primer contrato en San Isidro del 91. Así toreó con el capote. Con sesenta años volvió a demostrar por qué los aficionados más mayores le recuerdan con pasión. ¡Qué belleza es ver galopar un animal bravo! ¡Qué emoción da ver a un torero citar a un animal a cuarenta metros y torearlo con ese ajuste y esa entrega! Sinceramente no sé que es más significativo de contar: ver cómo Rincón fue César del toreo una vez más y rindiera a sus pies su plaza de Las Ventas o ver a toda esa muchachada imberbe de 3º de la E.S.O. en las gradas de sol absolutamente ojiplática intentando asimilar lo que había ocurrido en el ruedo en esa primera mitad del festejo... Unos alucinaban con la excelsa torería de Curro; otros, intrigados en por qué el incombustible maestro Frascuelo recibía ese inmenso cariño por parte de los aficionados más veteranos y, otros con cómo Rincón templaba las embestidas de un animal que venía galopando a 40 metros de distancia. Fue un total deleite. Tres lecciones de maestros que vivieron una época en la que ninguno se parecía a otro. Ni querían. Cada uno tenía sus armas y su personalidad. Y la abundancia de encastes y ganaderías reforzaba que cada torero fuera diferente al resto. Ahora todos usan los mismos quites, hacen los mismos gestos, empiezan y cierran las faenas de la misma manera... Y les da igual. ¡Que tomen nota! Pero todos son admiradores de Morante...
La plaza era un clamor. Ni de lejos los olés más rotundos que habré podido oír a lo largo de estos años se parecen a los que escuché en este festival en los tres primeros toros. Las Ventas retumbó. Se tiró con todo para acabar la obra y César vio su labor premiada con dos orejas.
Y... ¿Qué decir de Enrique Ponce? Consumado maestro, el levantino cortó una oreja a un novillo noble y de buen juego. Preciso en alturas, terrenos y distancias, Enrique exprimió al animal en los terrenos del tendido 6 y desplegó su tauromaquia una vez más en el ruedo de Madrid desde que se despidiera de esta plaza en octubre de 2024. Parecía que estaba en el salón de su casa, o en un tentadero. Suavidad y vuelos de las telas. Una faena exquisita. Un pinchazo previo a la estocada quizá castigó a Ponce sin el segundo trofeo.
Mientras todos los actuantes se enfrentaron a novillos de Garcigrande, Morante, que siempre busca el sello de la distinción, quiso ir más allá y rizó el rizo homenajeando a Antoñete con un novillo de aquella ganadería con la que Antonio hizo historia en aquel San Isidro de 1966: Osborne. La llamada "faena del toro blanco" unió para siempre a Chenel y Atrevido. Y para más inri, quiso que fuera también un toro blanco para recordar aquel momento de hace ya 59 años. Y salió en 6º lugar Presumido, un precioso novillo ensabanado, alunarado, capirote y botinero que dio poco juego. Morante se abrió de capa y Madrid clamó. El novillo duró lo que duró pero fue más que suficiente para ver torear a José Antonio. Fue un trasteo de chispazos de muchísima calidad. Rubricó la faena con una estocada y el sevillano cortó una oreja.
Cerró la mañana Olga Casado. Ni en sus mejores sueños pensó que compartiría paseíllo junto a leyendas de la talla de Frascuelo, Rincón y Curro. No sé si tomó nota o no de lo que presenció. Ella es la alumna y recibir en el mismo aula las lecciones, ya no solo de ellos si no también de Enrique y José Antonio, es un regalo que jamás olvidará. La inexperiencia de alguien que empieza se nota, pero con el rodaje de una temporada en la que ha podido torear un buen puñado de corridas, cumplió la papeleta; toreó con gusto a un buen novillo de Garcigrande y cortó las dos orejas.
Muchos se fueron porque el reloj marcaba la hora de comer, y los que nos quedamos seguíamos extasiados y pensando en cómo Curro, Carlos y César nos habían hecho disfrutar. Había que despedir a estos torerazos, había que agradecer a Morante implicarse en un festival histórico. Olga pudo disfrutar de su primer triunfo en Madrid.
Curro, César y Olga salieron por la puerta grande. Acabó una mañana de ensueño, pero aún quedaba la apoteosis...
