miércoles, 24 de diciembre de 2025

Feliz Navidad




                                         «Adoración de los magos» de Alberto Durero, h 1504.
                                                                Galería Ufizzi, Florencia



“Hubo una vez en el mundo un pesebre, y en ese pesebre, algo más grande que el mundo”

 C. S. Lewis 




jueves, 4 de diciembre de 2025

Y ahora... ¿qué?

Morante se ha ido. Eso ya lo sabemos todos. El doce de octubre puso final a su trayectoria toreando mañana y tarde: un festival rodeado de leyendas que absolutamente nadie olvidará y una despedida coronada con una puerta grande en loor de multitudes en la monumental de Las Ventas. Pero... ¿Y ahora qué? Morante es irrepetible, genial... Pero el toreo sigue.

Se han ido las tres máximas figuras de estas últimas tres largas décadas: Enrique Ponce, Morante de la Puebla y Julián López "El Juli". Pero aún quedan otras que deben saber que su tiempo ya pasó y por orden de antigüedad son Sebastián Castella, José María Manzanares, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante que tomaron la alternativa en 2000, 2003, 2004 y 2006 respectivamente. A finales de los 90 y en los albores del nuevo milenio se fueron leyendas como Curro Romero, "Espartaco", José Miguel Arroyo "Joselito", Curro Vázquez, "Antoñete", Rafael de Paula, José Tomás o José María Manzanares padre por citar a las más importante. Unos porque el corazón ya no daba para más, otros por sorpresa y sin dar explicaciones, otros porque veían que los nuevos generaban más interés y otros porque veían que era ley natural dejar paso a esa nueva hornada.

Castella forjó su carrera en Madrid. Hasta que lo logró en 2007, rozó la puerta grande en varias ocasiones. Un francés venía para quedarse. Para ser figura. Aquel 2007 fue la consolidación de un matador que desde entonces ha estado en todas las ferias de la geografía taurina y ha triunfado en todas las plazas en las que ha actuado. Por su parte, el hijo de José Mª Manzanares demostró la elegancia y empaque que su tuvo su padre. Entró en el corazón de La Maestranza y ha sido uno de los toreros más esperados de la afición de Sevilla. El indulto a Arrojado y tres puertas del Príncipe es algo de lo que puede presumir el alicantino. En cuanto a Perera, desde sus inicios saboreó el éxito: en su presentación como novillero en Madrid, abrió la puerta grande. A base de triunfos y salidas a hombros, en octubre de 2006 cortó una oreja en Madrid que le dio mucha fuerza. A partir de ahí, entró en los carteles y dos posteriores triunfos en Madrid le consolidaron en lo más alto del escalafón. Talavante debutó en Madrid en la primavera de ese mismo año. En las novilladas de marzo le dieron una oportunidad y la aprovechó. Volvió en San Isidro con David Mora y David Esteve. A pesar de no cortar orejas y con la televisión por testigo, Alejandro deslumbró. De no ser por la espada se hablaría de un triunfo mayor de lo que fue. Se hablaba que un novillero con cuajo, curtido en los pueblos y de aires recios que recordaban a José Tomás. Un toreo firme y vertical enamoró a Madrid. Unas semanas después tomó la alternativa en Cehegín y en 2007, una puerta grande en Madrid en Resurrección y otra en Sevilla catapultaron a Talavante a la cima. Desde entonces los cuatro han copado todos los carteles. Han sido la base de las ferias sin rivalidad ni miedo a perder el sitio. 

A principios de los 2000, a medida que se iban retirando las figuras, éstas dejaban hueco a los que llegaban y los que aún quedaban compartían carteles con esas nuevas que se lo iban ganando. Basta con revisar 6 Toros 6 por ejemplo y ver que desde 2007 nadie les ha tosido. El Juli, Enrique Ponce, Morante, César Rincón (se retiró en 2008) y "El Cid" fueron las otras figuras que junto a estos cuatro matadores eran el reclamo en la taquilla. Pero hace tiempo que esto ha cambiado. Sin apenas competencia, Castella y compañía han campado a sus anchas por todo España con la tranquilidad de ver su trono sin que nadie se lo quite. 

Hasta que en 2015 tomó la alternativa Roca Rey. Un nuevo gallo había en el corral. A base de agotar entradas, constantes triunfos, de cortar orejas todas las tardes y abrir día sí y día también la puerta grande, este peruano se ha ganado ser uno de los toreros más relevantes desde entonces. Llegó la dramática pandemia y de repente, tanto Castella como Talavante decidieron parar. Manzanares contó poco. O nada. Si unos se quedaron en casa, Ponce y Morante fueron los que en 2021 y 2022 se echaron a hombros la temporada y hacer todo lo posible para dar toros y reflotar la situación. Actuaron por toda España. Pero entre tanto, se consolidaron toreros como Juan Ortega, Pablo Aguado, Emilio de Justo, Borja Jiménez o Tomás Rufo que también se ganaron un sitio en esa mesa. 

Las figuras tienen que saber cuando quitarse y cuando dejar sitio. A ellos, los que les precedían, les dieron sitio y les dejaron compartir mesa; cosa que, salvo en momentos muy puntuales, éstos no han hecho con los siguientes. Las figuras llevan el peso de la temporada y mueven la taquilla. Pero hay que buscar siempre ese equilibrio entre llenar la plaza, dar oportunidades a los que llegan y que además se lo merecen y conseguir que al empresario le salgan las cuentas; por lo menos en el circuito de las plazas modestas. No puede ser que tres figuras actúen en un pueblo. ¡No puede ser que Manzanares siga haciendo lo imposible por no abrir cartel! ¡No puede ser que los veteranos se arropen tras un rejoneador para evitar torear en primer lugar! Respecto a los esperpénticos festejos montados para Marco Pérez y Olga Casadoya han sido denunciados en este blog. Están recibiendo mucho mejor trato que otros con más méritos. El gran público, el que solo va cuando torea Roca Rey o Emilio de Justo por ejemplo, no conoce a Mario Navas, ni a Víctor Hernández, ni a Rafael Serna, ni a Javier Zulueta, ni a Fortes, ni a Aarón Palacio, ni a Isaac Fonseca, ni a Clemente ni a otros muchos. Talavante y Perera se lo ganaron en 2006 y les dieron contratos. Se hincharon a torear ¿Dónde está Ángel Téllez? Ángel realizó en Madrid un faenón deslumbrante en mayo de 2022, cortó dos orejas absolutamente indiscutibles y ha desaparecido. No se sabe nada de él. Clemente, Fortes, Víctor, Serna y Fonseca han sido los jóvenes que dieron la cara este San Isidro. Merecían contratos y no han toreado ni en el campo.  Menos Víctor, del que se acordaron en Madrid en Otoño; cortó un orejón de ley antes de sufrir una grave cornada y volvió a demostrar que está pidiendo a gritos más oportunidades; y Fortes, que le llamaron para torear en la feria de su tierra pero de los demás, nada de nada. Tengo entendido que Serna llegó a decir que barruntó la retirada si en San Isidro no salían las cosas. Otro joven que saboreó las mieles de la gloria y ahora está absolutamente desaparecido es Álvaro Alarcón. Debe ser muy duro saber que llegar a San Isidro con un futuro muy complicado, jugarse todo a una carta y salir de Madrid con una puerta grande como hizo este muchacho justo después del terrible COVID para seguir siendo olvidado. Es desolador, frustrante, triste... El egoísmo de unas figuras y sus apoderados hacen que muchos chavales desistan. Ya no es que quieran el pastel. Es que lucharán por la última migaja. Hay que dar festejos al que se lo gane, y si no sirve, que pongan al siguiente. El escalafón no debe ser un cajón donde no entre ni salga nadie, tiene que ser algo que esté en constante circulación. El binomio empresario-apoderado dirige el cotarro y juega a cambiar cromos. Los que van con apoderados independientes lo tienen muy difícil. Las grandes casas gobiernan sin piedad. El que no les baila el agua no torea. Los que triunfan en Madrid se quedan en casa. Cortar una oreja o una vuelta al ruedo en Madrid ya no es un billete que garantice 60 tardes en un año. Las ferias están organizadas y cerradas en febrero. Ya no se ve en las ferias de plazas importantes de 1º y 2º dejar huecos libres por si toreros en ferias más tempranas en el calendario daban un golpe en la mesa. Las figuras no quieren rivalidad. Los que pierden son los toreros modestos, y la afición. Seguiremos viendo momias pegar pases a mansalva. La evolución de Morante estos años ha sido constante, un absoluto lujo haberlo vivido. A Morante se le va a ver con total expectación: nunca sabes cómo te va a sorprender. Pero... ¿y los otros? Siguen igual, una faena de cualquiera de ellos es la misma en 2015 que en 2025. Seguiremos viendo a Castella aburrir a las ovejas. Seguiremos viendo a Manzanares vivir de dos orejas que cortó en junio de 2016. Seguiremos viendo a Talavante y a Perera, que no sé qué más nos tienen que contar. Mismos quites, mismos gestos, mismas formas que hace 12 o 13 años... Cero interés. 

