sábado, 22 de agosto de 2020

Un encierro sevillano de alta nota.

Sin toros desde aquella fría tarde en Valdemorillo, por fin volví a ir a una plaza. En esta ocasión fue este viernes 21 de agosto en Esquivias, un pueblo toledano a caballo entre Madrid y la capital manchega. No conocía esa plaza y me encantó por su comodidad. El cartel reunió a tres toreros jóvenes que fueron en su día alumnos en Marcial Lalanda. El ganado vino desde Constantina (Sevilla) luciendo hierro y cintas de la ganadería de Virgen María. Lo mejor de la tarde fue la excelente presentación de la corrida. Varios toros tuvieron cuajo y remate dignos de cualquier plaza de primera. Y en cuanto al juego, también hay que añadir que me sorprendió. Un hierro a tener muy en cuenta. El primer toro, de nombre Gestor fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Un resultado digno de que el mayoral saludase al finalizar el festejo, cosa que lamentablemente no ocurrió. Al concluir el paseíllo se guardó un minuto de silencio por las víctimas de la pandemia y sonó la Marcha Real.

Abrió cartel Cristian Escribano y vestido de verde oliva y oro, se preparó para recibir al mencionado Gestor. Templó por bajo el de Getafe en varios capotazos para medir la fuerza del animal. En el caballo empujó con fuerza. Demostró su variedad capotera interpretando el quite de oro. La faena de muleta consistió en varias tandas ligadas y aseadas. Quería torear bien el madrileño y estuvo a la altura del buen toro. Sin duda el momento más brillante fueron unos ayudados a media altura como cierre. Muy torero, dando el pecho y con la muleta muy planita, recetó un par de lances de muchísimo sabor. Otra de las cosas buenas de este torero son sus estocadas. Fulminó a Gestor con un espadazo perfecto en ejecución y colocación. Cortó dos orejas. Al cuarto (Maleado), y rodilla en tierra, lo saludó con unas cordobinas. Un toro que fue a menos y la faena no tuvo altos vuelos. Cortó una oreja.


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                                 Escribano ejecutando el quite de oro. Foto: Antonio Catalán.

Por su parte Noé Gómez del Pilar, vistió un bonita blanco y plata. Se fue a la puerta del toril para recibir al animal de rodillas. Su labor fue de entrega total en ambos toros. Destacó su toreo con el capote y sus ganas de sacar todo lo que tenían Manifiesto y Jubilado, los dos toros que le tocaron en suerte. En su primero se amontonó y en vez de dar sitio, estuvo tremendista, algo que jaleó el público. Escuchó un aviso, pinchó y consiguió acertar a la segunda. Cortó una oreja. Al quinto lo desorejó a base de mucha paciencia y pegar muletazos poco a poco, pues el animal fue el que menos juego dio.


                                                            Foto: Eusebio Sánchez.

Cerró la terna el toledano Raúl Rivera. Vestido de Rioja y oro no terminó de entender las embestidas de su lote. Variado con el capote, Bulló la plaza en banderillas pero no terminó de verlo claro con la franela. Su primera faena fue obsequiada con una segunda oreja que atendió al fervor del público más que a la labor artística del matador. Cortó otra al sexto (Decorado). Ganas y disposición total ante sus paisanos.


Foto: Eusebio Sánchez. 

Entre las cuadrillas hubo varios buenos pares de banderillas. Como no se permite salir a hombros para evitar masificación de gente, los toreros salieron a pie de la plaza. Sol y moscas, mucho calor en aquel pueblo castellano, aún así pudimos disfrutar de una tarde con muchos matices y de las embestidas de esta ganadería andaluza.

No sé cuál será la próxima, pero si se puede, allí estaré para contarlo. Yo no podré ir, pero recomiendo asistir el 30 de agosto a Añover de Tajo. Una legendaria ganadería portuguesa, la de Murteira Grave lidiará seis toros para Sergio Serrano, José Garrido y Juan Leal. Las fotos de los toros corren por la red y promete un corridón en lo que a presentación se refiere. Al día siguiente será turno para los noveles: Novillos de San Isidro para Francisco Montero, Rubén Hernández y el debut con picadores de Leandro Gutiérrez.

Un saludo a la afición.

Primer toro: Gestor, lidiado por Cristian Escribano. (Fotos: Susana Ortiz.)

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Tercer toro: Forajido, lidiado por Raúl Rivera.

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jueves, 13 de agosto de 2020

¿Lo sabes?

Un poco más de cultura taurina. Hoy os pregunto sobre el toreo y el deporte.

1. Luis Uranga, responsable de la ganadería de Pedraza de Yeltes fue presidente de un equipo de fútbol vasco desde 1992 hasta 2001. ¿Cuál?
A. Real Sociedad de Fútbol.
B. Athletic de Bilbao.
C. Éibar SAD.

2. El matador Ignacio Sánchez Mejías fue presidente de un equipo de fútbol andaluz entre mayo de 1928 y septiembre de 1929. ¿Cuál?
A. Sevilla CF.
B. Real Betis Balompié.
C. Real Club Recreativo de Huelva.

3. ¿Qué piloto de motociclismo siente admiración por José Tomás llegando a incluirle en un cómic autobiográfico que él mismo publicó?
A. Marc Márquez.
B. Jorge Lorenzo.
C. Daniel Pedrosa.