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jueves, 20 de octubre de 2022
Cinco lustros absolutamente irrepetibles.
Nació nuestro protagonista el 2 de octubre de 1979 a orillas del río Guadalquivir en un pueblo a las afueras de Sevilla: La Puebla del Río. Con su primo Juan Carlos y sus amigos jugaba al fútbol, al escondite, al toro y a otros tantos juegos que cayeron en el olvido por culpa de tanta maquinita y otras modernas tecnologías. La niñez de Morante se limitaba a la calle Cervantes donde vivía y a las calles adyacentes. Durante su infancia, Morante solo tenía un sueño: ser torero. Por fin llegó el día en el que pudo ponerse delante de una becerrita. En la Vuelta del Cojo tentaba Manolo Vázquez, así que Rafael Morante se llevó al niño a lo de Pérez de la Concha y con apenas seis años consiguió dar un par de lances a la vaca. Sufrió un revolcón pero José Antonio estaba feliz, algo grande había ocurrido. A partir de ahí empezó a pulular por los tentaderos de los que se enteraba y recorría esa comarca marismeña buscando becerras que torear. Y por fin, con diez años, toreó en público en su pueblo en una fiesta que organizaron su padre y unos amigos. Un par de años más tarde, José Luis Peralta fue enseñando a José Antonio los misterios del toreo. Acabó encontrando a su primer mentor: Bizcocho. Era un taurino que se dedicaba a ayudar a los torerillos de La Puebla y localidades cercanas en sus primeras etapas así que ayudó a que nuestro protagonista lanzase su prometedora carrera. No fue Bizcocho un apoderado como tal ya que no hacía las funciones propias pero se las arregló y consiguió, un poco más tarde, que Leonardo, padre de Emilio Muñoz apoderase al joven sevillano.
Pero por la cabeza de Morante rondaban mil cuestiones. Y también una enfermedad psíquica. Tras fallar estrepitosamente el Domingo de Resurrección de 2004 en la capital de España, Morante cortó su temporada y fue a tratarse a Estados Unidos. Reapareció una temporada después para seguir haciendo el toreo más bello: Espartinas, Jerez de la Frontera, Valencia, Málaga, San Sebastián, Salamanca, Granada, Huelva, Sanlúcar de Barrameda, Almería, Palencia, Valladolid, Barcelona, Bayona, Santander...
A finales de 2006 surgió un bombazo que nadie se esperaba: José Antonio sería apoderado por el irrepetible diestro jerezano Rafael de Paula. En junio de 2007 volvió a retirarse no sin antes dejar obras como las de Jerez de la Frontera, las dos orejas en Sevilla, la Beneficencia en Madrid y en Granada por el Corpus con los toros de Gavira. Como regalo a los morantistas, volvió el día de Reyes de 2008 en la capital azteca, y toreando con "El Pana" demostró que estaba en plena forma. Entre sus hitos fue una oreja que cortó bajo el diluvio a un toro de Victoriano del Río en San Isidro y dos buenas faenas en Bilbao y San Sebastián, y entre sus fracasos mencionaré el petardo que pegó en solitario en Zaragoza. En 2009 mató Victorinos en Sevilla con "El Cid" y cuajó a Señorito, de Juan Pedro Domecq; en Madrid dejó una tarde para la historia: el toreo con el capote a otro toro de Juan Pedro Domecq. Absolutamente inolvidable.
Banderillas: Morante tiene el aroma de los clásicos banderilleros. No es un torero al uso deportivo y explosivo. Lo suyo es la torería. Cita en corto, se deja ver y poco a poco arranca la carrera cuarteando hacia el animal. Clava en la cara y sale de la suerte con toda la gallardía posible. Un ejemplo, la goyesca de Jerez en 2003 con las antiguas banderillas de bullón, la Beneficencia de Madrid en 2007 o Valladolid en 2021.
