Mostrando entradas con la etiqueta Crónicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crónicas. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de mayo de 2026

Silencio.

En silencio, así se quedó la plaza durante la faena de Emiliano Osornio al cuarto novillo. Este martes 26 se vivió la última novillada de esta feria de San Isidro. 
Qué pena que a unos toreros les canten todo y a otros no. Este mejicano de 23 años el pasado mes de septiembre actuó en Villaseca de la Sagra dando un fuerte toque de atención. Ya venía pisando fuerte durante el verano y todo lo que se hablaba de él lo certificó en ese pueblo manchego. Un toreo puro y clásico que dejó un excelente sabor de boca. Desde entonces nos quedamos con su nombre y le hemos seguido para ver su evolución. 


De verde y oro saludó a Guardamonte, un novillo de El Conde de Mayalde de 505 kilos con unas preciosas verónicas, echando los vuelos y embarcando al animal con la bamba del capote. Las zapatillas asentadas, el mentón hundido. El resto lo hacían hombros, codos y muñecas. Fue un ramillete de lances que pocos jalearon. ¡No se puede torear mejor a la verónica! Incomprensiblemente la plaza guardó silencio.


La faena de muleta comenzó con un ayudado por alto y unos trincherazos de muchísimo gusto.  Toreó por ambos pitones, dando el pecho, citando de frente y llevando el animal hasta detrás de la cadera. Fue cambiando la muleta de mano durante la faena. Las tandas fueron alternándose por cada pitón demostrando que sabe manejar la franela. El novillo tuvo clase y boyantía. Una embestida muy pastueña que permitió al de Toluca torear con suavidad y mucho temple. Aunque faltó colocación y algo de ligazón, los muletazos tuvieron mucha enjundia. Y los muletazos de frente y a pies juntos tuvieron mucho peso. La plaza, incomprensiblemente, guardó silencio.


Para mí, era de dos, no se puede estar mejor. Un faenón emborronado por un pésimo uso del acero. Madrid en pie tendría que haber ovacionado a un muchacho que dejó unos muletazos magníficos. Pero Madrid, incomprensiblemente, guardó silencio.


¡Ay si esta faena la hiciera algún torero artista! Las redes arderían y correrían ríos de tinta, pero no. La ha hecho un adolescente mejicano que quiere ser torero. Y puede, con esas formas y una buena espada (que todo llegará), solo falta esa pizca de suerte. Por él no va a ser. Tras unas primeras novilladas en las que no redondeó su labor, ha venido a san Isidro y ha toreado como los ángeles. Pero nadie se enteró. Madrid, incomprensiblemente, guardó silencio.




(Fotos: Andrew Moore, Plaza 1, Javier Arroyo y Alvarado)





PD: este blog está disponible tanto en el canal de Telegram (https://t.me/berrendoencardeno) como en WhatsApp (https://whatsapp.com/channel/0029Vb23DCjBA1f1UMe9D43S)





martes, 12 de mayo de 2026

Tarde memorable de Álvaro Serrano.

En septiembre me acerqué al pueblo toledano de Villaseca de la Sagra para ver un festejo del prestigioso certamen Alfarero de Oro donde compiten los novilleros punteros de cada temporada. Tenía ganas de ver a Javier Zulueta, un novillero de clásicas maneras. Hete aquí que le vi sin ganas y anodino. Absoluta decepción. De esa tarde volvimos a casa hablando maravillas de Tomás Bastos, un torero portugués que nos dejó un excelente sabor de boca y barrió a sus dos compañeros. Desde entonces confiamos en que mostrase este chico en festejos sucesivos esas mismas cualidades que hicieron poner de acuerdo a toda la afición.

En esta primera novillada de San Isidro estaba anunciado este muchacho de Vilafranca de Xira junto a Martín Morilla (anunciado casualmente también en dicho pueblo) y Álvaro Serrano. Si en aquel pueblo toledano vimos a Tomás Bastos barrer a sus compañeros, este lunes 12 Álvaro Serrano sencillamente, los borró del mapa. 

Álvaro hizo lo que tiene que hacer un novillero. Mostrar disposición y ganas. Que por cierto ya lo hizo hace unos días, el 1 de mayo concretamente, pues ese día se presentó en Madrid y su actuación fue un aviso muy serio de cara a esta actuación ya en la novillada ferial. En sus dos novillos fue un derroche de actitud. Con el capote y la muleta. Fue una tarde lluviosa y sobre todo de mucho aire, lo que hizo fue aumentar la importancia de la actuación de este chico de Navas del Rey. 


Se abrió de capa y toreó por unas preciosas verónicas rodilla en tierra. En el tercio de varas mostró frescura, ideas y conocimiento, tanto de la lidia como de las suertes del toreo para llevarlo al caballo o para sacarlo de él. No perdonó ni un quite: delantales, caleserinas, chicuelinas... La faena de muleta tuvo muchísima emoción. El viento bamboleaba con violencia las telas pero este chico no se arredró. Asumió que había que jugársela fuera como fuese. Tanto con la derecha como con la mano izquierda pegó unas series de muchísimo calado. La firmeza, la torería, la colocación... A pesar de su corto rodaje, mostró un oficio impropio para alguien que está empezando. El novillo no lo puso fácil pero Álvaro sorteó con mucho valor las exigentes embestidas de Cartero. Rubricó la obra con un espadazo que fue premiado con una oreja. Se pidió con fuerza la segunda, incomprensiblemente el presidente hizo oídos sordos.


Salió en sexto lugar Molinero, y Álvaro volvió a demostrar que no está dispuesto a perder el tren. Si Cartero tuvo picante y no menos dificultades, Molinero fue para hincharse a torear. Una clase excelsa. Con fijeza y nobleza acudió a las telas del madrileño. Fue una faena de las que Madrid nunca se olvidará: el pecho por delante, los cites siempre en torero; como dicen los cánones: Álvaro templó, mandó y ligó unos ramilletes de muletazos extraordinarios. Entre tanda y tanda surgieron remates preciosos como los desprecios y unos trincherazos soberbios. Y lo mejor que hizo Álvaro: medir las faenas. Cortas, breves y rotundas. ¡Eso es lo que queremos! Yo creo que Álvaro tomó nota de lo que hicieron Curro y César el pasado mes de otoño y pensó: si con quince muletazos se puede dejar huella en Madrid, yo también lo puedo hacer. Y así fue, dejó dos faenones que nadie olvidará. Que tomen nota el resto de novilleros. Mejor no se puede hacer.


Como queda dicho, Tomás, a escasos meses de su alternativa y Martín Morilla pasaron sin hambre por Madrid. De Tomás se esperaba mucho pero visto estuvo que no quiso. Las ganas que mostró en Villaseca se aguaron hace tiempo. Incomprensible. Alguna colleja debieron recibir. Un novillero puntero no puede dejar pasar tal oportunidad. El tren pasa una vez y si la pierden, luego lo lamentarán. Incluso cuentan que en los micrófonos al acabar, Tomás andaba contrariado. ¿Qué quieres? ¿Quieren un lote con más clase y ritmo que el que tocó ayer en Las Ventas? Fue una tarde donde se pudieron haber visto muchas más orejas de las que se cortaron. Álvaro podía haber cortado las cuatro orejas, y sus compañeros, de haber apretado un poco, alguna puerta grande más habríamos visto. El encierro de Montealto embistió con bravura y mucha fijeza. El mayoral, emocionado, respondió a la ovación que le tributó la afición madrileña al acabar el festejo. 

La gloria le esperaba. Álvaro cruzó por primera vez esa puerta grande en loor de multitudes. Este jovencísimo madrileño apunta alto y tiene un año para demostrar que si le dan cancha, en Navas del Rey hay torero. Él se lo ha ganado y ahora el balón está en el tejado de los empresarios. Apunten este nombre y vayan a verle. Un torero así no se puede desperdiciar. Es de justicia. ¡Enhorabuena, Torero! 





Fotos: Las Ventas y Andrew Moore.




PD: para no perderte ninguno de mis artículos, este blog está disponible tanto en el canal de Telegram (https://t.me/berrendoencardeno) como en WhatsApp (https://whatsapp.com/channel/0029Vb23DCjBA1f1UMe9D43S)






viernes, 17 de octubre de 2025

...Y la apoteosis como colofón a este 2025.

