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jueves, 23 de julio de 2026

Blanquet.

Si hay un personaje misterioso en el planeta de los toros, ese es Enrique Belenguer Soler, "Blanquet" en los carteles. Nació a principios de 1881 en Valencia y no está del todo claro si fue en enero o en mayo. Murió en agosto de 1926 en Sevilla.

Antes que a torear, se dedicó a otros menesteres. Trabajó de ebanista hasta que decidió enfundarse el oro y probar suerte en el difícil mundo del toreo. Se hizo banderillero y poco a poco fue convirtiéndose en un gran subalterno por lo que fue requerido por las principales figuras de finales del XIX y principios del XX: "Ragaterín", "Machaquito", Fernando "El Gallo", Joselito "El Gallo", Manuel Granero o Ignacio Sánchez Mejías. Fue José quien le convirtió en su mano derecha, en su hombre de confianza. Con el capote bregaba los toros con poder y mando. Si el capote no lo manejaba mal, con las banderillas no se quedaba atrás. Pareaba con majeza y elegancia. Por todo ello, Gallito le dio galones: Blanquet se encargaba de los toros más ásperos y difíciles. Su oficio daba seguridad a la máxima figura de la época.

Pero Blanquet tenía un don. Un curioso y sobrenatural don: cuando él olía a cera, se avecinaba la muerte. En un pueblo de Toledo, una tarde primaveral de 1920, estaban las cuadrillas listas esperando la orden del presidente para empezar el paseíllo. De repente, Enrique olió a cera y se asustó. Se lo comentó a otro banderillero y rogaron a Joselito, su jefe de filas, que ese día no torease. A medida que avanzaba el festejo, cuentan que el olor aumentaba. Salió el quinto que se llamaba Bailaor y acabó hiriendo mortalmente a Joselito.

Dos años después, Blanquet estaba con a las órdenes de otro matador y valenciano como él: Manuel Granero. En la plaza Vieja de Madrid, donde ahora un horrendo pabellón preside la plaza de Felipe II, se levantaba la plaza conocida como la de la carretera de Aragón. Otra tarde primaveral y también en mayo para más inri, la cuadrilla se dirigía a la plaza. Tras parar en el estudio de fotografía Kaulak, Cuentan que Enrique le espetó: "Manolo, te has hecho la última fotografía". Y así fue porque Granero murió la tarde de ese 7 de mayo. En la plaza vieja de Madrid, Pocapena, de El Duque de Veragua infligió a un muchacho de veinte años la cornada más brutal de la historia del toreo. Tan espantosa fue, que incluso está reproducida, para colmo de los colmos en cera, en el Museo de Cera de Madrid. Para la historia queda esa foto del gran Baldomero, en la que las cuadrillas corren con el torero en brazos camino de la enfermería mientras Blanquet, en primer término, solo y horrorizado, llora con las manos tapándose la cara. Granero, que estaba llamado a ser el sucesor de Joselito, cayó también en las astas de un toro.

Blanquet, asustado por su don, se retiró para dedicarse a otros asuntos. Un tiempo más tarde volvió a la profesión gracias a otro gran torero que le convenció: Ignacio Sánchez Mejías. Con él estuvo hasta una tarde de verano de 1926. A orillas del Guadalquivir, Blanquet estaba con sus compañeros en Sevilla. Y una vez más, notó un intenso olor a cera. Lo avisó a los compañeros e intentó por todos los medios que Ignacio no saliera al ruedo. Todo esfuerzo fue en vano ante la desesperación de Blanquet y alguna que otra burla de los otros subalternos. Ignacio aún así, anduvo prudente durante la lidia de sus toros y la tarde acabó sin nada que lamentar. De hecho, Ignacio fue el compañero de terna que actuó con Joselito aquella tarde en Talavera seis años antes. Pero hete aquí, que aquel 15 de agosto, cuando la cuadrilla en el tren camino de Madrid vio como Blanquet de repente se quedó pálido en su asiento y se desvaneció. Los médicos certificaron horas después que fue un ataque al corazón. Blanquet llevaba tiempo con problemas respiratorios pero a pesar de los esfuerzos de su gente en hacerle parar y reponerse, él siguió toreando. Esta vez le tocó a él. Pero a diferencia de sus difuntos compañeros, Enrique no cayó en el ruedo. Sus restos mortales fueron trasladados a Valencia gracias a la ayuda de Sánchez Mejías, ya que él puso de su bolsillo sufragando los gastos necesarios para que el cadáver de este prometedor torero levantino fuera enterrado en su tierra natal.





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sábado, 14 de marzo de 2026

Ricardo Chibanga.

Atípico y exótico. ¡Quién diría que en África ha habido matadores de toros! Gracias a las territorios de ultramar que tenían en este continente nuestros vecinos, la tauromaquia llegó a esas tierras de la mano de los portugueses que allí fueron. Y evidentemente hubo afición y plazas de toros. Datado está que fue Ricardo Chibanga el único africano que ha habido en el toreo y hoy os traigo su historia. Nació en Mozambique, viniendo al mundo el 8 de noviembre de 1947 en Lourenço Marqués, la actual Maputo, capital del mencionado país que, por aquella época todavía estaba bajo gobierno portugués. 



Cuentan que era una familia humilde y vivían de lo que generaba la pequeña pastelería que su padre dirigía. Era el cuarto de siete hermanos y con nueve años trabajaba para aportar a la modesta economía familiar. Debido a la cercanía del domicilio familiar con la plaza de toros, la labor del pequeño Ricardo era repartir panfletos publicitarios de los festejos taurinos que allí se celebraban tanto en los aledaños de la plaza como en los puntos de la ciudad donde más afluencia de gente hubiera. A cambio, la empresa dejaba a Ricardo entrar a ver los toros. Más tarde comenzó a estudiar ingeniería agrónoma pero era tal su pasión que acabó dejando los libros para ser torero.


Curiosísimo documento: un cartel en chino de una corrida de toros en Macao.

Consiguió volar a Portugal para inscribirse en la escuela de Golegã donde recibió sus primeras lecciones toreras. Sus primeros pinitos en público fueron en el toreo cómico. No fue una carrera meteórica ni de tardes estelares, ni tampoco en abundantes cifras pero sí fue una trayectoria digna, y sobre todo, en la que pudo torear por todo el planeta taurino. En sus inicios fue apodado "El Africano" y cuentan las crónicas que el 9 de mayo de 1965 vistió de luces por primera en la plaza de Campo Pequeño, en la capital de Portugal. Su etapa como novilleros fue pródiga, pues actuó en torno a la nada desdeñable cantidad de 70 tardes durante 1968 y 1969.


En Madrid se presentó el día de San José de 1970. Toreó utreros de El Pizarral y El jaral de la Mira consiguiendo volver al hotel con una oreja en su esportón. Gracias a un taurino sevillano que se fijó en él, pudo viajar a esta ciudad para vivir y entrenar con los toreros sevillanos de aquellos años entre los que estaba Paco Camino con el que compartió muchas horas de amistad y aprendizaje. Tras esta etapa de rodaje tomó la alternativa ni más ni menos que en la Real Maestranza de Sevilla el 15 de agosto y tuvo como padrino a un torerazo como fue Antonio Bienvenida. Los toros eran dos hierros tan prestigiosos como de Antonio Pérez Angoso y Antonio Pérez de San Fernando, popularmente conocidos como los AP. No fue nada mal la tarde pues cortó una oreja al primero de su lote. Una oreja que cortó a base de entregarse en los tres tercios y culminando la la faena con una estocada que fue la guinda para que la plaza al unísono, le premiara con un trofeo. La crítica fue unánime: hay torero. Gracias a esa oreja pudo torear en las principales ferias de España. 


Ricardo toreó en las principales codeándose con los grandes toreros de la época (pinche aquí para ver un vídeo suyo en Torremolinos en 1971). Gracias a su carisma y su entrega total en el ruedo, consiguió ganarse el cariño del público de todas las plazas en las que actuaba. También pagó con mucha sangre pues sufrió varias cornadas de gravedad; la que más en Barcelona siendo herido en el cuello. Sus éxitos eran pregonados por la prensa y gracias a ello empezó a torear fuera de la península: Francia, Colombia, Méjico... ¡Hasta en Macao! Y por supuesto volvió a su tierra natal convertido en ídolo de masas. Toreó en Maputo en julio del 73. Una tarde que fue todo un acontecimiento nacional. De hecho, su última tarde fue al otro lado del mundo, en la exótica Macao, cuando aún era colonia lusa. Una retirada obligada, pues una enfermedad en el ojo fue la causa que este prometedor torero africano tuviera que poner punto final a su carrera. Una vez retirado se dedicó a organizar festejos. Se agenció varias plazas portátiles en Golegã para dedicarse al negocio taurino en esa ciudad y no sólo allí pues en cualquier lugar de Portugal donde por falta de logística, hiciera falta una plaza para corridas de toros.


Ya fuere por su carisma o su habilidad ante el animal se granjeó amistad con personajes de la talla de Orson Welles, Pablo Picasso y Salvador Dalí ya que ellos se contaban entre sus más fieles partidarios. Dicen que el genial pintor malagueño le regaló un cuadro en la ciudad gala de Fréjus, donde Ricardo le brindó un toro. En agradecimiento, Pablo y su mujer cenaron con Ricardo después de torear. Tal debía ser su amistad que hay quien cuenta que Picasso le apodaba "el morenito matador".

