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jueves, 17 de febrero de 2022

Toros en el confinamiento (V).

 Madrid. Toros de Victorino Martín para Francisco Ruiz Miguel. 19 de mayo de 1986.

Quince años después de aquella tarde en la que el zamorano Andrés Vázquez eligiera seis toros de esta ganadería para realizar una gesta sin precedentes, el torero de La Isla de San Fernando repitió lo que ya hiciera en su día el Nono de Villalpando. En San Isidro del 86 se encerró con seis toros de este legendario hierro. Si el diestro castellano salió airoso, el gaditano también lo logró. Vestido de corinto y oro peleó contra los cárdenos toros y contra el fuerte viento que sopló toda la tarde. Aquella media docena de grises albaserradas se llamaron Mulillero, Balconero, Melonero, Trescuernos, Ventolero y Lagartijo; variados de presentación y juego.

Toreo y épica. Mostró todas sus facetas el veterano diestro que ya estaba consolidado como máxima figura del toreo. Ocho puertas grandes en Madrid lucía su palmarés. En los últimos años de su trayectoria, cuajado y con la experiencia que da el tiempo, cruzó él solo el ruedo de Las Ventas para llevar a cabo tal gesta.
Al primero lo saludó en un ajustado quite rodilla en tierra a la verónica. Se peleó con él en la faena de muleta y lo fulminó de una gran estocada. Palmas al matador.
Se gustó con la capa en el segundo. A este toro le cortó la primera oreja de la tarde. La faena fue rápida, pero llena de emoción. Balconero fue un gran toro y Ruiz Miguel estuvo a la altura. Fijeza, nobleza, clase... brindó a Pepe Luis Segura, su apoderado y cuajó un faenón ligado y rotundo por ambos pitones. Si los derechazos fueron buenos, los naturales mucho más. Mató muy bien así que Madrid premió al andaluz.
Melonero puso dificultades, tuvo peligro, huía... no conseguían hacerse con él. Juan Luis de los Ríos "El Formidable" se fue a por él y consiguió parar y atemperar las embestidas de este complicado ejemplar. No se dejó picar y en la faena de muleta, al seguir arreciando el viento, Paco no se complicó, se fajó en un macheteo y despachó al animal.
Salió el cuarto y no debió de gustar por su presencia. El 7 y la andanada del 9 gritaban ¡"toro"!, ¡"toro"!. Poco que contar en los primeros compases de la lidia. Se desesperaba el matador porque no salían las cosas. Cabezota él, se empeñó porque desde luego que el esfuerzo valía la pena. En Madrid hay que arriesgar. Y arriesgó. Lo bueno de esta sangre es que sus toros si se entregan, rompen y eso ocurrió. Consiguió meter en vereda a aquella alimaña y redondeó varias series de derechazos de gran fuste. La faena hizo vibrar a la afición venteña. Remató la obra con una estocada fabulosa y cayó otra oreja. ¡Puerta grande! La novena. Aún quedaban dos toros y en esta plaza, eso es mucho.
El quinto era acapachado y engatillado de cuerna, cosa poco habitual en este encaste. La temperatura de la tarde subió en el último tercio. Brindó a Victorino y al hilo de las tablas en los tendidos de sol, hizo rugir Madrid. Un toro de bandera ya que poseía las grandes cualidades como la nobleza, la fijeza, la casta... muy similar al segundo. Lo toreó a placer por ambos pitones. Una estocada defectuosa ya que en el momento supremo el toro pegó un derrote impidiendo al matador la buena ejecución de la misma. Certero descabello y el público pidió una tercera oreja que el usía no concedió.
Cerró la tarde un toro precioso: hondo, serio, bien armado, cuajado... un tío. En este último capítulo todo lo bello que era el animal por fuera, no lo fue por dentro. Áspero y complicado, sumado al mencionado vendaval que complicó la vida a todos los de luces, fue la oveja negra de la tarde.
  
El Formidable fue ovacionado al poner banderillas al primero y destacó el buen puyazo de Tomás Cid en el quinto que propinó una gran pelea en varas. Los sobresalientes se llamaron Nicasio Pérez "Cesterito" y López Heredia. Acabó triunfalmente una tarde histórica para este bravo torero, la ganadería y la plaza de Madrid. Aún le quedaría una puerta grande más.

Madrid. Toros de Victorino Martín para Pedro Gutierrez "Niño de la Capea". 28 de junio de 1988.

Érase un vez un salmantino que quería demostrarse a sí mismo que era capaz de llevar a cabo tal gesta. Así que en la 90ª edición de la Corrida de la Asociación de la Prensa de Madrid, actuó en solitario y eligió para tal ocasión seis duros albaserradas de Victorino Martín. Don Juan Carlos presenció el festejo en una barrera acompañado de Santiago Martín "El Viti" y la banda de música de la Infantería de Marina tocó La Marcha Real al finalizar el festejo.

De verde hoja y oro cruzó Pedro Gutierrez Moya el ruedo de Las Ventas al son del pasodoble Toreador. Mientras tanto, en los chiqueros estaban listos Gallito, Hotelero, Esquinero, Milano, Cumbrerillo y Escribiente. La corrida que trajo Victorino estuvo muy bien presentada. Se esperaba mucho del juego de estos toros en el tercio de varas y la corrida en general cumplió en el peto. Recibió una fuerte ovación el torero al acabar el paseíllo. El viento molestó toda la tarde.

Salió Gallito y Pedro lo recibió con unas verónicas genuflexas. El toro apretó en las tablas así que el torero charro se lo llevó a los medios para que no le comiera terreno. Nada trascendente ocurrió en los primeros tercios. Brindó al monarca y empezó la faena por bajo. Este toro se quedaba muy corto tras cada muletazo y se revolvía rápidamente intentando coger al matador. No se complicó la vida el salmantino, concluyó con un gran macheteo y se fue a por el acero. Acabó con él de una gran estocada.

En el segundo capítulo, Hotelero tampoco quiso que nuestro protagonista saliese vencedor. Pedrín Sevilla le clavó un airoso par de banderillas. Sonaron clarines y timbales y si en la primera faena empezó por bajo, en este toro decidió el matador empezar por alto. Ligó unas breves tandas pero Hostelero seguía dificultando la labor. Pegaba tarascadas y tornillazos. Siempre protestaba e iba con la cara alta. Como aún quedaba muchísimo por delante, de esta manera el diestro charro volvió a espantarle las moscas y mató de una estocada desprendida. Saludó desde el tercio una ovación. Tras lavarse y prepararse para recibir al tercero, declaró en los micrófonos de TVE que se sentía bien, optimista y con fuerzas para seguir adelante.

Así que se abrió el portón de los sustos y salió Esquinero al que toreó de maravilla con el capote. Tuvo que emplearse a fondo el torero porque el animal salió con muchos pies. Una nueva alimaña con la que no se desesperó Capea. El toro lo tuvo todo: gazapeo, arrollaba, era complicado...  En el último tercio consiguió dar unas tandas en el sitio en las que tuvo que tirar del toro bajando mucho la mano y dejando la tela siempre preparada para que al dar el siguiente pase el toro sólo viese muleta, porque estaba pendiente de todo lo que ocurría a su alrededor menos de la franela de Pedro. Con la mano izquierda consiguió encadenar otra serie y falló con la espada. Silencio.

Ante el cuarto (Milano) fue la misma historia que en el toro anterior: batalla y firmeza. De nuevo la espada no quiso entrar. Silencio.

Quedaban dos toros en corrales. Si alguien piensa que esto iba a peor no saben lo que viene ahora. Victorino que no tiene nada de paleto, como dijo una vez "El Juli" tenía preparado a Cumbrerillo para encumbrar (nunca mejor dicho), a Pedro. Y se cumplió a la perfección aquel popular dicho de "no hay quinto malo". Permitió al sobresaliente Antonio García "Utrerita" (grana y oro) quitar por chicuelinas y en banderillas fueron aplaudidos los pares de Ángel Majano y de nuevo Pedrín Sevilla que ya había sido ovacionado un rato antes. Aquí comenzó la sinfonía. Una cátedra de cómo torear. Abanderando el toreo castellano empezó "El Niño de la Capea" unos ayudados por bajo rodilla en tierra. Torería a raudales. Poso y temple. Madrid quiere ver torear, no perder el tiempo con muletazos superfluos. Menos la primera tanda que fue con la mano diestra, el resto fue íntegro con la zurda. Tres tandas de naturales: una de seis y dos de tres. Ésta última fue a pies juntos. Doce muletazos. Doce naturales con los que reventó Las Ventas. La plaza era una olla a presión. Esa docena de pases tanto los de compás abierto o los de frente a pies juntos fueron puros, ligados, embarcando al toro con los flecos... Soberbio. Antología del toreo al natural. En uno de los compases de la lidia se mostró muy confiado y por despistarse, se lllevó un susto que no pasó a mayores, el toro que no era tonto, no permitía florituras así que en un lance le pegó una voltereta. Se levantó rápidamente el matador y fue a cambiar la muleta porque Cumbrerillo la rompió. Mató recibiendo. Hundió la espada hasta los gavilanes y Madrid en pie se dejó las manos aplaudiendo esta obra de arte. Faenón histórico. Don Juan Lamarca escuchó la petición y dio a este bravo torero el salvoconducto para salir a hombros en la Villa y Corte.  Si los toros anteriores no permitieron el lucimiento, este fue todo lo contrario y relució las maravillosas cualidades de este gran encaste: fijeza, nobleza, humillación, recorrido, clase... Un animal de ensueño. Cumbrerillo, de 495 kg. Un toro histórico de Victorino.

Tras esta apoteosis, aún quedaba redondear la tarde. Escribiente aguardaba y como hijo de Belador, único toro que se ha perdonado la vida (en junio de 1982) en los noventa años de Las Ventas, se esperaba algo grande. Lo paró con unas verónicas rodilla en tierra y tuvo que salirse para fuera porque el toro reponía. Empujó con fuerza este cárdeno al peto del caballo desde la primera raya hasta las tablas. Juan Cid le propinó un gran puyazo. Brindó Pedro al público. Los primeros lances fueron de tanteo y cuando lo vio claro, cogió la mano diestra recetando al de Victorino unas tandas muy profundas. Los derechazos fueron sensacionales y perfectamente ligados. Otra gran serie de lances con la mano izquierda y concluyó con un último ramillete de pases con la derecha. El variado cierre fue muy jaleado y la estocada también. No fue este animal tan extraordinario como el anterior pero también dejó lucirse al de Salamanca. Cayó la tercera oreja y la gloria le esperaba.

Por tercera vez en la historia de Madrid, un torero se enfrentaba en solitario a estos ásperos animales. Y salió triunfante de la batalla. Puerta grande para este torerazo. Las faenas fueron exactas, precisas. Ni alargó ni acortó. A cada "albaserrada" le dio lo que pedía. Con treinta y seis años de edad y dieciséis de alternativa, cuajó este salmantino una tarde memorable. Se retiró esa misma temporada.


Sevilla. Toros de Los Guateles para Niño de la Capea, "El Litri" y Enrique Ponce. 29 de abril de 1992.

Decir soporífero es quedarse corto. El momento más lucido fue ver trenzar el paseíllo a los matadores como es costumbre en esta plaza al son del bello pasodoble Plaza de La Maestranza. Los toros frustraron los deseos de la terna de hacer disfrutar al público. Se llamaron Juicioso, Pajarito, Guapillo, Nuchito, Potrito (éste fue devuelto y salió un sobrero llamado Luchador) y Sospechoso. Bien presentados pero flojos, aplomados, blandos, parados... un desastre. Petardo ganadero.
Para no aburrir, no me extenderé como hacen esos toreros que se empeñan en seguir toreando a pesar de que el animal no quiere batalla. No hay nada que contar. Ni un brega, ni un par de banderillas. Tras su corta retirada, volvió el salmantino a los ruedos. Al final del festejo los toreros, muy contrariados, mostraban a las cámaras de TVE el pesar de tener que volver al hotel sin ni siquiera poder dar una decorosa serie de muletazos que sacase unos olés de la afición hispalense.
Vistieron de azul marino, canela y blanco y oro respectivamente. Sonaron los acordes del himno nacional antes del paseíllo y doña María de Las Mercedes presidió el festejo desde el palco real.

