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sábado, 14 de mayo de 2022

Toros para el recuerdo: Sevilla 2022 (IV).

TOROS IMPORTANTES FERIA DE SEVILLA 2022.

Un repaso a los toros más destacados de la Feria de Abril. Por Jaime Cabezas Tejero.

- “Chismoso”. Ganadería de Santiago Domecq.

Negro de capa. Encaste Torrestrella y Domecq Díez. Lidiado por Alfonso Cadaval en 3º lugar el día 27 de abril.

Toro bravo, noble y con clase en las embestidas, en especial por el pitón derecho. La presentación no era acorde con la categoría de la plaza, muy fuera de tipo y anovillado en la cara y cuartos traseros.

Alfonso Cadaval que consiguió cortar un trofeo, tuvo la intención de hacer un toreo por bajo y con gusto, sin embargo, el animal destacó por encima de él en todos los momentos de la faena de muleta, teniendo en cuenta la prontitud del toro y su bravura. Oreja muy benévola.

- “Gracioso”. Ganadería de Santiago Domecq.

Castaño Burraco de capa. Encaste Torrestrella y Domecq Díez. Lidiado por José Garrido en 4º lugar el día 27 de abril.

Toro encastado y noble, de tremenda exigencia para su matador. Una muy buena presentación muy en el tipo de la ganadería. José Garrido estuvo por debajo de tan importante oponente, salvo en algunos tramos de la faena de muleta donde se alcanzaron cotas más altas. Fue premiado con una merecida oreja.  

-“ Zafia”. Ganadería de Jandilla.

Negro mulato de capa. Encaste Domecq Díez. Lidiado en 6º lugar por José María Manzanares el 29 de abril. La presentación del toro era acorde a su procedencia, toro armónico y bien hecho.

En la muleta se mostró bravo y repetidor, exigiendo continuamente distancias, temple y mando. Sorprendentemente, Manzanares no se acopló en ningún momento de faena, la cual transcurrió entre enganches, mala colocación e incapacidad. Toro que en otras temporadas, le hubiera bastado para cortar las dos orejas.

-“Pobrecito”. Ganadería de Victorino Martín.

Cárdeno de capa. Encaste Saltillo y Marqués de Albaserrada. Lidiado en 5º lugar por Antonio Ferrera el día 30 de abril.

Toro de gran clase y nobleza en la muleta, pero falto de la casta que caracteriza a la ganadería. Antonio Ferrera dejó tandas muy rematadas con la mano izquierda, sabiendo aprovechar la buena y larga embestida del toro que exigía firmeza a su matador, pero a su vez, carente del carácter encastado de la casa.

-“Forajido”. Ganadería de Victoriano del Río.

Negro mulato de capa. Encaste Domecq. Lidiado en 4º lugar por Julián López “El Juli”, el día 2 de mayo.

Toro bravo en el caballo y con calidad añadida en la muleta. Faena de "El Juli" de mucho oficio y mando, donde fue capaz de templar y de poder en todo momento las embestidas del astado.  

-“Ballestero”. Ganadería de Garcigrande.

Negro de capa. Encaste Juan Pedro Domecq Solís. Lidiado en 4º lugar por Morante de La Puebla el día 7 de mayo .

Comportamiento incierto en el tercio de varas y banderillas, pero posteriormente con un comportamiento encastado y exigente en la muleta, con embestidas bruscas por momentos.

Morante de la Puebla lo entendió a la perfección, firmando una faena basada en la templanza, la ligazón, el ajuste y la estética del artista. Tuvo la importante capacidad de acoplar su toreo a las exigentes embestidas del toro, protagonizando el punto más vibrante y emocionante de la feria. Dos orejas de mucho peso.

-“Remontista”. Ganadería de Miura.

Negro mulato y listón de capa. Procedencia directa de la originaria Casta Cabrera. Lidiado en 5º Lugar por Manuel Escribano, el día 8 de mayo. 

Único toro mal presentado de la corrida, caracterizándose por sus hechuras anovilladas principalmente en los cuartos traseros, sin estar terminado de definir ni de rematar.