Insisto, hay que saber cuándo quitarse o cuándo compartir cartel. Compartir cartel con los nuevos da lugar a que estos sean conocidos y si triunfan entren en la rueda de las ferias: se les da la oportunidad para que toreen en toda España y el que mantenga el ritmo, fenomenal; el que no lo consiga, que pongan a otro. Así de rápido, así de simple. Pero mientras unas figuras vistas hasta la saciedad y sin nada nuevo que aportar toreen hasta en Villanueva del Botijo siempre arropados entre ellos o con un rejoneador por delante, será imposible. ¿Y ahora qué? Morante se ha ido y hay una nueva hornada que espera la llamada. Hasta hace no mucho, los toreros no duraban más de quince o veinte años en activo. Ahora muchos superan ampliamente esas cifras. Castella y compañía ya no es que estén caducos, es que no aceptan que su tiempo terminó. Pero sin competencia y sin un toro que achuche, veremos momias por los siglos de los siglos. Los que están en lista de espera son muchos. ¡A ver qué hacen el año que viene los empresarios! ¿Seguirán haciendo ferias con carteles de 2013? ¿Se darán cuenta de una vez que ya hay tres figurones que se han ido y que ya toca dar sitio a un puñado de toreros con condiciones para renovar el escalafón como en su día hicieron con ellos? ¿O seguirán compartiendo mesa mientras queden migajillas que rascar?

Es absolutamente indefendible. Ya basta. Es deplorable ver cómo todos esos que se les llena la boca hablando de los valores del toreo y sobre todo de la chirriante, cursi, gastada, trasnochada, trillada, insustancial, trivial, y manida "sensibilidad" no quieren premiar a los que se han arrimado como perros, han dado la cara y triunfado jugándose el tipo en la plaza, sobre todo, en Las Ventas. ¡Es una vergüenza! Matadores caducos sin nada que aportar siguen aburriendo al personal y savia nueva en casa por el egoísmo de los primeros. Matadores con más años que un bosque rapiñando migajas hasta que el plato quede limpio. Para volver a generar interés hay que buscar toreros que lo creen. Que los hay. Y premiar al que se lo gane. Publicitar sus triunfos como se hacía antaño. Y volver al toro. Eso es crucial. Un toro que dé emoción y peligro. Seguiré defendiendo una Fiesta íntegra, variada y emocionante. 



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viernes, 17 de octubre de 2025

...Y la apoteosis como colofón a este 2025.

Con la resaca emocional de los siete toros matutinos y tras una comida con la que repusimos fuerzas para cerrar este 2025 con los últimos seis restantes vespertinos, volvimos a nuestros escaños para despedir a un maestro. Fernando Robleño dijo adiós. Curtido en mil batallas, Fernando se batió el cobre con lo más duro del campo bravo: Victorinos, Palhas, Adolfos, Murteiras, Cuadris, Oleas, Guardiolas... y en Céret, Vic-Fezensac, el Valle del Terror... una lista que asustaría al mismísimo miedo. Se curtió y triunfó con ellas, pues su historial luce triunfos tan rotundos como por ejemplo dos puertas grandes en Madrid con toros de El Conde de la Maza y Victorino Martín en 2002 o la tarde en solitario ante seis toros de la exigente José Escolar en la citada francesa de Céret en 2012. Seguramente habría disfrutado de más triunfos y más salidas a hombros si no fuera por el mal uso del acero, algo que ha sido una tónica en su carrera. Los fallos con la espada, sobre todo en momentos clave, lastraron la carrera de este bravo torero madrileño.

Comenzó el paseíllo y tras los acordes del himno nacional, la plaza tributó una fortísima ovación a los tres espadas: Morante de la Puebla, Fernando Robleño y Sergio Rodríguez salieron a la segunda raya a agradecer el aplauso de la afición venteña.

Para dejar las emociones para el final empezaré con Sergio. Así que invertiré el orden de la terna. El abulense vistió un blanco y oro pues confirmaba alternativa. Vino a Las Ventas con la vitola de ser el triunfador de la Copa Chenel. Partidarios del muchacho vendrían, no lo dudo, pero era un convidado de piedra ante la que se venía encima: torear con Morante después de su excelso 2025 y más aún con los ecos del festejo de la mañana y con Fernando, que se despedía, equivalía a asumir que estaría en un segundo plano. Mostró sus cartas y lo intentó, pero mucho caso no le hicieron. Su lote no fue un dechado de bravura. Cumplió con decoro intentando demostrar por qué se había merecido esa oportunidad. Pero poco pudo lucirse. Las mansotas embestidas de los dos toros que le tocaron en suerte y un público extasiado con la cabeza en otro sitio por todo lo que había pasado, hizo que la actuación de Sergio en Madrid fuera algo prácticamente secundario.


Con un precioso grana y oro Fernando cumplió su último paseíllo en Madrid: han sido 59 tardes, 12 orejas, 2 puertas grandes y 13 vueltas al ruedo. Lo hizo con una ganadería muy diferente a las anteriormente citadas: Garcigrande. Poco juego dio su primer toro. Soso y noble, permitió a Fernando dejar unas breves pinceladas de su toreo. Y cerró su impecable trayectoria con un toro que fue de los mejores de la tarde. En quinto lugar salió Tropical con el que el de San Fernando de Henares brindó un toreo relajado y clásico. El toro fue bravo y Fernando lo exprimió. No se cansó de embestir. Acostumbrado a la batalla, pudo mostrar su toreo más artístico. Se lució en un manojo de verónicas rubricado con una gran media verónica. También se gustó en un magnífico quite por chicuelinas muy ceñidas y de mano baja. Madrid aplaudió con fuerza. Tras el brindis, en la faena hubo gusto y torería. Los momentos más álgidos vinieron con la mano diestra. Con las zapatillas asentadas y erguida la figura, las series de muletazos que dio a Tropical tuvieron mucho fuste. Robleño sacó su mejor versión y un último triunfo se podía avecinar... pero volvió a pinchar. Cortó una oreja y dio una clamorosa vuelta al ruedo. La emotiva vuelta tuvo como epílogo el corte de coleta. Sus hijos, que estaban en una barrera, saltaron al ruedo para cortar la castañeta a su padre. Maestro en lides, con Madrid como base de sus temporadas, gladiador con los toros más ásperos, conocedor de todos los encastes... así acabó la carrera de un torero honrado. Gracias por tanto, Maestro.



Morante vistió un lila y oro. Si por la mañana homenajeó a Chenel de diferentes formas, esa tarde le volvió a recordar con ese lila que tantas veces lució el maestro Antoñete. Actuó como padrino de Sergio, por lo que el de La Puebla toreó en segundo y cuarto lugar. Ni fu ni fa en su primero. Le cantaron todo, le jalearon todo y dio un mitin con la espada. Su primer Garcigrande fue un toro destartalado y grandote. De imposible comportamiento. José Antonio abrevió y fue silenciado. Salió Tripulante en cuarto lugar con el que el sevillano necesitaba dirimirse. Recibió al toro con un soberbio ramillete de lances de capote y en uno de los compases de la lidia sufrió una voltereta que le dejó muy dolorido. La caída fue pavorosa. Los gestos de dolor eran evidentes y José Antonio aguantó unos minutos en el callejón hasta reponerse. La plaza estalló cuando cogió el capote para volver al ruedo. Se repuso y pegó otro manojo de lances con los que la gente se puso en pie. A pesar de la voltereta, el sevillano se sobrepuso y realizó un trasteo sólido, rotundo y muy torero por el lado diestro, cosa que no pasó con la izquierda. Con extremo ajuste, como ya hiciera con el capote y por eso recibió el fuerte porrazo, se pasó al toro por la barriga en un palmo de terreno y ligó con buen trazo varias series de derechazos. Dicen que no es valiente, pero Morante se ha pasado al toro a unas distancias que hace tiempo que no vemos en otros muchos matadores. Por el contrario, como ya queda dicho unas líneas antes, con la otra mano la faena bajó mucho. Algún que otro enganchón, pases sin enjundia alguna a un animal que por ese lado no rompió a embestir... Sin ningún fundamento lo que ocurrió con la mano zurda, la obra quedó pobre, inacabada. A pesar de ello, surgieron una vez más torerísimos remates como los trincherazos, algún que otro pase de pecho o la graciosa serpentina. Quedaba finalizar, escribir un epílogo que quedase en la memoria. Morante acabó con Tripulante con un excelso volapié. Magistral. El toro rodó sin puntilla y presto el presidente ante la petición de un público totalmente embelesado concedió las dos orejas.


Tras la vuelta al ruedo Morante se dirigió al centro del mismo para cumplimentar tanto al palco como a la afición antes de meterse en el callejón para dejar a Fernando seguir el festejo con el quinto toro. Pero de repente y tras el saludo... Se llevó las manos a la nuca para quitarse la coleta. Las Ventas pasó de la más atronadora ovación a un silencio sepulcral. La plaza enmudeció. - ¡No puede ser!, decían unos. - ¿¡No será verdad!? se lamentaban otros... ¡SE VA! ¡MORANTE DEJA DE TOREAR! Con lágrimas en los ojos, Morante cruzó la arena de regreso al callejón. No solo las suyas, pues más de uno no aguantó la emoción del momento. Tras su excelsa temporada Morante ponía punto final a una trayectoria soberbia. Con altibajos, con momentos que son páginas de oro en la historia del toreo, con faenas absolutamente maravillosas, con tardes de bronca despedido a almohadillazos. Una trayectoria marcada por el cénit de Sevilla cuando cortó el rabo en 2023. Desempolvó suertes del toreo que no eran conocidas ni por muchísimos matadores, cuando ponía banderillas lo hacía con gracia y majeza, sus vestidos marcaban diferencia con los del resto; durante la dramática pandemia toreó cien tardes para sacar adelante la difícil situación, su carrera estuvo marcada por sus enfermedades mentales... Morante ha sido diferente. Por distintos motivos se fue varias veces y volvió otras tantas, pero esta ocasión más explicita no podía ser. En su mejor momento artístico. Además por la puerta grande de la catedral del toreo. ¿Qué más se puede pedir? ¿Qué más puede conseguir? Con corte de coleta y sobre todo sin anunciarlo a nadie. Así, de sopetón. Como deben ser las grandes despedidas. Mucho más torero. Mil veces más emotivo. Sin anunciarlo previamente para rascar contratos como muchas veces se ve. Por edad como trayectoria muchos sabíamos que era cuestión de tiempo. Pero no así de repentina. Se fueron Enrique y Julián, y Morante ha sido el siguiente en dejar hueco a los que vienen detrás. La afición lloró y más de un empresario se tendrá que devanar la cabeza pensando cómo ocupar su hueco a la hora de confeccionar las ferias el año que viene. El vacío es inmenso. Así son los genios: únicos, diferentes. 