Madrid. Toros de Guardiola para Pepín Jiménez, Jesulín de Ubrique y Manuel Caballero. 3 de junio de 1997.

La de los 90 fue una década importante en la historia de Las Ventas. Y los culpables fue un clan de toledanos que se apellidaban Lozano. Estos hermanos que fueron matadores de toros a mediados de siglo y posteriores empresarios de diferentes plazas, consiguieron que San Isidro tuviese más importancia de la que ya tenía. La plaza llena a rebosar tarde tras tarde con el papel agotado cada festejo y miles de caras famosas de la sociedad en sus tendidos. Este 3 de junio se recuerda por un profesor de matemáticas nacido en Lorca. Vestido de turquesa y oro, Pepín Jiménez dictó una lección con un gran toro llamado Foquero lidiado en cuarto lugar. Al igual que con sus pupilos, enseñó a veinte mil almas más aquellos que desde el Plus escuchando a Molés y al genial Antoñete lo que es torear. ¿Quién ha dicho que no se puede torear a placer estos encastes que a priori son considerados duros? El que piense eso, que vea esta faena. El lorquino hizo rugir Madrid con ese toreo tan personal. Los ayudados por alto y las posteriores series de derechazos a pies juntos tanto con la diestra como con la zurda, tuvieron eco en los tendidos. Si en vez de un bajonazo hubiese matado bien, la historia habría sido muy diferente.
Jesulín (blanco y oro) y Manuel Caballero (frambuesa y oro que sustituía a José Tomás herido de gravedad días antes) pecharon con varios toros de diferente condición. El más potable fue el segundo (Sangre fina) ante el que Jesús saludó una ovación con división de opiniones. Un toro con calidad al que le dio distancia y toreó con temple. Manuel se pegó un arrimón con el sexto (Isleño). Un animal tardo y desclasado que hizo pensar mucho al de Albacete. Los restantes se llamaron Coqueto el tercero y Jirafa el quinto.

Madrid. Toros de El Torero para César Rincón, Rivera Ordóñez y José Tomás. 18 de mayo de 1999.

José Tomás cruzó por cuarta vez ese arco mudéjar que es la puerta grande de Las Ventas. Al tercer toro de la tarde, de nombre Tagarnino lo toreó con unas cadenciosas verónicas. Luego llegaron otras de mano muy baja. Y siguieron unas chicuelinas muy ceñidas. Un lance que José usa con frecuencia intentando pasar con la máxima justeza al animal. Con la muleta no se lo pensó dos veces y directo empezó a torear con la mano izquierda. A medida que avanzaba la faena, la intensidad en el ambiente crecía. Madrid era un clamor. Siguieron dos series más al natural. Siempre colocado, siempre perfecto. Independientemente del aire u otros factores, JT no se inmutó, seguía como si nada ocurriese. La última tanda estuvo condicionada por un toro aplomado que embestía a trompicones. A pesar de los parones del animal que impedían una serie continuada de muletazos, la rotundidad de su toreó puso en pie esa plaza abarrotada. Cerró con unos derechazos al ralentí y tras una gran estocada cortó una oreja. Cerró el festejo ante un toro bien presentado al que sometió por bajo al empezar el trasteo de muleta. También fue una faena de parones. Un toro algo incierto y reservón que buscaba constantemente coger al torero pegando gañafones. Entre la intermitencia de las series consiguió pegar algún muletazo aislado de bella factura. Fue una faena más de arrojo y valor que de toreo, pues ante la brisa que soplaba y el áspero comportamiento del toro que siempre iba a la defensiva con la cara alta, no tuvo tintes artísticos. Madrid seguía entregado al torero y tras otra estocada le premió con la segunda oreja. Durante las lidias de sus compañeros, se jugó el tipo en unas impresionantes gaoneras en el segundo de la tarde y volvió a quitar por chicuelinas en el quinto. 

César y Francisco no tuvieron toros. El colombiano anduvo desconfiado y perdido. Y Fran puso todo de su parte, pero pasó inadvertido esa tarde. Solo hubo un torero del que se acordaron todos los que presenciaron ese festejo: José Tomás Román Martín.

De tabaco y oro vino César y de azul marino Fran y José, los toros pertenecieron a la ganadería de El Torero excepto 4º y 6º que eran del hierro salmatino de El Sierro: Se llamaron Tentempié, Molusco, Tagarnino, Sultán, Ratón y Yegüesero. 

Entre las cuadrillas destacaron Gustavo García "El Jeringa" con un par excepcional de banderillas en el primero. En el quinto brilló la brega de Paco Alcalde y el quite salvador de Emilio Fernández a Basilio Martín. 

Madrid. Toros de Samuel Flores para Enrique Ponce, Rivera Ordóñez y "El Juli". 17 de mayo de 2000.

Tarde de expectación, tarde de decepción. Popular dicho taurino que muchas veces falla y otras acierta. En esta ocasión se cumplió. El Juli, que comenzaba su segundo año como matador de toros, llegaba a Madrid para confirmar la alternativa recibida en septiembre del 98 más allá de los Pirineos. La plaza se llenó para ver a aquel muchacho rubio del barrio de San Blas presentarse ante la afición capitalina como matador de toros acompañado de Enrique y de Fran Rivera. Esté último pasó sin pena ni gloria. En cambio, los otros dos sacaron algunas palmas del respetable en el cuarto y sexto toro respectivamente: Ponce tiró de oficio y maestría mientras que Julián en unas buenas verónicas de saludo, en dos preciosos quites y posteriormente en un brillante tercio de banderillas consiguió levantar el ánimo de una afición que ya daba por perdida la esperanza de haber asistido a una gran tarde de toros. Hasta hace un par de años, la ganadería manchega gozaba de un gran cartel y solía ser requerida por las figuras. Todos querían enfrentarse a estos toros. Clase, fijeza... tenía grandes virtudes este hierro albaceteño. No fue así aquella tarde de mayo de 2000. Seis galanes, impecables de presentación por fuera pero vacíos de casta por dentro. Petardo ganadero: blandos, huidizos, mansos... Seis mulos que no dieron el juego esperado. Tarde para olvidar. Los toros se llamaron Pitanguito, Bebé, Cuernostontos, Locón, Zajonero y Lapicerito. Bebé y Cuernostontos pertenecieron al segundo hierro de la ganadería, María Agustina López Flores. 
Los toreros vistieron respectivamente de grana, azul marino y corinto, todos en oro.

Pamplona. Toros de Fuente Ymbro para Juan José Padilla, Miguel Ángel Perera e Iván Fandiño. 13 de julio de 2013.

Penúltima de feria. Toreaba el Pirata en su plaza. Ante esa afición que tanto le ha querido. Dos años habían transcurrido de aquella dramática tarde en la capital aragonesa. Le acompañaban Miguel Ángel Perera e Iván Fandiño. Y los toros eran de Fuente Ymbro, ganadería situada en San José del Valle (Cádiz). De gris plomo y oro vino Juan, de verde bandera Perera y de coral y oro el bravo torero de Orduña. Los toros se llamaron Flamante, Guardés, Malicioso, Heroína, Incapaz y Calderero. La corrida estuvo excelentemente presentada y varios toros superaron los 600 kg. En cuanto al juego, los toros más potables fueron el tercero, cuarto y quinto.
Padilla cortó dos orejas. Una a cada toro. Desde que salió el primero hasta que murió el cuarto, fue entrega total. Una la cortó a Flamante tras un trasteo que fue a menos. Con el capote pegó un buen número de largas cambiadas a ambos toros y con las banderillas estuvo vulgarote. Ante el cuarto toreó a pies juntos a la verónica. los pares tuvieron más decoro que los tres anteriores y con la muleta estuvo en Padilla. Las series de derechazos eran rubricadas con sus acostumbrados circulares. También se puso de rodillas para emocionar a los tendidos de sol. La aseada estocada tuvo premio y los seguidores del jerezano, al ver que el presidente negó la segunda clamaron aquello de: "manos arriba, que esto es un atraco". Salió a hombros.
El otro triunfador fue el de Orduña. Iván cortó dos orejas al tercero de la tarde gracias a una obra llena de paciencia y oficio. El tercero era un tío. Lo mejor de esta lidia llegó en el último tercio. Los momentos más álgidos llegaron en varias series con la derecha. Le dio sus tiempos, sus alturas y consiguió enjarretar varias series muy templadas y acompasadas. Cerró con unas bernadinas y fulminó al animal con una estocada magistral. El sexto de la tarde, un manso que se defendía y evidenciaba falta de fuerzas, intentó Fandiño rascar pero poco pudo sacar.
Por su parte el extremeño de Puebla del Prior pasó sin suerte por San Fermín. Su lote no permitió ni el más mínimo lucimiento. El quinto se lesionó en el primer capotazo y fue devuelto. Salió Soplón, un precioso jabonero que tampoco dio ninguna opción y al que Perera alargó innecesariamente una insulsa faena. Tras dos avisos, los pamploneses despidieron a Miguel con unas palmas que recibió desde el tercio.


viernes, 9 de abril de 2021

Toros en el confinamiento (IV).

 Madrid. Corrida de Beneficencia. Toros de distintas ganaderías para Franciso Rivera " Paquirri " en solitario. 18 de junio de 1980.


Otra de las muchas encerronas que se han realizado en la plaza de Madrid. Este bravo torero andaluz eligió para la tradicional Beneficencia organizada por la Excma Diputación los siguientes toros: Imperdible (Juan Pedro Domecq), Caratuerta (Atanasio Fernández), Gravero (Pablo Romero), Garcito (Samuel Flores), Carricero (D. José Matías Bernardos) y Voluntario (Viuda de Garrido). Como comprobaremos, veremos variedad de encastes y ganaderías... Igual que hoy día. Aquel día vistió de marino y oro.

Ante el primero toreó por unas elegantes verónicas a pies juntos cerrando la serie con la revolera. Quitó por chicuelinas de mano alta cerrando la serie también con la revolera. El toro no era un deje de virtudes y Paco estuvo decoroso. Las tandas de más fuste fueron con la mano diestra. Mató bien y escuchó la primera ovación de la tarde.

El toro de Atanasio fue muy protestado por la afición que lo quería devolver. No ocurrió tal cosa y ante semejante animal, Paquirri abrevió.

Con el PR se puso de rodillas pegando dos largas cambiadas en el tercio. Unas decorosas chicuelinas, unos pares de banderillas que fueron protestados por algunas andanadas (cuando el 7 no existía) y unas tandas breves con ambas manos fueron lo momentos más notables. División de opiniones.

Los mejores momentos llegaron en la segunda parte. El Samuel que hizo cuarto permitió al gaditano crujir Madrid toreando por unas templadísimas verónicas ganado terreno y saliendo hacia los medios. Peleó bien Garcito en el caballo y se animó Paquirri a banderillear. A toro pasado escuchando palmas de tango que se oían desde la andanada del 8. La faena de muleta comenzó con la mano diestra para torear por bajo mediante unos doblones. Varias tandas por ambos pitones fueron ovacionadas pero el momento más álgido llegó con unos derechazos que hicieron vibrar Madrid. Buscaba la colocación y no quedarse fuera de cacho. Se encaró con dicha andanada haciendo al público volverse contra ellos.
A esos derechazos siguieron unos naturales a pies juntos que sí hicieron crujir Las Ventas. Mató de una gran estocada al tercer intento en el centro del anillo y cortó la primera oreja de la tarde. El toro fue premiado con la vuelta al ruedo.

Bajó el festejo a partir de ese buen Garcito, en los dos últimos toros no hubo nada que destacar. Un buen puyazo de Manuel Cid Casimiro al quinto, la buena pelea en el peto del sexto y el gran puyazo que recibió.