Con la resaca emocional de los siete toros matutinos y tras una comida con la que repusimos fuerzas para cerrar este 2025 con los últimos seis restantes vespertinos, volvimos a nuestros escaños para despedir a un maestro. Fernando Robleño dijo adiós. Curtido en mil batallas, Fernando se batió el cobre con lo más duro del campo bravo: Victorinos, Palhas, Adolfos, Murteiras, Cuadris, Oleas, Guardiolas... y en Céret, Vic-Fezensac, el Valle del Terror... una lista que asustaría al mismísimo miedo. Se curtió y triunfó con ellas, pues su historial luce triunfos tan rotundos como por ejemplo dos puertas grandes en Madrid con toros de El Conde de la Maza y Victorino Martín en 2002 o la tarde en solitario ante seis toros de la exigente José Escolar en la citada francesa de Céret en 2012. Seguramente habría disfrutado de más triunfos y más salidas a hombros si no fuera por el mal uso del acero, algo que ha sido una tónica en su carrera. Los fallos con la espada, sobre todo en momentos clave, lastraron la carrera de este bravo torero madrileño.

Comenzó el paseíllo y tras los acordes del himno nacional, la plaza tributó una fortísima ovación a los tres espadas: Morante de la Puebla, Fernando Robleño y Sergio Rodríguez salieron a la segunda raya a agradecer el aplauso de la afición venteña.

Para dejar las emociones para el final empezaré con Sergio. Así que invertiré el orden de la terna. El abulense vistió un blanco y oro pues confirmaba alternativa. Vino a Las Ventas con la vitola de ser el triunfador de la Copa Chenel. Partidarios del muchacho vendrían, no lo dudo, pero era un convidado de piedra ante la que se venía encima: torear con Morante después de su excelso 2025 y más aún con los ecos del festejo de la mañana y con Fernando, que se despedía, equivalía a asumir que estaría en un segundo plano. Mostró sus cartas y lo intentó, pero mucho caso no le hicieron. Su lote no fue un dechado de bravura. Cumplió con decoro intentando demostrar por qué se había merecido esa oportunidad. Pero poco pudo lucirse. Las mansotas embestidas de los dos toros que le tocaron en suerte y un público extasiado con la cabeza en otro sitio por todo lo que había pasado, hizo que la actuación de Sergio en Madrid fuera algo prácticamente secundario.


Con un precioso grana y oro Fernando cumplió su último paseíllo en Madrid: han sido 59 tardes, 12 orejas, 2 puertas grandes y 13 vueltas al ruedo. Lo hizo con una ganadería muy diferente a las anteriormente citadas: Garcigrande. Poco juego dio su primer toro. Soso y noble, permitió a Fernando dejar unas breves pinceladas de su toreo. Y cerró su impecable trayectoria con un toro que fue de los mejores de la tarde. En quinto lugar salió Tropical con el que el de San Fernando de Henares brindó un toreo relajado y clásico. El toro fue bravo y Fernando lo exprimió. No se cansó de embestir. Acostumbrado a la batalla, pudo mostrar su toreo más artístico. Se lució en un manojo de verónicas rubricado con una gran media verónica. También se gustó en un magnífico quite por chicuelinas muy ceñidas y de mano baja. Madrid aplaudió con fuerza. Tras el brindis, en la faena hubo gusto y torería. Los momentos más álgidos vinieron con la mano diestra. Con las zapatillas asentadas y erguida la figura, las series de muletazos que dio a Tropical tuvieron mucho fuste. Robleño sacó su mejor versión y un último triunfo se podía avecinar... pero volvió a pinchar. Cortó una oreja y dio una clamorosa vuelta al ruedo. La emotiva vuelta tuvo como epílogo el corte de coleta. Sus hijos, que estaban en una barrera, saltaron al ruedo para cortar la castañeta a su padre. Maestro en lides, con Madrid como base de sus temporadas, gladiador con los toros más ásperos, conocedor de todos los encastes... así acabó la carrera de un torero honrado. Gracias por tanto, Maestro.



Morante vistió un lila y oro. Si por la mañana homenajeó a Chenel de diferentes formas, esa tarde le volvió a recordar con ese lila que tantas veces lució el maestro Antoñete. Actuó como padrino de Sergio, por lo que el de La Puebla toreó en segundo y cuarto lugar. Ni fu ni fa en su primero. Le cantaron todo, le jalearon todo y dio un mitin con la espada. Su primer Garcigrande fue un toro destartalado y grandote. De imposible comportamiento. José Antonio abrevió y fue silenciado. Salió Tripulante en cuarto lugar con el que el sevillano necesitaba dirimirse. Recibió al toro con un soberbio ramillete de lances de capote y en uno de los compases de la lidia sufrió una voltereta que le dejó muy dolorido. La caída fue pavorosa. Los gestos de dolor eran evidentes y José Antonio aguantó unos minutos en el callejón hasta reponerse. La plaza estalló cuando cogió el capote para volver al ruedo. Se repuso y pegó otro manojo de lances con los que la gente se puso en pie. A pesar de la voltereta, el sevillano se sobrepuso y realizó un trasteo sólido, rotundo y muy torero por el lado diestro, cosa que no pasó con la izquierda. Con extremo ajuste, como ya hiciera con el capote y por eso recibió el fuerte porrazo, se pasó al toro por la barriga en un palmo de terreno y ligó con buen trazo varias series de derechazos. Dicen que no es valiente, pero Morante se ha pasado al toro a unas distancias que hace tiempo que no vemos en otros muchos matadores. Por el contrario, como ya queda dicho unas líneas antes, con la otra mano la faena bajó mucho. Algún que otro enganchón, pases sin enjundia alguna a un animal que por ese lado no rompió a embestir... Sin ningún fundamento lo que ocurrió con la mano zurda, la obra quedó pobre, inacabada. A pesar de ello, surgieron una vez más torerísimos remates como los trincherazos, algún que otro pase de pecho o la graciosa serpentina. Quedaba finalizar, escribir un epílogo que quedase en la memoria. Morante acabó con Tripulante con un excelso volapié. Magistral. El toro rodó sin puntilla y presto el presidente ante la petición de un público totalmente embelesado concedió las dos orejas.


Tras la vuelta al ruedo Morante se dirigió al centro del mismo para cumplimentar tanto al palco como a la afición antes de meterse en el callejón para dejar a Fernando seguir el festejo con el quinto toro. Pero de repente y tras el saludo... Se llevó las manos a la nuca para quitarse la coleta. Las Ventas pasó de la más atronadora ovación a un silencio sepulcral. La plaza enmudeció. - ¡No puede ser!, decían unos. - ¿¡No será verdad!? se lamentaban otros... ¡SE VA! ¡MORANTE DEJA DE TOREAR! Con lágrimas en los ojos, Morante cruzó la arena de regreso al callejón. No solo las suyas, pues más de uno no aguantó la emoción del momento. Tras su excelsa temporada Morante ponía punto final a una trayectoria soberbia. Con altibajos, con momentos que son páginas de oro en la historia del toreo, con faenas absolutamente maravillosas, con tardes de bronca despedido a almohadillazos. Una trayectoria marcada por el cénit de Sevilla cuando cortó el rabo en 2023. Desempolvó suertes del toreo que no eran conocidas ni por muchísimos matadores, cuando ponía banderillas lo hacía con gracia y majeza, sus vestidos marcaban diferencia con los del resto; durante la dramática pandemia toreó cien tardes para sacar adelante la difícil situación, su carrera estuvo marcada por sus enfermedades mentales... Morante ha sido diferente. Por distintos motivos se fue varias veces y volvió otras tantas, pero esta ocasión más explicita no podía ser. En su mejor momento artístico. Además por la puerta grande de la catedral del toreo. ¿Qué más se puede pedir? ¿Qué más puede conseguir? Con corte de coleta y sobre todo sin anunciarlo a nadie. Así, de sopetón. Como deben ser las grandes despedidas. Mucho más torero. Mil veces más emotivo. Sin anunciarlo previamente para rascar contratos como muchas veces se ve. Por edad como trayectoria muchos sabíamos que era cuestión de tiempo. Pero no así de repentina. Se fueron Enrique y Julián, y Morante ha sido el siguiente en dejar hueco a los que vienen detrás. La afición lloró y más de un empresario se tendrá que devanar la cabeza pensando cómo ocupar su hueco a la hora de confeccionar las ferias el año que viene. El vacío es inmenso. Así son los genios: únicos, diferentes. 





