Entre todos la mataron y ella sola se murió. Llegó la triste noticia. El parlamento mejicano entero, salvo un único diputado, ha votado cambiar el transcurso de las corridas de toros en la capital azteca. Imponiendo unas nuevas normas que son ridículas, han decidido que las corridas sean sin muerte.
En un país sumido en los cárteles criminales, en el tráfico de drogas etc... el gobierno ha decidido atacar los toros. Según una noticia de ABC de diciembre de 2019, este país se encontraba entre los más peligrosos del mundo, exactamente en el puesto 140. Pues eso importa poco. O nada. Hace escasas horas el parlamento decidió intervenir y dejar las corridas sin muerte. ¿Tiene sentido una corrida de toros sin muerte? ¿Tiene sentido meter un toro en un camión y llevarlo a la plaza para torearlo? Hace escasos días salió una terrible noticia que informaba que en un rancho, de Méjico precisamente, se descubrió que era un lugar de crimen y muerte. Vivimos en una sociedad en la que un animal tiene más valor que una persona. Les da igual. Dicen que los animales tienen derechos. A un animal no se le pueden aplicar derechos. Los antitaurinos protestan por los últimos veinte minutos de vida de un toro de lidia. Les da igual los cinco años que pasa en la dehesa. Y todo lo que conlleva. No quieren saber nada al respecto.
¿Cómo va reaccionar el sector? Dejando de lado las oportunas acciones jurídicas, lo que al espectáculo en sí se refiere... Porque hay mucha tela que contar. Y que cortar. Voy a detallar los pormenores de una tarde de toros para algún aficionado despistado para que vean el absurdo sinsentido que va a suceder desde ahora: ¿Cómo será un festejo? Lo primero es el transporte. Un estudio determinó que cuando más estrés sufre un toro es en el transporte. ¿Van a meter seis toros en un camión un elevado número de horas dependiendo de donde esté la finca para estar apenas unos minutos en la arena y después al camión de nuevo para el viaje de vuelta? Según dicen, un toro solo podrá estar diez minutos. Obviamente han suprimido picadores, banderilleros y suerte suprema. ¿Qué funciones tendrá un presidente? ¿Cómo decidirán cuándo se cambia de trastos? ¿Lo tendrá estipulado el presidente o lo hará el torero según lo considere? ¿Cómo se sustituirán las orejas? ¿Cómo se decide si una faena es digna o no de oreja si no hay suerte suprema? Los picadores al paro; si no se puede banderillear... ¿Qué funciones tendrán los toreros de plata? ¿Pasarán a ser meros auxiliadores? ¿Cuántos subalternos serán necesarios? ¿Para qué tener tres si con uno será más que suficiente? Si un toro no muere... ¿Va a estar dispuesto un ganadero a cobrar un determinado dinero por la supuesta lidia de un animal para que después vuelva a la finca y tener que seguir manteniéndole? ¿Y qué pasa con el rejoneo? ¿Pasará el rejoneo a ser un mero acto en el que el caballo regatea airosamente un toro bravo un par de veces y listo? ¿Qué hará un rejoneador si tiene varios caballos para los distintos tercios en una faena si ahora con uno será más que suficiente? ¿Qué ocurre en caso de que un animal se lesione? Si le ocurre al toro... ¿será sacrificado? Si la lesión es suficiente como para que el toro no pueda volver por si mismo al corral como alguna vez se ha visto y ha tenido que ser apuntillado en el ruedo... ¿Qué va a pasar? ¿ Morirá a espada o volverá al corral para ser apuntillado? ¿Han pensado los antitaurinos en esta situación? ¿O será devuelto a los corrales vaya usted a saber cómo y posteriormente a la finca para ser curado? Si un toro se devuelve... ¿Cuántos sobreros estarán disponibles? En caso de un sobrero se lesione, ¿saldrá otro sobrero? Hay que hablar del indulto:
recuerdo que si no hay muerte, no hay indulto, ¿o algún infeliz aficionado que considere que mejor esto que no haya toros, seguirá pidiendo indultos? Un toro no mostrará su bravura en el caballo. Un puyazo ahorma. Es frecuente ver cómo muchos toros después de ser picados cambian radicalmente. El tercio de varas es crucial. Tanto, que puede inclinar la balanza positiva o negativamente en su embestida. Y por ende, la labor del torero. También hay que recordar que no habrá vueltas al ruedo, y tampoco indultos; el toro pasa a ser un mero objeto. Con la muerte del toro todo cobra sentido. El toro tiene un protagonismo estelar. Su bravura y su respuesta ante el castigo son merecedoras de premio y reconocimiento. Si no, que piensen en Capitán, en Veraniego, en Duplicado, en Mulillero, en Bastonito, en Borgoñés, en Pastelero. Toros legendarios. ¿Qué trascendencia tienen los toros que se lidian en Portugal o en esas corridas incruentas de ciudades americanas y fronterizas con Méjico? ninguna. Piensen en Cazarrata: si hubiera sido lidiado bajo estas circunstancias... ¿Habrían querido sufrir ese trago los picadores y subalternos? No. ¿Habría apostado Sánchez Vara jugarse el pellejo o habría tomado las de Villadiego? Si el toro no va a morir.. ¿para qué enfrentarse a él? Otro detalle fundamental es que un torero, cuando firma un contrato con un empresario, firma matar dos toros. Si ya no hay muerte... ¿para qué jugarse la vida? ¿Qué sanción se puede llevar un matador si se niega a torear? ¿A qué se comprometería exactamente un torero por contrato ante el empresario? Las famosas espantadas como las que en su día hicieron Curro Romero o Rafael de Paula serían intrascendentes con la nueva normativa. Si un torero no puede lucirse porque por mansedumbre el toro no da opción alguna... ¿Qué hará? ¿Se quedará esperando en el burladero a que acaben los diez minutos? Pongo un ejemplo para explicarlo: si un espectador paga una entrada cara para ver al mejor torero del momento y ve que como el toro no puede proporcionar una faena emocionante, por ello el torero en esta situación se retira al callejón sin poder dar ni un solo pase y como además no hay muerte declina seguir toreando y da por concluida su breve actuación... ¿Cómo se sentiría ese espectador que habiendo pagado una entrada cara ve que el torero se va sin haber hecho absolutamente nada? ¿Se sentiría estafado? ¿Reclamaría el dinero de la entrada? ¿Cómo se gestionaría esta situación? ¿Habrá avisos?
Si no hay estocada, no puede haber orejas. ¿Quién decide cómo se resuelve una faena? ¿Con qué criterio se otorgarán las orejas? ¿Y el rabo? ¿Serán trofeos simbólicos? ¿Se darán las orejas al que más pases pegue? ¿Al que más variado haga el repertorio de quites y suertes? Y sobre el indulto...
¿para qué se va a perdonar la vida a un toro que volverá a la finca? El negocio de un ganadero es vender reses para festejos taurinos. Pero si después de una bufonada, el toro vuelve a la finca... Ni es negocio ni es venta. En ese caso sería un alquiler que ni de lejos cubriría los gastos porque una vez acabado el espectáculo vuelve el toro a la finca para seguir después gastando en él, ¿dónde está el negocio?
