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lunes, 9 de octubre de 2023

Borja Jiménez se consagra en Madrid.

El jueves 5 y ante un encierro de Fuente Ymbro actuaron Jorge Molina (purísima y oro), García Pulido (malva y oro) y Cristiano Torres (salmón y oro). Correcto de presentación pero vacíos por dentro. Bochorno de verano y aburrimiento por lo que salía por corrales, esa fue la receta que hizo que en el ambiente sonasen los chasquidos de las pipas como las chicharras en verano. 

En el décimo aniversario de la faena de El Cid a Verbenero, Molina hizo un toreo soso y moderno, aburrido y sin alma. Muy limpio y técnico pero sin alma alguna. Pasó por Madrid sin pena ni gloria. Desconozco si estaría al tanto de tal aniversario y haber visto el vídeo quizá le habría iluminado un poco para afrontar mejor una tarde en la cátedra venteña.

Lo mejor del festejo corrió a cargo de García Pulido. De menos a más fue el resumen de su actuación. Pulcro en el trazo de los muletazos y siempre con ligazón. Sus mejores momentos fueron con la mano zurda. Los naturales tuvieron relevancia y en el sexto sufrió un revolcón que no tuvo consecuencias. Saludó  en el tercio tras ambas faenas 

Cristiano alardeó ante las cámaras de televisión para después pegar un petardo importante. Ante un novillo soso y desrazado, lo hizo todo mal. El novillo, con las fuerzas justas no aguantó el toreo bullidor a la par que desordenado de Cristiano. Como novillero que es, su objetivo es comerse el mundo pero lógicamente acusó la falta de rodaje. Ahí es cuando el apoderado (que en este caso es matador de toros y a la vez padre del muchacho) o el banderillero tienen que dar el consejo oportuno pero o no llegó, o nuestro protagonista no lo escuchó. El animal tenía nobleza por lo que con una lidia más conveniente Cristiano habría conseguido algo más. En el sexto pareció mostrar un poco más de cabeza y ante un novillo con más chispa que el anterior, CT dejó la vulgaridad para torear más pausado y dejar unos muletazos más asentados. Cerró el zaragozano la faena con una efectiva estocada.

Cinco avisos como cinco soles. Lo pediré una y otra vez: hay que medir las faenas y hay que entrenar más la suerte suprema. Si la cosa va bien, para rematar y dejar buena impresión. Si el toro no embiste, para mitigar el aburrimiento del tendido y si el toro es complicado para no darle más ideas al bicho y pasar luego un calvario a la hora de matar.




El viernes 6 se llenó la plaza para ver a Sebastián Castella (turquesa y oro), Paco Ureña (sangre y oro) y Ginés Marín con los toros de Victoriano del Río. Mansos y huidos. Petardo importante del ganadero madrileño. 

Curioso fue no ver a "Juli" en este cartel en su despedida en Las Ventas, ya que es una de sus ganaderías predilectas pues si tiramos de crónicas, veremos que hierros como Alcurrucén, Garcigrande o Victoriano han sido los hierros que más ha estoqueado el veterano matador en la plaza madrileña. Quizá el resultado de la tarde lo explicaría.

La emoción de dos faenas. Dos toros pusieron la sal a un festejo que naufragaba a medida que avanzaba la tarde. Si no es por estos dos animales, la tarde habría sido de siesta y muchas pipas. Incomprensiblemente se pidió la devolución de este cuarto toro por parte del público ocasional. Siempre habrá que recordar que la mansedumbre es condición del animal por lo que si no es por cojera o cualquier otro aspecto físico, no hay motivo alguno para devolver la res. Sebastián se la jugó con un cuarto que fue un manso de libro, y que, por su comportamiento en varas, se pidió el deshonor de las banderillas negras pero no ocurrió. Lo grandioso de la tarde ocurrió gracias a la maestría de sus subalternos: José Chacón y Rafael Viotti. José eficaz y rotundo con el capote y Rafael valiente y gallardo con las banderillas. Tras el tercio de banderillas recibieron ambos toreros de plata una fortísima ovación.  En la faena de muleta, Sebastián demostró por qué es máxima figura. Ante un animal huido y abanto, a base de magisterio y de valor, consiguió llevar a aquel animal encelado siempre en las telas. De no ser por la espada quizá hubiera habido puerta grande. Tras dos avisos, dio Sebastián una memorable vuelta al ruedo. 

Prácticamente lo mismo ocurrió en el quinto. Salió Paco Ureña a parar al toro y este huyó despavorido. Este animal, aún peor que el su hermano se hartó a dar vueltas huyendo de los capotes y las puyas de los picadores. Más clamorosamente que en el anterior y tras la fuerte petición, el presidente acabó asomando el pañuelo que ningún ganadero quiere ver: el rojo, condenando al animal a banderillas negras por su nulo comportamiento en el primer tercio. Sufrieron un calvario los peones del lorquino para acabar cambiando el tercio sin el número de banderillas reglamentarias. La faena sucedió en los medios y Ureña aguantó las tarascadas que Andaluz le propinaba. La faena tuvo épica. Sacó varios muletazos al manso animal y falló con el acero. La vuelta al ruedo que dio Paco fue un clamor.

Ginés no sé a qué vino. Porque hizo el paseíllo luciendo un precioso canela y oro y ahí acabó su actuación. Inédita. Así ha sido su tarde. Menos mal que ninguno de estos dos toros le tocaron a Ginés...





La gente emocionada, la reventa por las nubes, la expectación era máxima, ni una brizna de viento... ¿Qué más se podía pedir para que saliera bien una tarde de toros? Todo estaba listo para ver el sábado 7 a  tres toreros sevillanos: Daniel Luque, Juan Ortega (blanco y oro) y Pablo Aguado (obispo y oro). Pero hete aquí que Daniel cayó lesionado y la empresa llamó a Damián Castaño (azul y oro) para cubrir su hueco. En los corrales aguardaban seis toros de El Pilar. Cuando hay expectación a veces llega la decepción. Y así ocurrió este sábado 7 de octubre. Damián lo tenía todo para dar un golpe en un cartel de relumbrón. Su primer toro tuvo clase y fondo pero el salmantino estuvo por debajo. Su faena fue eclipsada por un quite a la verónica de Juan tras el primer puyazo que consiguió que Madrid rugiera. Echando la pierna delante y embarcando al animal con los vuelos, Madrid se puso en pie. La cosa empezaba bien. Pero tras ese quite, la tarde decayó y acabó siendo fue un rosario de toros sosos y desrazados. Ni Juan, ni Pablo. Al primero se le esperaba con ilusión pues este año no ha pisado este ruedo. Y Pablo venía de San Miguel donde dejó muletazos muy caros. Pero ni uno ni otro tuvieron con qué poder hacer disfrutar a la afición. En el sorteo se libró Damián que, como queda dicho anteriormente, tuvo un primer toro para hacer algo más de lo que hizo. Y lo mismo en el cuarto. Su lote, dentro de la moruchada ganadera, fueron los dos más potables. Realizó dos trasteos sin ecos en los tendidos donde abundaron los muletazos pero sin mucho fuste. Un oportunidad perdida. Ante dos de los toreros más relevantes del momento Damián no consiguió pasar de discreto. 