El animal tuvo un comportamiento en la muleta bravo y con mucha clase, en especial por el pitón derecho. Manuel Escribano supo dar las distancias necesarias y ejecutar un torero de mando basado en prolongar y templar las embestidas del toro, siempre con la mano baja, dominando a su oponente.





lunes, 13 de abril de 2020

Cobradiezmos, un regalo inolvidable.

El 13 de abril es un gran día. El trece está considerado de mal agüero pero es algo que a mí nunca me ha importado. Y digo esto porque es el día de mi cumpleaños. Al ser en pleno abril es frecuente que suela coincidir con la tradicional feria de Sevilla. Así que hoy no hablaré de Madrid sino de la capital andaluza ya que el 13 de abril de 2016 ocurrió algo maravilloso: el indulto de un toro de Victorino Martín en la Real Maestranza de Caballería a manos de Manuel Escribano.

Hablar de Victorino Martín en Sevilla es hablar de una trayectoria breve y plagada de éxitos. Este hierro madrileño debutó en el dorado albero maestrante en 1996 y desde entonces, estos cárdenos animales han emocionado a los sevillanos por su casta y bravura. Los éxitos del Paleto de Galapagar han sido constantes. Recordaré algunos de ellos:
 El mismo día del debut, dos toreros curtidos en estas lides como son "El Tato" y Pepín Liria, cortaron una oreja cada uno. Un año después "El Tato" se las vio nada más y nada menos con  Veraniego y juntos formaron un dueto absolutamente memorable. Más tarde llegó "El Cid" y puso el cotarro patas arriba con estos toros. Su tarde más importante fue con un bravísimo animal llamado Borgoñés en el año 2007. Aquel día cortó tres orejas y en volandas se lo llevaron por esa puerta que da al Paseo de Colón y al Guadalquivir. ¿Y qué decir de Antonio Ferrera? Pues este balear de nacimiento y extremeño de adopción cuenta en su palmarés con toros como Melonito en 2008 que fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre, Mecanizado y Platino en 2014 y 2017 respectivamente. El murciano Liria además de esa primera oreja toreó a Gallareto el día de Melonito y fue esta faena una lucha sin cuartel. Pepín se ganó por esa y otras tandas tardes, el respeto de Sevilla. Morante de la Puebla también cuenta mucho. En el año 2009 le dio un venazo al cigarrero y pidió enfrentarse a "El Cid" en un mano a mano. De esa tarde se recordará eternamente el soberbio toreo de capote de José Antonio frente a un áspero Albaserrada llegando a sonar la música para el genio de La Puebla. Paco Ureña, Emilio De Justo, Iván Fandiño... son otros toreros que han también triunfaron con estos toros en Sevilla. Manuel Escribano, es otro de ellos y es el espada que hoy ocupa esta sección. Tras vagar mucho tiempo por el circuito de los pueblos y pasar años con escasez de contratos, sustituyó a "El Juli" en 2013 en una corrida de Miura y no desaprovechó esa ocasión. Triunfó y desde entonces en un torero fijo en los carteles con las ganaderías más duras del campo bravo. Entrega total y raza absoluta. No se guarda nada para él. Honrado y deseoso de agradar al público, actitud que ha pagado con mucha sangre pues ha recibido durísimas cornadas como las de Madrid, Belmonte (Cuenca), Alicante o Sotillo de la Adrada (Ávila).

Aquella tarde el cartel fue el siguiente: reses de Victorino Martín para Manuel Escribano, Morenito de Aranda y Paco Ureña. Ureña también triunfó y al que le tocó irse de vacío fue a Morenito.
Tras estos exitosos años quedaba cerrar el círculo. En tercer lugar salió el gran Galapagueño al que Paco Ureña le cortó las dos orejas. Se abrió por cuarta vez el portón de los sustos y salió Cobradiezmos: fino de hechuras, en el tipo de la casa, herrado con el número 37, cárdeno de capa dando en la báscula un peso de 562 kilos.
Ni Manuel ni nadie sabíamos como iba a acabar esa tarde, así que el de Gerena como es habitual en su tauromaquia, se fue a la puerta de toriles para recibir de rodillas al cuarto de la tarde.
Manuel Escribano le pegó la larga cambiada y recetó al cárdeno un ramillete de cinco verónicas rematado con la media y la revolera. El toro empezó a mostrar sus magníficas cualidades. Éstas fueron las siguientes: la constante fijeza en los engaños, reponer para buscar dichos engaños tras cada lance y humillar (como se aprecia en la fotografía) sin cesar arrastrando el hocico por el albero. Y por supuesto algo que debe tener un toro: casta. No es el de Gerena un torero exquisito, aún así y a pesar de la pujanza que mostró el animal se lució esas templadas verónicas. La Maestranza comenzaba a hervir.