El toreo obsequió a Fernando cerrar el círculo. Morante le dio la alternativa una veraniega tarde de hace 25 años en Torrejón de Ardoz y Morante le acompañó en su despedida. Y no sólo eso, pues se fue con él. El ahijado fue llevado a hombros por sus partidarios por el patio de caballos y el padrino por la puerta grande. Fue una puerta grande apoteósica. Pero dura y exigente. Le vapulearon y zarandearon. La muchachada se abalanzó sobre él para arrancarle el traje. Primero saltaron al ruedo cuando aún Sergio estaba esperando a que las mulas se llevaran al sexto toro. Les daba igual. Se acercaban al callejón cuando aún los mozos de espadas recogían capotes y muletas. Cuando los banderilleros se despedían unos de otros. Les daba igual que Sergio no se despidiera del presidente o tuviera que abrirse camino entre una imberbe muchachada. Los más fervientes seguidores en otras épocas del toreo arrancaban las moritas que adornan las hombreras del vestido. O, si acaso, los machos. Ahora no, ahora hay que descuartizar el vestido: arrancar los alamares, las hombreras; hay que hacer lo que sea por un recuerdo de seda y oro. Esplá en 2009, Talavante en 2013, Perera en 2014... y ahora, Morante. Puertas grandes recordadas por el salvajismo de muchos indeseables. Añado que no creo que haya algo más bello que una puerta grande nocturna. Los destellos de los fotógrafos iluminaban la comitiva hasta que llegaba a la furgoneta. Ahora un mar de móviles iluminando con el "flash" rodea al torero quitando el embrujo de una triunfal salida cuando ya ha anochecido. Y para poner la guinda a una noche tan antológica, algún impresentable majadero del Ministerio del Interior ordenó desplegar a la UIP para impedir que Morante fuera llevado a hombros al Wellington por Manuel Becerra como intentó suceder el pasado san Isidro. Cuando a lo sumo en una corrida de toros hay un par de coches de la Policía como cualquier evento público, esa noche se contaron (cosa antes jamás vista) hasta cinco o seis furgones tras acabar el festejo precedidos por una muralla de antidisturbios dispuestos a zurrar sin piedad al que primero pisare el asfalto. Como si fuéramos delincuentes. Asqueroso, repugnante. Nos pudimos resarcir y fuimos a Velázquez. No queríamos irnos sin darle un último adiós, un último agradecimiento a un torero único, genial y absolutamente irrepetible. Con un carril cortado por la Policía, un grupo de aficionados, con la melancolía de tan triste noticia nos reunimos en los aledaños del hotel Wellington para sacar a José Antonio al balcón de su habitación y dedicarle una despedida más: el salió, y tras besar la bandera nacional, con un gesto emocionado movió el brazo para decir adiós por última vez. Gracias por tanto; lo bueno y lo malo. Gracias José Antonio. 




No solo Morante y Robleño se despidieron del toreo. Alguien más dijo adiós. En silencio y sin celebraciones, se fue Florencio Fernández Castillo, que si ese nombre no le suena, seguro que si digo "Florito", sí. Con sus aciertos y fallos, ha sido pilar clave en los corrales de Madrid desde que entró, de la mano de Chopera, en 1986. En la trastienda de la plaza, se le veía tímido, prudente, sin darse coba y siempre rodeado de su equipo las mañanas de apartado. Toda una vida como máximo responsable de lo bueyes de Madrid. Pericia, paciencia, conocimiento... Un deleite verle manejar los bueyes. De no ser por él, muchas tardes de varios sobreros habrían sido más largas. Los bueyes hablaban por él. A ellos les daba protagonismo. Siempre alejado de los focos. Siempre discreto, en segunda fila. Nunca alardeó, nunca quiso destacar. Se va un personaje clave en la historia de Madrid de las últimas cuatro décadas. Una vida entera entregada al toro bravo. Deja su cargo como responsable de los corrales de Madrid aunque seguirá ligado el toro bravo. Su hijo toma el relevo. No creo que el pupilo pueda tener mejor maestro. El listón está altísimo.



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martes, 14 de octubre de 2025

Una jornada de ensueño: tres lecciones magistrales...

 Trece toros, cuatro salidas a hombros, faenas de cante grande, tres viejas glorias reverdecieron laureles, dos despedidas y una sorpresa que ha dejado helada a toda la afición. Así se podría resumir fugazmente una jornada absolutamente apasionante. Lo que vivimos el 12 de octubre de 2025 en la plaza de Las Ventas fue indescriptible. 

Por la mañana se celebró un festival para sufragar los gastos de una estatua que se levantó en honor de Antoñete que el día antes fue inaugurada en la explanada de la plaza. Hermoso de Mendoza, Curro Vázquez, Carlos Escolar "Frascuelo", César Rincón, Enrique Ponce y Olga Casado fueron los que acompañaron a Morante de la Puebla como alma máter de este festival. 

Los festivales siempre fueron la oportunidad de ver a las figuras retiradas, donde éstas actuaban para deleite de la afición y sobre todo para dejarse ver por aquellos, que por edad, no tuvieron la fortuna de verles cuando estaban en plenitud. Desde hace un tiempo los festivales los ocupan las figuras del momento y salvo alguna ínfima excepción, ya no se ven a los grandes maestros de años pasados.

Inauguró esta maratoniana jornada torera el caballero estellés. Quiso pero no pudo. Un novillo soso y de poca fuerza de Niño de la Capea condicionó la faena. Pablo intentó sacar agua de un pozo seco. El momento álgido de la faena fueron las "hermosinas", que él mismo inventó y consiste en que el caballo va haciendo quiebros al toro mientras éste le persigue a la grupa. Por el mal uso del rejón, saludó una ovación.


Los tres siguientes capítulos fueron una enseñanza de torería, de raza, de valor, de conocimientos... Cada uno de los siguientes maestros sacaron a relucir aquello que les hizo destacar en sus épocas de máximo esplendor. Empezaremos con Curro Vázquez, que a sus 74 años nos hizo viajar en el tiempo. Volvimos a los 80. El rubio torero de Linares, como era conocido este jiennense, nos hizo emocionar. Rugió Madrid. Curro huele a torero. Sus andares, sus gestos, su manera de ir y salir de la cara del animal... ¡Qué tomen nota los aspirantes a matador! Con el capote pegó una excelsa verónica que caldeó el ambiente y cerró con la media (abajo en la foto) que puso Madrid en pie. La faena de muleta fue compendio de pureza, empaque y clasicismo. Para el recuerdo quedarán los ayudados a media altura y los pases de trinchera. Entró a matar como si fuera un novillero en un certamen. Fue una soberbia y bellísima demostración de cómo cortar dos orejas en Madrid sin necesidad de infinidad de pases insustanciales: un puñado de muletazos rezumando magisterio más un monumental espadazo, fueron la receta para emocionar a 24.000 personas. No se dejó nada en el tintero. Curro de Madrid paseó, feliz y pletórico, las dos orejas.


El siguiente maestro en explicar la lección fue Frascuelo. Vino en sustitución de Julio Aparicio. A sus 77 años, Frascuelo puede gozar del privilegio de ser el torero más veterano que ha pisado la arena madrileña. Le tocó un novillo áspero y difícil, que en algún que otro apuro le hizo pasar, aún así vino este matador con la gallardía y ardor de un principiante. A base de raza y amor propio, pudo pegar al exigente novillos muletazos con su personal concepto del toreo. Un maestro es alguien ducho en un arte; experto y experimentado. Demostró su sapiencia torera y a pesar de las complicaciones, Carlos bregó con mucha torería las bruscotas embestidas del novillo salmantino y dio una clamorosa vuelta al ruedo. 


Yo creo que a sus 60 años César Rincón vino con la misma, o incluso más ilusión que cuando empezó su ascensión a la cumbre del toreo cuando cumplió su primer contrato en San Isidro del 91. Así toreó con el capote. Con sesenta años volvió a demostrar por qué los aficionados más mayores le recuerdan con pasión. ¡Qué belleza es ver galopar un animal bravo! ¡Qué emoción da ver a un torero citar a un animal a cuarenta metros y torearlo con ese ajuste y esa entrega! Sinceramente no sé que es más significativo de contar: ver cómo Rincón fue César del toreo una vez más y rindiera a sus pies su plaza de Las Ventas o ver a toda esa muchachada imberbe de 3º de la E.S.O. en las gradas de sol absolutamente ojiplática intentando asimilar lo que había ocurrido en el ruedo en esa primera mitad del festejo... Unos alucinaban con la excelsa torería de Curro; otros, intrigados en por qué el incombustible maestro Frascuelo recibía ese inmenso cariño por parte de los aficionados más veteranos y, otros con cómo Rincón templaba las embestidas de un animal que venía galopando a 40 metros de distancia. Fue un total deleite. Tres lecciones de maestros que vivieron una época en la que ninguno se parecía a otro. Ni querían. Cada uno tenía sus armas y su personalidad. Y la abundancia de encastes y ganaderías reforzaba que cada torero fuera diferente al resto. Ahora todos usan los mismos quites, hacen los mismos gestos, empiezan y cierran las faenas de la misma manera... Y les da igual. ¡Que tomen nota! Pero todos son admiradores de Morante... 