Se ganó el cariño y el respeto del público y de sus compañeros, toreó por toda la geografía taurina, disfrutó de muchos éxitos... Y fue el primer torero negro de la historia. Su fama y éxito llegaron a tal nivel, que en Maputo era tan conocido como su paisano Eusebio, legendario jugador del fútbol portugués o Mariza, cantante de fados. Cuentan que jamás sufrió ningún tipo de acoso o desprecio. Su humildad y su simpatía cautivaban a todos los que le conocieron. Falleció a los 76 años en Golegã (Portugal) el 16 de abril de 2019.


Con Eusebio, uno de los grandes futbolistas que ha dado Portugal.





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sábado, 30 de agosto de 2025

Yiyo en el recuerdo.

Cuarenta años han pasado. Una tarde de agosto, en la sierra de Madrid, el pitón de un toro de Marcos Núñez atravesaba y partía en dos el corazón de José Cubero Sánchez. En Colmenar Viejo se anunciaron el 30 de agosto de aquel 1985 toros de la citada ganadería para Curro Romero, Antonio Chenel "Antoñete" y José Luis Palomar, pero hete aquí que Curro se cayó del cartel horas antes tras presentar parte médico y la empresa, deprisa y corriendo, tuvo que buscar un sustituto. La solución fue un joven torero que apenas llevaba cuatro años de alternativa pero que cada tarde iba dejando huella por el clasicismo de su tauromaquia.

José Cubero Sánchez nació en Burdeos, tierra de vino y no de toros. Francés de nacimiento porque sus padres emigraron más allá de los Pirineos y nuestro protagonista vino al mundo el 16 de abril de 1964. Pero pronto volvieron a Madrid, pues José, junto a sus tres hermanos pasaron su niñez en la capital de España. En el humilde barrio de Canillejas, al final de la calle Alcalá se instaló el matrimonio Cubero Sánchez. 


Momentos previos al paseíllo en la plaza de Madrid.

A José le picó el gusanillo de los toros, y gracias a la creación de la Escuela Nacional de Tauromaquia en 1976 en la Casa de Campo de Madrid, pudo matricularse como alumno. De hecho, él es de los primeros alumnos que empezaron a formarse en dicha escuela. (Y no solo él, pues sus hermanos Miguel y Juan también se hicieron toreros y hasta que se retiraron gozaron los dos de éxitos como subalternos acompañando a las máximas figuras de los 90 y 2000). Allí demostró que tenía condición y cuajo de torero. Despuntó rápidamente mostrando una superioridad notable respecto a otros alumnos. Sus primeros festejos fueron a orillas del Mediterráneo. Su primer paseíllo fue en Tabernes del Galldigna y un empresario, viendo el éxito conseguido, le firmó cinco contratos seguidos en Gandía. Cuentan que volvió a Canillejas con un coche lleno de flores y 50.000 pesetas de aquel entonces en la cartera. Muy capaz, tenía mucho gusto al mover las telas y personalidad en sus formas. Su oficio ante los becerros en el campo le permitió ganarse la oportunidad de torear y curtirse por los pueblos. Entre aquella primera hornada de alumnos matriculados, además de José, otros dos jovenzuelos supieron aguantar el ritmo de José: Julián Maestro y Lucio Sandín (Antes que ellos, Juan Carlos Herranz, Fernando Galindo y Fernando Lechuga fueron la primera promoción que de verdad empezó a representar al centro en los primeros certámenes de novilleros en los que la escuela participaba). Por ello Enrique Martín Arranz, Manuel Martínez Molinero, José de la Cal y demás profesores de la escuela idearon un proyecto que a la postre fue un éxito rotundo: consolidar esta nueva terna de alumnos y que fuera la mejor representación de este centro de formación taurina tras la generación de Herranz, Galindo y Lechuga. José, Julián y Lucio cumplieron con creces y dieron varias vueltas a España toreando en todos lados. Consolidado el cartel, Antonio Domínguez Olano, ajeno a la escuela, bautizó a este trío "Los príncipes del toreo". Un sello que dio publicidad y, que sumado al gran hacer de los tres chicos, puso a la escuela en el escaparate nacional como referente de la formación taurina y que poco a poco hizo que en otras ciudades, a rebufo de Madrid, surgieran más escuelas de tauromaquia. El experimento funcionó.

Tras una exitosa etapa de aprendizaje junto a sus dos amigos, José concluyó su rodaje en las novilladas sin caballos. "Los príncipes del toreo" llegó a su fin. Debutó con picadores en San Sebastián de los Reyes en marzo de 1980 para dar un año después el salto al escalafón definitivo. Como novillero, su mayor triunfo fue ganar en Arnedo el prestigioso certamen "Zapato de Oro". Se doctoró en Burgos junto a dos grandiosos toreros como lo fueron Ángel Teruel y José María Manzanares. Los toros pertenecían a una ganadería de postín: Joaquín Buendía. El 30 de junio de 1981 al tomar la alternativa José tuvo que dejar el amparo de la escuela y Tomás Redondo se ocupó de prometedora carrera. "Yiyo" que no "El Yiyo" como muchas veces se lee, tuvo una fulgurante carrera. Entre 1981 y 1985 triunfó allá donde fue y compartió cartel con los maestros de aquella época. El 22 de mayo del 83, y por la vía de la sustitución porque inicialmente no estaba contratado en mayo, entró en San Isidro en lugar de Roberto Domínguez. Salió Lanzaquema y le cortó una oreja de ley, pero pudieron ser dos. Fue el primer golpe en la mesa que dio José en Madrid. El cenit de su carrera aconteció días después, el 1 de junio "Yiyo" descerrajó la puerta grande de Las Ventas. Cortó una oreja a cada uno de sus toros y cruzó a hombros el umbral mudéjar que da a la calle Alcalá. Tras ese gran triunfo, Manolo Chopera, posiblemente el mejor empresario que ha visto la plaza de Madrid, premió a José con otra sustitución, esta vez la que dejó "Espartaco". Así que José volvió a Madrid y lo hizo acompañando a Ángel Teruel y "Armillita". Así toreó a Cigarrón, el primero de su lote, de Moreno de la Cova. Por aquel entonces el servicio militar era obligatorio así que José cumplió con el Ejército. Compaginó la instrucción militar y su carrera. Con estas palabras tan solemnes aquella tarde brindó a don Juan Carlos. Unos días después, exactamente el 9, hizo el paseíllo en este mismo ruedo, en la Corrida de Beneficencia junto al alicantino Luis Francisco Esplá. En corrales esperaban cinco toros de Dairo Chica y uno de Antonio Ordóñez. Ese día solo cortó una oreja, pero aún así fue llevado a hombros una vez más por la puerta grande junto al alicantino, que cruzaba ese umbral por por segunda vez. El teléfono echaba humo. Lo había logrado. Aún así quedaba refrendar el buen paso por San Isidro el resto del año, pero mantuvo el nivel. Un rosario de triunfos tarde tras tarde consolidaba a José en la cima del toreo.



Una única oreja cortó aquel día. Y aún así, fue llevado por la puerta principal.

El año siguiente consolidó con creces su cartel. En Madrid toreó un total de cuatro tardes. Su estelar San Isidro 1983 tuvo premio. Manolo Chopera le dio cuatro tardes. No cortó orejas, de todas formas certificó el nivel y la expectación creadas. Pero entre tanta alegría de los repetidos triunfos a medida que avanzaba el verano, llegó la tragedia: "Yiyo" estaba anunciado en Pozoblanco el 26 de septiembre de 1984. Francisco Rivera "Paquirri" y "El Soro" completaban el cartel. Avispado, de Sayalero y Bandrés hirió de mucha gravedad a Paquirri, figura del toreo y un personaje muy querido por la sociedad de la España de aquella época. A José le tocó acabar con Avispado. Volviendo a Madrid en su coche, José se enteró por la radio que Francisco había fallecido. Lloró amargamente por la muerte de su compañero. España se vistió de luto. Tras acabar la temporada en España, cruzó el océano y allí cumplió diversos contratos en Colombia y Ecuador durante el descanso invernal a este lado del Atlántico.


Su último vestido. Colección del Museo Taurino de Madrid. 