El toreo obsequió a Fernando cerrar el círculo. Morante le dio la alternativa una veraniega tarde de hace 25 años en Torrejón de Ardoz y Morante le acompañó en su despedida. Y no sólo eso, pues se fue con él. El ahijado fue llevado a hombros por sus partidarios por el patio de caballos y el padrino por la puerta grande. Fue una puerta grande apoteósica. Pero dura y exigente. Le vapulearon y zarandearon. La muchachada se abalanzó sobre él para arrancarle el traje. Primero saltaron al ruedo cuando aún Sergio estaba esperando a que las mulas se llevaran al sexto toro. Les daba igual. Se acercaban al callejón cuando aún los mozos de espadas recogían capotes y muletas. Cuando los banderilleros se despedían unos de otros. Les daba igual que Sergio no se despidiera del presidente o tuviera que abrirse camino entre una imberbe muchachada. Los más fervientes seguidores en otras épocas del toreo arrancaban las moritas que adornan las hombreras del vestido. O, si acaso, los machos. Ahora no, ahora hay que descuartizar el vestido: arrancar los alamares, las hombreras; hay que hacer lo que sea por un recuerdo de seda y oro. Esplá en 2009, Talavante en 2013, Perera en 2014... y ahora, Morante. Puertas grandes recordadas por el salvajismo de muchos indeseables. Añado que no creo que haya algo más bello que una puerta grande nocturna. Los destellos de los fotógrafos iluminaban la comitiva hasta que llegaba a la furgoneta. Ahora un mar de móviles iluminando con el "flash" rodea al torero quitando el embrujo de una triunfal salida cuando ya ha anochecido. Y para poner la guinda a una noche tan antológica, algún impresentable majadero del Ministerio del Interior ordenó desplegar a la UIP para impedir que Morante fuera llevado a hombros al Wellington por Manuel Becerra como intentó suceder el pasado san Isidro. Cuando a lo sumo en una corrida de toros hay un par de coches de la Policía como cualquier evento público, esa noche se contaron (cosa antes jamás vista) hasta cinco o seis furgones tras acabar el festejo precedidos por una muralla de antidisturbios dispuestos a zurrar sin piedad al que primero pisare el asfalto. Como si fuéramos delincuentes. Asqueroso, repugnante. Nos pudimos resarcir y fuimos a Velázquez. No queríamos irnos sin darle un último adiós, un último agradecimiento a un torero único, genial y absolutamente irrepetible. Con un carril cortado por la Policía, un grupo de aficionados, con la melancolía de tan triste noticia nos reunimos en los aledaños del hotel Wellington para sacar a José Antonio al balcón de su habitación y dedicarle una despedida más: el salió, y tras besar la bandera nacional, con un gesto emocionado movió el brazo para decir adiós por última vez. Gracias por tanto; lo bueno y lo malo. Gracias José Antonio. 




No solo Morante y Robleño se despidieron del toreo. Alguien más dijo adiós. En silencio y sin celebraciones, se fue Florencio Fernández Castillo, que si ese nombre no le suena, seguro que si digo "Florito", sí. Con sus aciertos y fallos, ha sido pilar clave en los corrales de Madrid desde que entró, de la mano de Chopera, en 1986. En la trastienda de la plaza, se le veía tímido, prudente, sin darse coba y siempre rodeado de su equipo las mañanas de apartado. Toda una vida como máximo responsable de lo bueyes de Madrid. Pericia, paciencia, conocimiento... Un deleite verle manejar los bueyes. De no ser por él, muchas tardes de varios sobreros habrían sido más largas. Los bueyes hablaban por él. A ellos les daba protagonismo. Siempre alejado de los focos. Siempre discreto, en segunda fila. Nunca alardeó, nunca quiso destacar. Se va un personaje clave en la historia de Madrid de las últimas cuatro décadas. Una vida entera entregada al toro bravo. Deja su cargo como responsable de los corrales de Madrid aunque seguirá ligado el toro bravo. Su hijo toma el relevo. No creo que el pupilo pueda tener mejor maestro. El listón está altísimo.



PD: para no perderte ningún artículo, este blog está disponible tanto en el canal de Telegram (https://t.me/berrendoencardeno) como en WhatsApp (https://whatsapp.com/channel/0029Vb23DCjBA1f1UMe9D43S)





martes, 14 de octubre de 2025

Una jornada de ensueño: tres lecciones magistrales...

 Trece toros, cuatro salidas a hombros, faenas de cante grande, tres viejas glorias reverdecieron laureles, dos despedidas y una sorpresa que ha dejado helada a toda la afición. Así se podría resumir fugazmente una jornada absolutamente apasionante. Lo que vivimos el 12 de octubre de 2025 en la plaza de Las Ventas fue indescriptible. 

Por la mañana se celebró un festival para sufragar los gastos de una estatua que se levantó en honor de Antoñete que el día antes fue inaugurada en la explanada de la plaza. Hermoso de Mendoza, Curro Vázquez, Carlos Escolar "Frascuelo", César Rincón, Enrique Ponce y Olga Casado fueron los que acompañaron a Morante de la Puebla como alma máter de este festival. 

Los festivales siempre fueron la oportunidad de ver a las figuras retiradas, donde éstas actuaban para deleite de la afición y sobre todo para dejarse ver por aquellos, que por edad, no tuvieron la fortuna de verles cuando estaban en plenitud. Desde hace un tiempo los festivales los ocupan las figuras del momento y salvo alguna ínfima excepción, ya no se ven a los grandes maestros de años pasados.

Inauguró esta maratoniana jornada torera el caballero estellés. Quiso pero no pudo. Un novillo soso y de poca fuerza de Niño de la Capea condicionó la faena. Pablo intentó sacar agua de un pozo seco. El momento álgido de la faena fueron las "hermosinas", que él mismo inventó y consiste en que el caballo va haciendo quiebros al toro mientras éste le persigue a la grupa. Por el mal uso del rejón, saludó una ovación.


Los tres siguientes capítulos fueron una enseñanza de torería, de raza, de valor, de conocimientos... Cada uno de los siguientes maestros sacaron a relucir aquello que les hizo destacar en sus épocas de máximo esplendor. Empezaremos con Curro Vázquez, que a sus 74 años nos hizo viajar en el tiempo. Volvimos a los 80. El rubio torero de Linares, como era conocido este jiennense, nos hizo emocionar. Rugió Madrid. Curro huele a torero. Sus andares, sus gestos, su manera de ir y salir de la cara del animal... ¡Qué tomen nota los aspirantes a matador! Con el capote pegó una excelsa verónica que caldeó el ambiente y cerró con la media (abajo en la foto) que puso Madrid en pie. La faena de muleta fue compendio de pureza, empaque y clasicismo. Para el recuerdo quedarán los ayudados a media altura y los pases de trinchera. Entró a matar como si fuera un novillero en un certamen. Fue una soberbia y bellísima demostración de cómo cortar dos orejas en Madrid sin necesidad de infinidad de pases insustanciales: un puñado de muletazos rezumando magisterio más un monumental espadazo, fueron la receta para emocionar a 24.000 personas. No se dejó nada en el tintero. Curro de Madrid paseó, feliz y pletórico, las dos orejas.


El siguiente maestro en explicar la lección fue Frascuelo. Vino en sustitución de Julio Aparicio. A sus 77 años, Frascuelo puede gozar del privilegio de ser el torero más veterano que ha pisado la arena madrileña. Le tocó un novillo áspero y difícil, que en algún que otro apuro le hizo pasar, aún así vino este matador con la gallardía y ardor de un principiante. A base de raza y amor propio, pudo pegar al exigente novillos muletazos con su personal concepto del toreo. Un maestro es alguien ducho en un arte; experto y experimentado. Demostró su sapiencia torera y a pesar de las complicaciones, Carlos bregó con mucha torería las bruscotas embestidas del novillo salmantino y dio una clamorosa vuelta al ruedo. 