Bilbao. Toros de Victorino Martín para Emilio Muñoz, Víctor Mendes y Emilio Oliva. 22 de agosto de 1991.

Interesante cartel que se unió un día gris en tierras vascas. Dos Emilios acompañaron a Víctor para lidiar los toros de la A coronada. Aquella lluviosa tarde trenzaron el paseíllo Emilio Muñoz (marino y oro), el portugués de Vilafranca de Xira, Víctor Mendes (corinto y oro) y Emilio Oliva (rosa y oro). Los toros se llamaron Basilero, Escribiente, Portero, Pobretón, Minerito y Escudero.

El primer toro del trianero (azul marino y oro) propició una correcta pelea en varas. Antes le había recetado el sevillano unas decorosas verónicas. El toro se fue complicando a medida que avanzaba la lidia. El inicio consistió en unos elegantes doblones con la pierna flexionada y la mano en la cintura. El toro empezó a probar, a gazapear y a medir. Se fue a por el acero y concluyó el primer acto. Leves pitos. El cuarto fue aplaudido de salida gracias a su bella estampa. El toro humillaba y cumplió en el caballo. Con las banderillas, el subalterno Gregorio Cruz Vélez estuvo sembrado. En los primeros lances de tanteo el público empezó a protestar. Fue sacando agua de un poco vacío. El toro se quedaba cortísimo y no pasaba más allá de donde acababa el pase. Cimentó las primeras series con la mano diestra y con la izquierda relucieron algunos naturales de muchos quilates. Cerró por bajo y tras  un fallo con la espada, mató a la segunda y escuchó división de opiniones. El toro fue aplaudido en el arrastre.

El portugués lució un bonito corinto y oro. Su primer toro era muy alto de cruz. Bilbao aplaudió a Víctor gracias a unas verónicas ganando terreno y cargando la suerte. Durante el tercio de varas galleó por chicuelinas y ejecutó la suerte de la navarra. Este toro realizó una justa pelea en el caballo.
Se lució el luso en tres pares de banderillas. El trasteo con la muleta fue de poder. El toro por el derecho no quería saber nada y por izquierdo tampoco facilitó la lidia. Faena de constancia y tesón. Ovación al torero y palmas al "victorino" en el arrastre. El quinto superó los 600 kg. También voló con soltura el capote saliendo a los medios para ganar espacio al toro. Otro cumplidor albaserrada en el peto. Este toro cumplió los cánones de aquellos míticos victorinos: se quedaba corto buscando al torero revolviéndose como un tejón tras cada lance. En un momento de la faena, un espectador recriminó al torero que usase la mano izquierda pero, demostrando instantes antes que por ese pitón no había mucho que hacer, satisfizo los deseos de aquel aficionado y el toro arreó. Mató en la suerte contraria y dio una merecida vuelta al ruedo. Palmas al toro en el arrastre.

El chiclanero llegó a esta ciudad luciendo un rosa y oro. Sustituía a Fernando Cámara. También manejó con lucidez la capa ante el tercero pero en una de esas buenas verónicas, el toro le desarmó. Faena de combate al son de los acordes del solemne pasodoble "Agüero". Encastado el victorino, exigió mucho al andaluz y éste respondió gallardamente. El fallo con la espada silenció la labor.
Cuando la tarde llegaba a su fin, El Paleto de Galapagar tenía un as en la manga: Se llamaba Escudero. Este animal que cerró la tarde tuvo casta, emoción, fijeza, prontitud... Su lidiador estuvo a la altura. Las verónicas mas cadenciosas de la tarde las dio Oliva en el centro del platillo. Unas  chicuelinas fueron muy aplaudidas. No perdió el tiempo y se puso directamente a torear en redondo por el pitón derecho. Después llegó lo bueno: unos naturales que fueron muy profundos, puros y templados. No fueron demasiados pero sí los suficientes para poner en pie Bilbao. Se pasó la franela a la mano derecha y el toro acusó el comportamiento de su sangre. Volvió a coger la zurda y dio distancia para no agobiar al animal. Lo toreó a pies juntos, de frente y a cámara lenta... La espada se llevó una justa oreja. Agradeció el cariño de Bilbao dando otra vuelta al ruedo.

Madrid. Toros de distintas ganaderías para Curro Vázquez. 30 de septiembre de 1994.

Se retiraba Manuel Antonio Vázquez Ruano, Curro Vázquez en los carteles. Nacido en Linares (Jaén) en mayo de 1952 y tomó la alternativa en octubre del 69 en Carabanchel. Siempre quedarán en el recuerdo aquel día en Almería, Logroño y por supuesto muchas tardes en Las Ventas: la del toro de Victorino, otro trasteo bajo una intensa lluvia... Un total de dos puertas grandes en Madrid luce su historial: en el 82 y en el 89. De tabaco y oro apareció cuando el presidente ordenó comenzar el paseíllo y así cruz por último vez el ruedo de esa plaza que tanto le quería. Saludó una cerrada ovación al acabar el mismo.

Los toros fueron por este orden: Gavioto de Arauz de Robles (encaste Arauz de Robles), Madroño de Torrealta (Domecq), hubo dos Galleros de Mercedes Pérez Tabernero (Domecq) 3º y 5º, Cantinisto de Los Bayones (Atanasio) y Desertor de João Moura (Murube). 

La tarde fue un compendio de su toreo. Lástima de un desfile de mansos que aguó la ilusión de Curro de irse por última vez a hombros de los madrileños. Con el capote anduvo templado y muy clásico. Con la muleta firmó destellos inmensos de torería: la pureza de sus naturales, la hondura de sus derechazos, los ayudados, los trincherazos... Y poco más. Tras cinco lustros toreando, se despidió Curro. Torero de Madrid.
Saludó en banderillas Faustino Barragán "Gitanillo Rubio" en el tercero de la tarde .

Valencia. Toros de Jandilla para Curro Romero, "Espartaco" y Manuel Caballero. 18 de marzo de 1999.

La generosidad de Valencia es por todos los aficionados conocida. Es una plaza que no tiene el más mínimo reparo en dar orejas por doquier o en indultar toros que no merezcan tal honor. Y así ocurrió aquel 18 de marzo de 1999. Torearon Curro Romero (vainilla y oro), Juan Antonio Ruiz "Espartaco" (botella y oro) y Manuel Caballero (blanco y plata). Saludaron una ovación al romper el paseíllo excepto Curro ya que según él mismo, prefería agradecerla tras una buena faena y no así por así.
Los toros se llamaron Leñador, Hostelero, Mochuelo, Gritador, Herrero y Encubridor. Pertenecían al hierro de Jandilla. Petardo ganadero de D. Borja, flojos y de nulo juego salvo el decente tercero.

Curro mostró su cara más aguerrida, más enrazada. Su primero salió con muchos pies y el Faraón, escaso de facultades supo manejar con gracia su capote para llevar las embestidas de Leñador. En el tercio de varas regaló a los valencianos tres verónicas y una media que fueron de ensueño. De las que amortizan una entrada. En banderillas se lució "Alcalareño". Un toro soso y blando que iba decayendo a medida que avanzaba la lidia. Surgieron chispazos "made un Curro: varios derechazos, unos trincherazos muy toreros... Curro estaba con la misma ilusión que la de un torero que tiene que salir a por todas. Se cruzaba, buscaba siempre estar colocado... Estaba entregado. No mató bien pero aún así cortó una oreja. En el tercero, durante el tercio de quites regaló unas pinceladas más: cuatro y la media. La plaza se puso en pie. En el cuarto, mostró las mismas ganas, pues en el burladero, esperando a que saliese el animal, se le veían esas ganas de comerse el mundo. Incluso cuando salió el Jandilla, Curro se pegó un trotecillo para recibir con el capote a aquel animal. Fue éste un toro absolutamente reservón ( fue duramente castigado en varas), así que hizo lo que cualquier buen torero habría hecho en esta situación: macheteo, pasarlo un par de veces y a matar. Valencia le pitó. ¿Querría ver al camero perder el tiempo sin poder lucirse como hacen todos los matadores hoy día alargando las faenas aún sabiendo que nada se podrá hacer? Incomprensible. Con la espada estuvo mal y le pitaron con razón. Pero las protestas anteriores no tuvieron fundamento.

Dejaré a Juan para el último lugar. No sólo Curro estuvo bien pues Manuel también manejó con temple y suavidad la capa. En sus dos toros meció el capote suavemente. Se animó a quitar al quinto y tras pegar dos bellas chicuelinas, el toro le arrolló haciendo girar su cuerpo trescientos sesenta grados. Se levantó como si nada. En banderillas se lucieron José Antonio Carretero y Juan Pedro Alcantud en el tercero y Gonzalo González en el sexto. Su faena a Mochuelo fue la más decorosa y completa. Enjarretó varias tandas de mano baja templando siempre las embestidas. Este toro iba y venía sin molestar así que lo toreó a placer. Falló con la espada y perdió la oreja. El toro fue aplaudido en el arrastre. Cerró la tarde matando de una buena estocada tras una nula faena a otro blandito animal al que poco pudo hacer.

Aquí llegó el regalo. Espartaco toreó elegantemente por verónicas al segundo y dedicó a Vicente Ruiz "El Soro" un emotivo brindis. Un toro que no se entregó, iba con la cara alta, cabeceaba... lo puso complicado. Juan se mostró firme pero sin recursos lidiadores y aprovechando cualquier decoroso viaje del animal para pegar un muletazo. Abrevió y cortó una ridícula oreja. Al quinto lo bregó con solvencia Espartaco Chico y lo banderilleó con gracia Juan Currín. Otra paupérrima oreja tras una faena larga y aburrida. Se esforzó ante otro toro con poco contenido al que pegó innumerables pases. Mató mal y necesitó varios descabellos. Debió gustar porque le premiaron con la oreja y a hombros salió por la calle Játiva.

Ciudad de Méjico. Toros de Los Ébanos para Rodolfo Rodríguez "El Pana" y Morante de la Puebla. 6 de enero de 2008.

Volvía José Antonio a los ruedos. Tras la encerrona en Madrid en San Isidro y una tarde en Granada, saltó la noticia que afirmaba que el sevillano dejaba en verano de torear. Fue por poco tiempo y ese invierno volvía el de la Puebla a ponerse el chispeante. Lo hizo el día de Reyes como regalo al morantismo.
Aquel día quiso que le acompañara un torero hasta entonces poco conocido por los españoles pero que a partir de ese fecha salió del anonimato debido a su personal y genial concepto de entender, no sólo el toreo, sino también la vida: el irrepetible "El Pana" (QEPD).   De oliva y azabache vistió el azteca y de negro e hilo blanco el torero patrio. Los toros se llamaron Maelito, Canto, Fabiruchis, Miguelito, Consejero y Lumbrerito. Nada que destacar en el juego del ganado.
El festejo comenzó con un paseíllo en el que mejicano en vez de lucir un capote de paseo llevaba una jarapa tradicional de su tierra y convidó a su compañero a un buen habano para cruzar el ruedo. No tenían prisa. Esos andares vagos y reposados de Pana hicieron que el paseíllo durase más de lo habitual.

La tarde de Rodolfo se puede resumir en que nada ocurrió en el primero. El tercero se le fue vivo. Es este torero uno de los que más animales se le han ido en esta plaza. Fue un animal soso y nobletón al que "El Pana" toreó con su estilo único: la fantasía de su capote y con la muleta, unas series de mano bajísima. Unos derechazos casi desmayados. Los tres detallitos que firmó hicieron que la porra del alcohol se pusiera en pie. Rugía el embudo de Insurgentes. Y cayó herido en el quinto. Tras interpretar el "par de Calafia" con las banderillas se dio una vuelta al ruedo por su cuenta. En el último tercio bajaron la musas y toreó arrebatadamente. La plaza estaba absolutamente entregada. Tras varios avisos, el toro le hundió el pitón en la pierna derecha y se lo llevaron a la enfermería.