Tras un tercio de varas en el que el toro empujó con brío en el peto, el presidente cambió el tercio y nuestro protagonista, decidido se fue al centro del ruedo para clavar las banderillas. Pleno en facultades, brilló Manuel en los tres pares. Generoso el matador, dio distancia al toro para que galopase y mostrase esas virtudes anteriormente explicadas.
El usía cambió de nuevo el tercio y tras montar muleta y espada se dispuso el espada a comenzar la faena. Las oleadas de bravura que derrochaba Cobradiezmos requerían gobierno y mando así que ese fue el motivo por el que Manuel dio unos primeros muletazos por bajo.

Manuel Escribano con "Cobradiezmos", el indultado cuarto toro

El conjunto de la faena resultó ser grandioso. A pesar de torear por ambos pitones, la faena fue cimentada principalmente con la diestra. Aquel cárdeno era un Talgo, una máquina de embestir. La casta de aquel toro fue entendida perfectamente por el diestro sevillano. Esos muletazos fueron de mano muy baja ya que Manuel arrastraba los vuelos de la franela y el "victorino" hacía surcos en el suelo con su hocico. A cada muletazo, el runrún aumentaba. Este encaste no es nada fácil de torear pero considerando a Escribano un diestro consagrado con esta sangre, se hizo con el toro en una faena épica. A medida que avanzaba la batalla, la petición de indulto crecía hasta que llegó el momento en el que el presidente Don José Luque Teruel mostró el pañuelo naranja indicando que la faena había concluido y premiando a ese toro con el don más preciado: la vida.

Ni ganó el torero ni ganó el toro: ganó la Fiesta. Cobradiezmos volvió a la finca. En Las Tiesas de Santa María lleva cuatro años dejando su bravísima simiente. En no mucho tiempo veremos si los descendientes de Cobradiezmos han recibido el legado del padre.

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                                                                       (Foto: Arjona)

Un lustro antes José María Manzanares indultó a otro toro y como siempre ocurre, saltó el debate de si el toro merecía tal premio. Unos decían que era de justicia y otros que no era para tal premio aquel toro de Núñez del Cuvillo. Así que ya que estoy, voy a comentar en unas líneas mi opinión sobre el indulto como premio. En estos últimos tiempos premiar la bravura significa premiar al torero. En cuanto un animal embiste con ritmo y son un par de veces haciendo que el torero esté decoroso, la gente embriagada pide el indulto.
La tónica general y sobre todo en plazas pequeñas es la siguiente: a medida que transcurren los minutos y a cada pase la posibilidad de perdón va cogiendo forma, el torero empieza a mirar a la presidencia con la intención de que el público flamee sus pañuelos acompañado con silbidos para iniciar la petición. Esos toros no han sido apenas picados, así que van y vienen tantas veces les cite el torero. Éste, aprovechando esos cómodos embites se dispone a calentar los tendidos. Cuando llega el epílogo y toca matar al animal, se pone manos a la obra: ahí es cuando empieza a motivar al público toreando a base de muletazos realizados de la manera más heterodoxa véase luquesinas, bernadinas, manoletinas etc hasta que el presidente (en la mayoría de los casos) muestra el pañuelo naranja indicando que el toro ha sido perdonado.

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Cobradiezmos y sus "novias".