Torear, eso hizo Borja Jiménez (lila y oro) el domingo 8 en Las Ventas. Con los toros de Victorino Martín cerró la Feria de Otoño 2023 el torero de Espartinas cortando tres orejas y cruzando la puerta grande. Román (verde y oro) y Leo Valadez (canela y oro) completaron el cartel.

Fue un conjunto de emociones y de casta torera. Fueron tres capítulos. En el primero fue entrega, pureza y verdad. Con el capote anduvo sobrado. Bueno, prácticamente lo estuvo toda la tarde. Las verónicas fueron excelsas y las medias fueron colosales. No recuerdo ver torear así con el capote a un Albaserrada hace bastante tiempo... ¿quizá desde Sevilla en 2009? Con la muleta toreó a placer a Paquecreas. En redondo pero siempre de frente. Nada de perfileo ni posturas acomodadas. Templó y mandó. Su muleta fue un látigo para el animal. Los muletazos fueron suaves y cadenciosos. Madrid rugía. Los oles eran secos y rotundos. La tarde pintaba muy bien. Rubricó con una estocada tendida y la oreja cayó inmediatamente. La tónica continuó. A pesar de su corta experiencia y que este año apenas ha toreado, no demostró ni tener nervios ni estar perdido. En todo momento sabía que hacer. Con clarividencia cuajó al Victorino de principio a fin. A base de lidiar y manejar con certeza terrenos y alturas consiguió, al final de la faena, pegar unos naturales muy verticales, relajado y mirando al tendido. Madrid era una olla a punto de estallar. De nuevo, otra estocada tendida y otra oreja al esportón. Lo consiguió. Ya tenía la puerta grande. Pero quedaba lo mejor. En el último capítulo, ni corto ni perezoso, y con una total declaración de intenciones, cruzó el ruedo y se fue a recibir a Plazuelo de rodillas. La faena hizo vibrar por tercera vez a la plaza de Madrid. Los naturales fueron soberbios y el cierre por bajo fue sensacional. El toro fue bravo, aumentando la importancia de todo lo que hacía el muchacho de Espartinas. Volvió a cerrar la obra con una estocada tendida, al igual que en los otros dos capítulos. Si se corrige eso, a Borja le pueden llegar muchas alegrías. Y cortó una oreja más.

Román sufrió en su primer toro una cornada en un descuido. El toro, listo como pocos, le avisaba y le avisaba. El valenciano acabó herido pero a pesar de la fuerte cornada que llevaba en su pierna derecha, siguió y aguantó hasta dar muerte al animal. Escuchó una calurosa ovación camino de la enfermería. 
Leo Valadez estuvo, que no es poco. Supongo que novato en estas lides, cuando quiso darse cuenta que eran Albaserradas y no Domecq era tarde. El mejicano no terminó de acoplarse con los dos toros que le tocaron en suerte.

A principios de abril vino Borja a Madrid para confirmar una alternativa que tomó en 2015. Cumplió y dejó un gran sabor de boca. Y lo ratificó una vez más a mediados de julio. Ocho años han tardado en llamarle. Al igual que muchos, ha tenido que esperar y ver como el teléfono no sonaba. Pero ha pasado el tren y se ha subido. Tres orejas en Madrid es un premio al tesón y a la paciencia, que de no ser por el acero hubieran sido un par de orejas más. Muchos toreros pasaron del ostracismo a la gloria por saber esperar. En 2024 hay un torero con el que hay que contar. Apunten su nombre, porque este muchacho del aljarafe sevillano ha venido para quedarse. Puerta grande para Borja Jiménez. De las que pesan. De las que consagran a un torero. Dieciocho años después, un torero vuelve a salir a hombros con una corrida de Victorino Martín en Las Ventas. Y otro curiosísimo dato que poquísimos matadores pueden presumir: siete años después de que lo consiguiera su hermano Javier en agosto de 2016 con los toros de Antonio Bañuelos. Emoción y toreo de mil kilates. Para mí, lo mejor de este año en Las Ventas. Así vi una tarde en la que salimos toreando de la plaza. Un festejo en el que el ganado no lo puso fácil, no regalaron ni embestida. Pero así tiene que ser un toro de lidia. Que el matador que tenga delante sea capaz de hacerle frente con valor y gallardía. Borja Jiménez supo conjugar a la perfección el hermoso verbo torear. Enhorabuena, Torero. 







                         (Plaza 1, Andrew Moore, Alejandro Lara)


Cerramos el año con estos dos festejos (a las 18 horas):
- Miércoles 11 de octubre. Novillada sin picadores. Gran final del ‘Camino hacia Las Ventas’. Erales de Lorenzo Rodríguez Espioja para Álvaro Serrano, Sergio Rollón y Mariscal Ruiz.
- Jueves 12 de octubre. Toros de Núñez del Cuvillo para Manuel Jesús "El Cid", que sustituye a Morante de la Puebla por lesión, Alejandro Talavante e Isaac Fonseca.





jueves, 14 de octubre de 2021

Breves apuntes de Madrid (III).

Cerramos la última sesión de toros con la corrida que fuera suspendida por la lluvia y que estaba programada como el primer festejo de la feria de Otoño: viernes 8, toros de Jandilla y Victoriano del Río para Diego Urdiales (verde y oro), José María Manzanares (marino y oro) y Paco Ureña (negro y oro). 

Urdiales sin suerte. El riojano llegaba a Madrid tras cortar dos orejas en Sevilla pero poco pudo hacer en esta ocasión con los toros que le tocaron. Saludó una ovación Josemari tras una faena llena de pases y más pases. ¡Qué aburrimiento! Y lo mismo en el quinto. JMM no se hizo con el animal y eso que era un toro de lío gordo. El toro era exigente y por ello, como figura que es, tenía que haber intentado el alicantino un esfuerzo. No quiso. Pudo, pero no. Y Ureña, al que creo que pudo hacer algo más de lo que hizo en el tercero, no pudo, e inédito ante el sexto. Vi al murciano desubicado y sin ideas. Tras un gran año 2019, no ha sabido mantener esa línea. Hay que espabilar. 

Entre las cuadrillas destacaron Daniel Duarte y Óscar Bernal.


