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domingo, 20 de agosto de 2023

Reverdecer laureles.

Una banda de música amenizará el festejo, así reza con frecuencia cualquier cartel de toros. Y así fue. La banda de música tocó brillantemente varios pasodobles a lo largo de todo un festejo que tuvo lugar en las faldas de la sierra de Guadarrama, en la plaza segoviana de El Espinar. En esta villa castellana se vivió un desafío entre dos hierros de encastes diferentes: los Albaserradas de Adolfo Martín (1º, 5º y 6º) y los Domecq de Pedraza de Yeltes (2º, 3º, y 4º). La terna estaba formada por tres toreros curtidos en mil lides: Antonio Ferrera (blanco y oro), El Cid (tabaco y oro) y Manuel Escribano (nazareno y oro). Fue una tarde soleada y calurosa. Destacaron por su buen juego el primero y el quinto, Sevillanito y Horquillón respectivamente. Y por su presencia, en general los tres Adolfos. Serios y muy rematados, acordes a una plaza como ésta la de El Espinar.

Reverdecer laureles. Eso hizo Manuel Jesús. Después de su fugaz retirada, este año el de Salteras no está gozando de muchos contratos, pero sin duda, por pocos que sean, estará disfrutando de volver a lucir el chispeante y seguir interpretando su tauromaquia. En la plaza espinariega demostró que sigue en plena forma. Obsequió al público segoviano dos faenas templadas y muy profundas. A su primero, un Pedraza flojo y boyante lo toreó con suavidad, pues así lo requería. Consiguió enjarretarle varias series con ambas manos y malogró la labor con la espada. Saludó una ovación. La obra cumbre de la tarde llegó en el quinto. Horquillón tuvo nobleza, fijeza y profundidad. Al son de un gran pasodoble, la faena se basó principalmente en la mano diestra. Los derechazos tuvieron mucha enjundia, y Manuel, asentadas las manoletinas y el cuerpo relajado, toreó a placer a aquel Albaserrada. De sobra es conocida su buena mano izquierda, así que con su muñeca y los vuelos de la muleta, obró un ramillete de naturales rematados con unos preciosos pases de pecho. La estocada fue fulminante y tras cortar las dos orejas, salió el sevillano por la puerta grande.

Manuel debutó en esta plaza. Quiso pero poco pudo. Le tocó en primer lugar un Pedraza que se arrancó de lejos al caballo con fijeza y alegría. Manuel siempre quiere agradar. Se adornó en un tercio de banderillas y poco pudo hacer en la faena de muleta. El toro perdió fuelle y Escribano, poco pudo hacer. Por su esfuerzo, la plaza le sacó a saludar una ovación. En el quinto se rozó la tragedia, pues tras un par de banderillas, Manuel resbaló y el toro le cogió feamente pero sin consecuencias. Aguerrido y enrazado, el de Gerena volvió a la cara del toro y clavó un par que puso a la plaza en pie. Tras un prometedor inicio por bajo, el cárdeno animal se echó y fue imposible levantarlo así que la faena quedó en agua de borrajas.

Incomprensiblemente Ferrera naufragó. Su primer toro tuvo casta y emoción. El extremeño empezó a enredar cual torerillo debutante en vez de ponerse firme y cuajar al animal, pues éste tenía mucho que torear. Mató de un bajonazo y saludó desde el callejón una ridícula y escasa petición de oreja. La tauromaquia de Antonio estos últimos ha ido cambiando como las estaciones o las fases de la luna. A veces asentado y en maestro, a veces extravagante… El cuarto fue noble y Ferrera, con recortes, variedad de molinetes y movimientos bruscos de muleta perdió el tiempo zarandeando la muleta con movimientos dignos de un leñador en vez del mimo y temple propios de un torero, por lo que fue pitado tras el arrastre del animal.

Así fue un festejo que tuvo verdad, emoción, entrega y toros para el recuerdo. Al acabar la tarde, como en tantos pueblos, el ruedo se llenó de niños que con sus chaquetas jugaban a ser toreros, imagino deseando imitar al Cid pero soñando que eran ellos los que toreaban a Horquillón…

Entre las cuadrillas destacaron con las banderillas João Ferreira y Ángel Otero. João se lució en el primero de la tarde por jugarse el tipo con un complicadísimo par por los adentros clavando en la cara del animal. Si uno fue por valentía y raza, Ángel puso garbo y mucha torería clavando al quinto un excelso par de banderillas.



sábado, 18 de enero de 2020

Un rato con El Cid.

Tengo el enorme privilegio de hablar un rato con Manuel Jesús Cid Sala (Salteras, Sevilla 10-3-1974), "El Cid" en los carteles.
Recién retirado del toreo, ha cosechado grandes triunfos en todas las plazas importantes y ahora, en el descanso del guerrero, lo hace con el respeto y cariño de compañeros y afición. Dos puertas grandes en Madrid (2005 y 2006), cuatro salidas por la puerta del Príncipe en Sevilla (dos veces en 2005, 2006 y 2007) y una en Bilbao (2007), son algunos de los hitos de su admirable trayectoria. Así que una vez más tengo la oportunidad de escuchar a una gran figura que ha marcado una época: El Cid.

Pregunta. Buenos días Maestro, en primer lugar, le agradezco su tiempo y su amabilidad en este rato.  ¿Cómo fueron sus comienzos? Viene a Madrid y se empieza a curtir en la dureza de la profesión ¿por qué Madrid y no Sevilla?
Respuesta.
Yo debuté con caballos en mi pueblo y al no haber muchos festejos allí ni actividad taurina, me fui a Madrid donde sí había mas festejos y posibilidades: en los pueblos de los alrededores, en la sierra, Ávila, el valle del Tiétar... había más movimientos para los novilleros de cara al verano que en mi tierra. En Sevilla, quitando las novilladas de abono, no había más movimiento y por eso decidí dejar mi casa. Me ayudaba Gallo, un hombre que me acogió en su casa y durante seis años viví una experiencia bonita pero dura a la vez. Los contrastes eran duros: de vivir en el campo en un cortijo a Madrid. Siempre me rodeé de gente buena, que me ayudó muchísimo y me acoplé muy rápido. Encantado porque no cambiaría nada de mis comienzos, de cuando me vine hacia Madrid. Igual si no hubiese pasado por esas dificultades pues no habría sido torero. No hubiese llegado donde llegué.