Muleta: Si el repertorio de capote es inmenso, con la muleta no se queda atrás. Sus inicios de faena son una delicia. Si el toro exige suavidad y temple, Morante inicia por unos ayudados por alto y remata con el kirikikí. Si el toro tiene poder y fuerza, Morante se dobla con él por bajo. Si el animal tiene clase y recorrido, Morante improvisa una fantasía enorme de lances como por ejemplo el pase de la firma, hace un molinete, o pega un pase cambiado como en Madrid en la reciente feria de Otoño. O recuerda a Pepe Luis y su famoso Cartucho de pescado. Los naturales tienen la gracia del toreo sevillano. Tanto a pies juntos como cerrados, ya sea con la ayuda o no de la espada, Morante obra el mejor toreo. Los cierres también son sorprendentes: remates, cambios de mano, giraldillas, serpentinas, trincherazos, trincherillas, abaniqueos... Y cuando llega el toro exigente, Morante se faja con él y le puede. Ya sea en una faena de poder o espantar las moscas a un toro manso, brilla la torería en sus faenas.
Espada: Morante procura ejecutar la suerte con pureza y pulcritud. Se perfila y va detrás de la espada. No pega saltos ni hace ademanes raros. No es un estoqueador contundente, y muchas veces, la espada le ha dado disgustos ya fueran tras faenas absolutamente insulsas o de cante grande. Pero cuando mata, mata de verdad.
miércoles, 12 de octubre de 2022
Un toro de bandera y la clase de Uceda Leal.
lunes, 26 de septiembre de 2022
Un faenón de Fernando Robleño, las ganas de Luis Gerpe y el capote de Gómez del Pilar.
El domingo 4 en Las Ventas se celebró la novillada concurso de ganaderías. El orden fue el siguiente: Los Bayones, Alejandro Vázquez, Montealto, Toros de Brazuelas, Quintas y Pablo Mayoral para Rubén Fernández, Alejandro Adame y Fernando Plaza.
Tarde aburrida y descafeinada. Ni los novillos dieron el juego esperado, ni los novilleros se tomaron en serio la concurso. Abrió plaza un novillo de Los Bayones. Ni toro ni torero. Rúben llegaba a Madrid con tres costillas rotas de su anterior actuación en Francia. Le tocó en primer lugar un novillo absolutamente inválido del que se pidió con insistencia el sobrero, cosa que el presidente hizo caso omiso. Inseguro y desconfiado anduvo el muchacho. Dos avisos recibió en el cuarto. De nuevo pechó con otro animal vulgarote y dio el de Arganda del Rey un sainete con el descabello. Desafortunada presentación de Rubén.
El segundo de la tarde fue un escurrido animal de Alejandro Vázquez. Se ve que Alejandro está placeado. El tener dos hermanos mayores toreros ayuda mucho. Mostró oficio pero sin alma ni alegría. Una faena que fue a menos y la rubricada con una espada que cayó baja. Aún así se dio el mejicano una vuelta al ruedo sin que nadie la pidiera. En quinto lugar salió un toro berrendo de Quintas, encaste Martínez. Bonito de lámina y correcto de presencia. El toro se paró en la faena de muleta así que Alejandro abrevió. También el descabello le hizo pasar un mal trago y llegó a ser pitado. Excesivo el trato que reciben los Adame en Madrid. Exigidos con dureza sin sentido.
Cerró cartel Fernando Plaza. Lo mejor de la faena a su primero toro fue un buen inicio en la faena de muleta. Rodilla en tierra, le recetó varios doblones por bajo. Tuvo nobleza y humillación el novillo, condiciones que no terminaron de ser aprovechadas por el madrileño. En sexto lugar salió un precioso novillo de Pablo Mayoral. Fue devuelto y salió un novillo de Rekagorri. Otra soporífera faena para cerrar una soporífera tarde fue la que hizo Fernando a este toro.
Los chicos vistieron de verde y oro, malva y oro y lila y oro. Aburrida, larga y tediosa tarde. Ni los chicos hicieron todo lo posible por lucir a los animales, ni éstos tuvieron la casta para aguantar un festejo concurso. Ni hace falta decir que los premios habituales en estos festejos, es decir, mejor toro, mejor picador y mejor brega, quedaron desiertos.