4.  Enrique Ponce y José Tomás participaron en un derbi benéfico en el Bernabéu en...
A. 1998.
B. 1999.
C. 2000.

 5. Paquito Fernández Ochoa, uno de los mejores esquiadores españoles...
A. Llegó a debutar sin caballos.
B. Sólo toreó puntuales festejos benéficos.
C. Hizo pinitos como rejoneador.

 6. El Real Madrid celebró sus bodas de oro en Las Ventas con una corrida benéfica que a su vez sirvió de homenaje a un torero ya retirado. Actuaron ese día Domingo Ortega, Antonio Bienvenida, Antonio Chenel "Antoñete" y "El Estudiante"; cerró el cartel uno de los jugadores, Montalvo, que toreó, mató el becerro y además cortó una oreja. Sus compañeros Alonso y Molowny pusieron banderillas. Pero.... ¿A qué matador homenajeó aquel día el club de Chamartín?
A. Vicente Pastor.
B. Nicanor Villalta.
C. Marcial Lalanda.

7. ¿Qué modalidad de toreo practica en el campo con frecuencia Álex Debón (piloto español de motociclismo)?
A. Toreo a pie.
B. Recortes.
C. Rejoneo.

8. ¿Qué equipo de fútbol español incluyó un toro en el escudo para homenajear la importante tradición ganadera en su provincia?
A. Club Polideportivo Cacereño.
B. Salamanca CF.
C. Club Deportivo Utrera.

9. ¿Cuál ha sido el deporte por antonomasia para la preparación de los toreros?
A. Frontón.
B. Natación.
C. Tenis.

10. En 2008 España jugó contra Estados Unidos la Copa Davis en Las Ventas. ¿Qué recibieron cada uno de nuestros tenistas como recuerdo?
A. Una montera.
B. Un capote.
C. Una muleta.




1a, 2b, 3b, 4a, 5b, 6a, 7c, 8b, 9a, 10b




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lunes, 3 de agosto de 2020

Un faenón de máxima figura.

Sebastián Castella celebra este año dos décadas como matador de toros. Conoció en sus comienzos la dureza del toreo en los que pulió su personalidad y concepto. Siendo un niño vivió solo en Méjico y posteriormente en Sevilla donde conoció a José Antonio Campuzano, hombre clave en esos años de forja del diestro de Béziers. En sus primeras temporadas dio toques de atención en diferentes plazas. Fue en Madrid donde empezó a sentirse respetado y esperado. Cornadas y faenas importantes jalonan su trayectoria en la plaza de la capital, de la que consiguió salir a hombros por primera vez en el año 2007 cuando por fin descerrajó ese umbral mudéjar que da a la calle de Alcalá tras haber estoqueado un encierro de Valdefresno.

Así que como para hablar de Castella hay que hablar sin duda de Madrid, eso es lo que haré en este artículo. Recordaré una de esas tardes de gloria del francés en la Monumental de Las Ventas. Por ese arco de ladrillo hasta la fecha ha salido cinco veces más a hombros de los madrileños. La que hoy nos ocupa fue justo hace un lustro, en el ciclo isidril de 2015 lo consiguió gracias a la embestida y bravura de un toro de Alcurrucén. Fue aquella una de sus tardes más redondas en la que el francés ratificó su condición de gran figura del toreo.


Madrid es una plaza que impone, su exigencia y público hacen que sea un trago trenzar el paseíllo en este coso para todo el que se viste de luces. En cambio, hay toreros que les sucede lo contrario. Están felices de torear y medirse ante la exigente afición venteña. Por ejemplo, el extremeño Alejandro Talavante o el matador que hoy nos ocupa: Sebastián Castella. Incluso lo han dicho públicamente, soportan esa presión de tener que dar lo mejor de sí mismos. Llegó San Isidro y casi a finales de la feria toreó nuestro protagonista con dos máximas figuras: Morante de la Puebla y Julián López "El Juli". La ganadería era la ya mencionada de Alcurrucén. La plaza estaba a rebosar y en el ambiente se barruntaba una gran tarde de toros. De aquel encierro toledano el único animal que brilló fue el tercero: Jabatillo. Colorado de capa, nacido en septiembre de 2010 y que dio en la báscula un total de 525 kilos de peso. Un excelente ejemplar con el que Sebastián desplegó su tauromaquia.

Como es habitual en este encaste, el toro hizo varios extraños de salida. No se amilanó Sebastián y poco a poco fue haciendo al toro luciéndose en varias verónicas. Tras el puyazo volvió a dar otra serie de lances replicado esta vez por Morante.
En banderillas se empezaron a ver destellos de esas grandes cualidades que el animal tenía guardadas hasta que el presidente cambió el tercio de nuevo y Castella se dirigió al centro del anillo a brindar la faena.