Yo creo que a sus 60 años César Rincón vino con la misma, o incluso más ilusión que cuando empezó su ascensión a la cumbre del toreo cuando cumplió su primer contrato en San Isidro del 91. Así toreó con el capote. Con sesenta años volvió a demostrar por qué los aficionados más mayores le recuerdan con pasión. ¡Qué belleza es ver galopar un animal bravo! ¡Qué emoción da ver a un torero citar a un animal a cuarenta metros y torearlo con ese ajuste y esa entrega! Sinceramente no sé que es más significativo de contar: ver cómo Rincón fue César del toreo una vez más y rindiera a sus pies su plaza de Las Ventas o ver a toda esa muchachada imberbe de 3º de la E.S.O. en las gradas de sol absolutamente ojiplática intentando asimilar lo que había ocurrido en el ruedo en esa primera mitad del festejo... Unos alucinaban con la excelsa torería de Curro; otros, intrigados en por qué el incombustible maestro Frascuelo recibía ese inmenso cariño por parte de los aficionados más veteranos y, otros con cómo Rincón templaba las embestidas de un animal que venía galopando a 40 metros de distancia. Fue un total deleite. Tres lecciones de maestros que vivieron una época en la que ninguno se parecía a otro. Ni querían. Cada uno tenía sus armas y su personalidad. Y la abundancia de encastes y ganaderías reforzaba que cada torero fuera diferente al resto. Ahora todos usan los mismos quites, hacen los mismos gestos, empiezan y cierran las faenas de la misma manera... Y les da igual. ¡Que tomen nota! Pero todos son admiradores de Morante... 

La plaza era un clamor. Ni de lejos los olés más rotundos que habré podido oír a lo largo de estos años se parecen a los que escuché en este festival en los tres primeros toros. Las Ventas retumbó. Se tiró con todo para acabar la obra y César vio su labor premiada con dos orejas. 



Y... ¿Qué decir de Enrique Ponce? Consumado maestro, el levantino cortó una oreja a un novillo noble y de buen juego. Preciso en alturas, terrenos y distancias, Enrique exprimió al animal en los terrenos del tendido 6 y desplegó su tauromaquia una vez más en el ruedo de Madrid desde que se despidiera de esta plaza en octubre de 2024. Parecía que estaba en el salón de su casa, o en un tentadero. Suavidad y vuelos de las telas. Una faena exquisita. Un pinchazo previo a la estocada quizá castigó a Ponce sin el segundo trofeo. 


Mientras todos los actuantes se enfrentaron a novillos de Garcigrande, Morante, que siempre busca el sello de la distinción, quiso ir más allá y rizó el rizo homenajeando a Antoñete con un novillo de aquella ganadería con la que Antonio hizo historia en aquel San Isidro de 1966: Osborne. La llamada "faena del toro blanco" unió para siempre a Chenel y Atrevido. Y para más inri, quiso que fuera también un toro blanco para recordar aquel momento de hace ya 59 años. Y salió en 6º lugar Presumido, un precioso novillo ensabanado, alunarado, capirote y botinero que dio poco juego. Morante se abrió de capa y Madrid clamó. El novillo duró lo que duró pero fue más que suficiente para ver torear a José Antonio. Fue un trasteo de chispazos de muchísima calidad. Rubricó la faena con una estocada y el sevillano cortó una oreja. 

Cerró la mañana Olga Casado. Ni en sus mejores sueños pensó que compartiría paseíllo junto a leyendas de la talla de Frascuelo, Rincón y Curro. No sé si tomó nota o no de lo que presenció. Ella es la alumna y recibir en el mismo aula las lecciones, ya no solo de ellos si no también de Enrique y José Antonio, es un regalo que jamás olvidará. La inexperiencia de alguien que empieza se nota, pero con el rodaje de una temporada en la que ha podido torear un buen puñado de corridas, cumplió la papeleta; toreó con gusto a un buen novillo de Garcigrande y cortó las dos orejas.



Muchos se fueron porque el reloj marcaba la hora de comer, y los que nos quedamos seguíamos extasiados y pensando en cómo Curro, Carlos y César nos habían hecho disfrutar. Había que despedir a estos torerazos, había que agradecer a Morante implicarse en un festival histórico. Olga pudo disfrutar de su primer triunfo en Madrid.


Curro, César y Olga salieron por la puerta grande. Acabó una mañana de ensueño, pero aún quedaba la apoteosis...




PD: para no perderte ningún artículo, este blog está disponible tanto en el canal de Telegram (https://t.me/berrendoencardeno) como en WhatsApp (https://whatsapp.com/channel/0029Vb23DCjBA1f1UMe9D43S)





domingo, 8 de septiembre de 2024

Vergueto y Verdadero engrandecen el triunfo de Emilio.

A Valladolid me fui este sábado 7 de septiembre para ver cómo Emilio de Justo se encerraba con seis toros de Victorino una vez más, pues seguramente muchos no sepan o no recuerden que este torero extremeño ya se enfrentó en solitario con esta cárdena vacada otro 7 de septiembre pero de 2019 en la ciudad francesa de Dax y salió a hombros tras cortar cuatro orejas.

Enfrentarse en solitario a seis toros no es tarea sencilla, pues la dificultad de tal empresa exige una concentración total durante todo el festejo. Y hacerlo ante un hierro de este tipo, si cabe aún más. Las complicaciones que presenta el encaste Albaserrada hacen que muchos toreros duden ante estos animales (Ya lo dijo Dámaso Gómez: todos los toreros vacilan ante los victorinos). Por eso, un triunfo con esta ganadería, y aún más si se hace en solitario tiene mucho más valor: Andrés Vázquez, Niño de la Capea, Ruiz Miguel, Roberto Domínguez, Manuel Caballero, "El Cid"(por cierto, él y Emilio son de los poquísimos que lo han hecho en más de una ocasión), "El Capea"...
Unos pocos privilegiados saben lo que es tocar el cielo ante seis "victorinos". 

Mientras Misterioso, Vergueto, Porteño, Verdadero, Escrupulillo y Verdadero aguardaban en corrales, Emilio que llegaba a la plaza vestido de obispo y oro, y tras cruzar el ruedo acompañado tanto de las cuadrillas como los sobresalientes que en esta ocasión fueron Álvaro de la Calle y Fernández Pineda, respondió a la fuerte ovación que le tributó la afición. 

La tarde fue un compendio de la tauromaquia de Emilio. Manejó el capote con valor y precisión. Supo lidiar y acoplarse a las embestidas de cada uno de los toros. Como toma de contacto, dosificó el esfuerzo en el primer capítulo sabiendo que aún restaban cinco en los chiqueros. Firme el matador, se hizo con el toro en la faena de muleta y cerró la obra con un pinchazo. 

El segundo capítulo del festejo tuvo como protagonista a un animal muy bien presentado pero rajado y flojo. La poca fuerza de éste condicionó la lidia. Se lució con el capote el de Torrejoncillo y epilogó el trasteo con un precioso manojo de muletazos rodilla en tierra. La plaza estaba con él. Emilio fulminó de una estocada y fue premiado con dos excesivos trofeos. Fue una faena acelerada y en la que abundaron los enganchones. 

Tercer capítulo: Porteño. Encastado y fiero, propició una faena de cante grande. Emilio estuvo a la altura Fue este encuentro uno de los mejores momentos del festejo. "Cuajar un Victorino requiere poesía, valor y temple", eso dijo en una ocasión el gran albaceteño Dámaso González. Pues eso hizo Emilio. Bestia y hombre se acoplaron y ambos se engrandecieron. La bestia exprimió al hombre, y éste supo sacar todo lo que la bestia llevaba en sus 551 kilos de brava anatomía. Toreó con ritmo y despaciosidad las embestidas de aquel cornúpeta. Y se pasó el hombre a la bestia por la faja. Ajuste y acople en cada una de las series que realizó con ambas manos. Fue un faenón rotundo, macizo. De no fallar con el acero con la Tizona, habría cortado dos orejas de mucho peso. Todo quedó en una oreja para el hombre y una vuelta al ruedo para la bestia. 



                                      Así humilló Porteño.


Quedaban tres toros en los corrales de la preciosa plaza pucelana y Emilio seguía demostrando que aún seguía en plena forma para enfrentarse a los que saliese por el portón de los sustos. 

Cuarto capítulo: Fue éste un animal que no regaló ni una embestida y por el izquierdo no quiso saber nada. Por lo que de esta manera, basó de Justo la faena en la mano diestra. Sacó Emilio agua de un pozo seco y le robó con mucha valentía un puñado de derechazos. El toro se quedaba en los tobillos y se revolvía con rapidez buscando querer coger al matador. No se alargó el hombre y concluyó la faena fallando con la espada: una estocada caída tras pinchazo. 