En el inicio de la temporada 1985, siguió afianzando todo lo logrado el año anterior. Y en Madrid deslumbró una tarde más cortando una oreja a Niñito, un toro de la ganadería de Aldeanueva, concretamente el 29 de mayo. José demostraba tarde a tarde que había torero para rato. Que tenía condiciones para ser alguien importante. El verano es la época fuerte, cuando más se torea. Cumplió contratos por toda la Piel de Toro hasta llegar al 30 de agosto en Colmenar Viejo. Curro Romero se cayó del cartel y no sabían cómo cubrir la baja de tan excelso matador. Apostaron por José y él estaba feliz. De lo difícil que fue contactar con urgencia con "Yiyo", llegaron a reclamar la ayuda de la Guardia Civil para llegar a él lo antes posible. José aceptó la oferta. Un triunfo fuerte a las puertas de Madrid podía afianzar más su caché respecto a las empresas en ese fin de temporada y lo más importante, de cara a 1986. Se vistió en un hotel de Miraflores de la Sierra y de marino y oro llegó a La Corredera. "Hoy voy a torear de verdad", dicen que eso avisó a su cuadrilla antes de empezar. Y así fue, porque aficionados y críticos cuentan que José toreó de manera excelsa a Burlero. Hasta llegar a la suerte suprema. Quedaba rubricar la faena, pero tras la estocada, en uno de los envites del momento, Burlero dando un certerísimo derrote alcanzó a José en el pecho. Tras unos breves pasos, José cayó desplomado. Aún tuvo un último aliento para exhalar a su banderillero de confianza: "Pali, este toro me ha matado". Y su mirada se apagó. Lo llevaron a la enfermería pero nada pudieron hacer. Con un precioso burdeos y azabache, el vestido que tantas tardes lució, fue amortajado. Aquella noche en la calle Canal del Bósforo 30, el domicilio se convirtió en una capilla ardiente donde acudieron compañeros de la escuela, familiares, profesionales del toro, periodistas y un sin fin de gente para alentar a una familia rota por el dolor. José fue un príncipe que no reinó. Tenía 21 años y toda la vida por delante. Lucio y Julián no tuvieron suerte. El primero sufrió varias cornadas de diferente gravedad: la que más ocurrió en Sevilla en la que perdió un ojo y, posteriormente un accidente de tráfico obligó definitivamente al gran Lucio a dejar de torear. Por su parte, Julián no alcanzó las cotas que logró en aquellos gloriosos años como "príncipe del toreo". Aún así disfrutó de una larga y fructífera trayectoria que duró cuarenta y cinco años. Se hizo banderillero y se retiró en septiembre de 2018. En 2002, se doctoró como matador pero volvió a las filas de plata poco después.


La torería de un ayudado por bajo.
Madrid 29.V.1985

José, por edad, estaba llamado a ser el principal rival de un jovencísimo sevillano de perpetua sonrisa: "Espartaco". Con un futuro que pintaba negro, este joven andaluz toreó sin expectativas en Sevilla en abril del 1985 y cuajó al toro Facultades. Triunfó tan rotundamente aquel día que se encumbró en la cima del toreo de la que no bajó en toda su carrera. Pero Burlero impidió que José y Juan Antonio rivalizaran en los ruedos. Madrid perdió a un torero que estaba llamado a hacer cosas grandes. Su carisma y personalidad marcó a los que con él compartieron su vida. Era bromista, divertido y le encantaba asustar a los alumnos más pequeños las tardes de entrenamiento. Ponía motes a todos sus compañeros. Su simpatía y alegría dejaron huella durante las clases en la Casa de Campo. Fue un superdotado: tenía facilidad para aprender y ver con rapidez las posibles dificultades que mostraban los animales para solventarlas con agilidad... La afición paseó al día siguiente el féretro de "Yiyo" en la póstuma vuelta al ruedo en la plaza de Madrid. En esa plaza en la que bordó el toreo con el bravo Lanzaquema de Antonio Ordóñez que fue el que le puso a funcionar y con el mencionado Niñito, de Aldeanueva al que cortó su última oreja en esta arena unos meses antes. Ni siquiera doce meses habían pasado de la muerte de Paquirri y el toreo volvía a sufrir una tragedia. Su juventud y la dureza de las imágenes, impactaron en la sociedad. Aún lloraba España la reciente la muerte de Francisco y otro torero volvía a caer en la arena. Uno fue un torero consagrado e ídolo de mucha gente. El otro fue un joven en el que estaban depositadas muchas esperanzas. José fue el primer gran torero que dio la Escuela Nacional de Tauromaquia. Cuentan que tras la tragedia, la institución recibió cientos de solicitudes. Los adolescentes madrileños querían seguir sus pasos. Por el ardor de su muerte, quisieron emularle. El precio es caro pero la gloria, infinita. Daba igual, merecía la pena intentarlo. 
Así lo recuerda el lema de este centro: 


"Llegar a ser figura en el toreo es un milagro. Pero al que llega, podrá un toro quitarle la vida; la gloria, jamás."






                                                          Feria de Colmenar Viejo 1985.


José cayó a los pies de la sierra de Guadarrama. Y así opinaba en una entrevista sobre la muerte: “Me preguntáis en qué momento medito sobre la muerte. La muerte la llevamos en la cara todos los toreros. Algunos la expresan de una forma determinada y yo la expreso con la sinceridad. "Me preguntas en qué momento pienso en ella: cuando apago la lamparilla de la mesita de noche; cuando me quedo solo. Pienso que un cuerno me va a arrancar el corazón, pero siempre respondo a la pesadilla con el ¿qué más da? Mejor morir de una cornada que en la M-30”. Manifestaba estas palabras ya que así perdió a un amigo cercano. 
La escuela taurina de la capital llevó el nombre del gran Marcial Lalanda (1903-1990) hasta hace escasos años y tras ser solicitado con ahínco por diferentes sectores, se cambió y desde entonces pasó a ser denominada Escuela de Tauromaquia José Cubero "Yiyo". No solo en la escuela taurina se homenajea a este gran torero. En la explanada de las plazas de toros de Madrid y de Colmenar Viejo, en el cementerio de la Almudena y en su barrio de Canillejas se alzan estatuas recordándole. 

Un rápido resumen de su carrera desde aquel debut en san Sebastián de los Reyes:
Toreó en España 62 novilladas con caballos y 177 corridas de toros. La plaza que más veces pisó fue Madrid. En Las Ventas actuó cinco veces como novillero y dieciséis como matador de toros. 
Allende los Pirineos, fue Dax la que más veces le vio torear. Fueron siete veces. En total en Francia actuó en treinta corridas de toros y doce novilladas picadas. 
Al otro lado del océano también pudieron disfrutar con la tauromaquia de José. Manizales fue la ciudad donde más toreó. En total, cumplió 29 paseíllos en las plazas americanas. 
Y respecto a los compañeros, con quién más toreó fue con Tomás Campuzano, fueron 35 veces. Después con Dámaso González y Emilio Muñoz, que fueron 28 con cada uno.




A pies juntos y de frente. Llevando al toro hasta detrás de la cadera. 
Formidable natural en Almería.




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jueves, 20 de octubre de 2022

Cinco lustros absolutamente irrepetibles.

"Una licencia poética nos haría decir que el torero nació de la tierra porque la Puebla del Río es marismeña, y la misma es un territorio agreste donde vive el toro bravo, y antes, el uro. Luego, el arroz desplazó al toro a las dehesas serranas de la provincia, aunque como testimonio permanecen algunas vacadas: las de Peralta, la de los Moreno Santamaría, la de Escobar y, algo más lejos, en Villamanrique, los toros de Curro Campos. Además, Sevilla y su provincia es tierra de toreros: muy cerca de la Puebla, en Gelves, nació Joselito el Gallo; Camino, Romero, Julio Vito y tantos otros, en Camas; en Tomares, Bombita; en Gines Cortés y Cepeda; Jaime Ostos en Écija; Espartaco en Espartinas y en la capital una lista que se tornaría interminable: Belmonte, Cagancho, los Gitanillos, Chicuelo, Pepe Luis, Manolo González, Pepín, Diego Puerta..."   Álvaro Acevedo

Se cumplen cinco lustros de la alternativa de un torero absolutamente genial: José Antonio Morante Camacho. "Morante de la Puebla" en los carteles.

Nació nuestro protagonista el 2 de octubre de 1979 a orillas del río Guadalquivir en un pueblo a las afueras de Sevilla: La Puebla del Río. Con su primo Juan Carlos y sus amigos jugaba al fútbol, al escondite, al toro y a otros tantos juegos que cayeron en el olvido por culpa de tanta maquinita y otras modernas tecnologías. La niñez de Morante se limitaba a la calle Cervantes donde vivía y a las calles adyacentes. Durante su infancia, Morante solo tenía un sueño: ser torero. Por fin llegó el día en el que pudo ponerse delante de una becerrita. En la Vuelta del Cojo tentaba Manolo Vázquez, así que Rafael Morante se llevó al niño a lo de Pérez de la Concha y con apenas seis años consiguió dar un par de lances a la vaca. Sufrió un revolcón pero José Antonio estaba feliz, algo grande había ocurrido. A partir de ahí empezó a pulular por los tentaderos de los que se enteraba y recorría esa comarca marismeña buscando becerras que torear. Y por fin, con diez años, toreó en público en su pueblo en una fiesta que organizaron su padre y unos amigos. Un par de años más tarde, José Luis Peralta fue enseñando a José Antonio los misterios del toreo. Acabó encontrando a su primer mentor: Bizcocho. Era un taurino que se dedicaba a ayudar a los torerillos de La Puebla y localidades cercanas en sus primeras etapas así que ayudó a que nuestro protagonista lanzase su prometedora carrera. No fue Bizcocho un apoderado como tal ya que no hacía las funciones propias pero se las arregló y consiguió, un poco más tarde, que Leonardo, padre de Emilio Muñoz apoderase al joven sevillano.

Durante los primeros años de la década de los 90, José Antonio se curtió hasta su debut en el 94. Leonardo esperó y cuando vio que era el momento oportuno cerró en 1995 su presentación ante la cátedra venteña. No fue un debut estelar pero la afición madrileña vio que Morante era diferente. Que interpretaba el buen toreo. Siguió forjándose por las plazas españolas y en 1996 debutó en la Maestranza dejando una buena impresión y en Arnedo (La Rioja) ganó el prestigioso Zapato de Oro. En octubre de ese año, en el festival homenaje a José María Plaza cortó dos orejas y salió a hombros por la Puerta de Alcalá.