El sábado 9, en vez de acudir a Las Ventas, me fui a Villa del Prado. Se celebraba el último festejo de certamen llamado Copa Chenel, en la que han participado toreros que no frecuentan las grandes ferias y que independientemente de su juventud o madurez han dejado constancia de que hay en el escalafón toreros de sobra para hacer carteles de interés para el aficionado. Y en cuanto al ganado, variedad de encastes: Domecq, Santa Coloma, Veragua, Atanasio, Martínez... En esta ocasión Sánchez Vara (gris plomo y oro), Paulita (rosa y oro) y Miguel de Pablo (rosa y oro) torearon tres toros de Hermanos Quintas y tres de Partido de Resina. Correctos de presentación pero con las fuerzas justitas.

Una corrida en la que en general los tres toreros manejaron con acierto el capote. Las verónicas más pintureras fue las que dio Paulita. Sánchez Vara lidió un primer animal de Quintas de buena condición. Empujó con brío al peto y con calidad por el pitón izquierdo. No estuvo a la altura el manchego. Cortó un oreja vergonzosa. Ante el cuarto, de PR, a punto estuvo de cortarle otra oreja. Menos mal que el presidente se puso serio. Una faena en que la hubo mando y dominio pero estuvo despegado y sin ajuste. Paulita pechó en primer lugar ante un animal sin fuerza al que toreó muy pinturero el diestro aragonés. Recibió un tremendo porrazo en el quinto y por el esfuerzo y ganas ante un animal de nobleza y clase, a pesar de estar mellado tras la escalofriante voltereta, cortó otra oreja. Miguel de Pablo se las vio con un descastado tercero al que toreó con gusto y decoro. Cerró la tarde ante un animal que no dio ninguna opción. Una tarde marcada por el pésimo uso de la espada por parte de los toreros y de los nefastos puyazos por parte de los picadores. 

José Mora saludó por sus pares de banderillas en el primero. 

Tras haber acabado las rondas clasificatorias, los carteles restantes son los siguientes:

Sábado 16 de octubre: Valdemorillo. Primera semifinal con toros de Zacarías Moreno y Prieto de la Cal para Fernando Adrián, Jesús Enrique Colombo y Jorge Isiegas. 
Domingo 17 de octubre: San Agustín de Guadalix. Segunda semifinal con toros de D. Celestino Cuadri y Rehuelga para Fernando Robleño, Paulita y Tomás Angulo.
Final: sábado 23 de octubre. Cadalso de los Vidrios. Toros de José Vázquez y Adolfo Martín.

Brevemente, aunque no fui a Madrid, se lidiaron erales de Jandilla para los finalistas del certamen para alumnos de las escuelas taurinas madrileñas, Camino hacia Las Ventas, y que de igual modo, hay fases clasificatorias durante los meses estivales. Rubén Núñez, Juan Herrero y Alejandro Chicharro fueron los que torearon esta final. El triunfador fue el azteca Rubén Núñez. Lo más positivo de este festejo fue la gran respuesta del público y la cantidad de jóvenes que asistieron.


El domingo 10 aconteció la segunda tarde de Juli (negro y oro), que en esta ocasión estuvo acompañado de Miguel Ángel Perera (marino y oro) y Daniel Luque (blanco y plata) para lidiar un encierro de Santiago Domecq. Dos toros fueron rechazados y tuvieron que remendar el encierro con otros tantos animales de La Ventana de El Puerto. 

Cortó una oreja Luque. Estuvo el de Gerena valiente y dispuesto. Su lote fue áspero y complicado. Lo más significativo fueron las verónicas al tercero y una buena estocada que valió el trofeo. Julián no tuvo toros y lo poco que hizo fue insípido y sin contenido. Perera también estuvo insulso. Mató de un bajonazo al segundo y se puso pesado ante el impresentable quinto. Incomprensible que durante una de las faenas (por sosa y sin emoción) del pacense, se levantase una señora y se pusiera a cantar. Cosa que nunca ha ocurrido en Madrid y que mucha gente protestó. 

Destacó la cuadrilla de Perera toda la tarde y Juan Contreras saludó una ovación en el sexto.


Se cerró la temporada el día de la Hispanidad. Morante de la Puebla (celeste y oro), López Simón (marino y oro) y Ginés Marín (obispo y oro) estoquearon seis toros de Alcurrucén.  Sosa y descastada corrida de los Lozano pero muy bien presentada en lo que a trapío se refiere. Abrió la puerta grande Ginés ante un toro noblón, como todos sus hermanos. Madrid rugió en el sexto gracias a una faena en la que destacaron un par de enormes y largos naturales tras varios cambios de mano. Empezó el jerezano acelerado y con un toreo eléctrico pero se fue asentando y poco a poco la obra empezó a coger altura. Para mi gusto fueron extraordinarios los naturales a pies juntos y cerró el trasteo con una estocada de mala colocación, parecida a la que dio Morante al primero de la tarde. Aún así, un público extasiado pidió unas excesivas dos orejas. Fue un trasteo con muletazos que alborotaron los tendidos pero sin la rotundidad de una faena maciza de principio a fin. En resumen, fue un premio a un par de naturales excelentes y poco más. A mi juicio la faena era de una. Así que por segunda vez en su carrera cortaba dos orejas a un toro de este hierro y salía a hombros de la juventud madrileña. En su primero se las vio con un toro  con calidad pero sin apenas fuerzas. Además de esos naturales que tanto emocionaron hay que decir que el andaluz estuvo sensacional con el capote toda la tarde. 

Volvía Morante a la Villa y Corte tras un par de temporadas sin dejarse ver por el número 237 de la calle Alcalá. Dejó destellos de inmensa calidad con el capote y la muleta: verónicas, la media, el galleo por cacerinas, unos ayudados por alto y unos naturales muy buenos. Su primer toro mostró dificultades y José Antonio supo hacerle todo lo que el animal requería. Mató de un bajonazo. El público, que tenía ganas de verle triunfar, le regaló la oreja. Si su otro toro hubiese tenido un mínimo de fuerza y embestida, seguramente habría salido el sevillano por la puerta grande. La gente estaba deseando sacarle a hombros. Pero no ocurrió. El sevillano abrevió y fue silenciado. Si hubo un momento álgido en la tarde fueron las chicuelinas al tercer toro. Morante puso en pie Madrid y Ginés tuvo la osadía de replicarle. Duelo de quites para el recuerdo. Tras haber lidiado unos 90 toros en Las Ventas, el balance de Morante es de menos de diez orejas.