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                                      A hombros en Sevilla.
                                          Abril de 2005.

P. ¿Cómo fue su paso por el Valle del Terror?
R.
Fue una etapa dura, no te voy a mentir, muchas de esas novilladas que lidié no eran conocidas, eran ganaderías de segunda. Esos novillos eran muy grandes, ya que era como gustaba en esos pueblos, eran casi corridas de toros. Y la verdad que además de dura, a veces me iba frustrado, porque eso no era el toreo que tenía en la cabeza. Lo que pasa es que después hacía reseteo e intentaba coger lo bueno y positivo de cada tarde, algunas veces sin pegar muletazos, pero bueno, era un oficio y tenía asimilado que tenía que ir madurando poco a poco. Tenía que ir cogiendo ese oficio que me hacía falta para cuando fuese matador de toros. Cuando hice ese planteamiento de mi carrera novilleril llegó a haber momentos en los que disfruté muchísimo. Fui avanzando, había novillos que al principio aunque fuese imposible haber estado bien, llegaba el día en que los cuajaba y lo veía fácil; que era señal de que iba avanzando en mi tauromaquia y cogiendo más oficio día tras día. Llegaron las cornadas y porrazos porque cuando uno está corto de experiencia, los toros cogen. 

P. En vez de tomar pronto la alternativa, lo hace con 26 años. ¿Por qué?
R.
Tras ese tiempo de forja como es el Valle del Terror cuando tuve la oportunidad, no surgió un lugar bonito y a la vez importante para recibir el doctorado. Así que no me importó seguir un poco más en ese escalafón y poder llegar con más oficio. Lo hice en Madrid porque buscaba un sitio de categoría en vez de aquellos pueblos en los que tantas veces toreé de novillero.

P. Tres plazas clave en su vida: Madrid, Sevilla y Bilbao.
R.
Sevilla fue la primera plaza en la que me encerré con seis toros y en esa ocasión fueron tres ganaderías diferentes: José Luis Pereda, Zalduendo y Victorino Martín. Primero me anuncié en la feria de San Miguel de 2005 pero no pude hacerlo porque en Mérida un toro me pegó una cornada, me luxó el brazo y en septiembre tuve que cortar la temporada. Lo pospuse para esa misma feria del año siguiente y fue un éxito. La plaza se llenó, artísticamente fue a más, fue creciendo y creo que fue una tarde en la que cumplí uno de esos tres hitos que tenía en mi mente (encerrarme con seis toros en esas tres plazas).
Un año después en la feria de Bilbao, ahí si fueron seis victorinos y ahí sí fue una tarde épica, de mucha mentalización, me veía muy preparado, esa fue la época en la que me sentía en plenitud. La gente empujaba y eso también era importante. Las cosas te salen y cuando eso no ocurría veía que el público se impacientaba. Cuando esa paciencia la veía en el público me daba tiempo a rectificar. Y cuando no la había pues me costaba más trabajo. La víspera toreé en Andalucía y a Bilbao llegué de madrugada y con sueño. Además recuerdo que en aquella feria bilbaína llovió toda la semana. Poco a poco fue avanzando la tarde y conseguí salir a hombros. Perdí varios kilos en apenas unas horas, pero desde luego ese esfuerzo tan enorme valió la pena.
En Madrid me encerré con otra de Victorino en San Isidro de 2015. Desgraciadamente no salió como yo hubiera deseado. Igual tenía que haberlo antes de cuando la hice. Hubiese sido lo suyo después de Bilbao. Ese invierno me preparé y me mentalicé para esta cita. La corrida no ayudó lo más mínimo igual yo tampoco estaba como tenía que haber estado y no salieron las cosas bien. Y esa es la espinita que tengo clavado. Madrid ha sido la plaza de toda mi vida, matar esos seis victorinos y hacerlo como a mí me hubiese gustado pero esa tarde no salió como en las otras dos encerronas.

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P. Háblenos de su mano izquierda.
R.
Cada matador tiene toreando su personalidad, su concepto,  sus formas... El mío era una forma de interpretar el toreo que iba dirigido al aficionado de verdad, el exigente. Por eso cuando no me salían las cosas, esos aficionados me lo recriminaban. No he sido un torero de masas de espectadores pero sí he sido un torero de aficionados, que es el que exige. Cuando algo le gusta se vuelca, pero cuando no le gusta lo recrimina y además con dureza. No es lo mismo un espectador avezado a uno que no entiende lo que ocurre. Por eso, mi toreo y concepto iba enfocado a ese tipo de aficionados: al que verdaderamente mantiene esto que es el aficionado. Me he sentido cómodo cuando cuajaba un toro y veía disfrutar al aficionado, a mi gente, al que no sabía... Cuando ocurría eso, era especial y no me quería cambiar por nadie. Allí sucedía algo que a lo que no estaban acostumbrados o llevaban mucho tiempo sin verlo, eso era lo verdaderamente me llenaba. A uno no le gustan las críticas pero cuando esas críticas llegan, sabía que era porque podía dar más. Aquello me obligaba a mejorar porque era lo que me hacía ver que los aficionados esperaban cosas de mí.

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 Primera puerta grande en Madrid ante un encierro de Victorino Martín.
3 de junio de 2005.

P.. Desde su concepto: ¿qué es cargar la suerte, el pico de la muleta, etc? ¿Cómo lo aplicaba en su tauromaquia?
R.
Cada persona tiene su concepto muy marcado. Cada encaste tiene unos matices. La técnica es la misma para todos pero a esos encastes había que aplicarles dichos matices para intentar sacar el máximo partido. No es lo mismo torear un toro de Parladé que uno de Albaserrada. Son la noche y el día. Un Parladé te permite más "fallos", toques más bruscos o desplazamientos. Al contrario que Albaserrada. Son totalmente opuestos. Dentro de la técnica, hay que intentar acoplarte a todas esas sangres. Ahí llega la diferencia entre el que es figura del toreo y el que no lo es. El que lo es tiene que torear más que nadie, acoplarse a más toros que nadie y evidentemente hay que sacar partido a toros de diferentes ganaderías. Esa es la diferencia. No se puede especializar en un encaste o una ganadería en tu vida. Por ejemplo, el encaste Saltillo-Santa Coloma no permite toques fuertes, al contrario, todo lo que se le haga debe ser suave. Tienen que ser toques para fijar y no para desplazar. La velocidad es distinta ya que es un encaste que empuja más que remata. Son toros que no cabecean, ellos lo que hacen es empujar la muleta así que intentar adaptarse a esa velocidad despaciosa pues es más complicado. El encaste Domecq embiste un poquito más rápido, remata y puntea mucho más así que la técnica debe ser distinta.