El lunes 5 me fui a El Álamo. Cartel más que interesante: estaban anunciados Morante de la Puebla, Curro Díaz y Gómez del Pilar. Se lidiaron tres toros de Castillejo de Huebra (1º, 2º y 6º) y tres de Carlos Núñez; dos encastes diferentes: Murube y Núñez respectivamente. Morante sigue su periplo de torear cien tardes esta temporada. El último matador en torear la centena de tardes o superarla, fue El Fandi en 2008. El granadino acabó aquel año con 111 actuaciones. Muy lejos quedan aquellos años locos de festejos por doquier y matadores haciendo dobletes de tarde y noche. Según el portal Mundotoro, con la actuación en este pueblo madrileño, José Antonio lleva 71 festejos. Sin casta ni bravura no hay emoción. Al igual que en Las Ventas, el ganado fue desrazado. De Morante siempre se esperan cositas y ese lunes desplegó su tauromaquia: un inicio por largas y unas garbosas chicuelinas en su primero y otro inicio basado en recortes con medio capote al cuarto de la tarde. Saludó una ovación en su primero y fue injustamente pitado en el cuarto. Ante un toro que no dio ninguna opción, Morante, con lógica, optó por abreviar y parece que no gustó. Cuando un toro no vale, se abrevia en vez de estar aburriendo al personal y alargando faenas sin sentido. Morante pasó sin pena ni gloria por esta localidad. El siguiente matador era un torero de Linares que tiene muchísima personalidad: Curro Díaz. Cuando torea desmayado, con la muleta plana y ligando las series de muletazos, es una delicia, pero cuando hace lo mismo pero haciéndolo descoyuntado y poniendo la pata atrás, es completamente antiestético. A mi juicio es un torero que tiene ligazón y consigue bien hilvanar las series de muletazos pero con esos modos tan feos, la faena queda deconstruida cual receta de chef moderno. Mató bien y cortó una oreja. El quinto pegaba gañafones y enganchó la muleta de Curro en cada pase. Curro estuvo mal y fue silenciado. El que triunfó fue el diestro madrileño. Mientras los dos andaluces salían a pie al finalizar el festejo, Noé cortó dos orejas al tercero. Otro toro mansito de comportamiento y Noé procuró hacerlo todo a favor del animal. Su labor tuvo premio. Cerró la tarde con un animal brusco de embestida y que tampoco quería saber mucho de la muleta de Noé. Intentó sacar alguna tanda pero como el de Castillejo de Huebra se cerró en banda Noé, al igual que Morante, se fue a por la espada para concluir la faena. Cerró el trasteo con una buena estocada y salió en volandas por la puerta grande.
Los toreros vistieron de lirio y azabache, verde y oro y gris perla y oro con remates negros respectivamente. En banderillas destacaron Juan José Trujillo en el cuarto, Candelas en el tercero y Ángel Otero en el sexto. Con la capa se lució Candelas en el sexto.
El domingo 11 lidiaron dos ganadería que son sinónimo de emoción y que ambas tienen un importante historial en Madrid: Palha (1º y 3º), de Portugal y Saltillo (2º y 4º), de Andalucía. Y de Andalucía vinieron los toreros: De Cádiz Octavio Chacón; de Sevilla Pepe Moral y de Jaén el joven José Carlos Venegas.
Los que no fueron se ahorraron un petardo. Tarde decepcionante. Y larga. Un sobrero de Pereda (5º) permitió a Moral hacer un toreo moderno y circular pero que apenas tuvo eco en los tendidos y otro de Torrealta (6º) que salió simplón y que le tocó a Venegas. Antes en el tercero, el de Jaén dio una intrascendente vuelta tras una gran estocada. Lo más decente fue el interesante juego en la muleta del toro de Pereda y la pelea en el caballo de los toros de Saltillo. El veterano Chacón pechó en primer lugar con un toro que se vino arriba en la faena de muleta y que previamente empujó con fuerza en el segundo puyazo. El cuarto fue un toro que debió ser devuelto pero, aún con toda la gente pidiéndolo, el Usía hizo caso omiso y la faena quedó en nada.
Los toreros vistieron de celeste y oro con remates negros Octavio Chacón, de canela y oro Pepe Moral y de fucsia y oro Venegas. Juan Melgar picó con tino al sexto.