López Simón estuvo vulgar con el capote toda la tarde y fue arrollado en el comienzo de faena de su primer toro. Temiendo lo peor, se repuso y siguió su faena pero nada emocionante ocurrió. Mellado por el golpe, siguió y aguantó hasta que acabó el festejo. Horas después tuvo que ser operado por una cornada interna.  

Entre las cuadrillas destacaron José Chacón con el capote y Guillermo Marín, padre de Ginés, por su buen segundo puyazo al tercero de la tarde. 


lunes, 13 de abril de 2020

Cobradiezmos, un regalo inolvidable.

El 13 de abril es un gran día. El trece está considerado de mal agüero pero es algo que a mí nunca me ha importado. Y digo esto porque es el día de mi cumpleaños. Al ser en pleno abril es frecuente que suela coincidir con la tradicional feria de Sevilla. Así que hoy no hablaré de Madrid sino de la capital andaluza ya que el 13 de abril de 2016 ocurrió algo maravilloso: el indulto de un toro de Victorino Martín en la Real Maestranza de Caballería a manos de Manuel Escribano.

Hablar de Victorino Martín en Sevilla es hablar de una trayectoria breve y plagada de éxitos. Este hierro madrileño debutó en el dorado albero maestrante en 1996 y desde entonces, estos cárdenos animales han emocionado a los sevillanos por su casta y bravura. Los éxitos del Paleto de Galapagar han sido constantes. Recordaré algunos de ellos:
 El mismo día del debut, dos toreros curtidos en estas lides como son "El Tato" y Pepín Liria, cortaron una oreja cada uno. Un año después "El Tato" se las vio nada más y nada menos con  Veraniego y juntos formaron un dueto absolutamente memorable. Más tarde llegó "El Cid" y puso el cotarro patas arriba con estos toros. Su tarde más importante fue con un bravísimo animal llamado Borgoñés en el año 2007. Aquel día cortó tres orejas y en volandas se lo llevaron por esa puerta que da al Paseo de Colón y al Guadalquivir. ¿Y qué decir de Antonio Ferrera? Pues este balear de nacimiento y extremeño de adopción cuenta en su palmarés con toros como Melonito en 2008 que fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre, Mecanizado y Platino en 2014 y 2017 respectivamente. El murciano Liria además de esa primera oreja toreó a Gallareto el día de Melonito y fue esta faena una lucha sin cuartel. Pepín se ganó por esa y otras tandas tardes, el respeto de Sevilla. Morante de la Puebla también cuenta mucho. En el año 2009 le dio un venazo al cigarrero y pidió enfrentarse a "El Cid" en un mano a mano. De esa tarde se recordará eternamente el soberbio toreo de capote de José Antonio frente a un áspero Albaserrada llegando a sonar la música para el genio de La Puebla. Paco Ureña, Emilio De Justo, Iván Fandiño... son otros toreros que han también triunfaron con estos toros en Sevilla. Manuel Escribano, es otro de ellos y es el espada que hoy ocupa esta sección. Tras vagar mucho tiempo por el circuito de los pueblos y pasar años con escasez de contratos, sustituyó a "El Juli" en 2013 en una corrida de Miura y no desaprovechó esa ocasión. Triunfó y desde entonces en un torero fijo en los carteles con las ganaderías más duras del campo bravo. Entrega total y raza absoluta. No se guarda nada para él. Honrado y deseoso de agradar al público, actitud que ha pagado con mucha sangre pues ha recibido durísimas cornadas como las de Madrid, Belmonte (Cuenca), Alicante o Sotillo de la Adrada (Ávila).

Aquella tarde el cartel fue el siguiente: reses de Victorino Martín para Manuel Escribano, Morenito de Aranda y Paco Ureña. Ureña también triunfó y al que le tocó irse de vacío fue a Morenito.
Tras estos exitosos años quedaba cerrar el círculo. En tercer lugar salió el gran Galapagueño al que Paco Ureña le cortó las dos orejas. Se abrió por cuarta vez el portón de los sustos y salió Cobradiezmos: fino de hechuras, en el tipo de la casa, herrado con el número 37, cárdeno de capa dando en la báscula un peso de 562 kilos.
Ni Manuel ni nadie sabíamos como iba a acabar esa tarde, así que el de Gerena como es habitual en su tauromaquia, se fue a la puerta de toriles para recibir de rodillas al cuarto de la tarde.
Manuel Escribano le pegó la larga cambiada y recetó al cárdeno un ramillete de cinco verónicas rematado con la media y la revolera. El toro empezó a mostrar sus magníficas cualidades. Éstas fueron las siguientes: la constante fijeza en los engaños, reponer para buscar dichos engaños tras cada lance y humillar (como se aprecia en la fotografía) sin cesar arrastrando el hocico por el albero. Y por supuesto algo que debe tener un toro: casta. No es el de Gerena un torero exquisito, aún así y a pesar de la pujanza que mostró el animal se lució esas templadas verónicas. La Maestranza comenzaba a hervir.

Tras un tercio de varas en el que el toro empujó con brío en el peto, el presidente cambió el tercio y nuestro protagonista, decidido se fue al centro del ruedo para clavar las banderillas. Pleno en facultades, brilló Manuel en los tres pares. Generoso el matador, dio distancia al toro para que galopase y mostrase esas virtudes anteriormente explicadas.
El usía cambió de nuevo el tercio y tras montar muleta y espada se dispuso el espada a comenzar la faena. Las oleadas de bravura que derrochaba Cobradiezmos requerían gobierno y mando así que ese fue el motivo por el que Manuel dio unos primeros muletazos por bajo.

Manuel Escribano con "Cobradiezmos", el indultado cuarto toro

El conjunto de la faena resultó ser grandioso. A pesar de torear por ambos pitones, la faena fue cimentada principalmente con la diestra. Aquel cárdeno era un Talgo, una máquina de embestir. La casta de aquel toro fue entendida perfectamente por el diestro sevillano. Esos muletazos fueron de mano muy baja ya que Manuel arrastraba los vuelos de la franela y el "victorino" hacía surcos en el suelo con su hocico. A cada muletazo, el runrún aumentaba. Este encaste no es nada fácil de torear pero considerando a Escribano un diestro consagrado con esta sangre, se hizo con el toro en una faena épica. A medida que avanzaba la batalla, la petición de indulto crecía hasta que llegó el momento en el que el presidente Don José Luque Teruel mostró el pañuelo naranja indicando que la faena había concluido y premiando a ese toro con el don más preciado: la vida.

Ni ganó el torero ni ganó el toro: ganó la Fiesta. Cobradiezmos volvió a la finca. En Las Tiesas de Santa María lleva cuatro años dejando su bravísima simiente. En no mucho tiempo veremos si los descendientes de Cobradiezmos han recibido el legado del padre.

