martes, 26 de mayo de 2026

Silencio.

En silencio, así se quedó la plaza durante la faena de Emiliano Osornio al cuarto novillo. Este martes 26 se vivió la última novillada de esta feria de San Isidro. 
Qué pena que a unos toreros les canten todo y a otros no. Este mejicano de 23 años el pasado mes de septiembre actuó en Villaseca de la Sagra dando un fuerte toque de atención. Ya venía pisando fuerte durante el verano y todo lo que se hablaba de él lo certificó en ese pueblo manchego. Un toreo puro y clásico que dejó un excelente sabor de boca. Desde entonces nos quedamos con su nombre y le hemos seguido para ver su evolución. 


De verde y oro saludó a Guardamonte, un novillo de El Conde de Mayalde de 505 kilos con unas preciosas verónicas, echando los vuelos y embarcando al animal con la bamba del capote. Las zapatillas asentadas, el mentón hundido. El resto lo hacían hombros, codos y muñecas. Fue un ramillete de lances que pocos jalearon. ¡No se puede torear mejor a la verónica! Incomprensiblemente la plaza guardó silencio.


La faena de muleta comenzó con un ayudado por alto y unos trincherazos de muchísimo gusto.  Toreó por ambos pitones, dando el pecho, citando de frente y llevando el animal hasta detrás de la cadera. Fue cambiando la muleta de mano durante la faena. Las tandas fueron alternándose por cada pitón demostrando que sabe manejar la franela. El novillo tuvo clase y boyantía. Una embestida muy pastueña que permitió al de Toluca torear con suavidad y mucho temple. Aunque faltó colocación y algo de ligazón, los muletazos tuvieron mucha enjundia. Y los muletazos de frente y a pies juntos tuvieron mucho peso. La plaza, incomprensiblemente, guardó silencio.


Para mí, era de dos, no se puede estar mejor. Un faenón emborronado por un pésimo uso del acero. Madrid en pie tendría que haber ovacionado a un muchacho que dejó unos muletazos magníficos. Pero Madrid, incomprensiblemente, guardó silencio.


¡Ay si esta faena la hiciera algún torero artista! Las redes arderían y correrían ríos de tinta, pero no. La ha hecho un adolescente mejicano que quiere ser torero. Y puede, con esas formas y una buena espada (que todo llegará), solo falta esa pizca de suerte. Por él no va a ser. Tras unas primeras novilladas en las que no redondeó su labor, ha venido a san Isidro y ha toreado como los ángeles. Pero nadie se enteró. Madrid, incomprensiblemente, guardó silencio.




(Fotos: Andrew Moore, Plaza 1, Javier Arroyo y Alvarado)





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