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Madroñito de Adolfo Martín. Indultó esta res en Santander  en 2016.


P. Háblenos de diferentes encastes con los que ha triunfado a lo largo de su carrera:
R.
Núñez: es un encaste que sale muy frío del toril. No es un encaste que se defina desde el principio. Se van calentando poco a poco como los Atanasio-Lisardo. Son encastes de último tercio. El que tiene buen fondo, lo da siempre al final. A la hora de embestir tiene unas peculiaridades muy definidas como la sangre Santa Coloma. Hay que dejar que llegue a la muleta, muy despacito y que casi choquen en las telas, no se pueden dejar huecos porque si los ven, es cuando pegan la cornada. Es un encaste listo pero el buen toro de Núñez embistiendo es una pasada.
Domecq: es el encaste por antonomasia y el que más abunda en la cabaña brava. No diría que es fácil porque no lo es pero sí el más asequible para todo tipo de toreros. Es el encaste que se acopla a todo tipo de técnica. Permite el toque brusco, el suave o colocar la muleta más o menos adelantada. Es el encaste comodín de hoy en día. Es un toro muy definido, que se deja torear con la capa. Y también salen toros encastados y buenos. Que eso es lo que también nos gusta a los toreros.
Albaserrada: es un encaste muy complicado. Al principio es muy difícil, no se deja torear con el capote como el Santa Coloma. Es una sangre que repone y se revuelve quedándose en los vuelos de las telas. La clave es enseñar y hacer las cosas bien para la faena de muleta. Siendo una sangre que tiene casta, poder y raza es muy asustadizo, por ese motivo no suelen aceptar esos toques bruscos que antes mencionaba. Se descomponen y por eso hay que tratarles con suavidad, enseñándoles los caminos y empujarlos hacia delante de cara al tercio de muleta.
Cuadri: en definitiva es Santa Coloma. Lo que pasa es que es vía Ibarra, es otra rama. Santa Coloma es muy parecido al Saltillo-Albaserrada. Cuadri es un tipo de toro que si embiste en el capote, llega muy definido a la faena de muleta. Lo que sucede es que son toros con mucha caja, son muy hondos y grandotes, les cuesta desplazarse por lo que hay que hacer las cosas bien, no agobiarles para que ellos cojan confianza y el que tiene buen fondo acaba rompiendo. Yo he toreado algunos toros muy buenos de Fernando Cuadri y he disfrutado mucho con ellos.
Santa Coloma: por antonomasia es el que muchos conocemos. Muchas veces la gente confunde esta sangre con la de Albaserrada y no tiene nada que ver. Santa Coloma es un encaste que a mí particularmente cuando me embiste uno de Santa Coloma me encanta porque tiene un ritmo en la embestida distinto a los demás. No puntea, no es molesto para el torero a la hora de limpiar el muletazo. Es verdad que propina faenas más cortas que por ejemplo el de Domecq u otros encastes. Es muy listo y hay que aprovecharlo desde el principio.
Miura: es el que menos he toreado. Es un encaste particular, único. Es el que más le cuesta humillar, principalmente debido a su fisionomía: son grandones y despegados del suelo. Las tres o cuatro que he toreado de esta ganadería, son animales en los que no puedes entrar en la pelea con ellos. Todo tiene y debe que ir a corriente y a favor suyo. Si te metes con ellos, protestan y no se dejan. Son muy corpulentos y uno necesita abrirlos mucho porque después a la hora de llevárselos atrás es complicado porque esa corpulencia hace que les cueste más trabajo. De todos modos, soy el menos indicado porque es un encaste al que me he enfrentado en contadas ocasiones.

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Con Borgoñés en El Baratillo. Un toro para el recuerdo.
Ese día cortó tres orejas y salió por la puerta del Príncipe.

P. Le voy a recordar diferentes toros importantes y usted comenta algo sobre ellos.
R.
Olivero de la Quinta en Madrid: mi primer San Isidro y mi primera oreja. Fue un novillo que me dio muchísimo. Toreé esa temporada una treintena de novilladas y fue gracias a Olivero. Estuve en Valencia, Nîmes, Sevilla, Arganda del Rey, Algemesí, Arnedo... fue un año precioso y aquel novillo de sangre Santa Coloma fue muy encastado. Ahí empezó mi idilio con ese encaste. Mi presentación en Madrid fue con un encierro de La Guadamilla que en aquella época era de ese encaste pero aquel día no salieron bien las cosas.
Guitarrero de Hernández Plá en Madrid en 2002: ese toro fue para el primer toque de atención que di en Las Ventas como matador de toros. Cuajar ese toro fue tremendo. Fue una faena muy emotiva y de no haber sido por la espada le habría cortado las dos orejas. De haberlo conseguido, fíjate, eran mis comienzos me habría abierto muchísimas plazas. Lo pinché pero bueno... volví a Madrid varias veces y a raíz de ahí comenzaría mi historia con esta afición.
Guitarra de Alcurrucén en Madrid 2005: fue una tarde muy bonita. Aquel día toreamos César Rincón y yo para confirmar la alternativa a Eduardo Gallo. Rincón salió a hombros y yo no porque también pinché a ese toro. Ha sido una de las cuatro o cinco faenas grandes mías en Madrid y en mi vida. Siempre estará en mi retina.
Borgoñés de Victorino Martín en Sevilla 2007: fíjate, la gente no se dio cuenta pero fue un toro digno de indulto. Fue muy bravo y encastado. En ese momento los indultos en Sevilla eran un tabú hasta el que indultó José María Manzanares cuatro años más tarde a Arrojado de Núñez del Cuvillo. Cobradiezmos fue bravo y definido. Tuvo más clase que Borgoñés pero éste fue mucho más encastado.
Portilloso de El Pilar en Madrid 2008: al principio nadie daba un duro por él. Salía suelto, cabeceaba... Durante el tercio de banderillas le vi algo importante en su embestida y nada más empezar la faena, la inicié con la mano izquierda desde el centro del ruedo. Si le hubiese pegado una estocada, la gente habría pedido el rabo. No he visto al público de Madrid ni con Guitarrero, ni con Guitarra ni con otros toros como aquella tarde.
Verbenero de Victoriano del Río en Madrid 2013: otra faena importante, bonita y sobre todo distinta, a las mías. Fue una faena de más relajo, poso, de abandonarme.... El toro me lo permitió.  Estaba justo de fuerzas pero tenía calidad y recorrido en su embestida. Le cogí la altura y eso fue lo más importante. Le costaba humillar porque era aparatoso por delante.