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                                                                       (Foto: Arjona)

Un lustro antes José María Manzanares indultó a otro toro y como siempre ocurre, saltó el debate de si el toro merecía tal premio. Unos decían que era de justicia y otros que no era para tal premio aquel toro de Núñez del Cuvillo. Así que ya que estoy, voy a comentar en unas líneas mi opinión sobre el indulto como premio. En estos últimos tiempos premiar la bravura significa premiar al torero. En cuanto un animal embiste con ritmo y son un par de veces haciendo que el torero esté decoroso, la gente embriagada pide el indulto.
La tónica general y sobre todo en plazas pequeñas es la siguiente: a medida que transcurren los minutos y a cada pase la posibilidad de perdón va cogiendo forma, el torero empieza a mirar a la presidencia con la intención de que el público flamee sus pañuelos acompañado con silbidos para iniciar la petición. Esos toros no han sido apenas picados, así que van y vienen tantas veces les cite el torero. Éste, aprovechando esos cómodos embites se dispone a calentar los tendidos. Cuando llega el epílogo y toca matar al animal, se pone manos a la obra: ahí es cuando empieza a motivar al público toreando a base de muletazos realizados de la manera más heterodoxa véase luquesinas, bernadinas, manoletinas etc hasta que el presidente (en la mayoría de los casos) muestra el pañuelo naranja indicando que el toro ha sido perdonado.

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Cobradiezmos y sus "novias".

Parece que lo importante es premiar con el indulto y cuantos más animales sean, mejor. No es así, la vida es el premio excepcional al animal excepcional por lo que no podemos hacer (que ya está asimilado en los públicos) de tal trofeo algo cotidiano. Ha perdido su esencia. No podemos indultar un animal sólo para ver cómo vuelve a los corrales para ser curado y el torero salga a hombros al finalizar el festejo. El indulto tiene el objetivo de que esas condiciones extraordinarias que muestra un animal en el ruedo sean transmitidas a sus descendientes. Un ejemplo: tras haber compartido muchas opiniones con diferentes aficionados mejicanos, se demuestra el gravísimo error que es perdonar un animal sólo para que el torero esa tarde salga a hombros. Es decir, nos olvidamos del animal y buscamos el triunfo del torero. El desenfrenado ritmo de indultos en Méjico es el motivo del catastrófico estado general de sus ganaderías. De tanto premiar dulzura y nobleza, se han cargado muchas de ellas. Recuperar ese estado (si se quiere) va a ser largo y muy difícil. Gracias a los indultos, la gente se ha olvidado del otro gran premio que puede recibir un animal: la vuelta al ruedo en el arrastre. Mi impresión es que lo ven como algo insignificante e incluso un deshonor dar una vuelta al ruedo. Hay quien alaba a toreros como Enrique Ponce o Finito de Córdoba por la cantidad de reses toros que han indultado y es algo que yo no comparto.
Por último, el indulto puede ser la diferencia entre un triunfo y un petardo. Si hubiese que matar con la espada para cortar la orejas, un reiterado fallo reduce el premio. Como con el indulto esto se anula, el torero siempre lo tendrá garantizado. Recordemos que el rabo es el último gran trofeo que recibe el matador pero con tanto indulto ha pasado dicho premio a un segundo plano. O sea, "no mola", ¿para qué cortar un rabo pudiéndolo "salvar"? Para evitar tanto indulto, yo propondría que tras volver el animal a los corrales, el espada sólo saludase una ovación desde el tercio como premio y no saliese a hombros (a menos que en el otro toro haya cortado las dos orejas).
Como dijo Gregorio Corrochano, "el primer mandamiento de la ley de las corridas de toros es el toro". Victorino Martín padre dijo en otra ocasión: "si cae el toro, cae la Fiesta". No podemos descuidar la materia prima. Es la que da emoción así que si nos olvidamos de ella, nada tendría sentido.
Estoy a favor del indulto siempre y cuando sean al toro que de verdad lo merezca. Cobradiezmos fue un toro muy bravo y Manuel estuvo bravo con él. Fue un indulto merecido. Fue para mí, un "regalo" inolvidable.


Resultado de imagen de cobradiezmos

(foto: Carlos Canalo de Miguel)


sábado, 24 de agosto de 2019

Paco Ureña se consagra en Bilbao.

 Bilbao es como el Alpe d' Huez, el Tourmalet o el Angliru. Es un puerto de montaña que en cuanto inicia el verano se divisa en el horizonte y hay ganas de que llegue. Los toreros acartelados en esta capital vasca saben que es una etapa exigente pero gratificante si se triunfa. O si no que se lo digan a Ponce, que durante muchos años ha sido ésta su plaza y feudo de la que en volandas ha salido hasta en seis ocasiones. "El Cid" también podría hablarnos de lo que es triunfar aquí. Ya de retirada, este sevillano de Salteras goza en su palmarés de una tarde absolutamente histórica ya que en solitario se enfrentó a un encierro de Victorino Martín en 2007 y cortó cuatro orejas. Y el riojano Diego Urdiales en apenas cuatro años ha conseguido tres puertas grandes gracias a trasteos antológicos ante los toros toledanos de Alcurrucén.

Y cuando digo que esta plaza de 1º es un puerto duro en la temporada es por dos razones: el primero porque en este coso el reglamento dice que hay que cortar las dos orejas a un toro para salir por su puerta grande y el segundo porque Matías González su presidente, ha sido un referente de criterio y seriedad a la hora de conceder trofeos. Los arriba citados más Morante de la Puebla en 2011, Roca Rey de novillero en 2015 y José Garrido en 2016 demuestran que son muy pocos los que saborean la gloria en esta feria del norte. Este viernes 23 de agosto pisaba su ruedo Paco Ureña acompañado de Diego Urdiales y Cayetano. Los toros llegaron desde Don Tello, la finca que posee Borja Domecq en Mérida y anuncia la ganadería con el nombre de Jandilla.

Se enfrentó el lorquino a dos toros de diferente condición. El primero fue bravo en el caballo y muy bien picado por Juan Francisco Peña. Con el capote lo toreó a placer. El manejo de las telas de este diestro levantino es maravilloso y siempre atesorando pureza y clasicismo. A la verónica avanza el murciano a pasos agigantados. Carga la suerte y torea de verdad. Y los remates los borda. La media verónica tiene aires de Chenel. A este toro le hizo un garboso quite por chicuelinas Diego Urdiales.

                      

Ya en la muleta, Ingresado acudía con clase y nobleza a los vuelos de la franela de Paco. Inició la faena con unos estatuarios firme como una vela. No se movió ni un ápice. Tras los estatuarios, ligó una series al natural bajando mucho la mano y la res no se cansaba de embestir. Al ritmo de los acordes de Agüero, uno de los pasodobles más solemnes que hay, toreó con hondura y temple. Destacó una serie de muletazos con la mano diestra. Rubricó la faena tirándose a matar sin reservas. Dos orejas y la puerta grande ya esperaba a que este afortunado murciano la cruzase.