La plaza era un clamor. Ni de lejos los olés más rotundos que habré podido oír a lo largo de estos años se parecen a los que escuché en este festival en los tres primeros toros. Las Ventas retumbó. Se tiró con todo para acabar la obra y César vio su labor premiada con dos orejas. 



Y... ¿Qué decir de Enrique Ponce? Consumado maestro, el levantino cortó una oreja a un novillo noble y de buen juego. Preciso en alturas, terrenos y distancias, Enrique exprimió al animal en los terrenos del tendido 6 y desplegó su tauromaquia una vez más en el ruedo de Madrid desde que se despidiera de esta plaza en octubre de 2024. Parecía que estaba en el salón de su casa, o en un tentadero. Suavidad y vuelos de las telas. Una faena exquisita. Un pinchazo previo a la estocada quizá castigó a Ponce sin el segundo trofeo. 


Mientras todos los actuantes se enfrentaron a novillos de Garcigrande, Morante, que siempre busca el sello de la distinción, quiso ir más allá y rizó el rizo homenajeando a Antoñete con un novillo de aquella ganadería con la que Antonio hizo historia en aquel San Isidro de 1966: Osborne. La llamada "faena del toro blanco" unió para siempre a Chenel y Atrevido. Y para más inri, quiso que fuera también un toro blanco para recordar aquel momento de hace ya 59 años. Y salió en 6º lugar Presumido, un precioso novillo ensabanado, alunarado, capirote y botinero que dio poco juego. Morante se abrió de capa y Madrid clamó. El novillo duró lo que duró pero fue más que suficiente para ver torear a José Antonio. Fue un trasteo de chispazos de muchísima calidad. Rubricó la faena con una estocada y el sevillano cortó una oreja. 

Cerró la mañana Olga Casado. Ni en sus mejores sueños pensó que compartiría paseíllo junto a leyendas de la talla de Frascuelo, Rincón y Curro. No sé si tomó nota o no de lo que presenció. Ella es la alumna y recibir en el mismo aula las lecciones, ya no solo de ellos si no también de Enrique y José Antonio, es un regalo que jamás olvidará. La inexperiencia de alguien que empieza se nota, pero con el rodaje de una temporada en la que ha podido torear un buen puñado de corridas, cumplió la papeleta; toreó con gusto a un buen novillo de Garcigrande y cortó las dos orejas.



Muchos se fueron porque el reloj marcaba la hora de comer, y los que nos quedamos seguíamos extasiados y pensando en cómo Curro, Carlos y César nos habían hecho disfrutar. Había que despedir a estos torerazos, había que agradecer a Morante implicarse en un festival histórico. Olga pudo disfrutar de su primer triunfo en Madrid.


Curro, César y Olga salieron por la puerta grande. Acabó una mañana de ensueño, pero aún quedaba la apoteosis...




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martes, 23 de septiembre de 2025

¿Lo sabes?

1. ¿Qué matador del siglo XIX fue conocido como "Napoleón de los toreros"?
A. Cayetano Sanz.
B. José Redondo "El Chiclanero".
C. Francisco Montes "Paquiro".

2. La gregoriana es...
A. La armadura que protege la rodilla derecha de los picadores.
B. El bordado que adorna la casaca de los rejoneadores portugueses.
C. Un lance inventado por el matador Gregorio Sánchez.

3. ¿Quién recibe el prestigioso trofeo "Claude Popelin" en Francia cada año?
A. El torero triunfador de la temporada.
B. El rejoneador triunfador de la temporada.
C. La ganadería triunfadora de la temporada.

4. Fundado en 1915, el grupo de forçados más antiguo de Portugal, es el de...
A. Montemor-o-Novo.
B. Santarém.
C. Alcochete.

5. El estaquillador es como popularmente se conoce...
A. Cada uno de los adornos que cuelgan de las hombreras de la chaquetilla.
B. El mango por el que se agarran las banderillas.
C. El palillo de madera con el que se monta la muleta.

6. En el argot taurino se dice que si un toro barbea, se refiere al toro que...
A. Derriba al picador.
B. Va recorriendo el ruedo pegado a las tablas buscando la huida.
C. A un animal manso que defendiéndose, pega cabezazos buscando herir al torero.

7. La rodrigueña es una suerte que se realiza con...
A. Capote.
B. Muleta.

8. Datos correctos de la alternativa de Diego Ventura.
A. Elvas (Portugal), 10 de agosto de 1996.
B. Espartinas (Sevilla), 20 de abril de 1997.
C. Utiel (Valencia), 13 de septiembre de 1998.





9. ¿A qué ganadería corresponde este hierro y divisa?
A. Peñas Blancas.
B. Toros de Orive.
C. Martín Arranz.



10. ¿En qué pueblo madrileño encontramos esta plaza de toros?
A. Valdetorres de Jarama.
B. Ambite.
C. Valdeolmos.




1c, 2a, 3a, 4b, 5c, 6b, 7b, 8c, 9b, 10a




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martes, 9 de septiembre de 2025

"Sevillita" tenía razón.

No ha sido suficiente con Marco Pérez. Una nueva promesa nos han metido con calzador. Después del joven salmantino, esta vez ha tocado una niña con raíces segovianas. El despegue de Olga ocurrió en el reciente festival por las víctimas de la tragedia de Valencia en la plaza de Carabanchel. No solo eso, pues Telemadrid quiso estar presente para toda la Comunidad y ser testigo de todo lo que en el ruedo sucedió. Con la plaza llena, Olga cortó dos orejas y el rabo al novillo que le tocó. Poco después llegaron las entrevistas, los reportajes... La fama de Olga empezó a crecer como la espuma. Todos los medios querían contar con ella y dar a conocer a una mujer que quiere triunfar en el toreo. Si Juan Bautista lleva con sumo mimo al imberbe Marco, es el también matador Miguel Abellán y el empresario Simón Casas los que están haciendo lo propio con Olga. 

A grandes rasgos, lo que escribí en su día sobre Marco, vale perfectamente para Olga. Los que se reparten el pastel quieren imponernos una nueva promesa. Un nuevo torero para anunciar en los carteles pase lo que pase. Si quieren igualdad que pongan a Olga con Tomás Bastos, Zulueta, con Julio Norte, con Pedro Luis, con Fabio Jiménez. Que toree en Arnedo los Ibanes, en Villaseca los cárdenos de La Quinta... que se curta y que pelee con las mismas condiciones que sus compañeros. Salvo su debut con picadores en Olivenza y algún otro festejo más, busquen los carteles de muchos de sus contratos este 2025: Jaén, Illescas (Toledo), Sabiote (Jaén), San Sebastián, Cuenca, Alcalá de Henares y San Sebastián de los Reyes (Madrid), Melilla, Palos de la Frontera (Huelva), Nîmes y Lunel (Francia)... Esto no es igualdad. La igualdad la vería si estuviera anunciada en las nocturnas de Madrid, en los diferentes certámenes, en los pueblos toreando "zamacucos"... Y lo que está sucediendo es justamente todo lo contrario. La están tratando, sin merecerlo, con más categoría que a muchos compañeros que han conseguido méritos más justificados. Esto es de todo menos igualdad. Algo que no hicieron con Conchi Ríos, Eva Florencia, Sandra Moscoso, Rosana Toledo, Rocío Romero, Miriam Cabas, Verónica Rodríguez... Y aún menos con Cristina Sánchez, con Mari Paz Vega, con Maribel Atiénzar, con Yolanda Carvajal, con Mari Fortes, o con Purita Linares por poner algunos ejemplos. ¿Por qué a ella sí?

Un azulejo en la escuela taurina de Cali (Colombia) reza lo siguiente: "Apreciado alumno, el que te recomienda es el toro". Hace mucho tiempo esta frase perdió su significado. Compadreos, amistades, favores, cambios de cromos... Muchos muchachos con condiciones extraordinarias se han quedado en la cuneta por no tener ese pequeño empujoncito suficiente para poder abrirse camino. Y los ínfimos contratos que habrán podido firmar, seguro que han sido en unas deplorables condiciones. Un empujoncito no es tener a alguien soltando billetes o consiguiendo ponerle en los mejores carteles de las mejores ferias cuando aún no eres nadie. Los chavales necesitan torear, que los empresarios apuesten por ellos, es decir, que tengan las suficientes oportunidades en los pueblos para rodarse y que cuando lleguen los compromisos importantes en las plazas de postín, poder dar la cara. Por descontado añadir, con unas condiciones justas. Que cuando haya que liquidar las cuentas no quede solo para un café, como decía con humor Víctor Barrio en la serie "Lo Bravo" después de torear en un pueblo. El toro era juez. Él determinaba quién estaba hecho para jugarse la vida en la arena y quién no tenía capacidades para triunfar en esta durísima profesión.