Ahí comenzó algo grandioso. Inició la obra de esa manera tan explosiva y habitual en su repertorio para calentar los tendidos: citando al toro a treinta metros de distancia para cambiar la trayectoria por la espalda en el último segundo. Jabatillo acudió como una exhalación a los vuelos de la franela y Castella le recetó once muletazos que bastaron para poner a Madrid en pie. Ya tenía al público completamente entregado. Volvió a dar distancia porque el toro así lo requería y tras colocarse citó a Jabatillo con la mano izquierda. Fueron dos series de un trazo muy largo como poderoso. Bajaba la mano arrastrando la muleta por la arena para que humillase el burel. El toro repetía sin cesar a cada cite del galo y buscaba poder alcanzar las telas, algo que no conseguía. Era una máquina de embestir. Tras una breve tanda igual de excelente con la mano derecha, se pasó de nuevo la pañosa para continuar toreando con la mano izquerda. La faena fue perfecta ya que estuvo estructurada y compactada: Un prometedor prólogo, un intenso argumento y un  sensacional epílogo. Así fue el soberbio inicio, ambas tandas por ambos pitones, el cierre de ayudados por bajo y la estocada. Dos rotundas orejas y la póstuma vuelta al toro en el arrastre.

Si hace poco escribí como David Mora triunfó con este hierro, Castella ha accedido a ese privilegiado grupo de matadores que se han enfrentado a esta ganadería que sólo es para toreros de verdad. Los que no pierden el tiempo o andan por las ramas pegando muletazos sin ton ni son. Jabatillo entró en la leyenda de Las Ventas. Cuando las cosas salen bien, se comenta que qué suerte tuvo el torero con ese toro y yo opino que es al revés. Ese toro de Alcurrucén tuvo la inmensa fortuna de caer en manos de Sebastián. Encastado y muy bravo, habría descubierto a más de uno. Y este fue el resultado. Un página de oro en la historia de Las Ventas.


Si Castella está donde está es por algo. Nadie le ha regalado nada. A la cima ha llegado a base de sangre, sudor y lágrimas. Madrid es su feudo y donde más le gusta torear. Esta faena fue la prueba de que Sebastián es máxima figura. Hace mucho que no recuerdo una faena tan bien realizada. Dijo Juan Belmonte aquella frase de "se torea como se es". Y es cierto. En Sebastián se aprecia a la perfección. Un hombre tranquilo, parco de palabra y alejado de los grandes focos mediáticos. Sobrio y recio, como su tauromaquia. Valiente y estoico, posee este francés aires manoletistas. Ya lo ha comentado en alguna ocasión. El torero cordobés es alguien a quien admira profundamente. Ojalá sea este año abundante en triunfos que hagan que Castella sea aún más grande.

Felicidades Maestro.




(Fotos: Las Ventas, Javier Arroyo y Cultoro)


domingo, 26 de julio de 2020

jueves, 9 de julio de 2020

A Víctor Barrio.

Cuanto me gustaría creer que hay una gloria para aquellos que entregan su vida al Toreo. Querido amigo Víctor, si fuera así, dile a Gallito que la plaza de Las Ventas que él mismo diseñó, es la primera del mundo y que llevaba razón en que el toro moderno era el de Tamarón.
A Curro Puya le dices que hay un torero en La Puebla del Río que mece el capote como él.
Cuando veas a Paquirri le dices que sus hijos son matadores de toros y que heredaron su raza.
Si ves a Montoliú cuéntale que tiene un hijo que banderillea casi como él.
A Renatto le dices que él vive en Roca Rey.
Si estás cerca de Manolete cuéntale que un torero de Galapagar tiene ese carisma y sobriedad que él dejó en los ruedos. A Granero le hablas que un torero de Jerez se salvó de una cornada parecida a la suya y que con un parche sigue dando guerra.
Dale un abrazo a Ramón Soto Vargas y dile que su sobrino no pierde la ilusión.
No olvides decirle a Joaquín Camino que su apellido vuelve a estar en los carteles de noveles.
Al gran Antonio Bienvenida no le cuentes que algunos toreros van al campo sin afeitar y sin vestir de corto ya sabes como es y se disgustaría mucho. Cuando veas a Belmonte le dices que es el padre del toreo moderno.
Fúmate un puro con El Pana. No olvides abrazar a todos los maletillas y le dices a Yiyo que siempre será Príncipe del Toreo.
A los antitaurinos, perdónalos porque no saben lo que hacen. Cómo me gustaría creer que hay una gloria para todo aquel que pierde la vida en las astas de los toros. Si no es así, descansa en paz, que nosotros los poetas nos encargaremos de hacerte inmortal.

José León.


Caso Víctor Barrio: el Supremo confirma la condena a la concejal ...


Víctor Barrio; Grajera (Segovia) 29.05.1987 - Teruel 9.07.2016.




viernes, 3 de julio de 2020

Toros en el confinamiento (II).

Burgos. Toros de Joaquín Buendía para Antoñete, Julio Robles y Tomás Campuzano. 1 de julio de 1983.

En tierras de "El Cid" se reunió un cartelazo pero estos Santacolomas no lo pusieron fácil. La corrida en conjunto pecó de sosería y poca raza. Parejos y correctos de presentación. Detenido, Secretario, Fenicio, Lucerito, Buenos días y Contador fueron sus nombres.

Antoñete (grosella y oro) mostró su casta torera tras recibir un pitonazo en un lugar tan molesto como es la mano. Aguantó con un vendaje y ante un animal que no humillaba, procuró darle distancia y estar siempre bien colocado. Cortó dos orejas el madrileño. A su primero, ante un manso y desclasado animal, fue silenciado.