                       

Pero aún quedaba lo mejor. Salió el sexto y tras lucirse con los palos Agustín de Espartinas y Azuquita, comenzó a torear por bajo. Fue éste un toro noble y de buena condición. Permitió a Ureña torear con temple y despaciosidad. Los naturales fueron sencillamente soberbios. Daba el pecho y llevaba al animal embebido en la muleta hasta detrás de la cadera, donde moría el muletazo. El cierre fue muy torero. Una nueva estocada, marca de la casa y otras dos orejas que añadía a su el esportón. La gloria le esperaba.

                       

Es Paco un hombre cercano y sencillo. Al igual que Juan José Padilla, también un toro le hizo perder la visión del ojo izquierdo el pasado septiembre. Sufrió el murciano el calvario de la recuperación y de rehacer su carrera como la dejó: volver a ganarse los contratos tarde tras tarde. Nadie le ha regalado nada. Y no ha querido ni venderlo ni beneficiarse de ello. Aún sin un ojo y los problemas que eso conlleva en una actividad como es el toreo, no se amilanó y día tras día deja lecciones de valor y quietud delante del toro. Su técnica sigue mejorando y desde que volvió en marzo, ha dejado grandes faenas para el recuerdo como las de Madrid o Valencia. Y con la espada lleva un ritmo sensacional. Estamos sin duda ante el mejor Ureña.

Enhorabuena Maestro.

                       

                         (Fotos: Arjona y André Viard)


Cuatro orejas y tarde para la historia. Nadie, absolutamente nadie desde que El Cordobés lo lograra en 1964, ha desorejado sus dos toros una misma tarde en Bilbao. Paco entra en la historia y se consagra como figura del toreo. Si en junio critiqué duramente el vergonzoso comportamiento del público de Las Ventas en las salidas a hombros, en Bilbao es todo lo contrario, respeto y admiración por el torero que cruza la puerta grande. A diferencia de la plaza madrileña, en Bilbao no hay fuerzas del orden protegiendo al matador. Por algo será.

martes, 18 de junio de 2019

Berrendo en patxaran, la demencial Beneficencia y la gloria de Paco Ureña.

Parece que fue ayer cuando le montamos la mundial a De Villa Parro por regalar al señor Miguel Ángel Perera su sexta puerta grande y de eso fue hace un mes. Olvidada estaba hasta que la recordé en este resumen. Estas líneas las escribí el pasado jueves 13.
El lunes 10 torearon un encierro de El Ventorrillo los matadores Eugenio de Mora  (azul pavo y oro), Sebastián Ritter (azul y oro) y Francisco José Espada (blanco y plata). Entre el calor y lo tranquilos que estábamos en la grada, empecé la tertulia con mis amigos y cuando me quise dar cuenta eran las nueve de la tarde y acababan de arrastrar al quinto. Tenía un compromiso familiar y me fui. Me contaron que ese último toro lo mató Eugenio porque Ritter cayó herido y acabó en la enfermería. Lo toreó muy bien y lo crujió de una gran estocada. Con ésta, ya son dieciséis las que ha cortado el veterano toledano en la plaza de Madrid. Y deseo pronta recuperación al joven colombiano. 

                        

                        

Llegó el día grande, no por nada en especial, sino porque organizamos merendola. Tradición que mantenemos hace alguna que otra feria y menos algún caso puntual, no suele fallar nadie. Y como sabemos que era un día tranquilo en la que nuestra grada no se iba a llenar, sumando el interés que tenía el cartel de ese martes días 11, pues decidimos hacerla ese día. Os puedo comentar que merendamos palmeras de Viena Capellanes, otro llevó mantecados de su pueblo entre otros dulces y de salado siempre hay picos con chorizo, lomo y queso. Servidor aportó unas aceitunas aliñadas que no llegué ni a probar. Me las birlaron y cuando me quise dar cuenta, estaba la caja vacía. Si embutidos por aquí, si pastelitos por allá, el festejo se me pasó volando. Os voy a dar envidia ya que la guinda de la merienda lo puso el gran Joseba, que se abonó este año gracias a un miembro del grupo y como buen navarro nos convidó a un patxarán casero que fabrica su familia. Delicioso. 
Y ya hablando del festejo... Pues creo que recordar que se lidió un toro de bandera que pertenecía a la ganadería de Valdellán. Y me lo perdí. Le tocó en suerte a Cristian Escribano (turquesa y oro) en tercer lugar y en una opinión general de todos con los que hablé al acabar el festejo, no estuvo el toricantano a la altura de tan brava res. Fortísima ovación al animal en el arrastre con petición de vuelta al ruedo en algunos tendidos. Posiblemente uno de los toros de la feria. De nombre Carasucia y 590 kg.
Vi muy firme a Fernando Robleño (grana y azabache) que con los aceros estuvo muy bien y de Iván Vicente (grana y oro) tengo que decir que le vi desubicado y sin ideas. 


                            

                            