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P. Háblenos de América y el toro que se lidia al otro lado del océano.
R.
En Méjico he toreado muy poco: la confirmación en el DF y nada más. No sé por qué, no se habrán dado las circunstancias. En el resto de países he toreado muchísimo: Colombia, Ecuador, Venezuela y Perú. Sobre todo en Colombia cuyo toro es muy similar al español. En la plaza de la Macarena de Medellín hasta la fecha sólo ha habido un toro indultado y lo indulté yo. En las otras ferias importantes como Manizales y Bogotá también he disfrutado de grandes tardes. En Venezuela ahora están las cosas complicadas pero Mérida fue una ciudad en la que toreé y es una tierra en la que hay gran afición. Y en San Cristóbal también he indultado toros.

P. Cid y Victorino es sinónimo de emoción. Tanto monta, monta tanto.
R.
Ha habido una década importante y muy bonita. Ha habido una conjunción entre ambos en la que en aquellas situaciones me embestía un victorino, lo cuajaba y la gente se emocionaba. Mi forma de interpretar el toreo se adaptaba a la embestida de estos albaserradas. Había una conexión entre toro, torero y público.

P. El tendido 7 de la plaza de toros de Las Ventas.
R.
Respecto al tendido 7 he tenido siempre palabras de agradecimiento. Allí he conocido grandes aficionados con los que he llegado a hacer grandes amigos. Cuando me ha hecho falta, ellos estaban para alentarme. Me congratula cuando dicen que soy un torero mimado por el 7. Es el único tendido que se llena todos los días ya sea en San Isidro o en temporada, en primavera o en otoño y eso hay que alabarlo. Habrá gente que les vea como intransigentes pero hay que respetarlos y ya está. Tampoco hay que sacar las cosas fuera de quicio. Cada uno tiene su forma de pensar y de ver un festejo y se podrá o no estar de acuerdo. Sin duda que la idiosincrasia de la plaza es este tendido. Sin el 7, posiblemente Madrid sería absolutamente diferente.


La profundidad de su toreo al natural en la arena de Bilbao.

P. ¿Se forjó en Madrid y allí empezó en el arte de Cúchares. ¿Le costó a usted entrar en la afición de Sevilla?
R.
Sí. Me costó mucho. Date cuenta que mi primera novillada en La Maestranza fue en mi último año como novillero. Yo tardo en llegar a Sevilla cinco o seis años. Aún siendo el torero de Sevilla de los que más toreaba. Pero bueno, igual porque estaba y vivía en Madrid, el Baratillo es una plaza de mucho compromiso y a lo mejor estaba el compromiso de aquel que merecía estar. Desde que hice en esa plaza mi primer paseíllo en 1999, a partir de ese año nunca he faltado en la plaza de mi tierra.

P. Discutido y debatido hasta la saciedad. ¿Qué opina sobre el tercio de varas?
R.
Se dice que los toros se pican mal y yo creo que eso es psicosis. También es cierto que a los toros se pican un poco más trasero de la cuenta pero yo creo que hoy día hay grandes profesionales, muy buenos caballistas. Grandes picadores que saben montar muy bien a caballo. Evidentemente también habrá regulares y malos picadores al igual que ocurre con los toreros o con los banderilleros. Es una suerte que influye mucho en la lidia ya que el toro puede pararse o ir a más. El buen picador es el que tiene que dosificar y aplicar a cada animal el castigo oportuno. Es una suerte que a todos nos gusta ver, es muy bonito ver al toro arrancarse desde lejos, pelear en el caballo...

P. ¿Cómo ordenaba a sus picadores que ejecutasen la suerte?
R.
Toda mi carrera he procurado picar poco los toros. Hay que contar con el concepto de cada torero si a unos les gusta un toro más parado o más entero y con motor... En mi situación personal me gustaba que el toro no se picase mucho para que se pudiese adaptara mi concepto del toreo. Yo necesitaba un toro alegre, que galopase desde lejos y quisiese coger la muleta. Yo prefería que el toro se moviese y aunque muchas veces me podré haber equivocado y cuando lo picaba poco en vez de templarse, el toro sacaba el genio y aquello se complicaba trayéndome por la calle de la amargura. El genio no eres capaz de dominarlo va a más y a peor, al contrario que la bravura, que si lo dominas y puedes con ello se entregan. Pero es lo que sale al lanzar la moneda. No sabes si será cara o cruz.


P. Le ha quedado alguna espina o se va satisfecho.
R.
 Me voy satisfecho y muy feliz. Es un punto y aparte en mi trayectoria taurina porque no se puede decir que sea punto final. Te mentiría si digo que nunca más me pondré el chispeante, seré torero hasta que me muera. Ahora mismo digo que no pero de aquí a unos años si surgiese algo bonito y apetecible y me encuentro en facultades diría que sí. De lo contrario me queda torear en el campo, algún festival y a disfrutar de mis compañeros.

Este lluvioso sábado de enero y en una sala desde la que se veía a través de un gran ventanal esa plaza que tanto quiso a El Cid, me despedí de un torerazo.

Gracias Manuel. Gracias Maestro.




fotos: Plaza 1, Juan Pelegrín, Arjona y Serrano Arce.

Twitter: MJElCid
Instagram: Manucid






martes, 8 de octubre de 2019

Antonio Ferrera y don Fernando Sánchez brillan en el cierre de la feria.