Julio Robles (blanco y oro) toreó airosamente por chicuelinas y no pudo lucirse en la faena de muleta debido al flojo juego de aquel toro. Ante el segundo de su lote, recibió con varias largas de rodillas y lo lanceó con unas elegantes verónicas. El de Fontiveros cortó una oreja gracias a un toreo lleno de clase y personalidad. La tanda de naturales que dio fue excepcional.

El de Écija (celeste y oro) saludó al tercero con un ramillete de jaleadas verónicas. Este toro no tenía nada dentro y Tomás se empeñó en que no era así. Puso todo de su parte para agradar a la afición burgalesa. Cortó una oreja. Cerró la tarde con otras tantas buenas verónicas y un ceñido quite por gaoneras. Las tandas fueron limpias y ligadas al toro más potable del encierro. Lo mató de una estocada honda.


Badajoz. Toros de Joaquín Buendía para "Antoñete", Julio Robles y José Antonio Campuzano. 1984.

Tercera de feria. Toros de Joaquín Buendía: Arquero, Bravío, Cariñoso, Morroqueño, Vizcaíno y Romerito. Bien presentados, dieron un juego dispar. En general fueron flojos y desclasados.

El madrileño, que de malva y oro llegó a Badajoz, abrió la tarde con un toro que acudía franco y noblón a las telas. La faena fue breve. De más a menos, pudo Antonio interpretar unos decorosos naturales. Mató de un gran espadazo. Y dio una vuelta al ruedo en el cuarto. Este toro, luciendo la bella estampa propia de su encaste, también pecó de sosería. Lo que no tenía el animal, lo puso el hombre. Perfectamente colocado, ligó varias tandas dejando la muleta siempre inmaculada para el siguiente muletazo. Rubricó la faena con unos ayudados por alto y estocada tras fallar previamente.

El torero de Fontiveros (blanco y oro) pechó en primer lugar ante un desclasado animal con el que poco pudo hacer. Ante el quinto la cosa cambió. Lo bordó. Las preciosas verónicas fueron rematadas con una graciosa media. Y toreó con mucha cadencia en un quite por delantales. Con la muleta estuvo sembrado. El momento más álgido, fue una serie de derechazos a media altura. La cadencia y clase de Robles perfumó de torería la plaza pacense. También cerró con unos ayudados por alto a dos manos y tras pinchar, metió la espada hasta la bola. Cortó una oreja.

José Antonio Campuzano vistió un bonito grana y oro. Formó un autentico gazpacho a su primero. Lo recibió con una larga de rodillas para caldear el ambiente y siguió con unas verónicas muy jaleadas. En el tercio de varas se lució interpretando dos suertes de capote, un galleo por cacerinas para llevar al toro al caballo y un posterior quite de la media luna antes de pasar al tercio de banderillas. Toreó por ambos lados teniendo los pases con la mano zurda más identidad que los de la diestra. Fueron un ramillete de naturales muy toreros, templados, ligados... asentadas las zapatillas, se lució el de Écija con este toro. Cerró con un variado repertorio de molinetes y el abaniqueo. Espadazo y dos orejas. En el sexto, se lució con otro galleo pero esta vez fue por chicuelinas y una larga como remate. Su banderillero Antonio Chacón clavó dos airosos pares muy ajustados. El toro estaba escaso de fuerzas y todo lo que hizo fue a favor del animal para no agobiarle ni exigirle. se esforzó en sacar a aquel "santacoloma" lo que tenía. La faena fue a menos y mató de otra gran estocada. Cortó otra oreja y salió a hombros.

Valladolid. Toros de Paco Galache para Andrés Vázquez, Roberto Domínguez y José Cubero "Yiyo". 13 de mayo de 1985.

El día de San Pedro Regalado, Patrón de los toreros, se celebró en Pucela con un cartel muy interesante: dos toreros castellanos y el madrileño José Cubero "Yiyo". Los míticos "patasblancas" de Paco Galache fueron los toros a lidiar. El encierro fue desrazado y muy blando. No dieron estos berrendos muchas opciones a la terna. Los toros se llamaron Habladote, Pajarero, Colombiano, Marinerote, Cigüeñito y Lujosito.

De blanco y oro llegó el veterano zamorano. Andrés reaparecía en la que era su tercera etapa en su carrera. Vistió de blanco y azabache. Deslucido su primer toro al que algo le ocurría en la vista debido al extraño comportamiento. Con la capa toreó con decoro un manojo de verónicas y con la muleta siguió dando varias tandas de escaso fuste. Mató de una estocada trasera. En el cuarto, mostró "El Nono de Villalpando" que la edad hace mella. No estaba en plenitud de facultades. En uno de los lances de capote, el toro le arrolló contra las tablas pegando al veterano torero una cornada en la axila. Él mismo se fue a pie a la enfermería. Roberto se hizo cargo del animal. Curiosa situación porque el toro llegó sin un sólo palo al tercio de muleta. Manso y desrazado, no permitió ni un pase.