Al año siguiente se barruntaba la idea de que tomase la alternativa en en Sevilla pero vaivenes y desencuentros entre su nuevo apoderado, Miguel Flores y los empresarios maestrantes hicieron que Morante se doctorase allende Despeñaperros. Tuvo tiempo de torear esa primavera unas cuantas novilladas y a finales de junio, en tierras de El Cid, por fin se convirtió en doctor en tauromaquia acompañado de César Rincón y Fernando Cepeda. El mismo día de su presentación como matador en La Maestranza, cortó dos orejas a un toro de Victoriano del Río. Siguió toreando a lo largo y ancho de España y dos años después consiguió descerrajar la Puerta del Príncipe en abril de 1999. Aquel día toreó con "Litri" y "El Cordobés". Cortó tres orejas a un lote de Guadalest y cruzó ese umbral que da al Guadalquivir. Su temporada estaba más que lanzada pero en el mes de septiembre llegó un percance fortísimo: en la localidad madrileña de San Martín de Valdeiglesias un toro le partió varias vértebras. Tras cuatro meses en una cama se repuso y dejó durante las siguientes temporadas faenas absolutamente imborrables por toda la geografía taurina: Málaga, Bilbao, Nîmes, Madrid con un toro de Astolfi, Lima, Méjico D.F., Vistalegre, Leganés, Olivenza con los toros de Victorino, Alicante, Morón de la Frontera, Sevilla con toros de La Dehesilla, o las de San Sebastián a toros de El ToreroValdefresno, o Martín Arranz; las encerronas de El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera ... 


Pero por la cabeza de Morante rondaban mil cuestiones. Y también una enfermedad psíquica. Tras fallar estrepitosamente el Domingo de Resurrección de 2004 en la capital de España, Morante cortó su temporada y fue a tratarse a Estados Unidos. Reapareció una temporada después para seguir haciendo el toreo más bello: EspartinasJerez de la FronteraValencia, Málaga, San Sebastián, Salamanca, Granada, Huelva, Sanlúcar de Barrameda, Almería, Palencia, Valladolid, Barcelona, Bayona, Santander... 

A finales de 2006 surgió un bombazo que nadie se esperaba: José Antonio sería apoderado por el irrepetible diestro jerezano Rafael de Paula. En junio de 2007 volvió a retirarse no sin antes dejar obras como las de Jerez de la Frontera, las dos orejas en Sevilla, la Beneficencia en Madrid y en Granada por el Corpus con los toros de Gavira. Como regalo a los morantistas, volvió el día de Reyes de 2008 en la capital azteca, y toreando con "El Pana" demostró que estaba en plena forma. Entre sus hitos fue una oreja que cortó bajo el diluvio a un toro de Victoriano del Río en San Isidro y dos buenas faenas en Bilbao y San Sebastián, y entre sus fracasos mencionaré el petardo que pegó en solitario en Zaragoza. En 2009 mató Victorinos en Sevilla con "El Cid" y cuajó a Señorito, de Juan Pedro Domecq; en Madrid dejó una tarde para la historia: el toreo con el capote a otro toro de Juan Pedro Domecq. Absolutamente inolvidable. 

Entre 2010 y 2013 volvió a brillar con el capote en Madrid y salió a hombros en la exigente Bilbao tras un trasteo memorable a un toro de Núñez del Cuvillo. Cortó tres rabos: en Nîmes, Córdoba y en Cantalejo (Segovia). La media de Sevilla, la faena a un sobrero de Javier Molina también en Sevilla, la tarde de Valencia, Barcelona, Carabanchel, la encerrona en Ronda, mató Victorinos en Dax... por mencionar algunos recuerdos que dejó Morante aquellos años. Firmó pinceladas de enorme torería y también dio tardes ya olvidadas.  


Estos últimos años ha seguido demostrando que es un torero absolutamente genial: Illescas, Brihuega, las tardes en Salamanca con los toros de Galache, varias faenas de dos orejas en Sevilla (cada cual mejor que la anterior): a Dudosito de Cuvillo el 15 de abril de 2016, el 1 de octubre de 2021 y el 7 de mayo de 2022. Cortó un rabo en Linares (Jaén). Este pasado mes de septiembre también en Sevilla y ante los toros de García Jiménez hizo, una vez más, una obra inmensa marrada con la espada; en Pamplona por san Fermín bordó el toreo en el aniversario del centenario de dicha plaza, realizó dos faenones en Madrid ante toros de Alcurrucén y las verónicas a un toro de El Puerto de San Lorenzo el pasado 12 de octubre también en Madrid pusieron la plaza en pie.

Y tras el fallido intento de 2020, ha querido el sevillano cumplir la mítica cifra de cien festejos toreados (a falta de un festejo en Arenas de San Pedro).  Lejos quedan aquellos años locos de los noventa en los que Ponce, Jesulín o El Juli toreaban sin parar de febrero a octubre solo en Europa. Su predilección por el gran Joselito, hizo que en 2020, centenario de su muerte, quisiera José Antonio recordarle de diferentes pero por la pandemia, los planes se frustraron. Este 2022 ha cerrado su temporada con esa cifra tan redonda. 

Morante posee un concepto absolutamente innato. Ha ido imbuyéndose de todos aquellos que le han enseñado: Peralta en sus inicios, banderilleros con los que entrenaba de joven, de Rafael de Paula en su época de apoderamiento... Y por supuesto los vídeos. Grabaciones de todo tipo, imágenes antiguas... han ayudado a Morante a forjar una manera inigualable de lo que es torear.  

Capote: Si hay que hablar del toreo de capote, Morante está, sin lugar a dudas entre los grandes. Belmonte, Gaona, Curro Puya, Silverio Pérez, Pepe Luis Vázquez, Rafael de Paula, Fernando Domínguez, Fernando Cepeda... Morante tiene un hueco más que ganado en lo que el toreo de capa se refiere. Su repertorio es inmenso: las medias, los recortes, los galleos, las largas, las chicuelinas, los delantales... Y por supuesto las verónicas. El toreo fundamental de capa tiene en José Antonio uno de sus mejores exponentes. En alguna que otra ocasión, se ha ido de rodillas a la puerta de toriles. En su afán por investigar lances y suertes absolutamente olvidadas, estos últimos años ha recuperado suertes como la tijerilla, el recorte de Reverte y el galleo de El Bú. Y de su invención son dos quites: la morantina y la cigarrera, en honor a su pueblo y cuyo gentilicio es el nombre con el que ha bautizado esta suerte.


Banderillas: Morante tiene el aroma de los clásicos banderilleros. No es un torero al uso deportivo y explosivo. Lo suyo es la torería. Cita en corto, se deja ver y poco a poco arranca la carrera cuarteando hacia el animal. Clava en la cara y sale de la suerte con toda la gallardía posible. Un ejemplo, la goyesca de Jerez en 2003 con las antiguas banderillas de bullón, la Beneficencia de Madrid en 2007 o Valladolid en 2021.

Muleta: Si el repertorio de capote es inmenso, con la muleta no se queda atrás. Sus inicios de faena son una delicia. Si el toro exige suavidad y temple, Morante inicia por unos ayudados por alto y remata con el kirikikí. Si el toro tiene poder y fuerza, Morante se dobla con él por bajo. Si el animal tiene clase y recorrido, Morante improvisa una fantasía enorme de lances como por ejemplo el pase de la firma, hace un molinete, o pega un pase cambiado como en Madrid en la reciente feria de Otoño. O recuerda a Pepe Luis y su famoso Cartucho de pescado. Los naturales tienen la gracia del toreo sevillano. Tanto a pies juntos como cerrados, ya sea con la ayuda o no de la espada, Morante obra el mejor toreo. Los cierres también son sorprendentes: remates, cambios de mano, giraldillas, serpentinas, trincherazos, trincherillas, abaniqueos... Y cuando llega el toro exigente, Morante se faja con él y le puede. Ya sea en una faena de poder o espantar las moscas a un toro manso, brilla la torería en sus faenas. 


Espada: Morante procura ejecutar la suerte con pureza y pulcritud. Se perfila y va detrás de la espada. No pega saltos ni hace ademanes raros. No es un estoqueador contundente, y muchas veces, la espada le ha dado disgustos ya fueran tras faenas absolutamente insulsas o de cante grande. Pero cuando mata, mata de verdad.

El toro: Ha abierto estas últimas tres temporadas, tras muchos años encasillado prácticamente en los mismos hierros (cosa que es muy de agradecer), los encastes a lidiar. Por ejemplo, ha lidiado toros de ganaderías legendarias como la de Miura en Linares y La Maestranza, los "patasblancas" de Galache en Salamanca y Ciudad Rodrigo, los "santa colomas" de La Quinta en varias plazas del norte y de Francia, Atanasios en Madrid, los de Samuel Flores en Albacete, la frustrada encerrona en El Puerto con los jaboneros toros de Prieto de la Cal, Torrestrella etc. Por sus manos han pasado "ibanes", "veraguas", "albaserradas", "núñez", "domecq"...