El desafío del domingo 18 estuvo compuesto por las siguientes ganaderías castellanas: la salmantina Hoyo de la Gitana (1°, 2° y 3°) y la abulense José Escolar (4°, 5° y 6°). Para mi gusto un cartel muy interesante: el veterano Fernando Robleño (oliva y oro) y dos toreros jóvenes: Miguel Tendero (azul pastel y oro) y Luis Gerpe (marino y oro) que se confirmó la alternativa. Salvo el cuarto, lo demás fue un rosario de toros descastados y sin emoción.
Por dejar lo mejor para el final, diré que el garbanzo negro le tocó a Miguel. El de Albacete pechó con un lote que fue totalmente nulo. No tuvo Miguel ninguna sola opción.
En segundo lugar hablaré de Luis Gerpe. Un torero nacido en Madrid y que estos años ha contado con muy pocas oportunidades. Ha estado cruzando el océano estas temporadas cuando aquí escaseaban los contratos. Poco a poco consiguió hacerse un hueco en las ferias de los pueblos y a base de sudor y mucho esfuerzo, ha entrado (y triunfado, que no es poco) en el circuito de las plazas portátiles viéndose las caras con toracos de imponente tamaño: los pueblos de Madrid, Ávila, Toledo, Segovia, Cuenca, Guadalajara... han sido testigos del crecimiento de este torero. No sólo ha aprendido y mejorado su técnica con el paso del tiempo si no que además tiene gusto y sabe manejar los trastos de torear. Tuvo una oportunidad de oro y no la desaprovechó. Sus toros fueron devueltos y por ello, hasta en cinco ocasiones demostró su toreo con el capote. Dejó destellos de buen toreo y pegó varias verónicas preciosas. En su primero toreó con primor al natural y rubricó la obra con un espadazo soberbio. Hubo cierta petición de oreja pero como no fue mayoritaria, Luis dio una vuelta al ruedo. El sexto, un toro de Couto de Fornilhos al que incomprensiblemente el presidente devolvió sin motivo alguno. Un toro cuajado y muy serio. Mostró fijeza y recorrido en su comportamiento... Un toro con el que Luis seguramente habría hecho algo importante. Salió un flojo toro de Montealto y Gerpe hizo un esfuerzo más. Madrid lo reconoció y dio otra vuelta al ruedo.
Y cerraré con la actuación de Robleño. Sin espada no hay paraíso. Fernando tendrá pesadillas esa noche. De no ser por el acero, habría abierto la puerta grande. Sería la tercera de su carrera. Su primer toro blandeó al principio y durante la faena de muleta puso mil y una complicaciones. Fernando fue todo paciencia y valor. Mató mal y dio una vuelta al ruedo. La obra cumbre llegó en el cuarto: Camionero de nombre y del hierro de José Escolar. Madrid rugió. Fernando tiene el poso y la madurez de los toreros veteranos. Aplicó lo que siempre pido en estos artículos: brevedad. La faena fue perfecta. Tuvo un prólogo, un desarrollo pero faltó el epílogo. Un manojo de doblones por bajo, un puñado de muletazos hondos y profundos con cada mano y tras un vistoso cierre faltaba matar. Los olés roncos y secos resonaron en todo el edificio. Madrid estaba en pie. Y estaba expectante. Pero falló. Hundió la espada tras dos pinchazos y toda posibilidad de salir a hombros se desvaneció. ¡Torero! ¡Torero! Madrid aclamó a Fernando y éste, agradecido, dio dos clamorosas vueltas al ruedo. Inolvidable. Camionero fue grande e imponente. Tuvo nobleza y fijeza en las telas.
Tres vueltas de Fernando y dos de Luis. Situación poco habitual y menos en Madrid. En una noche de derbi madrileño y la Selección arrasando en la final de baloncesto, todos aquellos aficionados que eligieron ver un partido de baloncesto o de balompié, se perdieron una de las faenas más toreras y apasionantes de esta temporada. Hay que ir a la plaza. Por aquello de "que no te lo cuenten".
Los picadores estuvieron mal y entre las cuadrillas destacaron Fernando Sánchez, Iván García y José Pedro da Silva.
El domingo 25 se cerró el verano en Madrid con una corrida concurso de ganaderías. Este fue el orden de lidia: Juan Luis Fraile, Fermín Bohórquez, Pallarés, José Escolar, La Palmosilla y Sobral para Javier Castaño, Rubén Pinar y Gómez del Pilar (respectivamente caldero y oro, celeste y oro y sangre y oro respectivamente). Sin duda por su trapío y presentación, los dos toros más imponentes fueron el de Escolar y el de Sobral. Y por comportamiento el toro ganador del concurso fue el de La Palmosilla.