El segundo fin de semana estuvo marcado por el mal juego del ganado. Quitando el sábado con varios toros de interés, el viernes y el domingo fueron dos jornadas soporíferas. Cuando no se viene a Madrid con un encierro digno de ella, esto suele ocurrir. Hay que venir a la capital preparado y si no se tienen animales con garantías de buenos resultados mejor no venir. Y no pasa nada. En el campo hay muchas y buenas ganaderías que llevan sin lidiar demasiado tiempo que merecen una oportunidad en la arena madrileña.


El viernes 4 torearon un encierro de Fuente Ymbro los espadas Manuel Jesús "El Cid" (malva y oro), Emilio de Justo (tabaco y oro) y Ginés Marín (frambuesa y oro). 19.500 espectadores.

Manuel se despidió de Madrid con un toro que tuvo un potable pitón izquierdo al que aprovechó el torero de Salteras. Lo más lucido de este  acto fueron unas verónicas y un pique con Emilio en el que ambos diestros quitaron por chicuelinas.

Poco pudo hacer en el cuarto porque el toro estaba justísimo de fuerza. Una vez arrastrado el toro, dio una vuelta al ruedo agradeciendo el apoyo recibido estos diecinueve años al público de Madrid. Detalle del sevillano que durante la vuelta, el único tendido en el que se paró y con gestos cariñosos dijo adiós a los espectadores fue el 7 (sí, ese que según muchos sólo protestan y revientan las faenas). Acabada la corrida, jóvenes aficionados y abonados del mencionado tendido bajamos a la arena y a hombros le sacamos por la puerta de cuadrillas. Detalle que ha dado muchísimo que hablar con opiniones en contra y a favor. Recordando el torero a varios abonados fallecidos de ese sector y tras unas palabras con los allí congregados le dijimos adiós por última vez. Madrid, sois muy grandes nos dijo Manuel antes de subirse y ver cómo se perdía la furgoneta subiendo la calle de Alcalá. Ahí acabó el idilio de un torero que de no ser por la espada, habría tenido las mismas puertas grandes que leyendas como Paco Camino, Andrés Vázquez o Antonio Bienvenida en vez de las dos que goza su palmarés.

                    

Por su parte, Emilio de Justo volvía para cerrar una gran temporada con tardes magníficas como las de Vistalegre, Madrid, Sevilla, Valencia, Bilbao o la encerrona en Dax con los Victorinos por citar algunas de las más importantes. En el segundo consiguió sacar de donde no había nada. El toro era más soso que una torta de arroz de las que venden en un herbolario y Emilio a base de sobar con la muleta logró pases de bella factura. Los pases de pecho y un cierre por naturales a pies juntos fue lo más destacado de su obra. En el quinto estuvo muy firme ante un toro muy complicado.

Ginés Marín toreó bien con el capote al sexto. Y con la muleta dio distancia en unas decorosas tandas. En su primer toro no pudo hacer nada.

                    

        

El sábado 5 se lidiaron seis reses de diferentes ganaderías para Antonio Ferrera (blanco y oro) que actuó en solitario. El orden de los hierros fue el siguiente: Alcurrucén (una raspa de sardina y con muestras de invalidez), Parladé (soso, flojo y nobletón), Adolfo Martín (feo de presentación y exigente de comportamiento), Victoriano del Río (bien presentado y con un buen pitón izquierdo), Domingo Hernández (bravo en el peto y que requería mucho sitio. Un buen toro) y otro de Victoriano del Río que remendó a uno de Núñez del Cuvillo (noble y con mucha calidad). 18.800 espectadores.

Once años tuvieron que pasar para que un torero que se encerraba en solitario con seis animales en La Villa y Corte volviese a salir por la puerta grande. Miguel Ángel Perera rubricó su gran temporada 2008 con seis toros en la feria de Otoño. Cortó tres orejas y recibió dos cornadas. Desde entonces, todos los que se aventuraron en esta exigente empresa naufragaron estrepitosamente. Daniel Luque, Alejandro Talavante en dos ocasiones, Miguel Abellán, Iván Fandiño y "El Cid" fracasaron en el intento. Hay quien pueda pensar que teniendo seis toros para un único espada haya muchas posibilidades de cortar un buen número de orejas. No es así y estos datos lo recuerdan. El torero va a ser durante dos horas el protagonista, por lo tanto hay que estar fresco de conocimientos y repertorio suficientes para salir airoso. De lo contrario, dos horas viendo al mismo espada se pueden hacer insufribles para el espectador. Y el factor que es determinante en una tarde como esta es el momento profesional en el que se encuentre dicho matador. No es lo mismo un chaval que empieza con mucha ilusión pero con poco oficio que un matador cuajado y en plena madurez. Habiendo explicado precedentes anteriores paso a narrar lo que ocurrió.

Variada y entretenida tarde en la que el balear bordó el toreo con la capa. Estuvo en maestro. El capote tiene un abanico enorme de suertes que Antonio desempolvó para deleite del público. Verónicas, caleserinas, chicuelinas, el quite de oro, la mariposa, galleos y lances de fantasía que llevaban la firma del recordado Rodolfo Rodríguez "El Pana". Poderoso y muy completo con las banderillas, se lució en un ajustado par al quiebro al sexto. 

                        


Y con la muleta hay que decir que faltó estructura en los trasteos. Otro detalle que agradecí fue la medida en las faenas, no se alargó ni se puso pesado. Algo muy positivo y que por el contrario, actualmente pecan muchísimos matadores. En cuanto al contenido, iba improvisando los pases según el comportamiento de cada animal. Acostumbra a no llevar la espada por lo que sus faenas se basan en torear con los vuelos de la muleta. Destacaron los naturales al segundo y al cuarto, la firmeza que mostró ante el difícil tercero, en el quinto planteó mal la faena porque ese animal pedía distancia en vez de cercanías y Antonio ahogó al burel. Tras un buen espadazo cortó la primera oreja. Y en el sexto cortó otra oreja. Se fue a la puerta de toriles para recibir al toro de rodillas y con la muleta estuvo breve e intenso. Salió a hombros por tercera vez en su carrera. 