Quinto capítulo: "El toro de Victorino llega hasta donde llegue el muletazo, no más allá" Luis Miguel Encabo dixit. Ya queda dicho que este encaste es muy especial. Su fiero y particular comportamiento en las telas exigen que los matadores den el doscientos por cien cuando están ante ellos. Ya lo dice el matador madrileño. Es un toro que obedece a los toques y sigue la muleta hasta donde diga el torero. Por eso los toques de muñeca para mover los avíos tienen que ser extremadamente precisos a la par que suaves. ¿Y por qué cuento esto? Por que este toro se revolvió con rapidez. Su casta puso emoción a una faena en la que Emilio tuvo que tirar de magisterio para dirigir y superar las oleadas de bravura de Verdadero. Otra de las particularidades de esta sangre es que no se suele dejar ligar las embestidas por lo que tras cada muletazo, el torero tiene que parar, colocarse y empezar el siguiente muletazo. Muchos detalles técnicos a tener en cuenta por toreros con conocimientos lidiadores y arrojo para superar estos ásperos comportamientos. No era la tonte del bote. Emilio, dando los muletazos de uno en uno, supo llevar a cabo la misión de torear a Verdadero y salió triunfante. Mató de una estocada y cortó otras dos orejas. 

Sexto capítulo: Apagado y soso, no dio opciones. Cedió un quite a Álvaro de la Calle. Quiso intentar un último esfuerzo pero viendo lo descastado que era, abrevió. A pesar de este pequeño borrón como epílogo, acabó una encerrona en la que se cumplió lo que Ortega Cano opina sobre esta ganadería: "el espectáculo está asegurado con un Victorino".

Fue una tarde para el recuerdo por la disposición de Emilio, por su valor y conocimientos taurómacos. Con el capote lidió las embestidas de todos ellos y se lució en un manojo de verónicas y unas chicuelinas de mano muy baja. Su muleta fue un látigo. Con los vuelos de ella templó y mandó las acometidas de los seis grises animales. Y con el acero demostró una vez más que es uno de los grandes estoqueadores del escalafón. Entra matar por derecho, con rotundidad y mucha entrega. Finalizo dando mi ovación a las cuadrillas: vi grandes puyazos, enormes pares de banderillas (se desmonteraron Pérez Valcarce y Morenito de Arles) y alguna que otra soberbia brega (la de Juan José Domínguez). Los de plata estuvieron más que a la altura. 

Llegó andando del hotel y volvió a hombros. Con cinco orejas fue en volandas hasta el hotel por las calles de la capital castellana.






 

lunes, 8 de abril de 2024

Una novillada de poco contenido.

Este primer domingo de abril unas siete mil y pico personas según la empresa acudieron a examinar a tres novilleros que se presentaban ante la cátedra venteña. Un pucelano, un riojano y un madrileño trenzaron el paseíllo para enfrentarse a seis utreros del hierro de Brazuelas. La presentación estuvo acorde a la categoría de la plaza pero en cuanto al juego fueron, en general, inválidos. Un rosario de animales blandos y sosos iban saliendo de toriles. El segundo fue potable y el sexto, a más durante su lidia. En quinto lugar salió un sobrero de María Cascón, al que se le protestó por sus constantes caídas. El segundo y el sobrero debieron ser devueltos. Habrá que acabar pidiendo a Íker Jiménez que movilice a su equipo a la calle de Alcalá para averiguar qué misterios ocurren en el palco de Las Ventas: ¿habrá un resorte que impide al Usía sacar el moquero verde? ¿tienen los presidentes de Madrid fobia a este color? ¿o directamente algún empleado de Plaza 1 lo ha escondido para que los sobreros solo aparezcan en el programa de mano? Preguntas sin respuesta...

Tercer festejo de la temporada y tercera oreja cortada: Ferrera en Ramos, Román en Resurrección y Tristán Barroso este domingo día 7. Cuatro pudieron haber sido si el presidente hubiera claudicado ante la petición en el tercero y hubiera premiado a Tristán con una oreja más, así que habría conseguido la primera puerta grande de este 2024. Pero no ocurrió. De malva y oro vistió este jovenzuelo de dieciocho añitos. Como no hubo premio, se dio Tristán una vuelta por su cuenta que supo a poco. Con menos fuerza que un borracho a la salida de la discoteca, ninguna opción dio al madrileño en los primeros tercios. Mostró buenas maneras el torerillo en la faena de muleta que gustaron a la concurrencia pero poco más. Se estrelló con un mulo. En corto y por derecho quiso realizar la suprema suerte para despachar a semejante animalito. Buena fue la ejecución pero no la colocación de la espada. Jaleado por su gente tras la negativa del palco, dio una vuelta al anillo. No hubo oreja en este novillo pero sí en el sexto como ya queda dicho anteriormente. A más fue el novillo, y a menos, el torero. Salió con pies el toro y para mostrar ganas, lo recibió con una chicuelina a portagoyola. Una larga de rodillas es lo que más acostumbrados nos tienen los toreros pero en esta ocasión cambió de suerte. Recordar que el malogrado Fandiño en alguna ocasión, hasta gaoneras realizó para recibir al toro... Si digo que el torero fue a menos, es porque esas buenas maneras que apuntó en su primer novillo, empeoraron en este. Faltó ajuste y toreo al natural ya que basó su obra en la mano diestra. Concluyó con unas postreras manoletinas sin estoque antes de un espadazo que también fue de mala ejecución. Con un bajonazo no se deben premiar faenas.... A pesar de todo, la gente no quiso irse sin su oreja diaria así que esta vez el presidente sí asomó el pañuelo blanco concediendo el trofeo a este joven madrileño.

Abrió plaza Daniel Medina. De los pasajes más destacados con la capa fueron suyos. Saludó al primer animal con un buen ramillete de verónicas. Y se lució con unas graciosas chicuelinas en un posterior quite al primero de Tristán. Ahí acabó la cosa. Dos auténticos marmolillos evitaron que el examen de este chico de Valladolid llegara a buen puerto. Dos silencios y un aviso fue el balance de su presentación. De veinte años. Lució un Rioja y oro. 

Fabio Jiménez vistió de corinto y oro. El de Alfaro se presentó en la Villa y Corte con veintiún primaveras. Poco que contar de un novillero que estuvo al hilo con el potable segundo. Mostró un toreó moderno y sin alma y también mató mal. El novillo tuvo ciertas oportunidades pero, por falta de ideas o lo que fuere, no lo vio claro. Ante el inválido quinto alargó innecesariamente y se puso un poco pesado. Y de igual manera acabó como Daniel: con dos silencios y un aviso volvió a casa.

Si en el primer día brillaron Fernando Sánchez y Miguelín Murillo y el domingo pasado Aurelio Cruz, en esta ocasión no hubo lucimiento por parte de las cuadrillas. Si acaso Raúl Ruiz, que pareó con soltura al que cerró el festejo. 

Ya queda dicho que los presidentes tienen un problema con devolver toros inválidos. Basta ya. Y un recado a la empresa: ¿Por qué no se mantiene a los abonados las facilidades que dieron en Semana Santa? ¿Por qué solo da derecho a una entrada? ¿Por qué solo hasta las dos de la tarde? Qué menos que facilitar la vida a los abonados que año tras año acuden a la plaza. 

    








lunes, 25 de marzo de 2024

Una clase sobre cómo banderillear.

Comenzó este Domingo de Ramos una nueva temporada en la plaza de Madrid. Con más de media plaza, sobre todo en los tendidos de sol, seis galanes de Cuadri llegaron desde Trigueros para ser lidiados por tres matadores curtidos en estas lides: Antonio Ferrera, Octavio Chacón y Gómez del Pilar.

Antonio, veterano maestro, es conocido por todos. Muchos años de alternativa y dos puertas grandes en Madrid luce su extenso currículum torero. Experto en lo más duro del campo bravo, mostró su sapiencia ante dos pavos de diferente condición. Al primero, un precioso castaño de nombre Sombrilla, lo lidió magistralmente con su horroroso capote azul después de saludarle con unas airosas verónicas. Anduvo con el toro los treinta metros que separan las tablas de la boca de riego en el centro del anillo llevando al bravo animal cosido a los vuelos de la capa.  Destacó un profundo natural que hizo brotar un ronco olé y ahí quedó la cosa. La casta que derrochó Sombrilla exigió a la par mando y poder pero zascandileó Ferrera y estuvo por debajo del toro. Marró la faena con el acero quedando silenciada su labor. 