Como torero local, Roberto (verde oliva y oro) tenía el total apoyo de sus paisanos. En su segundo toro, alanceó a la verónica para deleite de los vallisoletanos. El toro fue mal picado y en banderillas brilló Aurelio Calatayud. Este torero solía usar la espada de acero desde el principio así que tras un breve macheteo ante un toro que se defendía, abrevió y mató de una estocada tendida y muy trasera. Vuelta al ruedo tras petición. Ante el quinto, se lució en unas verónicas genuflexas para posteriormente erguirse y seguir de pie. Jesús Rodríguez picó bien pero levemente trasero. Tras clavar un solo par, el tercio se cambió y toreó por ambos pitones. Mató mal.

"Yiyo" (marino y oro) toreó con cadencia y mucho gusto a la verónica. Galleó por chicuelinas para llevar al toro al caballo y después volvió a torear por el lance fundamental del toreo con el capote. Soso y aburrido fue este tercero. Una borrica al que el de Canillejas dio muchos muletazos. Los primeros lances fueron los mejores, muy templados y encajados. ¡Qué gran torero era José! Innecesariamente alargó el trasteo y mató de una estocada caída. Dio una vuelta al ruedo tras petición. En el sexto insistió pero poco pudo hacer. Los despachó de una estocada caída. A finales de ese verano, Burlero se cruzó en su camino en Colmenar Viejo...

Madrid. Toros de Miura para Francisco Ruiz Miguel y Tomás Campuzano. 20 de mayo de 1987.

Un regreso al pasado. Ruiz Miguel y Tomás Campuzano se vieron las caras en la última de la feria de aquel año. Los toros estaban marcados con la A con asas y sus nombres fueron Guineo, Encendido, Flamenquillo, Habitante, Escogido e Inopinado.

El Torero de La Isla de San Fernando vistió del celeste y oro. Se enfrentó en primer lugar a un toro que iba con la cabeza por las nubes. Ante un toro que no pasaba, el gaditano macheteó por bajo y lidió magistralmente de pitón a pitón. Falló con la espada. En el tercero volvió a pelearse con otro que no permitía el lucimiento pero a diferencia del anterior, sí consiguió algún muletazo aislado. Volvió a fallar con el acero. El toro más potable del encierro fue el quinto. Ante este toro pudo Paco torear por verónicas y lucirse en unas chicuelinas posteriores tras el puyazo. El tercio de banderillas fue un caos. Pegó con la franela varias series de muletazos y al tener un aceptable pitón izquierdo, se puso por ese lado para torear dándole distancia. Cerró con unos pases por alto rodilla en tierra y tras una media estocada en la cruz, cortó la única oreja de la tarde.

Por su parte, el de Gerena lució un bonito azul pavo y oro. El segundo de la tarde, que tampoco humilló, lo recibió con otras tantas airosas verónicas y cerró dicho saludo con una buena media. Nulo comportamiento en varas, y en banderillas este toro no se dejó lidiar. Otro desmadre entre las cuadrillas y el presidente recibió una sonora bronca por cambiar el tercio con un solo palo. Fue todo pundonor en el último tercio batiéndose el cobre con semejante mansazo. En los terrenos del cinco continuó la lucha y mató de una estocada. Ovación. Ante el cuarto pudo pegar algún capotazo, pero estos toros en cuestión de segundos aprenden y no se dejan torear. Quitó por chicuelinas y cerró con una garbosa revolera. Se fue a los medios para brindar al respetable. Consiguió sacar varios muletazos por el lado derecho y en esta faena empezó a soplar el aire. Tomás resistió. Aún quedaba un último barrabás. Salió Desopinado y permitió a Campuzano gustarse en el toreo a la verónica. Se arrancó desde lejos al caballo de Manuel y con el pitón atravesó el duro peto hiriendo al caballo. Se llevaron al equino a los corrales para operarle pero minutos después murió. El segundo puyazo no tuvo la emoción del anterior. Con las banderillas, las cuadrillas lucharon en vano. Aquel Miura no quiso saber nada más y Tomás no pudo con él. Le espantó las moscas de la cara y se fue a por la espada. Acabó una tarde en la que, como dijo el propio Ruiz Miguel ante las cámaras de TVE, lo importante es que estaban todos vivos. Acabó un mano a mano sin historia marcado por el complicadísimo juego de estos legendarios animales.

Martín Toro en el tercero y Manuel Quinta en el sexto, fueron ovacionados por sus puyazos. Con las banderillas brilló Pedro Santiponce en el cuarto. Y curioso detalle, pues durante el festejo se vio a un operario en el callejón con un cartel que rezaba que el matador estaba autorizado a usar el estoque simulado.  

Sevilla. Toros de Sánchez Dalp para Julio Robles, Tomás Campuzano y Víctor Mendes. 13 de abril de 1989.

Floja y descastada corrida de Manolo Gónzalez, que esta vez lidió con el segundo hierro que poseía en vez del titular. Los toros se llamaron Manchado, Terrorista, Correnubes, Leopardo, Terciado y Arquitecto. Fue devuelto y salió Pavito, un toro del hierro de Peralta.
Julio Robles vistió de marino y oro, Tomás de tabaco y oro y el portugués de verde y oro.