Si Rodolfo fue la inspiración y la genialidad, Morante fue el poderío y el temple. Ante el segundo nada hizo y cortó una oreja a cada uno de los toros restantes. Al cuarto lo toreó por unas preciosas verónicas y obró un faenón con la muleta. Un toro soso y desrazado al que Morante metió en la canasta. Lo mató de un gran espadazo. Con el sexto fue un trasteo de paciencia y tesón. A base de insistir consiguió sacar varias tandas de muletazos que remataba con un pase de la firma, una trinchera, molinetes, un cambio de mano... o sea, "Made by Morante". Mató de una estocada honda y salió a hombros.

Bilbao. Toros de diferentes ganaderías para Iván Fandiño en solitario. 12 de junio de 2012.

Única tarde en solitario de Iván Fandiño en la plaza de su tierra. Duro examen pues la plaza de Bilbao es uno de los puertos importantes de la temporada por la exigencia de su palco y por la seriedad del toro que allí se lidia. Se conmemoraba el 50º aniversario de aquella plaza. Vistió de azul rey y oro y donó sus honorarios a la Casa de Misericordia. Los sobresalientes fueron Álvaro de la Calle y Víctor Manuel Blázquez. Fue un corrida concurso de ganaderías.

El primer toro se llamó Lumbrero y pertenecía al hierro de La Quinta (encaste Santa Coloma). Un toro muy astifino y bien presentado. Peleó en varas y el torero de Orduña cuajó un primer trasteo basado en la mano derecha. Fue un toro noble y gazapón que requería sitio. Con la mano zurda no se terminó de asentar el espada vasco. Tiró de oficio y técnica para sobreponerse a este animal. Falló con la espada y saludó una ovación. 

Ciclón fue el segundo de la tarde. El toro era una lámina. Precioso aquel toro de Pablo Romero. Interesante también la pelea de esta res en el primer tercio. Fijeza y prontitud en los tres puyazos que recibió. A medida que avanzaba la faena de muleta fue a menos su comportamiento y creciendo en dificultades. Fandiño abrevió y fue silenciado. 

El tercero fue  Minador que pertenecía al hierro de Victorino Martín (encaste Albaserrada). Un toro muy interesante pues aunque nada importante sucedió en los primeros tercios, Iván cogió la muleta y se fue al centro del ruedo para torearlo directamente al natural sin antes probarlo. De no haber fallado con el acero habría cortado una oreja de no ser por el palco. La faena tuvo emoción pues el Victorino humillaba y se iba largo. Los instantes más profundos surgieron con la mano diestra. Por este pitón pegó Iván varias tandas de derechazos de bella factura. Había que estar muy espabilado porque el toro iba aprendiendo. Con la mano izquierda bajó la calidad de la faena y en uno de los compases de la lidia arrolló al torero sin consecuencias. Cerró la obra con unos torerísimos ayudados por bajo. 

Pocosueño fue el que hizo cuarto. Este toro de Torrestrella fue bravo y empujó en el peto. Quitó por chicuelinas nuestro protagonista y empezó la faena de muleta con un pase cambiado desde el centro del anillo. El toro fue a menos, tuvo genio y Fandiño solventó rápidamente para acabar con un animal muy brutote.

Avanzaba la tarde e Iván no presentaba síntomas de cansancio. El quinto se llamó Gladiador y llevaba el hierro de Torrealta (encaste Domecq). Lo recibió con unas verónicas preciosas pero fue devuelto en banderillas. Salió un sobrero de El Cortijillo (encaste Núñez) de nombre Alcachofo. Abanto y huído de salida fue poco a poco el vizcaíno metiéndolo en la canasta. Antes de matar con una gran estocada, consiguió hacerse con el animal en un toreo despacioso con la mano derecha. Solventó sin complicaciones las dificultades que presentó el morlaco y saludó una ovación. 

Cerró la tarde otro toro de la familia Lozano. Si antes era un animal de uno de los hierros de la casa, éste estaba marcado con el hierro de la ganadería titular y del mismo encaste: Alcurrucén. Se llamó Sultanato y era un galán, estaba muy bien presentado. Acometió con pujanza en los cuatro puyazos que recibió. Un toro que optó a un premio que finalmente no se llevó. Volvió a torear Iván con lentitud y profundidad por el pitón derecho pero marró la faena porque no estuvo certero con el acero.  

Pocosueño fue premiado como el más bravo en el caballo y el premio al mejor puyazo quedó desierto. En las cuadrillas destacaron con banderillas Roberto Martín "Jarocho" en el 2º, Vicente Osuna en e 4º y Miguel Martín en el 6º. Con el capote destacó en el 3º el ya mencionado Miguel y fueron ovacionados los picadores Juan José Esquivel en el 4º y Borja Ruiz en el 6º. 

Plasencia (Cáceres). Toros de Hernández Plá y novillos de El Pilar para Emilio de Justo, Julio Parejo y Alejandro Fermín. 4 de agosto de 2014.

Tarde triste porque esa noche se corrían los últimos toros de una ganadería legendaria: Hernández Plá. El reducto santacolomeño perdió un nombre muy notable. Los cuatro toros que lidiaron presentaron un trapío excepcional pero de juego fueron de diferente comportamiento. El cartel, salvo los salmantinos toros de El Pilar, era cien por cien extremeño. El último toro de los HP se llamó Bollero y pesó 550 kg.

Emilio de Justo seguía en su vagar por los pueblos de su tierra esperando un anhelado triunfo que le permitiera entrar en el circuito de las grandes ferias. Cortó una oreja en el primero y dio una vuelta en el cuarto. Este toro se rajó y buscaba las tablas. El de Torrejoncillo no estuvo muy atinado con la espada.

Por su parte, Julio Parejo estuvo digno en el segundo. Fue una faena jaleada pero faltó ajuste y asentamiento en cada pase. Saludó una ovación y arrancó al sexto otra oreja gracias al tesón debido al escaso juego de aquel animal.

El joven Alejandro es un chaval cuya carrera la forjó en la dura tapia de la ganadería de Victorino Martín. Ante el tercer animal, cuajó un trasteo largo y a medida que avanzaba la faena, el público aumentaba la petición de indulto. Fue éste un toro soso y tontorrón que de lo bondadoso que fue, yo lo habría indultado para mandarlo a Calcuta con las Misioneras de la Caridad. Menos mal que el presidente aguantó el chaparrón e ignoró el perdón. Fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Ante sus paisanos fue este novel ganas e ilusión. Cortó otras dos orejas en el sexto. Este muchacho toreaba su segunda novillada con caballos. La primera, ni más ni menos, fue en Madrid unas semanas antes.

Alberto Cruz y  Felipe Peña (cuadrilla de Emilio) junto a Domingo Siro (cuadrilla de Fermín), brillaron en banderillas. El picador José Antonio Escobar, de la cuadrilla de Julio, fue derribado y sufrió una cornada de dos trayectorias.




viernes, 18 de diciembre de 2020

Toros en el confinamiento (III).

Benidorm (Alicante). Novillos de Román Sorando para Antonio Barrera, Canales Rivera y José Tomás. 24 de julio de 1993.

La Gran Oportunidad, así se llamo este certamen retransmitido por Antena 3 para novilleros con caballos en el citado pueblo alicantino. La novillada de Román Sorando fue desigual de presentación y en general nobles y toreables salvo el complicado primero. Estos fueron los novillos lidiados: Sentador, Corretón, Desviado, Macaruelo, Conspirante y Prestillero. Vistieron los muchachos respectivamente de caña, celeste y blanco, todos en oro.

Triunfaron José Antonio y José Tomás. Los dos salieron a hombros. El de Barbate cortó dos orejas al tercero y el madrileño una a cada utrero. El gaditano bullió la plaza con varias largas cambiadas y quitó por chicuelinas al segundo y por fregolinas al quinto. Realizó una faena en la que faltó ajuste pero ante la bondad del animal fue todo temple y naturalidad. Volvió a jalear los tendidos con unos molinetes de rodillas y tras una habilidosa estocada, consiguió los trofeos. Dio una vuelta en el quinto. La faena fue larga y soporífera. Otro animal que gracias a su clase y duración permitió al andaluz torear a placer todo lo que quiso y más. De no fallar con la espada, habría cortado otras dos orejas.
Si el gaditano puso el bullicio y la variedad, el madrileño fue el toreo de verdad. El de Galapagar debutaba con caballos. Evidenció la falta de rodaje pero su seriedad y aplomo mostraban que éste iba en serio. Siempre procurando hacerlo todo limpio y bien. Toreó con cadencia a la verónica al tercero y con la muleta estuvo inmaculado. Colocación y quietud fueron sus avales. Toreó muy bien a este novillo que además de nobleza, tuvo humillación y recorrido. El espadazo fue perfecto en todos los sentidos. Cerró el festejo ante un animal soso y parado ante el que tuvo que hacerlo todo él. La faena tuvo premio y abrió la puerta grande. A orillas del Mediterráneo, José empezaba su andadura en el escalafón de novilleros y lo cerró a escasas semanas de su alternativa con una salida a hombros en Madrid.

Por su parte, el sevillano cortó una oreja al primero. Acelerado y con prisas, no consiguió domeñar las tarascadas del novillo. Gracias a la estocada, los alicantinos premiaron la faena con un trofeo. En el cuarto dio una vuelta quizá un poco excesiva. La faena la extendió sin necesidad con el consiguiente aumento de dificultad del novillo que empezó a apagarse y a complicar las cosas. Sin acople ligó varias series de naturales ante otro interesante animal. Tras el aviso quiso agradar al público toreando de rodillas por molinetes y haciendo el salto de la rana. Antonio falló con el acero pinchando varias veces.

Ramón Alvarado clavó al quinto dos buenos pares de banderillas.

Madrid. Toros de Jandilla para Ortega Cano, Jesulín de Ubrique y José Tomás. 14 de mayo de 1996.

Vestido de blanco y oro, José Tomás confirmó su alternativa la primavera del 96. Comenzaba la leyenda. Cortó la primera de sus muchas orejas en la Monumental. Su seco concepto del toreo y su escalofriante valor emocionaron desde el primer momento a los madrileños. El Jandilla de la ceremonia se llamó Jumito. Mostró dos caras, una en cada toro. Una de constancia en su primero, toro deslucido y noblón, que necesitaba distancia y estar siempre muy cruzado y otra radicalmente diferente al sexto. Un sobrero astifino y abierto de cuerna de Guardiola llamado Rompepetos, mansurrón y reservón de comportamiento. Dejaba el torero que acudiera desde lejos y en el último suspiro tocaba con la muleta mandando en la embestida. Siempre de frente y la pierna alante. Cerró con unas estoicas manoletinas y pinchó antes de pegar una estocada en la suerta natural sensacional en ejecución y colocación. Madrid era un clamor. Faenón de mucho peso a un toro muy difícil. Cortó una oreja a aquel "guardiola". Pudo salir a hombros ese 14 de mayo.  'Aquí un torero' tituló aquel día su crónica en El País Joaquín Vidal.

Ortega Cano (gris perla y oro) y Jesulín (malva y oro) fueron silenciados. Ortega en el cuarto sacó a base de tesón y raza varias tandas de muletazos muy jaleadas a un toro pronto. Y Jesulín estuvo en Jesulín. En el tercer toro de la tarde el público pidió con fuerza la devolución del animal gritando 'Manos arriba, esto es un atraco'. Y mientras devolvían al sexto saltó al ruedo a cuerpo limpio un señor y no consiguió llegar al animal.

Destacaron en banderillas Curro Cruz en el cuarto y Emilio Fernández en el quinto. 

El viento sopló toda la tarde. Hasta tres hierros lidiaron alguna res aquel 14 de mayo, y el orden fue el siguiente: 
De Jandilla fueron 1º (Jumito), 3º (Artista) y 5º (Invencible).
De Criado Holgado (encaste Atanasio) fueron 4º (Cardilisto) y 6º (Navarro).
Enfurecido (de Jandilla), que salió en 2º lugar y Navarro en 6º, fueron devueltos. 
Los sobreros que sustituyeron a los dos devueltos fueron de Guardiola (como curiosidad, pertenecían a Ortega Cano). Un sobrero que salió en 2º lugar llamado Rompeolas y el ya mencionado Rompepetos en 6º lugar.