Lo más destacado lo hizo Gómez el Pilar. El madrileño lo bordó con el toro de Pallarés. Con el capote estuvo sensacional. Su toreo a la verónica puso Madrid en pie. El desastre llegó en el tercio de varas. Recibió un criminal puyazo en un costillar que lo lesionó. Madrid montó en cólera con el desafortunado picador. Con la poca fuerza que le quedaba al animal, y aún con la boca cerrada, embistió con mucha clase a la muleta de Noé. Cerró la tarde con un precioso toro del hierro luso de Sobral. Deslucido el animal y el torero sin verlo claro, nada pasó en este último capítulo. Aún así Noé vuelve a dar un toque de atención y demuestra que es un torero a tener en cuenta.
El albaceteño mató al segundo de una gran estocada. El toro de Fermín tuvo nobleza pero le faltó fuerza. Lo más vistoso de aquel trasteo fueron algunos naturales sueltos. En quinto lugar anduvo con el gran toro de La Palmosilla. Un toro de lío y para hacer algo importante pero Rubén se perdió en un toreo moderno y circular y en vez de aprovechar la calidad de aquel animal pegó pases por doquier que nadie se acordaba cuando acabó el festejo. El animal fue ovacionado fuertemente en el arrastre.
En cuanto a las cuadrillas destacaron en banderillas Juan Sierra en el 2º y Ángel Otero y Pedro José Cebadera en el 3º.
Los toros para la inminente feria de Otoño estarán expuestos al público en los corrales de la Venta de El Batán, en la casa de Campo de Madrid. Desde mañana martes 27, los toros de Fuente Ymbro y Adolfo Martín desde las 10 hasta las 19 horas. Entrada gratuita.
martes, 7 de junio de 2022
San Isidro (parte IV): tres héroes, Fuente Ymbro, Rafaelillo y un toro de Victorino.
La última semana de feria arrancó el lunes 30 con una corrida de Samuel Flores. El ganadero de Albacete llevaba varios años sin lidiar en la Villa y Corte. Torearon Fernando Robleño (botella y oro), Morenito de Aranda (gris plomo y azabache) y Damián Castaño (grana y oro). Damián confirmó alternativa. La samuelada fue sosa y anodinada. Y fea de presentación. Solo pude ver los tres primeros. Salió un sobrero de José Cruz en tercer lugar y Morenito dejó destellos de su personalidad. Fernando y Damián se estrellaron con los mulos que les tocaron en suerte. Robleño consiguió matar al cuarto tras una estocada sumamente habilidosa.
El martes 31 llegó el peligro y la emoción. Desde la finca Monte Valdetiétar, situada en las tierras abulenses de Lanzahíta, Pepe Escolar trajo (a falta de cinco festejos) la corrida mejor presentada de toda la feria. Y en cuanto a comportamiento recordaron a esas alimañas de antaño habituales en la sangre Albaserrada. Tres guerreros estaban dispuestos a enfrentarse a ellos: Octavio Chacón (botella y azabache), Alberto Lamelas (verde y oro) y Gómez del Pilar (gris perla y oro con cabos negros). La corrida fue dura, exigente, correosa... Y si añadimos el plus del viento que sopló, hizo sino aumentar la importancia de la labor de los espadas. Octavio y Alberto, consumados maestros en estas lides, supieron dominar lo que salió por toriles. Les pesó a ambos el mal uso de los aceros. Cerraba el cartel un madrileño que en 2019 dio que hablar y durante el verano después del confinamiento dejó tardes muy importantes en las plazas en las que actuó. Noé estuvo inmenso. Valor y torería a raudales. Fue entrega total. La faena al tercero es para verla una y otra vez: torería, raza, valor, acabó sufriendo una voltereta... A base de paciencia y capacidad, fue sometiendo a aquel cárdeno y éste acabó dominado por la muleta de Noé. A pesar que la faena fue una total batalla, llegaron los momentos más macizos al final de ésta: el ramillete de naturales que pegó este muchacho hizo rugir Madrid. Cortó una de las orejas más importantes de lo que llevamos de feria. Sabiendo de la situación en la que este torero se encuentra y los pocos contratos que tiene firmados, tenía que apostar, no quedaba otra. Si en el tercero se fue a recibir al toro de rodillas, en el sexto lo volvió a repetir. Pero las apuestas a veces salen mal... El toro le pegó una cornada grave de veinte centímetros en el glúteo y tuvo que ponerse en manos del equipo médico. Noé vino a por todas. De no haber ocurrido nada, la cosa estaba muy propicia para un triunfo de cante grande. Ese toro lo despachó Octavio. Merece oportunidades y más sitio. Y por supuesto volver a Madrid a refrendar lo que ocurrió este día. Recuerden este nombre: Noé Gómez del Pilar.