¡Un buen padrino! Con esta contundencia respondía Manuel Muñoz "Sevillita" en la entrañable película Tú solo (Teo Escamilla, 1984) al maestro Domingo Ortega (1906-1988). El toledano preguntaba qué era necesario para llegar lejos en el duro mundo de los toros en medio un corrillo de alumnos de la Escuela Nacional de Tauromaquia. Aún reprendido por los profesores por su descaro, "Sevillita" tenía más razón que un santo. Marco y Olga están disfrutando de unos privilegios sin haber tragado la quina que han pasado miles de chavales a lo largo de la historia del toreo. Sin haber pisado Calasparra, Arganda, Arnedo u otros pueblos que son referente y encuentro de novilleros. Donde éstos tienen su gran oportunidad de mostrar su valía cuando en los últimos compases de su trayectoria con caballos, un triunfo fuerte en estos pueblos puede consolidar el paso al escalafón superior. Con Morante, Talavante, Manzanares, Castella, Aguado, Diego Ventura... Ha toreado con la flor y la nata del escalafón.

Dejo en el aire preguntas a vuelapluma: ¿Se da cuenta la gente que está pagando precios de figura por ver a un incipiente novillero compartir tarde sí y tarde también con Talavante y compañía? ¿Se dan cuenta que la rivalidad entre compañeros ha sido suprimida en la trayectoria de estos dos muchachos? ¿Qué harán con Olga? Si están repitiendo con ella la estrategia que hicieron con Marco...¿La soltarán a los leones? ¿Pondrán a Olga con seis novillos en San Isidro? ¿Cómo es posible que el pasado mes de agosto, en la feria de Gijón, Olga decidió no torear alegando problemas físicos justo en uno de los poquísimos festejos en los que estaba anunciada con sus compañeros de escalafón y, qué casualidad, 48 horas después estaba toreando más fresca que una lechuga en San Sebastián con Marco Pérez en un cartel que inicialmente abría Morante pero que no pudo acudir por un percance sufrido días antes? ¿Lo sabe el gran público?¿Esto es seriedad? ¿Esto es respeto al público y a los compañeros? Te caes de un cartel de máxima rivalidad y dos días después toreas con tu compañero de andanzas y paseíllos. Y no quiero olvidarme del sorteo, salvo algún momento puntual, al ir siempre con dos matadores de toros, no sortea su lote. Los novillos se los eligen sin tener que pasar por la caprichosa mano de la suerte. ¡Qué casualidad que de las escasas veces que ha tenido que sortear los novillos fue en Gijón! Y hay que hablar de las entradas, lo que yo veo es que no están arrasando en taquilla y las tardes de buenas entradas, son las que acompañan a algunas de las figuras antes mencionadas. De hecho, la tarde de San Sebastián fue una de las que menos afluencia tuvo. Justo la que una gran figura no pudo asistir. Si las dos futuras estrellas en una plaza de primera categoría como es San Sebastián en una feria grande, sin nadie que les abra cartel, apenas meten media plaza... Ahí lo dejo. 

Sangre, sudor, lágrimas, la indiferencia de los empresarios, meses sin recibir una oferta para torear, la llamada de un ganadero para tentar... Tragos muy amargos y momentos muy difíciles es lo que sufrieron torerazos como Diego Urdiales, Manuel Escribano y Emilio de Justo hasta que en sus vidas aparecieron Molinito en Logroño en 2007, Datilero en Sevilla en 2013 y Milhojas en Hervás (Cáceres) en 2015 respectivamente. O el caso de Juan Ortega. Muchos desconocen o no recuerdan que Juan Ortega lleva la friolera de once años de alternativa. Pocos se acuerdan de aquel 15 de agosto de 2018 en Madrid o un Domingo de Resurrección un año después. Antes, de novillero fue a Arnedo y en 2012 mató la de Baltasar Ibán y en 2013 la de Adolfo Martín. Entre 2014 y 2018 apenas contaban con él. Hasta que Madrid le dio una oportunidad y la aprovechó. Se ha ganado estar en los carteles de postín, Olga no. Olga Casado está ahora en el mismo lugar que están ellos pero sin haber sufrido ese calvario. Sin ni siquiera haber tomado la alternativa, goza de una posición que muchos matadores han soñado con alcanzar. Un lugar por el que muchos chavales dejaron toda su vida atrás para entregársela al toro. Por el que derramaron sangre. Por el que recorren España yendo de pueblo en pueblo toreando por las duras capeas para no perder el contacto con el animal porque no cuentan para los empresarios. Es sangrante. Muy injusto. 

Cada vez hay más aficionados cansados. Cada vez hay más gente harta de estos favoritismos. Estamos ilusionados con un puñado de muchachos que están demostrando unas condiciones buenísimas y triunfando allá donde van y con el ganado que les dan. No puede ser manos a manos absurdos a la par que ridículos entre Olga y Marco quitando puestos a matadores que merecen torear porque se lo han ganado de verdad y que están proscritos porque los dos susodichos torean donde deberían torear los segundos y, además, sin dejar que otros completen el cartel. Si por lo menos estuvieran refrendados en taquilla... Pero ni eso. Cuando El Mundo publicó tras la tarde en Carabanchel que sería apoderada por Plaza 1 (empresa de Madrid) anunció la noticia con el siguiente titular: "el concepto de programación es que toree corridas mixtas". Es decir, ya tenían un plan para ella. La empresa de Las Ventas la mimaría y llevaría su carrera entre algodones. Como hicieron con Marco en Salamanca. Si Simón Casas espera que la recibamos con una sonrisa en la cara y el pañuelo blanco en la mano, va listo: con el fusil cargado y la bayoneta calada. 

A Marco le exigimos y le exigiremos. No le pasaremos ni una. Olga: lo mismo. No esperes otra cosa. Mimados y consentidos, no contáis con el apoyo de muchos aficionados. Os han llevado entre algodones. Te recuerdo lo que Joselito dice en su biografía: "la comodidad no es para los toreros". Vienes a Madrid este octubre, a un festival. Te daremos cancha. Piensa que es ese control que hace el profesor a lo largo del trimestre. Asúmelo como una toma de contacto. Pero no te relajes. Como no creo que te veamos por Alcalá 237 en marzo o en abril, imagino que será en mayo el examen de verdad. ¿O quizá ya en octubre cuando Miguel y Simón lo decidan? No sé si vendrás en solitario o con Talavante y Lea por ejemplo como compañeros: viendo los precedentes me espero cualquier cosa. Sería lo justo, ya que no quieres rivalizar con tus compañeros da el do de pecho y ven tú sola a Madrid como hizo Marco. Sin figuras, sin nadie. Sé tú el centro de atención si es que es eso lo que pretendes. Tú pones los conocimientos y nosotros la sentencia. Seré directo; te repito lo que le dije a Marco: no olvides que vengas con quien vengas, no habrá piedad. La exigencia será máxima. Si vienes con trato de figura, recibirás trato de figura. Confío en que lo sepas y seas consciente de ello.



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sábado, 30 de agosto de 2025

Yiyo en el recuerdo.

Cuarenta años han pasado. Una tarde de agosto, en la sierra de Madrid, el pitón de un toro de Marcos Núñez atravesaba y partía en dos el corazón de José Cubero Sánchez. En Colmenar Viejo se anunciaron el 30 de agosto de aquel 1985 toros de la citada ganadería para Curro Romero, Antonio Chenel "Antoñete" y José Luis Palomar, pero hete aquí que Curro se cayó del cartel horas antes tras presentar parte médico y la empresa, deprisa y corriendo, tuvo que buscar un sustituto. La solución fue un joven torero que apenas llevaba cuatro años de alternativa pero que cada tarde iba dejando huella por el clasicismo de su tauromaquia.

José Cubero Sánchez nació en Burdeos, tierra de vino y no de toros. Francés de nacimiento porque sus padres emigraron más allá de los Pirineos y nuestro protagonista vino al mundo el 16 de abril de 1964. Pero pronto volvieron a Madrid, pues José, junto a sus tres hermanos pasaron su niñez en la capital de España. En el humilde barrio de Canillejas, al final de la calle Alcalá se instaló el matrimonio Cubero Sánchez. 


Momentos previos al paseíllo en la plaza de Madrid.

A José le picó el gusanillo de los toros, y gracias a la creación de la Escuela Nacional de Tauromaquia en 1976 en la Casa de Campo de Madrid, pudo matricularse como alumno. De hecho, él es de los primeros alumnos que empezaron a formarse en dicha escuela. (Y no solo él, pues sus hermanos Miguel y Juan también se hicieron toreros y hasta que se retiraron gozaron los dos de éxitos como subalternos acompañando a las máximas figuras de los 90 y 2000). Allí demostró que tenía condición y cuajo de torero. Despuntó rápidamente mostrando una superioridad notable respecto a otros alumnos. Sus primeros festejos fueron a orillas del Mediterráneo. Su primer paseíllo fue en Tabernes del Galldigna y un empresario, viendo el éxito conseguido, le firmó cinco contratos seguidos en Gandía. Cuentan que volvió a Canillejas con un coche lleno de flores y 50.000 pesetas de aquel entonces en la cartera. Muy capaz, tenía mucho gusto al mover las telas y personalidad en sus formas. Su oficio ante los becerros en el campo le permitió ganarse la oportunidad de torear y curtirse por los pueblos. Entre aquella primera hornada de alumnos matriculados, además de José, otros dos jovenzuelos supieron aguantar el ritmo de José: Julián Maestro y Lucio Sandín (Antes que ellos, Juan Carlos Herranz, Fernando Galindo y Fernando Lechuga fueron la primera promoción que de verdad empezó a representar al centro en los primeros certámenes de novilleros en los que la escuela participaba). Por ello Enrique Martín Arranz, Manuel Martínez Molinero, José de la Cal y demás profesores de la escuela idearon un proyecto que a la postre fue un éxito rotundo: consolidar esta nueva terna de alumnos y que fuera la mejor representación de este centro de formación taurina tras la generación de Herranz, Galindo y Lechuga. José, Julián y Lucio cumplieron con creces y dieron varias vueltas a España toreando en todos lados. Consolidado el cartel, Antonio Domínguez Olano, ajeno a la escuela, bautizó a este trío "Los príncipes del toreo". Un sello que dio publicidad y, que sumado al gran hacer de los tres chicos, puso a la escuela en el escaparate nacional como referente de la formación taurina y que poco a poco hizo que en otras ciudades, a rebufo de Madrid, surgieran más escuelas de tauromaquia. El experimento funcionó.