Madrid. Toros de distintas ganaderías para César Rincón, Enrique Ponce y José Tomás. 2 de mayo 1998.

Hasta la fecha, ha sido ésta la única vez en la que han compartido cartel valenciano y madrileño en la plaza de Las Ventas. El bogotano abría la terna. La tradicional Goyesca presentó una macedonia de hierros y fueron por este orden: 1º de Hermanos Astolfi. 2º, 4º y 6º de Alcurrucén. 3º y 5º de Aguirre Fernández Cobaleda. Sus nombres fueron los siguientes: Mirlero, Cañego, Cigarrero, Manchoso, Cubanoso y Cachorrero. Salvo el segundo y el tercero que dieron algo de lucimiento, los demás toros ni fu ni fa. Los toreros vistieron de goyesco azul  marino, verde botella y grosella, todos en oro respectivamente. El vendaval molestó todo el festejo.

El diestro colombiano pasó de puntillas por Madrid. Su lote fue insulso, parado, mansurrón... No tuvo suerte César en aquella Goyesca.

En cambio sus compañeros de cartel tuvieron más suerte. Por su parte, Enrique lidió un toro de Alcurrucén en segundo lugar al que a base de tesón y firmeza fue domeñando. Logró varias tandas con ambas manos de mucho mérito. Con el cuarto se vio lo acostumbrado que está el de Chiva al encaste Atanasio. Le gusta. También de tiró de oficio y a un toro que no se le atisbaba nada, Ponce sacó agua de un pozo seco. Si con las telas estuvo hábil y certero, con el acero fue otro cantar. Escuchó aquella tarde un total de tres avisos.

José calentó la tarde con unas escalofriantes chicuelinas que tuvieron la réplica de César por unas verónicas a pies juntos. Citó de lejos a Cigarrero para empezar la faena con unos estatuarios. Se fajó con el toro pasándoselo a milímetros de la barriga. La primera tanda con la derecha fue rotunda. En una de las series revolcó al torero sin consecuencias. Cerró con unas manoletinas y cortó la única oreja del festejo. El sexto fue el toro más incierto, probón y revoltoso del festejo. Se pegó otro arrimón y sufrió a lo largo de las faena varios volteretas que no fueron a más. Falló con la espada y silencio a su labor.

En cuanto a las cuadrillas, el colombiano Gustavo Adolfo "El Jeringa" estuvo sensacional en banderillas en el primero.

Madrid. Toros de El Puerto de San Lorenzo para Manuel Caballero, José Tomás y Eugenio de Mora. 26 de mayo de 1999.

Una de sus tardes más gloriosas. No hubo puerta grande porque la espada no quiso. A su primero lo saludó con un ramillete de lances extraordinarios. Más tarde siguió toreando por chicuelinas ciñéndose enormemente al animal. Después de este quite, el de Galapagar toreó por gaoneras y el toledano respondió por el mismo palo: dos quites que emocionaron a la afición. La faena de muleta fue sencillamente soberbia. Como es costumbre en su tauromaquia, inició por estatuarios citando al animal a más de treinta metros. Siguieron una tanda con la diestra sensacional y otra que decayó un poco debido al viento que sopló aquel día. Daba igual, valiente como pocos, aguantó aquellas rachas de aire sin perder ni un ápice la colocación, la ligazón... Las tandas con la izquierda fueron colosales. Se preparó para matar, era de dos... ¡era de dos orejas aquella lección de tauromaquia! pero... pinchó. Aprovechó que al lisarnasio aún le quedaba algo de gas para dar unas manoletinas y esta vez si hundió la espada hasta la bola. Escuchó un aviso y el toro fue aplaudido en el arrastre. Cortó una oreja. Ante el quinto, un animal parado y soso, José volvió a tirar de hombría. Una faena íntegra con la mano izquierda. Fueron unos naturales de muchos kilates. Se atascó con la espada y sonó un aviso. Ovación clamorosa cuando murió el animal.

Manuel y Eugenio fueron testigos de la obra que realizó el madrileño. Los dos manchegos quisieron pero no pudieron. Eugenio saludó una ovación en el tercero y Caballero fue silenciado. En cambio fue una tarde prolífica en el toreo de capa: chicuelinas, gaoneras, verónicas y las albacetinas, quite así nombrado en honor a la ciudad natal de Manuel. Un lance de capote que también se hace por detrás como las gaoneras pero sólo haciendo revoleras ligándolas cada vez que pasa el animal.

Los toreros vistieron de canela y oro, sangre de toro y oro y lila y oro respectivamente. Granero y Embajador fueron los correspondientes a Caballero. Playero y Tosquito los dos de José Tomás y Joyito y Pitito los toros de Eugenio de Mora.

Entre las cuadrillas, destacó José Antonio Carretero en banderillas.

Madrid. Toros de La Martelilla para Rivera Ordoñez, José Tomás y Rafael de Julia. 21 de mayo de 2002.

La corrida fue un saldo ganadero. Una colección de inválidos y algunos protestados por su presencia. Los "miau" se escucharon en varios toros. El fuerte viento condicionó la tarde.

José Tomás volvió a dejar claro que Madrid es su feudo. Dónde más le gusta torear y dónde se entrega sin reservas. Llegó de malva y oro dispuesto a hacer el toreo. En el primero de la tarde, en el tercio de quites, se jugó el tipo en unas gaoneras que quitaron el aliento. No se puede pasar al toro más cerca cómo lo hizo José en aquel ramillete de lances. En el primero de su lote (Capacitado) se cruzó, buscaba siempre la pureza y torear de verdad. Un toro muy protestado de salida por su escaso trapío y más soso que un pan sin sal. El de Galapagar le dio tiempos y alturas pero el toro, no quería saber nada. Mató bien y silencio al torero tras morir el animal. Ante el quinto de nombre Exhortado, la emoción llegó en la faena de muleta. La brisas de aire soplaban constantemente y a José parecía no importarle. Se puso exactamente igual como si no hiciera viento y ante la poca fuerza del animal, empezó por ayudados por alto para acostumbrarle a embestir. Un astifino ejemplar y más serio que un guardia de asalto en noche de redada que hizo que la faena del madrileño tuviera aún más mérito. Estuvo colosal. Si las tandas con la derecha fueron magníficas, las tres series que dio con la zurda tuvieron aún más importancia debido a la nula condición del toro y a que el dios Eolo complicó la situación. Otra serie de derechazos de frente pusieron a Madrid en pie. Un variado cierre de muletazos y una estocada en lo alto. Dos orejones de ley. Faenón de mucho peso. De los que no se olvidan. La gloria le esperaba. Cruzó por quinta vez ese umbral mudéjar que da a la calle Alcalá. Ese año dejó de torear.

Nada que añadir de los cuatro restantes. Si no hay materia, nada puede ocurrir. Fran Rivera (botella y oro) y Rafael de Julia (azul purísima y oro) fueron silenciados en sus respectivos lotes: Coreano y Candito el de Francisco y Revendedor y Casimando el de Rafael.

Destacaron con las banderillas Joselito Gutiérrez en el primero y Emilio Fernández en el quinto.



viernes, 3 de julio de 2020

Toros en el confinamiento (II).

Burgos. Toros de Joaquín Buendía para Antoñete, Julio Robles y Tomás Campuzano. 1 de julio de 1983.

En tierras de "El Cid" se reunió un cartelazo pero estos Santacolomas no lo pusieron fácil. La corrida en conjunto pecó de sosería y poca raza. Parejos y correctos de presentación. Detenido, Secretario, Fenicio, Lucerito, Buenos días y Contador fueron sus nombres.

Antoñete (grosella y oro) mostró su casta torera tras recibir un pitonazo en un lugar tan molesto como es la mano. Aguantó con un vendaje y ante un animal que no humillaba, procuró darle distancia y estar siempre bien colocado. Cortó dos orejas el madrileño. A su primero, ante un manso y desclasado animal, fue silenciado.

Julio Robles (blanco y oro) toreó airosamente por chicuelinas y no pudo lucirse en la faena de muleta debido al flojo juego de aquel toro. Ante el segundo de su lote, recibió con varias largas de rodillas y lo lanceó con unas elegantes verónicas. El de Fontiveros cortó una oreja gracias a un toreo lleno de clase y personalidad. La tanda de naturales que dio fue excepcional.

El de Écija (celeste y oro) saludó al tercero con un ramillete de jaleadas verónicas. Este toro no tenía nada dentro y Tomás se empeñó en que no era así. Puso todo de su parte para agradar a la afición burgalesa. Cortó una oreja. Cerró la tarde con otras tantas buenas verónicas y un ceñido quite por gaoneras. Las tandas fueron limpias y ligadas al toro más potable del encierro. Lo mató de una estocada honda.


Badajoz. Toros de Joaquín Buendía para "Antoñete", Julio Robles y José Antonio Campuzano. 1984.

Tercera de feria. Toros de Joaquín Buendía: Arquero, Bravío, Cariñoso, Morroqueño, Vizcaíno y Romerito. Bien presentados, dieron un juego dispar. En general fueron flojos y desclasados.

El madrileño, que de malva y oro llegó a Badajoz, abrió la tarde con un toro que acudía franco y noblón a las telas. La faena fue breve. De más a menos, pudo Antonio interpretar unos decorosos naturales. Mató de un gran espadazo. Y dio una vuelta al ruedo en el cuarto. Este toro, luciendo la bella estampa propia de su encaste, también pecó de sosería. Lo que no tenía el animal, lo puso el hombre. Perfectamente colocado, ligó varias tandas dejando la muleta siempre inmaculada para el siguiente muletazo. Rubricó la faena con unos ayudados por alto y estocada tras fallar previamente.

El torero de Fontiveros (blanco y oro) pechó en primer lugar ante un desclasado animal con el que poco pudo hacer. Ante el quinto la cosa cambió. Lo bordó. Las preciosas verónicas fueron rematadas con una graciosa media. Y toreó con mucha cadencia en un quite por delantales. Con la muleta estuvo sembrado. El momento más álgido, fue una serie de derechazos a media altura. La cadencia y clase de Robles perfumó de torería la plaza pacense. También cerró con unos ayudados por alto a dos manos y tras pinchar, metió la espada hasta la bola. Cortó una oreja.

José Antonio Campuzano vistió un bonito grana y oro. Formó un autentico gazpacho a su primero. Lo recibió con una larga de rodillas para caldear el ambiente y siguió con unas verónicas muy jaleadas. En el tercio de varas se lució interpretando dos suertes de capote, un galleo por cacerinas para llevar al toro al caballo y un posterior quite de la media luna antes de pasar al tercio de banderillas. Toreó por ambos lados teniendo los pases con la mano zurda más identidad que los de la diestra. Fueron un ramillete de naturales muy toreros, templados, ligados... asentadas las zapatillas, se lució el de Écija con este toro. Cerró con un variado repertorio de molinetes y el abaniqueo. Espadazo y dos orejas. En el sexto, se lució con otro galleo pero esta vez fue por chicuelinas y una larga como remate. Su banderillero Antonio Chacón clavó dos airosos pares muy ajustados. El toro estaba escaso de fuerzas y todo lo que hizo fue a favor del animal para no agobiarle ni exigirle. se esforzó en sacar a aquel "santacoloma" lo que tenía. La faena fue a menos y mató de otra gran estocada. Cortó otra oreja y salió a hombros.

Valladolid. Toros de Paco Galache para Andrés Vázquez, Roberto Domínguez y José Cubero "Yiyo". 13 de mayo de 1985.

El día de San Pedro Regalado, Patrón de los toreros, se celebró en Pucela con un cartel muy interesante: dos toreros castellanos y el madrileño José Cubero "Yiyo". Los míticos "patasblancas" de Paco Galache fueron los toros a lidiar. El encierro fue desrazado y muy blando. No dieron estos berrendos muchas opciones a la terna. Los toros se llamaron Habladote, Pajarero, Colombiano, Marinerote, Cigüeñito y Lujosito.