                          


                           


Y como siempre hago, apunto brevemente lo más destacado de entre los de plata. Hay que mencionar el buen hacer de los picadores Manuel Cid al segundo y Antonio Prieto al tercero. Con las banderillas brillaron José Antonio Carretero en el segundo, Javier Valdeoro en el tercero y José Chacón estuvo sensacional con la capa y con los garapullos.

Mención aparte se merece un TORERAZO llamado Fernando Sánchez. Si habéis leído mis crónicas de los festejos habréis comprobado que es uno de los nombres propios de esta temporada madrileña. Banderilleó al complicado Adolfo y estuvo absolutamente imperial. Citó en corto y andando con garbo y despaciosidad se aproximó al animal. En cuanto el toro se vio amenazado apretó el paso hacia el torero y éste, con elegancia y poderío clavó en la cara saliendo de la suerte con mucha torería. Madrid en pie se dejó las manos aplaudiendo a don Fernando. Soberbio. Inolvidable.

                                            

Muchísima gente no notó que en el paseíllo había un banderillero de más en la última fila. Era Raúl Ramírez. Realizó la suerte de la garrocha en el tercero. Lance del toreo en desuso que consiste en saltar por encima del astado usando una vara como pértiga.

                                  


Tarde de expectación, tarde de decepción. Así reza un dicho muy taurino. El domingo 6 se cerró la feria con los cárdenos de Adolfo Martín ante una terna muy distinta. El pinturero Curro Díaz, de Linares que goza de buen cartel en este coso. El salmantino López Chaves que tras muchos años en el banquillo olvidado por los empresarios ha dado golpes en la mesa las pocas veces que ha toreado y ha demostrado que este parón le ha servido para prepararse ahora que tiene una nueva oportunidad de volver a las ferias. Ha sido un año excelente y la temporada que viene deberá de estar el de Ledesma en los carteles. Y por último el sevillano Manuel Escribano, que no es un torero de clase pero entrega y raza le sobran para parar un Talgo. Dos cornadas fortísimas ha recibido de estos grises toros y sigue enfrentándose a ellos. Pundonor y hombría.

No me extiendo más porque de este día no hay nada que contar. Citaré que Curro ante el exigente cuarto rendondeó varias tandas con su sello personal. López Chaves solventó la papeleta luciéndose en un gran manejo con el capote sacando al toro a los medios. Sin mucho brillo pero en un derroche de facultades fueron jaleados los tercios de banderillas de Manuel a sus dos oponentes. Ante un difícil tercero que desarrolló sentido, peleóse el de Gerena en una faena ya olvidada. 
19.130 espectadores.


                          

Así humilló el cuarto en la muleta de Curro Díaz.

(Fotos. Alvarado, Andrew Moore, Las Ventas y Ana Escribano)

domingo, 26 de mayo de 2019

Se va "El Cid" y llega David de Miranda. Roca arrasa con dos orejas.

Comenzó la segunda semana de la feria con una novillada de El Conde de Mayalde para Rafael González (gris plomo y plata), Marcos (verde y oro) y Fernando Plaza (malva y oro). 16.810 espectadores. Al acabar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de D. Fernando Domecq.
La novillada estuvo muy desaprovechada por los tres chavales. Tuvo nobleza y buena condición y el primero tuvo algo más de gas respecto a sus hermanos.
Rafael movió la capa con soltura en el primero de la tarde. Sin apenas ser picado, al llegar a la muleta el torero pegó varias tandas sin ajuste. Cerró con unas bernadinas. En el cuarto, sin transmisión ni conectar con el tendido, dio el joven novillero varias tandas ligadas de buen trazo y tras finalizar la serie con unas manoletinas, cortó una insulsa oreja.
Marcos, que pasó por San Isidro sin hambre ni ambición, aún así en el segundo hizo un vistoso y variado quite con el capote. En el tercio de varas realizó un templado lance por tafalleras Fernando Plaza.
Completó el cartel Fernando, el cual tuvo como primer toro a un animal flojo y desrazado, le agobió toda la faena sin darle sitio ni espacio. Cerró la tarde con un toreo templado y con unas maneras muy personales. Tras brindar a "El Fundi" y Rafael de Julia, toreó con la izquierda varias tandas rematando cada serie con pases de pecho que gustaron a los asistentes. Palmas de despedida.
De las cuadrillas, sobresalió Miguel Martín en el tercio de banderillas.

                          



El martes 21 empezó caliente la tarde. Presidía D. Gonzalo De Villa, el mismo que le abrió a Miguel Ángel Perera la puerta grande días atrás. El público protestó contra el usía y se mostraron pancartas en el Tendido 7. Acto seguido aparecieron varios miembros del Cuerpo Nacional de Policía, imagino que con el fin de requisar dichas pancartas. La plaza entera estalló contra esta situación. Ya en el tema estrictamente taurino, lidiaron seis reses de El Pilar el salmantino Juan del Álamo (caña y oro), el extremeño José Garrido (azul noche y oro) y el madrileño Gonzalo Caballero (grana y oro). 14.666 espectadores. El encierro que mandó desde Salamanca la familia Fraile encantó a los asistentes. Complicados y exigentes, no se lo pusieron nada fácil a estos muchachos. Destacó por su presentación y trapío el sexto de la tarde. Juan y José recibieron dos duras volteretas y Gonzalo, herido en el 3º, no pudo acabar el festejo.
Del Álamo dio una vuelta tras petición de oreja en su primero que fue un toro que exigía mando y firmeza. Mató el sexto toro en lugar de Gonzalo al que toreó bien con el capote.
Garrido por su parte mostró interés y ganas. Uno de sus mejores momentos fueron unas verónicas muy cadenciosas al último del festejo.
Gonzalo Caballero que sólo pudo lidiar una res por caer herido, toreó con suavidad al tercero de la tarde con la capa. En la muleta se quedó muy quieto en unos ajustados estatuarios y trasteó con gusto y mucha naturalidad. Buscaba siempre la colocación, detalle que siempre agradece el estricto público venteño. Se le notaba tranquilo y muy seguro. De las veces que mejor le he visto en Madrid. Se tiró a matar y recibió una grave cornada en la parte exterior de la pierna izquierda.