¡Cuánto he oído sobre el gran torero de Fontiveros! Gracias a estos vídeos, ese aúrea de leyenda se acrcienta con ellos. Si ver a Julio en archivo y cuarenta años después es maravilloso, habría sido un lujo verle en directo. Este salmantino de adopción pero abulense de nacimiento abanderaba, como todo torero castellano, el toreo más recio, sobrio y a la vez clásico. Estuvo magistral con los dos toros que le tocaron en suerte. A su primero lo recibió con varias verónicas y remató con la graciosa revolera. Desplegó su torería desde el primer capotazo. "El Legionario" picó bien y en banderillas fue muy aplaudido Pedrín Sevilla. Y con la muleta comenzó rodilla en tierra varios pases por bajo. El plato principal fue una ramillete de muletazos con ambas manos y perfectamente supo quedarse colocado, ligar, someter, embarcar al animal en los flecos de la franela... Cerró con otra serie de ayudados por bajo y mató de una estocada caída. Cortó una oreja. Ante el cuarto, en los primeros compases de la lidia no hubo mucho que destacar salvo unos capotazos para fijar y enseñar al animal a embestir. Volvió Pedrín Sevilla a parear con eficacia. En la faena de muleta el toro se apagó y no quiso saber nada. Aún así, a base de insistir con esa raza que él tenía, consiguió Julio robar una tanda de soberbios naturales Tuvo que tirar de oficio y tras otra rotunda tanda, esta vez de derechazos, fulminó al animal de un espadazo y cortó otra oreja.

Tomás Campuzano no pudo brillar ante el blando segundo y ante el quinto saludó una ovación. En quites se picó el ecijano con Víctor. Lanceó por chicuelinas de mano bajísima y el de Vila Franca de Xira por verónicas. Otro animal desrazado que hizo a su matador exprimirse al maximo. Faena de insistencia que rubricó con una buena estocada. Lo más potable fueron unos naturales. Sevilla premió a su paisano con una ovación.

El peor parado fue el portugués. No tuvo la más mínima opción de lucimiento salvo sus excelentes pares de banderillas. Silencio en ambos.

Logroño. Toros de Victorino Martín para El Tato, Óscar Higares y Pepín Liria. 21 de septiembre de 1995.


Se abría la feria de la capital riojana con los afamados toros cárdenos de Victorino Martín. Se enfrentaron a ellos el aragonés Raúl Gracia "El Tato", el madrileño Óscar Higares y el murciano Pepín Liria. Éste último se presentaba en Logroño y era su debut con los grises albaserradas. De marino y oro vino Raúl, de tabaco Higares y el levantino lució un berenjena y oro. La vieja plaza de La Manzaneda vivía sus últimos años. Poco después se construiría el nuevo pabellón multiusos "La Ribera". Menos el segundo y el cuarto que fueron los más potables, la corrida decepcionó. No tuvo Victorino una tarde para recordar. Verdiño, Mediador, Gaditano, Dirigido, Protagonista y Membrillero. Así se llamaron estos seis morlacos.

Raúl pechó en primer lugar con un toro flojo y que se defendía. Todo lo que le faltó al animal, lo puso el hombre. Valor y raza. Mucho mérito tuvo la entrega del diestro maño. Acabó recibiendo una voltereta sin consecuencias. Ante el cuarto pudo volar airosamente los vuelos del capote. Y con la muleta realizó un trasteo que comenzó por bajo para ir domeñando al animal. El toro gazapeaba, no paraba... sacando de quicio al matador. Consiguió el de Zaragoza recetarle una templada y cadenciosa serie de naturales enganchando al animal y llevándolo fijo en las telas. El toro reponía lo que conllevó a su lidiador a perder pasos siempre para no quedarse a merced del animal. Tras varios intentos con el acero, logró acertar y tuvo que usar el descabello.

El madrileño se enfrentó en segundo lugar a uno de los mejores toros del festejo. Lo lanceó con gusto en unas verónicas rodilla en tierra. Con la muleta hizo sonar la música. Los doblones de inicio fueron muy toreros. Este toro fue el clásico saltillo: reponía, buscaba, humillaba mucho... Había que estar avispado y listo, pues en cuanto Óscar cometía el mínimo error, ahí estaba Mediador para recordarle que con él no se podía uno dormir en los laureles. La faena fue breve y emocionante. Dio una vuelta al ruedo tras perder el trofeo por fallar con la espada. El quinto fue un toro soso y áspero con el que Higares no pudo redondear su tarde.

Liria no tuvo suerte. Su lote no dio opción alguna. En el sexto se lucieron en banderillas Alejandro Escobar y Manuel García Martín.

Madrid. Toros de Dolores Aguirre para Pepín Liria, Juan José Padilla y José Pacheco "El Califa". 3 de junio de 2003.

Tres Josés en la arena de Las Ventas: un murciano, un jerezano y un valenciano. Vistieron de verde botella y oro, blanco y oro con remates en grana y blanco y oro respectivamente. Los toros se llamaron Comadroso, (fue devuelto y salió un sobrero de Criado Holgado llamado Pilarito), Fullerito, de Carlos Núñez; Mochuelo, también de Carlos Núñez, (que fue devuelto, y salió un sobrero de José Vázquez llamado Castoreño), Clavijero, Clavellino y Langosta. Ya fueran los toros titulares o los sobreros, en general la corrida estuvo excelentemente presentada pero mansa y complicada y líneas generales. 