Los vestidos: Su mejor imagen. Ojalá poner fotos de todos ellos. Ha lucido todos los colores tanto en oro, plata como en azabache. Sus bordados son únicos. Busca y consigue marcar diferencias con el resto. No suele usar pañoleta, sino un pañuelo. Y remata su imagen con coletas de pelo natural. Si tuviese que elegir un par de vestidos me quedaría con el sangre y oro de Madrid en 2007, un blanco y azabache usado un año antes en Jerez o Alicante, un verde y oro en Sevilla en Resurrección en 2010 o más recientemente un tabaco e hilo blanco. 


"Morante es el crisol donde se funden los mejores toreros del pasado. Cuando se dobla con un toro parece Joselito El Gallo. Cuando hace los recortes se parece a "Chicuelo" y su toreo a pies juntos también. Carga la suerte como Pepe Luis Vázquez. De Juan Belmonte recuerdan sus medias verónicas, en echar la pata "p´lante" y hundir el mentón en el pecho. En Morante se funde todo lo bueno, y además con una enorme torería. Es un compendio del toreo sevillano". Domingo Delgado

Veinticinco años dan para muchísimo y he intentado hacer un breve resumen. Estadísticamente, quedarían así sus datos más significativos:
Debuta como novillero el 16 de abril de 1994 en Guillena (Sevilla).
Alternativa: Burgos, 29 de junio de 1997. Toreó con César Rincón y Fernando Cepeda.
Confirmación en Madrid: 14 de mayo de 1998. Toreó con Julio Aparicio y "El Cordobés" un encierro de Sepúlveda.

Tardes como único espada: 
- 15 de agosto de 2002 en El Puerto de Santa María. Toros de Santiago Domecq, Torrestrella, Marqués de Domecq, Jandilla y El Torreón. Cortó una oreja.
- 12 de octubre de 2003 en Jerez de la Frontera. Toros de El Pilar, Gavira, Núñez del Cuvillo, Santiago Domecq, Carmen Lorenzo y El Torero. Cortó tres orejas y un rabo. 
- 11 de abril de 2004 en Madrid. Toros de Astolfi, Domingo Hernández, Alcurrucén, Hermanos Lozano, Martín Arranz y Núñez del Cuvillo. 
- 6 de junio de 2007 en Madrid. Toros de Gavira, Román Sorando, Ana María Bohórquez, Rosario Osborne y Núñez del Cuvillo. Herido en el quinto y oreja en el sexto. 
- 12 de octubre de 2008 en Zaragoza. Toros de Daniel Ruiz, La Campana, Fuente Ymbro, El Pilar, Zalduendo y Núñez del Cuvillo.
- 7 de septiembre de 2013 en Ronda. Toros de Juan Pedro Domecq y Parladé. Cortó tres orejas.
- 3 de diciembre de 2015 en Quito (Ecuador). Toros de Huagrahuasi y Triana (sin muerte).
- 30 de junio de 2016 en Lisboa. Toros de Zalduendo (corrida a la portuguesa). 
- 7 de agosto de 2021 en El Puerto de Santa María. Toros de Prieto de la Cal.

Nunca ha sido José Antonio un torero de cifras y récords. Sin contar este 2022, la temporada que más toreó fue el año 2000. Trenzó 78 paseíllos, estoqueó 155 toros, cortó 44 orejas y 1 rabo. Las plazas que más ha pisado han sido La Maestranza y Las Ventas, en ambas ha toreado en torno a la media centena de tardes

En mayo de 2018 cumplió su festejo número mil. Los compañeros con los que más ha toreado han sido El Juli, José María Manzanares y Enrique Ponce. Y entre sus ganaderías predilectas están, por reses lidiadas Núñez del Cuvillo, Juan Pedro Domecq y Zalduendo. Ha doctorado a veinte matadores y ha sufrido trece percances de diferente consideración entre los que destacan por su gravedad el ya citado de San Martín de Valdeiglesias de 1999 y la cornada en Huesca en 2013. 

Torero único y genial. Siempre sorprende y siempre da que hablar. Ya fuera por aquel "Tour del arte" en 2013, o por coger la manguera y explicarle a un arenero dónde y cuánto hay que regar, darse un "respiro" por no estar de acuerdo con las decisiones que toman los equipos veterinarios de las plazas de toros o cómo esta temporada se trasladaba a la plaza en un carruaje para asombro de viandantes como ya hicieran los toreros hasta principios del XX o por su compromiso en estos últimos años tan difíciles para la tauromaquia. Por todo eso, y tantas cosas más, a José Antonio hay que seguirle. No es un torero de registros y de enorme regularidad como otras figuras. A estos genios estas cosas poco les importan. Aún queda Morante para rato. Ojalá siga abriendo encastes, ojalá siga desempolvando viejas suertes del toreo y haciendo de los vestidos de torear auténticas obras maestras. Morante da disgustos y alegrías a partes iguales, pero nunca deja indiferente a nadie. Morante es diferente. Un torero absolutamente irrepetible. 





viernes, 22 de octubre de 2021

Chenel en el recuerdo.

Se cumple una década del fallecimiento de un torero con mayúsculas: Antonio Chenel Albadalejo, Antoñete en los carteles.

Hubo una época en Madrid en que el fútbol era algo secundario. O el baloncesto. Y otras muchas cosas. En aquellos años 80, que marcaron una manera de pensar y actuar en la sociedad española que abanderaron principalmente las generaciones más jóvenes que vivieron con intensidad aquella década, la vida giraba en torno a la Fiesta. Se hablaba de toros en el metro, en las tabernas, en la calle, en los comercios, en los medios de comunicación... y gracias al auge de la Escuela Taurina situada en la Casa de Campo, hizo sino aumentar la afición de miles de muchachos que soñaron con ser toreros y que la tauromaquia estuviese presente en la vida cotidiana de muchos madrileños. La empresa Chopera, una de las grandes casas que ha habido, gestionó durante aquellos años la catedral del toreo. Y su brillante trabajo fue el responsable de que muchos se aficionasen al arte de Cúchares. Hubo muchísimos toreros que durante esos 80 hicieron de esa década una etapa absolutamente apasionante en la historia de la Fiesta pero hubo uno de Madrid fue el que de verdad movió a aquellas masas de aficionados: Antoñete.


Ante la Virgen de la Paloma en la capilla de Las Ventas. Momentos previos...

En aquellos movidos años, la gente salía con resaca del Rock-Ola y se iba a Las Ventas. La plaza se llenaba de "chupas de cuero" para ver al torero del Mechón. ¿Y por qué? Porque tras unos años de hastío y vulgaridad, Antoñete volvió tras unos años retirado y, como cuando a un niño que no sabe nada y empieza por aprender las vocales, volvió a la base, o sea, a enseñar a aquella afición tan severa el toreo más clásico y más puro a la vez que sencillo, sin alharacas ni excentricidades. Los rockeros, los poetas, los "punkis", los músicos, los que empezaban a interesarse por la tauromaquia, los aficionados cansados de mediocridad... vieron en Chenel el toreo de siempre. Faenas como las que hizo a Danzarín o Cantinero, fueron un bello ejemplo de lo que es torear. Él fue el faro de esa generación. Por ejemplo, Gabinete Caligari se inspiró en la tauromaquia para componer canciones y hasta "El Fari" dedicó un tema al genial torero madrileño.

"Más que macarras, ¡castizos! Íbamos a los toros". Yo voy a los toros desde que tengo siete años, me llevaba mi padre que era crítico taurino. El ambiente, ver los toros, salir de los toros, y la caña, el carajillo e invitar a una chica a los toros. 
"Estaba de moda Antoñete. Y en los ochenta, Las Ventas se llenaba de cazadoras de cuero. Te juro que venían de Rock-Ola de resaca para ir a ver a Antoñete".
Jaime Urrutia.
 

                     ...Y después de rezar, apurando el último cigarro...  Luciendo su eterno malva y oro.

Pero... ¿Por qué era tan especial? ¿Se toreaba peor o mejor que cuando no estaba Antoñete? ¿Qué tenía Chenel que no tenían los demás? No era cuestión de ser mejor o peor. Resumidamente, puedo decir que la cuestión eran sus formas, el conocimiento del animal al que daba más protagonismo etc. Antonio daba distancia, citaba al toro y cargaba la suerte en el último suspiro. Sus faenas eran cortas, pero sus muletazos eran macizos y rotundos. Su torería llenaba la plaza y su actitud, chula y castiza, enamoraba a aquella afición. Y ésta, era absolutamente fiel. Ya fueran tardes de gloria o tardes silenciosas, todos esos madrileños no se perdían ni un sólo día en el que Antonio se anunciaba en Las Ventas.


Así citaba al animal. Siempre de frente, con clasicismo, pureza y torería.  

Nació nuestro protagonista en Madrid en 1932, y con siete fue acogido en casa de su cuñado Paco Parejo, el cual era mayoral en los corrales de la plaza de Madrid, por lo que Antonio, (que por aquella época aún no era Antoñete), conoció el toreó y aprendió todo lo que Paco le enseñó. A base de ver entrenar a los toreros de aquel entonces, se le metió el gusanillo del toreo y con un saco viejo se cosió él mismo su primera muleta.