Si ya he mencionado varias veces que Fernando Sánchez lleva una feria absolutamente estelar, hubo este día otro banderillero que posiblemente haya estado aún más superior. Después de un tiempo desaparecido, volvió a hacer (para alegría de muchos aficionados) el paseíllo. Los que conocemos a Ángel Otero sabemos que es un torero de plata extraordinario. Sus pares de banderillas pusieron a Madrid en pie.
Tardes como esta son las que hacen afición. Nadia mascaba pipas, nadie miraba el móvil, nadie se aburría. Fue larga la tarde, casi dos horas y media. A mí me pareció hora y veinte. El terror era constante. La tensión de ver a estos tres valientes dejarse la piel con estos diablos hizo que todo el mundo estuviese pendiente del ruedo. Me da pena que haya la posibilidad de descartar festejos cuando se saca uno el abono. La novillada de Fuente Ymbro, ésta de Escolar... hay que venir. Para que no te lo cuenten. Luego la gente se queja de que se lo perdió.
El miércoles 1 tuvo lugar la Corrida de Beneficencia presidida por Felipe VI y se agotó el papel para ver este cartel: toros de Alcurrucén para Morante de la Puebla (grana y oro), Julián López "El Juli" (berenjena y oro) que sustituía a Emilio de Justo, y Ginés Marín (pizarra y oro). La plaza estuvo más sosegada que la Beneficencia de 2019. Salvo algún "vivaaespaña" aislado, fue una tarde muy tranquila en lo que a plastas se refiere. Fue encierro pobre de presentación, muy justo para una plaza como Madrid y el juego que dieron fue dispar. Se salvaron segundo y cuarto.
Sin duda los mejores pasajes corrieron a cargo del sevillano. Morante, en el cuarto consiguió hilvanar un puñado de muletazos llenos de torería. Los naturales fueron excepcionales y los derechazos no se quedaron atrás. Con la suerte cargada y el mentón hundido en el pecho, Morante toreó a placer a este toro. Se tiró decidido y cortó un trofeo. Faltó rotundidad para cortar las dos orejas. En su primero, ante un mansazo de solemnidad, poco pudo hacer. El Juli cerró su última comparecencia en Madrid. Perdió la oreja del segundo por su pésima actuación con la espada. Tiró Julián de oficio y técnica para sacar al toro hasta lo que no tenía. En el quinto, otro toro mansurrón y soso, poco pudo el madrileño. Ginés no lo vio claro ante el rajado tercero y se peleó con el sexto en los terrenos de toriles. Otro manso que no quería saber nada y embestía a arreones. Ante semejante toro, Ginés quiso, pero el toro no daba para mucho. Pegó un par de naturales muy profundos y como el animal tardó en caer tras la estocada, se enfrió una posible petición de oreja.