Vestido de blanco y oro cortó la primera oreja del año en el ruedo madrileño. Trofeo que premió por su labor al cuarto de la tarde, de nombre Bagonero. Imponente fue este Cuadri. Un tren, como se dice en el argot. Con su personal estilo, conectó enseguida con el tendido. Su toreo arrebatado, sus naturales con la mano diestra... enganchan al espectador. La faena de muleta no tuvo momentos de altos vuelos a pesar de que con clase y prontitud acudía el animal a las telas del extremeño. Pero no redondeó la obra divagando por momentos como hizo en su primero. Aunque cayó baja la espada, el toro rodó en cuestión de segundos y el publicó premió a Antonio con un trofeo.

Octavio y Noé no tuvieron suerte con sus respectivos lotes, pero tampoco estuvieron predispuestos a zafarse con ellos. El gaditano vistió de azul y oro mientras que el torero madrileño vistió de grana. 

Si hay algo que destacar de los toreros es lo bien que manejaron el percal. Octavio paró al precioso segundo de nombre Pasajero y fue ovacionado por ello. Todo quedó en agua de borrajas pues el toro se apagó a medida que avanzaba la faena y el diestro gaditano abrevió. En el quinto la cosa no cambió y salvo una habilidoso puyazo por parte de Antonio Galván "El Bala" no hubo nada que contar. Silencio en ambos fue el resultado de su actuación.

Por su parte, el madrileño también fue silenciado. Se esperaba a Noé, pues es otro de los jóvenes que en este tipo de ganaderías se está abriendo un hueco por su valor y capacidad lidiadora. Ni tuvo toros, ni estuvo lucido de ideas. El sexto debió salir acalambrado, y para colmo, un paletillero puyazo lo descoyuntó. D. Eutimio mostró el pañuelo verde y salió un cárdeno Saltillo que derribó al jaco y que posteriormente hizo que las pasaran canutas los de plata en el tercio de banderillas. El animal se hizo amo del cotarro y Noé no consiguió meterle mano. Con un aviso y dos silencios Noé volvió al hotel. 

Mencionar que los toreros quisieron lucir los toros en el caballo. Cosa muy de agradecer. Con mejor o peor resultado, siempre es una belleza ver el galope de un toro al caballo de picar. Otra cosa que destaco en este primer festejo es la cuadrilla de Ferrera. Dos torerazos de plata: Fernando Sánchez y Miguelín Murillo. Valor y gallardía. Jugarse el tipo ante dos torazos imponentes. Poner banderillas a otro nivel. Citar con torería, clavar en la cara y poner la plaza en pie. Atronadora ovación a dos hombres que, independientemente de las condición del toro, saben lucirse en cualquier situación. También Ángel Otero saludó una ovación. Y aquí mi queja a la empresa. ¿Cómo es posible que de lo más torero que hubo en este primer festejo dominical, que fueron estos pares de banderillas se vean tan mal en el resumen de la web porque dieron más protagonismo a momentos absolutamente intrascendentes? Qué pena. De hecho, con poner estos instantes y los pasajes de capote habría sido un resumen más que aclaratorio de este Domingo de Resurrección en la plaza de Las Ventas. 



Con Bagonero, el cuarto de la tarde.


Sombrilla. Primer toro de la temporada en Madrid.


Fotos: Las Ventas y Alejandro Lara.



Próximos festejos (a las 18 horas):

Domingo 31 de marzo. Toros de Pedraza de Yeltes para Román, Manuel Dias Gomes (confirmación) y Francisco de Manuel.

Domingo 7 de abril. Novillos de Toros de Brazuelas para Daniel Medina, Fabio Jiménez y Tristán Barroso (presentación de la terna).

Domingo 14 de abril. Novillos de Hnos. Sánchez Herrero para Borja Ximelis, Eduardo Neyra y Mario Navas.

Domingo 21 de abril. Novillos de Los Chospes para Manolo Vázquez (presentación), Sergio Rodríguez, Bruno Aloi (presentación).

Domingo 28 de abril. 18:00h. Toros de Araúz de Robles para Curro Díaz, David de Miranda y Juanito.





lunes, 9 de octubre de 2023

Borja Jiménez se consagra en Madrid.

El jueves 5 y ante un encierro de Fuente Ymbro actuaron Jorge Molina (purísima y oro), García Pulido (malva y oro) y Cristiano Torres (salmón y oro). Correcto de presentación pero vacíos por dentro. Bochorno de verano y aburrimiento por lo que salía por corrales, esa fue la receta que hizo que en el ambiente sonasen los chasquidos de las pipas como las chicharras en verano. 

En el décimo aniversario de la faena de El Cid a Verbenero, Molina hizo un toreo soso y moderno, aburrido y sin alma. Muy limpio y técnico pero sin alma alguna. Pasó por Madrid sin pena ni gloria. Desconozco si estaría al tanto de tal aniversario y haber visto el vídeo quizá le habría iluminado un poco para afrontar mejor una tarde en la cátedra venteña.

Lo mejor del festejo corrió a cargo de García Pulido. De menos a más fue el resumen de su actuación. Pulcro en el trazo de los muletazos y siempre con ligazón. Sus mejores momentos fueron con la mano zurda. Los naturales tuvieron relevancia y en el sexto sufrió un revolcón que no tuvo consecuencias. Saludó  en el tercio tras ambas faenas 

Cristiano alardeó ante las cámaras de televisión para después pegar un petardo importante. Ante un novillo soso y desrazado, lo hizo todo mal. El novillo, con las fuerzas justas no aguantó el toreo bullidor a la par que desordenado de Cristiano. Como novillero que es, su objetivo es comerse el mundo pero lógicamente acusó la falta de rodaje. Ahí es cuando el apoderado (que en este caso es matador de toros y a la vez padre del muchacho) o el banderillero tienen que dar el consejo oportuno pero o no llegó, o nuestro protagonista no lo escuchó. El animal tenía nobleza por lo que con una lidia más conveniente Cristiano habría conseguido algo más. En el sexto pareció mostrar un poco más de cabeza y ante un novillo con más chispa que el anterior, CT dejó la vulgaridad para torear más pausado y dejar unos muletazos más asentados. Cerró el zaragozano la faena con una efectiva estocada.

Cinco avisos como cinco soles. Lo pediré una y otra vez: hay que medir las faenas y hay que entrenar más la suerte suprema. Si la cosa va bien, para rematar y dejar buena impresión. Si el toro no embiste, para mitigar el aburrimiento del tendido y si el toro es complicado para no darle más ideas al bicho y pasar luego un calvario a la hora de matar.




El viernes 6 se llenó la plaza para ver a Sebastián Castella (turquesa y oro), Paco Ureña (sangre y oro) y Ginés Marín con los toros de Victoriano del Río. Mansos y huidos. Petardo importante del ganadero madrileño. 

Curioso fue no ver a "Juli" en este cartel en su despedida en Las Ventas, ya que es una de sus ganaderías predilectas pues si tiramos de crónicas, veremos que hierros como Alcurrucén, Garcigrande o Victoriano han sido los hierros que más ha estoqueado el veterano matador en la plaza madrileña. Quizá el resultado de la tarde lo explicaría.

La emoción de dos faenas. Dos toros pusieron la sal a un festejo que naufragaba a medida que avanzaba la tarde. Si no es por estos dos animales, la tarde habría sido de siesta y muchas pipas. Incomprensiblemente se pidió la devolución de este cuarto toro por parte del público ocasional. Siempre habrá que recordar que la mansedumbre es condición del animal por lo que si no es por cojera o cualquier otro aspecto físico, no hay motivo alguno para devolver la res. Sebastián se la jugó con un cuarto que fue un manso de libro, y que, por su comportamiento en varas, se pidió el deshonor de las banderillas negras pero no ocurrió. Lo grandioso de la tarde ocurrió gracias a la maestría de sus subalternos: José Chacón y Rafael Viotti. José eficaz y rotundo con el capote y Rafael valiente y gallardo con las banderillas. Tras el tercio de banderillas recibieron ambos toreros de plata una fortísima ovación.  En la faena de muleta, Sebastián demostró por qué es máxima figura. Ante un animal huido y abanto, a base de magisterio y de valor, consiguió llevar a aquel animal encelado siempre en las telas. De no ser por la espada quizá hubiera habido puerta grande. Tras dos avisos, dio Sebastián una memorable vuelta al ruedo. 