Parece que lo importante es premiar con el indulto y cuantos más animales sean, mejor. No es así, la vida es el premio excepcional al animal excepcional por lo que no podemos hacer (que ya está asimilado en los públicos) de tal trofeo algo cotidiano. Ha perdido su esencia. No podemos indultar un animal sólo para ver cómo vuelve a los corrales para ser curado y el torero salga a hombros al finalizar el festejo. El indulto tiene el objetivo de que esas condiciones extraordinarias que muestra un animal en el ruedo sean transmitidas a sus descendientes. Un ejemplo: tras haber compartido muchas opiniones con diferentes aficionados mejicanos, se demuestra el gravísimo error que es perdonar un animal sólo para que el torero esa tarde salga a hombros. Es decir, nos olvidamos del animal y buscamos el triunfo del torero. El desenfrenado ritmo de indultos en Méjico es el motivo del catastrófico estado general de sus ganaderías. De tanto premiar dulzura y nobleza, se han cargado muchas de ellas. Recuperar ese estado (si se quiere) va a ser largo y muy difícil. Gracias a los indultos, la gente se ha olvidado del otro gran premio que puede recibir un animal: la vuelta al ruedo en el arrastre. Mi impresión es que lo ven como algo insignificante e incluso un deshonor dar una vuelta al ruedo. Hay quien alaba a toreros como Enrique Ponce o Finito de Córdoba por la cantidad de reses toros que han indultado y es algo que yo no comparto.
Por último, el indulto puede ser la diferencia entre un triunfo y un petardo. Si hubiese que matar con la espada para cortar la orejas, un reiterado fallo reduce el premio. Como con el indulto esto se anula, el torero siempre lo tendrá garantizado. Recordemos que el rabo es el último gran trofeo que recibe el matador pero con tanto indulto ha pasado dicho premio a un segundo plano. O sea, "no mola", ¿para qué cortar un rabo pudiéndolo "salvar"? Para evitar tanto indulto, yo propondría que tras volver el animal a los corrales, el espada sólo saludase una ovación desde el tercio como premio y no saliese a hombros (a menos que en el otro toro haya cortado las dos orejas).
Como dijo Gregorio Corrochano, "el primer mandamiento de la ley de las corridas de toros es el toro". Victorino Martín padre dijo en otra ocasión: "si cae el toro, cae la Fiesta". No podemos descuidar la materia prima. Es la que da emoción así que si nos olvidamos de ella, nada tendría sentido.
Estoy a favor del indulto siempre y cuando sean al toro que de verdad lo merezca. Cobradiezmos fue un toro muy bravo y Manuel estuvo bravo con él. Fue un indulto merecido. Fue para mí, un "regalo" inolvidable.


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(foto: Carlos Canalo de Miguel)


sábado, 4 de mayo de 2019

Brilla la torería de Emilio de Justo.

Empezó en mayo la feria de Abril de Sevilla y como expliqué en "preguntas y respuestas" se debe a que la temporada taurina va ligada al calendario litúrgico. Es costumbre en Sevilla que su tradicional feria empiece dos semanas después del Domingo de Resurrección. Tras el tardío Domingo de Gloria, la feria taurina sevillana comenzó hace escasos días.

En esos días destacaron varios toros importantes de Torrestrella, el sublime toreo de capote de Morante de la Puebla, una discutida puerta grande de "El Juli" y una gran faena de Roca Rey. Este primer sábado de mayo la empresa juntó en un cartel a tres toreros que saben de sobra lo que es enfrentarse a los toros de Victorino Martín. La plaza registró una gran entrada y el viento molestó toda la tarde.

Hablar de Victorino en Sevilla es hablar de un idilio que lleva dando éxitos practicante desde que se presentó en la capital andaluza este hierro madrileño. Veraniego, Borgoñés, Gallareto, Platino, Mecanizado... la lista es larga hasta llegar al bravo y fiero Cobradiezmos indultado el 13 de abril de 2016. En cuanto a los toreros podríamos nombrar a "El Tato", "El Cid", Pepín Liria, Paco Ureña, Morante... Los toreros contratados para este día fueron Antonio Ferrera, que recién llegado de Méjico pechó con el mejor lote de la corrida, Manuel Escribano y Emilio de Justo que dejó los momentos de más torería y gusto. Dos horas largas de festejo que se hicieron más llevaderas gracias al interés que propició el encierro. La corrida no decepcionó.