El jueves 2 se lidiaron toros de Fuente Ymbro. Juan Leal (rosa y oro), Joaquín Galdós (blanco y plata) y Rafael González (marino y oro). Gran corrida de Ricardo Gallardo. En presentación y en juego. Tarde fresca y ventosa. Después de un tiempo esperándolo, por fin Rafael González tomó la ansiada alternativa. Desde Gonzalo Caballero en 2015, no se doctoraba un novillero en la cátedra madrileña. Vi solvente a este chico. Se ve que se ha rodado y eso se agradece cuando se viene a Madrid siendo tan joven. El aire complicó muchos las cosas y al final de la faena se vivieron unos momentos lamentables. Cerró el madrileño el trasteo con unas bernadinas, y en golpe de viento se quedó descubierto sufriendo una cornada muy fuerte. Siguió Rafael en el ruedo en unas condiciones absolutamente incompatibles con el ejercicio del toreo. La gente se enfadó de verdad, no podía ni caminar y aún así insistía en matar al animal. Juan Leal, como director de lidia y con muy buen criterio, no le dejó continuar y acabó despachando al animal con una buena estocada. Hay que tener valor y pundonor, pero hay que saber cuándo seguir y cuándo parar. No es agradable ver a un torero sin poder quedarse ni en pie queriendo mantenerse en el ruedo. Así que el resto de la corrida se quedó en mano a mano. Juan es un torero que asusta al propio miedo. Tardes como la de hace un par de veranos en Bilbao con la de Miura lo demuestran. Cortó una oreja al segundo de la tarde tras un soberbio espadazo. Tuvo pasajes de arrimón de verdad y de toreo. Las espaldinas o los circulares metido entre los pitones se mezclaban con momentos como las impávidas gaoneras al primero o los caros naturales al segundo. Cerró cartel Joaquín Galdós. El peruano dejó escapar la oportunidad. No se le vio atinado con el buen lote que le tocó. En otras manos, se hubieran cortado varias orejas. Encierro más que interesante el de Ricardo Gallardo. Se piden oportunidades pero luego pegan sainetes gordos... Juan y Joaquín: ¡Hay que espabilar!
El viernes 3 se agotó de nuevo el papel: toros de El Puerto de San Lorenzo para José María Manzanares (rioja y oro), Alejandro Marcos (rosa y plata) y Tomás Rufo (corinto y oro). Una colección de inválidos desfiló por el ruedo de Las Ventas. Preocupante situación del palco por la negativa a devolver toros no aptos para ser lidiados. Si la feria de 2019 fue más que interesante con toros embistiendo todos los días y de todas la ganaderías, este año el resultado ganadero ha sido un fiasco. Tras una faena vulgar y llena y de enganchones en el cuarto, Josemari tuvo el cuajo de salir a saludar. El salmantino confirmó alternativa. Pegó un verdadero sainete con la espada. Cerró terna el toledano. Estuvo a punto e mascarse la tragedia. Tras un quite en el primero de su lote, el toro le pegó un fuerte revolcón y y de un pitonazo le arrancó la pañoleta. De ir el pitón en otra dirección... Tras ese susto, cortó una oreja al sexto tras una faena simplona y no hubo petición mayoritaria para la segunda. La gente le quería sacar a hombros. Ni de lejos era una faena para tal premio. Fernando Sánchez volvió a estar sublime en banderillas.
El sábado 4 torearon Rafaelillo (sangre de toro y oro), Manuel Escribano (verde y oro) y Alejandro Talavante (verde y oro) estoquearon un encierro de Adolfo Martín. En general estuvo bien presentada y variada de comportamiento.-Domingo 12 de junio.
Álvaro Burdiel, Daniel Barbero y Manuel Diosleguarde con novillos de Montealto.
José Fernando Molina, que se presentará en Madrid, Antonio Grande y Arturo Gilio, con novillos de Los Chospes.
-Domingo 26 de junio.
Víctor Hernández, Diego García e Isaac Fonseca con novillos de Fuente Ymbro.
Este es mi cuadro de lo mejor de San Isidro 2022:
Triunfador: Ángel Téllez
Faena: Ángel Téllez
Estocada: Leo Valadez/Rafaelillo
Mejor brega: José Chacón
Mejor par: Ángel Otero
Novillero: Álvaro Alarcón
Triunfador de la Feria: Ángel Téllez
Mejor faena: Morante de la Puebla
Mejor novillero: Álvaro Alarcón
Mejor rejoneador: Guillermo Hermoso de Mendoza
Torero revelación: Ángel Téllez
Mejor estocada: Rafaelillo
Mejor picador: Óscar Bernal
Mejor brega: José Chacón
Mejor banderillero: Fernando Sánchez
Mejor toro: "Garañuelo", de Victorino Martín
Mejor ganadería: Garcigrande