Prácticamente lo mismo ocurrió en el quinto. Salió Paco Ureña a parar al toro y este huyó despavorido. Este animal, aún peor que el su hermano se hartó a dar vueltas huyendo de los capotes y las puyas de los picadores. Más clamorosamente que en el anterior y tras la fuerte petición, el presidente acabó asomando el pañuelo que ningún ganadero quiere ver: el rojo, condenando al animal a banderillas negras por su nulo comportamiento en el primer tercio. Sufrieron un calvario los peones del lorquino para acabar cambiando el tercio sin el número de banderillas reglamentarias. La faena sucedió en los medios y Ureña aguantó las tarascadas que Andaluz le propinaba. La faena tuvo épica. Sacó varios muletazos al manso animal y falló con el acero. La vuelta al ruedo que dio Paco fue un clamor.

Ginés no sé a qué vino. Porque hizo el paseíllo luciendo un precioso canela y oro y ahí acabó su actuación. Inédita. Así ha sido su tarde. Menos mal que ninguno de estos dos toros le tocaron a Ginés...





La gente emocionada, la reventa por las nubes, la expectación era máxima, ni una brizna de viento... ¿Qué más se podía pedir para que saliera bien una tarde de toros? Todo estaba listo para ver el sábado 7 a  tres toreros sevillanos: Daniel Luque, Juan Ortega (blanco y oro) y Pablo Aguado (obispo y oro). Pero hete aquí que Daniel cayó lesionado y la empresa llamó a Damián Castaño (azul y oro) para cubrir su hueco. En los corrales aguardaban seis toros de El Pilar. Cuando hay expectación a veces llega la decepción. Y así ocurrió este sábado 7 de octubre. Damián lo tenía todo para dar un golpe en un cartel de relumbrón. Su primer toro tuvo clase y fondo pero el salmantino estuvo por debajo. Su faena fue eclipsada por un quite a la verónica de Juan tras el primer puyazo que consiguió que Madrid rugiera. Echando la pierna delante y embarcando al animal con los vuelos, Madrid se puso en pie. La cosa empezaba bien. Pero tras ese quite, la tarde decayó y acabó siendo fue un rosario de toros sosos y desrazados. Ni Juan, ni Pablo. Al primero se le esperaba con ilusión pues este año no ha pisado este ruedo. Y Pablo venía de San Miguel donde dejó muletazos muy caros. Pero ni uno ni otro tuvieron con qué poder hacer disfrutar a la afición. En el sorteo se libró Damián que, como queda dicho anteriormente, tuvo un primer toro para hacer algo más de lo que hizo. Y lo mismo en el cuarto. Su lote, dentro de la moruchada ganadera, fueron los dos más potables. Realizó dos trasteos sin ecos en los tendidos donde abundaron los muletazos pero sin mucho fuste. Un oportunidad perdida. Ante dos de los toreros más relevantes del momento Damián no consiguió pasar de discreto. 




Torear, eso hizo Borja Jiménez (lila y oro) el domingo 8 en Las Ventas. Con los toros de Victorino Martín cerró la Feria de Otoño 2023 el torero de Espartinas cortando tres orejas y cruzando la puerta grande. Román (verde y oro) y Leo Valadez (canela y oro) completaron el cartel.

Fue un conjunto de emociones y de casta torera. Fueron tres capítulos. En el primero fue entrega, pureza y verdad. Con el capote anduvo sobrado. Bueno, prácticamente lo estuvo toda la tarde. Las verónicas fueron excelsas y las medias fueron colosales. No recuerdo ver torear así con el capote a un Albaserrada hace bastante tiempo... ¿quizá desde Sevilla en 2009? Con la muleta toreó a placer a Paquecreas. En redondo pero siempre de frente. Nada de perfileo ni posturas acomodadas. Templó y mandó. Su muleta fue un látigo para el animal. Los muletazos fueron suaves y cadenciosos. Madrid rugía. Los oles eran secos y rotundos. La tarde pintaba muy bien. Rubricó con una estocada tendida y la oreja cayó inmediatamente. La tónica continuó. A pesar de su corta experiencia y que este año apenas ha toreado, no demostró ni tener nervios ni estar perdido. En todo momento sabía que hacer. Con clarividencia cuajó al Victorino de principio a fin. A base de lidiar y manejar con certeza terrenos y alturas consiguió, al final de la faena, pegar unos naturales muy verticales, relajado y mirando al tendido. Madrid era una olla a punto de estallar. De nuevo, otra estocada tendida y otra oreja al esportón. Lo consiguió. Ya tenía la puerta grande. Pero quedaba lo mejor. En el último capítulo, ni corto ni perezoso, y con una total declaración de intenciones, cruzó el ruedo y se fue a recibir a Plazuelo de rodillas. La faena hizo vibrar por tercera vez a la plaza de Madrid. Los naturales fueron soberbios y el cierre por bajo fue sensacional. El toro fue bravo, aumentando la importancia de todo lo que hacía el muchacho de Espartinas. Volvió a cerrar la obra con una estocada tendida, al igual que en los otros dos capítulos. Si se corrige eso, a Borja le pueden llegar muchas alegrías. Y cortó una oreja más.

Román sufrió en su primer toro una cornada en un descuido. El toro, listo como pocos, le avisaba y le avisaba. El valenciano acabó herido pero a pesar de la fuerte cornada que llevaba en su pierna derecha, siguió y aguantó hasta dar muerte al animal. Escuchó una calurosa ovación camino de la enfermería. 
Leo Valadez estuvo, que no es poco. Supongo que novato en estas lides, cuando quiso darse cuenta que eran Albaserradas y no Domecq era tarde. El mejicano no terminó de acoplarse con los dos toros que le tocaron en suerte.

A principios de abril vino Borja a Madrid para confirmar una alternativa que tomó en 2015. Cumplió y dejó un gran sabor de boca. Y lo ratificó una vez más a mediados de julio. Ocho años han tardado en llamarle. Al igual que muchos, ha tenido que esperar y ver como el teléfono no sonaba. Pero ha pasado el tren y se ha subido. Tres orejas en Madrid es un premio al tesón y a la paciencia, que de no ser por el acero hubieran sido un par de orejas más. Muchos toreros pasaron del ostracismo a la gloria por saber esperar. En 2024 hay un torero con el que hay que contar. Apunten su nombre, porque este muchacho del aljarafe sevillano ha venido para quedarse. Puerta grande para Borja Jiménez. De las que pesan. De las que consagran a un torero. Dieciocho años después, un torero vuelve a salir a hombros con una corrida de Victorino Martín en Las Ventas. Y otro curiosísimo dato que poquísimos matadores pueden presumir: siete años después de que lo consiguiera su hermano Javier en agosto de 2016 con los toros de Antonio Bañuelos. Emoción y toreo de mil kilates. Para mí, lo mejor de este año en Las Ventas. Así vi una tarde en la que salimos toreando de la plaza. Un festejo en el que el ganado no lo puso fácil, no regalaron ni embestida. Pero así tiene que ser un toro de lidia. Que el matador que tenga delante sea capaz de hacerle frente con valor y gallardía. Borja Jiménez supo conjugar a la perfección el hermoso verbo torear. Enhorabuena, Torero. 







                         (Plaza 1, Andrew Moore, Alejandro Lara)


Cerramos el año con estos dos festejos (a las 18 horas):
- Miércoles 11 de octubre. Novillada sin picadores. Gran final del ‘Camino hacia Las Ventas’. Erales de Lorenzo Rodríguez Espioja para Álvaro Serrano, Sergio Rollón y Mariscal Ruiz.
- Jueves 12 de octubre. Toros de Núñez del Cuvillo para Manuel Jesús "El Cid", que sustituye a Morante de la Puebla por lesión, Alejandro Talavante e Isaac Fonseca.





lunes, 2 de octubre de 2023

Un remate de cabeza y la monotonía de un festejo dominical.

Comenzó la feria de Otoño con un cartel que acabó el papel. El sábado 30 hicieron el paseíllo José Ignacio Uceda Leal, Julián López "El Juli" y Tomás Rufo. De púrpura e hilo blanco vino Uceda y de berenjena y oro Julián y Tomás. Desde el campo charro vinieron los lisarnasios de El Puerto de San Lorenzo: seis bueyones mansos y abantos. Y mal presentados, sin trapío pero con cara. El 2º y el 3º fueron de La Ventana de El Puerto, segundo hierro de esta familia salmantina.

No era puerta grande. Ni en Madrid ni en Olivenza. Se barruntaban a las cinco de la tarde la altísimas probabilidades y se confirmaron en torno a las nueve menos cuarto cuando dobló el quinto. Había que sacarle por la puerta grande, daba igual cómo lo hiciera. Una vez más, ese público ávido de orejas y de puertas grandes ocupó, con el gin tonic en la mano izquierda y moquero blanco en la derecha dispuesto a ondearlo las veces que hicieran falta (con motivos o sin él), sus respectivas localidades. Asistimos a la última tarde de Julián en Las Ventas ya que a finales de agosto el Rubio de San Blas anunció que dejaba de torear.  