Antonio Ferrera que vestido de grana y oro saludó con la capa al primero, llamado Paquetillo. Fueron unos lances de mando y sometimiento. Éste fue un gran toro encastado y exigente. Acudió con fijeza y empujó al peto de Antonio Prieto. Javier Valdeoro y Fernando Sánchez se lucieron en banderillas. Ya en en el último tercio, Antonio le sacó muletazos por ambos pitones a media altura cuando quizá habría que haber exigido más al toro bajando la muleta para someterle. Saludó una ovación. En el cuarto ligó varias tandas con la muleta corriendo la mano y haciendo las cosas muy bien. Llegó a sonar la música. La fijeza y casta de Petrolero en las telas de Ferrera fueron intensas pero fueron bajando a medida que avanzaba la faena. Le cortó la única oreja de la tarde.

Manuel Escribano que lució un terno gris plomo y oro tragó de rodillas delante de la puerta de toriles ante dos toros muy inciertos. Ante ellos realizó su habitual repertorio en banderillas. Su primero fue complicado y se orientaba muy rápido. Lanceó con gusto un ramillete de buenas verónicas. Ya en la muleta, aceptó varios pases hasta que dijo basta y buscaba al torero al salir de cada muletazo. Saludó una ovación. En el quinto, que fue un toro que obedecía con nobleza le dio muchos pases en varias tandas limpias y ligadas. Mató de una buena estocada.

Tras muchos años sin pisar el albero maestrante, Emilio de Justo eligió un vestido negro y oro para tal ocasión. Al tercero, que fue un toro áspero y difícil se dobló con él por bajo y siguieron unas tandas cadenciosas por el lado derecho. Por el pitón izquierdo se gustó en varios naturales aplaudidos por el público hispalense. Antes de matar, remató la faena con unos naturales de frente. Una gran faena que hubiese sido premiada de no haber fallado con la espada. Ya en el sexto comenzó con un soberbio saludo con la capa y remató con la media verónica. A pesar de la mala lidia por parte de su cuadrilla, durante toda la faena fue haciendo él al toro y pudo robarle unos naturales muy templados. Recetó un espadazo como cierre y recibió una ovación de despedida.

(Foto: Arjona)


                        





viernes, 29 de marzo de 2019

In memoriam.

Hoy se cumple la efeméride de un festejo que ha entrado en los anales de la historia. Hace cuatro años de la tarde en la que un vasco con raíces gallegas y que antes de ser matador de toros despuntó como pelotari, vagó por nuestra Piel de Toro con el sueño de ser torero y tras pasar por Valencia, Sanlúcar de Barrameda y asentándose posteriormente en tierras alcarreñas forjó su carrera empezando por las duras capeas pueblerinas. Aquel ventoso y lluvioso día abarrotó Madrid en un cartel sin precedentes y él solo dio lidia y muerte a seis reses de ganaderías legendarias: Palha, Partido de Resina, Victorino Martín, Cebada Gago, José Escolar y Adolfo Martín.

Un torero que a base de raza y casta entró en el corazón de la afición. Su filosofía de vida se basó en la independencia y en la libertad sin tener que depender ni de taurinos ni de grandes casas empresariales. De la mano de Néstor García luchó contra viento y marea y juntos lo consiguieron. En esa tarde de 2015 dieron un jaque al sistema y aunque no salió como todos deseábamos y artísticamente fue para olvidar, el gesto y la épica ahí quedaron. Aquel sistema contra el que Iván luchó y parte del público que aquel día llenó los tendidos le dieron caña injustamente.

Guardiolas, Cuadris, Victorinos, Adolfos, Parladés... diferentes hierros y encastes jalonan su trayectoria. Junto a David Mora toreó varios mano a mano en los que hubo batalla y rivalidad.  La gloria llegó el día de la Virgen de Fátima de 2014 y vestido de canela y oro se tiró sin muleta. Matar o morir, debió pensar Iván. Aquel trece de mayo cortó dos orejas y a hombros fue llevado por la Puerta de Madrid.
Bilbao, Valencia, Sevilla, Guadalajara, Bayona, Mont de Marsan y un sinfín de plazas fueron testigos de la verdad del espada vasco. Hasta que llegó aquel 17 de junio de 2017 y en Aire Sur L´Adour se cruzó en su camino un toro de Baltasar Ibán...
Mañana seré libre. Y así fue. Honradez, entrega y hombría, en el ruedo y en la vida.
Descansa en paz, Iván.

                   
                         


                                              (Foto: Las Ventas)