Llegó el día en el que Parejo le apuntó a la parte seria del Bombero Torero y sin apenas experiencia, dejó boquiabiertos tanto a su cuñado como a los profesionales que allí estaban por cómo toreó la becerra.  Se doctoró en Castellón con 21 años. Sus años de novillero y los primeros de matador, toreó y se curtió pero sin que nada extraordinario ocurriese. No despuntaba. En su segunda tarde en Madrid cortó tres orejas pero ni aún así conseguía despegar: cornadas, muchas lesiones, la indiferencia de los empresarios... Antoñete apenas toreaba así que pensó seriamente pasarse a la fila de los banderilleros. Hasta que llegó el año 1965 y el 8 de agosto le corta dos orejas a Flor de Malva, un toro de Félix Cameno en Madrid. Un año después, en la feria de San Isidro, bordó el toreo con Atrevido, un animal de Osborne. Si no fuera porque no acertó con la espada, habría cortado el rabo. Está considerada como una de las grandes faenas en la historia de la plaza de la calle de Alcalá. Volvió el infortunio, pues la mala suerte se cebó con él. Siguieron unos años sin historia y en 1975 tras matar discretamente seis toros de Sánchez Fabrés en Las Ventas tomó la decisión de retirarse. Viajó a Venezuela y gracias a unos ganaderos que le acogieron, se recuperó anímicamente tras esos años sin apenas éxitos y empezó a coger sustituciones de las figuras españolas cuando no podían torear en aquellas plazas por los motivos que fueren. 


La media verónica a Atrevido. Así remataba Chenel el principal lance de capa.
Legendario trasteo conocido como "la faena al toro blanco".

Sus triunfos en ultramar resonaban con fuerza en la Madre Patria y regresó en 1981. Aquel mismo año hizo el paseíllo en la Villa y Corte dejando retales de buen toreo. En 1982 su carrera comenzó, por fin, a despegar: le cortó dos orejas a Danzarín de Garzón y la crítica fue unánime. La afición se rindió al torero. El 7 de junio de 1985, tras tres años sin grandes triunfos en la capital, vuelve a dictar una lección. Le cortó las dos a Cantinero, de la misma ganadería que Danzarín y tras ese triunfo, se retiró brevemente. Siguió toreando un año después pero sin dejar faenas estelares. Aún así, movía masas de aficionados. En el 88 firmó su última gran actuación en el coso venteño con un toro de D. Álvaro Domecq llamado Siestecita y no volvió a torear en Madrid. Durante aquella década, toreaba cuatro y hasta cinco tardes en el ruedo capitalino por temporada.

                                          

                                   Natural a Cantinero. 7 de junio del 85. Ese día cortó tres orejas.

Diez años más tarde, exactamente en junio del 98, el día de San Juan y para celebrar su sexagésimo sexto cumpleaños hizo un regalo inolvidable a la afición: abrió Las Ventas y mató dos toros altruistamente. En agosto del año siguiente dejó muletazos para el recuerdo en Antequera en una tarde que se intuía insuperable pues toreó con Curro Romero y Rafael de Paula. Y ese mismo otoño, en Jaén, volvió a reverdecer laureles obsequiando a los jiennenses dos obras inigualables. Su delicado estado de salud, sumado a dos pulmones que rebosaban nicotina, dijo basta en Burgos de 2001. En mitad del festejo, tuvo que ser atendido por problemas respiratorios. Dejó de impartir cátedra en los ruedos pero siguió haciéndolo en televisión. Fiel compañero de Manuel Molés en Canal Plus, deleitó durante los 90 (mientras seguía en activo) y 2000 a los abonados a este canal privado. Hablaba poco pero cuando lo hacía dejaba enseñanzas que seguramente nadie olvida. No fue figura, como tampoco fue un torero de muchos festejos y altos datos numéricos. Fue algo más que figura del toreo, tiene Chenel otro título que reciben esos matadores que por su personalidad y carisma atraen a los aficionados: torero de culto. Ser figura puede serlo cualquiera, pero ser un torero que marque una época y quede en el recuerdo de generaciones posteriores, es mucho más difícil. Él lo es. 

En Madrid toreó un total de ochenta tardes: setenta y siete como matador y tres como novillero. Cortó 32 orejas. Salió siete veces por la puerta grande.

Pero el resumen de este sencillo recuerdo podría ser este vídeo: sus tardes más gloriosas, faenas legendarias... Media horilla de felicidad. Disfrútenlo. 


 
DESCANSE EN PAZ, TORERO



jueves, 15 de abril de 2021

Rincón, César del Toreo.

Se han cumplido tres décadas y hay que recordarlo. En la sección "Sucedió en Madrid", escribiré en esta ocasión sobre César Rincón. 

Nació nuestra protagonista en Bogotá, en el año 1965. Aprendió el oficio en las tientas de las diferentes ganaderías colombianas y vino poco después con su apoderado a la madre Patria a vivir a un hostal de la madrileña Gran Vía. Pasaba los días entrenando con los toreros de la capital en la Casa de Campo. Tras dar los primeros pasos como todo novillero, se doctoró en su ciudad natal en el año 82. Fue un cartel de lujo, pues toreó con Antoñete y José María Manzanares. Dos años más tarde se presentó en la Villa y Corte. En la plaza de Las Ventas toreó con "Manili" y con Pepe Luis Vargas. Las reses pertenecían a la ganadería de Leopoldo y Aurora Lamamié de Clairac. Su trayectoria fue discreta, hasta que llegó aquella tarde de noviembre de 1990 en la ciudad colombiana de Palmira. Sufrió una fuerte cornada en la que a punto estuvo de perder la vida. El pitón le arrancó la femoral. La operación se complicó y la hemorragia no cesaba, así que el equipo médico realizó varias transfusiones. Se recuperó y toreó en Madrid en abril del año siguiente. El cartel fue: toros de Celestino Cuadri para Enrique Ponce, Raúl Zorita y el bogotano. Joaquín Vidal le elogió en El País por el valor y la pureza de su tauromaquia. De esta forma, en la antesala de San Isidro, el colombiano llegaba a la gran cita concienciado para ello.

 Esta fue su primera tarde en aquel San Isidro: Toros de Don Baltasar Ibán y alternó con Curro Vázquez y ‘Armillita Chico’. 21 de mayo de 1991. Vistió de verde manzana y oro. Le cortó las dos orejas a Santanerito, sexto de la tarde. 

"César Rincón había iniciado su ascensión a los cielos cuando se echó la muleta a la izquierda y el toro, un serio, fiero, encastado toro, pretendió arrebatársela pegando una arrancada temible. En aquel momento crucial se estaba dilucidando una cuestión de soberanía: o mandaba el torero, o mandaba el toro. Y el torero, en un instante de inspiración que quizá vaya a cambiar el rumbo de su vida, decidió tirar del toro hasta el centro del redondel, citarle allí de nuevo, y llevarle sometido en una tanda de naturales, que pusieron la plaza boca abajo y el toreo en la cumbre. Entonces se le entregó el toro y el triunfo ya fue suyo para siempre jamás". Joaquín Vidal.  

Cuando arrastraron a su primer toro, el espada se lamentó: “Ha sido una faena de oreja, pero he pinchado y el trofeo se ha ido con el toro al desolladero”. Saludó una ovación. "Rincón sube a los cielos", tituló Vidal en El País. Crujió Madrid toreando al natural.

Tras aquel triunfo, esa misma noche recibió en el hotel una llamada de la empresa. El matador Fernando Lozano cayó herido días antes por un toro de Atanasio Fernández y necesitaba un sustituto. Rincón contestó que sí. Asi que veinticuatro horas después volvió a hacer el paseíllo en Las Ventas.

Veintidós de mayo: toros de la ganadería portuguesa de Murteira Grave para Ruiz Miguel, Juan Antonio Ruiz "Espartaco" y César Rincón. Vistió de rosa y oro. Le cortó las dos orejas a Alentejo, sexto de la tarde. Su trasteo a Alentejo fue un compendio de pureza, valor y torería. Rinconistas a tope, ese fue el titular de la crónica al día siguiente de Joaquín Vidal.

"...concertaba con el maravilloso sexto toro la recreación de las más hermosas suertes de la tauromaquia, y eran allí los cambios de mano en distintas versiones, los ayudados por alto o por bajo, las trincherillas juguetonas o los trincherazos profundos, desplegando toda la grandeza del toreo verdadero, para pasmo del público transeúnte y conmoción de los aficionados de toda la vida, alguno de los cuales, se desmayó". J. V. 

De nuevo puerta grande. La gloria. Cruzar ese umbral mudéjar a hombros y tras cortar dos orejas dos tardes consecutivas es algo que sueñan miles de toreros. La afición sólo pensaba en César. Un colombiano que llegó a la madre Patria y reventó el toreo en apenas cuarenta y ocho horas. Pero quedaba lo mejor. 

Extraordinaria corrida de Beneficencia. Cinco de junio. Toros de Samuel Flores para Ortega Cano y César Rincón. Volvió a vestir de rosa y oro. Cortó tres orejas. Un mano a mano inolvidable. Hubo varios piques en quites y ante el cuarto de la tarde, rugió Madrid viendo al colombiano torear al natural. Cerró la tarde plantando batalla ante un toro gazapón que le hizo cavilar. Le cortó la oreja. Aquí podéis leer lo que escribí sobre aquella maravillosa tarde. 