El gran triunfador fue el valenciano. Llegaba a Madrid tras enterrar horas antes a su padre. Su primer toro, el sobrero de José Vázquez, huía y no quería saber nada pero a pesar de ello le enjarretó varias verónicas decorosas. Con la muleta, inició la obra por doblones para someter al áspero Santacoloma y por ambas manos cuajó series bajando mucho la mano para obligar y mandar sobre el animal. Al prepararse para entrar a matar, el toro se arrancó así que aprovechó para pegarle una estocada tendida y muy trasera. La gente pidió con fuerza una oreja que el presidente ignoró. Tras varios días sin comer ni dormir por todos esos avatares, sufrió un bajón de azúcar y pasó a la enfermería. Volvió al ruedo y para enfrentarse al sexto. Se las vio con otro frío y huido animal al que esta vez comenzó la faena con un pase cambiado por la espalda. En los terrenos del 6, plantó cara y a pesar de que el animal siempre buscaba escapar, consiguió templar y mandar en a embestida. Algunos naturales fueron tan cadenciosos que hicieron rugir Madrid. Los derechazos fueron muy profundos. La espada cayó levemente desprendida y Juan Lamarca concedió, esta vez sí, las dos orejas. Así que El Califa volvió a cruzar esa puerta grande tres años después, precisamente, ante esta misma ganadería. 

Pepín y Padilla quedaron inéditos. El murciano ante dos toros absolutamente mansos y parados, poco pudo hacer. El jerezano estuvo simplón en banderillas y dispuesto con la muleta pero vulgar en su toreo, y desacertado con el acero. 

Alfredo Cervantes y Carlos Casanova banderillearon con lucimiento al cuarto. 



lunes, 29 de junio de 2020

Crónicas montañeras.

Una nueva sección en este rincón. A un torero le tiene que gustar el campo. Toros y naturaleza están intrínsecamente unidos. Y no sólo a los toreros, todos los profesionales taurinos acostumbran a trabajar en este espacio. Así que no conozco a nadie que siendo taurino o tenga relación con este mundo no tenga pasión por la naturaleza. Al igual que la tauromaquia, me han inculcado desde pequeño la pasión por la naturaleza y en concreto por la montaña. Creo que no hay ningún deporte tan bello como el montañismo. Y cada vez me gusta más. Un detalle, es que cada vez que se habla de campo en el ámbito taurino, se refiere a tener que ir a una finca para cualquier labor ganadera: tienta, herradero, una visita... Así que llevo mucho tiempo detallando cada vez que me preguntan, respondo que me voy al monte, una excursión etc. Si hablo de ir al campo, es un plan estrictamente taurino. La montaña es forja, es una escuela de superación y de valores. De dar un paso más aunque el cansancio, la sed o el clima nos pidan no hacerlo.

Los madrileños tenemos la inmensa fortuna de que la sierra de Guadarrama está a unos escasos tres cuartos de hora en coche desde la capital. Además está declarada Parque Nacional desde junio de 2013. Un tesoro ecológico y geológico. Dicha sierra está ubicada en el Sistema Central cuya cima más alta es el Pico del Moro Almanzor (2.591 m), en la provincia de Ávila. Este macizo está dividido en tres partes: Gredos cuya pico más alto es el ya mencionado Almanzor en la provincia de Ávila. Siguiendo la frontera entre Madrid y Segovia y haciendo a la vez también de frontera natural, el siguiente tramo es la sierra de Guadarrama. Aquí encontraremos el techo de nuestra provincia: la mole de Peñalara (2.428 m) es la cima más alta de todo el triángulo que forma la provincia madrileña. El último tramo y subiendo un poco más, hallaremos Somosierra. Su punto más elevado es Peña Cebollera (2.128 m). No tenemos, ni necesitamos montañas de la altitud como las que hay en Asturias, Granada o Pirineos; son picos lo suficientemente altos como para que una marcha de un día se haga más que suficiente.

Tras una breve introducción, paso a contaros la ascensión a la Mujer Muerta. El pasado 26 tocó madrugón y con unos amigos me preparé para coronar dicha cumbre, que en realidad es un conjunto de tres montañas: La Pinareja, Peña del Oso y Pasapán, 2.197, 2.196 y 2.006 msnm respectivamente. Como cualquier leyenda, siempre hay versiones de todos los colores. Pero todas concluyen en que una moza campesina tras no conseguir el amor, vaya usted a saber si de un labriego o de un arriero murió de pena para acabar convirtiéndose en montaña. Desde la carretera que une Segovia con La Granja se aprecia perfectamente como tiene la talla de una mujer yaciente: La Pinareja corresponde a la cabeza, Peña del Oso son las manos entrelazadas en su pecho y los pies son Pasapán.