De blanco y oro llegó el veterano zamorano. Andrés reaparecía en la que era su tercera etapa en su carrera. Vistió de blanco y azabache. Deslucido su primer toro al que algo le ocurría en la vista debido al extraño comportamiento. Con la capa toreó con decoro un manojo de verónicas y con la muleta siguió dando varias tandas de escaso fuste. Mató de una estocada trasera. En el cuarto, mostró "El Nono de Villalpando" que la edad hace mella. No estaba en plenitud de facultades. En uno de los lances de capote, el toro le arrolló contra las tablas pegando al veterano torero una cornada en la axila. Él mismo se fue a pie a la enfermería. Roberto se hizo cargo del animal. Curiosa situación porque el toro llegó sin un sólo palo al tercio de muleta. Manso y desrazado, no permitió ni un pase.

Como torero local, Roberto (verde oliva y oro) tenía el total apoyo de sus paisanos. En su segundo toro, alanceó a la verónica para deleite de los vallisoletanos. El toro fue mal picado y en banderillas brilló Aurelio Calatayud. Este torero solía usar la espada de acero desde el principio así que tras un breve macheteo ante un toro que se defendía, abrevió y mató de una estocada tendida y muy trasera. Vuelta al ruedo tras petición. Ante el quinto, se lució en unas verónicas genuflexas para posteriormente erguirse y seguir de pie. Jesús Rodríguez picó bien pero levemente trasero. Tras clavar un solo par, el tercio se cambió y toreó por ambos pitones. Mató mal.

"Yiyo" (marino y oro) toreó con cadencia y mucho gusto a la verónica. Galleó por chicuelinas para llevar al toro al caballo y después volvió a torear por el lance fundamental del toreo con el capote. Soso y aburrido fue este tercero. Una borrica al que el de Canillejas dio muchos muletazos. Los primeros lances fueron los mejores, muy templados y encajados. ¡Qué gran torero era José! Innecesariamente alargó el trasteo y mató de una estocada caída. Dio una vuelta al ruedo tras petición. En el sexto insistió pero poco pudo hacer. Los despachó de una estocada caída. A finales de ese verano, Burlero se cruzó en su camino en Colmenar Viejo...

Madrid. Toros de Miura para Francisco Ruiz Miguel y Tomás Campuzano. 20 de mayo de 1987.

Un regreso al pasado. Ruiz Miguel y Tomás Campuzano se vieron las caras en la última de la feria de aquel año. Los toros estaban marcados con la A con asas y sus nombres fueron Guineo, Encendido, Flamenquillo, Habitante, Escogido e Inopinado.

El Torero de La Isla de San Fernando vistió del celeste y oro. Se enfrentó en primer lugar a un toro que iba con la cabeza por las nubes. Ante un toro que no pasaba, el gaditano macheteó por bajo y lidió magistralmente de pitón a pitón. Falló con la espada. En el tercero volvió a pelearse con otro que no permitía el lucimiento pero a diferencia del anterior, sí consiguió algún muletazo aislado. Volvió a fallar con el acero. El toro más potable del encierro fue el quinto. Ante este toro pudo Paco torear por verónicas y lucirse en unas chicuelinas posteriores tras el puyazo. El tercio de banderillas fue un caos. Pegó con la franela varias series de muletazos y al tener un aceptable pitón izquierdo, se puso por ese lado para torear dándole distancia. Cerró con unos pases por alto rodilla en tierra y tras una media estocada en la cruz, cortó la única oreja de la tarde.

Por su parte, el de Gerena lució un bonito azul pavo y oro. El segundo de la tarde, que tampoco humilló, lo recibió con otras tantas airosas verónicas y cerró dicho saludo con una buena media. Nulo comportamiento en varas, y en banderillas este toro no se dejó lidiar. Otro desmadre entre las cuadrillas y el presidente recibió una sonora bronca por cambiar el tercio con un solo palo. Fue todo pundonor en el último tercio batiéndose el cobre con semejante mansazo. En los terrenos del cinco continuó la lucha y mató de una estocada. Ovación. Ante el cuarto pudo pegar algún capotazo, pero estos toros en cuestión de segundos aprenden y no se dejan torear. Quitó por chicuelinas y cerró con una garbosa revolera. Se fue a los medios para brindar al respetable. Consiguió sacar varios muletazos por el lado derecho y en esta faena empezó a soplar el aire. Tomás resistió. Aún quedaba un último barrabás. Salió Desopinado y permitió a Campuzano gustarse en el toreo a la verónica. Se arrancó desde lejos al caballo de Manuel y con el pitón atravesó el duro peto hiriendo al caballo. Se llevaron al equino a los corrales para operarle pero minutos después murió. El segundo puyazo no tuvo la emoción del anterior. Con las banderillas, las cuadrillas lucharon en vano. Aquel Miura no quiso saber nada más y Tomás no pudo con él. Le espantó las moscas de la cara y se fue a por la espada. Acabó una tarde en la que, como dijo el propio Ruiz Miguel ante las cámaras de TVE, lo importante es que estaban todos vivos. Acabó un mano a mano sin historia marcado por el complicadísimo juego de estos legendarios animales.

Martín Toro en el tercero y Manuel Quinta en el sexto, fueron ovacionados por sus puyazos. Con las banderillas brilló Pedro Santiponce en el cuarto. Y curioso detalle, pues durante el festejo se vio a un operario en el callejón con un cartel que rezaba que el matador estaba autorizado a usar el estoque simulado.  

Sevilla. Toros de Sánchez Dalp para Julio Robles, Tomás Campuzano y Víctor Mendes. 13 de abril de 1989.

Floja y descastada corrida de Manolo Gónzalez, que esta vez lidió con el segundo hierro que poseía en vez del titular. Los toros se llamaron Manchado, Terrorista, Correnubes, Leopardo, Terciado y Arquitecto. Fue devuelto y salió Pavito, un toro del hierro de Peralta.
Julio Robles vistió de marino y oro, Tomás de tabaco y oro y el portugués de verde y oro.

¡Cuánto he oído sobre el gran torero de Fontiveros! Gracias a estos vídeos, ese aúrea de leyenda se acrcienta con ellos. Si ver a Julio en archivo y cuarenta años después es maravilloso, habría sido un lujo verle en directo. Este salmantino de adopción pero abulense de nacimiento abanderaba, como todo torero castellano, el toreo más recio, sobrio y a la vez clásico. Estuvo magistral con los dos toros que le tocaron en suerte. A su primero lo recibió con varias verónicas y remató con la graciosa revolera. Desplegó su torería desde el primer capotazo. "El Legionario" picó bien y en banderillas fue muy aplaudido Pedrín Sevilla. Y con la muleta comenzó rodilla en tierra varios pases por bajo. El plato principal fue una ramillete de muletazos con ambas manos y perfectamente supo quedarse colocado, ligar, someter, embarcar al animal en los flecos de la franela... Cerró con otra serie de ayudados por bajo y mató de una estocada caída. Cortó una oreja. Ante el cuarto, en los primeros compases de la lidia no hubo mucho que destacar salvo unos capotazos para fijar y enseñar al animal a embestir. Volvió Pedrín Sevilla a parear con eficacia. En la faena de muleta el toro se apagó y no quiso saber nada. Aún así, a base de insistir con esa raza que él tenía, consiguió Julio robar una tanda de soberbios naturales Tuvo que tirar de oficio y tras otra rotunda tanda, esta vez de derechazos, fulminó al animal de un espadazo y cortó otra oreja.

Tomás Campuzano no pudo brillar ante el blando segundo y ante el quinto saludó una ovación. En quites se picó el ecijano con Víctor. Lanceó por chicuelinas de mano bajísima y el de Vila Franca de Xira por verónicas. Otro animal desrazado que hizo a su matador exprimirse al maximo. Faena de insistencia que rubricó con una buena estocada. Lo más potable fueron unos naturales. Sevilla premió a su paisano con una ovación.

El peor parado fue el portugués. No tuvo la más mínima opción de lucimiento salvo sus excelentes pares de banderillas. Silencio en ambos.

Logroño. Toros de Victorino Martín para El Tato, Óscar Higares y Pepín Liria. 21 de septiembre de 1995.


Se abría la feria de la capital riojana con los afamados toros cárdenos de Victorino Martín. Se enfrentaron a ellos el aragonés Raúl Gracia "El Tato", el madrileño Óscar Higares y el murciano Pepín Liria. Éste último se presentaba en Logroño y era su debut con los grises albaserradas. De marino y oro vino Raúl, de tabaco Higares y el levantino lució un berenjena y oro. La vieja plaza de La Manzaneda vivía sus últimos años. Poco después se construiría el nuevo pabellón multiusos "La Ribera". Menos el segundo y el cuarto que fueron los más potables, la corrida decepcionó. No tuvo Victorino una tarde para recordar. Verdiño, Mediador, Gaditano, Dirigido, Protagonista y Membrillero. Así se llamaron estos seis morlacos.

Raúl pechó en primer lugar con un toro flojo y que se defendía. Todo lo que le faltó al animal, lo puso el hombre. Valor y raza. Mucho mérito tuvo la entrega del diestro maño. Acabó recibiendo una voltereta sin consecuencias. Ante el cuarto pudo volar airosamente los vuelos del capote. Y con la muleta realizó un trasteo que comenzó por bajo para ir domeñando al animal. El toro gazapeaba, no paraba... sacando de quicio al matador. Consiguió el de Zaragoza recetarle una templada y cadenciosa serie de naturales enganchando al animal y llevándolo fijo en las telas. El toro reponía lo que conllevó a su lidiador a perder pasos siempre para no quedarse a merced del animal. Tras varios intentos con el acero, logró acertar y tuvo que usar el descabello.

El madrileño se enfrentó en segundo lugar a uno de los mejores toros del festejo. Lo lanceó con gusto en unas verónicas rodilla en tierra. Con la muleta hizo sonar la música. Los doblones de inicio fueron muy toreros. Este toro fue el clásico saltillo: reponía, buscaba, humillaba mucho... Había que estar avispado y listo, pues en cuanto Óscar cometía el mínimo error, ahí estaba Mediador para recordarle que con él no se podía uno dormir en los laureles. La faena fue breve y emocionante. Dio una vuelta al ruedo tras perder el trofeo por fallar con la espada. El quinto fue un toro soso y áspero con el que Higares no pudo redondear su tarde.

Liria no tuvo suerte. Su lote no dio opción alguna. En el sexto se lucieron en banderillas Alejandro Escobar y Manuel García Martín.

Madrid. Toros de Dolores Aguirre para Pepín Liria, Juan José Padilla y José Pacheco "El Califa". 3 de junio de 2003.

Tres Josés en la arena de Las Ventas: un murciano, un jerezano y un valenciano. Vistieron de verde botella y oro, blanco y oro con remates en grana y blanco y oro respectivamente. Los toros se llamaron Comadroso, (fue devuelto y salió un sobrero de Criado Holgado llamado Pilarito), Fullerito, de Carlos Núñez; Mochuelo, también de Carlos Núñez, (que fue devuelto, y salió un sobrero de José Vázquez llamado Castoreño), Clavijero, Clavellino y Langosta. Ya fueran los toros titulares o los sobreros, en general la corrida estuvo excelentemente presentada pero mansa y complicada y líneas generales. 