"Dos toreros cabales salieron a la palestra, desplegaron cuantos recursos técnicos y artísticos conoce la tauromaquia clásica y enviaron la otra a freír espárragos. No fue fácil, naturalmente, porque desplegar los recursos técnicos y artísticos de la tauromaquia clásica es difícil y comporta muy serios riesgos". Joaquín Vidal.    "Memorable". Así tituló su artículo en El País. 

                         

Tercera tarde y tercera puerta grande. Historia. La afición se enamora de un americano que ha llegado para ser el número uno. Rincón torea y convence. Demuestra que puede y además que tiene cuajo de figura. Llovían los contratos. El teléfono echaba humo. Acabó San Isidro y en verano dio varias vueltas a España y Francia. En septiembre, la empresa de Madrid, Toresma anunció los carteles de su feria de Otoño. Nuestro protagonista actuó la última tarde.  

Uno de octubre: Toros de la ganadería salmantina de Sepúlveda para José María Manzanares, César Rincón y la confirmación del pucelano David Luguillano.

"Rincón sorprende con el toreo de siempre, que consiste en cruzarse, bajar la mano, templar las embestidas, dejar el engaño en la cara, para ligar el pase siguiente con un soberbio juego de muñeca. Ese es el toreo, señores, el de toda la vida, adulterado por comodidad de nuestros toreros, aferrados al unipase al colocarse al filo del pitón de acá en la rutina de un quehacer monótono y estandarizado. César Rincón no ha inventado nada, pero cuenta con dos virtudes fundamentales: la de haber resucitado el toreo eterno y la hombría de dar la cara en Madrid sin miedo a devolver los éxitos anteriores" . Vicente Zabala en ABC.

Pues eso, ni adornos ni fuegos artificiales. Cortó una oreja a Cardíaco y otra a Ramillete, de João Moura y volvió a salir por la puerta grande. Torear, eso fue lo que hizo César aquellas cuatro tardes en la catedral del toreo. Se la jugó sin trampa ni cartón y a base de realizar el toreo más clásico y auténtico, a la par que bello, se consolidó como figurón del toreo. Cuarta tarde y cuarta salida a hombros. Leyenda. Y así le recibieron en su tierra natal. 

 Al año siguiente recayó de aquel cornadón en Palmira y le detectaron una hepatitis C debido a aquellas transfusiones. En contra de la opinión médica y pasando un calvario, César continuó toreando porque su deseo era consolidar lo conseguido en 1991 y no perder fuelle en el escalafón. Durante esa década se mantuvo en lo alto  defendiendo su estatus de máxima figura. Ortega Cano, Joselito, Ponce, "Litri", "Espartaco", Curro Vázquez, Ojeda, Manzanares, José Tomás, "Jesulín"... Se batió con todos. Toreó todos los encastes.

En junio de 1994, se las vio con Bastonito, de Baltasar Ibán. De nuevo, César volvió a enfrentarse a esta ganadería cuyos toros pastan entre El Escorial y el Valle de Los Caídos. Como podemos comprobar, la carrera de César ha estado ligada a este hierro madrileño. Actuó con Juan Mora y Emilio Muñoz. Su vestido fue blanco y oro. César estuvo épico, combativo, valiente, dispuesto, gallardo y el toro fue encastado, exigente, bravo, fiero. Quizá otro torero habría tomado las de Villadiego y hubiera pegado un sainete pero César plantó batalla como los numantinos ante los romanos. Hasta el último aliento. Oreja ganada a sangre y fuego. El toro fue premiado con la vuelta al ruedo. Aquel 7 de junio se convirtió en un capítulo de oro en la historia de la plaza de Madrid. 

"El toro de casta necesitaba, naturalmente, un torero en plaza, y lo hubo en la corrida ferial. Fue César Rincón, que le presentó pelea con el ardor y la entrega propios de un novillero principiante". Esta fue la crónica de Joaquín Vidal al día siguiente. 



El 30 mayo de 1995 y vestido de verde oliva y oro, volvió a salir a hombros en pleno San Isidro tras desorejar a Emplazado, un toro de Astolfi. Toreó con Emilio Muñoz y Manolo Sánchez. Aquí podéis leer la crónica de Joaquín Vidal. Quinta puerta grande.

"Con el público ya volcado y mascándose el triunfo, César Rincón se recreció; desafió al encastado toro de Astolfi; prolongó la faena; no llegaba el aviso, que ya correspondía; se llevó el toro al tercio mediante ayudados por bajo muy toreros. Y, al cobrar una excelente estocada, el mundo se iba a venir abajo: ovaciones estruendosas, miles de pañuelos convirtiendo en una nube blanca el graderío, las dos orejas, la puerta grande abierta de par en par..."   J.V. 

 A finales de los noventa, tras arrastrar todos esos años aquella enfermedad, no pudo más. Se retiró en 1999 y tras varias temporadas en blanco para recuperarse, anunció su vuelta en 2002. En 2005 cruzó vestido de celeste y oro por última vez la puerta grande de Madrid. Diez años después, Rincón, de nuevo, fue proclamado César por sexta vez. Aquel 17 de mayo de 2005 cortó una oreja a cada uno de sus toros, que en esa ocasión pertenecían a la ganadería de Alcurrucén. 

"Con verónicas apasionadas recibió al cuarto, un toro más parado que se encontró con un torero pleno de madurez que lo enseñó a embestir. Valentísimo en todo momento consiguió encelarlo en la muleta y dibujar redondos de auténtica calidad; especialmente una tanda templadísima, profunda y ligada en la que los derechazos conmocionaron a la plaza. A menos, otra vez, por el lado izquierdo, citó a matar recibiendo y pinchó, pero la oreja fue justamente a sus manos porque había protagonizado una tarde de toreo solemne. Salió por la puerta grande con todo merecimiento, reverdeciendo los laureles de sus mejores tardes en esta plaza". Antonio Lorca en El País.



Toreó junto a "El Cid" para confirmar la alternativa al salmantino Eduardo Gallo. "Cid" estuvo histórico. Su toreo al natural fue colosal. No lo olvidan aquellos que lo presenciaron. De no haber fallado Manuel con la espada, habría compartido con el colombiano la gloria de la puerta grande.

Su carrera daba los últimos coletazos. Su despedida de Sevilla, el 24 de abril de 2007, también fue inolvidable. Le cortó las dos orejas a Ventisco, un toro de Torrestrella. Unas semanas más tarde se despidió de "su Madrid".  Ante aquella afición que tanto le había dado. El 9 de junio toreó con Morante de la Puebla y César Jiménez. Los toros lucieron hierro y cintas de la ganadería de El Pilar. Vistió de pizarra y oro. Una tarde sin historia. Yo estuve. Recuerdo que fue un día soso y anodino. 
Cerró su trayectoria toreando esas Navidades en las principales plazas americanas y en febrero de 2008, en el inmenso embudo de Insurgentes, en la capital azteca, trenzó su último paseíllo. 

Se fue un torerazo. Un maestro que en los años 90 puso la autenticidad y el clasicismo al servicio de la emoción. Una de sus mayores bazas fue el de la distancia. Cuando poco a poco se ha ido imponiendo la moda de las cercanías y agobiar al toro, Rincón citaba de lejos, cargaba la suerte y toreaba con verdad. Eso fue lo que enamoró a los aficionados, lo que hizo vibrar al público tarde tras tarde.  Y no sólo el de Madrid sino también a los franceses, mejicanos, peruanos... Siempre quedará en la memoria aquel 1991: cuatro tardes y cuatro salidas a hombros consecutivas. Y en la cátedra. Inigualable. Imbatible. Han pasado treinta años. Se fue Rincón. Se fue un César del toreo. 






jueves, 10 de diciembre de 2020

Alternativa de José Tomás.

Si en marzo escribí sobre Enrique Ponce, ahora haré lo propio en el aniversario del madrileño José Tomás.


"José, voy a tener el honor de otorgarte la alternativa, en mi tierra, a un torero español. Te deseo lo mejor. Que se conviertan pronto tus triunfos en realidad. Que seas una figura del toreo no sólo de aquí, sino de donde quieras serlo. Mucha suerte y que Dios te ayude".


Se han cumplido cinco lustros de estas palabras. Con este discurso Jorge Gutiérrez doctoraba en tauromaquia a un jovencísimo José Tomás tal día como hoy pero de 1995 en ese impresionante embudo que es el coso de Insurgentes. Completó el cartel Manolo Mejía. Unos meses después confirmaba este joven de Galapagar la alternativa en la capital del reino de manos de José Ortega Cano y Jesulín de Ubrique. La dura cátedra venteña aprobó con matrícula a un José Tomás que venía a revolucionar el cotarro. Ya habían oído de José los aficionados madrileños pues éste salió a hombros de novillero en la plaza de la calle de Alcalá el día de su presentación en este coso. Esa puerta grande era el fin de una etapa que comenzó allende nuestra tierra, pues este muchacho de la sierra de Guadarrama marchó a Méjico para hacerse torero. Esta historia comenzó cuando su abuelo Celestino le pinchó su balón, porque JT quería ser futbolista. El país azteca certificó que él no era uno más, tenía cuajo de figura. Así que tras aquella matrícula en el doctorado, quedaba emocionarse con un toreo que hacía mucho que no se veía. Los años de 1997, 1998 y 1999 fueron, simplemente, excelsos. 