Leyenda de la mujer muerta. Segovia. | spaintravels2015

Una de las diferentes vías de subir esta cima es saliendo desde Cercedilla. Dejando atrás la estación de Cercanías seguiremos hasta llegar a las dehesas donde podremos encontrar la archiconocidísima calzada romana. Aquí tenemos otro vestigio de la conquista hace dos milenios. Esta calzada unía Segovia con la aún no localizada Titulcia. Era la Vía XXIV, paso de montaña para cruzar la sierra hacia la meseta. Muchos siglos después de los romanos, llegaron los Borbones y como tenían muy buen gusto decidieron que El Real Sitio de San Ildefonso era un lugar inmejorable para construir una residencia al más puro estilo versallesco. Felipe V mandó levantar en 1721 un palacio rodeado de monumentales jardines. Y su mujer Isabel de Farnesio hizo lo mismo en 1751 con el palacio de Riofrío para que sirviera como pabellón de caza. Así que la monarquía española volvió a usar el paso de la Fuenfría para ir desde la capital hasta sus residencias de recreo. Otro recorrido y esta vez en sentido contrario, es el camino Schmid que sale desde el puerto de Navacerrada y va bajando hasta llegar a Cercedilla. Por último, la que mejor estado se encuentra y más fácil de recorrer es la de la República o Camino Puricelli. El objetivo de esa vía era llegar hasta Valsaín. Pequeña localidad segoviana con una importante industria maderera.


Montón de trigo.

Dejando atrás el puente de piedra, comenzamos la ascensión. Tras todos estos meses encerrados, salir a la montaña era igual que dar una bocanada de oxígeno. El camino en general está en buen estado, es ancho y el desnivel es llevadero facilitando la marcha. Dos horas después coronamos el puerto también llamado de la Fuenfría. Ahí llegó la primera recompensa. Una fuente mana agua fresca que sacia la sed de aquellos montañeros que cruzan este puerto. Aquí ocurrió la anécdota del día: un corredor nos pidió una foto con el valle de fondo y uno de mis amigos al coger el móvil y dispuesto a disparar, le cortó aquel diciendo en tono de sorpresa e incredulidad: "¡hombre, en horizontal no, que es para Instagram. Tiene que ser en vertical!". Nosotros nos miramos pensando que si vertical u horizontal... ¡Qué más dará!
Fuente de la FuenfríaWikiloc | Foto de Fuente de la Fuenfria (1/1)

Este paso es un cruce de caminos. Si seguimos recto llegaremos por el Schmid a Navacerrada. La montaña que se eleva a la derecha es Siete picos y a la izquierda veremos un monte pelado y lleno de rocas: Cerro Minguete. A partir de aquí se acaba la sombra, hay que racionar el agua y cubrirse bien la cabeza porque cuando pega el sol, pega de verdad. Risas, bromas y buen ambiente hasta este punto. A partir de aquí, el calor y el cansancio empiezan a hacer mella. El ritmo es bueno pero la pendiente exige dosificar fuerzas. Y lo peor de todo. Cerro Minguete y y el siguiente, Montón de Trigo están en sus correspondientes cimas repletos de piedras de todos los tamaños que dificultan la marcha castigando rodillas y tobillos. Dos cumbres que aguardan otra preciosa recompensa: las maravillosas vistas de Bola del Mundo y sus simbólicos repetidores, Peñalara y el puerto de Cotos, Cabezas de Hierro, La Maliciosa, Fuente Infantes, la Silla del Rey, Abantos... En Cerro Miguete aprovechamos para coger fuerzas con un piscolabis.


Desde Cerro Minguete se divisa en primer término, en el collado, el paso de La Fuenfría. Siete Picos detrás, y al fondo en el horizonte, La Bola del Mundo.

Y por fin emprendimos rumbo a nuestro destino. Otra hora larga para bajar el collado y subir a la Pinareja. De nuevo, los canchales de piedras ralentizaban nuestra marcha pero no importaba, el aire puro y las vistas animaban nuestro paso. Nuestra ruta llegó a la meta. La Pinareja nos regaló unas vistas impresionantes. En primer lugar, la Vieja Castilla se extendía a nuestros pies cuyo horizonte no conseguíamos avistar. Abajo, en las faldas de la Peña del Oso, en Navas de Riofrío, el palacio rosado que mandó construir la reina Isabel se erigía imponente entre los pinares. En Segovia, su catedral y alcázar se divisaban con absoluta claridad y finalmente la abundante vegetación de la montaña daba paso a los cultivos de cereal. Pasado el mediodía, por fin llegó la hora de almorzar: el que sepa de marchas sabe que comer en el monte es el premio a tantas horas de caminata. Aquí mandan las buenas costumbres y son la hogaza, los embutidos y frutos secos. Otros prefieren la lata de sardinas y similares. Aquí no hay sitio para barritas energéticas y bebidas isotónicas. Esas moderneces son inconcebibles. El postre es plátano y chocolate. Varias águilas y dos pilotos de parapente miraban con envidia nuestro yantar. Terminada la comida y tras agotar la memoria del teléfono haciendo fotos nos dispusimos a descender. Esta vez en vez de ir directos por Montón de Trigo y Cerro Minguete, cogimos un sendero que los rodeaba para aligerar. La duda era que si seríamos capaces de encontrarlo pero como todos los vericuetos de la sierra, estaba perfectamente visible. Un rato después llegamos a la fuente y tras coger más agua discutimos por ver qué camino tomar: el romano, el de la República, o el borbónico. Volvimos a reírnos con la anécdota de aquel "instagrammer" y finalmente nos decantamos por el borbónico. Se nota a quién le gusta el monte y a quién no porque a medida que descendíamos abundaban los domingueros con sus neveras azules y sus mesas desmontables. Acabada la jornada y tras un zumo de cebada como recompensa, regresamos a casa. Volveremos a la sierra. Y aquí lo contaré. 


Castilla: Tierra de El Cid.