Tras la tranquila y agradable tarde que disfrutamos el martes 11, volvimos a nuestra plaza al día siguiente para presenciar la Extraordinaria Corrida de Beneficencia. Yo no sé que tiene que de extraordinaria, pues toda la vida solía estar compuesta por los tres toreros más destacados del mes y este año, el "Monsieur Pgodugtog" imitando otras ferias nos metió un caballo. Rejoneó Diego Ventura.
También hay que decir que los toreros suelen donar sus honorarios y desde Morante en 2007, nadie ha vuelto a jugarse la vida desinteresadamente por alguna causa en tal festejo. Muy preocupante idea la de hacer corridas mixtas. ¿Por qué? Yo pienso que es una manera de hacer algo que atraiga e intentar meter gente pero sin sentido ni justificación. Tras Sevilla y Madrid, se verán muchas a lo largo de esta temporada. Que en una corrida de tal importancia nos cuelen caballitos es lamentable. Otra golfada de los empresarios. No puede ser que en Madrid y en la nombrada corrida más importante se organice tal cartel. Si lo hiciesen otro día y con otro cartel de menos relumbrón... podría pasar. Así que decidí entrar en el segundo toro para ver a "El Juli".
Y la otra cuestión es el público de rejones respecto al de a pie, (radicalmente opuestos) que si los juntamos en un día de no hay billetes con las figuras toreando, pues el resultado es bomba de relojería. En otras plazas lo desconozco, pero en Madrid se ha puesto de moda en los toros gritar ¡Viva España! y si acuden Don Felipe VI o Don Juan Carlos, pues gritar ¡Viva el Rey!; y qué casualidad pero los días de toreros modestos o novilladas de verano y otoño, nunca hay problemas. Es llegar las figuras y sus seguidores abarrotan la plaza intentando disputarse el premio al tío más coñazo. Y está reñido, los jurados lo tendrán difícil al final de la feria. Todos buscan su momento de gloria berreando por la Patria. Puedes dar la lata toda la tarde gritando loas a España pero si protestas porque el torero lo está haciendo mal o está fuera de sitio, se encaran contigo los tres tendidos de sol gritándote que respetes porque al tío que se está jugando la vida. Luego se irán a Pamplona por San Fermín a comer lentejas, a tirarse vino y a bailar La chica ye yé durante la corrida, pero ahí no pasa nada. Es su fiesta y hay que respetarlo. ¡Con dos narices! Lo de ayer fue demencial, en mi opinión no hay sentimiento patriótico, sino un deseo de ser el más becerro y el más voceras. Por otra parte, tras una época en la que te llaman facha por llevar cualquier cosa que tenga la bandera de España, el toreo se ha convertido en ese reducto en el que se puede exclamar con libertad los viva a España. Y llegó el momento en que una señora gritó ¡Viva la República! y se formó la marimonera. Urdiales delante del animal y el monarca desde el palco. A saber que pensarían. Todo el mundo dice que los toros no son política, pero luego se chilla algo que no gusta y los cabestros del sol montan la bulla. Se cuenta que en la tauromaquia es de los pocos lugares que quedan en los que se puede opinar con libertad, pero claro, siempre que chilles algo que agrade, porque de lo contrario, caerán palos.
Inaguantable tarde en la que El Juli (grana y oro) se puso con el jabonero de Cuvillo que le tocó en suerte, animal suave y flojo al que Julián midió mucho sacando de un pozo donde no había nada. Diego Urdiales (sangre de toro y azabache) dejó muletazos de buen toreo. En el tercero ligó varias tandas a un toro con con genio templando y mandando en la embestida del animal. Ventura cortó un trofeo.

                        

                       


                         

(Fotos: Las Ventas y Casa Real). 


El jueves 13 lidió su última corrida como ganadero en Madrid Fernando Cuadri, cuyos toros anuncia con el nombre de Celestino Cuadri. En torno a 17.000 personas asistieron según la empresa. La corrida fue masacrada en el caballo y poco juego dieron en los dos restantes tercios. Vacía de casta y raza, sosos y parados, no pudieron ofrecer a su propietario un final mejor. De imponente presentación el sexto.
De la terna me quedo con Domingo López Chaves (salmón y oro).  Mostró una buena imagen en el quinto. Un toro que tuvo algo de gas pero el salmantino lo vio tarde. Al final aprovechó las embestidas que el toro le propinó por el pitón izquierdo. Rafaelillo (grana y oro) y Octavio Chacón (caña y oro) pasaron de puntillas por Madrid. Chacón estuvo desdibujado y no se le vio con la ambición de tardes anteriores.
Recibió Jesús Talaván una ovación tras un gran par de banderillas. Así opinaba el ganadero tras finalizar el festejo.








(Fotos: Las Ventas y Alvarado)

El viernes 14 terminó San Isidro. Aunque aún quedan la Cultura y la Prensa, éstas estaban programadas fuera de abono. Petardo de Fuente Ymbro que es la ganadería que más ha venido desde marzo. Y posiblemente vuelva en Otoño. Un descanso a los toros de Gallardo es algo que no vendría mal.
Uno de los días más insulsos de la feria. Quitando a Morenito de Aranda (botella y oro) que algo pudo hacer, Pepe Moral (turquesa y oro) tuvo otra tarde para olvidar y José Garrido (grana y oro) que se lució en unas vistosas chicuelinas, estuvo a punto de ver como el sexto le iba al corral. Otro torero que ha pasado en silencio por Madrid a pesar de tener varias oportunidades.
16,000 espectadores.

                        

                       


Aburrida y pesada se me ha hecho esta última semana. Mis amigos son testigos de ello. Estos siete días sobraban en el programa. Aún quedaban dos jornadas de expectación en los que se agotó el papel.
El sábado 15, Corrida de la Cultura, nuevo término inventado por Simón Casas,  torearon junto a Roca Rey (negro y oro) el francés Sebastián Castella (negro y oro) y el murciano Paco Ureña (salmón y oro). Victoriano del Río trajo desde Guadalix de la Sierra una corrida mal presentada y de flojo comportamiento. Francés y peruano pasaron de puntillas. Uno sin suerte en su lote y el segundo sin la ambición ni ganas de tardes anteriores. Pobre paso por Madrid de Sebastián.
El gran triunfador fue Paco Ureña. Tocó pelo y salió a hombros. Dos faenas intensas con los toros más potables del encierro permitieron al lorquino saborear la gloria por primera vez en su carrera de cruzar en volandas ese arco mudéjar. Paco estuvo sensacional.  En su primer toro recibió un golpe que le dejó melladas varias costillas y tras matar se marchó a ponerse en manos del equipo médico. Tras barruntarse una posible fractura salió a enfrentarse al último.
 Lo bordó con el capote toda la tarde: se picó con Andrés en un tercio de quites muy emotivo y con la muleta inició magistralmente la faena al sexto cuajando al toro por ambos pitones. Las tandas al natural fueron templadas, muy puras y llevando al toro hasta detrás de la cadera. Tras una gran estocada, el toro tardó en caer. La emoción de la faena hizo que el público le pidiese las dos orejas.

                           
                     

                           

                            

(Fotos: Víctor Luengo, Las Ventas y Valdivielso)

El domingo 16 se celebró la Corrida de la Asociación de la Prensa. Cerramos feria con un cartel que iba ganando expectación a medida que pasaban las semanas. Las ganas de ver a Pablo Aguado (sangre de toro y oro) hicieron que muchos acudieran a la plaza para presenciar este festejo dominical. López Simón (marino y oro) y "El Fandi" (obispo y oro) cerraban el cartel. Tras un paso muy interesante por Sevilla, los toros andaluces de Santi Domecq pusieron el broche ganadero a este San Isidro 2019. Destacó sobre todo el sexto, de nombre Zahareño.
Insulso y sin contenido fue el trasteo de Alberto y en cuanto al granadino, bulló a la plaza con sus acostumbrados pares de banderillas. Hay que mencionar que David es un torero que con la capa anda muy bien y el domingo lo demostró en Madrid.
Pablo Aguado recibió una grave cornada en su primero y ahí acabó su ilusionante paso por Las Ventas. Dejó muletazos muy reposados meciendo la embestida del Domecq.
Entre los de plata debo destacar el gran puyazo de Manuel Jesús Bernal al ya mencionado Zahareño.