                    


                   


El miércoles 22 la plaza se abarrotó para ver un cartel con varios alicientes. La despedida de Manuel Jesús "El Cid", un torero respetado en Madrid que de no haber sido por sus muchos fallos con los aceros podríamos hablar de un matador que tendría en su palmarés siete u ocho puertas grandes en vez de las dos que ha conseguido. Trasteos para la memoria como los de Guitarrero, un bravísimo toro de Hernández Pla en la Isidrada de 2002; sus puertas grandes en 2005 y 2006 con toros de Victorino y Alcurrucén respectivamente. En 2008 un trasteo con la mano izquierda a un toro de El Pilar. Esa misma feria, otra faena a un toro de Victorino en un día de lluvía y frío. Tres años después a un toro de El Puerto de San Lorenzo. En 2013 un faenón cimentado en el toreo al natural a un toro de Victoriano del Río llamado Verbenero... Busquen esas faenas y disfrútenlas. Los otros matadores fueron López Simón que el año pasado salió a hombros y la máxima figura, Andrés Roca Rey. Los toros vinieron desde La Goa, finca portuguesa donde pastan los toros de Parladé.
Manuel, que vestido de azul pavo y oro se enfrentó a un lote soso y noble. Estuvo correcto el diestro sevillano en dos faenas en las que aplicó a ambas reses lo que necesitaban. A su altura, sin exigirles ni obligarles. Los madrileños deseábamos una última vez, ver volar esa muleta con la mano izquierda como en las grandes tardes de antaño. Pero no pudo ser. La Tizona no funcionó y fue silenciado. Madrid le brindó una cariñosa ovación de despedida.
López Simón vistió de negro y oro en su primer paseíllo en esta feria. Cortó una oreja en el segundo de la tarde al que comenzó con unos estatuarios muy ceñidos. Le dio distancia y el toro repetía en sus embestidas con nobleza y prontitud. Mató de una estocada delantera. En el quinto, un mansazo que se defendía, le hizo una faena en los bajos del 7. Se pegó un arrimón y el público aplaudió su labor.
De canela y oro llegó Andrés. Ajustado con la hora, tuvo que bajarse de la furgoneta y cruzar a toda velocidad la explanada de la plaza. En su primero estuvo horroroso. Lo recibió con unas gaoneras y el toro le propinó una tremenda paliza llegando a herirle. Andrés se mantuvo en el ruedo. Un sobrero de El Conde de Mayalde que apenas fue picado. Abundaron los enganchones y mató de un infame bajonazo. Silencio. En el sexto la cosa cambió. El peruano fue poco a poco haciendo él al toro. Comenzó el trasteo con sus habituales pases cambiados y siguieron varias tandas muy profundas, donde hubo ligazón y una mano muy baja en la que arrastraba los flecos de la muleta por la arena. Al natural sacó unas tandas muy rotundas. El toro embestía noble y largo por ambos pitones. Madrid rugía. Finalizó su labor con unas bernadinas. Espadazo y dos incontestables orejas.



                         


                         

                         


Tras la apoteosis del peruano, el jueves 23 se lidió una corrida de Jandilla para Sebastián Castella (lila y oro), Emilio de Justo (grana y oro) y confirmaba alternativa Ángel Téllez (tabaco y oro). 22.000 espectadores en tarde ventosa. La corrida que trajo desde Don Tello Borja Domecq, defraudó.
Sebastián Castella inició al primero de su lote con unos doblones. Manso de condición, Castella lo intentó por ambos pitones. Trató el galo de dar un poco de sitio para que el toro fuese un poco más a su aire. Estocada honda y silencio para el de Béziers. En el cuarto, comenzó su faena con su característico pase cambiado que emocionó por su justeza y riesgo. Complicado este toro, la faena bajó de intensidad tras varias series de derechazos aplaudidas por el público. Por el pitón izquierdo no hubo nada que reseñar. Se atascó con los aceros y fue silenciado.
Emilio de Justo se mostró firme y dispuesto en el tercero a pesar de las dificultades de esta res. Destacaron varios lances con la franela. Con la espada no estuvo acertado y también fue silenciado. Soso y rajado el quinto toro, poco pudo hacer el extremeño.
Confirmó la alternativa Ángel Téllez. Le vi un poco sobrepasado ante este exigente examen madrileño. El primero fue un toro manso y que salía suelto tras cada lance. Intentó una y otra vez pero poco pudo hacer. Pinchó dos veces antes de cobrar una estocada. Desbordado ante el encastado que cerró la tarde, se llevó un susto tras comenzar la faena citando al animal a treinta metros de distancia. Silencio en sus dos toros.


                         



                          




                          


(Fotos: Las Ventas)