Tras una exitosa etapa de aprendizaje junto a sus dos amigos, José concluyó su rodaje en las novilladas sin caballos. "Los príncipes del toreo" llegó a su fin. Debutó con picadores en San Sebastián de los Reyes en marzo de 1980 para dar un año después el salto al escalafón definitivo. Como novillero, su mayor triunfo fue ganar en Arnedo el prestigioso certamen "Zapato de Oro". Se doctoró en Burgos junto a dos grandiosos toreros como lo fueron Ángel Teruel y José María Manzanares. Los toros pertenecían a una ganadería de postín: Joaquín Buendía. El 30 de junio de 1981 al tomar la alternativa José tuvo que dejar el amparo de la escuela y Tomás Redondo se ocupó de prometedora carrera. "Yiyo" que no "El Yiyo" como muchas veces se lee, tuvo una fulgurante carrera. Entre 1981 y 1985 triunfó allá donde fue y compartió cartel con los maestros de aquella época. El 22 de mayo del 83, y por la vía de la sustitución porque inicialmente no estaba contratado en mayo, entró en San Isidro en lugar de Roberto Domínguez. Salió Lanzaquema y le cortó una oreja de ley, pero pudieron ser dos. Fue el primer golpe en la mesa que dio José en Madrid. El cenit de su carrera aconteció días después, el 1 de junio "Yiyo" descerrajó la puerta grande de Las Ventas. Cortó una oreja a cada uno de sus toros y cruzó a hombros el umbral mudéjar que da a la calle Alcalá. Tras ese gran triunfo, Manolo Chopera, posiblemente el mejor empresario que ha visto la plaza de Madrid, premió a José con otra sustitución, esta vez la que dejó "Espartaco". Así que José volvió a Madrid y lo hizo acompañando a Ángel Teruel y "Armillita". Así toreó a Cigarrón, el primero de su lote, de Moreno de la Cova. Por aquel entonces el servicio militar era obligatorio así que José cumplió con el Ejército. Compaginó la instrucción militar y su carrera. Con estas palabras tan solemnes aquella tarde brindó a don Juan Carlos. Unos días después, exactamente el 9, hizo el paseíllo en este mismo ruedo, en la Corrida de Beneficencia junto al alicantino Luis Francisco Esplá. En corrales esperaban cinco toros de Dairo Chica y uno de Antonio Ordóñez. Ese día solo cortó una oreja, pero aún así fue llevado a hombros una vez más por la puerta grande junto al alicantino, que cruzaba ese umbral por por segunda vez. El teléfono echaba humo. Lo había logrado. Aún así quedaba refrendar el buen paso por San Isidro el resto del año, pero mantuvo el nivel. Un rosario de triunfos tarde tras tarde consolidaba a José en la cima del toreo.



Una única oreja cortó aquel día. Y aún así, fue llevado por la puerta principal.

El año siguiente consolidó con creces su cartel. En Madrid toreó un total de cuatro tardes. Su estelar San Isidro 1983 tuvo premio. Manolo Chopera le dio cuatro tardes. No cortó orejas, de todas formas certificó el nivel y la expectación creadas. Pero entre tanta alegría de los repetidos triunfos a medida que avanzaba el verano, llegó la tragedia: "Yiyo" estaba anunciado en Pozoblanco el 26 de septiembre de 1984. Francisco Rivera "Paquirri" y "El Soro" completaban el cartel. Avispado, de Sayalero y Bandrés hirió de mucha gravedad a Paquirri, figura del toreo y un personaje muy querido por la sociedad de la España de aquella época. A José le tocó acabar con Avispado. Volviendo a Madrid en su coche, José se enteró por la radio que Francisco había fallecido. Lloró amargamente por la muerte de su compañero. España se vistió de luto. Tras acabar la temporada en España, cruzó el océano y allí cumplió diversos contratos en Colombia y Ecuador durante el descanso invernal a este lado del Atlántico.


Su último vestido. Colección del Museo Taurino de Madrid. 

En el inicio de la temporada 1985, siguió afianzando todo lo logrado el año anterior. Y en Madrid deslumbró una tarde más cortando una oreja a Niñito, un toro de la ganadería de Aldeanueva, concretamente el 29 de mayo. José demostraba tarde a tarde que había torero para rato. Que tenía condiciones para ser alguien importante. El verano es la época fuerte, cuando más se torea. Cumplió contratos por toda la Piel de Toro hasta llegar al 30 de agosto en Colmenar Viejo. Curro Romero se cayó del cartel y no sabían cómo cubrir la baja de tan excelso matador. Apostaron por José y él estaba feliz. De lo difícil que fue contactar con urgencia con "Yiyo", llegaron a reclamar la ayuda de la Guardia Civil para llegar a él lo antes posible. José aceptó la oferta. Un triunfo fuerte a las puertas de Madrid podía afianzar más su caché respecto a las empresas en ese fin de temporada y lo más importante, de cara a 1986. Se vistió en un hotel de Miraflores de la Sierra y de marino y oro llegó a La Corredera. "Hoy voy a torear de verdad", dicen que eso avisó a su cuadrilla antes de empezar. Y así fue, porque aficionados y críticos cuentan que José toreó de manera excelsa a Burlero. Hasta llegar a la suerte suprema. Quedaba rubricar la faena, pero tras la estocada, en uno de los envites del momento, Burlero dando un certerísimo derrote alcanzó a José en el pecho. Tras unos breves pasos, José cayó desplomado. Aún tuvo un último aliento para exhalar a su banderillero de confianza: "Pali, este toro me ha matado". Y su mirada se apagó. Lo llevaron a la enfermería pero nada pudieron hacer. Con un precioso burdeos y azabache, el vestido que tantas tardes lució, fue amortajado. Aquella noche en la calle Canal del Bósforo 30, el domicilio se convirtió en una capilla ardiente donde acudieron compañeros de la escuela, familiares, profesionales del toro, periodistas y un sin fin de gente para alentar a una familia rota por el dolor. José fue un príncipe que no reinó. Tenía 21 años y toda la vida por delante. Lucio y Julián no tuvieron suerte. El primero sufrió varias cornadas de diferente gravedad: la que más ocurrió en Sevilla en la que perdió un ojo y, posteriormente un accidente de tráfico obligó definitivamente al gran Lucio a dejar de torear. Por su parte, Julián no alcanzó las cotas que logró en aquellos gloriosos años como "príncipe del toreo". Aún así disfrutó de una larga y fructífera trayectoria que duró cuarenta y cinco años. Se hizo banderillero y se retiró en septiembre de 2018. En 2002, se doctoró como matador pero volvió a las filas de plata poco después.


La torería de un ayudado por bajo.
Madrid 29.V.1985

José, por edad, estaba llamado a ser el principal rival de un jovencísimo sevillano de perpetua sonrisa: "Espartaco". Con un futuro que pintaba negro, este joven andaluz toreó sin expectativas en Sevilla en abril del 1985 y cuajó al toro Facultades. Triunfó tan rotundamente aquel día que se encumbró en la cima del toreo de la que no bajó en toda su carrera. Pero Burlero impidió que José y Juan Antonio rivalizaran en los ruedos. Madrid perdió a un torero que estaba llamado a hacer cosas grandes. Su carisma y personalidad marcó a los que con él compartieron su vida. Era bromista, divertido y le encantaba asustar a los alumnos más pequeños las tardes de entrenamiento. Ponía motes a todos sus compañeros. Su simpatía y alegría dejaron huella durante las clases en la Casa de Campo. Fue un superdotado: tenía facilidad para aprender y ver con rapidez las posibles dificultades que mostraban los animales para solventarlas con agilidad... La afición paseó al día siguiente el féretro de "Yiyo" en la póstuma vuelta al ruedo en la plaza de Madrid. En esa plaza en la que bordó el toreo con el bravo Lanzaquema de Antonio Ordóñez que fue el que le puso a funcionar y con el mencionado Niñito, de Aldeanueva al que cortó su última oreja en esta arena unos meses antes. Ni siquiera doce meses habían pasado de la muerte de Paquirri y el toreo volvía a sufrir una tragedia. Su juventud y la dureza de las imágenes, impactaron en la sociedad. Aún lloraba España la reciente la muerte de Francisco y otro torero volvía a caer en la arena. Uno fue un torero consagrado e ídolo de mucha gente. El otro fue un joven en el que estaban depositadas muchas esperanzas. José fue el primer gran torero que dio la Escuela Nacional de Tauromaquia. Cuentan que tras la tragedia, la institución recibió cientos de solicitudes. Los adolescentes madrileños querían seguir sus pasos. Por el ardor de su muerte, quisieron emularle. El precio es caro pero la gloria, infinita. Daba igual, merecía la pena intentarlo. 
Así lo recuerda el lema de este centro: 


"Llegar a ser figura en el toreo es un milagro. Pero al que llega, podrá un toro quitarle la vida; la gloria, jamás."