El gran triunfador fue el valenciano. Llegaba a Madrid tras enterrar horas antes a su padre. Su primer toro, el sobrero de José Vázquez, huía y no quería saber nada pero a pesar de ello le enjarretó varias verónicas decorosas. Con la muleta, inició la obra por doblones para someter al áspero Santacoloma y por ambas manos cuajó series bajando mucho la mano para obligar y mandar sobre el animal. Al prepararse para entrar a matar, el toro se arrancó así que aprovechó para pegarle una estocada tendida y muy trasera. La gente pidió con fuerza una oreja que el presidente ignoró. Tras varios días sin comer ni dormir por todos esos avatares, sufrió un bajón de azúcar y pasó a la enfermería. Volvió al ruedo y para enfrentarse al sexto. Se las vio con otro frío y huido animal al que esta vez comenzó la faena con un pase cambiado por la espalda. En los terrenos del 6, plantó cara y a pesar de que el animal siempre buscaba escapar, consiguió templar y mandar en a embestida. Algunos naturales fueron tan cadenciosos que hicieron rugir Madrid. Los derechazos fueron muy profundos. La espada cayó levemente desprendida y Juan Lamarca concedió, esta vez sí, las dos orejas. Así que El Califa volvió a cruzar esa puerta grande tres años después, precisamente, ante esta misma ganadería. 

Pepín y Padilla quedaron inéditos. El murciano ante dos toros absolutamente mansos y parados, poco pudo hacer. El jerezano estuvo simplón en banderillas y dispuesto con la muleta pero vulgar en su toreo, y desacertado con el acero. 

Alfredo Cervantes y Carlos Casanova banderillearon con lucimiento al cuarto. 



miércoles, 27 de mayo de 2020

Toros en el confinamiento (I).

Durante estos meses en casa, he podido disfrutar de diferentes festejos desde 1980 hasta nuestros días. Tardes para recordar, faenas inolvidables, toros de leyenda, matadores de distintas generaciones... Joyas que he visto en las redes sociales que habrán hecho las delicias de los aficionados.

Madrid. Toros de Victorino Martín para "Antoñete", Ruiz Miguel y José Luis Palomar. 16 de junio de 1982.

Fue el del 82 un año lleno de eventos para los españoles: Juan Pablo II, que todavía no era santo nos visitó; los Rolling tocaron en el Calderón, se celebró el Mundial de Fútbol y España acogió a las grandes selecciones del momento. Un vez más, pegamos un sainete en un campeonato en el que Italia acabó proclamándose campeona; los socialistas ganaron los elecciones... Eventos extrataurinos aparte, la temporada taurina estuvo marcada por dos momentos cenitales que tuvieron lugar en la plaza madrileña. El primero fue días antes de la tarde que ahora nos ocupa y el segundo fue a primeros de julio: "La corrida del Siglo" y el indulto de Belador por José Ortega Cano. Ambas efemérides estuvieron protagonizadas por la misma ganadería: Victorino Martín.

Esta Corrida de Beneficencia que ahora cuento, fue organizada por la Diputación Provincial, que para los "millenials", era la forma de gobierno cuando aún no existían las comunidades autónomas. Las Ventas volvió a llenarse con la esperanza de revivir la gloriosa tarde de días antes en la que Victorino y los tres matadores (Ruiz Miguel, Esplá y Palomar) salieron a hombros de los madrileños. Ese 16 de junio y de aquel irrepetible cartel, hacían de nuevo el paseíllo Paco Ruiz Miguel y Palomar. Dieron lidia y muerte a Peluquero, Gallador, Chaparrito, Dirigido, Gaditano y Buenacara. En esta ocasión el cartel fue prácticamente el mismo excepto Antoñete en vez de Esplá. Tarde ventosa y variado fue el juego de los seis cárdenos que trajo Victorino.

Antoñete (azul turquesa y oro) poco pudo hacer. buscó siempre hacer bien las cosas pero su lote no se lo puso fácil. Ante el primero hizo rugir Madrid con un manojo de verónicas ganando terreno a Peluquero. Tras el primer puyazo, Ruiz Miguel brilló en un quite por chicuelinas. El toro no quería saber nada y Chenel, tras unos fugaces naturales y un macheteo despachó al toro. Ante el cuarto se dobló por bajo muy toreramente en el inicio. Ligó varios muletazos con la muñeca y los vuelos de la franela. Estuvo hecho un tío. El albaserrada se iba complicando pero Antonio no se arrugó. Falló con el acero y pitos a su labor.

De azul marino y oro vino el torero de La Isla de San Fernando y pechó con dos toros desclasados. Ante el segundo se estiró a la verónica tras unos primeros capotazos para probar a un toro que su pitón más potable fue el derecho. Con la muleta ligó un redondo muy poderoso y siguió con otra tanda de naturales por el lado que más reponía el albaserrada. Volvió a a la mano diestra y recetó otra tanda templada y muy mandona para dirigir las oleadas de aquel victorino. Mató de una estocada y cortó una oreja.  Se batió el cobre ante el quinto. Vendió cara su vida sin clase alguna. El animal se fue complicando a medida que avanzaba la faena y Ruiz Miguel abrevió.

Cerró el cartel un soriano: José Luis Palomar. Vistió de verde manzana y oro y volvió a demostrar que lo que pasó quince días antes no fue casualidad. Cortó dos orejas y volvió a cruzar a hombros aquel arco múdejar que da a la calle de Alcalá. Sus dos faenas fueron un compendio de lidia, torería, temple... estuvo en maestro. Se lució con el capote en un galleo por chicuelinas y en un quite por delantales. Brilló con las banderillas y con la muleta supo hacer a cada uno de sus toros lo que pedía: lidia, terrenos, alturas... Siempre colocado, consiguió cuajar a sus victorinos por ambos pitones. Mató fenomenal y Madrid vio por segunda vez al de Soria tocar la gloria en su carrera.

La banda de música de la Infantería de Marina amenizó el festejo.

Sevilla. Toros de Juan Pedro Domecq para Curro Romero, "Paquirri" y Paco Ojeda. 19 de abril de 1983.

Ese día hubo terna de Franciscos: Romero (tabaco y oro), Rivera (marino y oro) y Ojeda (marino y oro). Tres toreros y tres conceptos.
Toreaba en Sevilla Francisco, perdón, diré Curro y casi era día festivo. Pechó el camero con dos animales flojos y rajados (Sinlacho y Evadido). A su primero, que salía suelto lo paró con el capote. Si ya de por sí el toro estaba justo de fuerzas, fue picado en demasía restando la poquita fuerza que tenía y para colmo, empezó a soplar el viento. Curro se lo pensó mucho y no arriesgó. Silencio. En el cuarto la cosa no cambió mucho. Se adornó el Faraón en unas verónicas genuflexas y con la muleta arriesgó ante las bruscas tarascadas. Fue a por la tizona y acabó la película. Como suelen decir los curristas, aunque la tarde vaya mal, verle cruzar el ruedo en el paseíllo con esos andares vagos ya dan por amortizado el billete.
 Paquirri recibió con una larga de rodillas a Malospasos al hilo de las tablas y se puso después en pie para seguir lanceando a la verónica. El toro cumplió en el peto y en el tercio de quites, Ojeda toreó con unas lucidas verónicas y remató con la graciosa revolera. El gaditano recibió una fuerte ovación en banderillas y durante la faena de muleta el toro fue a menos. Paco abrevió así su labor y fue silenciado. La película siguió en el quinto. Higuero fue otro animal soso y bobainas; lo que más aplaudió Sevilla fue un ramillete de bellas verónicas.
El único toro decente fue el tercero (Frambueso), al que Paco cortó una oreja. Puso a la Maestranza en pie con unos buenos lances con la capa y galleó desde el centro del anillo hasta la segunda raya por chicuelinas. A este toro le hizo Curro dos caricias por verónicas y una media. Se escuchó ese "bieeeen", que tanto se oye en esa plaza. Comenzó Paco la faena con unos ayudados por alto y ligó posteriormente varias series en redondo muy jaleadas a pesar de que faltó un poquito de ajuste. A pesar de ello la obra fue condimentada con valor, quietud y sometimiento. El toro fue a menos y Paco rubricó con un buen espadazo. Cortó la única oreja de la tarde.
Ante el sexto (Sedero), toreó por unas verónicas muy rotundas cargando la suerte y ganado terreno. Se pegó un arrimón ante otro "juanpedro" que pegaba tarascadas. Palmas de despedida.

Madrid. Corrida de Beneficencia. Toros de Samuel Flores para Ortega Cano y César Rincón. 5 de junio de 1991.

Otro de los gloriosos festejos noventeros que tantísimo había oído hablar pero nunca vi. Dos maestros. Dos máximas figuras: José Ortega Cano y César Rincón. Cartagenero y colombiano se vieron las caras en una Beneficencia absolutamente histórica. La tarde estuvo marcada por el fuerte viento. La corrida de Samuel Flores permitió a los dos espadas demostrar su tauromaquia. 
El murciano lidió con tres toros a los que lidió asentado, desmayado, con poso, naturalidad y temple. A pesar de que el primero fue un toro franco, el de Cartagena fue silenciado. Fue una faena intermitente debido al soso pero nobletón juego del astado. Voló con gracia los vuelos del capote meciendo al animal en unas bellas verónicas y las chicuelinas de mano baja calentaron a los veinticuatro mil espectadores. Con la muleta pegó un ramillete de tandas por cada lado y falló con la tizona. En el tercero lo más destacado llegó en el último tercio. Se puso a torear y Madrid rugió. Los muletazos eran caricias que embarcaban al animal en los flecos de la muleta. Mató recibiendo y cortó dos orejas. En el quinto cortó otra oreja. De capote volvió a encandilar a la cátedra venteña y se picó con César en quites: Por chicuelinas el torero patrio y lances a capote vuelto el americano. Con la muleta repitió lo mismo que en el toro anterior pero más calidad. Un toreo de pata negra. Cerró su obra con los acostumbrados "tres en uno" y mató recibiendo.
César pechó con los toros pares. El segundo fue devuelto y salió un sobrero que también fue devuelto. El siguiente sobrero también fue devuelto y aquí empezó a barruntarse el inicio de esas tardes agotadoras de Las Ventas en aquella década en la que cada tarde se devolvían varios toros. Salió un tercer sobrero que fue nulo, manso y muy parado ante el que César hizo cuanto pudo. En el cuarto también hubo duelo de quites: Rincón por chicuelinas y Ortega por verónicas. En este toro, Rodrigo Arias "Monaguillo de Colombia" estuvo imperial. Puso dos pares de banderillas garbosos y muy toreros. Clavando en la cara del toro y saliendo del par con mucha chulería. Saludó una fortísima ovación. Si el toreo de Ortega fue de "jamón de Jabugo", este fue de Guijuelo. No se puede torear más puro al natural. Dando el pecho, con la muleta plana, la pata "alante" y la suerte cargada. Este astado no iba a ponerlo fácil y a César o parecía importarle. Buscaba siempre la colocación. Ni corto ni perezoso, decidió matar en los medios y tras la estocada, fue premiado con las dos orejas. El sexto fue un toro gazapón que iba complicándose a medida que avanzaba la faena. Había que estar firme y César lo estuvo. Al hilo de las tablas, en los terrenos del 2 plantó batalla a este animal andarín y que huía tras cada pase. Estocada y tercera oreja de la tarde. Acabó un festejo memorable, con los dos toreros y el ganadero a hombros camino del palco real para que pudieran cumplimentar a Don Juan Carlos. ¡Qué manera de torear! Otro nivel. Maravilloso. ¡Toreros, toreros! exclamaban los aficionados al concluir el festejo. Sonaron los acordes de la Marcha Real al acabar el mismo.
Menos el cuarto que no lo he podido averiguar, los toros se llamaron Acólito, Niñado, Solitario, Flauta y Colito. De negro y oro vistió Ortega y de rosa palo y oro César.
La banda de música de la Guardia Civil amenizó esta corrida. Este año de 1991 fue la explosión del colombiano. Toreó cuatro festejos en Madrid y en todos salió a hombros. Quedarían dos salidas más: 1995 y 2005.

Sevilla. Toros de Torrestrella para Emilio Muñoz, Juan Antonio Ruiz "Espartaco" y Finito de Córdoba. 21 de abril de 1994.