El viernes 23 se agotó el papel un día mas para ver a "El Juli" (tabaco y oro) a Paco Ureña (malva y oro) y a David de Miranda (blanco y oro). Paco volvía a Madrid tras su percance en Albacete al final del verano y David se presentaba como matador de toros ante la afición venteña tras muchos meses postrado en una cama a causa de una grave lesión producida por un toro. Desde la finca "Lo Álvaro", trajo Juan Pedro Domecq un encierro flojo e inválido. Destacó el 6º de nombre Despreciado. El viento sopló con fuerza toda la tarde.
"El Juli" pasó inédito en su primera comparecencia madrileña, al no tener opciones ante un lote absolutamente inválido. En el cuarto, un toro al que se pedía con insistencia su devolución, el presidente lo mantuvo en el ruedo y bien avanzada la faena de muleta, Julián miraba tras cada serie de muletazos al palco a ver que hacía el usía. El presidente asomó el pañuelo verde autorizando a cambiar al toro y empezar de nuevo. Una vez más, Las Ventas estalló. Costumbre es que sólo se puede cambiar un toro hasta banderillas y si se devolviese el toro, el matador no tiene derecho a un sobrero. Indignación monumental en los tendidos de la plaza. De poco sirvió pues el sobrero fue igual de pésimo que el toro al que sustituyó.
Paco Ureña saludó una gran ovación al romper el paseíllo. Torero querido en Madrid, hacía ilusión volver a verle torear en la Villa y Corte. Comenzó bien a la verónica y muy torero fue el inicio por doblones. En esta faena destacaron varios naturales varios largos y profundos. Con la derecha buscaba siempre la colocación. Mostró muchas ganas el lorquino en su reencuentro con Madrid. La estocada se fue baja y dio una vuelta al anillo. En el quinto, cortó una oreja a un toro desclasado e incierto. La estocada cayó bajísima. Madrid estuvo muy cariñosa y premió al murciano con un trofeo.
El onubense David de Miranda, saboreó la gloria de lo que es cruzar una Puerta Grande en Madrid. Tapado y por el que pocos apostaban, en el toro de su confirmación se las vio con un animal flojo y desrazado. Se lució en un quite por saltilleras e inició por estatuarios. Cerró la tarde ante Despreciado, el único toro interesante del festejo. Picado en demasía, aún tuvo gas para aguantar la faena de muleta. Fue un toro con un gran pitón derecho. Comenzó el trasteo citando al toro a treinta metros de distancia. El viento arreciaba y David estuvo muy firme. Ligó varias tandas por ambos pitones y lo fulminó de una gran estocada. Dos orejas y en volandas se lo llevaron camino de la calle de Alcalá. Apunten a este torero y no le pierdan de vista.
Tengo que dedicar unos renglones para hablar de una puerta grande. Salir a hombros en Madrid es una paliza para cualquier matador. La falta de respeto y de educación por parte de los aficionados es intolerable. Absolutamente vergonzoso. Ver pasar a un torero a hombros por ese arco múdejar y admirarle es algo imposible en Madrid. La gente se lanza a arrancarle los machos, las hombreras... Se lo hicieron a Esplá en su despedida en 2009, a Talavante en 2013, a Perera en 2014, a Álvaro Lorenzo en abril y a Diego Urdiales en octubre del año pasado... A Andrés, que llevaba una cornada en el muslo, le llegaron a tirar al suelo. Después de jugarse la vida ante dos bichos de media tonelada, tienen que vérselas ante cientos de animales desesperados por conseguir unos míseros alamares. David tampoco se salvó. Llegaron a tirar de la castañeta al joven onubense. Toda esa gente que suele recriminar a aquellos que protestan durante las faenas y que piden respeto, son esos que luego se jactan de haber conseguido unos hilos del vestido a costa de empujones y tirones. Se deben tomar medidas drásticas.


                         







             


(Fotos: Las Ventas, Pablo Cobos y Adrián Alonso)



El sábado 25 vino desde el campo charro un encierro de la ganadería de Pedraza de Yeltes. Hierro que en otros sitios, véase el sur de Francia o el norte de España siempre le suelen salir las cosas pero en Madrid no termina de romper. En cuanto al juego de las reses, cumplieron en el caballo y de la presentación hay que decir que vino muy justita. Nobles y sosos para la faena de muleta. Pedraza defraudó. Los matadores que torearon este día fueron Octavio Chacón (verde y oro), Javier Cortés (blanco y oro) y Juan Leal (blanco y oro). 16.472 espectadores.
Juan Leal destacó en el segundo de la tarde al que dio distancia en varias series de muletazos. A medida que avanzaba la faena se fue arrimando y ahogando al animal. Acortaba distancia en un toreo muy encimista. El toro le avisó y Juan siguió. Tras una tanda más, el burel acertó y le hundió el pitón 25 centímetros. El diestro francés aguantó unos minutos más. La estocada tuvo mala colocación pero a pesar de ello, Madrid le dio una oreja que a juicio de muchos, fue muy barata.



                       

                       

                       


El domingo 26, en un cartel de seis rejoneadores se cortaron tres orejas a cargo de los caballeros Martín Burgos, João Moura y João Telles. Un festejo que duró dos horas largas.
Finalizada la segunda semana, arrancaremos el lunes con un encierro de La Quinta y la actuación de Ángel Jiménez, un chaval de Écija en el que tengo mucha ilusión. El plato fuerte de esta semana será sin duda el homenaje al encaste Albaserrada en el que el día grande será el jueves, ya que Roca Rey se verá las caras por primera vez con estos toros ásperos y encastados. Que haya suerte.

sábado, 23 de febrero de 2019

Emilio empieza fuerte.

Tras las ferias de Ajalvir y Valdemorillo, hoy se había programado un nuevo festejo en la Comunidad de Madrid, en este caso en el popular barrio de Carabanchel, en el llamado Palacio Vistalegre.
Un cartel con un torero en retirada y otro en renacimiento, El Cid y Emilio de Justo. Tras dos décadas de alternativa y grandes tardes en muchas plazas Manuel este año deja de torear. En el caso de Emilio, tras un parón en su carrera donde los pocos festejos que toreó estuvieron repartidos en pueblecitos de su Extremadura natal y Francia, volvió a resurgir el año pasado haciendo una temporada jalonada de triunfos culminada con una puerta grande en Madrid recordada sobretodo por dos estocadas sensacionales.
El ganado fue variado de encastes y de comportamientos: dos reses salmantinas de El Puerto de San Lorenzo, dos Albaserradas de Victorino Martín y dos toros de Parladé.

El Cid, vestido de azul y oro recibió una cariñosa ovación por parte de los aficionados madrileños.  Quiso pero no pudo, a su primero lo alanceó con gusto a la verónica y al tercero de la tarde, herrado con la A coronada no pudo con él, un gran toro; Morisco era su nombre, y aunque Manuel si que le sacó algunos derechazos ligados, tras unos desarmes se fue a por el acero. Escuchó una ovación y en sus otros dos toros del lote no dejó nada que merezca ser contado.
Emilio de Justo, con un terno blanco y oro inició la que muchos deseamos sea una temporada rotunda que afiance lo conseguido el año pasado y se consolide en el escalafón. Ha dejado una tarde importante, en la que ha destacado su toreo de capote y las dos caras mostradas ante dos toros de diferente embestida y comportamiento: su solidez y valor ante un exigente y muy difícil toro de Victorino al que le avisó varias veces y llegó a librarse de un percance, y el gusto y torería en el toro que cerraba la tarde. Tras varias tandas repletas de gusto, naturalidad y un torerísimo cierre con la mano izquierda de frente y a pies juntos rubricó con una soberbia estocada que hizo que la faena fuese premiada con dos orejas.

                         


                           (Foto: Arjona)