                                                          Feria de Colmenar Viejo 1985.


José cayó a los pies de la sierra de Guadarrama. Y así opinaba en una entrevista sobre la muerte: “Me preguntáis en qué momento medito sobre la muerte. La muerte la llevamos en la cara todos los toreros. Algunos la expresan de una forma determinada y yo la expreso con la sinceridad. "Me preguntas en qué momento pienso en ella: cuando apago la lamparilla de la mesita de noche; cuando me quedo solo. Pienso que un cuerno me va a arrancar el corazón, pero siempre respondo a la pesadilla con el ¿qué más da? Mejor morir de una cornada que en la M-30”. Manifestaba estas palabras ya que así perdió a un amigo cercano. 
La escuela taurina de la capital llevó el nombre del gran Marcial Lalanda (1903-1990) hasta hace escasos años y tras ser solicitado con ahínco por diferentes sectores, se cambió y desde entonces pasó a ser denominada Escuela de Tauromaquia José Cubero "Yiyo". No solo en la escuela taurina se homenajea a este gran torero. En la explanada de las plazas de toros de Madrid y de Colmenar Viejo, en el cementerio de la Almudena y en su barrio de Canillejas se alzan estatuas recordándole. 

Un rápido resumen de su carrera desde aquel debut en san Sebastián de los Reyes:
Toreó en España 62 novilladas con caballos y 177 corridas de toros. La plaza que más veces pisó fue Madrid. En Las Ventas actuó cinco veces como novillero y dieciséis como matador de toros. 
Allende los Pirineos, fue Dax la que más veces le vio torear. Fueron siete veces. En total en Francia actuó en treinta corridas de toros y doce novilladas picadas. 
Al otro lado del océano también pudieron disfrutar con la tauromaquia de José. Manizales fue la ciudad donde más toreó. En total, cumplió 29 paseíllos en las plazas americanas. 
Y respecto a los compañeros, con quién más toreó fue con Tomás Campuzano, fueron 35 veces. Después con Dámaso González y Emilio Muñoz, que fueron 28 con cada uno.




A pies juntos y de frente. Llevando al toro hasta detrás de la cadera. 
Formidable natural en Almería.



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miércoles, 13 de agosto de 2025

El toro de lidia.

Queda dicho, y visto, que el argot taurino es enormemente amplio y variado. Hoy explicaré las diferentes denominaciones que recibe el toro de lidia respecto a su capa, su encornadura, hechura y su edad. Éstas variarán dependiendo de cada uno de los encastes que conforman la cabaña brava. 

En primer lugar hay que explicar el trapío. ¿Qué es el trapío? La Real Academia de la Lengua explica el trapío como la buena planta y gallardía del toro de lidia. De una manera rápida y sencilla se puede aclarar que el trapío es la estampa visual a primera vista de un animal bravo. Lo más importante es que sus hechuras sean armónicas y acordes al encaste al que pertenece dicho animal. También es fundamental recordar que trapío y peso no están enfrentados. No importa si un toro pesa 450 ó 580 kilos. Si un toro es armónico en su conjunto, será un toro con trapío. 

Empezaremos describiendo las diferentes tonalidades de su capa. Se pueden distinguir tres variedades: pelos simples, mixtos y compuestos. La capa es como se denomina al color de un animal de lidia.

Simples: pelo sin mezclas ni manchas de otro color.
Mixtos: pelos de diferentes colores que se mezclan y difuminan entre ellos.
Compuestos: pelos de diferentes colores perfectamente diferenciados y que no se mezclan entre ellos.

Hay diez capas principales: berrendas, blancas, cárdenas, castañas, coloradas, negras, pajizas, salineras, sardas y tostadas.

Simples.

Albahío: blanco amarillento. Similar al de la paja. Un color poco habitual en el ganado bravo.
Avinagrado: colorado oscuro con tonos violáceos. Parecido al vinagre.
Cárdeno: mezcla de pelos blancos y negros dando lugar al gris. Dependiendo de qué color sea mayoritario, será cárdeno oscuro o claro. Este pelo es predominante en los encastes Albaserrada y Santa Coloma.
Castaño: marrón. Mezcla de rojos y negros. 
Colorado: castaño rojizo. 
Ensabanado: blanco. 
Jaro o melocotón: colorado brillante y claro, recuerda al naranja de la piel de los melocotones.
Jabonero, café con leche claro: más usado el primer término. Color blanquecino que recuerda a las pastillas de jabón. Un color predominante del encaste Veragua. También es posible verlo en ganaderías del encaste Domecq.
Jabonero sucio: con tonalidades o reflejos negros, dando aspecto de manchado.
Jijón: referido a los toros colorados, pero un rojo brillante. Un rojo encendido que recuerda al pimentón. Viene de los toros de la casta Jijona, creada por José Jijón a principios del XVI, que por su popularidad, el nombre de la familia acabó dando nombre al color del pelo.
Negro azabache: negro brillante. Suaves reflejos azulados. 
Negro mulato: mate. Apagado y sin brillo. Pueden darse reflejos rojizos o parduzcos. 
Negro zaino: negro puro. Sin manchas o mezcla con otro color. Mate sin reflejos. No debe presentar pelos blancos ya que zaino indica ausencia.
Perlino: toro ensabanado con reflejos grises. Blanco grisáceo que recuerda a las perlas.
Retinto: como el pelaje de la raza vacuna retinta. Suele ser desigual, como si se hubiera teñido de rojo más de una vez.
Tostado: marrón mate, sin brillo. Intermedian colorado, castaño y mulato. 

Mixtos.

Flor de gamón: es el salpicado fino sobre un pelo, que suele ser o colorado o cárdeno. Un término que tiene más uso en Andalucía, y más concretamente, cuando se trata de pelo cárdeno. Recuerda a la flor de mismo nombre. Un pelaje extremadamente raro. 
Salinero: mezcla de pelos rojos y blancos. 
Sardo: mezcla de pelos negros, rojos y blancos. Si predominan los pelos blancos será sardo claro y si predominan los negros será oscuro.

Compuestos.

Berrendo: consiste en una mezcla de blanco (color base) con otras tonalidades. El color de esa tonalidad será la que de nombre a la capa del toro en cuestión. Por lo tanto podremos ver toros berrendo en negro, berrendo en castaño, en colorado, en cárdeno, en jabonero etc. El pelo berrendo es muy frecuente en el encaste Vega Villar. Lo veremos en ganaderías como Urcola, Sánchez Cobaleda o Monteviejo por ejemplo.


No solo eso, pues además de la capa, pueden surgir una cantidad enorme de accidentes de color de cualquier forma o tamaño en cualquier parte de su anatomía.

Cabeza.

Bociblanco: toro con pelos blancos alrededor del hocico.
Bocidorado: si dichos pelos son rubios o dorados.
Bocinero o bocinegro: pelos negros alrededor del hocico.
Capirote: toro con la cabeza más oscura que el resto del cuerpo.
Capuchino: toro capirote cuyo color oscuro se extiende a lo largo del cuello.
Careto: toro con la cara clara siendo predominante otro color más oscuro en el resto del cuerpo.
Estrellado: toro con una mancha blanca en el testuz, de pequeño tamaño y forma irregular.
Facado: toro con una mancha alargada en el testuz. Como si fuera un corte con una faca (cuchillo en portugués).
Gargantillo: mancha circular alrededor del cuello, simulando un collar.
Llorón o zarco: toro con pequeñas manchas bajo los ojos dando aspecto de lágrimas. 
Lucero: toro cuya mancha en el testuz es redondeada. Similar a un lunar. Un poco más grande que el estrellado.
Meleno: pelos encima de la cabeza que dan aspecto de flequillo. 
Ojalado: toro con la zona de los ojos de un cerco de diferente color al del resto de la cara. Suele ser de forma irregular y de tamaño más grande que el ojinegro y el ojo de perdiz.
Ojinegro: si circundando los ojos tiene unas finas manchas de color oscuro.
Ojo de perdiz: si la mancha que circunda el ojo es de color claro. Suele darse en toros castaños o colorados. 

Cuerpo.