Este es el veredicto del jurado tras fallar los premios:
Triunfador de la Feria: Paco Ureña.
Mejor faena: Antonio Ferrera, al 1º de Zalduendo.
Mejor novillero: Fernando Plaza.
Mejor rejoneador: Hermoso de Mendoza.
Torero revelación: David de Miranda.
Mejor estocada: Román.
Mejor picador: Juan Francisco Peña.
Mejor brega: Iván García.
Mejor banderillero: Fernando Sánchez.
Mejor toro: "Despreciado" de Juan Pedro Domecq.
Mejor ganadería: Adolfo Martín.
Pues aquí acaba esta larguísima feria. En Madrid sigue habiendo toros y os lo contaré, los próximos carteles ya están cerrados. Se acabaron los borrachos y los agotadores ¡Viva España! Los dos últimos domingos de junio a las siete de la tarde están acartelados los siguientes matadores:
Día 23. Toros de Dolores Aguirre para Alberto Lamelas, Cristian Escribano y Gómez del Pilar.
Día 30. Toros de Partido de Resina para Marc Serrano, Sánchez Vara y la confirmación de Miguel de Pablo.

Esperando que os haya gustado y que hayáis disfrutado de estas líneas, mando un saludo a mi lectores.







lunes, 17 de junio de 2019

Mis estocadas de San Isidro.

La suerte suprema es el momento culmen de un festejo. Sin muerte del toro en la arena, esto no tendría ningún sentido. Os dejo algunas de las mejores estocadas de esta recién finalizada feria de San Isidro.

 Luis David. Toro de Montalvo. Sábado 18 de mayo.

              


Ginés Marín. Toro de Montalvo. Sábado 18 de mayo.

             
  

Roca Rey. Toro de Parladé. Miércoles 22 de mayo.





Paco Ureña. Toro de Juan Pedro Domecq. Viernes 24 de mayo.

                     


Román. Toro de Adolfo Martín. Jueves 30 de mayo.

                      


Antonio Ferrera. Toro de Zalduendo. Sábado 1 de junio.




Diego Urdiales. Toro de Alcurrucén. Viernes 7 de junio.




Román. Toro de Baltasar Ibán. Domingo 9 de junio.




Eugenio de Mora. Toro de El Ventorrillo. Lunes 10 de junio.




Paco Ureña. Toro de Victoriano del Río. Sábado 15 de junio.




(Fotos: Las Ventas, Alvarado, Ana Escribano y Javier Arroyo)

jueves, 21 de marzo de 2019

Fallas Valencianas. 2º parte.

Dejé mi crónica en la gran tarde del muchacho peruano y ahora os contaré lo que ocurrió desde el sábado 16 hasta el día de San José.
Tras arrasar Andrés Roca Rey el viernes, los valencianos volvieron a la plaza para ver el día siguiente a la gran figura valenciana Enrique Ponce, que el año que viene cumple tres décadas de alternativa y hace unas semanas superaba los 5000 toros lidiados. Sigue batiendo marcas el valenciano. El otro espada era el murciano Paco Ureña que tras ser herido en Albacete y perder el ojo izquierdo, tras un intenso invierno de recuperación volvía a los ruedos. Los toros eran del hierro sevillano de Juan Pedro Domecq. Recuperándose de una lesión en la espalda, no pudo torear con ellos José María Manzanares. Lo mejor de la tarde no sólo fue la vuelta del lorquino, sino que no pareció que llevaba parado desde septiembre. Su carta de presentación fue un ajustadísimo quite por gaoneras que levantó a la gente del asiento. Con la muleta demostró que la cornada no le va a amedrentar. Volvió al hotel con una oreja en el esportón. El incombustible Ponce cortó otra oreja.

                  

El día de San Patricio la empresa cerró un cartel muy interesante pues estaba compuesto por Diego Urdiales, el francés Sebastián Castella y Cayetano Rivera con los toros extremeños de Jandilla, cuyo propietario es Borja Domecq. La corrida estuvo marcada por el constante viento.
Urdiales dejó destellos de su toreo caro, mató de una gran estocada y Cayetano por su parte no tuvo su tarde. El momento álgido surgió en el quinto. Los protagonistas fueron Sebastián y Horroroso, un gran toro negro de capa y nacido en septiembre de 2014. Bravo y repetidor, derribó al caballo en los dos embites y aunque se debería haber puesto una tercera vez, el presidente cambió el tercio. Durante la faena de muleta, la petición de indulto fue creciendo pero el presidente no la concedió. Castella lo mató de una estocada y tras cortarle las orejas salió a hombros. Un toro para no olvidar.

                            

El lunes 18 volvía Ponce para torear en un festejo en el que abría plaza el rejoneador Diego Ventura y completaba la terna Toñete. La buena presentación de los toros de la Casa Matilla fue lo más positivo en cuanto al tema ganadero. Diego Ventura cortó un trofeo en su segundo toro y Ponce que arrastraba una lesión de ligamentos en su rodilla, sufrió una cornada y al caer se dañó la pierna ya mellada. Pasó a la enfermería y se espera que tenga un parón largo de recuperación. Toñete pasó sin brillo realizando dos deslucidas labores.

                                    


El día del patrón cerró la feria un cartel compuesto por los toreros Finito de Córdoba que sustituía a Emilio de Justo (lesionado semanas atrás en Carabanchel), Román y Ginés Marín. Los toros de Fuente Ymbro fueron los elegidos para tal ocasión.
Juan Serrano "Finito de Córdoba" hizo en su primer toro unos naturales iniciales que auguraban faena grande pero luego quedó en agua de borrajas y la falta de ajuste reinó en su trasteo. En el segundo toro dejó el Fino una faena de altibajos pero firmando pasajes habituales de su repertorio: trincherazos, pases de la firma, cambios de mano... en fin, detalles de inmensa belleza. Cortó una oreja.
Román se las vio nada más y nada menos que con Damasco. Un fiero y encastado animal que humillaba y buscaba con ganas los vuelos de la muleta del torero valenciano. Un torrente de bravura. Empezó con un explosivo inicio de rodillas dando una arrucina y resultó volteado. En el tercio de banderillas de este toro Iván García brilló en dos soberbios pares. En el segundo de su lote firmó buenas tandas con la mano izquierda. De no ser por el mal uso del acero en ambos toros, habría salido a hombros.
Ginés estuvo apagado en su primer toro y en el sexto remontó con unas tandas de muletazos aplaudidas por los allí congregados, Jarrero fue un toro interesante y el joven jerezano lo mató de un gran espadazo.