En Sevilla abrió la Puerta del Príncipe dos veces consecutivas y en Madrid lo hacía cada vez que toreaba. Cinco puertas grandes logró en aquellos años. El resto de plazas se rindieron ante el madrileño. Días de miel y de hiel pues su sangre regó innumerables plazas de toros. Estos primeros años de su carrera recibió heridas de distinta consideración: la más grave tuvo lugar en Autlán de la Grana (Méjico) el 18 de febrero de 1996 donde sufrió dos paros cardíacos debido a la sangre perdida. Dicen que el valor de los toreros se va por los agujeros de las cornadas pero José seguía día tras día manteniendo su concepto del toreo. Famosa es la sentencia del gran Antonio Ordóñez, abuelo de Francisco: "donde todos los toreros ponen la muleta, es ahí donde se pone José Tomás". Es decir, que los terrenos que pisa nuestro protagonista, jamás lo ha pisado otro; arrimándose como pocos lo han hecho en la historia del toreo. La leyenda estaba más que consolidada. Y la culpa la tiene Antonio Corbacho (QEPD), un descubridor de toreros cuya mentalidad era seguir la filosofía del samurái. Es decir, a pesar del dolor hay que mantener el tipo sin mirarse. Este novillero cuya carrera quedó truncada por una cornada, su vocación de docencia taurina le sirvió para ayudar los que se iniciaban en el arte de Cúchares. Se llevó a José a su casa y en la soledad del campo le curtió bajo una formación totalmente espartana. Y años más tarde llevó a la primera fila del toreo a Alejandro Talavante.

El 31 de marzo de 1997 tuvo el primer duelo con los dos gallos del corral: José Miguel Arroyo "Joselito" y Enrique Ponce. Este suceso tuvo lugar en el anfiteatro romano de Arlés. La ganadería de aquella ocasión fue la salmantina de Domingo Hernández. La corrida lo puso muy difícil y José estuvo hecho un león. Famosa es aquella anécdota que mientras toreaba, en el callejón Enrique susurraba a Joselito: -Escucha, el nuevo está loco. A lo que éste sentenció. -¡Qué va! loco no. Lo que sucede es que tiene unos cojones que le arrastran, más que tú y yo juntos. A partir de ese día, la hegemonía de estos dos veteranos se vio amenazada por JT.

Otro matador de mucha raza se codeaba con los dos anteriores en los carteles de postín: Francisco Rivera Ordóñez. Junto a ellos formaban un cartel conocido como "Los tres tenores". Un empresario tuvo la idea en 1998 de juntar a José con Joselito, Enrique y Francisco en la cubierta de Leganés. Se podrán imaginar como acabó la cosa. El de Galapagar hundió a sus compañeros. Arrasó. Joselito aún tenía gas pero en su horizonte empezaba a clarear una posible retirada. Ponce tenía la curiosa costumbre de no bajar de más de cien festejos por temporada en aquella época y Rivera era un torero que no se dejaba ganar la pelea. Pero hete aquí que cuando cada uno ya sabía el papel que cumpliría en esta apasionante historia llegó al escalafón definitivo un chiquillo quinceañero cuyo nombre era Julián López Escobar tras haber realizado una trayectoria de novillero más que contundente. Tomó la alternativa y demostró que ni quería, ni que iba a ser el quinto gallo del corral.


Los años siguientes salvo algún borrón como el día de Adolfo en Madrid, fueron memorables. Menos Bilbao y Zaragoza como las plazas de 1º en las que apenas toreó por diferentes razones, se prodigó en el resto de sitios. Ahí están las crónicas. En 2002 paró de torear dejando un profundo vacío. Aquel valeroso matador que se pasaba al toro como pocos antes lo hicieron, en silencio se fue a casa y así estuvo un lustro. Nada se supo de él de ese año en adelante salvo que de vez en cuando se dejaba ver en los tendidos de alguna plaza y recogía los premios logrados la temporada anterior entre otros pocos actos sociales. En el invierno de 2006 se anunció el bombazo que todos esperaban: José volvía a los ruedos. En junio de 2007 toreó en su Barcelona del alma dando aliento a los maltratados aficionados catalanes. Desde entonces abarrotó todos los cosos en los que actuó y sus tardes eran prácticamente triunfales en todos los sentidos. En la Villa y Corte cortó siete orejas en dos tardes y la capital catalana mató con éxito seis toros de diferentes hierros en julio de 2009. Seguía siendo el rey. Así hasta llegar a aquel fatídico 24 de abril de 2010 en Aguascalientes: una fortísima cornada en la femoral izquierda puso una vez más su vida al borde la muerte. Los espectadores hicieron fila en la puerta de la enfermería para donarle sangre. Gracias a la Providencia y a los conocimientos de ese magnífico equipo médico, logró salvar la vida. Tras reponerse, comenzó una dura rehabilitación y en julio de 2011 volvió a las plazas. Esta vez fue en la ciudad del Turia. En la capital valenciana, José reunió a aficionados de todo el globo y empezaba una nueva etapa en su carrera. El cénit de 2012 tuvo lugar en Francia. Actuó en solitario en Nîmes en una mañana absolutamente antológica y desde entonces redujo sus actuaciones a apenas un par de paseíllos cada año. Desde programar festejos con solo cuatro toros para él solo o, si acaso, dejar abrir cartel a rejoneadores, han sido las fórmulas más repetidas en esta su última etapa. 

Una trayectoria sin final... ¿Volverá? ¿Llegará a despedirse de manera "oficial"? Nadie sabe. José hace campo y en las redes sociales se puede ver a afortunados novilleros compartir imágenes y tentaderos con el de Galapagar. Él guarda silencio. Su carrera es un misterio. Opiniones sobre ella hay para todos los gustos: si debe hacer temporada, si tiene o no sentido los festejos a su gusto sin competencia y todo elegido y dirigido por él... José marcó una época. Unos años estelares que precedieron a una última etapa de eludir la rivalidad, pisar las plazas de 2º y todo enfocado a protagonizar un cartel sin nadie que le haga sombra. Navegante, que le partió la femoral en 2010 e hizo su vida pender de un hilo, marcó un antes y después en su trayectoria. En 2022 fue el último año que se le vio de luces... 




Un rápido repaso estadístico:

Estos son sus datos totales en Las Ventas. Ha toreado dos novilladas con caballos saliendo a hombros el mismo día de su presentación (24-9-1995). Confirmó, como explico más arriba, con Ortega y Jesulín en la Isidrada del 96. Toreó, hasta la fecha, diecinueve paseíllos más. 
Su número de salidas a hombros de matador es siete sin contar aquella en septiembre del 95 y son las siguientes: el 27 de mayo de 1997, el 28 de mayo de 1998, el 18 de mayo y el 17 de junio de 1999, el 21 de mayo de 2002, el 5 de junio de 2008, y días más tardes, el 15 de junio, cortó tres orejas y recibió otras tantas cornadas.

Ha toreado con veintinueve compañeros sin contar a Pablo Hermoso de Mendoza en la Beneficencia del 99. Ha estoqueado reses de veintiún hierros diferentes, ha cortado veintitrés orejas, ha acabado cuatro veces en las manos de Don Máximo, ha realizado siete faenas de dos orejas y en una ocasión vio como un toro de Adolfo se fue vivo al corral. 

Barcelona. Es su feudo. La Ciudad Condal es posiblemente una de las ciudades que más veces le ha visto torear. Después de Antonio Borrero "Chamaco", el torero más querido por los catalanes es este madrileño. Allí ha toreado una veintena de tardes, ha cortado un rabo (23-7-00), reapareció tras cinco años sin torear (junio de 2007) volviendo a dar calor y levantando la moral de una afición que pasaba por delicados momentos debido a ataques de todo tipo. Ha indultado un toro (22-9-08), se encerró en solitario (5-7-09) y toreó aquella dramática tarde otoñal de 2011 que supuso el cierre de esta emblemática plaza. Dieciséis puertas grandes suma en este coso. 

Sevilla. La temporada de 2001 fue la de su entrada en la afición hispalense. El 15 de abril, Domingo de Resurrección, cortó tres orejas y salió en volandas por la Puerta del Príncipe. Unos días más tarde, en plena Feria de Abril, repitió triunfo y volvió a salir a hombros, algo que, hasta la fecha, casi nadie ha logrado. Son muy pocas las tardes de José en la capital andaluza.

Méjico. Por sus venas corre sangre azteca, literal. Querido y esperado, es una tierra en la que ha cuajado toros en diferentes plazas de su geografía: El DF, Guadalajara, León, Aguascalientes, Morelia, Juriquilla... Suma un total de treinta y dos actuaciones en ruedos mejicanos.

Francia. Los franceses conocen bien al de Galapagar. En tierras galas ha realizado un total de cuarenta y dos paseíllos. Su tarde más recordada allende los Pirineos sin duda es aquella de 2012. Una soleada mañana de septiembre en el coliseo de Nîmes toreó en solitario. Cortó nueve orejas, indultó un toro y salió a hombros.

Su quietud y valor ha hecho que en no pocas veces haya acabado en manos de los médicos. Hasta en veintiséis ocasiones con cornadas tan graves como menciono anteriormente las de Autlán de la Grana (Méjico) o la de Aguascalientes en abril de 2010. Ya fueran cornadas o lesiones, de esas veintiséis ocasiones, en diecinueve no pasó a la enfermería hasta matar al animal. 

Desde 1995 ha estoqueado 1101 reses y ha cortado 737 orejas.