Ni es negocio ni es nada: es ruina gorda. ¿O es que piensan los antitaurinos que el ganadero tendrá al animal de plaza en plaza como las vaquillas en las capeas universitarias para sacarle rentabilidad? Un toro solo puede ser toreado una vez. O pensáis que los toreros querrán lidiar animales toreados. ¿Habéis pensado en esto, animalistas de chichinabo? ¿Pensáis que un ganadero va a estar dispuesto a mantener esta situación de ahora en adelante? ¿Habéis pensado en todas estas cuestiones? ¿Sois conscientes de todo lo que envuelve una tarde de toros? ¿O pensáis que quitando las banderillas todo se va a solucionar? Dicen que para evitar daños de cualquier tipo se cubrirán los cuernos con fundas. Entonces que se acabe el traje de luces. En alguna ocasión he comentado que cada vez que en un deporte de riesgo hay un accidente, se buscan medidas para evitarlo o paliar daños en caso de que esto suceda. En el toreo no. Los toreros saben el precio a pagar y se enfrentan a un toro vestidos con un traje que es de todo menos cómodo. Y que no lleva ninguna protección. Si yo fuera matador, me negaría a usar un vestido de luces. Apostaría por un mono protector y con refuerzos en espalda, por ejemplo, ante posibles golpes o volteretas. Un pitón enfundado podrá herir menos, pero una coz, un pisotón o un voltereta son suficientes para causar lesiones graves o incluso que un torero acabe en silla de ruedas. No tiene sentido vestir el oro, la plata o el azabache si el rito se pierde. Es incongruente.
Todo mi apoyo a los buenos aficionados mejicanos, que me consta que lo hay. Los que denuncian los caprichos de las figuras, los que discrepan el indultar todo. Los que denuncian las tropelías que se ven. Los que ven que están dejando el toreo hecho un solar.
Y no, no se trata de quejarse y verlo todo mal. Se quejan de una progresiva deriva que lleva tiempo reinando en el toreo que lo que fomenta es el triunfalismo desmedido para fomentar la afición y que reine un ambiente festivo, denuncian que reina una crítica que jamás da una opinión negativa o que al que protesta se le manda callar. Donde todo es maravilloso y los toreros siempre están bien. Donde la autocrítica de los profesionales apenas existe y las excusas son como los colores: hay para todos los gustos. Que si la corrida no funcionó, que si un toro no sirvió... Pero esto no solo sucede al otro lado del océano, en España ocurre igual.
No es quejarse, se trata de exigir. De exigir un espectáculo serio y de calidad. Y que haya competencia. Pagamos mucho; por ende seremos exigentes. Donde haya emoción, miedo y no un animal con menos fuerza que un borracho a las seis de la mañana. Que los triunfos tengan peso y valor. Que al salir de una plaza valoremos el esfuerzo del torero. Internet está lleno de vídeos de faenas en plazas mejicanas de toros con más bondad que una Hermanita de la Caridad. De imágenes de toros de indigna presentación. De toros que dan risa y no terror. Victorino Martín lo decía por activa y por pasiva: si cae el toro, cae la Fiesta. En Barcelona, una gestión nefasta sumado a los ataques externos dieron la puntilla a la Fiesta en 2011. Luego vienen los lloros y lamentos. Luego piden la unión de la afición. Piden la ayuda a esos aficionados que son maltratados si protestan, si buscan la integridad. A callar y a pagar. Y a pedir muchas orejas. De lo contrario no son necesarios. Hasta que llega el lobo.
Hay mucho que hacer y eso empieza desde dentro. Muchos aficionados llevamos años deseando que se reúna el sector, que periódicamente hagan reuniones los diferentes estamentos con el objetivo de mejorar lo malo y potenciar lo bueno. Que arrimen el hombro, que dejen las comodidades en casa y que busquen fórmulas para generar interés. Que den protagonismo al toro. Que acerquen el toreo a la calle. Opino que aún hay gente que se piensa que si en un debate dicen eso de "el toreo es cultura", ya es un argumento aplastante y la tauromaquia está salvada. Diré y repetiré tantas veces sea necesario aquella sentencia de Víctor Barrio: Más que defenderla, la Fiesta hay que enseñarla. Hagamos que el toreo llegue a las escuelas, a los niños... Ojalá el toreo vuelva a estar en la vida cotidiana de mucha gente. Por Víctor, por Manuel, por Iván, por José, por Rodolfo, por tantos. Ellos dejaron su vida en la arena. Que no sea en vano.
Un abrazo a la afición mejicana.