 Cuajó a Afanes en 1998 en medio de un vendaval, a Hechicero en 2003, a Novelero en 2006, a Cantapájaros en un barrizal por la tormenta que cayó un 23 de mayo de 2007, a Licenciado en 2018 y a Gañafote en 2022. Estas son las obras cumbre de Julián en la cátedra madrileña. Pero seguro que habrá alguna más. Exceptuando a Afanes que le cortó las dos orejas, todas las demás fueron ninguneadas por cicateros presidentes o malogradas por el catastrófico uso del acero. Si todas esas faenas seguramente  hicieron que 24.000 personas salieran toreando de la plaza, esta que ahora se comenta, ni por asomo, hizo que se llegarán a esos niveles de emoción torera. Julián no tiene la culpa. Insisto para que quede claro, ninguna. Él mejor que nadie sabe que ni de lejos era para tal premio, pero la deriva triunfalista que sacude la tauromaquia desde hace tiempo no podía permitirse el lujo de perder una nueva oportunidad de darle la puerta grande a un matador.  Y más en su despedida. Ellos son los culpables. A lo largo de la historia ha habido muchos matadores que en su última tarde fueron llevados a hombros de la afición en reconocimiento a su trayectoria a pesar de no cortar las orejas preceptivas. Si Eutimio hubiera sido laxo, Julián hubiera cortado un total de tres orejas, pero el rigor que mantuvo en el segundo toro negando la petición de oreja, lo olvidó en el quinto. Y a Julián se le habría sacado a hombros y ahí habría acabado la cosa. Y no habría pasado nada. Pero no, si el presidente negó una petición, había que volver a intentarlo. Y así fue, tras la primera oreja, la muchedumbre volvió a insistir. Y lo consiguió. Ayudados por los mercenarios mulilleros, Eutimio claudicó y asomó dos pañuelos blancos. La plaza estalló. ¡Por fin! La gente le regaló a Julián una puerta grande de chichinabo. Si los avezados aficionados saben de sobra que Juli ha sido tratado con dureza por parte de la afición capitalina y con racanería por varios presidentes, toda esa dureza que ha habido en exceso estos veintitrés años que lleva el Juli toreando en Madrid, don Eutimio contrarrestó la balanza: Cedió a la presión y concedió al Juli una segunda oreja barata y pueblerina. En loor de multitudes y rodeado de muchos jóvenes, Julián se fue en volandas camino de la calle de Alcalá.

La tarde de Julián fue buena, pero ni de lejos para las cotas que se alcanzaron. Lo mejor de su actuación fueron un ramillete de verónicas. El Juli fue fiel a su tauromaquia. Variado con el capote y eficaz a la par que poderoso con la muleta. Ese público bullanguero y festivalero se puso en pie aclamando un pase del desdén. Tras una serie de muletazos al quinto, Julián cerró la serie con un desprecio y tras pasar el animal, bajó la cabeza bruscamente hasta casi tocar al toro. Un remate de cabeza. ¡El público se puso en pie! Con eso se emociona la gente. Un remate de cabeza comparable al de cualquier jugador de ese deporte llamado balompié. Increíble. Surrealista. A la vez que triste. Con sendos espadazos caídos acabó con los dos toros que le tocaron en suerte. 

 Tras cuarenta y nueve paseíllos, diecisiete orejas y ciento siete reses lidiadas, Julián decía adiós a Madrid. Y dieciséis años, cuatro meses y ochos días después del mencionado Cantapájaros, Julián López "El Juli" cruzó la puerta grande por segunda vez en su carrera. 


 Uceda fue testigo directo aquella lluviosa tarde de 2007 y este sábado 30 acompañó a Julián abriendo cartel. El veterano torero de Usera toreó con lentitud y elegancia al primero de la tarde. Pero sin ajuste, ya que siguiendo las recomendaciones de la DGT, mantuvo cierta distancia en algunas fases de la faena a pesar de la boyantía y nobleza de la res. Un torero inicio y unos verticales derechazos fueron los momentos más notorios de su actuación. Ante un animal que no quería saber nada, poco pudo hacer en el cuarto de la tarde. Consumado estoqueador, no anduvo fino en este festejo ferial. Erró y en ambos toros la espada cayó baja. Palmas y silencio fue el balance de su actuación.

Cerró cartel Tomás Rufo. El toledano puso en pie a la parroquia con un inicio de rodillas y un templado circular en el último de la noche. El resto de la faena fue simplona. Cerró la faena con unas manoletinas y tras una efectiva estocada trasera, cortó una oreja intrascendente.

Sergio Blasco y Fernando Sánchez saludaron una ovación tras banderillear al tercero. 


El domingo 1 hizo calor. Mucho calor. Un cartel de novilleros se anunció para la sesión vespertina pues en la matutina hubo concurso de recortes y posterior capea para la afición. Dos horas y cuarto de sopor y sol fue lo que aguantamos los que acudimos a la plaza. Seis utreros de Guadaíra para Álvaro Burdiel (azul noche y oro), Alejandro Peñaranda (grana y oro) e Ismael Martín (azul rey y oro). Poca gente, y según he leído, las andanadas de sol vacías. Tónica habitual esta temporada. Muy triste que se regalen abonos a gente joven con el objetivo de crear nuevos aficionados, y éstos, quitando los días de postín, los viernes después de clase antes de empezar una maratoniana noche de juerga con amigos o cualquier otro día que no haya plan o "Champions", no van porque el cartel no interesa. Hay que hacer afición, o eso dicen. Es fundamental. Pero hay formas y formas. Así no. Supongo que estarían de resaca tras lo sucedido el día anterior. Es comprensible. Dobles de cerveza en las terrazas bailando flamenquito, para posteriormente, seguir hidratando los gaznates a base de cubalibres en "Green". Imagino que acabaron pegando pases del desdén en la pista de baile y soñaron profundamente con aquel remate de cabeza. Así de bien debieron de dormir los angelitos. Como troncos. Así que en esas condiciones, no había cuerpo que aguantase dos horas y cuarto bajo unas temperaturas dignas de agosto en el duro cemento venteño. Como para ir a ver a tres chavales que sueñan con ser figuras del toreo. 

Mientras los de las andanadas de sol estarían en el sofá durmiendo la mona y soñando con remates de cabeza, los restantes catorce mil pacientes espectadores según la empresa, presenciaron la monotonía habitual de las novilladas. Detalles de Burdiel. El sevillano estuvo irregular toda la tarde. No estuvo lúcido de ideas en el primero que pedía mando y sometimiento. En el cuarto dejó una media verónica de mucho fuste, y en el trasteo de muleta, momentos de mucha clase: derechazos, los pases de la firma, las preciosas trincherillas... no fue una faena rotunda, pero dejó chispazos de mucha calidad. Cerró el festejo con un novillo manso y rajado en sustitución de Ismael, por lo que el muchacho no pudo hacer mucho. Peñaranda volvía a Madrid tras ser el triunfador de las novilladas veraniegas en este mismo ruedo. Y por su concepto clásico tenía ilusión por volver a verle. Decepción total. Brotaron algunas tandas interesantes pero sin la rotundidad de anteriores actuaciones. Ismael Martín se las vio con novillo que no lo puso fácil, el puntito de casta sumado a que el de Salamanca se presentaba en Madrid y la poca experiencia, complicaron las cosas al joven debutante. Hasta en dos ocasiones fue volteado y al final de la faena, con el descabello sufrió un golpe que le causó una lesión y tuvo que pasar por la enfermería. Así transcurrió un festejo monótono y aburrido. Confío en que toda esa muchachada repose y llegue en condiciones para ver el jueves a las seis en punto de la tarde a Jorge Molina, a García Pulido y a un muchacho aragonés que por lo que se cuenta de él, viene pisando fuerte: Cristiano Torres. 



Mal las cuadrillas, sobre todo los picadores. Horrendos los puyazos.


(Fotos: Ana Escribano y Las Ventas). PD: si hay evento, la plaza se limpia. Fue una vergüenza llegar al asiento y encontrar pipas, charcos de agua, colillas etc de los que por la mañana presenciaron los recortes. ¡Lamentable!