Para nacer en la sevillana calle Pureza hay que tener suerte. Y eso le ocurrió a Emilio. Y se hizo matador de toros para honrar a la calle en la que nació. Ese 21 de abril toreó con ese concepto tan maravilloso como es el que atesora nuestro protagonista. Cortó tres orejas porque en su primero la espada cayó lo suficientemente defectuosa como para que el presidente considerara que no podía otorgar el segundo trofeo. Lo bordó con el capote. Sus verónicas fueron jaleadas por sus paisanos.
Con la franela inició por alto a su primero y por bajo al cuarto con el fin de someterle. Sus dos obras fueron fundamentadas en el toreo al natural. Relajo, gusto, la muleta plana y la suerte cargada, ligazón y profundidad... Cerró su primera obra con un ayudado por alto, otro a media altura, un trincherazo y el de la firma. ¡Ahí es nada!; y por alto a su segundo. Emilio bordó el toreo y en volandas se lo llevaron por la Puerta del Príncipe aquella primaveral tarde en Sevilla. De su cuadrilla Manuel Muñoz brilló en varas y Paco Peña con las banderillas. Los toros de su lote se llamaron Trajerroto y Gastador. Vistió de oliva y oro.

Espartaco cortó una oreja a su segundo. Este quinto fue muy incierto. La labor de Juan Antonio fue todo paciencia y esfuerzo. Consiguió rubricar el trasteo con una estocada habilidosa así que la plaza premió al de Espartinas. Se enfrentó en segundo lugar a Idealista y a Barba Azul en quinto lugar. Lució canela y oro.

Fino se enfrentó a Flojito en tercer lugar y a Perezoso en el cierre del la tarde. Hicieron honor a sus nombres. Así que quitando unas bellísimas verónicas al sexto, poco pudo hacer. Juan no tuvo mucha fortuna ese día en la Real Maestranza de Caballería. Su terno fue blanco y oro.

Aranjuez (Madrid). Toros de Juan Pedro Domecq para Curro Romero, Rafael de Paula y Rivera Ordóñez. Se cumplió el bicententario de su plaza de toros. 5 de junio de 1997.

Se juntaron a estos dos genios para recordar que esta preciosa plaza lleva dos siglos celebrando fiestas de toros. El dinástico Francisco completó el cartel. Un paupérrimo juego del ganado frustró una gran tarde de toros. Curro se dirigió al Rey con estas palabras: "es para mí un honor brindar al Señor. ¡Va por el Señor! Cogió la muleta para trastear a un animal incierto que tendía a cabecear. El viento soplaba y El Faraón no se asentó. Varios muletazos sueltos bastaron para que destellease su magistral toreo. En el cuarto la cosa cambió y empezó su particular concierto de Aranjuez. Comenzó con una obertura de verónicas y tras el puyazo recitó otro ramillete por el mismo palo. Con la muleta interpretó una sinfonía compuesta de unas breves tandas de caricias en vez de muletazos. Debido a sus facultades pegó un bajonazo y dio el camero una vuelta al ruedo.
El jerezano acusó esos últimos años la debilidad de unas rodillas muy maltrechas. Rafael lanceó con duende y tirando de capacidad técnica, pues la física no quería saber nada. Esas muñecas son patrimonio cultural del toreo. No se puede torear mejor con el capote. Al quinto de la tarde le pegó una media colosal. Con la muleta firmó detallitos para deleite de los madrileños. También se dirigió al monarca en su primera lidia: "Majestad... ¡por usted y por España!
Fran toreó al tercero con gusto y relajo a la verónica. Con la muleta lo lidio toreó con unos asentados naturales. En este toro también brindó a D. Juan Carlos: "por usted y su augusta Madre". Su faena al sexto fue de muchos pases que emocionaron al público. Cortó una oreja y el presidente negó la segunda. Su lote fue el más potable.
Antonio Chacón en el primero y Sánchez Hipólito en el sexto lo bordaron con las banderillas. Con palos y capote estuvo José Antonio Carretero sensacional.

Vistieron de verde botella y oro, de obispo y azabache y nazareno y oro. Los toros se llamaron Estupendo, Oficial, Gañán, Duque, Nocturno y Divertido. 

Zaragoza. Toros de Cebada Gago para Emilio Muñoz, Pepín Liria y José Luis Moreno. 6 de octubre de 1998.

La corrida del hierro gaditano estuvo excelentemente presentada. En cuanto al comportamiento hubo un toro sensacional que recuerdan aquellos que estuvieron aquel día en la plaza: Juncal, lidiado en quinto lugar por Pepín Liria. Quitando el primero que fue bravo en el caballo, lo demás, ni fu ni fa.

El sevillano bordó el toreo a la verónica en su primer toro. Con la muleta hizo gala de la pureza de su concepto. Comenzó con unos estatuarios y recetó más tarde varias tandas muy ligadas y de buen trazo con ambas manos. Emilio cerró la obra con diferentes remates y falló con la espada. En su segundo toro poco pudo hacer ante el comportamiento mansurrón de éste.

El de Cehegín pechó con otro soso animal en segundo lugar y ante el mencionado Juncal estuvo muy digno. Ligó con la muleta varias tandas citando de largo. El toro se arrancaba pronto y alegre desde la distancia. Encastado y exigente, era difícil hacerse con él. Liria lo mató de una gran estocada. Cortó una oreja. Su banderillero Alejandro Rivero estuvo sensacional con el capote.

José Luis pasó sin brillo por la ciudad del Ebro. No tuvo suerte el cordobés ante dos toros muy vulgares. Los que sí brillaron, fueron los hombres de su cuadrilla en el tercio de banderillas.

Vistieron respectivamente de azul pavo y oro, de fucsia y oro y de salmón y oro. Los toros se llamaron Jaleoso y Botijero los de Emilio; Pagador y Juncal los de Pepín y Llamado y Bravío los del Moreno.

Valencia. Toros de Victorino Martín para Eulalio López "Zotoluco", Óscar Higares y José Luis Moreno. 21 de julio de 2000.

Por San Jaime, Valencia celebra su feria de Julio. Así que aquel verano de 2000, fueron los empresarios hasta tierras extremeñas para comprar seis toros de Victorino y contrataron posterioremente a tres bragados matadores para enfrentarse a ellos: el mejicano Eulalio López "Zotoluco", el madrileño Óscar Higares y el cordobés José Luis Moreno. La corrida estuvo excelentemente presentada y los toreros unos jabatos.

Al compás del pasodoble Pan y Toros, hicieron el paseíllo: de botella y oro el azteca, de grana y oro el madrileño y de blanco y oro el cordobés.
Salió el primero y Eulalio dio unas buenas verónicas dando sitio a un toro que humillaba y reponía. Su picador fue pitado por picar en demasía. Inició por bajo para enseñar y obligar al toro a embestir por los vuelos de las telas. Faena interesante a un gran toro. Lo mejor fue el magnífico toreo al natural, desde delante donde enganchaba al animal hasta el final detrás de la cadera. Mató de un bajonazo y cortó un trofeo.
Ante el cuarto, volvió de nuevo a bordar el toreo de capa. Cargando la suerte, se llevó al toro por verónicas desde las tablas hasta más allá de la segunda raya. A este "victorino" lo picó de cine Efrén Acosta como relato al final de esta crónica y en banderillas Vicente Yestera se desmonteró para recibir la ovación por sus dos pares de banderillas. Gran tarde de su cuadrilla. Brindó la faena a su picador. De nuevo por doblones comenzó el trasteo y rotundas fueron sus faenas por ambos lados. Con la espada, no se reservó nada, se tiró en corto y por derecho cayendo ésta ligeramente desprendida. Faenón de dos orejas premiado con una debido a una rácana presidencia y bronca a la misma por no concederla. Ovación al toro en el arrastre.
El sexto fue ovacionado de salida debido a su impecable estampa. Como Moreno estaba en la mesa de operaciones, el mejicano lidió a este último. De nuevo, dictó la tercera lección de cómo se debe torear a la verónica a esta sangre. Tres buenas varas de "Pimpi hijo" que sacaron los aplausos de Valencia. Este toro fue un espectáculo en el caballo. Y Félix Rodríguez lo bordó con los palos. Cerró la tarde el azteca con una última y maciza faena de muleta. Siguiendo la tónica de la tarde y como es aconsejable ante este encaste, volvió a torear por bajo en los inicios. El toro exigía firmeza y su matador lo estuvo. Toreó en redondo con la mano derecha y con la izquierda voló con clase los flecos de su muleta. Mató de un volapié hasta la bola. Cortó un total de tres orejas y salió a hombros. El toro, digno de vuelta al ruedo, fue ovacionado en el arrastre.
Esta corrida era la primera vez de "Zotoluco" ante estos toros. Estuvo colosal, como si los torease día tras día. Lo bordó con capote, muleta y espada. Tarde memorable del diestro mejicano.
Óscar lidió en segundo lugar a un toro que hacía hilo teniendo además la virtud de la humillación. En el caballo hizo este "albaserrada" una correcta pelea. Con la capa se gustó el de Madrid. Fue un toro difícil pero Higares supo en todo momento dar el sitio, las alturas y los toques precisos para sacar lo que este animal tenía. Mató de una estocada tras un pinchazo. Ovación al toro y al torero. De rodillas y al hilo de las tablas recibió al quinto. De nuevo bordó el toreo con el capote. Agustín Collado se pasó con la puya y en banderillas, Pedro Roldán y Miguel Murillo saludaron otra fuerte ovación. Dentro de la gran corrida que fue, este toro fue el que complicó un poco las cosas. Como estaba Higares ante él, nada malo podía ocurrir. Esfuerzo importante de este bravo madrileño que consiguió afianzarse y subir la intensidad de la faena a cada muletazo. La pena fue el pinchazo anterior a una soberbia estocada. Oreja al torero. Si ya era cicatera la señora presidente que se pensaba muchos los trofeos, ese pinchazo lastró la segunda oreja.
José Luis Moreno hizo ante el tercero una obra templada y mandona. Los pases fueron muy largos y profundos. La muleta era un látigo que hacía al victorino estar centrado en ella constamente. El andaluz estuvo fantástico. Tirándose en corto y por derecho al entrar a matar, el toro le asestó una fuerte cornada en el muslo. Cotó un trofeo y la plaza abroncó al palco por no dar el segundo.

Hablar de este día es hablar de un soberbio picador en las filas del mejicano Eulalio: Efrén Acosta. Aquel día, ante el cuarto elevó el tercio de varas a la altura de cualquier faenón con la muleta. Magistral. Un encastado "albaserrada" y un gallardo picador. En el primer embite el cárdeno victorino derribó al caballo y al jinete. Efrén se levantó visiblemente conmocionado pero volvió a tomar las riendas, nunca mejor dicho, y se puso manos a la obra. Citó en largo y el toro acometió de nuevo. En vez de usar el palo como vemos día a día en cualquier plaza, este varilarguero levantó la vara apuntando al cielo y en el último segundo cuando el toro estaba a milímetros del caballo, con la precisión de un reloj suizo bajó la puya y picó en la yema. Aquel puyazo fue magistral. Esa forma tan peculiar pero a la vez efectiva que tenía de usar la vara hizo historia. La plaza se puso en pie. Era como una caldera a punto de estallar.

¡Victorino! ¡Victorino! Aclamaba la parroquia al unísono al acabar. ¡Esto es la Fiesta! tarde de matices, de toreo... DE EMOCIÓN. No fueron los correosos y duros victorinos de antaño, pero dieron que pensar a toreros y cuadrillas. Estuvieron a la altura. El encierro fue bravo, encastado; hubo combate y hubo buen toreo. Siempre se dijo que cuando el viejo Victorino sonreía hasta mostrar su diente de oro, significaba que en el ruedo algo grande pasaba, y eso sucedió, pues Victorino estuvo radiante las dos horas largas que duró aquella tarde. Una tarde lastrada por Amparo Renau. Si Valencia es una plaza de 1º que suele dar orejas con facilidad, aquel día esta presidente negó varias orejas de ley que habrían engrandecido este festejo. Pero como esto no es un deporte y aquí mandan los sensaciones y no los números, eso poco importó.
Aquellos animales que tanto gustaron a criador y público se llamaron Molesto, Pleitista, Brasileño, Inventado, Desconocido y Verdoso.