Albardado: mancha clara sobre un color más oscuro que cae desde la columna vertebral hacia abajo, como si fuera una albarda. 
Aldiblanco: animal con la mitad inferior del cuerpo de un color claro, normalmente blanco. Desde el vientre hacia abajo.
Aldinegro: animal de pelo castaño que tiene negra la parte inferior del cuerpo y sus extremidades. Ambos términos son muy frecuentes en la zona de Salamanca.
Alunarado: se da en berrendos. Manchas grandes oscuras y circulares. 
Anteado: manchas más oscuras y brillantes que recuerdan al ante, de forma redondeada en el tronco de un animal respecto al color del resto del cuerpo. Predominantemente en toros colorados. 
Aparejado: manchas grandes oscuras a lo largo del cuerpo desde la cabeza hasta el rabo en los costados. Siendo de diferente color y sin mezclarse con el color claro del vientre y de la zona de la columna vertebral.  
Avinagrado: animal de capa colorada que adquiere una tonalidad oscura y violácea.
Axiblanco: manchas claras en las axilas.
Barroso: capa con tonalidades amarillentas sucias, con matices cenizos, terrosos y oscuros, que se asemeja a la coloración marrón negruzca del barro fresco.
Bragado: toro cuya mancha en el bálano se extiende por el vientre.
Burraco: toro de capa prominentemente oscura con manchas blancas blancas irregulares y diseminadas. Este nombre proviene por deformación del lenguaje en el campo andaluz de urraco.
Carbonero: blanco sucio.
Chorreado: toro en cuyo lomo caen unos chorreones de color diferentes al resto del cuerpo. Si los chorreones son oscuros sobre un color más claro, se dirá chorreado en verdugo, y si son claros sobre fondo oscuro, chorreado en morcillo.
Cinchado: animal que tiene una franja ancha de distinto color que circunda su tronco a modo de cincha.
Estornino: capas negras con pocas manchas blancas. Es una capa muy poco frecuente. 
Girón: toro de capa oscura, cuya mancha alrededor del ijar es de color claro y de tamaño grande. 
Lavado o desteñido: decoloración en grupa y extremidades. 
Listón: línea de color más claro que el resto del cuerpo a lo largo de la columna vertebral. 
Meano: toro con el bálano blanco.
Mosqueado: motas de diferente color al resto diseminadas, como si fueran eso, moscas. 
Nevado: manchas blancas en el lomo. Habitual en capas cárdenas. 
Remendado: sobre fondo blanco, manchas irregulares. 
Salpicado: Con manchas blancas irregulares, grandes y pequeñas diseminadas. En capas negras es el más común pudiendo también darse ocasionalmente en castaño, jabonero, cárdeno...

Extremidades y rabo.

Botinero: toro cuyas extremidades son oscuras siendo principalmente claro el color del resto del cuerpo.
Calcetero: extremidades claras con un predominante color oscuro en el resto del cuerpo. Muy habitual en el encaste Vega Villar, de ahí que popularmente se les llame "patasblancas".
Calzón: supera el corvejón y llega a la nalga.
Coletero: pelos blancos en el borlón (parte final del rabo).
Rabicano: pelos blancos diseminados como canas. 
Rebarbo: toro con la mitad del rabo oscura siendo clara la mitad inferior del mismo.


En cuanto a los pitones, donde reside el misterio y belleza de este animal, habrá que explicar el grosor, color y desarrollo o colocación de los mismos. Primero hay que explicar que el cuerno consta de tres partes: la primera es el nacimiento que une cuerno y cráneo y se conoce como cepa o mazorca, la parte intermedia es la pala y la punta se llama pitónCuna es el espacio entre ambos pitones.

Por su grosor podrán ser denominados astifinos (finos en todo el trayecto) o astigordos (pitón de mazorca gruesa). En lo referente a sus colores, los pitones podrán ser:
Acaramelados (se da con más frecuencia en jaboneros y colorados. Color rojizo o caramelo).
Astiblancos (cuerno blanco y el pitón negro).
Astinegros (coloración negruzca).
Astisucio (indefinido y oscuro).
Astiverde (mazorca y pala blancuzco-verdosa. Es un color muy inusual). 

Y respecto a la dirección, se abre un abanico inmenso de denominaciones:
Bien armado: pitones armónicos, parejos y, generalmente, de tamaño medio. 
Bizco: si un pitón es más bajo que el otro.
Brocho: a medida que se desarrollan los pitones crecen hacia dentro como si, de seguir haciéndolo, fueran a unirse dificultando la posibilidad de herir.
Capacho: cuernos que se desarrollan ligeramente hacia abajo para luego crecer hacia arriba.
Cornalón: toro con los pitones muy desarrollados, por ejemplo es frecuente en la ganadería de Samuel Flores.
Cornialto: animal cuyos se insertan en una posición alta de la cabeza, por encima de la línea media del testuz.
Corniapretado: animal cuyos pitones están muy juntos o recogidos. Esto hace que la cuna sea pequeña.
Cornibajo: cuernos insertados en una posición baja en la cabeza. 
Cornidelantero: los pitones, a medida que van creciendo, se desarrollan hacia delante. 
Cornillano: el  pitón está a la misma altura que la mazorca.
Cornipaso: los pitones crecen hacia atrás y además ligeramente hacia los lados. 
Cornitrasero: posición trasera, detrás de la nuca ( se da en la ganadería de Miura, por ejemplo). 
Cornivuelto: los pitones, a medida que crecen se desarrollan ligeramente hacia atrás.
Cubeto: los pitones se desarrollan hacia abajo.
Hormigón: animal cuyos pitones están desgastados y comidos por el hormiguillo, enfermedad que afecta a los animales, en cuernos o pezuñas. El pitón tiene un aspecto romo y redondeado.
Mocho: animal al que le faltan uno o ambos cuernos.
Playero: los pitones tienden a desarrollarse hacia afuera, alejándose de la cabeza.
Tuerto o zurdo: animal cuyos pitones son de distinta longitud uno del otro pero manteniendo forma y dirección.
Veleto: toro cuyos pitones crecen hacia arriba.


Respecto a sus hechuras, es decir, por su conjunto y otros posibles accidentes, veremos los siguientes términos:
Acochinado: de mucha carne, gordo, con aspecto similar a un cochino. 
Agalgado o galgueño: largo de extremidades y vientre recogido.
Alto de agujas o de cruz: la cruz está comprendida entre cuello y dorso. Lo alto del morrillo. Si la distancia entre ésta y las pezuñas es grande.
Badanudo: dícese del animal bovino con la papada amplia y desarrollada. Por ejemplo es habitual en la ganadería de Cuadri o El Puerto de San Lorenzo.
Bajo de agujas o de cruz: poca distancia entre cruz y pezuñas delanteras.
Cariavacado: animal estrecho de sien y hocico alargado.
Carifosco: abundante pelo rizado en la cabeza dando aspecto de desgreñado.
Chato: toro con el hocico corto. Por ejemplo, es frecuente en la ganadería de Partido de Resina.
Corto de manos: si tiene cortas las patas delanteras.
Degollado: lo contrario a badanudo, toro sin papada. Este accidente es habitual en ganaderías del encaste Albaserrada o Saltillo por por ejemplo.
De mucha romana: grande, con mucha caja. 
Engatillado: animal que tiene el pescuezo grueso y levantado por la parte superior.
Flaco o escurrido: animal de pocas carnes.
Hondo: animal cuyo espacio entre el espinazo y la barriga es grande.
Largo de manos: si tiene largas las patas delanteras.
Rabicorto: animal con el rabo corto.
Rabilargo: lo contrario a rabicorto.
Rabón o colín: toro sin rabo.
Terciado: toro de medianas dimensiones.  
Zancudo: si tiene las extremidades grandes.


Cronológicamente hablando de su comportamiento en la plaza desde que sale el toro al ruedo hasta que es arrastrado, veremos estas situaciones a lo largo de la lidia.

Salida.
Abanto: toro que según sale del toril se muestra medroso y huidizo.
Huido: toro que según sale del toril rehuye la pelea de los capotes buscando la salida. 
Levantado: toro que según sale del toril corretea con la cabeza alta ignorando los capotes que se le presentan. 
Parado: se fija en los objetos a los que va a acometer. 
Revoltoso: se vuelve rápido tras cada pase. Busca al torero.

En el caballo.
Codicioso: empuja y recarga en varas.
Crecido: va más codicioso a cada encuentro.
De recargue: al sentir el puyazo se encela en el peto.

En la muleta.
Aplomado: cansado, se para en el último tercio de la lidia. Le cuesta embestir. Gana en sentido lo perdido en facultades. 
Aquerenciado: muestra marcada predisposición por alguna zona del ruedo en particular.
Boyante: animal de noble y clara embestida.
Bronco: embestida descompuesta.
Consentido: aprende rápido y distingue al torero del engaño.
Marrajo: solo embiste cuando está seguro de propinar una cornada.
Pastueño: embestida muy suave.
Pegajoso: liga las embestidas sin reposo para el torero.
Probón: mueve la cabeza, tardea y se detiene en el pase.

También es importante recordar que un toro es marcado a fuego a los meses de nacer en su lado derecho para su identificación y que explico a continuación: en la pata trasera se graba en la nalga el hierro de la ganadería a la que pertenece y encima la asociación ganadera a la que pertenece la misma. En el lomo del toro se graba el número del animal en la ganadería y en la pata delantera el guarismo, es decir, el último dígito del año ganadero (el año ganadero inicia el 1 de julio y acaba el 30 de junio del año siguiente, por ej: un animal nacido entre julio de 2025 y junio de 2026 será herrado con el nº 6) en el que haya nacido dicho animal. El guarismo fue creado con el fin de evitar a los ganaderos colasen animales con edades que no correspondían. Finalmente se suelen hacer unas muescas en las orejas y en la plaza cuando sale al ruedo, se le coloca una divisa en el morrillo con los colores que identifican a la ganadería.

Por último, según la edad que tengo un bovino recibirá estos nombres:
Añojo/a: si tiene un año.
Eral/a: si tiene dos años.
Utrero/a o novillo: si tiene tres años.
Toro: a partir de los cuatro años. Una vez que el toro cumple esa edad, se suelen usar los siguientes términos: cuatreño si tiene cuatro años y cinqueño si tiene cinco. Añadir que cinco años es el tope de edad que el reglamento permite que se pueda lidiar un toro.




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